Titulo: Miko: Story Synnin
Autora: Orihime No Miko
Pareja (s): ¿?
Protagonistas: Ulquiorra, Orihime, Ichigo.
(D) Los personajes pertenecen a Tite Kubo, creador del Anime/Manga Bleach.
Disfruten la lectura.
~Capítulo 4~
No sé si debería cantarte esta canción que expresa mis sentimientos… Es que siento que terminara siendo algo romántico, que me dará vergüenza .
Si alguien como yo se da cuenta de que tiene algo preciado entre sus manos: confía en que no existiría nada que me impidiera protegerlo.
-Ulquiorra—susurro el felino pansa arriba.
El murciélago no se descubrió y tampoco hizo una señal para confirma que había ganado su atención.
-Conocías a esa chica ¿verdad?—pregunto el gato rodando sobre sí mismo. Alzó su pequeña nariz rosa hacia el techo del palacio y vio a Cifer boca abajo dormir en la oscuridad a pesar de que ya había salido el oscuro sol de invierno. –Dime la verdad, porque yo estoy interesado en ella y me la comeré cuando tenga oportunidad—Se sincero el gatito sin darle mayor importancia.
Ulquiorra extendió una de sus alas como si fuera un rayo cosa que hizo a Grimmjow encogerse ante su erizamiento natural.
-¡Idiota!—Le dijo el azulino desde el piso, chillando como solo un gato furioso sabe hacerlo.
-Si te hubieras fijado bien, no tendría que responderte nada—Dijo con voz apagada el animal negro y voló hacia el interior de la casa. El gato lo siguió sin tratar de ser sigiloso.
Ulquiorra voló sobre una escalera hacia la habitación principal. Entro por la puerta a medio cerrar y se paro sobre el antebrazo de quien lo esperaba.
-Querido Ulquiorra—sonrió feliz—¿Tienes frío?—le pregunto el castaño con voz cálida.
-Estoy bien Aizen-Sama—hablo el animal cubriéndose con sus alas negras como si se abrazara.
-No me mientas sé que para estas hechas te refugias en algún lugar cálido—dijo el hombre jugando a enrollar entre sus dedos la cola de su mascota.
-Pronto se cumplían algunos plazos Aizen-Sama ¿Qué es lo que planea hacer?—insistió en cambiar de tema.
-Para serte sincero, aún no pienso nada—sonrió despreocupado acomodándose las vendas de su ojo derecho—El primero en partir será Aaroniero, así tratare de ocuparlo todo lo posible a partir de ahora. A ti y a Grimmjow los dejare descansar un poco. Creo que he abusado de sus poderes ¿No crees?—Dijo caminando hacia la puerta aun en pijama. Se agacho hacia Grimmjow, quien no había querido entrar del todo y lo tomo apretándolo contra su pecho.
El castaño se sentó en el borde de su cama y dejo al azulino acurrucarse sobre las mantas.
-Sexta estas algo decaído, ¿Has comido bien?—pregunto el dueño del animal.
-No—refunfuño y miro al murciélago y este le devolvió una mirada amenazante pero la ignoró—Ayer estaba de casería, iba a comerme a una chica deliciosa—comento relamiéndose los conillos—pero Ulquiorra no me lo permitió—acuso a su compañero golpeando las mantas con sus patas.
-¿Eso es cierto, Ulquiorra?—interrogo sorprendido.
-Así es—confirmo despreocupada, cerrando paulatinamente los ojos.
-¿Y por qué?—
-Al parecer lo conocían por allá—Cifer con su presión espiritual hizo que el gato temblara sobre la cama por revelar tal información.
-¿Te conocían?—dijo el de ojos chocolate a un más sorprendido—¿Desde cuándo Ulquiorra Cifer se deja conocer por alguien?—
-Esa chica tiene mi marca—comenzó a justificarse para no crear un alboroto por las palabras de su camarada—Si Sexta hubiera sido más inteligente hubiera sentido mi olor en cada capa de piel de esa mujer—
-¿Me estas llamando idiota?—se quejó el nombrado.
-Sí—
-Vamos chicos no peleen, es solo una chica—propuso Aizen para calmar la atmosfera.
Ninguno de los dos animales hizo ademan por dejar su rivalidad de lado, lo que si logro el dueño de los dos fue que dejaran de discutir frente a él. El borgoña se recostó en la cama y se arropó, a Ulquiorra lo dejo sobre su pecho cubierto de mantas para contrarrestar el frío.
Entonces Sosuke comenzó a toser, muy fuerte haciendo temblar todo su cuerpo con cada sacudida.
-¡Aizen-Sama!—Gritaron ambos animales, preocupados.
-Estoy—tosió un poco más—estoy bien, no se alarmen—soltó tratando de no darle revuelo innecesario.
Los tres quedaron en un profundo silencio ante los ataques de esa terrible enfermedad.
Orihime se había ido a dar un baño de purificación al río congelado. Se sentía algo aturdida al haber sido tocada nuevamente por una quimera tan poderosa como esa. La presión maligna de dicho ser aun se esparcía por su cuerpo a pesar de que ya habían pasado unos días y de que el rose que se creó fue casi instantáneo.
Se apoyo en sus rodillas y tobillos y se inclino hacia el río con una cubeta de madera en la mano, la arrastro por la superficie del agua y cuando la llenó se empapo con ella desde la cabeza a los pies, repitió este proceso muchas veces tratando de evitar las sensaciones humanas que el agua fría le provocaba a su cuerpo adolescente.
Su cabello estilaba sobre su espalda y se apegaba al kimono blanco que se ocupaba para esta ceremonia de purificación. Se lavó el rostro incontables veces y se repetía la misma oración sagrada una y otra y otra vez.
Pero de repente ya no pudo y lanzó la cubeta con rabia lejos, a algún lugar. Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar destrozada. Ahogaba sus lágrimas mordiendo sus labios y quería culpar al clima y al agua por el temblor de sus hombros. Se restregaba los ojos húmedos espantando el agua y se repetía mentalmente que no debía llorar.
Los ojos verdes entre la oscuridad observaban a su presa con cautela. Permanecía en su típica posición de dormir adherido a la copa de un árbol a muchos metros de la cabeza de Orihime. Él, con sus sentidos desarrollados podía escuchar cada palabra femenina como si se las susurrada despacito cerca del oído.
Ulquiorra debido al frío comenzaba a quedarse dormido y a perder fuerzas, ya que en este tiempo no había podido encontrar una presa lo suficientemente poderosa como para quedar satisfecho de energía espiritual. Además, su cuerpo de animal no era adecuado para el frío invierno japonés y sus alas se congelaban rápidamente incluso en movimiento.
De mala gana y como si fuera una excusa, se desprendió de la rama y comenzó a volar hacia tierra firme.
Inoue luego de lagrimear un poco se convenció de que entrenando y acrecentando su espíritu podría derrotar a toda energía maligna que existiera y podría ser capaz de mantener la barrera del templo Shinto, tal y como lo hacen sus maestras.
Volvió a mojarse con la cubeta unas cuantas veces más y por curiosidad desato el obi que mantenía su simple kimono sujeto. Lo dejo resbalar hasta sus caderas y con inquietud abrió sus pliegues de ropa hasta distinguir por completo su pecho izquierdo.
Sus cejas se unieron sobre su frente al comprobar sus temores, suspirando en resignación.
Una mancha negra se adhería a su piel cremosa como un tatuaje, sobre su corazón. Marca que por alguna razón parecía un numero cuatro perfectamente tallado sobre su pecho.
La marca de Murciélago.
Cada vez que tenían contacto físico esa marca aparecía en su cuerpo, siempre en ese lugar, siempre con la misma nitidez, siempre ardía con la misma intensidad.
Se mojo el pecho con la cubeta y cerró los ojos al sentir como sus pezones se endurecían por el frío. Masajeo con su mano izquierda la mancha para tratar de borrarla, pero no funciono.
Suspiro resignada y observo el cielo, ¿Con que cara diría que es una Miko si su cuerpo está infectado con energía maligna?
Resignada se volvió a empapar un poco más.
Un ruido peculiar hizo que su cuerpo se erizara y dieran un saltito sobre su posición. Sonó a ramas torcidas y como si algo hubiera caído al piso. Se giró sobre sí misma con curiosidad y se deslumbro con un hombre de color nieve y un cabello tan negro como la oscuridad. Este se encontraba apoyado contra el tronco de un árbol, intentaba pararse, pero los temblores de su cuerpo lo hacían resbalar al piso, de rodillas. Dándole la espalda a la mujer.
Orihime asustada, tomó las dos mantas que había traído para ella y envolvió la espalda del hombro con cuidado, tratando de cubrir la mayor parte del blanco cuerpo desnudo.
-Señor ¿está perdido?—pregunto la chica con el rostro angustiado.
Apoyo una de sus manos en la espalda curvada del sujeto y froto con ímpetu para que el calor lo envolviera rápidamente. El hombre se sentó sobre las mantas apoyando su espalda contra la corteza del árbol. Las frazadas se enrollaron en su cintura cubriendo sus pies y sus caderas. Alzó el cuello hacia la mujer frente a él, y entreabrió los ojos pero aun así la veía ligeramente desenfocada.
Orihime se sonrojo de inmediato. El hombre estaba desnudo ¡Ni siquiera había reparado en ese detalle cuando se acerco! Él mantenía sus ojos cerrados y respiraba descoordinadamente dejando sus negros labios abiertos al contacto del aire congelado.
La sacerdotisa alargo su mano hacia él y toco su mejilla. Esta tan helado como ella.
Con cuidado comenzó a envolverlo lo más velozmente que pudo. Él ni se movía así que eso fue una gran ayuda al momento de cubrir sus hombros.
Ulquiorra busco la mirada de la chica, tratando de descifrar su rostro. Estaba desorientado y no recordaba exactamente en donde estaba. Solo distinguía un pálido color de piel y un brillante naranjo frente a su rostro.
Alargo sus dedos huesudos y acaricio la unión entre el cuello y el hombro femenino y ascendió hasta perder sus dedos en el húmedo cabello.
-¿Señor?—pregunto Orihime un poco sorprendida por la libertad que él se estaba tomando. Su cuerpo tembló y descorrió un poco las capas del kimono que aun no se había atado. Los ojos verdes recorrieron el cuerpo de su compañera con hambre, hasta que se topo con los enormes pechos en donde vio su marca oscura.
Con su lengua lamio sus acrecentados colmillos de su dentadura blanca y sin mediar palabra se alzó hacia la mujer, atrapando con ira su seno izquierdo y enterrando su lengua en su boca abierta.
La penetro con necesidad y Orihime al ser la primera vez que presenciaba y participaba de algo así no supo cómo actuar y ni siquiera lo vio venir.
Cifer apretó su mano contra la congelada piel y entero sus dedos en el número inscrito con tinta, el cual se conecto con su cuerpo absorbiendo la energía pura de la dama. Mordió los labios femeninos a tal grado de violencia que los hirió dejando salir sangre tibia y anaranjada que inundo su paladar.
La chica se asusto y trato de huir, pero con su mano libre la aferro a su cuerpo arañando su espalda, bajando el kimino hasta sus anchas caderas.
Se abalanzo sobre ella derribándola contra la nieve y con toda libertad la saboreó en un beso que no era para expresar cariño o atracción, sino para dejarla seca. Totalmente seca.
Orihime sintió su cuerpo pesado y sus ojos comenzaron a cerrarse sin su consentimiento. Sentía las punzadas del hielo que se frotaba contra su espalda cada vez que el hombre que la sometía al piso profundizaba su beso tratando de hacerla participé del juego.
Antes de caer dormida por el cansancio y el frío sintió que… esa situación ya la había vivido antes. Solo que esta vez el ultimo color que deslumbro fue el verde flúor conectarse con sus ojos grises.
Cuando despertó vio a Matsumoto frente a ella y se levanto de golpe.
-Rangitsu-san ¿Qué…?—
La rubia sonrió de forma cálida y acaricio la mejilla de su compañera.
-Él está bien, no te preocupes—dijo la chica mirando a su lado y notó al mismo hombro que había encontrado cerca del río dormir sobre un futon profundamente.
Quedo con la boca a media abrir, no sabía exactamente que había pasado. Se toco los labios con la yema de los dedos por inercia, como tratando de recordar algo, pero no. Los sintió suaves y cálidos bajo su piel. En perfectas condiciones.
Sus ropas eran distintas, estaba en el uniforme de sacerdotisa, seca, y su cabello también, seco, caía sobre sus hombros y su espalda.
-¿Qué paso Rangitsu-San?—pregunto desorientada.
-Bueno…—comenzó encogiéndose de hombros—Retsu-Sama y la vieja estaba ocupadas en la cuidad, así que como no regresaba comenzó a preocuparme. Eres muy rápida para todo así que me extraño que tardaras tanto. El Fresita había venido a dejar medicadas justo cuando yo salía a buscarte así que me acompaño, pero antes de siquiera perdiéramos de vista el templo lo vimos caminar hacia nosotros entre la nieve, descalzo—dijo refiriéndose a Ulquiorra—te traía sobre su espalda, él estaba solo cubierto con una de la frazadas largas que tu llevabas y con la otra te envolvió a ti.—dijo la chica mirando al huésped con un deje de ternura—supimos que eras tú porque tu cabello naranjo incluso a la distancia es fácil de reconocer. Así que corrimos a su encuentro y en cuanto nos vio llegar a su lado te entrego a Ichigo y yo lo cubrí con el gorro y la capa de paja que traía. Cuando llegamos aquí él cayo rendido en la entrada y no ha despertado desde entonces—
Orihime escucho todo el relato con atención y solo recordaba haber visto al hombro entre la nieve, de ahí para adelante sus recuerdos eran como una mancha aceitunada en su memoria.
-Te traeré algo de comer. Con permiso—dijo la mayor cerrando la puerta después de salir.
Orihime se volteo de inmediato hacia el extraño en cuanto se encontró sola. Y se volvió a recostar, esta vez mirándolo directamente sin pudor. Alargo los labios y unió las cejas en su frente. Algo faltaba, había olvidado algo, estaba segura, no recordaba haberse desmayado en ningún momento.
Entre las tapas de cama alargo el brazo hasta rosar el cuerpo del hombre, pero al hacerlo lo retiro de inmediato ya que una fuerte corriente la invadió acumulándose en su corazón.
El sujeto abrió los ojos de repente quedándose inmóvil, como si no hubiera dormido ni un segundo y supiera exactamente en donde estaba acostado. Miro el techo y lo escaneo, siguió la luz de las velas a su costado izquierdo y se topo con unos ojos grises entre las sombras.
-Hola—soltó la chica con las mejillas sonrojadas, ocultando se hasta los ojos con las brazadas.
El no respondió solo… siguió mirándola.
-Estas en el Templo Shinto, nosotras…—
El huésped se sentó de golpe en la cama, asustando a la sacerdotisa. Observo el lugar, haciendo vagar sus ojos como si confirmara sus palabras al mirar. Orihime apoyándose en un brazo se estabilizo sobre la suave colchoneta que la soportaba.
-Descuide, está a salvo—dijo alzando la mano hacia él, dubitativa entre sí tocarse seria una falta de protocolo o no. Se mordió el labio al ver que su acompañante ni siquiera le prestaba atención. –¿Cuál es su nombre, señor?—pregunto Orihime y Ulquiorra giro su cabeza para mirarla a los ojos. Fugazmente bajo los ojos hasta el seno izquierdo de la chica y ascendió a sus ojos de nuevo.
El no respondió y parpadeo un par de veces.
Inoue ladeo la cabeza, confundida.
-¿No puede hablar?—Él solo volvió a parpadear.
-Entiendo—aclaro la chica cabizbaja—Yo soy Inoue Orihime y soy una Miko de este templo—sonrió con calidez, más Cifer no hizo expresión alguna—Tiene rasgos que nunca había visto, señor. Me pregunto si usted será japonés—
Ichigo abrió las puertas de golpe asustando a la chica y haciéndola voltear en el acto. Los ojos almendrados repararon en ella y caminaron con rápidas a su encuentro. Se sentó a un lado de la primera cama y con el ceño fruncido estiro los brazos y presiono a la sacerdotisa contra su pecho.
-¡Tonta!—le reprocho enredando sus dedos en su largo cabello naranja—Me asuste tanto cuando Matsumoto dijo que no habías regresado—la reparo de su cuerpo hasta que sus ojos se encontraron—'Creí que te había pasado algo, Inoue!—le comento adolorido acariciando la mejilla femenina con temor. Volvió a estrecharla entre sus brazos y la chica acaricia la espalda ancha sonriendo.
-Lo siento Kurosaki-Kun—susurro feliz.
Cifer miro a su presa con indiferencia. Kurosaki Ichigo, el insignificante humano perdidamente enamorado de su plato principal. Pobre hombre.
Ulquiorra se concentro en la luz roja de la vela para pensar. Sentía lástima por él y sus humanos sentimientos. Orihime es una miko y como tal, ni el amor ni los deseos terrenales están en su diccionario, así que una relación futura o presente sería imposible hasta sus próximas vidas. En cambio él, tenía otros planes para la chica.
Grimmjow se había ido a buscar algo que hacer así que Aizen y Ulquiorra quedaron solos en la habitación. El de ojos borgoña sonrió con curiosidad y enredo sus dedos nuevamente en la cola de Cifer.
-Me sorprendes ¿sabes? ¿Por qué ese interés?—soltó de repente con ojos brillantes.
-No sé a qué se refiere Aizen-Sama—informo el murciélago con un tonito casi indignado.
-Ulquiorra, a mí no me mientas. Eres el más cercano a mí y el más eficiente, te conozco y no podrás engañarme—soltó una risita—¿Qué tramas?—
-Estoy cultivando—
-¿Cultivando?—repitió perdido el castaño.
-Espero su punto más alto para devorarla—Aizen se extraño, era la primera vez que escuchaba algo parecido de la boca de uno de sus demonios.
-¿Su punto más alto?—trato de hacer hablar a su casi mudo servidor.
-Su energía es poderosa, pero no ha sido desarrollada. Es una aprendiz de gran potencial y solo espero el momento adecuado y eso será cuando su energía espiritual sea más apetitosa—
-Interesante. Nunca te había visto tan interesado en algo. Estas madurando—le acaricio la cabeza al animal con la yema de un dedo y este se contrajo nervioso.
-No me trate como a un niño Aizen-Sama, recuerde que usted también es parte mi cultivo—soltó con desdén y emprendió el vuelo cruzando la ventana del segundo piso.
-Lo siento Ulquiorra, es solo paso tanto tiempo contigo que a veces… lo olvido—susurro el castaño lo suficientemente alto para que el murciélago lo oyera al partir.
-Gracias—el sonido de las palabras lo trajeron a la tierra otra vez. Kurosaki Ichigo hacia una reverencia ligera frente a su persona.—no tienes idea de lo mucho que aprecio el que hayas salvado a Inoue—aclamo con sinceridad.
Ulquiorra lo observo unos segundos y luego se giro hacia Orihime quien se deleitaba feliz con un platillo de tofu.
-Toma, es para ti—le sonrió la rubia entregándole una bandeja con comida.—Espero sea de tu agradado—le comento entregándole los palillos para luego volver a su posición a la izquierda de la pelirroja.
Comió en silencio, sin apuro, ni tratando de llamar la atención.
Su presa sonreía y comía con la naturalidad femenina de la que era dotada. Ladeo un poco la cabeza para hacer tronar su cuello adolorido. Agradecía a sus poderes el poder de manipular los recuerdos.
-Retsu-Sama, Kukaku-Sama—sonrió Orihime esperanzada al ver ingresar a sus maestras.
-Orihime ¿Qué haces recostada?—pregunto la shiba con una ceja alzada.
Las sacerdotisas de experiencias se acercaron al grupo y oyeron los detalles y el desenlace de la situación armada en el río. Comentaron un poco entre ellas y miraron a Ulquiorra quien al terminar sus alimentos dejo los recipientes en el mismo lugar del cual los saco.
-Señor, gracias por ayudar a nuestra discípula y lamentamos todos los problema que ella le haya causado—susurro Retsu con cautela—Quisiera saber cuál es su nombre señor invitado—
-Retsu-sama, él no habla—agrego Inoue angustiada.
-Entonces siéntase libre de quedarse si no tiene a donde ir, o irse si lo sabe. Ambas decisiones serán bien recibidas por nosotras—
Cifer alzo una ceja de forma imperceptible, ¿Quedarse a vigilar el progreso de su plato de fondo? Seria grandioso.
El pelinegro asintió ligeramente y se volvió a la pelirroja y ella le dedico una sonrisa con las mejillas sonrojadas.
Había encontrado su cueva para pasar el invierno, así que Aizen deberá esperar en su cama por él hasta que llegara la primavera.
No quiero perderte y sé que si pasara no podría echarle la culpa a nadie, pero debes entender hay cosas que fueron importantes y que me trajeron a este punto de madures, pero seguiré aprendiendo de ti.
Me dijiste que siempre esteramos juntos, eso prometiste, dijiste que seria para siempre: Yo ahora lo sé y te ayudare a lograr esa meta.
Gracias por leer.
Orihime No Miko
