Hola, hola, lamento la demora, pero el trabajo y estudio me matan!

Espero que no les moleste, pero hice una modificacion en el capitulo 2; Es que el anterior no me convencia. Así que publico un nuevo capitulo 2 y de paso el 3º para que no me odien mas.


El grupo se detuvo a una hora de intenso camino. Sakura era la mas débil del grupo, la que no estaba acostumbrada a tales caminos, incomoda, sudorosa y adolorida por el tiempo que debía montar en el caballo. Sabía que aún le quedaban muchos días por recorrer y eso no la animaba. Aun podía ver el castillo de su padre bañado por algunos rayos de luz, proveniente de la mesa central donde custodiaba la escolta real. Suspiró y volteó a ver a sus amigos. Shaoran se mantenía serio y atentó al camino. Eriol en cambio lucia un profundo y oscuro malestar que le denotaba en los ojos -¿Rabia? Tal vez- pensó Sakura y azotó las riendas para que su yegua la obedeciera.

-No la esfuerces, tanto, Sakura. Recuerda que debemos ir y volver con estos animales- aconsejo Eriol, atento a sus movimientos.

-Lo sé-

-¿Quieres descansar un poco?-

-No, quiero avanzar lo que más se pueda. No creo que debamos quedarnos por aquí-

-Al contrario- interrumpió Nakuru colocándose a su lado – pienso que deben almacenar fuerzas porque desde la frontera hasta el castillo de Tiara las cosas no serán tan fáciles-. Eriol asintió correspondiendo a sus palabras y observo a Sakura que deseaba continuar.

-Avanzaremos hasta que amanezca, en ese momento nos detendremos para descansar-

-¿Qué opinas, Nakuru? ¿Avanzar durante el día o la noche?-

-Creo que debemos avanza durante el día y la noche, porque no sabremos cuando atacaran los soldados de Naga-.

Al final del viaje

Capítulo 1

La niña del collar

Cuando el grupo se detuvo para acampar, Sakura se recostó sobre una manta que le entregó Shaoran y se quedo completamente dormida. En su vida había quedado tan agotada y ahora añoraba su amplia y suave cama. Las piedras eran duras, al igual que la tierra, pero era mil veces mejor que las monturas y el balanceo del caballo. Shaoran se quedo preparando una fogata, a la vez que Eriol acomodaba a los caballos y los alimentaba.

Para el ojiazul no era fácil moverse con aquellos dos personajes de tiara. Sabía las costumbres del país y amaban la noche, la luna, el agua y a las deidades, supuestamente en unas cuantas noches más, sería el Black moon, una celebración religiosa que era especial para los amantes, en donde muchas personas contraían nupcias. Sabía que la reina había bautizado esa noche como la Black Moon al verse envuelta en un conflicto amoroso con un hombre de otro país.

La luna era cubierta por la mano de dios y todo el país quedaba en una completa oscuridad hasta el amanecer del día siguiente. En el cielo, claramente, podría apreciarse la rotonda de la luna con un fondo negro y enmarcada por una luz resplandeciente. Era un evento hermoso, pero una costumbre de tiara, y solo por eso… despreciable.

Eriol lanzó una mirada al pequeño gato negro que se acercaba hasta el caballo y retiraba una bolsa de color marrón con provisiones. Ni siquiera hizo el intento de ayudarlo. Ignoró cuando se iba sin dirigirle la palabra.

Spinel, el pequeño gato, se quedo sentado junto al fuego, mientras su hermana guardiana revisaba el mapa. Shaoran ya tenía la fogata prendida y miraba con atención el camino que trazaba la joven con su dedo, sobre el papel.

-¿Cuánto tardaremos?-

-Una semana, a lo mucho- respondió Nakuru con un dejo de frustración. –Si pudiéramos darnos prisa-.

-No podemos- respondió Shaoran con calma, analizando la ruta. –podemos atravesar el pueblo de Celes y Aoi, pero tendremos que detenernos en ambos.

-Hay casas que nos pueden servir de apoyo de Aoi a Kei, son pueblos pequeños y podremos abastecernos. Así podríamos descansar fuera de la vista de las grandes multitudes-

-¿Qué quieres decir?- preguntó Eriol colocándose junto a Shaoran y temiendo que su corazonada respecto a Nakuru fuera correcta.

-Digo que: no debemos detenernos en los pueblos. Es mejor pedir ayuda en las casas más apartadas. No queremos que una persona de Tiara vea a extranjeros, si los llegaran a atacar, ellos no podrían evitar decir la verdad-.

-Tiene razón- concluyó Shaoran, pero Eriol no estaba totalmente de acuerdo. El camino que los jóvenes trazaban era directo. Quizás demasiado obvio para que los enemigos de tiara los llegaran a atrapar. "ningún loco se atrevería entrar al castillo custodiado por el frente ¿o sí?"

-Si necesitan comprar algo de comida…- interrumpió Spinel, con su voz infantil y calmada, y con acento melodioso -… Nakuru y el sacerdote pueden entrar al pueblo-.

-Es una buena idea-.

-"…no, no quiero volver a subirme"- resoplo Sakura entre sueños. Los cuatro se giraron a mirarla mientras seguía durmiendo y sonrieron levemente.

-Es mejor que sigamos su ejemplo y vayamos a descansar-.

-Sí- Nakuru y Spinel se ofrecieron a hacer guardia, mientras los otros dos jóvenes dormían, pero Eriol no pudo mantener la mente clara. El estar en esa misión lo hacía pensar demasiado en su pasado, en sus padres y en su prometida. Pisaría la tierra de Tiara, volvería a sus orígenes, esperaba no tener que encontrarse con nada que lo hiciera odiarla aun más de lo que ya lo hacía.

Nakuru mantuvo el ánimo lo más que pudo, pero lentamente fue perdiendo las fuerzas y se quedo dormida. Spinel fue el único que se mantuvo despierto toda la noche, mirando como cada pedazo de madera era consumido por un hermoso fuego resplandeciente que amenazaba con apagarse o, contrariamente, esparcirse.

-"Puede que te cause muchos problemas, pero… quiero que sepas que todo saldrá bien"- Spinel despertó cuando ya iban de caminó hacía el primer pueblo. Nakuru lo llevaba en una pequeña bolsa de género suave y acolchado que permitía esconderlo y que descansará. El caminó estaba siendo difícil, porque uno de los caballos resoplaba con ardor. Salió de su re confortable casita y observo como Eriol y Shaoran intentaban calmar el caballo de Sakura que pisaba el agua en ese momento.

-¿Qué paso?- preguntó Spinel a su compañera.

-Los caballos, están impaciente. Algo se acerca en esa dirección ¿puedes sentirlos?- Spinel levantó la vista de Sakura a Nakuru y notó que sus ojos estaban tan oscuros como el celo nocturno.

-¿Nakuru?- preguntó, intentando captar su atención, pero fue inútil.

La chica perdió el equilibrio y cayó del caballo. El animal se puso como un loco. Levantó las patas traseras y las azotó contra el piso. Luego, se echó a correr en dirección opuesta relinchando con aspereza y temor. Fue Eriol el primero en acercarse a la chica y comprar su estado de salud.

-¿Qué tiene?- preguntó Sakura preocupada, sobre sus propios pies. Shaoran se encontraba más atrás dominando a los caballos. -¿Está enferma?-

-No exactamente. Sus poderes están decayendo por su pilar-

-¿Qué haremos, Eriol? No podemos dejarla-

-No podemos hacer nada, Sakura. Su pilar no está enviándole energía; no se está alimentando, lo único que podemos hacer es salvarlos y que ellos se hagan cargo-

-Llevarla en ese estado será una carga para nosotros. Nos retrasará- agregó Eriol con crueldad.

-¡No están pensando en dejarla! ¿Verdad?- gritó Spinel desesperado.

-No, Spinel- lo cortó Eriol con una mirada reprobatoria. –Estaba pensando en cómo llevarla y lo que nos atrasará, nada más-

-Eso espero-.

Eriol negó con la cabeza y observo el caminó por el cual había huido el caballo. –Shaoran ¿Puedes recuperarlo?-

-Lo intentaré- enrollo rápidamente las riendas de la yegua y el caballo de los dos guardianes de Light y montó en su caballo con destreza. –Quédense aquí- ordenó y desapareció en la distancia tan rápido que Sakura se estremeció.

-Si quieren…- dijo una voz nueva -…yo podría ayudarlos-. Los tres giraron a mirar a su nueva compañera y divisaron a una niña de tan solo ocho años, aproximadamente, que cargaba un balde de madera con agua limpia.

-Podrían llevarla para que descanse-. Spinel se escondió rápidamente, pero la niña sonrió.

-Ya nos conocemos, Spinel, no es necesario que te escondas-. Sakura notó como el pequeño se contrariaba. Ella parecía familiarizada con aquel ser, pero él no tenía la menor intención de la procedencia de la pequeña. -¿Se van al castillo?- le preguntó la niña. Su voz sonaba muy tranquila, su cabellera era oscura al igual que sus ojos, y mantenía una sonrisa calmada y amigable.

-¿De dónde eres?-

-Ya te lo había dicho, Spinel, soy de aquí cerca. Mi casa está entre aquellos dos pinos- apuntó en la distancia dos árboles que resaltaban entre la multitud. –Es pequeña, pero ella podrá descansar bien-.

-No- contestó Eriol –Shaoran vendrá en cualquier momento y si no nos encuentra-

-Yo podría esperarlo-

-Nos quedaremos, gracias por la oferta- fue su cortante respuesta. La niña se sentó en una roca a observar a los tres jóvenes. Eriol se sintió molesto. Se suponía que nadie debía verlos, porque ellos hacían amistades con conocidos de los límites fronterizos y se encontraban en aquella situación en ese momento.

-Se van a la ciudad de Light. Siempre quise conocerla, debe ser bonita-

-Sí, lo es- contestó Sakura sentándose a su lado. -¿Por qué estabas aquí, en el bosque?-

-Vine por agua- le respondió, sin quitarle la vista de encima a Spinel. El pequeño gato se quedo en su posición, manteniéndose lo más apartado tanto visible como corporalmente de la niña que lo acosaba con la mirada.

-¿De dónde la conoces?- preguntó Eriol colocando su chaqueta como almohada bajo la cabeza de Nakuru.

-No lo sé. Creo que está loca, en mi vida la he visto- respondió en susurros el pequeño gato, mirándola de reojo.

-Ella parece conocerte muy bien. Parece saber quién eres. Supo tu nombre y eso ya es demasiado-

-Jamás he venido a este lugar. Quizás ella fue la que estuvo en la ciudad, porque no la recuerdo de ninguna parte-. Eriol no estaba interesado en aquella plática estival, lo único que le preocupara era que podrían encontrarlos si se quedaban ahí, pero no abandonaría el puesto hasta que su general llegará.

-Gracias por la oferta…- le dijo a la niña con una sonrisa –pero preferimos quedarnos aquí-

-Por estos lugares hay muchos espíritus, tengan cuidado-. La niña se levantó y se acercó hasta Nakuru que todavía se encontraba inconsciente en el piso. Con la piel pálida y los labios morados. –Van hacía el castillo Light-

-No, vamos hacía la capital de tiara, a Yami-

-¿A Yami?- la niña negó con lentitud mientras tomaba la temperatura de Nakuru con sus manitas –Ella morirá en el viaje, y si no lo hará en Yami. La ciudad está cercada por el ejercito de Naga, los residentes huyeron y los otro murieron. Los que han buscado asilo en Light, que pasaron por aquí, dijeron que el rey de Naga ha perdido la razón, intenta atrapar a los pilares, parece que esa es su única meta-.

-¿Has visto soldados más adelante?- preguntó Sakura. Eriol no le quito la vista a Nakuru quien cada vez perdía más el color, pero estuvo atento a las palabras de la niña.

-No, por estos lados no se ven, pero más adelante, cuando lleguen a Italy se empezaran a encontrar con ellos. Va a ser difícil para ustedes pasar desapercibidos, sobre todo cuando dos ciudadanos de Light están acompañando a dos de Tiara-.

-¿Dos ciudadanos? Somos tres- inquirió Sakura, pero entonces notó algo distinto en el grupo. Realmente nunca había prestado demasiada atención a las facciones de Eriol, menos a la procedencia de este. Su padre lo había presentado como un pilar más de light y todos lo aceptaron sin preguntar nada de él, pero ahora que lo miraba ¿De dónde provenía Eriol? Y si era, realmente, de Tiara ¿Por qué no había utilizado su magia para proteger a su país? La pequeña no estaba informada que Eriol era de Light, por lo mismo lo asocio inmediatamente a Tiara.

-Ahí viene Shaoran- agregó Eriol al notar que Sakura se había perdido en sus pensamientos con el último comentario y lo miraba queriendo preguntarle algo. –Podremos seguir-.

-¿Qué pasará con Nakuru?-

-Yo la llevaré en mi caballo hasta el pueblo, ahí lograremos buscar algo de energía para darle-

-¿Qué necesitan?- la niña se interpuso en su conversación con tono amigable y ganas de ayudar. -Tengo comida y agua, alojamiento, si quieren-

-Para ella se necesita algo más que comida, no se alimenta de la misma forma en que lo hacemos nosotros-

-¿Y esto servirá?- entre los pliegues de su vestido sacó un collar que lucía un hermoso dije de zafiro. Su color era tan intenso como los ojos del pilar de Dark, un azul tan profundo como el océano. Se lo quito y lo acercó hasta el ojiazul. –Es de magia. No conozco otro tipo de comida que no sea esto-

-¡¿De dónde lo sacaste?- gritó Spinel perdiendo el control y revelándose su verdadera forma para aterrorizar a la pequeña.

-¡Lo encontré!- gritó asustada, girando sobre sus talones y corriendo a buscar refugio detrás de un árbol.

-¡Spinel!- le gritó el ojiazul con la mano alzada hacía él, realizando un rápido conjuro para mantenerlo inmóvil. –Intenta calmarte- ordenó con voz seca.

-¡No! ¿De dónde…- intentó moverse y dar un paso hacia adelante, pero sus pesadas patas negras estaban pegadas al piso -… de donde… lo sacaste?-

-Ya te lo dije, Spinel, me lo encontré. Junto al arrollo-. Spinel observo a Nakuru y luego a Eriol.

-Es del pilar del agua, lo llevaba puesto cuando Naga atacó el palacio-. Informó y se tranquilizó un poco. Eriol con cuidado retiro el conjuro y dejo que la pantera negra rodeara a la niña con su semblante malhumorado. En tanto él analizo el collar y pudo sentir la presencia de miles de espíritu encerrados en el. Deidades, fuerzas de la naturaleza que inquirían en el dueño la sensación de poder. Podía pensar que el pilar del agua anhelaba poder y por eso hacía de esa joya una reliquia inigualable para cualquier criatura, invalorable.

-Puede servir- se dijo a sí mismo y se acercó a Nakuru para colocárselo. A su cuerpo volvió él color y el calor. Abrió sus ojos como si hubiese estado durmiendo la siesta y se incorporó con lentitud frente a sus compañeros. Sintió de inmediato la presencia de la joya en su cuerpo y la tomó con sus finos dedos para ponerla frente a sus ojos y analizarla con cuidado.

Eriol le contó rápidamente la situación en la que se encontraban y su única respuesta fue: -Es mi pilar la que nos está ayudando-.

Spinel dejo de acosar a su presa y volvió junto a la guardiana que lucía llena de vida. Pasó su cabeza sobre la palma de la muchacha y dejo que esta lo acariciara.

-Me pone nervioso el hecho que no estés alerta, Nakuru-.

-No te preocupes, solo fue un momento-

-Si…- dijo sarcástico -¿Sabes lo que significa eso? Nuestros pilares están perdiendo sus fuerzas. Hay que volver pronto al castillo-.

-¿Dónde está ese hombre malo?- preguntó la niña volviendo a inmiscuirse en la conversación de los viajeros.

-¿Qué hombre malo?- preguntó Sakura siendo la única en prestarle atención. –El que vino hace un tiempo, que se enfado con los dos-

-No entiendo lo que me dices-

-Ni siquiera yo entiendo lo que paso-.

Sakura se alegró cuando el grupo informó que se detendrían cerca del pueblo, antes del anochecer. Sus piernas se hallaban acalambradas por la postura y su espalda le dolía por la curva que realizaba sin querer. Cada vez que miraba a sus compañeros sentía envidia de ellos, todos lucían tan garbos en aquellos caballos, y se movían con una destreza como si el animal fuera parte de su cuerpo.

-Yo la hubiera despedazado- inquirió Spinel en el altercado presenciado con aquella mocosa ladrona.

-¿Cómo crees que ella podría haberlo adquirido, Spinel?- le espetó Nakuru con sarcasmo -Fue hasta la ciudad y se lo robó a nuestros pilares. Es obvio que mi pilar me lo envió para salvarme, sabía que necesitaría energía y me la envió de la única manera posible-

-No creo que ella diera esa cosa…- refiriéndose al collar –…a uno de nosotros. Menos cuando está maldito-. Eriol no quiso voltear a mirarlos porque no deseaba tener más pleitos con el pequeño Spinel, pero no pudo evitar su conversación, hablando de "ella" quizás Tiara también poseía una chica pilar, una mujer, como Sakura. ¿Sería una persona distinta a Sakura? ¿Tendrían algún parentesco? La sola idea de encontrarse con los dos pilares capto su atención y deseó llegar pronto a su destino. No recordaba que en la conmemoración de hace seis años atrás haya visto a alguna mujer realizando la prueba de pilar, y las únicas que estaban presente tuvieron finales completamente diferentes: Sakura obtuvo un elemento guardián y la otra… murió en el intento.

Las casas se hicieron más notorias y la cantidad comenzó a aumentar. La pobreza del lugar era sinónimo de la mala administración de las tierras de Tiara, pero no venía a juzgar a su madre tierra, sino a salvar dos vidas. Las casas eran pequeñas y sucias, y aunque había pasto a su alrededor lucían como casuchas a punto de caer por una pequeña ventolera. No había ventanas con vidrios, sino de maderas que se colocaban a la fuerza para evitar el frio. No entró a ninguna de aquellos hogares deshabitados por el abandono de los ciudadanos temerosos que huían del ataque de Naga.

Eriol se tapó la nariz, un olor a podrido y a azufre quemado hizo que se le revolviera el estomago. No fue el único. Shaoran se tapó la parte inferior de la cara con una manta que llevaba, al igual que el resto. Envueltos en ese paño de lino perfumado caminaron por el centro del pueblo hasta llegar al lugar desde donde procedía aquel repulsivo olor. Lo que encontraron no fue gratificante para ninguno de los viajeros. Una montaña de cadáveres era calcinado en un torrente de llamas que amenazaba con extenderse hasta el tejado de una casa y a arboles cercanos. Nadie custodiaba el lugar. No había guardias, ni caballos, ni algún rastro que apuntara a los responsables.

Fue Shaoran quien adelantó el paso y se acercó hasta el lugar para ver si había algún sobreviviente, pero aunque lo hubiera nada podía hacerse. Su único comentario fue referente a Sakura.

-No deseo que la princesa siga viendo esto- Tomó las riendas de Sakura, mientras ella se tapaba la cara horrorizada por lo visto, y se encaminó para salir de ese horrendo lugar lo antes posible.

-Nosotros deberíamos seguirle- aconsejo Nakuru con tristeza, sin poder contener las lagrimas que ya corrían por sus mejillas

-Sí, adelántense- respondió Eriol. Podía sentir los cuerpos crujir bajo las llamas, y notó que no solo se encontraban hombres en la fogata, sino mujeres, niños y bebes. –Son unos malditos- susurró y se alejo del lugar. Ni Sakura, ni él tenían poderes para calmar aquella fogata. Él, como guardián del elemento del fuego solo ocasionaría más daño en la ciudad; Sakura, lo mismo, ya que los poderes de vientos espaciarían las llamas en todas las direcciones posibles. – lo siento- susurró al viento.

Continuara…