-Celes… estaba completamente destruida- murmuró una atónita Nakuru, con la vista fija en un punto muerto del camino en frente.
-No solo atacaron a los soldados que estaban en la ciudad, sino a los civiles- agregó Eriol con rabia. Su misión no consistía en nada más que rescatar a los pilares y ahora la tomaba mas apecho. Sabía que uno de los pilares era mujer y que el odio de Naga era desmedido; temió y se sintió responsable por el bienestar de la chica. Daría su mayor esfuerzo para colocar a salvo a los pilares ¿y luego? ¿Olvidaría todo el resto?
-Llegaremos a Aoi en plena noche- anunció Spinel mirando el mapa dentro del bolso en que lo llevaban. –Aoi es una de las ciudades fronterizas. La mayor parte de los ciudadanos son soldados del ejército-.
-Espero que estén todavía. Si fueron capaces de atacar la ciudad más pobre y de mayor cantidad de civiles, no dudo que ya hubiesen pasado por Aoi-.
-La evitaremos- agregó Shaoran, comandando el viaje. Eriol asintió complacido y aliviado por la sabia decisión de ahorrarse ver una masacre. No era necesario que Sakura fuera testigo del bestialismo de los soldados de Naga. -El rey de Naga debe odiar a Tiara- susurró con semblante contrariado por lo que acababa de presenciar -…para mancharse las manos con sangre de hombres, mujeres y niños-.
-O debe tener un motivo muy grande- fue el comentario de Eriol que hizo callar a todo el grupo.
Al final del viaje
Capitulo 3
Fuego tormentos
Shaoran se incorporó con rapidez cuando escuchó el gritó aterrador de Sakura. La chica abrió los ojos y se abrazó de la primera persona que estuvo enfrente. Para su suerte, Shaoran correspondió su abrazó y la apretó contra su cuerpo.
-Ya, ya- dijo bajito junto a su oído –ya pasó-
-Se queman-
-No, ya no-.
-Se queman, Shaoran- lloró bañando sus mejillas con lágrimas.
-Tranquila, Sakura, por favor, tranquila-.
Eriol frunció el ceño al ver el llanto en la joven. No deseaba que Sakura sufriera una mala experiencia en el viaje, pero ya había visto lo peor y no podía hacer nada.
-Escuche un grito- anunció la voz de un hombre en la lejanía. Eriol y Nakuru se alertaron de inmediato y la guardiana apagó la fogata tirando tierra sobre ella. Eriol se acercó a Shaoran y le tocó el hombro.
-Alguien se acerca- le dijo bajito. El soldado envolvió a Sakura con su manta, la ayudo a levantarse y a montar su caballo. –Protégela, pase lo que pase-. Shaoran asintió y tomó las demás pertenencias de la chica y suyas. Eriol se puso su manta y se subió al su caballo para alejarse pero antes de darse a la fuga los soldados aparecieron y alzaron sus espadas hacía ellos. -¡Vete!- le ordenó a Shaoran, quien se subió a su caballo y se alejo con Sakura en dirección contraria.
-¡Síganlos!- ordenó el soldado. Un grupo de cerca cinco hombres corrieron para alcanzarlos, pero Eriol se interpuso en el camino con el rostro ensombrecido por la ira.
-Son de Light- informó el sacerdote de ojos azules.
-¿Gente de Light, un país pacifista, se encuentra en plena batalla del imperio Naga y Tiara? ¿Extraño, no?-
-Lo es- asintió Eriol sin intimidarse por las armas de los soldados. Nakuru se colocó a su lado al sentirse acorralada por aquellos hombres de mirada lujuriosa.
-Pero ustedes no parecen ser de Light-
-¿Traidores de su patria?- comentó otro soldado con ironía.-no sabía que la gente de Tiara huía al momento en que su país se encontraba en peligro ¿Esa es su cultura?-
-¿Y la de ustedes?- preguntó Nakuru con ira -¿salvajes que persiguen y asesinan a personas que no tienen nada que ver con su guerra? ¡Sí! ¡Esa debe ser la cultura de Naga!-
-Nakuru- interrumpió Eriol al darse cuenta que la chica estaba buscando enfadar a los soldados.
-¡Deberías cerrar tu boca, mocosa! ¡Puedo utilizarte para prender una fogata! O… puedes calentar mi cama-
-Malditos- susurró Eriol y sus ojos se ensombrecieron con un fuego que empezó a quemar los arboles a su lado. Un aro se formó alrededor de todos ellos y Nakuru sintió pánico. Spinel podía salir huyendo de ese lugar por los aires, pero se quedo sobre el hombro de la guardiana atentó a que si alguien llegaba a tocarla, él se transformaría y atacaría con todas sus fuerzas.
Los soldados se asustaron e intentaron salir de aquel aro que se reducía con cada segundo. Desesperados alzaron sus armas contra Eriol. Nakuru cerró los ojos. Ella podía transformarse, pero eso significaba ocupar las energías de su maldito collar que podría traer más problemas de los que ya tenía. Eriol no se movió de su posición cuando vio la avalancha de hombres que intentaban darle la estocada final, pero ninguno pudo acercarse más de un metro de él, ya que un hilo de fuego creció y los envolvió.
-¡La gente como ustedes… no deberían… existir!- como si fuera un domo, el fuego consumió a los soldados. Los hombres gritaron y lloraron desesperados intentando liberarse del fuego que quemaba sus pieles y destrozaba sus rostros.
Los ojos azules del joven reflejaban la escena con intensidad, tanta que Eriol parecía poseído con lo que hacía. Nakuru se asustó, pero no se movió de su posición, esperaba nunca hacerlo enojar de esa manera. Las llamas no cesaron aun cuando los cuerpos s de los soldados cayeron al piso convertidos en un montón de materia negra.
-Eriol…- llamó Nakuru con temor, pero el ojiazul no respondió –Eriol-
-¿Que me hace diferente…?- susurró -¿Qué me hace diferente a ellos?- y sin esperar respuestas se volteó hacía los arboles deshaciendo las llamas y corrió hasta perderse en la oscuridad.
Eriol sintió las ramas, las hojas y el viento golpearle en la cara. No podía pensar, detenerse y dejar de derramar lagrimas por lo que había hecho. Se había convertido en lo mismo que los soldados de Naga. Utilizó todas sus fuerzas protectoras, sus dones naturales y puros, en un acto degradante, en una matanza cruel.
Siguió corriendo y sus ropas se alzaron al contacto con el viento. No reaccionó cuando el camino se terminó y bajo sus pies solo se alzaba un gran cañón que terminaba en un rio enfurecido.
Su grito no duró mucho hasta que el agua lo jalo de un lado para otro, golpeando sus extremidades contra las rocas y manteniéndolo alejado de la superficie.
No podía concentrarse lo suficiente para salir de ese lugar. Intentó nadar, pero la fuerza del agua lo dejo agotado en menos de lo que pensaba.
Agotado se dejo llevar por la corriente y cerró los ojos. Dio unas vueltas en el agua y las manos de una persona lo jalaron hasta la superficie donde por fin pudo respirar. Abrió los ojos y sintió el cuerpo de una persona a su espalda. Observo el brazo alrededor de su cuello y como la corriente se tranquilizaba permitiéndoles llegar a la orilla. La persona que lo ayudo lo soltó apenas pisaron arena. Lo ayudo a salir y sentarse en la orilla del rio y se arregló el cabello colocándolo tras de su oreja. Fue en ese momento en que Eriol notó la persona que lo había rescatado de ese tormentoso rio. Era una chica, hermosa y delgada, con una cabellera larga como la noche y con unos ojos tan fuertes y expresivos como la luna tras ella.
-No es bueno nadar en ese rio- dijo ella, con los pies aun dentro del agua.
-Lo mismo digo- tocio un poco ahogado. –Gracias, por salvarme-
-De nada. Hubieras hecho lo mismo ¿o no?-
-Sí… creo- sonrió él un tanto aturdido.
Ella enrolló su larga cabellera y dejo que el agua acumulada saliera de esta, para volver a soltarlo y desparramarlo sobre su espalda. Salió del agua y se sentó en la arena suave y lisa junto a su nuevo conocido. Eriol tragó saliva con dificultad y giró su vista hasta el rio que volvía a azotar las rocas con agresividad.
-Realmente, eres muy valiente, gracias por salvarme-
-De nada-
-Soy Eriol Hiragisawa-
-¿Hiragisawa?-
-Sí, ¿Por qué te extraña?- preguntó con tranquilidad.
-Una vez conocí a un hombre que usaba ese apellido-
-Entiendo- Eriol bajó la vista, a su mente acudieron las llamas de su última batalla.
-Llevas una gran carga encima, Eriol Hiragisawa, creo que es más grande de la que tus hombros pueden soportar-
-Hmm- fue su única respuesta, con una sonrisa irónica en el rostro.
-Creo que deberías arrojar un poco de tu carga a los demás-
-¿Y cómo hago eso?- preguntó Eriol con una mirada transparente que reflejaba duda. –Creo que para ti es fácil decirlo, pero tengo en muchas cosas que pensar-
-¿Por eso optas para el suicidio?-
-¡No!- rió a carcajadas –Yo no intentaba terminar con mi vida, para nada, esa no fue mi intención-.
-Creí que lo era cuando dejaste de luchar para salir a la superficie-.
-No. estaba cansado y no podía seguir nadando. Mis manos, mis brazos y piernas estaban, y están, todavía acalambrados por los golpes que recibí en el recorrido-.
-Al igual que tus poderes-
-Al igual que mis poderes-. Cerró los ojos y escuchó el ruido del rio, la brisa fresca y el olor de la chica que estaba a su lado; una combinación de rosas con el dulce perfume de los cerezos.
Aspiró con fuerzas y abrió los ojos –No te he preguntado- giró para mirarla -¿cuál es tu… nombre…?-. Ella ya no estaba y no había rastro de que en algún momento se hubiera sentado a su lado. Miró a su alrededor a ver si la encontraba pero no, en ningún lugar había algún rastro de que ella escapara, se escondiera o estuviera. Sus brazos comenzaron a doler con creces y se apoyó en la arena. Necesitaba descasar para volver a encontrarse con Sakura, Shaoran, Nakuru y el pequeño Spinel; confiaba en que cada uno estuviera a salvo.
-.-.-.—
Nakuru se sintió desolada cuando vio que estaba completamente sola, otra vez. Ninguno de los guardianes de Light estaba para ayudarla a liberar a los pilares de Tiara. Por lo menos tenía la seguridad de que Shaoran y Sakura estaban a salvo y se dirigían a la ciudad de Tiara, Yami. Esperaba que ninguno se topara con algún soldado de Naga como los que acaban de aparecer. Por otro lado Eriol se había comportado extrañamente agresivo.
-Temí por nosotros- se confesó Spinel subiendo al caballo junto a su compañera.
-Igual yo- asintió la chica y atrapó las riendas del caballo de Eriol, que se encontraba amarrado en un árbol. -¿Que haremos ahora, Spinel?-
-Lo mejor será que nos dirijamos a Yami, ya se había planeado que en un caso como este, cada uno se dirigiría hasta la capital-.
-Spinel, tú crees que lleguemos a Yami en el momento señalado-.
-Es lo único que deseo, Nakuru. Poder salvar a Clow y a su esposa-.
-Mi guardiana no es una mala persona- Nakuru emprendió su camino –Quizás deberías intentar entablar una relación con ella. Al final y al cabo estaremos siempre los cuatro juntos-.
-No sabes cuantas veces lo he intentado-
-Creo que no son suficientes-.
-Creo que han sido más de las necesarias. Ella y yo no nos soportamos. Ella siempre actúa como si no quisiera estar cerca de mí, me ignora-
-Tomoyo no es una chica mala-. Refunfuñó Nakuru.
-Pues para mí, no es alguien con quien quiera inmiscuirme demasiado. Ella siempre está más preocupada por los demás que por Clow. Lo único que espero de ella es que sea una buena esposa-.
-Lo será. La mejor de todas. La más linda, y sé que cautivara tu corazón. Sé que ha actuado raro en este último tiempo, pero debe ser por la presión que está viviendo Tiara-.
-¿Cuándo dejaras de defenderla, Nakuru? Si Clow cometiera un error y yo supiera que estaba en un error, no lo defendería. Para nada-. Nakuru rió, pero en su mirada se notó la melancolía por el comentario de Spinel hacía Tomoyo. Su duda había actuado extraña de un tiempo acá, pero no era porque fuera así, el estrés, el titulo de noble que llevaba, la carga sobre ser pilar, sobre dirigir el imperio de Tiara, y la obligación de casarse con un hombre que no amaba. Aunque era un hombre maravilloso, Tomoyo no amaba a Clow y eso la atormentaba y aterraba.
-"¿Cómo puedo casarme con un hombre que siempre he visto como parte de mi familia, Nakuru?"- había preguntado y ella, su amiga y consejera, no pudo responder. Esa noche Tomoyo tuvo que sucumbir ante los deseo de Clow y caer bajo las mismas mantas y los brazos del hombre al que pertenecía.
-Spinel- llamó Nakuru sin pensarlo.
-¿Sí?- preguntó el gatito levantando sus ojos hacía los de la castaña.
-¿Tú te casarías conmigo si fueras humano?-
-¡¿Qué!- el gato se alejó con rapidez de ella y se elevó en los aires.
-Disculpa la pregunta, pero yo no sé si podría casarme contigo-.
-Por supuesto, si somos hermanos, Nakuru, es imposible que nos casemos-.
-Cierto… ¿Y qué consejo le darías a una persona que estuviera a punto de casarse con un miembro de su familia al que no ama?-
-¿Qué le diría?- A Spinel le costó pronunciar esa última frase. –Es difícil- asintió y volvió a su puesto junto a la castaña –Creo que sería incomodo, realmente. Le diría que siguiera sus impulsos y si esa persona no ama a su prometido no se casara, porque arruinaría su vida y la de su esposo. Además arruinaría la relación que existiera entre ambos, si es que se llevan bien-.
-Eso era- sonrió la castaña con tristeza, eso debía decirle a ella-.
-.-.-.-
Eriol despertó cuando sintió que sus muñecas le ardían. Sus manos estaban entumecidas y no podía respirar con facilidad. Abrió los ojos y se encontró con cinco hombres de Naga que lo terminaban de amarrar con hilos purificados y llenos de conjuros, evitando de cualquier forma que él hiciera un conjuro. Su boca estaba tapada para que no gritara y no pidiera ayuda.
Lo subieron a un carruaje mal parado y sucio donde tenían una jaula en la parte superior y cerraron la puerta para que no pudiera escapar. –Es un sacerdote de Tiara- anunció uno de los guardias. Llévenlo con nuestro emperador. Sin poder protestar, Eriol fue conducido por el resto del camino.
-.-.-.-
Sonomi entró en el gran castillo blanco guiada por sacerdotes imperiales del reino Light. Sus guardaespaldas, entre mujeres y hombres, permanecían atentos a cualquier movimiento de los demás ciudadanos del lugar. El rey Fujitaka la esperaba en el salón principal. Sonomi estaba intranquila, el hecho de perder a su heredera en el escape la había puesto histérica y más cuando intento volver al castillo y sus escoltas se lo impidieron. Esperaba y contaba, con ardor, que Clow supiera proteger a la princesa Tomoyo con sus poderes.
Se detuvo frente a una gran puerta de madera y esta se abrió dándole la bienvenida. Era un salón amplió con múltiple decorados de antorchas con fuego, a esa hora era necesario usar lámparas para verse, pero también las usaban para dar tributo a sus pilares.
-Buenas noches, Reina Sonomi- saludo Fujitaka levantándose de su trono.
-Rey Fujitaka- murmuró ella aliviada de que él prestara su ayuda en su rescate. –Agradezco su buena disposición al enviar a sus discípulos en el rescate de mi hija y uno de mis pilares-.
-No es necesario tal agradecimiento; somos aliados y para velar por la seguridad de mis discípulos y mi gente es necesario que tome medidas cautelosas-.
-De todas maneras se lo agradezco. El ataque nos tomó por sorpresa. No teníamos la menor idea de que Naga, el rey Soichiro, nos atacará sin piedad. He pasado por los pueblos de camino acá y no han tomado prisioneros a ningún ciudadano; han asesinado a sangre fría, hasta el punto de ser morboso,- la voz se le cortó y las lágrimas comenzaron a fluir -…a los campesinos con sus familias-.
Fujitaka la dejo reponerse sola, pero fue su esposa quien se levantó del trono y se acercó a la reina con un dejo de ternura –El imperio de Naga sabrá afrontar el castigo que le espera por tales atrocidades-.
-Gracias, Reina Nadeshiko, por su apoyó. En este momento miles de ciudadanos de Tiara se acercan a las fronteras de Light para resguardarse de los ataques de Naga, por favor, rey Fujitaka, ruego que deje a esa gente quedarse en su imperio hasta que la guerra acabe. Mis soldados luchan con ardor frente a sus enemigos. Ellos ya tienen un plan para derrotarlos, pero necesitan ayuda de los pilares de mi país-.
-Reina Sonomi, no es ningún problema que ellos se queden en territorio Light, si Naga se atreve a sobrepasar las fronteras de Light mis soldados actuaran-.
-Muchas gracias-.
-En este momento es mejor que descanse. ¡Xing Ke!- llamó el rey a uno de sus hombres que se mantenía en el costado del trono –lleva a la señora a sus aposentos-.
-Sí, su majestad-. El pelinegro se acercó a la mujer y se inclinó –Sígame, por favor-.
-Sí-. Sonomi siguió al alto joven de cabellera larga y oscura y por un minuto recordó que aquella cabellera le recordaba a la de su pequeña hija.
Continuara…
