Hola. En general, los capítulos de este fic son cortos y hoy que estuve revisandolo me di cuenta. bueno, espero que a los amantes de SxS les guste.


Al final del viaje

Capítulo 5

En el fondo

Eriol sintió como el agua del rio, que estaba a su lado, subía rápidamente como si se tratara de una marejada, la que arrasó con todo a su paso. Él quedo flotando en el agua, al igual que el campamento: los caballos, utensilios, carruajes, sacerdotes y soldados, fueron arrastrados por las marejadas. El ojiazul no perdió tiempo en gritar, ni pensar, se afirmó de un árbol con todas sus fuerzas; su misión era mantenerse hasta que todo se detuviera, pero, poco a poco, sus fuerzas fueron cediendo y no fue capaz de aguantar más su propio cuerpo. Sintió cuando las manos de una mujer lo sacaron a flote y no tuvo necesidad de mirar de quien se trataba. Su cabello negro quedo flotando alrededor de él, y esto lo hizo sonreír.

—Ya te debo dos— dijo con la respiración agitada, y una sonrisa delineando su rostro.

—Dilo cuando salgamos de aquí— fue su único comentario. Ella intentó nadar hasta una rama alta de árbol, para ponerse a salvo.

— ¿Cómo haces eso?— le preguntó una vez que ambos estuvieron sobre la gruesa rama.

— ¿De qué hablas?— preguntó, concentrada en soltar las amarras de las muñecas y rodillas del ojiazul

—Manejas el agua a tu antojo ¿tienes poderes? ¿Eres miembro del sacerdocio?

—Era miembro de los sacerdotes, pero me retire hace un año

— ¿Por qué? ¡Sí tienes poderes increíbles!

—Gracias— ella agachó levemente la mirada apenada por el cumplido –Me alagas, pero no deseo volver a ese lugar.

— ¿A qué lugar? Disculpa, no te he preguntado tú nombre— ella sonrió y le tomó la mano.

—Me llamó Tommy— sonrió.

— ¿Tommy? Es un nombre extraño. —El agua comenzó a bajar y las flores, el pasto y los arboles se vieron refrescados por el riego recibido.

—Eriol…. ¿A dónde te diriges?

—Voy a Yami, a salvar a dos personas— Eriol asintió y observó el gran espació que los separaba del piso.

—Es hora de bajar. Debo irme en este momento, voy viajando con cuatro compañeros y necesito volver a encontrarme con ellos—.

— ¿Dónde se encontraran?

—En Yami— Eriol le sonrió y se acercó para afirmarla de la cintura –Déjame ayudarte a bajar. — y sin esperar respuesta de ella, saltó. Tommy dio un pequeño gritó que hizo sonreír al joven sacerdote. Cuando llegó al piso, sus piernas cedieron y cayó hincado. Su cuerpo en general estaba debilitado, necesitaba comer, descansar y olvidarse de todo lo que le pasaba, pero en aquellas circunstancias era muy difícil. Eriol la dejó sentada en el piso, pero ella en vez de quedarse, se levantó y lo afirmó de la mano para que él se levantara.

—Te acompañare a Yami, ¿Te parece?

—Sería una buena idea, es bueno tener una compañera.

—Sí, creo que lo necesitas. Cada vez que nos vemos te encuentras en peligro.

—Tienes mucha razón—. Los dos comenzaron a caminar por la orilla. Eriol se detuvo y se quitó el zapato que le quedaba y el calcetín para caminar descalzo, igual que su compañera.

—Es mucho más cómodo ¿No lo crees?— sonrió, apuntando sus pies descalzos.

—Sí.

— ¿Dónde vives? Eriol.

—Vivo en el castillo de Light, soy el pilar del fuego.

—Pero…— Tommy lo delineó con su mirada y se quedo observando fijamente sus ojos, hasta verse reflejado en ellos. —…Tu pareces de Tiara, por un momento pensé que eras.

—Soy de Tiara, pero renuncie a mis derechos y deberes como residente.

— ¿Por qué?

—Tuve un problema con alguien— fue su corta respuesta. Odiaba hablar del tema, pero Tommy pareció no importarle las distintas muecas que había hecho; ella siguió preguntando.

— ¿Con la reina?

— ¡No!— Sonrió con tristeza—Sí hubiera sido con ella hubiéramos llegado a un acuerdo, pero…— El canto de un pájaro en el cielo hizo que ambos levantaran la vista. Tommy vio una hermosa ave de color blanco y con una cola tan larga y fina que parecía una manta. Eriol sonrió, y silbó despacio para captar la atención del animal. El ave descendió como si fuera un ángel alzando sus alas y estacionando sus patas en el brazo de Eriol quien le acarició la cabeza como si fuera un gatito. –Tommy, te presento a Zi, es el ave de uno de mis seguidores.

— ¿Puedo tomarla?

—Es muy arisca. Cuidado puede picotearte—. Ella rió, y alzó sus manos hacía el ave. Está esperó a que sus ojos reflejaran el rostro de la amatista, y se apoyó en su mano. El peso del ave era más o menos la de un kilo, pero supo sostenerla bien. El ave se quedo quieta cuando la chica la tomó, y le acarició la cabeza y el lomo.

—Estas muy linda, Zi.

—Cierto, es una belleza. No creo que haya otra como ella.

—Tu dueño es una persona muy buena ¿verdad? él debe amarte mucho.

—En efecto, Xing Ke la adora—Eriol se quitó un listón de su ropa y lo amarró en la pata del ave. –Ve linda, llévaselo a los demás y diles que todo está bien—. El ave emprendió su vuelo. Mientras los sobrevolaba volvió a reflejar en sus ojos el bello rostro de Tommy.

Sakura sonrió cuando llegaron a Italy, era una ciudad más bella, llena de casas coloniales, con enormes jardines floreados, y amplias terrazas decorados con figuras de animales sagrados tallados en madera.

Shaoran se dirigió primero hasta un negocio, pero cuando entró la mujer que lo atendía lo observo con desdén.

—No se aceptan viajeros en este negocio.

— ¿Perdón?

—Fuera de aquí— les dijo, afirmando al joven de un brazo, y empujándolo hasta la salida.

— ¿Usted no sabe quién soy yo?— dijo la voz de Sakura detrás de Shaoran. El joven volteó su mirada hasta la princesa, y negó con la cabeza. Era mejor pasar desapercibido para los hombres de Naga.

—Ya nos vamos, señora— le informó. Giró sobre sus talones, y salió del lugar sin voltear a mirarla. Sakura iba delante de él indignada por el comportamiento de la mujer.

—Nunca me he sentido tan mal— le dijo Sakura a Shaoran cuando salían de la ciudad. –Encuentro que esta es una ciudad horrible.

—Lo es—. Los dos montaron sus caballos y se retiraron al galope.

—Quizás hoy debamos comer pescado— dijo Shaoran frente a un lago del río que cruzaba Tiara. Los caballos comían un poco del pasto de alrededor, mientras él se quitaba la ropa para poder nadar con más tranquilidad. Iban a la mitad, entre Italy y Yami. Sakura estaba sentada armando una pequeña fogata, pero él la detuvo antes de que ella la encendiera. –Espérame a que yo llegue— le tomó los hombros con sus manos, y la acercó a él —no me gustaría qué por la fogata encontraran nuestra posición. Sakura asintió y de repente cayó en la cuenta que él mantenía su pecho semidesnudo. Se sonrojó hasta las orejas e intentó evitar su mirada. –Quédate aquí, Sakura. Cuida mi espada.

—Está bien— respondió ella. Shaoran tomó la espada que sobresaltaba de las demás prendas de vestir, y se la entrego. Ella se sentó en una roca en donde se formaba una pequeña poza de agua. –Estaré aquí.

—Bien. Entonces, si algo pasa te esconderás, incluso…

—…puedo tirarme al agua a buscarte, pero no dejar tu espada.

—Es lo único que tengo para protegerla—te –se corrigió. Sakura asintió. Con una leve sonrisa de felicidad. Él intentaba hablarle como un igual, olvidando su rango y su posición, y eso la hacía feliz. –No se mueva de aquí—

—Ya lo sé, Shaoran—. El chico asintió y encaminó sus pasos hasta el lago. El agua era clara y refrescante. De un azul tan claro que se matizaba con colores verdes. Podía ver con claridad sus pies aun cuando el agua llegaba a su cintura. Volteó a ver una vez más a la princesa que se levantaba de la piedra, y alzaba sus manos para despedirlo. Ella, como una niña obediente, abrazó la espada y se quedó en su posición. Shaoran sonrió, tomó aire, y se sumergió en el lago. Debía pescar, por lo menos cuatro peces para que los dos recuperaran fuerzas. Podía asarlos junto a una fogata, y beber un poco de jugo que pudo conseguir en la ciudad de Italy. Horrible ciudad, por cierto. Discriminadora y derrochadora. Fue gracias a una mujer que vio lo que pasaba en el restaurante que pudieron conseguir llenar sus cantimploras con un natural jugo de manzana.

Shaoran se movió con gracias en el agua, alzó la red que había llevado para casos de emergencia como ese, e intentó atrapar a su primera presa, pero el hábil animal se volteó, y se alejo rápidamente.

Hizo una mueca e intentó nuevamente, pero falló. Salió a la superficie, y observó la orilla donde había dejado a Sakura, ella estaba en el mismo lugar: sentada en una piedra bajo la sombra de un árbol y afirmando su espada. Volvió a sumergirse.

El plan de la red no funcionaba muy bien, así que utilizó el segundo. Se dirigió hasta el fondo y se quedó a la deriva con la red semi abierta. No faltaba el curioso pez que se acercara a él y, sin desearlo, se metiera en "la boca del lobo".

Shaoran observó a su nueva presa, un pez grande y jugoso que desearía ser comido— o eso decía su estomago. El gran animal marino se acercó hasta él, y pasó a su lado. Con un cuidado único movió su mano para dirigirla hasta el animal, pero este se corrió. Shaoran perdió la paciencia. Comenzó a nadar lo más rápido que pudo para seguirlo. Salió a tomar aire y ni siquiera volteó a mirar a Sakura. Se sumergió, y siguió la ruta que el animal había dejado en el agua.

No tardo demasiado en perderlo, y quedarse sin nada. Estaba hambriento y cansado, y no deseaba pasarse todo el día pescando una miserable trucha.

Siguió nadando con tranquilidad y se detuvo a ver sobre una roca donde se mantenían ocultos unos pececitos de colores. Obviamente, no iba a dañarlos, no era necesario. Con esas lindas criaturas no llenaría ni la tripita más pequeña de Sakura. Siguió en su caminó saliendo de vez en cuando a ver si Sakura estaba bien, y en efecto, la chica se mojaba los pies en el agua.

—"Estoy comenzando a impacientarme"— pensó. Ese trabajo de atrapar peces siempre se lo dejaba a Yamazaki, el chico era como un tiburón. Vio una luz fuerte en el fondo, donde diferentes criaturas marinas se acercaban. Ese animal floreciente podía ser un depredador, debía ser cuidadoso ya que por la cantidad de luz que emanaba tendría que ser de gran tamaño, pero a la vez era suertudo. La luz atraía a la mayoría de los peces que estaban a su alrededor y los dejaba mansitos. Descendió por el costado, entre las algas y rocas, y se acercó como si fuera uno de los animales. Se quedo quieto, elevando sólo sus manos con la red y atrapó de un solo movimiento a tres peces bien gorditos. Sonrió y se relajó, ya tenía cena, desvió su atención de la red y observó la fuerte luz materializada en algo semitransparente de color blanco. Era como cristal. Puso sus manos sobre la materia y la delineó con los dedos. En efecto, era cristal: claro y luminoso. Lo rodeó con cuidado procurando no encontrarse con alguna sorpresa, y vio hilos flotaban en el interior. Se impulso hacía la superficie para verlo desde otra perspectiva, y se sobresalto tanto que el aire que estaba en sus pulmones se fue de un solo soplido. Salió con rapidez a la superficie aterrado de lo que acababa de ver. Su sorpresa fue mayor cuando vio que Sakura no estaba en el lugar indicado y que sus ropas estaban tiradas donde las había dejado. Nadó con rapidez hasta la orilla, buscándola con la mirada.

— ¡Sakura!— gritó desesperado — ¡Sakura!— salió del agua chorreando. La ropa se le pegó al cuerpo al igual que los mechones que caían sobre el rostro. — ¡Sakura!

— ¡Ya voy!— gritó la chica caminando hasta él con unas ramitas en los brazos.

— ¿Dónde estabas?

—Buscaba algunas ramas para prender la fogata.

— ¡Te dije que no te movieras de ahí!— apuntó con rabia la piedra.

—Lo lamento— se disculpó apenada, bajando la mirada, y utilizando sus fuerzas para no llorar.

— ¡No vuelvas a desobedecerme!— la retó él, con los puños apretados.

—Lo siento— volvió a susurrar.

— ¡¿Qué hubiera hecho si te pasa algo? ¡Tú eres mi todo!— soltó más relajado, y soltando la red –Pensé… y temí lo peor— dicho eso, ella levantó la cabeza hacía él, y lo observó con ternura.

—Shaoran.

—Por favor, nunca más vuelvas a hacerme pasar por este susto— la abrazó olvidando por completo las ramas que ella sostenía en sus manos. Sakura cerró los ojos y se dejo abrazar por el cuerpo semidesnudo, húmedo y frio de su tierno amor.

— ¿Había una tumba?— preguntó Sakura tomando con cuidado la varilla que había usado para perforar a su pescado, el cual se cocinaba junto al fuego.

—Sí. Primero pensé que era un animal que usaba un tipo de camuflaje, — Shaoran quitó la varilla del lado del fuego, y se la entregó —…pero cuando me acerque vi que era cristal, como una gran caja de vidrió, un ataúd—

— ¿Y que había adentró?

—Una persona, una mujer—. Sakura se sobresaltó, y lo miró a los ojos. Shaoran no lucia divertido, él hablaba en serio con referente a la mujer en el fondo del lago.

— ¿Estará muerta?— fue lo único que se le ocurrió preguntar.

—Pienso que sí, no sé porque estará ahí, quizás sea un tipo de sepultura de este país—.

—Nunca escuche algo similar. —Shaoran mordió su pescado: la carne era suave y blanca, y esparcía un delicioso aroma; claro que estaría mejor si tuvieran un poco de sal.

—Quizás no es algo normal; Uno siempre lee sobre las personas normales, me refiero a los aldeanos que son enterrados en sepulturas de maderas en el valle de Hades, pero nunca sobre personas importantes. Quizás ella era alguien importante o quizás decidieron darle una sepultura diferente.

—Pero es muy extraño.

—En Light se deja a los difuntos en una lapida que es quemada hasta las cenizas. Quizás para nosotros es normal, pero para la gente de Tiara eso es muy extraño.

— ¿Qué haremos?— preguntó Sakura. Shaoran observó las manos de ella que se mantenían sobre su regazo; siquiera había probado su comida.

— ¿Qué haremos con qué?

—Con ella. No podemos dejarla en ese lugar.

—Por supuesto que podemos. Lo que no debemos hacer es sacarla de ahí. Eso sería una deshonra para su familia.

—Pero Shaoran.

—Nada de peros— negó él y frunció el ceño –Ahora come tu comida, mira que mucho me costó atraparla— sonrió feliz. Sakura iba a protestar pero él levantó una ceja y negó –No quiero quejas, señorita. A nadie le gustaría que desenterraran a sus difuntos. Ahora, come. No quiero que nos quedemos sin fuerzas cuando más lo necesitemos.

Xing Ke salió al encuentro de su hermosa Zi cuando la escuchó atravesar el cielo con su canto. Desde la torre más alta del castillo podía obtener una hermosa vista de la ciudad y de sus alrededores. Además esa parte era perfecta para recoger a su amiga con las noticias que le traía. El pelinegro dejó que el ave se posara en su mano y le acarició la cabeza como recompensa con su buen comportamiento. Bajó la vista con lentitud hasta la pata del pájaro y notó el listón azul que se encontraba amarrado.

—Así que están bien—. Desenredo el listón y lo apretó en su mano. Su dicha iba en aumento con cada segundo que admiraba la prenda. Posó su mano nuevamente sobre la cabeza de su compañera y visiones rápidas, como imágenes, aparecieron. Una tras otra fueron llegando hasta su menté como si acabara de verlas. Observó al sacerdote, un poco demacrado; quitándose la cinta; entregándole el ave a una chica; el rostro de Eriol cuando hablaba con aquella chica; como Zi sobrevolaba el bosque y observaba el rostro de aquella mujer.

Se apoyo aturdido por la visión y dejó de preocuparse por el bienestar del pajaro en su mano. Este se alejó, y se posó sobre el borde de la baranda observando a Xing Ke tambalearse de una lado a otro.

—"Primera vez que tengo una visión tocando a Zi"— se dijo a sí mismo. Se llevó una mano a la cabeza y se quedo apoyado en la pared de ladrillos. –Es imposible… no puede ser ella.

Continuara…