El final del viaje

Capitulo 7

Templo

Eriol sintió una punzada en la cabeza; más exacto, en la sien. El agua estaba completamente helada y muy tranquila. Sabía que en el Black Moon el agua se colocaba tan helada hasta el punto de congelarse y que duraba cerca de doce horas en ese estado, por eso había que salir del río antes de que este llegara a ese punto, sino, no sólo los sacerdotes de Tiara morirían, sino también ellos. Nadó cerca de la superficie, y pudo notar el lugar donde podría salir a respirar; Sakura iba delante de él y lo sintió cuando él le tomó la mano, y la sacó a la superficie.

—¿Cómo vas?— le preguntó exhausto.

—Muy cansada— susurró –tengo frio.

—Igual yo.

—Dense prisa. No nos queda mucho tiempo—. Los dos tomaron bocanadas de aire y volvieron a sumergirse. Dos veces más salieron a la superficie y luego pasaron por un pequeño espacio. Sakura tuvo miedo, el lugar era tan angosto que temió quedarse atrapada, pero eso no sucedió, pasó tranquilamente.

Al otro lado todo era diferente, bajo la superficie había pilares destruidos y el templo casi sepultado en el fondo. Eriol afirmó a Sakura del brazo y los dos salieron juntos de la superficie. En cuanto se hubo en la superficie, Shaoran tomó a Sakura y la sacó del agua con un solo movimiento. No había espíritus dando vuelta, todo estaba muy tranquilo.

—Se han ido— dijo Nakuru saliendo del agua ayudada por Spinel. –Me refiero a los espíritus que estaban aquí cuando nosotros huimos.

—Hiragisawa— interrumpió Spinel –Se me ha ocurrido una idea, pero no sé si tú podrás ejecutarla.

—¿De qué se trata?

—¿Puedes afirmar una campo de energía mientras contrarrestas los poderes de Clow? De esa manera los sacerdotes de Naga no notaran que Clow no está en el castillo.

—No lo sé, pero lo intentaré—. Spinel se poso junto a Eriol.

—Trátalo, mientras tanto Shaoran, Nakuru y yo buscaremos la localización exacta de Clow y Tomoyo.

—Bien—. Eriol asintió, y los tres jóvenes volvieron a sumergirse en la fría agua. Eriol percibió la presencia de todas las personas que estaban dentro y fuera del castillo, y notó como la barrera de Clow se debilitaba cada vez más –"no será difícil romperla"— pensó y presenció cómo los sacerdotes de Naga dejaban su misión para descansar un momento. Lucían agotados y demacrados, lo que resultó excelente para sus planes. Eriol abrió los ojos rápidamente, junto sus manos y de su alrededor se creó un aura que fue expandiéndose rápidamente hasta formar una esfera dentro del castillo, hasta un punto donde se encontraba la de Clow, y la sobrepaso por unos centímetros. Nadie notó la diferencia. Los sacerdotes de Naga siguieron su camino sin tomar en cuenta el cambio de barrera. Eriol cambio de posición y cuando estuvo seguro que nadie lo notaba selló el conjuro dejándolo estático. Cuando terminó dio un largo suspiro, y observó a Sakura que lo miraba con una sonrisa.

—Eres un chico muy fuerte, Eriol.

—Gracias, pequeña Sakura—. Se quedaron en silenció mientras veían como una sombra se acercaba al orilla, era Spinel.

—Los encontramos. Pero están atrapados, princesa Sakura, usted tiene el poder de dar corriente al agua con sus poderes, debe hacerlo ahora. –Nakuru salió del agua y se paró junto a los jóvenes, seguida de Shaoran que se movilizo rápidamente junto a su amada.

—Los pilares están sobre ellos, intente sacar a Tomoyo pero esta atorada.

—Bien, lo haré—. La chica alzó sus manos y una ventisca comenzó a aparecer moviendo el tranquilo rio como si fuera el mismo mar. La corriente se volvió inestable y empezó a arrastrar todo lo que había en el agua. Los chicos se hallaban en una parte relativamente alta y fuera del eje de la ventisca. Los pilares crujieron mientras se levantaban con el agua que Sakura movía. Más allá de lo planeado, un pilar que era arrastrado chocó contra otro que se hallaba en perfectas condiciones y todo el templo crujió.

—¡Detente, Sakura!— aconsejo Eriol. La chica hizo que todo el viento de hace unos segundos desapareciera y lo miró. –No está resultando. Si seguimos así todo el castillo será destruido y nosotros quedaremos sepultados.

—Lo intentaré yo— dijo Spinel, quien se transformó en una pantera alada y se lanzó al agua. Nakuru no perdió tiempo en explicaciones y lo siguió.

—Quédate aquí— mandó Eriol, quien se lanzó tras ellos.

Eriol vio cuando en la profundidad Spinel se detenía y abría la boca para lanzar un rayo hacía el pilar que mantenía preso a su amo. El pilar se trisó, pero no se movió. El ojiazul negó e intentó levantarlo con sus poderes, pero no fue capaz.

Iban saliendo, cuando la marea comenzó a subir hasta dejar bajo el agua a Sakura y Shaoran que estaban en la superficie.

—¿Qué pasa?— preguntó la chica sorprendida.

—¡No lo sé!— le grito Shaoran tomándola de la mano y dirigiéndose a un lugar más alto. Eriol los alcanzó y observó como Nakuru y Spinel se observaban entre sí.

—Esto es poder de Tomoyo—. Los dos chicos se sumergieron inmediatamente. Eriol volvió a seguirlos, y observó como los dos pilares del agua estaban a la deriva, flotando hacía la superficie. Eriol afirmó a la chica y Spinel con Nakuru a Clow… y salieron a la superficie lo más rápido posible. —¡Vámonos de aquí!.

—La barrera de Clow se ha roto— comentó Spinel con nerviosismo. Los poderes de su amo caían y podían llegar a un punto de que él perdiese las energías.

—Spinel— llamó Nakuru –vuelve a tu forma de gato, no queremos que gastes mas energías de Clow—. La pantera accedió de inmediato y se afirmó del brazo de Clow. – ¡Debemos irnos ahora!— Eriol no pudo ver la cara de la chica que ayudaba, estaba de espaldas a él, cuando ya estuviera en un lugar seguro se quitaría la duda. Los siete se sumergieron y recorrieron el lugar por donde habían pasado. La dificultad fue pasar nuevamente por el pasadizo, pero Shaoran ayudó a Eriol a pasar a la chica, y Spinel ayudo a Nakuru. El agua había tapado algunos de los lugares para poder respirar y en más de una ocasión se vieron exasperados por salir a la superficie.

Al salir a flote en la cueva, se quedaron apoyados en las piedras, respirando con dificultad y con las extremidades adoloridas por el frio y cansancio. Sakura mantenía los labios cerca de un tono morado.

—¿Y ahora?— preguntó Shaoran, tomando una de sus prendas de vestir que había dejado y abrigando a Sakura.

—Hay que irnos. Debemos llegar al castillo de Light antes de que Naga se dé cuenta.

Spinel se quedo mirando como su amo movía los ojos intentando abrirlos, pero le resultaba muy costoso. Nakuru en cambio, dejó el lado de Clow y fue donde Tomoyo, la chica que se hallaba cerca de Eriol. No tuvo reparó en destapar su pecho para observar si el conjuro de los espíritus de Naga había desaparecido, pero no era como creía. La mancha negra aun seguía opacando su piel y no parecía haberse debilitado con el agua. Se mantenía en la misma posición, sin avanzar y sin disminuir por su cuerpo.

—Algo está mal— susurró –Se suponía que el agua debía purificarla—. Eriol observó el rostro del pilar y no comprendió como podía ser posible que ella se pareciera tanto a la chica que lo había ayudado en el bosque.

—Tommy…— murmuró atónito.

—¿Si?— preguntó Nakuru sin darle importancia.

—Estuvo viajando conmigo, en el momento en que nos separamos—. Nakuru sonrió con ironía; Eso era imposible.

—¿Es una broma?—

—No, para nada. No me atrevería a bromear con algo así. Lo juro, ella estuvo conmigo—.

—¿Por qué no lo dijiste antes?—

—No sabía que era la misma persona—.

—¿No te dijo su nombre?— preguntó Nakuru con rabia y las lagrimas brotándole por los ojos.

—Tommy— informó Eriol –me dijo que se llamaba Tommy—. Nakuru negó aun con más rabia.

—Es imposible. No ves en el estado que se encuentra ¡Morirá!—. Nakuru la abrazó, y sintió la frialdad de su cuerpo. Spinel, por otro lado, observó como Clow abría los ojos y lo observaba. Sus ojos estaban rojos y su color natural oscuro brilloso estaba opaco.

—¡Clow!— sonrió feliz y se tiró a sus manos.

—Spinel— sonrió el sacerdote, intentando incorporarse. –estoy… demasiado cansado… para levantarme—. Se quedó apoyado en el piso duro, y respiró grandes bocanadas de aire.

—Te ves mucho mejor, Clow— saludó Eriol con indiferencia de su estado. Clow sonrió al escuchar la voz de su hijo.

—Finalmente has decidido volver, Eriol.

—No lo hice por ti.

—¿Aun me odias?

—Como no tienes idea— sonrió burlón y se alejó de ese hombre. Tomó sus ropas secas. –Vamos, debemos alejarlo más rápido de este lugar, antes de que los soldados de Naga se den cuenta que la barrera no es de Clow—. Nakuru, Sakura y Shaoran se vistieron, siguiendo al pie de la letra las ordenes de Eriol. El chico tomó a Tomoyo y le quitó un poco de la ropa mojada para cubrirla con su capa seca. La subió a su caballo, y se la llevó. Spinel y Nakuru se preocuparon de Clow, porque no recibieron ninguna ayuda de Eriol.

En el caballo de Sakura subieron a Clow y los siete partieron de ese lugar. Sakura no sufrió ningún mal pasar mientras viajaba en el mismo caballo que Shaoran.

—.—.—.—

Era de noche cuando llegaron a las fronteras de Light, sabía que los perseguía porque Eriol ya había deshecho la barrera del castillo.

Durante los momentos que descansaban Eriol sintió como el cuerpo de Tomoyo reaccionaba un tanto, pero nunca el suficiente para despertar. Cuando Nakuru la revisó en la mañana de ese día, la maldición de Naga aumentaba su dominio sobre el cuerpo de ella. Eriol escuchó como un ave los sobrevolaba, y se daba vuelta sobre ellos. – ¡Dile que vamos en camino!—. Le gritó al pájaro y este se alejó en dirección a Light.

—En Light, podremos hacer algo con ella, tenemos muchos magos y con la fuerza de todos intentaremos salvarla—. Clow no pronunció palabras sobre eso. Cuando cruzaban el último trecho del castillo, Eriol notó la presencia de Tommy que se despedía de él en el camino. No se detuvo, porque cuando giró su rostro para mirarla, ella ya no estaba.

Apenas entraron en el castillo, Eriol vio que los reyes los esperaban, Tian Zi estaba en los brazos de Xing Ke con una sonrisa.

—¡Tomoyo!— gritó la reina Amamiya y salió a su encuentro con una amplia sonrisa, pero su rostro cambio cuando vio que los demás la trataban con un profundo cuidado.

—¡Esta herida! ¡Lleven a los sacerdotes hasta la sala del rey!—. Los soldados obedecieron y corrieron dentro del castillo.

—¡Tomoyo!— la llamó Sonomi intentando despertarla.

—Es inútil, Reina Sonomi—. Sonomi la miró con una profunda tristeza mientras Xing Ke se acercaba hasta ellos y la tomaba de los brazos de Eriol.

—Yo me encargare de aquí en adelante— al momento de su contacto, Eriol sintió que algo se perdía en el. Xing Ke, en cambio, se horrorizó al sentir el frio cuerpo de la chica.

—¡Lleven a la princesa, a Shaoran y a Eriol a sus habitaciones!— Ordenó el rey Fujitaka a unos sirvientes. Sonomi no notó cuando se quedaba sola con Clow en la terraza del castillo.

—No sé cómo responderle.

—Has hecho lo mejor por su bienestar, esperó que ellos puedan ayudarnos en esto último—. Los dos entraron y una de las sirvientas lo guió hasta una alcoba. Pero ninguno de los dos quiso entrar. —¿Dónde llevaron a mi hija?—

—En el salón de los sacerdotes.

—¿Pueden llevarnos?

—Sí, sígannos.

—.—.—.—

Cruzó la entrada principal del palacio de Light con su traje grisáceo, el color impEriol, y observó al guardia de la entrada que lo miraba con desconfianza.

—Soy el rey de Naga, necesito hablar con su reyes, el Rey Fujitaka y la reina Nadeshiko; vengo en paz—. No tardaron mucho en darles la pasada, siendo escoltado por cerca de diez hombres. Soichiro en cambio venia con cinco de sus sacerdotes, cada uno viejo con barba y cabello canoso. En la sala principal esperaban los reyes y los sacerdotes de Light.

—Rey Soichiro.

—Rey Fujitaka, reina Nadeshiko y…— observó a un lado donde se encontraba la reina de Tiara con una mirada cargada de odio. Él, en cambio, mantenía una actitud de tranquilidad y ternura hacía ella –Sonomi.

—¿A qué ha venido?— preguntó Fujitaka desde su trono.

—Mi país ha invadido parte del territorio de Tiara en busca de un hombre, y según nuestras fuentes nos informaron que ese hombre ha salido de las fronteras de Tiara para refugiarse en el castillo de Light.

—¡Hasta cuando pasaras sobre nosotros por los pilares! La elección fue completamente legal, que tus sacerdotes no hayan quedado con un elemento no significa que puedes venir a quitarnos los nuestros.

—No vengo por los elementos, Sonomi, vengo por Clow Reed.

—Usted, como rey de Naga, sabe que no puede pasar por la autoridad de un país— Nadeshiko se levantó de su asiento y observó a Soichiro que la miraba sin ninguna expresión.

—Bien, entonces ayúdenme ustedes a juzgar a Clow Reed, por los crímenes que ha cometido.

—¡Clow no ha cometido ningún crimen!— respondió Sonomi. Soichiro dio unos pasos rápidos hasta ella para alcanzarla, pero los guardias de Light y Tiara protegieron a la reina.

—¡No vuelva a acercarse a la reina de esa manera!

—No lo haré— asintió Soichiro.

—Y…— interrumpió Fujitaka —¿bajo qué cargos intenta acusar a Clow Reed?— preguntó el rey de Light. Soichiro levantó su mirada cargada de odio.

—¡Su alteza!— exclamó Xing Ke caminando con rapidez hasta ellos. –Lo lamento, pero… hay algo que deben ver.

—.—.—.—

Clow abrió los ojos con rapidez cuando los soldados de Light, Tiara y Naga lo rodearon y afirmaron con hilos, talismanes y collares que contenían alguna especia de conjuro reductor.

—Clow Reed Hiragisawa, queda bajo el arresto de los tres estados por el asesinato de la princesa Tomoyo Daidouji—. Los soldados arrastraron a Clow por el pasillo y lo condujeron hasta la sala principal donde esperaban la junta de los cuatro reyes.

—¿Qué pasa?— preguntó con rabia Clow al ser tratado como un vulgar ladrón.

—Eso quiero saber yo— exclamó Sonomi con la voz fría y dura. Su ceño estaba fruncido y su mirada tanteada de odio. –Clow, aun creo en ti, pero di la verdad ¿Qué le hiciste a la princesa? ¿Qué le hiciste a mi hija?—

—¡Nada! ¡Jamás la lastimaría!—. Clow sintió como un ave gritaba despavorida y su dueño intentaba calmarla. Su rostro se llenó de odio al ver al dueño de aquella criatura y soltó un bufido.

—Tendrás tiempo para pensarlo, Clow. Serás encerrado en el calabozo hasta que esté dispuesto a hablar. Llévenselo de aquí—. Soichiro dio la orden a unos de sus soldados para que lo siguieran y resguardaran. No quería que escapara, porque si no nunca lo atraparía.

—¿Puedo verla?— preguntó Soichiro cuando Clow ya había desaparecido de su vista. Ninguno de los reyes fue capaz de impedírselo. Sonomi lo siguió de cerca. También necesitaba ver el cuerpo de aquella muchacha.

En cuanto entraron en la sala de los sacerdotes, observaron sobre una mesa de cristal la figura de Tomoyo. Eriol, Nakuru, Spinel y Sakura mantenían la vista fija en ella como si fuera de cristal. Soichiro llegó hasta la chica y rozó sus dedos en el rostro de ella, pero este comenzó a deshacerse como si fuera arena.

El rostro de Sonomi se inundo por la tristeza y no pudo aguantar las ganas de llorar. Soichiro bajó la mirada y notó como el cuerpo de ella se hacía cada vez más poroso y se alejó. No quería destruir por completo aquel cuerpo, aunque sabía que no era su hija; no iba a acabar con algo que le habían dado vida como si fuera ella.

—¿Cuánto habrá pasado de esto?—.preguntó en silencio un dolido Soichiro con su rostro oculto en las sombras. –ah… Tomoyo… mi niña… ¿Qué te hicieron?—. Sakura observó como unas gotas caían desde el rostro del hombre. Era horrible pensar que la chica que intentas salvar nunca estuvo viva y que solo rescataron a un ser que no tenía vida propia; pero ellos no tenían relación directa con la princesa Tomoyo, sino los reyes, sus padres ¿Cómo debían sentirse? Giró su vista hasta Eriol, quien mantenía la cabeza agacha. Avergonzado por el comportamiento de su padre y horrorizado por la crueldad de sus actos. Él tenía una doble responsabilidad –"¿sesentiríaculpabledealgunamaneraporlosucedido?"— Sakura se acercó hasta él y le tomó la mano.

—.—.—.—

—No hablara. Jamás saldrá de su postura si es que fue él— comentó Eriol a Fujitaka en el salón principal. El tema de todos esos días era Clow, quien permanecía en el calabozo del castillo sin decir palabra sobre lo que se le acusaba.

—¿Si hablaras con él, podrías obtener alguna información?

—Lo dudo, pero lo haré, porque no quiero que se salga con la suya, al menos cuando ha cometido este crimen. Engañar a toda la familia real que siempre lo apoyo en todo.

—¿Por qué estás tan seguro que fue él quien hizo eso?— preguntó sorprendido Fujitaka. La forma en que Eriol hablaba de su padre daba a entender que entre ellos no había ningún sentimiento fraternal. No sabía exactamente lo que había ocurrido con ellos, y como Clow había enviado a la muerte a la prometida de su hijo. Observó que la mirada de Eriol era aun más profunda de lo que ya era cuando se fue a su misión; algo lo había hecho cambiar en esa semana en Tiara.

—Porque si fue capaz de enviar a mi novia a la muerte, no dudo que también lo haya hecho con la princesa.

—¿Eriol, Hay algo que quieras decirme sobre el viaje?— El ojiazul levantó la mirada y negó con tranquilidad. –Sabes que somos amigos ¿o no? Y ya puedo notar en tu mirada la preocupación.

—Conocí a Tomoyo durante el viaje.

—¿A la princesa?

—Sí. No me imagine nunca que ella era el pilar y menos que estaba muerta, pero durante nuestro viaje, pude conversar con ella y en ningún momento sentí una rabia u odio contra Clow u otra persona; eso me molesta, porque ella fue directamente implicada, en cambio, yo no puedo dejar de sentir odio contra él.

—Las personas no son iguales, Eriol. Es casi imposible no sentir odio por alguien que nos ha causado algún mal, no debes forzarte a algo que no nace de ti; pero tampoco puedes llevarlo a los limites.

—Eso no me hace mejor, ni peor, que el resto.

—Nadie está hablando de eso. No te hace mejor, ni peor, te hace humano—. Fujitaka observó como Eriol sonreía levemente y sonrió con él. –Pero ¿sucedió algo más en el viaje?

—No. ¿Qué más podía suceder?

—Algo con tu corazón—. Eriol negó con sarcasmo, pero en realidad ese hombre, ese rey, veía más de lo que él quería mostrar. –Aun te faltan veinte años para poder engañarme, Eriol, se que algo sucedió en ese viaje, algo que te hace sentir ¿extraño, tal vez?

—¿A dónde quieres llegar?

—Quizás… a que estas enamorado de ella.

—¡No!— Eriol se levantó y observó cuando Xing Ke caminaba hacia ellos. El rey levantó la mirada hasta el muchacho, y se levantó de su asiento improvisado en la escalinata del salón principal.

—¿Qué sucede, Xing Ke?

—El cuerpo de Tomoyo, esta deshaciéndose. No durara mucho.

—¿De Tomoyo? De la princesa Tomoyo— corrigió Fujitaka con ternura, pero Xing Ke no dio ninguna señal de arrepentimiento. Sólo asintió, y suspiró. Fujitaka Observó a Eriol, y luego a Xing Ke. –Esa es la mirada que tú tienes, Eriol— Xing Ke levantó la mirada hacía cada uno de ellos.

—Permiso.

—Espera, Xing Ke— detuvo Fujitaka. –Hay algo que quieras decirnos.

—No. Nada. Sólo que el rey Soichiro dispuso que el cuerpo que tenemos de la princesa debe ser tirado en el río Edo de Tiara.

—Es su decisión. Yo no puedo pasar a llevar sus deseos, en ese aspecto.

—Ni siquiera saben si el cuerpo alcanzara a llegar.

—Tiene a su disposición los carruajes del castillo Light.

—Se lo informaré—. Agregó Xing Ke, y salió del salón. Eriol observó como Fujitaka caminaba hacía él y sonreía.

—Viste aquella mirada, es la misma que posees tú.

—Quizás, aunque lo dudo, pero no me molesta haberme enamorado de ella—. Fujitaka sonrió con tristeza.

—.—.—.—

Xing Ke salió al pasillo dejando a ambos hombres conversando y caminó con tranquilidad por el pasillo. A pesar de que lo de ellos no hubiese funcionado, no dejaba de pensar en ella. ¿Por qué lo rechazó en aquel entonces? ¿Era por Clow? Ella estaba enamorada de ese hombre.

—Xing Ke— interrumpió Shaoran alcanzándolo en el pasillo. –Hola. Disculpa. Tengo que hacerte una pregunta.

—Adelante.

—¿Es normal? No ¿Cuál es la forma que ustedes entierran a sus difuntos? Estuve pensándolo mucho; en el viaje nos topamos con algo sumamente extraño. En el principio pensé que era normal, pero ahora estoy replanteándomelo.

—¿De qué se trata?

—Con Sakura vimos en un lago, a una chica sepultada.

—.—.—.—

—Ya sabemos dónde está la princesa—. Clow levantó la mirada a Shaoran, quien se encargaría personalmente de interrogarlo mientras estuviera en el castillo de Light.

—¿Sí?— Clow negó con tranquilidad. —¿Y? ¿Dónde está?

—Me molesta su descaró.

—Y a mi… tu ineptitud—. Intentó levantarse, pero los soldados que acompañaban a Shaoran lo amenazaron con sus espadas. –Entiendo, entiendo. No me moveré— se quedó en su lugar y lo observó con intensidad. —¿Hasta cuando me quedaré aquí?

—Hasta que se descubra la verdad.

—¿Qué pasará cuando se den cuenta que yo no le he hecho daño a la princesa?

—Eso será decisión de los reyes— Shaoran se alejo rumbó a la puerta, y lo observó por última vez –Sabes que la princesa fue asesinada. Supe que estuvo muy enamorado de ella, que incluso fue capaz de plantearle a la reina que los pilares se casaran, pero ahora que lo veo, noto que no tiene ni la más mínima preocupación por ella.

—El hecho que me mantenga en tranquilidad no quiere decir que no me afecta su muerte.

—Pues en ningún momento lo hemos escuchado decir algo referente a la muerte de ella.

—¿Cómo qué?

—No lo sé. Cualquier cosa— Shaoran esperó a que todos sus soldados salieran, y cerró la puerta. Cuando terminaba de hacerlo, la puerta metálica hizo un ruido seco y ensordecedor. Shaoran no notó cuando Clow sacaba las manos por las rejillas y lo afirmaba de cuello.

—Cuando salga, tú serás el primero en notarlo, maldito mocoso de Light—. Uno de los soldados le dio un golpe en la mano, que hizo que el hueso crujiera. Clow dio un grito, y se alejó de la puerta con el brazo adolorido.

Shaoran no perdió su compostura en ningún momento, pero su cuello se encontraba adolorido. No pudo respirar mientras él lo afirmaba, y tuvo un poco de temor. –Dejen bien cerrado— ordenó, y se alejó con paso seguro.

En cuanto se encontró en los pasillos que conducían a su habitación, se detuvo. La princesa lo esperaba cerca de la puerta y con una actitud desprotegida.

—Princesa, no debería estar aquí.

—Lo siento, yo… quería conversar contigo—. Levantó su mirada hasta el joven, y observó sobre su cuello las magulladuras que tenía sobre el cuello. –Shaoran ¿Qué te sucedió?

—¿Por qué?—

—Tu cuello esta— no pudo decírselo; lo tomó de la mano y lo dirigió hasta el primer espejo que encontró en el pasillo de cristal. Shaoran se tocó las marcas con las yemas de los dedos y frunció el ceño.

—Tan rápido.

—Pero ¿Quién te ha hecho eso?— preguntó ella exaltada y furiosa.

—No debe preocuparse por eso— Shaoran se puso un pedazo de tela blanco que tenía el emblema del ejército, siempre lo llevaba consigo, pero lo utilizaba en el brazo. Giró su atención hacía la joven, intentando restarle importancia a su cuello que le ardía —¿De qué quería hablarme?

—Es sobre todo lo que sucedió en el viaje— Shaoran no la interrumpió, deseaba que ella le explicara todo lo que sentía –La princesa Tomoyo está muerta ¿Qué pasará con Nakuru ahora que ella no está? ¿Morirá?

—¿Por qué me lo pregunta a mi? Eso debería hablarlo con Eriol.

—Lo sé, pero Eriol está demasiado alejado de este tema. Sabes, Eriol dijo que conoció a la princesa durante el camino, creo que él pudo sentirse atraído por ella.

—No debe dar conjeturas tan rápidas.

—He visto lo triste que esta y creo que no sólo es por lo que dice. Creo que tiene algo más que decir que no lo comentara sino con un amigo. Quería pedirte que hablaras con él.

—No sé si seré el indicado. Nosotros nunca fuimos.

—Lo sé, pero eres alguien muy cercano a él, junto con Xing Ke. Habla con él, Shaoran, quizás pueda liberar un poco de tensión— Los ojos suplicantes de Sakura no dejaron que Shaoran se negara. Asintió derrotado, resignado.

—Lo intentaré. No prometo nada.

—¡Te lo agradezco!—. Sakura se lanzó a sus brazos, y lo rodeó por la cintura. –Por eso me gustas, Shaoran.

—.—.—.—

—Si yo habló con él quizás pueda sacarle un poco de información—. Soichiro levantó la mirada hasta Eriol y no pudo evitar sentir un poco de odio hacía él, odio que Eriol sintió. Evitó dar algún comentario, no deseaba prender más los ánimos de los que ya estaba. Soichiro de algún modo sabía que Eriol no era el responsable, pero el solo hecho de que ese joven fuera hijo de Clow lo hacía, deseaba, culparlo de ello. No pudo comer, ni siquiera concentrarse; La idea de que su hija estuviera muerta, lo hacía exaltarse. Se levantó de la mesa, exculpándose, y abandonó la habitación. Sonomi no fue capaz de emitir palabra por el duro momento que pasaba. Se levantó en silenció, se disculpó y salió de la sala. No solo necesitaba estar sola, sino deseaba estar con alguien. Xing Ke la esperaba afuera del gran comedor que en vez de ser un lugar alegre y familiar, resultaba estresante y viciado.

—Necesito estar a solas.

—No puedo dejarla.

—Por favor, no estaré sola y no saldré del palacio—. Xing Ke dudó, pero asintió con lentitud. Sonomi siguió con su camino a paso rápido. Observó cuando ella se detuvo en la terraza y salió lentamente.

Sonomi Salió a la terraza y se apoyó con delicadeza en la baranda. Los arboles se explayaban hasta los costados de la ciudad que se encontraba en la lejanía y que comenzaba a prender sus luces. No dudo en cerrar los ojos y dejarse acariciar por el viento que soplaba. Se encontraba abatida y ese hombre lo sabía; pero en más de una ocasión sacaba en cara lo que ella no había evitado. Soichiro Daidouji, el padre de Tomoyo y su único gran amor la culpaba de la muerte de su hija. Aunque Tomoyo nunca fue una niña nacida dentro del matrimonio legal fue concebida en el Black Moon por el amor que se expresaron entre ellos, y que Sonomi a pesar de que sabía que era inútil, aun guardaba. Soichiro la dejo de amar hacia mucho tiempo y ahora, para empeorar las cosas, la culpaba. No podía pensar en su niña, ni en él. No era el momento de pensar en eso, pero no podía evitarlo. Soichiro se iría cuando le dieran el poder para juzgar a Clow y dejarlo bajo la autoridad de Naga. Se sentía mareada cada vez que pensaba en eso, lo que le harían a Clow por haber lastimado a Tomoyo.

Según Shaoran habían encontrado, durante el viaje, el cuerpo de una chica en el fondo del lago Edo, pero eso era una posibilidad entre miles de que fuera Tomoyo; ahora los dos guardianes iban en camino con una escolta lo suficientemente grande para sacar a la chica del lago. Otra cosa que la acongojaba era el bienestar de Nakuru y Spinel. No por ser criaturas mágicas restaban importancia. Nakuru le había comentado que estaba viviendo gracias al collar que Tomoyo poseía cuando estaba viva; collar que una niña lo había encontrado cerca de la orilla del río. Tomoyo nunca lo perdería, ese collar significaba su procedencia, sus poderes y su futuro, pero quizás era por algo que Tomoyo ya no lo tenia, para proteger a su amiga en este momento. En cuanto Spinel, era otra cosa: si Clow era condenado a muerte, Spinel también lo seria. El pequeño gato se alimentaba de la fuerza de Clow y lo único que necesitaría seria un pacto para terminar el compromiso de poder que tenia con Clow, compromiso que nadie se lo daría, por ser el guardián de un asesino. Se sentó en una silla próxima y agachó la cabeza. ¿Qué pasaría de ahora en adelante con sus vidas? ¿Podría seguir siendo la reina de Tiara y llevar a su país adelante cuando ella misma estaba a punto de dejarse vencer?

Levantó el rostro empapados en lágrimas, y observó la figura vestida de colores grisácea que se encontraba apoyada en el barandal de la terraza. Su expresión era lejana, ida. Sintió deseos de acercarse y abrazarlo, pero él no se lo permitiría. Se levantó en silencio y caminó hasta la ventana para no molestarlo, pero fue él quien la interrumpió y entabló una conversación.

—No tienes que huir— susurró en calma; Muy diferente ha como se comportaba cuando estaba hablando de Clow.

—En este momento lo último que deseo es enfrentarme a ti, Soichiro, y no estoy huyendo—. Él giró su rostro y la observó con tranquilidad.

—¿Quieres irte? Adelante— Sonomi dio unos pasos hasta la puerta, decidida a la marcharse pero la voz susurrante de Soichiro la detuvo — Pero creo que contigo es la única persona que deseo estar—. Sonomi lo observó, y notó que en su voz y en su rostro no había muestra de burla. Se quedo en silencio mientras él se acercaba a ella y la rodeaba con sus brazos, escondiendo su rostro entre el cabello de ella. –Tengo miedo, Sonomi.

—Soichiro— acarició su cabello y sintió como él temblaba. Intento alejarse para verle el rostro, pero él se negó a mostrárselo.

—No te vayas, Sonomi, no puedo dejar que nadie me vea así.

—Soichiro— lo llamó – cálmate— le acaricio el cabello y sintió como esté se mantenía tan sedoso, igual que cuando habían celebrado el Black Moon juntos. Fueron aquellos días en lo que ella decidió no realizar los votos matrimoniales con un miembro del sacerdocio de Tiara y quedarse soltera. Luego del Black Moon, Soichiro volvió a Naga y ella se dio cuenta que estaba embarazada. No quiso contraer matrimonio con Soichiro porque él era el rey de Naga y los aldeanos no estarían de acuerdo. Fue el consejo quienes dijeron que el enlace no se llevara a cabo porque el pueblo no aceptaría una alianza con Naga, además el poder de Sonomi como reina caería demasiado en cuanto al poder del Rey Soichiro, quien incluso podría pasarla a llevar. Tuvo miedo y fue una cobarde. Se dejo guiar plenamente por lo que le aconsejaron. Cuando él le propuso matrimonio ella se negó y ninguno de los no volvió a comunicarse con el otro, por lo menos hasta que nació Tomoyo, él estuvo en el castillo esos días y solo volvía a ir cuando debía recoger o dejar a la princesa que pasaba medio año con cada uno; en aquellas ocasiones ni siquiera se veían. Fue en la elección del pilar en que ellos se encontraron. Soichiro estaba mucho más atractivo y sus rasgos se habían fortalecido con el paso de los años. Siempre estuvo enamorado de él y tuvo pánico cuando se entero que se casaría con otra mujer, una joven heredera de uno de los sacerdotes de Naga, fue Tomoyo la que evitó ese enlace, convenciéndolo que no era una buena decisión. Y ella nunca tuvo el valor de decirle sus sentimientos después de tantos años. Ahora, en ese momento deseaba decírselo, pero temía que él la rechazara. Nunca fue la señora Daidouji, sólo la Reina Sonomi Amamiya. ¿Qué hubiese pasado si ella estuviese casada con Soichiro? ¿Su vida seria diferente ahora? De seguro lo sería… y Tomoyo ¿Estaría viva? Sus ojos se inundaron por las lágrimas y sus pies no pudieron sostener su peso. Soichiro abrió los ojos y la sintió desvanecerse.

—Sonomi— la llamó, manteniéndola afirmada contra su cuerpo.

—Fue mi culpa.

– ¡No! ¡No! Sonomi, no te culpes. No lo hagas—. La abrazó con posesividad y le besó el rostro, sin dejar de ocultar su mirada. –Ya no deseo que las personas que amo… sufran—. Sonomi no pudo relajarse. Sin reprimirse más lloró con todas sus fuerzas.

Continuara…