2. El primer Día
Bajó las escaleras lo más rápido que pudo, sin darse cuenta de la cara de asombrados que tenían todos, y la de repugnancia y superioridad del Sr. Malfoy, aunque el joven Slytherin la miró unos segundos y luego apartó su mirada para observar con cierto desinterés el peculiar reloj de la familia Weasley.
Después se dio cuenta que a causa de la corrida su pelo ahora presentaba un aspecto de lo más salvaje, con todos los tirabuzones colgando sin sentido ni lógica, y su respiración agitada daba el toque al cuadro que ella representaba. Con dignidad se irguió y miró inquisitivamente a Molly, fueron sus gritos que llamaron a cierta castaña hecha un manojo de nervios.
- Hermione, el joven Malfoy… – empezó Molly, pero al parecer las palabras no le salían porque la miraba cada vez más preocupada y sin saber cómo seguir – El joven Malfoy se quedará durante el verano con nosotros.
La primera pregunta que se la pasó por la cabeza nada más oír la noticia fue "¿Por qué me lo dijeron a mi primero?", pero su mente racional supo el por qué, y también supo que estas vacaciones serían todo menos placenteras. El por qué era simple, de habérselo dicho a cualquiera de los chicos, habrían gritado y seguramente empezado una batalla sin fin intentando matar a los Malfoy, y Ginny a pesar de ser más pacífica tenía cierto carácter que o sabías tratarlo o eras lo suficientemente sabio como para quitarte del camino, si no, estabas perdido sin remedio.
- ¿Qué? – logró decir al cabo de unos segundos. Todavía no asimilaba la "estupenda" noticia.
- Por motivos privados, Draco tendrá que quedarse el verano entero, hasta que podáis ir a Hogwarts. – la señora Weasley habló despacio eligiendo bien sus palabras mirando con cierto temor a que Hermione se desmayase allí mismo, aunque por supuesto, eso sería totalmente exagerado, pero había que coincidir con todos ¿no era la situación un tanto inverosímil?
Pero lo que la joven Granger respondió nadie se lo esperaba del todo, por muy racional que sea ella aquella manera de expresar como se tomaba la noticia era bastante peculiar, pero no descartada entre las posibilidades.
- Entiendo ¿se vendrá a quedar ahora mismo? – su semblante serio y el tono tranquilo en el que formuló su pregunta hizo que hasta el aludido se girase a mirarla extrañado.
Pero ella no era tonta, si ella contestó eso fue por el mero hecho de dos cosas: Uno, si se ponía en contra lo único que haría era alargar lo inevitable y causarle más molestias a Molly y Arthur; Dos, como empezara a comportarse como una cría al puro estilo de Ron estaba perdida… y espera un segundo, ¡¿desde cuando Hermione Granger pierde los estribos de la situación? Además todo eso se le antojaba demasiado sospechoso, se le ocurrió que Malfoy podía estar enfermo y necesitase descansar o alguna ayuda en especial, pero… ¿no podría hacer eso en su casa? Y lo mejor para enfermedades es ir a San Mungo. No, tenía que ser otra cosa, y sabía que aquél detalle se le escapaba, cosa que la frustraba aún más.
- Tan noble Srta. Granger – la voz elegante e irónica de Lucius se hizo oír después de varios minutos en silencio, con la pregunta de Hermione todavía a la deriva. – No considero necesario volver otro día a dejar a Draco, así que Señores Weasley si no hay inconveniente desde hoy mi hijo se quedará aquí hasta que regrese a Hogwarts.
- No hay ningún problema Señor Malfoy. – replicó Arthur.
- Bien, entonces si me disculpáis antes de irme hablaré con Draco.
Lucius le lanzó una mirada seria a su hijo para que saliese con él fuera de la casa, y por supuesto lo siguió sin decir nada. Pero por alguna razón, no estuvo contento con el gesto de su padre, o eso fue lo que pensó Hermione, pero al ver la mirada de desagrado que el joven Malfoy dirigió a la estancia, rápidamente dedujo que su gesto de "asco" se debía a la casa, seguía preguntándose cómo iba a resistir él a todo eso, porque ella si debía podía comportarse sin ningún problema, su fuerte carácter le impedía lo contrario, pero Malfoy… era arena de otro costal. Demasiado orgulloso, demasiado mimado, demasiado caprichoso, demasiado frío, demasiado irónico, con ese toque impersonal, se creía el rey del mundo, un hecho que lo demostró desde primer curso. Iba a ser duro, muy duro.
- Molly ¿qué pasa con los Malfoy? ¿por qué se va a quedar el hijo del Sr. Malfoy aquí? – las preguntas de Hermione salieron de su boca con rapidez nada más ambos rubios salieron de la casa con los "guarda espaldas".
- Lo siento Hermione, pero eso no puedo decírtelo.
- ¿El qué no le puedes decir mamá? – Ginny había aparecido desde la cocina tranquilamente con una galleta en la mano comiendo sin prisa, Granger se dio cuenta por su sonrisa de quién sabe algo que el resto no, que la pequeña Weasley llevaba mucho tiempo escondida allí, tendría que darle explicaciones de cómo se las ingenió en bajar sin ser vista.
- ¡Ginny! – exclamó la señora Weasley - ¡no me asustes así! ¿y se puede saber qué hacías allí? ¡andad las dos a vuestra habitación!
La pelirroja y castaña sonrieron mientras sus pasos sonaban a través de las escaleras de caracol tan usadas de la madriguera, con ese toque rústico y el olor de la madera, Hermione siempre pensó que eran muy agradables. Los gritos de Molly se oían hasta arriba reprochándole a su hija más pequeña su conducta, hay que ver lo irónica que era la situación ¿no se daba cuenta de que su hija era casi igual que ella? Aunque la curiosidad debía de ser un extra.
Jadeando se miraron seriamente hasta exclamar en ruidosas carcajadas, ver a la madre de los Weasley enfadada siempre era divertido, aunque por si acaso, más les valía tener cuidado.
- Bien, ahora me cuentas qué hacías en la cocina – Hermione levantó la mirada para fijarla en la cara de su amiga, sabiendo perfectamente por qué estaba allí, pero lo que quería saber es cómo lo consiguió y si oyó algo.
- ¡Tsk, tsk, tsk! Todo a su tiempo querida, te lo cuento todo con detalle, pero primero… ¿no deberías peinarte?
A la joven le dieron unas ganas tremendas de reír al oírla preocuparse de su pelo, que aunque ya no era tan un desastre como en los primeros cursos de Hogwarts, seguía siendo algo "indomable".
- Ginevra ¡déjate de bromas y cuenta! – no era muy su estilo no pensarlo por si misma, pero la curiosidad era muy grande como para pensárselo, además desde esa mañana estaba cansada, ayer se había pasado gran parte de la noche y la mañana leyendo unos libros de la Historia de la Magia y Transformaciones, a pesar de estar acostumbrada a pasar noches en vela leyendo, esta vez se había pasado.
- ¡Vale, vale! – teatralmente Ginny levantó los brazos en signo de rendición. Sentándose con pesadez en una de las camas de la habitación. – A ver, es simple cómo bajé, cogí el manto de invisibilidad de Harry ¡y el resto fue pan comido!
Hermione sabía que su amigo le había dejado a Ron la capa de invisibilidad cuando partieron de Hogwarts antes del verano, lo que se le había escapado era el hecho de que Ginny la hubiese encontrado, o alguien le dijese de su existencia en la madriguera, pero sabiendo como es Ron ante su hermana, es posible que en un momento se le escapase algo y con eso incitase la curiosidad innata de la joven Weasley, mejor que no juzgasen por la apariencia de la pelirroja, era todo un volcán.
- Supongo que lo de la capa no te la dejó alguien ¿verdad? – Granger habló con lentitud para hacerle saber que necesitaba todos los detalles posibles de cualquier cosa en torno a la situación que se dio antes.
- Pues, digamos que oí la conversación entre Ron y Harry…
- ¡¿Tú fuiste la que hizo ese ruido en la sala común la última noche? – Hermione acababa de recordar el momento en el que Harry le confió la capa a Ron porque a donde iba no la necesitaría y prefería que estuviese en un lugar seguro. Y mientras hablaban sobre cuándo vendría Potter a la madriguera, una de las armaduras cayó estrepitosamente a la una de la madrugada con todo el mundo "supuestamente" durmiendo. Al parecer un alma curioso como un duende vagaba por la sala común.
- Si fui yo. Pero tienes que tener en cuenta que me pillasteis por sorpresa, había bajado porque no podía dormir, y cuando oí voces me escondí, no quería que me encontrasen. – tomó algo de aire para proseguir pues habló de sopetón sin pausas – Por lo que me quedé escuchando, y cuando llegamos a casa utilicé ciertas… tácticas para sonsacarle a mi hermano dónde puso la capa.
Hermione omitió el detalle que no dijo por qué se escondió y siguió escuchando sin decir nada, todavía le costaba concentrarse, hasta mañana seguramente no sería ella misma, o por lo menos no del todo.
- A lo de la conversación que oí allí abajo sólo fue el final, por lo que no me doy cuenta a qué se referían. – Ginny se percató en la cara desilusionada que tenía su amiga por lo que aclaró rápidamente – Pero te lo contaré todo con detalles, estoy segura de que tú sabrás entenderlo mejor.
"- …Entiendo que no nos diga detalles, ¿pero no sería mejor la casa de alguien cercano a usted? – Arthur estaba de pie preguntando algo con tono extrañado a Lucius y que la pelirroja no llegaba a entender ¿de qué hablaban?
- Dados los detalles que he dado, Draco no podría estar en casa de nadie que sea, como usted a dicho… "cercano" a mi. – Lucius sonrió amargamente al uso de la palabra "cercano", se sabía bien que los Malfoy eran eso, Malfoy, y no tenían lo que se pueden llamar amigos o alguien en quien confiar. – Ya hablé con mi hijo y no será ningún inconveniente durante su estancia aquí, en caso de lo contrario simplemente avise, y ya le buscaría una solución.
- No creo que su hijo sea un problema – esta vez era Molly hablando. – Pero temo que no se sienta muy bien con nosotros, no hemos estado en muy buenos "términos" que digamos.
- Lo sé y lo lamento profundamente Señora Weasley – Ginny pensó que ese tono afectado era todo menos real, y el gesto teatral que hizo era igual de peor o más – Aunque espero que estas pequeñas vacaciones nos haga cerrar viejas heridas y disputas, sobre todo para Draco.
Por supuesto eso era ya de por sí algo estúpido, los que lo educaron a ser así con los traidores a la sangre y los muggles, fueron precisamente sus padres, el que tendría que recapacitar era Lucius, no su hijo. Por si acaso no creía que fuese recomendable decir algo sobre ese tema tan delicado.
- Bien, entonces hasta que el tema con "el que no debe ser nombrado" se zanje usted no quiere sacar a Draco de aquí.
- Así es, si hay cambios ya vendría a llevármelo. – Lucius empezaba a zanjar el tema cuando Molly gritó hacia las escaleras:
- ¡Hermione! ¡ven un momento! – cuando se empezaron a oír los pasos apresurados como si fuese una tormenta lejana que se acerca con una rapidez vertiginosa, Lucius mostró su indignidad ante la vulgaridad con la que venía Hermione, la pelirroja se imaginó que ellos jamás en la familia Malfoy venían corriendo, seguramente con esa caracterizad suya altanera de la alta sociedad, ¡por dios! hasta le daba náuseas."
- …El resto ya lo conoces – Ginny había concluido su corto relato de lo que escuchó escondida bajo el manto de la invisibilidad – Ahora viene la parte que nos causará quebraderos de cabeza, bueno no sé tú, pero a mi ya me duele la cabeza de sólo hacerme una idea.
- Espera, espera, si lo que me has dicho es fiel a lo que pasó, entonces va a ser algo más simple el saber por qué nuestra querida serpiente se está escondiendo aquí. – Hermione sonrió mirando un punto indefinido, fue fácil dar con la respuesta, y su amiga de haber estado más atenta se habría dado cuenta. El motivo eran los mortífagos, era muy posible que Lucius tuviese problema con ellos y su líder, temiendo que acaben con su única descendencia lo mandó al sitio más improbable en toda la tierra, tenía lógica ¿no? Pero sabía que todavía le debían faltar piezas, hasta que no tuviese pruebas fiables no daría nada por sentado.
- ¿Sabes cuáles son las causas Mione? – Ginny la miraba como si le hubiese dado la noticia bomba de que venían a su casa los "Weird Sisters" para cantarle expresamente.
A lo que Hermione rodando los ojos prosiguió a contarle sus deducciones.
- Pero… ¿no hay muchas lagunas en esta suposición?
- Por supuesto que las hay, por eso si ordenamos lo que hemos oído, y lo que suponemos, a partir de eso se pueden encontrar el resto de las piezas que nos faltan, como un puzzle.
- Si, no me parece mala idea - y ahora la pequeña pelirroja con un tono de confidencia se acercó a la castaña susurrándole – O podemos interrogar a Malfoy y pedirle todos los detalles a su intrusión en nuestra casa…
Ella como respuesta le pegó levemente con un cojín riendo divertida - ¡Esto es serio Ginny déjate de bromas! – y a pesar de todo siguió riendo mientras ambas empezaban una batalla campal con almohadas y cojines, hasta que la ropa y otros objetos se unían a su fiesta. Los libros claramente no entraban en el grupo, pero ya sabemos como es nuestra sabelotodo, los libros son la fuente de sabiduría, son algo sagrado que no se toca para ciertos propósitos poco ortodoxos, porque tirar libros por los aires es algo inconcebible para ella.
Las risas se oyeron también fuera y dentro de toda la casa, cosa que no hizo nada raro la aparición de dos gemelos mirando divertidos la escena, justamente lo que necesitaban, algo fuera de lo rutinario, y como si estuviesen tomando bandos se pusieron cada uno del lado de una de las chicas. Más tarde apareció Ron totalmente extrañado con la escena, ver a su amiga estudiosa la perfecta descripción del orden y la responsabilidad, jugar con las almohadas como una niña de cinco años, era totalmente perturbador.
- ¿¡Qué le habéis hecho a Hermione? – a pesar de pretender que su voz sonase alarmada, una sonrisa adornaba su cara dando a entender que encontraba cómica la situación.
- ¡Nada hermanito! – contestó Fred, cosa que le costó un almohadazo por parte de su hermana - ¡esta me la pagarás Ginny!
Al final de todo, sin saber cómo, aparecieron Charlie y Bill uniéndose en las risas y el ajetreo que había en la habitación de las chicas. Y en ese momento Hermione pensó que ojala todo fuese así para siempre, ojala no les esperara la oscuridad, ojala no tuviesen que luchar, ojala pudiese dormir tranquila por la noche sin temer al mañana, tantos ojalas… pero lo que sí podría hacer era ser feliz ahora, en ese momento ¿para qué preocuparse del futuro ahora? Ya llegaría, ya sabrían qué hacer.
A las 6 y media de la tarde todos bajaron para ayudar a poner la mesa y cenar, las batallas de almohadas abrían mucho el apetito, o como dijo Ron "¡Dan un hambre de lobo!", a lo que todos rieron, si Ron no comiese a todas horas se preocuparían, sería como ver cerdos volando o a Snape vestido en un tutú rosa.
A la estudiosa Granger le extrañó no ver por ninguna parte a Malfoy, pero dedujo que intentaría estar lo más lejos de ellos gran parte del tiempo. Y aunque no lo admitiese le daba algo de pena, se preguntó ¿cómo sería que ella estuviese en su casa? Sabiendo la relación que tenían, nada placentero, seguramente se sentiría igual, queriendo esconderse y no hablar con nadie.
- Molly – la aludida se dio la vuelta y paró de limpiar una cazuela - ¿Sabes dónde está Malfoy?
- Me dijo que quería pasear por fuera. – Iba a seguir limpiando cuando se da cuenta de que pronto comerían, y él debía estar presente, no iba a tener al chico hambriento - ya que lo mencionaste ¿podrías ir a buscarlo y avisarle de que la cena ya está hecha? Estoy segura de que tendrá hambre.
Hermione asintió, aunque pensó que el joven Malfoy jamás diría si tiene hambre o no, demasiado orgullo al que proteger. Ante este pensamiento rodó los ojos exageradamente, habían cosas en el rubio que eran totalmente previsibles, o eso creía.
Paseó su mirada por todo el jardín frontal que tenían sin notar vida alguna que la de las plantas, siguió caminando hasta rodear toda la casa y acabar de nuevo en el punto de partida ¿dónde se habría metido el escurridizo del Slytherin? Vio un movimiento detrás de un arbusto pero resultó que eran unos gnomos extraviados saltando y haciendo mucho ruido con sus pequeñas voces, claramente no los llegó a ver bien ya que eran un tanto tímidos y se solían esconder nada más percatarse de una presencia humana, eso sí, eran muy traviesos.
Cinco minutos más tarde ya un poco exasperada por no encontrarlo, decide salir de los parámetros de la Madriguera y buscarlo entre los árboles que sobresalían del bosque coqueto y pequeño que tenían como vecino los Weasley. No resultó ser una mala idea, vio sobresalir una cabellera rubia detrás de un gran roble sin tener que buscar mucho.
A unos pasos de él se dio cuenta de que no tenía muy claro cómo actuar, sus amigos decían que no, pero a veces se encontraba insegura, tenía ese lado no muy conocido por el resto del mundo, porque lo solía esconder a través de sus extensas horas de estudio y del conocimiento que tenía, realmente Hermione Jean Granger era un chica con inseguridades.
- ¿Malfoy?
Él se dio la vuelta sorprendido pegando un pequeño salto, o eso le pareció a ella, ya que en una milésima de segundo ya había recuperado la compostura y el aire altanero que caracterizaba a los de su familia.
- ¿Qué quieres Granger? – preguntó de manera despectiva.
A Hermione le molestó su actitud, pero luego recordó con quien estaba hablando, y relajándose un poco intento sonar tranquila y no llena de rabia como se sentía por dentro.
- No pretendía molestarte Malfoy, pero resulta que es la hora de cenar, y Molly me ha enviado a que te avise.
- ¿Quién? – El slytherin se notaba desconcertado ante la mención de la madre de Ron.
- Molly Weasley, la madre de Ron. – aclaró ella.
Draco volvió tranquilamente a su lectura al notar que ella no volvía a hablar, pasando olímpicamente de su presencia.
- Malfoy, ¿no vas a venir? – preguntó extrañada, y por alguna razón desconocida todavía molesta por su actitud, en realidad muy normal en él.
Él bufó y la miró fríamente sospesando sin interés si contestarle o no, como si se tratase de una niña estúpida que no entiende nada.
- Mira sangre sucia, vendré cuando pueda y cuando quiera – el enfado de ella creció al escuchar esas palabras que a él tanto le gustaba usar en su contra, por el maldito placer de molestarla, había que ser crío para hablar así – además nadie dijo que tenga hambre ahora, aparte de que no quiero que me acompañes.
Hermione de un momento a otro explotaría, pero el tal vez implicado en el desastre no estaba atento a su compañera por lo que no se preocupó, además, era un Malfoy ¿qué podía pasarle?
- ¡Malfoy esto no es tu casa! – gritó ella fuera de sí por un momento, al recobrar la calma y estar segura de que acaparaba la atención del rubio prosiguió – Esto es una familia junta, y hay distintas reglas, hay horas de comida en las que todos comen ¡nadie va a esperar a que tengas hambre y te sirva! ¿acaso tenemos pinta de ser sirvientes? ¡y tampoco encontrarás elfos que te sirvan a todas horas! ¡crece de una vez Malfoy!
Draco parecía estar algo desconcertado por la explosión de ella, pero no duró mucho, él también se sabía unos cuantos trucos para salir con el orgullo intacto.
- Entonces no comeré Granger – espetó él retomando su lectura. – dile a la señora Weasley que no se preocupe.
Vale. Esto ya fue la gota que colmó el vaso en la paciencia de Hermione, y eso que ella solía ser paciente, estaba todo el rato con Ron ¿no? Pero lo que tenía delante era mucho peor que un caprichoso hambriento pelirrojo ¡era un quebradero de cabeza desde todos los sentidos! ¿por qué no podía venir tranquilamente a comer y luego retomar su lectura? Es cierto que ella también encuentra dificultosa la tarea de dejar de leer un libro, pero ¡estamos hablando de Malfoy! Nunca lo había visto leer tanto, sabía que aparte de ella, él era el mejor de clase, pero esto ya era ridículo, no querer comer simplemente porque fue ella la que vino y avisó, era peor que un crío.
- Malfoy – su tono esta vez había cambiado a uno aterciopelado totalmente falso – No vas a poder alimentarte a base de lectura, y créeme lo sé mejor que tú. Niégate todo lo que quieras, pero no aguantarás todo el verano.
La joven Granger estaba sonriendo creyendo que por una vez razonaría, se notaba que no había dormido ¡cómo pudo suponer algo así!
- Vale Granger. – viendo que ella no se iba preguntó - ¿algo más?
No era nada justo que la tratase así, y no era justo que no fuese maduro, parecía que la idea de pasar hambre fuese interesante o atractiva para él, sólo para demostrarle que él era mejor que ella en todo los sentidos.
- ¡Arrrgg! Malfoy, eres…eres… ¡eres demasiado Malfoy!
Y a grandes zancadas se dispuso volver a entrar en la casa, cenar y olvidarse de cierto hurón blanco. A los pocos pasos de haber caminado oyó una última frase de parte de él.
- Y tú demasiado Granger. –replicó sarcásticamente.
Ya estaba harta, por lo que ni se molestó en contestar a lo último, iba a tener dolores de cabeza durante toda la tarde noche, esperaba que nadie le preguntase algo del por qué el Slytherin no la acompañaba, sinceramente ya no le importaba. Y ella creyendo que estaba deprimido, cansado, con ese aspecto tan demacrado, ¡pero resultó ser el mismo narcisista y orgulloso Malfoy!
- Herms – la voz de Ginny la sacó momentáneamente de su enfado - ¿dónde está Malfoy?
- No lo sé, y no me importa – el enfado brotó de nuevo, y su amiga lo notó, se extrañó ante la reacción de ella ¿qué podría haber pasado? – Dijo que no comería, pues no comerá.
- ¿Quién no comerá? – la amable señora Weasley había aparecido detrás de Hermione con su cara tranquila y regordeta, el tinte rosa en sus mejillas le daba un aspecto aún más agradable, si es que era posible. Y su pelo normalmente suelto estaba recogido en un lazo para no mancharlo en la comida, era alguien que al haber criado a tantos hijos tenía que estar en todo ¡y qué bien lo hacía! Trataba a todos como a sus propios hijos. "Hasta a los que no se lo merecen" pensó Hermione.
- Malfoy. – contestó Ginny, su madre en cambio tenía una cara contrariada – Al parecer no quiere comer.
- ¡De eso nada! ¡aquí todos comemos!
El carácter explosivo de Molly se hizo aparecer nada más oír semejante disparate. Salió hecha un torbellino y a los 5 minutos estaba de vuelta con un rubio agarrado de la oreja quejándose e intentando zafarse en vano.
Unas pequeñas sonrisas nacieron en las caras de las dos chicas, era totalmente cómico ver al temible príncipe de las serpientes en aquel estado, pero digamos que se la buscó él solo.
- ¡Señora Weasley sé andar sólo! – exclamó enfadado Draco.
- Ya sé que sabes caminar, el problema es que no caminarás en la dirección correcta. – y sin dar su brazo a torcer lo condujo hasta una silla y le obligó a sentarse.
- Mejor no le lleves la contraria Malfoy, o lo lamentarás. – le susurró George a la oreja sonriendo. Sabían como era su madre enfadada, y no era digamos… un paseo en el prado, el basilisco se quedaba pequeño en comparación a Molly Weasley.
Draco se alejó rápidamente del gemelo haciendo muecas de disgusto, demasiado cerca estuvo eso de que le tocase.
- ¡Ron! – gritó Hermione - ¡tú y yo tenemos que hablar!
Al sentarse a la mesa a comer, la joven castaña se dispuso a preguntarle a su amigo el asunto de la oreja, que al final no necesitaron, pero de todos modos quería saber por qué lo tenía precisamente él. Ginny sentada al lado suyo también lo incitó a hablar.
- ¿Por qué os interesa tanto?
- Porque se supone que la tenían tus hermanos, y nos han dicho que la tienes tú.
- Es cierto que yo tengo la oreja extensible, pero no por una razón concreta – ahora Hermione tenía el ceño fruncido - cuando Crookshanks lo estropeó en Grimmauld Place mis hermanos lo dejaron en una mesa medio olvidado y yo lo cogí, olvidando que no estaba entero, y no creo que os interese la mitad del aparato.
La joven se dio un golpe en la frente como gesto de comprensión.
- ¡Es cierto! Mi gata estropeó el aparato y en vez de tener una oreja en cada final del hilo ¡tenía solo una! Por lo tanto no nos habría funcionado. Y supongo que te la quisiste quedar para ver si la puedes reparar y usarla para tus propios fines ¿no?
Ron enrojeció levemente al verse descubierto pero no dijo nada, para ella ya estaba claro.
- Y Ron… ¿qué hacías practicando Quidditch solo cuando vinieron los Malfoy? – preguntó Ginny.
- Ammm, digamos que no tenía ganas de que me regañase nuestra madre.
- ¿Tu madre? – repitió la joven Granger, pero le quedó claro, un tanto raro que fuese considerado, o mejor dicho, pensar en lo que vendría después de sus actos, seguramente pensó que empezaría una pelea con Draco y su madre lo regañaría, en este tipo de cosas se notaba el miedo que daba Molly cuando estaba realmente furiosa, y no porque estropease su imagen delante del Señor Malfoy, simplemente es de sentido común estarse quieto e intentar tener una conversación civilizada. Con esto Ronald Weasley se ganó a medias un aprobado mental por parte de su amiga.
- Ya sabía yo que eras muy cobarde hermanito – Esta vez era Fred metiendo las narices donde no le llamaban, aunque lo que dijese fuese cierto.
- Cállate Fred. – replicó Ron.
- Lo que tú mandes.
- ¿Siempre tienes que tener la última palabra?
- Ya ves hermanito – y ahora ambos gemelos respondieron – somos así por naturaleza.
- ¡Vosotros tres parad de discutir y acabad de comer la sopa! – La señora Weasley estaba de nuevo en modo combate, aunque siempre lo estaba si tenía algo que ver con sus hijos. Por supuesto callaron sin rechistar, aunque los dos pelirrojos gemelos sonrieron pícaramente entre ellos.
Ambas jóvenes que escucharon la discusión que tuvieron sonrieron, era gracioso verlos así. Ginny empezó a hablarle de que pronto habría un concierto del grupo "Weird Sisters" que a pesar de ese nombre, eran todos hombres en la banda, y que ella estaba buscando entradas, Hermione la escuchó al principio pero luego la voz de su amiga se convirtió en un sonido de fondo, ella estaba atenta a cierto rubio que estaba delante de ella comiendo sin gana, de nuevo ese aspecto cansado, sin vitalidad ¿de dónde sacaba la energía para discutir con ella? Tendría que descubrir las razones de su estancia y el por qué de su aspecto con paciencia, y a través de él, iba a ser difícil ya que el no cooperaría por las buenas, a lo mejor lo que necesitaba era un amigo, alguien en quién confiar, no creía que Crabbe y Goyle eran precisamente amigos, y el resto de la casa Slytherin simplemente lo veneraba, o mejor dicho en el ámbito femenino, babeaba.
- Espero que la estancia aquí en la Madriguera te resulte placentera señorito Malfoy – habló por primera vez Arthur en la mesa. - ¿Necesitas algo?
- Muchas Gracias, pero no Señor Weasley – replicó calmadamente.
- Bien, bien ¿qué tal encuentras la comida? ¡casi no la has tocado!
- Lo siento Señor Weasley…
- Arthur. Llámame Arthur. – le cortó él.
- Arthur… - meditó un poco antes de seguir – Simplemente estoy algo cansado del viaje y he perdido el apetito.
- ¡Oh cierto! Vaya cabeza la mía – esta vez la que hablaba era la madre de Ron - ¿Quieres irte a acostar?
- Si no es mucha molestia…
- ¡Claro que no! – exclamó ella indignada – tengo una habitación preparada para ti, mientras estuviste fuera tuve que hablar con todos mis hijos, ya que mi casa como veras no es muy grande, y el tener también invitados dificulta el asunto, solemos compartir, pero dado que no es lo justo en tu caso, tienes una habitación privada, era la de… Percy.
Al parecer por una vez Draco notó el tinte triste en el que lo dijo y se guardó cualquier cosa que quisiese decir, porque simplemente esperó a que Molly dijese algo más. Ella dándose cuenta del silencio que produjo, cambió su expresión triste a la de una sonrisa afable y cariñosa.
- Vamos, vamos que me llevo a Draco… ¿no te importa que te llame así no? – preguntó sin esperar respuesta - …lo llevaré a su habitación, seguid con lo vuestro.
No sabría por qué lo hizo en su momento, ni tampoco porque no se fue nada más dejarlo en su habitación, simplemente sentía curiosidad y quería saber, no le gustaba desconocer algo, de todo un poco decía ella a veces. Hermione era curiosa y hambrienta del conocer desde pequeña, sus padres le decían que ya desde un bebé agarraba los libros y señalaba las letras de dentro intentando pronunciarlas haciendo caritas y frunciendo el ceño. Algo que no perdió con la madurez. Pero en ese momento lo que hizo fue decirle a Molly que no se preocupase que ella le enseñaría la habitación a Malfoy.
- Claro querida, pero ¿acabaste de comer?
- Sí Molly, cuando vuelva te ayudo a limpiar los platos. – Se ganó una mirada extrañada por parte de Ginny, hace apenas una hora decía que no le importaba el Slytherin, y ahora se ofrecía voluntaria a conducirlo ¡no había quien la entendiese a veces!
Subieron lentamente las escaleras sin decir nada, aunque la verdad sabiendo de qué personajes estamos hablando ¿qué podrían decirse? Hermione no quería echarle leña a la brasa y estropear el silencio cortés que tenían entre ellos, pero tampoco era una persona que se estuviese mucho tiempo callada, igual que en clases, que siempre levantaba la mano cuando preguntaban algo, pero lo que de verdad la fastidiaba es que no la escucharan o mejor dicho la ignoraran por completo, como si no estuviese allí, como hacía muchas veces Snape, y ahora tomaba el papel el sobrino favorito de este, Draco Malfoy.
- Es aquí. – dijo ella cuando llegaron frente a una puerta del segundo piso, no era muy decorada, tan solo estaba el nombre de Percy sobre la puerta ya algo desgastada por los años. Cuando abrió la puerta un olor a limón y naranjas penetró en sus fosas nasales, seguramente Molly había puesto cáscaras de estas en la habitación, y no se equivocaba, en la encimera de la ventana se veían dos platos con las cáscaras ya secas en formas de espirales decorando la habitación y dándole un olor agradable.
- Te voy a avisar de que en el ático hay un ghoul*, no suele hacer demasiado ruido, pero en el caso de que oigas algo raro no te alarmes, aunque si proviene de Fred y George sí que hay que alarmarse. – el rubio escuchaba sin decir nada, por lo que creyó que podría seguir explicando – En cuanto al baño está enfrente a tu habitación y la puerta de al lado es la de Ginny, donde dormiré yo con ella. Tu ventana da al jardín trasero, sólo que a veces se atasca por lo que si necesitas ayuda pídela.
Se quedó callada sin saber qué más decir, tan sólo le señaló donde encontrar toallas y alguna almohada más, pensaba en retirarse pero la curiosidad pudo más.
- Malfoy ¿estás bien?
- ¿Qué te hace pensar que no Granger? – respondió él con una pregunta. Eso era jugar sucio, pero sabía que de esa manera le mandaba la pelota de nuevo a ella.
- Am, esto… simplemente no tenías un aspecto muy saludable.
Él se rió de manera fría ante su preocupación.
- ¿Qué pasa sangre sucia? ¿ahora resulta que te atraigo?
Sabía que eso la enfadaría, y a pesar de eso, le contestó de esa manera tan cruel y con esa suposición tan falsa desde todos los sentidos, para picarla.
- Púdrete Malfoy.
Y con eso salió de la habitación dando un portazo. Esta era la última vez que entraba con él en aquella habitación.
Draco paseó la mirada por la pequeña habitación que hace tiempo fue de Percy, no sabía por qué no estaba él allí, pero había muchas razones por las que podría no estar, así que simplemente pasó del tema y empezó a desvestirse. Su Baúl estaba al lado de la cama sin abrir, lo gracioso es que tal como estaba puesto, tendría que saltar por encima para tumbarse en la cama, y fue lo que hizo.
Estaba tan sólo con los pantalones del pijama y con las manos detrás de la nuca mirando el techo con una respiración acompasada y calmada, pero su mente en ese momento era un tormenta de pensamientos.
Sabía por qué había venido, pero le molestaba el hecho de tener que convivir con los pobretones, y el que estuviese también la sabelotodo insufrible Granger lo hacía peor de lo que ya era. Su único consuelo fue que en poco tiempo alguien más se juntaría con él en su sufrimiento. Sonrió perversamente, podría convertirse en algo divertido al fin y al cabo, cuantos más fueran, más interesante sería.
Lo malo de toda la situación es que le producía estrés y cansancio, por culpa de eso cuando vio por primera vez a Granger al llegar hoy, no tuvo ni fuerzas en decirle algo para molestarla y herirla, cosa que ahora lo ponía furioso. Dejando eso aparte, llevaba noches sin poder dormir por culpa de todo lo que ocurría, y pensar que al principio era lo que más deseaba en el mundo le produjo un pequeño mareo, porque al final no salió como él quiso, todo fue por un maldito chantaje.
Sus ojos se posaron en la pequeña ventana que daba al jardín, llevaba un buen rato haciendo un pequeño ruido al ser golpeada por el viento, no que le molestase demasiado, pero en serio ¿no podían comprarse ventanas como dios manda? También pudo escuchar el ulular de los búhos, nada comparado con los pavos reales blancos en la Mansión Malfoy, a veces creía que su padre exageraba pero al mismo tiempo pensaba en que sólo los ricos y con un buen puesto en la alta sociedad se podían permitir el tener pavos reales blancos embelleciendo el jardín y cantando con sus suaves voces, o no tan suaves, más bien parecían chillidos. Se dio la vuelta molesto por el rumbo de sus pensamientos, mira que pensar en búhos y pavos reales que chillan…
Un suave "toc, toc" lo distrajo momentáneamente, para luego pasar a la total indiferencia, no quería contestar ni dejar a nadie entrar, por lo que se dio la vuelta haciéndose el dormido. Al parecer el silencio lo único que hizo fue incitar al desconocido a entrar, sintió como la persona dudaba y luego entraba con poca seguridad, hasta que oyó la clara voz tranquila de Molly.
- ¿Draco? – preguntó suavemente - lo siento cariño, no quería despertarte, ahora me voy tan solo vengo a cumplir el ritual…
Draco no supo a qué se refería con "el ritual" hasta que sintió unos labios maternales besarle la mejilla derecha, y lo que más le desconcertó fue con el cariño que lo hizo, él no era su hijo ¿por qué hizo eso? ¡ni siquiera su madre lo besaba así desde hacía ya años! Tuvo la urgente necesidad de quitársela de encima asqueado y a la vez asustado del acto de ella, al parecer le leyó la mente o algo así, porque al siguiente segundo ya estaba incorporándose y caminando a la salida.
- Buenas Noches… - susurró la señora Weasley antes de salir.
Si aquello se iba a repetir cada noche estaba seguro de que no llegaría a casa con la mente sana, eso era más de lo que pudiese soportar, y para estar seguro de que no pasaría de nuevo, mañana por la noche cerraría la puerta con las llaves a cal y canto.
- Oye Hermione, ya sabes que no quiero meterme en tus asuntos pero… ¿no crees que estás torturando demasiado la pluma?
La joven miró a Ginny con la cara fruncida toda molesta por el reciente episodio con Malfoy y por su interrupción, pero cambió su cara enfadada a la de sorpresa cuando vio su letra normalmente pulcra, echa un desastre con borrones negros en el papel, y la punta de su pluma torcida. Bufó exasperada mientras hacía una bolita con su papel y la tiraba al suelo sin mirar donde.
- Supongo que tiene que ver con cierto rubio - tanteó la pelirroja – y supongo por tu cara que no fue nada, digamos "agradable"… aparte de que casi rompes tu pluma.
- Supones bien, pero dado que no quiero hablar de ello, vamos a dejar el tema – zanjó Hermione resuelta.
- Si es lo que quieres, me adaptaré. – mintió la pequeña gryffindor.
Empezó de nuevo a escribir la carta para sus padres, mientras su amiga peinaba su cabello rojo fuego. Por las noches, la luz de la luna y la vela le daban un toque mágico al cabello de Ginny, parecían llamas mágicas iluminando su ser como un fénix dorado en medio de la oscuridad, aunque ella por dentro tuviese más un parecido a un duende travieso que otra cosa.
- ¿Sabes lo que pienso?
- ¿Sobre qué? – preguntó Hermione escuchándola a medias.
- Creo que deberías ser más amable con él, ya sabes "la música amansa las fieras"…
- Aquí hay una gran diferencia – repuso ella – nuestras charlas no son sinfonías de música para que se tranquilice, y además a él le hace falta algo más que eso.
- ¿El qué?
- Necesita un cambio, dejar de ser… tan, tan él.
Ginny pareció meditar sus palabras antes de volver a atacar el tema, sabía que no tenía que haber contestado desde el principio, a no ser que le agradase el tema de su conversación, y no le gustaba del todo, pero a la vez el planteamiento de su amiga le agradaba, se había convertido su discusión en algo parecido a un imán, que la repelía y la atraía a partes iguales.
- Yo creo que eso sería lo de menos. – comentó Ginny tranquilamente mientras balanceaba su pies rítmicamente.
- ¿Cómo que lo de menos? – exclamó extrañada la joven Granger – No es una persona que se deje ayudar, es un arrogante, un pomposo y un egoísta sin remedio, se cree mucho mejor por ser sangre pura y es un estúpido malcriado sin escrúpulos.
- No lo sé, tampoco lo conocemos demasiado, sólo hemos visto una cara de la moneda.
Esta vez ella calló, lo cierto es que en ese mismo momento había actuado como lo haría Ron, sin pensar. Se masajeó la sien lentamente intentando despejarse un poco, y recuperar la calma que Malfoy mismo hacía unos minutos le había quitado. Sabía que la pequeña Weasley decía la verdad, a lo mejor él no era tan malo, puede que el tiempo, unas palabras bien elegidas y el darle otra oportunidad obraran el milagro de conocerlo verdaderamente.
- Tienes razón, lo he juzgado desde el principio sin saber, pueden haber muchas razones por las que es como es, o por las que muestra sólo una parte de su personalidad – mientras decía esto se acordó de su padre, Lucius – aunque estoy segura de que su familia, y más bien su padre tienen mucho que ver con su manera de ser. Al fin y al cabo fueron ellos los que lo educaron hasta entrar en Hogwarts.
- Hmm, si… yo recuerdo en segundo año estando en Flourish and Blotts para que Gilderoy Lockhart le firmara a mi madre un libro, nos encontramos con él, tú también estabas ¿recuerdas? – la castaña simplemente asintió – pues aquella vez noté especialmente la admiración y el miedo que le tenía Malfoy a su padre.
- No fuiste la única, yo también lo noté, además de que Lucius lo trataba de manera brusca y hablando siempre con ese arrastre de las palabras. Pero no se lo mencioné a nadie, ni siquiera a Harry o Ron. Ahora que lo pienso, no habría tenido demasiado sentido. – añadió suspirando.
- Con esto tan solo pretendía corroborar tu teoría sobre la educación que pudo tener Malfoy de pequeño.
- Yo creo que eso ya se sobrentiende.
- Para ti. – repuso sonriendo Ginny.
Hermione rodó los ojos y apagó la vela tras cerrar la carta y dársela a Pigwidgeon en la ventana, sabía que era tarde, pero les había prometido a sus padres a cambio de no venir aquellas vacaciones una carta cada dos semanas, y ya habían pasado tres desde la última vez.
Se acostó con pesadez cerrando los ojos y echando la manta a un lado se dispuso a dormir, no sin antes desearle las buenas noches a su compañera de cuarto.
Antes de caer en brazos de Morfeo, pensó en un rubio de ojos metálicos, y pensó en los dilemas y misterios que podía esconder su persona, y aunque no lo admitiese ahora, encontraba el reto no mencionado por parte de la joven Weasley algo atrayente e interesante. Malfoy era como un puzzle incompleto, al que puedes ver tan sólo la mitad, porque el resto está desperdigado o escondido, y hay que encontrar las piezas una a una. Y anda que no le gustaban a ella los puzzles sin completar.
Nota de la Autora: Quería tan sólo mencionar el hecho de cuánto tardaré en actualizar cada vez, más o menos una semana, siento no poder hacerlo con más regularidad, pero los estudios y otras cosas no me dan el tiempo necesario.
Cualquier duda que se tenga en cuanto a la historia no dudéis en preguntar, responderé a través de los review.
Dado que es mi primer Fic es posible que contenga algunos fallos, y no me refiero gramaticales, más bien datos, lugares, tiempos o algún personaje que se sale de su manera de ser, si es algo demasiado raro o totalmente erróneo apreciaría que me lo digáis.
Y sin más me despido hasta la próxima semana. Sweet week!
ConAmor
*Ghoul = Pese a que tiene un aspecto horrible, el ghoul no es una criatura particularmente peligrosa. Parece un ogro algo baboso, con los dientes torcidos hacia fuera, y generalmente reside en los desvanes o graneros de los magos, donde come arañas y polillas. Gime y en ocasiones arroja objetos, pero suele ser muy tonto; en el peor de los casos, gruñirá de manera alarmante ante cualquiera que tropiece de forma accidental con él. En el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas existe una Fuerza Operativa Antighols que se dedica a erradicarlos de las viviendas que han pasado a manos de muggles, pero en las familias de magos el ghoul se convierte a menudo en tema de conversación o incluso en mascota.
En la Madriguera, hay un ghoul en el ático que hace rugir las cañerías.
