3. La Luna y las Estrellas

Las mañanas en la Madriguera era uno de sus momentos favoritos, todos atacaban el desayuno preparado por Molly sin preámbulos mientras se discutía una y otra cosa por encima de las voces del otro, parecían cien personas juntas. Lo único que parecía sobrar en la mesa aquella mañana era cierto rubio callado comiendo sin mucho interés.

- Draco ¿hay algo que quieras? – preguntó Molly ligeramente preocupada.

- No gracias Señora Weasley. – respondió él con seguridad, aunque los sucesos de la noche anterior todavía le producían náuseas.

- Muy bien, pero deja de llamarme "Señora Weasley", demasiado protocolario querido, llámame Molly.

Draco no contestó simplemente se limitó a acabar de desayunar y salir al jardín sin lavar sus platos, algo que la castaña remarcó, aunque muchas veces Molly solía hacer magia para que los platos se lavasen solos, si no ¡no daba abasto!

- Onie mione, ¿qñe vach a acher hoy?

- ¡Ronald Weasley compórtate! – exclamó divertida Hermione.

- ¿Qne pácha?

Como siempre hablando con la boca llena ¿es que no aprendía? Pero al resto les arrancó las risas mañaneras que solían ponerlos de buena disposición durante todo el día. Mientras se tranquilizaban y podían seguir comiendo, por la puerta había entrado Bill y Fleur.

- ¡Buenos días a todos! – exclamó sonriente.

Bill acababa de conocer a su "media naranja" según él, ya que su madre y su hermana pequeña estaban totalmente en contra al noviazgo de la francesa y él, la pareja que llevaban viviendo en la casa dos meros días ya habían puesto la casa patas arribas, por lo menos en el ámbito femenino, la joven Granger por su parte no la consideraba tan molesta como ambas Weasley clamaban decir.

- ¡Hola hermano! Y hola a ti Fleur – dijeron los gemelos en perfecta sincronización.

- Hola querrrridos, ¿no habéis acabado de desayunarrr?

Fleur los miraba asombrada por lo mucho que tardaba aquella familia en comer por las mañanas, nada que ver con su amada Francia, de 7 a 8 eran las horas en las que se desayunaba, ni un minuto más.

- No, no hemos acabado Fleurrr – Ginny imitó con retintín, lo que ella consideraba el "estúpido acento" de la elegante francesa.

- ¡Ginny!

- ¿Qué Hermione? ¡es insoportable! – recriminó la pequeña pelirroja – ya ni tengo ganas de comer, preferiría que mi hermano saliese con Tonks…

Ambas mujeres de la familia Weasley creían firmemente que Bill estaba cometiendo un gran error al querer tanto a la snob y delicada Fleur, pensaban que lo mejor era tener de novia a alguien como Nymphadora, una persona alegre, divertida, positiva y llena de energía; nada en comparación a la francesa. Hermione sabía que en algún momento tendrían que aceptarla, Bill parecía ir totalmente en serio con ella, y a pesar de lo que dijese Ginny, se notaba que Fleur también lo quería.

- Vamos, deja de pensar en ella y vamos a salir fuera a pasear.

- ¡Wow, wow! ¿cómo que pasear? ¿no decías que querías pasarte todo el verano estudiando y leyendo libros?

- Sí, tenía pensado en hacer eso, pero pasear un poco por la mañana no viene mal…

- Vale, vale ¡sólo déjame ponerme los zapatos! – dijo apresuradamente.

Hermione se dio la vuelta chocando totalmente con Charlie.

- ¡Lo siento Hermione! No estaba atento.

- No importa, no me has hecho daño – viendo lo equipado que iba, preguntó - ¿a dónde vas?

Él la miró sin comprender del todo, hasta que se hizo un chequeo de su persona y cayó en la cuenta, parecía que iba a salir a una excursión de un momento a otro.

- Estoy haciendo preparativos para ir al monte esta tarde. – explicó feliz como unas castañuelas.

- ¿En, en serio? – tartamudeó ella a su vez, no es que no le gustase ir por el monte, pero normalmente solían ser grandes… y eso ponía a prueba su miedo a las alturas, por lo general no solía aguantar esas excursiones que planeaba Charlie, por el simple hecho de que siempre eran "arriesgadas", todavía recordaba cuando se fueron a bañar a unas cataratas… de 20 metros de altura… o cuando fueron a ver un grupo de Heliopath* y Ron casi no vuelve para contarlo. Mejor no recordarlo.

- Sí, pensaba que sería interesante ir todos juntos…

- No creo que pueda ser. – lo cortó Fred con una cara solemne.

- ¿Por qué? – preguntó Charlie ceñudo.

- Harry viene hoy a la hora del almuerzo y seguramente estará cansado. – contestó a su vez George igual de serio.

- ¡Fred, George no mintáis a vuestro hermano! – gritó Molly.

Ambos gemelos no pudieron mantener más la fachada y estallaron en ruidosas carcajadas, alarmando a la novia de Bill de sobremanera, y causando manchas de cacao encima de todos, al parecer Ron sabía de la broma y dio la casualidad de que empezó a reír mientras se tomaba el líquido en cuestión.

- ¿Mentir…? – Hermione tenía una cara sumamente contrariada, de alguna manera no sabía como había acabado en no entender nada.

- Sí, al parecer Harry no podrá venir hasta dentro de una semana – explicó Arthur.

- ¿Por qué? – y pensó a la vez "¡¿Por qué diantres soy la última en enterarme?"

- Unos asuntos en el Ministerio de Magia que lo retendrán, no dio detalles sobre el por qué.

El señor Weasley siguió leyendo tranquilamente "The Daily Prophet" mientras tomaba su café recién hecho.

En aquél momento desde la ventana a lo lejos se veía un búho acercándose en un vuelo raro, extrañada Hermione se acercó hasta que se encontró de bruces con Pig, en su cara. Llevaba una carta en el pico con un lazo negro, que dejó caer sin delicadeza encima de ella y fue a posarse en la encimera.

- ¡Hermione cariño! ¿te encuentras bien? – la señora Weasley la ayudó a incorporarse sin prisas mirándola preocupada.

- Estoy bien, no me ha pasado nada, tan sólo abra la carta, al parecer el Sr. Lucius tiene algo que decir…

Al oír el nombre de aquél hombre soberbio y rico todos callaron, por poco tiempo, ya que los gemelos eran bombas de la risa y de la diversión, no se estaban quietos ni un minuto.

- ¡Mamá abre la carta! – exclamaron los dos sonrientes.

Ella a su vez miró a su esposo que simplemente asintió y dejó el periódico en un lado para escuchar a Molly sin distracciones, parecía importante.

"Queridos señores Weasley,

Les prometí avisar sobre la llegada de Theoddore Nott lo más rápido posible; llegará por la noche dentro de 3 días, posiblemente entre las 1 y las 2 de la mañana, no podía ser más temprano por ciertos asuntos. Esperando que no sea un inconveniente.

Atentamente,

Lucius Malfoy"

- ¿¡Pero quién se cree que es! – explotó Ron con un bocadillo en la mano. - ¡no tiene ningún derecho en traer otra serpiente aquí!

- ¡Ronald Weasley siéntate y acaba de desayunar! – el grito de Molly lo hizo sentarse en menos de un segundo con una cara de puro terror – No será ningún problema ya que esto lo habíamos hablado cuando aceptamos a Draco con nosotros, estoy segura de que no supondrá ningún problema, lo que me recuerda… Hermione querida ¿te acuerdas lo que te dije esta mañana?

- Sí Molly, ¿no vendrá al final?

- No, no, sí que vendrá, pero más pronto de lo que creía – añadió con el ceño fruncido - ¿Serías amable en hacerlo y pedirle a Ginny que te ayude ha hacer la cama?

Ella simplemente sonrió en respuesta y subió las escaleras apresurada para dar con su amiga y decirle el cambio de planes de la mañana, el paseo tendría que esperar hasta entonces.


La sorpresa de aquella tarde fue la presencia de Luna, toda soñadora con una pequeña maleta decorada por varios amuletos, según lo que ella comentó la protegían de los Nargles en general, varias veces se encontró con la maleta mitad vacía por los pequeños robos que hacían esas criaturas en las que creía ella.

- ¡Hola Luna! ¿qué tal? – exclamó Molly. - ¿has venido caminando?

- Sí, señora Weasley – respondió distraída Luna – aunque estaba con unos gnomos, venían detrás de mi…

- Claro Luna, vamos, entra para limpiarte los zapatos. – la Señora Weasley pasó por alto el comentario sobre los gnomos, sabía cómo era ella y la aceptaba así, aunque a veces sus charlas fueran algo desconcertantes.

En aquél momento por algún motivo apareció Malfoy, y se sorprendió al ver a Luna delante de él "¿cuándo había llegado la Lunática?" Pensó.

- Hola Malfoy – sonrió ella - ¿has visto los gnomos? Es posible que no… aunque al parecer sí te has encontrado con los nargles, tienes la cabeza llena de ellos…

Draco parecía todo un poema, o mejor dicho una historia con cuadros pintados detalladamente a mano, sabía que ella era rara, pero lo que tenía delante de él, rompía todos los esquemas. Vestía un vestido blanco pintado a mano con millones de colores, por lo que dejaba de ser blanco, el pelo lo tenía agarrado con unas hojas de árboles y en las orejas llevaba esos ridículos pendientes con forma de nabo ¿de qué planeta venía ella?

- ¿De qué hablas Lovegood? – preguntó después de varios minutos, le costaba digerir lo que le decía la pequeña rubia.

- Los nargles…

No añadió nada más porque vino Ginny y se la llevó a rastras para conducirla a su habitación, todos entraron menos Hermione, que sin querer se había quedado mirando a Malfoy, que todavía presentaba una cara contrariada ante las palabras de Luna.

Primero fue un leve movimiento de los labios, para ensancharse hasta una sonrisa, y acabar en un risa contenida, ver a Malfoy totalmente desconcertado tenía su gracia, y era mejor que el ufano y arrogante él.

Pero no duró demasiado la diversión, Draco la miraba con un enojo y un enfado tan grande, que habría sido capaz de asustarla al segundo, de no ser que estaba con los ojos cerrados, habría parado.

- ¿Qué es tan divertido sangre sucia? – preguntó con una voz demasiado suave. - ¿tengo pinta de payaso?

Hermione paró de reír y se quedó callada sin decir nada, por dentro intentaba tranquilizarse para no acabar como ayer, iba ha hacer caso a Ginny e intentaría darle otra oportunidad, ver el otro lado de su personalidad.

- ¿Te comió la lengua el gato sabelotodo? – atacó de nuevo.

Su sonrisa ladeada y falsa le produjo un escalofrío, se daba cuenta que llevaba las de perder verbalmente si seguía así, aparte de que la tomaría por una cobarde, y a desgracia o no, su orgullo salió a flote.

- No Malfoy, tan sólo estaba pensando lo ridículo que eres cuando escuchas a Luna.

- Me importa un comino la lunática…

- Se llama Luna Lovegood, Malfoy. – le cortó ella.

- Granger, me da igual su nombre, está como una regadera.

Hermione se molestó por la manera en que Malfoy se dirigía a su amiga, es cierto que era… especial a su manera, ¡pero no estaba loca!

- No, no lo está, simplemente no puedes ver más allá de tus narices – comentó mordazmente ella.

- ¿Sabes? Eres la única que siempre me contesta, eres totalmente insufrible.

- Supongo que soy la única que puede mantener el nivel ¿no? – replicó ella.

Draco cambió su rostro arrogante al de uno sorprendido por su respuesta, por alguna razón en vez de enfadarse sonrió. Empezaba a gustarle discutir con la sabelotodo. Era algo entretenido, ambos teniendo los dos primeros puestos en la lista de mejores estudiantes, sabían cómo responder a los ataques que cada uno daba verbalmente; le relajaba y le quitaba el estrés por partes iguales.

- Muy ingenioso Granger.

Hermione se quedó estupefacta ¿desde cuando Malfoy hablaba sobre ella en positivo? Bueno, lo que se puede llamar "positivo" viniendo del Slytherin.

- Malfoy… ¿me acabas de hacer un cumplido?

- No te lo crees ni tú sangre sucia – espetó él en respuesta – Tan sólo destaco un hecho, por algo serás la primera de la clase.

- ¿Aunque sea una sangre sucia? – agregó divertida.

- Aunque seas una sangre sucia.

A Hermione le faltaba poco y se tiraba al suelo de la risa, si hace una semana le hubiesen dicho que Malfoy la habría aceptado como compañera de discusiones de su mismo nivel, habría llamado a Madam Pomfrey corriendo para que curase al que dijo tal blasfemia.

- Oye Malfoy… - intentó continuar pero la risa se lo impidió - ¿…tengo que acostumbrarme a esto?

- Ni lo sueñes sabelotodo. Esto será lo máximo bueno que saques de mi, considérate afortunada.

- Ya decía yo…- pero no siguió, dejó la frase en el aire, simplemente se extrañaba de que no hubiese aparecido ya el "viejo Malfoy".

- ¿Qué? – preguntó ceñudo.

- Nada Malfoy, olvídalo.

Él en respuesta la miró extrañado ¿por qué no había acabado la frase? Daba igual, a él no le interesaba mínimamente lo que aquella rata de biblioteca tuviese que decir, se había relajado al discutir con ella, pero ahora estaba fastidiado de nuevo.

- Esto es un aviso Granger – la señaló con el dedo – No vuelvas a hablar conmigo lo que resta del verano, es bastante tener que soportarte.

Y con eso dicho, se fue por donde había venido.

Hermione se quedó más de cinco minutos intentando asimilar lo que le había dicho ¿cómo porras se podía ser tan bipolar? De repente le dice algo, más o menos "amable", y al siguiente segundo es el mismo idiota de siempre. Estaba segura que no llegaría al fin del verano con su conciencia sana, ya tenía bastantes preocupaciones y dudas como para meter a un Slytherin arrogante en su cabeza; lo cual le recordó que dentro de poco viene uno más; Theodore Nott. No había hablado casi nunca con el joven estudioso de la casa verde y plateada, pero él no se metía con ella como el rubio y su grupo, ahora que lo pensaba… Nott nunca estaba en compañía conjunta de Zabini, Malfoy, Crabbe, Goyle y Parkinson – que según ella eran los principales de su pandilla – Si estaba con los de su casa, sería a solas hablando con Malfoy y Zabini. Se lo había encontrado varias veces estudiando en la biblioteca o paseando alguna vez por fuera de Hogwarts, era alguien tranquilo y racional, en cierto sentido ahora se preguntaba por qué no había hablado con él antes, habría sido seguramente interesante. En clases solía destacar bastante, tenía el tercer puesto de los mejores estudiantes, y estaba segura de que no pasaba la raya para llegar a segundo puesto por culpa de Malfoy, ese cuando quería daba miedo. A pesar de que Malfoy por muy arrogante y estúpido que fuese también era inteligente, y le dolía tener que reconocérlo.

Se quedó un buen rato así, hasta que se acordó que todos sus pensamientos habían sido gracias a cierto chico prepotente y altivo que la había dejado totalmente descolocada. Tendría que acostumbrarse. Suspiró largamente y con cierta rapidez se adentró en la casa de los Weasley.


Después de almorzar - que curiosamente Malfoy había desaparecido -, Luna, Ginny y Hermione decidieron salir a dar un paseo, al fin y al cabo ese era el plan desde el principio, el asunto de la excursión a los montes había quedado pospuesta hasta que Arthur pudiese acudir, estaba algo ocupado con una nueva investigación sobre aparatos muggles, si Hermione había escuchado bien, estaban estudiando la tostadora de pan…

- Hermione, ¿vendrás algún día a mi casa?

Luna después de mucho rato caminando, se había girado hacia la castaña y le había preguntado inesperadamente algo que no tenía nada que ver con lo que discutían la joven Weasley y ella.

- Am, supongo, no lo sé Luna, lo cierto es que siempre parece no cuadrar – viendo que el brillo de sus ojos se apagó un poco, agregó – pero si quieres iré.

- ¡Me encantaría que vengas! – exclamó Luna sonriente.

- Oye ¿y yo qué? – Ginny se puso de morritos adrede sintiéndose falsamente excluida de la invitación.

- Oh, lo siento Ginny – dijo algo apenada, y añadió sonriendo suavemente - Tú también puedes venir.

- Tranquila Luna, lo dije en broma, no pasa nada, además yo ya he visto algunas veces tu casa, es más que normal que la invites a ella.

- Me gustaría que vengáis las dos, también tus hermanos si quieren venir, pero Ron no parece estar cómodo conmigo… es entendible, toda mi casa considera que soy rara.

Lo decía tranquilamente sin odio ni resentimiento, simplemente como alguien que comenta el tiempo, la joven Granger se enfadó con el resto de la gente que no quería entender a Luna, no podías juzgarla sin conocerla, ella era diferente, sí claro, pero eso no daba por sentado que estaba demente.

- ¡Da por seguro que iremos! ¿Verdad Mione? – preguntó la pelirroja a su amiga. – Y mi hermano es un tonto si no te comprende, si no quiere venir, pues que no venga ¡él se lo pierde!

Luna sonrió, hasta que cambió su cara por la de una preocupada.

- Vaya… me había olvidado de Malfoy ¿no querrá él también venir? – no lo había preguntado, más bien, parecía un pensamiento formulado en voz alta.

- No creo que sea buena idea Luna – dijo Hermione intranquila por la reacción que el rubio podría tener, ella a su vez la miró interesada en sus palabras. – Si ya Ron se siente incómodo contigo, no te puedes imaginar cómo te respondería Malfoy a una invitación como esta, es my cabezota y orgulloso, además de un pomposo sin igual, estoy segura de que dirá que no.

Pero Luna no entendía muy bien eso de la "maldad humana", y era algo raro, ya que se veía expuesta a ello todos los días cuando estaba con su casa, Ravenclaw, cuando se sentaba en el comedor, la evitaban; en clases, la evitaban o comentaban sobre ella por lo bajo; en su sala común… nadie lo sabe, pero seguramente tres cuartos de lo mismo, al final siempre acababa junto a Harry y los demás.

- Yo creo que Draco necesita descansar de ser Malfoy… - refutó la joven Lovegood, mas sin alzar la voz, siempre con el tono bien modulado y tranquilo.

- ¿Descansar de ser Malfoy? ¿y cómo es eso? – exclamó sorprendida la pequeña Weasley.

Ginny no se esperaba esa respuesta ni en sus más locos sueños ¿cómo va a dejar una persona ser uno mismo? ¿y cómo era eso de "Draco descansar de ser Malfoy"? ¿dejar de ser arrogante? En cambio la otra joven leedora de libros sin parar, había entendido las palabras de Luna; Malfoy siempre estaba defendiendo su apellido con uñas y dientes, era orgulloso y sobre todo quería ser el mejor, y estaba segura de que no quería defraudar a su familia y a su nombre, eso era lo que decía Luna, que Malfoy simplemente fuese… Draco.

- Estoy de acuerdo contigo Luna. – aprobó Hermione.

- ¿Cómo? ¿pero tú entendiste algo? – Ginny parecía un turista en un país extranjero, es decir, totalmente perdida.

- Pero… no sé cómo podríamos ayudar a Draco… - Luna bajó su mirada al suelo mirándolo algo triste.

Pasaron varios minutos mientras caminaban en silencio pensando cada una en sus cosas. Ginny en la conversación que acababa de presenciar y de la que no entendía ni un ápice. Hermione buscando mil maneras de ayudar al Slytherin, y Luna… su mundo de los pensamientos es imposible de pasarlo a palabras, podías encontrar desde castillos de cristal con princesas y unicornios, hasta therstals en bosques sombríos y animales raros de los que ella comentaba ver.

-¡Ya lo tengo! – gritó entusiasmada la joven Granger.

Su amiga la pelirroja al oír el grito saltó como si de una liebre se tratase, y Luna simplemente salió de su ensoñación mientras miraba las nubes, para centrarse, en parte, en la castaña.

- La próxima vez grita más fuerte, el corazón todavía me late. – dijo irónica Ginny.

- Lo siento Ginny, pero escucha, esto es un principio de plan. Dentro de tres días viene Theodore Nott ¿no? – la pelirroja la miró sin entender – Pues bien, Malfoy y él tienen cierta relación, no sé cuanta, pero podríamos preguntarle acerca de debilidades del Rey Slytherin, sé que se conocen desde que eran pequeños, porque sus familias están muy en contacto, a pesar de todo Nott no es como el resto de los de su casa, en clase es muy tranquilo y muy inteligente, no lo veo en compañía de grupos, refiriéndome a los "malos" por así llamarlos, y nunca se ha metido con los… con la gente como yo.

- Me da a mi que no va a estar muy por la labor para ayudar. – respondió Ginny a toda la explicación de su amiga.

- Yo creo que es un buen empiece, yo también he visto a Theodore Nott paseando por los jardines, nunca ha huido de mi. – ambas chicas pensaron que eso no era precisamente algo que garantizase de que fuese a ayudarlas - Creo que Hermione está preocupada por Malfoy.

- ¿Yo? ¿por qué iba a estarlo?

- Tienes la cabeza llena de nargles…

- ¿Puedes ver los nargles sin las gafas esas… especiales? – preguntó la castaña a su vez.

- El "Quisquilloso" hace dos números inventó unas gafas invisibles para verlos ¿no es genial? – sonrió afablemente mirándolas y explicando eso como si fuese lo más normal del mundo.

- Vamos a casa, hace mucho calor, y a causa de esto ¡podríamos aprovechar en hacer una ducha refrescante! – Ginny cambió el tema porque entraban en terreno donde sólo la Ravenclaw podía manejarse.

Por el camino de vuelta Hermione pensó en lo que Luna acababa de decir ¿por qué decía que ella estaba preocupada por algo? ¿y por qué decía la pequeña rubia que estaba preocupada por él? Pero ella por una vez pensó que Luna estaba equivocada, que ella dijo eso simplemente basándose en esas criaturas que veía con las gafas, de las cuál ella nunca había oído hablar, solamente a través de ella. No podía basarse en esos argumentos, además ¿por qué iba a estar ella preocupada por Malfoy? Tan sólo quería que dejase de atormentar a los niños en Hogwarts y tratase mejor a la familia Weasley que tan amablemente le había acogido, y en su fuero interno también pedía que dejase de meterse con los nacidos de muggles, no merecían ese trato, ella estaba acostumbrada, pero había otros que no.

Suspiró pesadamente pensando que ninguna de sus amigas se dio cuenta, pero Luna no pasó por alto ese suspiro, ni esa cara, sonrió mientras dirigía su mirada hacia la casa que se iba acercando, a pesar de encontrarse muchas veces en sus mundos, era más atenta a pequeñas cosas que los demás, pero tal como una niña pequeña dejó de pensar en eso por el momento, ya vería más tarde, y brincando y saltando mientras se quitaba los zapatos entró en el jardín de los Weasley y se fue a visitar las gallinas.


Draco llevaba ya horas paseando cerca del bosque, era la única manera de escapar de la realidad; vivir con los Weasley lo estaba trastornado ¡y no llevaba mucho tiempo allí! No se podía imaginar meses en su compañía ¿por qué no mandaron un elfo en su lugar? Sabía que era estúpido preguntarse eso, pero seguía pensando que toda la situación era un error.

Miró el paisaje que le rodeaba intentando olvidar su rabia y su enfado, al parecer dio el resultado que se quería, porque poco a poco se sentó en la sombra de un tronco, relajando sus músculos uno detrás del otro hasta tener un rostro tranquilo y sereno.

Se sentía bien en medio de la naturaleza, a lo mejor porque nadie le pedía nada, porque podía ser quien quisiera, porque no tenía que rendir cuentas a nadie, porque podía relajarse y disfrutar, porque, porque… era él. No lo admitiría jamás, pero a veces el ser un Malfoy le cansaba. De pequeño pensaba diferente en muchos aspectos, pensaba que daba igual lo de la sangre y el estatus social, pero su padre no le dejó pensar eso mucho tiempo, fue la primera vez que Draco vio como era su padre en realidad.

Tuvo una vida muy cómoda sí, pero siempre sintió que le faltaba algo, su madre fue la única que lo comprendía, pero Lucius tampoco dejó que esa felicidad durara, cuando tenía cinco o seis años habló con Narcissa delante de él lleno de ira, dijo que si Draco seguía pegado a sus faldas, se volvería un blando, no sería digno de llevar el apellido Malfoy. Su madre intentó razonar, pero al igual que él mismo, era muy terco, y no dio su brazo a torcer. A veces pensaba en cómo habría sido su vida de ser su padre diferente, de haberlo cuidado su madre como antes lo hacía ¿trataría mejor a los pobretones? ¿y a la sabelotodo? ¿sería amigo de ellos? Esta última pregunta mental le produjo repugnancia.

Sobre las cinco de la tarde mientras estaba medio dormido, oyó un ruido que le hizo sobresaltarse. Miró a los lados confundido hasta que se topó de lleno con unos grandes ojos grises y cristalinos mirándolo fijamente.

- ¡Pero qué…! – exclamó Draco.

- No sabía que tenías una peca al lado del ojo izquierdo… - él a su vez lo miraba sin saber qué decir - ¿la tienes desde pequeño?

¿Se suponía – según Granger – que eso era normal? La Ravenclaw lo despertaba y lo asustaba par luego preguntarle sobre… ¿sus pecas?

- Lovegood ¿se puede saber qué demonios haces?

- Quería hablar contigo. – le contestó de bocajarro.

- Por qué. – preguntó secamente en respuesta.

- Quiero conocerte.

Ella le sonreía como si fuesen amigos de toda la vida. "Por Merlín ¿qué he hecho yo para merecer esto?" pensaba con desesperación, aquella chica tenía algún serio problema con el mundo y su mente llena de fruslerías y fantasías ¡nunca parecía estar del todo en el planeta tierra!

- Aunque puede que tú no quieras… - añadió dejando de sonreír tanto.

- Mira lunática, no tengo ni energías ni ganas para echarte, vete sola por donde viniste, ya que no estoy de humor para soportar a nadie más.

- ¿Tanto odias estar aquí?

- Te lo digo con más claridad: Ve-te de a-quí. – articuló exageradamente Draco.

- Si prometo estar tranquila ¿me dejarás quedarme cinco minutos?

- ¿Te irás luego? – preguntó suspirando. Ahora le parecía hablarle a un niño pequeño, ¿es que acaso no entendía la indirecta que significaba "quiero estar solo"?

- ¡Si! ¡lo prometo! – se irguió y levantó su mano haciendo la señal de los soldados, el cual él no entendió; Luna había visto eso en una película que Arthur les puso en un televisor a principios del verano, y Harry le explicó por qué los soldados hacían eso, le pareció gracioso y de vez en cuando lo imitaba.

Se sentó al lado suyo, con cierta distancia, y cerró los ojos mientras calmaba su respiración y dejaba que el viento jugase con su cabello y sus graciosos pendientes de nabo. Draco se extrañó que pasase de la euforia de moverse mucho y hablar con energía, a estarse quieta y calmada con los ojos cerrados, y casi sin querer, se encontró a si mismo rompiendo el silencio.

- Lovegood ¿por qué eres tan bipolar?

- Lo mismo te pregunto ¿no? – su tono de voz había cambiado, era algo más maduro, el toque de infantilaza que solía tener había desaparecido.

- ¿Qué quieres decir?

- Lo descubrirás sólo. – sentenció todavía con los ojos cerrados. - ¿Cuál es tu dulce favorito? – añadió luego abriendo los ojos, y reapareciendo su tono infantil.

Draco antes de que añadiese lo del postre favorito había querido decirle cuatro cosas bien dichas y había irradiado ira alrededor suyo, pero lo último lo descolocó, y se encontró de nuevo hablándole sin gritos ni su toque arrogante, seguía arrastrando las palabras, pero no tanto.

- El… chocolate.

Ella sonrió complacida como si le hubiese dado un maravilloso regalo de Navidad.

- ¡A mi me gusta la miel! – exclamó emocionada a su vez. - ¿Cuál es tu olor favorito?

- La menta. – respondió relajándose un poco.

- Oh, a mi me gustan muchos olores, y a veces voy cambiando… ¿te gusta estar sólo?

Luna sin querer había metido el dedo en la llaga, y la tranquilidad que antes había sentido frente al cuestionario de la pequeña rubia, se había disipado.

- No pienso contestar Lovegood – acordándose de que ella ya llevaba más de cinco minutos estando allí, prosiguió – además ya ha pasado el tiempo límite, vete.

Se lo dijo sin tacto con arrogancia, con enfado y totalmente ofuscado por sus sentimientos en el momento. Pero Luna había conseguido lo que quería, había descubierto otra cara del Slytherin, y sabía que esa era la real, la que intentaba esconder. Se levantó del suelo y sonriéndole en respuesta se fue brincando y cantando una extraña canción. Draco sólo entonces se percató de que no llevaba zapatos.


En la cocina de los Weasley olías de todo, desde sopa hasta pequeñas tartas de frambuesas rellenas de vainilla, Molly iba de un lado a otro echando especias, cortando verduras, removiendo la comida y de vez en cuando ayudándose con la magia. Pero no estaba sólo ella, las tres jóvenes habían venido para ayudar, y en una esquina también se encontraba Bill y Fleur pelando patatas, y al otro lado sentado en la mesa, estaba Charlie aliñando la ensalada mientras hacía juegos en el aire con el aceite y el vinagre.

- ¡Charlie deja de jugar! – lo regañó Molly.

- Está bien, está bien, pero que conste que este "juego" le dará una toque exquisito y delicioso a la ensalada, además de una fragancia sin igual.

- ¡Papanatas! – respondió divertida la madre de éste.

Mientras hablaban Malfoy había entrado medio adormilado, despertándose de pronto al ver la batalla que había en la cocina. Abrió los ojos de par en par e intentó pasar desapercibido mientras subía las escaleras; mal intento Malfoy, la Señora Weasley tiene ojos hasta en el cogote.

- Draco cariño ¿nos vienes a ayudar?

No lo dijo para torturarlo, para ellos era normal, pero para los Malfoy, aquello era lo más bajo que uno en su familia podía caer. Pelar patatas, pffff… Su error fue contestar como contestó.

- Eso es trabajo de sirvientes. – contestó con arrogancia.

Hermione se quedó helada, y la rabia empezó a recorrerla de pies a cabeza, si Molly no hacía algo estaba segura de que daría un ataque al puro estilo de Ron. Y el silencio sepulcral tan solo la incitó a explotar antes de tiempo.

- Malfoy ¿tenemos pintas de sirvientes?

- No lo sé, por lo menos actuáis como tales. – la miraba imperturbable, no podías leer en su cara nada, era como una estatua de marfil pálida.

- A ver si lo entiendes, te lo expliqué el primer día, y aún no lo comprendes… No… somos… ¡sirvientes!

Él en respuesta la miró igual de impávido que antes, estaba algo acostumbrado a la "defensa del débil" de Granger, algo patético según su opinión.

- No me importa si lo sois o no sangre sucia…

No pudo seguir, Ron se había abalanzado sobre él, empezando una batalla al estilo muggle, pegándose con los puños a la cara y otros sitios del cuerpo que se les ocurriera. Hermione pasó del enfado a la sorpresa por la situación, al ver el revuelo que causaron los dos chicos pensó en cómo pararlos, y lo único que se le ocurrió, - a causa de querer darse prisa - fue hacer magia.

- ¡Stupefy!* – vociferó la joven castaña hacia ambos chicos.

Propulsados por la magia de la chica, cada uno se chocó con la pared a su espalda quedándose inmóviles. Hermione por haber sentido varias emociones entremezcladas se había pasado con la energía canalizada en el hechizo, pero lo que la dejó helada y con los ojos salidos de sus órbitas, fue que… no tenía la varita en la mano.


Luna estaba en el tejado de la casa mirando las estrellas encima suyo con fascinación, le gustaba imaginarse dibujos juntando los puntos de los estrellas entre ellos. Movió el dedo de una estrella a otra cerrando un ojo para poder enfocar bien. Sonriendo divertida pensó en el día de hoy; al igual que el día de ayer, fue especial, ella consideraba que todos los días eran especiales, al fin y al cabo, no se repetían otra vez ¿no? Eran únicos, y a veces le daba pena la gente que se dejaba llevar por la vida sin detenerse a mirar las pequeñas cosas.

Realmente ella no era rara, era diferente, original, como cualquiera quiere ser, pero algunos o lo olvidan, o piensan que el esfuerzo no vale la pena, ella había nacido así y su familia había contribuido en que siguiese igual de soñadora y llena de imaginación. La diferencia entre ella y el resto de las personas es que veía el mundo de diferente manera, en toda su gama de colores y detalles, ella lo veía al completo, mientras que el resto veía la mitad, o sólo lo que quería ver.

Despreocupada, infantil, soñadora, era así como mucha gente pensaba sobre ella, aunque esa era la parte de la gente que pensaba más o menos en positivo sobre ella, el resto la consideraba loca.

Puede que su secreto fuese el no enfadarse por nada, ella reemplazaba la ira, la furia, el enfado en la comprensión, y algunas pocas veces en la tristeza. Esto último no era un gran avance, pero no hacía daño a nadie. Ella era bastante observadora aunque no lo pareciese, ya que su actitud daba la sensación contraria; pero gracias a eso, no la tomaban en serio y podía analizar, escuchar y entender mejor a las personas.

- Pobre Draco… - susurró.

Había pensado un poco en él mientras miraba la luna, ella creía sinceramente que él podía cambiar, pero no creía que tenía que ser ella la que la abriese los ojos. Sabía de las peleas que solían tener siempre Hermione y Draco, simplemente para molestarse, como dos niños pequeños queriendo el mismo juguete, queriendo tener la razón. A lo mejor ese dicho de "Los que se pelean se quieren" era aplicable en ese caso… el tiempo lo diría.

Un grito agudo proveniente de la casa, resonó por todo el campo, lo que le causó a la joven rubia perder el hilo de sus pensamientos. Se levantó con su tranquilidad conocida, y se despidió de la luna y las estrellas que la habían acompañado en su meditación, aquella noche sería especial, como muchas otras que la seguirían.


Nota de la Autora: Siento que el capítulo de hoy sea más corto, pero al final lo corté aquí, me quedaba mejor. Además esta semana estuve algo ocupada y no tuve tiempo de alargar el capítulo y darle más cepilladas. Por cierto, actualicé este capítulo de nuevo porque olvidé poner la nota explicando, qué son los "Heliopath" ¡lo siento!

Y otro pequeño aviso, ya le di los últimos toques al Fic (había unos errores garrafales) me refiero en cuanto a ordenar lo que quiero expresar en palabras, o repetir una misma palabra como "imperturbable" dos líneas después, casi me enfermo al ver eso... Me disculpo por los deslices que tuve (y que puedo seguir teniendo), cada vez que lo releo encuentro otro error.

*Heliopath = Espíritus del fuego; enormes y flameantes criaturas que galopan por la tierra y queman todo en su trayectoria. Luna cree que Cornelius Fudge tiene un ejército de Heliopaths bajo su mando.

*Stupefy = Es la versión original de "Desmaius", que al ser traducido del inglés al español cambió. Paraliza al oponente haciendo que éste caiga y se quede inmóvil.