4. Elfos, Libros y… ¿Malfoy?

No tenía palabras para salir de su asombro y su angustia, había hecho magia sin varita, no lo concebía de ninguna manera, tenía miedo, y lo tenía porque sabía que podría haber dañado gravemente a su amigo y a Malfoy, se sentía mal consigo misma, tenía ganas de llorar y gritar a partes iguales.

Se miró las manos horrorizada; no lo había pensado como algo bueno, ya que prácticamente esta hazaña desde hacía años era imposible, aparte de los elfos, ningún mago podía hacer hechizos sin varita, era el artefacto que canalizaba la magia desde hacía siglos, y ella se había saltado esta regla, desafiando leyes de tradición, mas se daba cuenta de que no era imposible, pero eso no le producía felicidad, por haberse dejado llevar por los sentimientos ahora tenía delante suyo a dos personas desmayadas con… ¡oh no! Tenían hasta heridas de sangre en la cabeza por el golpe…

En un último momento antes de perder la conciencia, gritó a todo pulmón expulsando todo el miedo que sentía y el estrés que se apoderaba de ella por momentos.


Luna estaba ya en el salón, y lo que encontró no le gustó del todo, pero tampoco parecía sorprendida. En el suelo delante de ella estaba Hermione desmayada, y a los lados de la sala dos chicos sangrando por distintos sitios, nada grave según veía la rubia, aunque habría que ocuparse de ellos.

Molly estaba dando órdenes por doquier mandando a los gemelos ayudarla a llevarlos hasta el sillón, y a su marido decirle que hay que ir a San Mungo inmediatamente, aunque según Arthur eso era innecesario, no era para tanto, aunque sí le preocupaba un poco Hermione, lo suyo iba a ser más mental, pero conociéndola lo asumiría rápido, a lo mejor no se repetiría.

- Molly, tranquilízate, ya verás que se pondrán todos bien – le explicaba Arthur – además, Hermione lo que tiene es la conmoción del suceso, ya sabes como es ella, en menos de un minuto ya está de pie buscando libros para explicar lo que pasó.

- ¡No Arthur! – exclamó ella a su vez – Esto es mucho más serio, y encima tenemos a nuestro hijo y a Draco con heridas…

- Bueno, Malfoy se lo buscó solo – esta vez fue Ginny la que habló – en primer lugar no tendría que haber insultado a Hermione, si no hubiese sido Ron con los golpes, habría sido otro, me da igual si hubiera sido verbalmente o a base de hechizos, el fallo aquí fue el método llevado, algo violento diría yo.

- Es cierto que Draco se pasó ¡pero eso ahora da igual! Tengo que enseñarle a tu hermano a mantener sus emociones controladas, en un futuro le traerá muchos disgustos.

- Depende… - dijo la pelirroja con un tono travieso. Estaba pensando en que podría ayudarle a la hora de confesarse.

- Déjate de tonterías y ayuda a Bill para que cure a Malfoy. – Mientras decía esto se dirigió hasta la cocina, y sacó de un armario una caja llena de vendas y otras pociones que podrían ayudar a la mejora de los dos jóvenes. – ¡Luna querida! ¿dónde estabas?

- Estaba dibujando con las estrellas… ¿viste el brillo que tienen hoy? –respondió ella con ilusión en sus grises ojos.

- ¿Las estrellas? ¡ah sí querida! Se ven genial por las noches en el cam… - La señora Weasley paró abruptamente de hablar para mirarla alarmada - ¡Por dios Luna! Me estoy entreteniendo en hablar contigo del tiempo nocturno ¡mientras tengo a dos heridos y a una desmayada!

- ¿Puedo ayudar en lo que haga falta? – preguntó con tono suave y amable.

- Claro que sí, me harías un gran favor. Mira a ver cómo está Hermione si no es mucha molestia.

Luna no dijo nada más y caminando lentamente se sentó de cuclillas al lado de la castaña, que estaba acostada en el sofá. La miró varios momentos intentando imaginarse qué fue lo que pasó mientras ella no estuvo, no le preguntó a Molly porque ya estaba suficientemente nerviosa y ocupada como para explicárselo. Tampoco es que necesitase saberlo.

La preocupó el hecho de notar que tenía el ceño fruncido aún estando inconsciente. Pero con una tranquilidad pasmosa, fue a por un paño y lo humedeció para luego doblarlo varias veces y depositarlo en la frente de Hermione. Notó que tenía algo de fiebre, y este sistema muggle de bajar la temperatura se lo había enseñado ella, al parecer en Japón se usaba mucho.

- Luna ¿qué haces?

Se volteó y se encontró con Bill, algo contrariado por la cara que tenía, ella sonrió al verlo tan confundido por lo que había hecho, que sinceramente ni ella sabía qué hacía exactamente, pero, la misma paciente le había dicho que ayudaba a curar este acto, y de eso hace tan solo unos días, no debía ser malo ¿no?

- Me lo enseñó Hermione – le explicó – Es un método muggle para bajar la fiebre, tiene un poco.

Él asintió y la siguió mirando un rato, estudiándola a base de su rostro y movimientos, hasta que se dio por vencido, nunca sabría de dónde sacaba toda esa calma la rubia, comparándola con las tres mujeres que más entraron en contacto con él, parecía una simple y bella estatua, su madre, su hermana y su propia prometida eran unos volcanes que daban miedo si estabas cerca. Eso sí, las amaba –cada una a su manera- con locura.

Molly se emocionó y se abalanzó sobre su hijo cuando él se levantó medio aturdido si saber todavía dónde estaba y qué había pasado.

- ¡Mamá estate quieta! – exclamó Ron - ¡No puedo respirar!

Molly hizo caso omiso a lo que su hijo dijo y lo siguió abrazando diciéndole lo preocupada que estaba. Aunque eso no duró mucho, luego pasó a los tonos de reproche.

- ¿¡Se puede saber qué estabas haciendo! ¡Draco ni siquiera se ha despertado!

- Pero mamá, esa fue Hermione, cuando intentó separarnos con un hechizo demasiado potente; esas heridas no se las hice yo. – explicó Ron medio asustado.

- Me da igual, os habríais matado, y para colmo no es alguien muy cercano a nosotros ¿qué le digo a Lucius? ¡nos manda un ejército como le hayamos hecho algo a su hijo! También tengo a Hermione medio desmayada sin haber despertado desde entonces.. – murmuró preocupada-.

- ¿Hermione?

- Sí, si, Hermione se desmayó a los pocos minutos después de separaros.

- ¿Por qué? – preguntó alarmado Ron-.

Molly lo miró un poco preocupada pero cambió rápidamente su cara, era la decisión de Hermione contar lo que quisiese, ella no diría nada hasta hablar con ella.

- ¿¡Por qué! – volvió a preguntar Ron más exaltado que antes.

- Ahora no Ron, hay que ayudarla, tiene fiebre. – la voz de su hermano Bill sonó cerca del joven preocupado que intentó correr para ver como estaba, pero sus heridas en la espalda se lo impidieron, al igual que su dolor de cabeza, cuando Hermione se lo proponía su magia era de lo más poderosa.

Al otro lado de la habitación Draco se estaba despertando poco a poco, pero sus heridas eran algo más graves, tenía sangre deslizándose por su cabeza que entintaba su cabello rubio claro a un rojo fuerte y oscuro.

El joven intentó enfocar la imagen que tenía delante con dificultad, pero lo único que veía era una mancha naranja con cierto moldeado de cuerpo debajo, "¿Por qué demonios toda la familia Weasley tiene el mismo color de pelo?" pensó irritado Draco. Después de unos minutos logró distinguir la figura de una mujer y el pelo largo suelto. Ginny.

- ¡Ah! ¡Mamá! ¡Malfoy se acaba de despertar! – gritó Ginny a pleno pulmón.

- ¡Por dios Ginny, no me asuste así! – Molly se llevó la mano al pecho y respiro hondamente para tranquilizar su corazón desbocado, para luego mirarla con una ceja alzada, y pensar que ella misma de joven era así ¡menudo calvario!

Malfoy tosió con fuerza cuando la señora Weasley le ayudó a incorporarse, lo peor fue ver salir sangre de su boca, ¿qué le había hecho la loca de Granger?

- Esta me la pagarás sangre sucia… - murmuró el rubio despectivamente.

- ¿Dijiste algo Malfoy? – Ginny le miraba algo extrañada, nunca había confiado en esa serpiente.

Él simplemente apartó la mirada y se interesó muchísimo en un cuadro que representaba la casa en la que se estaba hospedando hasta el momento. Y la pequeña pelirroja simplemente se levantó malhumorada con el pensamiento de no volverle a hablar hasta mañana, a lo mejor el consejo que le dio a Hermione no fue tan bueno… las serpientes no tienen corazón.

Al asegurarse de que la pelirroja se había ido, Draco miró la estancia para deducir más o menos qué es lo que había pasado. Pero lo único que le pareció ver, es un hospital, habían vendas en el suelo y algunas pociones esparcidas por varios sitios, además de notar que el pobretón estaba algo exaltado, quería levantarse pero la madre no le dejaba, gritaba algo sobre la rata de biblioteca ¿qué sería? Siguió la mirada del pelirrojo y se encontró con algo que pensó que jamás vería. Una Hermione dormida.

- ¿Qué le ha pasado a Granger? – antes de pensárselo ya había formulado la pregunta que le rondaba por la cabeza.

- ¿A Hermione? Pues que nada más separaros a vosotros, se desmayó. – explicó Bill – Y al parecer ahora también tiene fiebre.

Maldijo por la bajo por interesarse en la salud de una sangre sucia, y por dirigirle la palabra a uno de los pobretones, no se merecían nada más que su desprecio. Seguramente el golpe que se dio en la cabeza le debió de trastornar, porque por alguna razón, estaba algo preocupado del estado de la joven, y eso no era nada normal.

Luna había dejado que Molly se ocupase de Hermioen un rato mientras ella iba a ver cómo estaba Malfoy. Por fuera parecía que venía de la guerra, pero su cara tenía el ceño fruncido. Sonrió, era gracioso verle así.

- Hola Draco.

El aludido salió de su reflexión y se fijó en la persona que lo había llamado por su nombre ¿quién osaba? Como no, la lunática.

- ¿Te he dado permiso para llamarme por mi nombre? – respondió él a su vez. Todavía recordaba la conversación de la tarde, si de verdad se había golpeado la cabeza muy fuerte, es posible que contestase con amabilidad.

- ¿Estás bien? – Luna hizo caso omiso a su pregunta arisca.

- ¿Qué más te da lunática?

- Bueno, cualquiera que está herido necesita apoyo ¿no?

- No. – contestó cortante el rubio.

- Bien, si no necesitas apoyo ¿quieres saber qué le pasó a Hermione? – Luna no era tonta, sabía qué era lo que le rondaba por la cabeza a la serpiente, aunque no lo admitiese ni él mismo.

Él dudó, y eso le preocupó ¿por qué no contestó que no?

- Al parecer cuando os separó no llevaba la varita con ella, se la había dejado en la encimera de la cocina, y claramente se supone que los magos no podemos usar la magia sin la varita, aunque yo no pienso así… -Luna miró el techo con gesto de ensoñación, Draco dudaba de que de verdad estuviese hablando con él- y bueno, al conjurar un "Stupefy" sin varita…

- Se desmayó. – completó él a su vez. - ¿Se puede saber por qué ella de todas las personas se desmaya así?

Ella asintió complacida al ver que estaba hablando con ella sin estar a la defensiva.

Él a su vez se quedó pensativo, le parecía ilógico que se desmayase así como una de esas tantas chicas que se hacen las débiles, él lo único que podría sacar en bueno sobre ella es que tenía agallas y coraje, no se iba haciendo la princesa que necesita ser salvada como en una obra dramática. "Oh, oh, ya estoy pensando en positivo sobre ella ¿¡pero tan fuerte me he golpeado?". Al final, puede que el cerebro "tan" inteligente de ella no lo fuese, ya que ni siquiera podía concebir la idea de hacer magia sin varita, y es cierto que por lo menos en este siglo no se podía, y… espera ¡¿magia sin varita?

- ¡Lovegood! ¿dijiste magia sin varita? – estaba seguro de que el golpe de cabeza no era nada leve ¡pasó por alto ese detalle! Qué detalle ni qué detalle ¡el tema principal!

- Si ¿no entendiste? ¿me expliqué mal? – Luna lo miraba algo preocupada, pensó que lo había entendido, al menos cuando Ginny se lo dijo a ella no tuvo problemas en asimilarlo, a pesar de no ser común, tampoco lo consideraba algo como para preocuparse, sería mejor ¿no? Podría prescindir de la varita en momentos de urgencia.

- Espera, espera, tú me cuentas esto ¿y te quedas igual? –Draco la miraba sin comprender como se podía ser tan despistado, o tan estúpido como para no ver la gravedad de la situación, nadie, pero nadie, en años hacía magia sin su varita, era una manera tosca y primitiva de intentar darle forma a tu magia, y el problema es que no siempre era efectiva, por eso se buscó algo para poder moldearla.- ¡No es normal! Aunque espera, estoy hablando contigo, claro que tú no le ves nada raro ¡si hasta crees en bichos que vuelan sobre la cabeza!

- Se llaman torposoplos, y no los puedes ver a simple vista. –explicó Luna con paciencia- Tienes la cabeza llena de ellos ¿qué te preocupa…?

- Lunática, no tengo ganas de tus charlas, y ni creo en los torp, troplosopo o como se llamen, por culpa de una loca estoy con la cabeza vendada y la espalda ensangrentada, lo menos que quiero es hablar.

- Hermione no está loca, tan solo estaba preocupada por vosotros.- Refutó la joven rubia amablemente.

- Lovegood, No. Me. Interesa. ¿vale? – estaba perdiendo la paciencia, y encima no podía pensar con claridad, menos cuando hablaba con alguien salido de otro mundo.

Luna no añadió más, no quería forzar algo más de la cuenta, Draco todavía iba a necesitar mucho tiempo para acostumbrarse a ser él mismo, a no estar todo el rato a la defensiva, y aunque se mostraba fuerte y seguro de sí mismo, seguramente estaba asustado como un niño pequeño, el vivir con una familia totalmente opuesta a la suya no era algo fácil al principio.

Se levantó lentamente para dirigirse hacia Molly, la había llamado antes, quería subir a Hermione a su habitación, cenarían después de acomodar a los heridos.


Hermione se levantó a la mañana siguiente, pero no pudo hacer casi nada durante todo el día, intentó leer, pero su mente divagaba en lo ocurrido la otra noche, intentó comer, pero su apetito parecía haberse desvanecido, intentó hablar con normalidad con Ginny, no pudo, no tenía ganas de hablar. Le parecía estúpido que ella estuviese en este estado por algo así, vale que desde hace mucho no se conseguía lo que ella había hecho, vale que esto podría traerle muchos problemas, vale que la idea sigue sin entrarle en la cabeza, pero, pero… tiene que tener un lado positivo ¿no? Pero… no se lo encontraba, no todavía.

Por la tarde se fue a la habitación que compartía con Ginny y Luna para acostarse, no tenía sentido pasearse como un zombie por toda la casa, sería una perdida de tiempo y molestaba a la gente que estaba a su alrededor. No vio a Draco en todo el día cosa que le preocupó varias veces ¿estaría muy enfermo? No lo sabía, y tampoco quería preguntarlo, de todos modos, conociéndole era posible que simplemente estuviese enfadado.


Al tercer día después del accidente, Hermione dormía sin notar a una pelirroja correr de un lado a otro mientras Luna la miraba con los ojos como platos, siguiéndola con la cabeza de derecha a izquierda, y de izquierda a derecha.

- Bien, bien, vamos a ver… ¿sacar a Malfoy de la habitación?

- Sí, creo que lleva ya casi tres días encerrado, no me deja ni entrar para darle la comida –explicó Luna- la dejo en el suelo y él la coge sólo cuando está seguro de que me he ido, parece un duende.

Luna empezó a reírse suavemente antes su comentario del duende, Ginny simplemente la miró pensativa algo contrariada, seguía sin entender por qué la rubia quería ayudar al slytherin.

- Pero… ¡ah! – la pequeña Weasley gritó de repente abriendo muchos sus ojos.

Hermione ante el grito se movió en sueños, pero no despertó.

- ¿Qué pasa Ginny?

- ¡Nott!

- "¿Not?"* ¿qué quieres que no haga?

- ¡No burri! Me refiero a que Theodore Nott viene hoy – sus ojos brillaban mientras lo decía - ¿no te das cuenta? ¡él se ocupará de sacar a Malfoy!

La joven soñadora simplemente calló. No era de las personas que llevase una discusión hasta el infinito, además, posiblemente Ginny tuviese razón, Draco tendría más confianza con alguien de su propia casa, y ella había visto de vez en cuando a Theodore Nott, parecía una buena persona, podría hablar con el rubio de cosas de su interés y a lo mejor hacerlo cambiar de parecer en algunas cosas que su familia le había enseñado desde pequeño.

- Bien, teniendo esto resuelto, nos falta… Hermione. – la miró de lado, sin saber muy bien qué decir -.

- Ella sí que sale. – dijo Luna inocentemente.

- Ya sé que sale, pero tiene una cara que da pena, y con lo habladora que se pone cuando nos dice cosas sobre el colegio o las reglas y otras cosas que muchas veces ni nos interesan, verla tan callada y pensativa se me hace raro, no sonríe, por mucho que intente hacerla reír. – suspiró pesadamente intentando no parecer muy triste – No sé cómo ayudarla. Ojalá fuese la de siempre.

- Cuando los torposoplos se vayan verás que volverá a ser la misma.

- ¿Eh? Ah, claro Luna… - Ginny le dio palmaditas cariñosas en la cabeza ante la mención de criaturas raras e invisibles.

No volvieron a hablar del tema durante todo el día. Entre otras porque a veces hasta Ginny se cansaba un poco de la manera de ser de la rubia, la quería mucho como amiga, pero de vez en cuando la pillaba desprevenida, y sinceramente, no sabía ni que decir.

Ambas se cambiaron de pijama a ropa normal para salir a desayunar dejando a Hermione sola descansando, aunque ella en realidad estuviese haciendo cualquier cosa, menos descansando, su mente hasta en sueños le hacía pasar malos ratos, siempre soñaba con su magia salir incontrolable haciendo daño a sus seres queridos una y otra vez, y eso la cansaba tanto, que no quería ni salir de la cama cuando se despertaba.


Draco miraba el cielo sin moverse de una silla que había puesto justo delante de la ventana, le ayudaba a relajarse, y llevaba así desde el día del accidente, sus heridas estaban mucho mejor, casi ni existían ya, eso gracias a que la señora Weasley era más cabezota que una mula, por mucho que intentó no dejarla entrar ¡entraba a la fuerza! Con magia o sin ella.

El motivo de que no quisiese salir era simple, no quería ver a nadie, sobre todo a la causante de sus heridas, estaba harto de tener que soportar a los muggle, pero en general se refería sólo a ella. Lo sacaba de sus casillas ¿por qué no se estuvo quieta? Seguramente de haber sido así, ni él ni el troglodita de Weasley habrían salido tan mal parados, además, lo tenía todo en absoluto control hasta que se metió ella con sus hechizos emocionales del momento, y luego resultaba que era le mejor estudiante del año… aunque cierto mérito tenía que hiciese magia sin varita, nadie sabía hoy en dí…. ¿¡qué porras le pasaba! ¿ahora le reconocía méritos a la rata de biblioteca? Tenía un serio problema. Tanto Weasley le estaba influenciando. Sacudió la cabeza varias veces intentando sacarse esos pensamientos de la cabeza. Lo bueno es que hoy venía Theo, podría pasar más tiempo con él, discutir con alguien, la verdad es que se aburría mucho en esa casa y con esa compañía, por eso había decidido que se encerraría hasta que viniese Nott, sería mejor.

Oyó un suave tintineo de cristales detrás de su puerta alertándolo momentáneamente, hasta percatarse de que seguramente era la bandeja de comida que se la dejaba Luna, Ginny vino una vez y no volvió a hacerlo, lo cierto es que le dio dolores de cabeza, ya que estuvo media hora regañándolo porque estaba encerrado en su habitación y que Granger no tenía nada que ver… bla, bla, bla, cuentos de la pelirroja, a veces daba miedo lo mucho que la madre y la hija se parecían.

- Draco. – llamó suavemente Luna.

Él por su parte ni se molestó en contestar, ¿para qué? Tenía la puerta cerrada por lo que no podría entrar. Luna no volvió a decir nada, pero él sabía que seguía allí, un tenue olor de manzanas se percibía en el aire, y sabía que en cuanto se fuese, aquel aroma también lo haría.

- Draco… sé que no quieres abrirme, llevas tres días sin querer hacerlo, pero ¿podrías escucharme un momento? – Luna sabía que a la fuerza la escucharía, pero quería antes cerciorarse de que lo haría poniendo un poco de atención.

Malfoy estaba mirando un pájaro volar en círculos mientras intentaba llamar la atención de otro pájaro, seguramente sería época de apareamiento para esas aves pensó sin mucho interés, pero lo que le molestaba era no poder quedarse callado mientras supiese que la lunática estaba delante de su habitación.

- ¿Qué quieres Lovegood? – respondió finalmente el rubio.

- Si quieres quitarte las preocupaciones de tu cabeza, mira el cielo por las noches y junta las estrellas en bonitas formas. – al acabar lo que quería decir, Luna se alejó del lugar trotando y silbando una simple canción.

Si Draco estaba antes aburrido ahora ya no lo estaba, lo que no se esperaba es que el aburrimiento se lo quitase la chica de los pendientes de nabo ¿Qué fue eso que le acababa de decir? ¿Nosequé de las estrellas en la noche? Aturdido se levantó de la silla y fue a abrir la puerta de la habitación. Claramente ella no estaba, en su lugar se encontró con la bandeja de comida que siempre le daban a esa hora, y un pequeño jarrón con unas flores silvestres adornándolo. Otra cosa que tenía como costumbre Lovegood ponerle al lado de su comida, era un chocolate, solía ser de menta, lo que no entendía era cómo había adivinado que ese era su dulce favorito.


Hermione había decidido que le daría una buena bienvenida a Nott, estar en la cama como si estuviese enferma no era su estilo ¡no señor! Ya estaba bien de hacerse la víctima, por mucho que la tuviese todavía preocupada el asunto.

Se levantó de un saltó de la cama con la idea de ducharse, vestirse y leer un libro hasta que llegase Theodore Nott, estaba segura de que con la llegada del joven chico sus preocupaciones pasarían a un segundo plano, se distraería.

No llevaba ni cinco minutos con esa idea cuando entró Luna encontrándose con una semidesnuda Hermione.

- ¡Oh! Lo siento Hermione, no me di cuenta. – Se disculpó Luna.

La joven castaña no le importaba que no hubiese llamado a la puerta, la verdad es que desde que se había metido en la cama ni creía que sintiesen la necesidad de tocar la puerta sus compañeras ¿y para qué? ¿no eran amigas?

- No importa Luna ¡iba a ducharme! – exclamó con alegría ella.

La rubia sonrió y se sorprendió al verla tan alegre y diferente que ayer, aunque tendría que darle la razón a Ginny la próxima vez que hablaba con ella, estaba mucho mejor cuando sonreía.

- ¿Qué has visto Hermione? ¿Un nuevo libro de la Historia de Hogwarts? – preguntó sonriendo Luna.

- Nop, simplemente hoy soy feliz, lo que me recuerda ¿qué hora es? Tengo que tener tiempo de prepararme, espero que no sea muy tarde…

- Son las tres de la tarde. – respondió con calma su amiga.

- ¡Menos mal! Creía que ya eran las cinco o las seis, me da tiempo de sobra si son sólo las tres. – comentaba ella mientras rebuscaba en su maleta la ropa que necesitaba para cambiarse.

- ¿Necesitas que te ayude con algo?

- No, estoy bien, no encontraba una goma para agarrar el pelo, pero ya la encontré, con tanto dramatismo estos últimos días he perdido todos los coleteros que tenía, los tenía en una caja pero se cayeron detrás de la cama… ¿los has visto?

Luna simplemente señaló una pequeña rama que estaba colgada del techo, y que seguramente hace tiempo fue un atrapa sueños, ahora estaba algo deteriorado, pero muy adornado con distintos tonos marrones, decorando la rama estaban todas las gomas que Hermione creía perdidas.

- ¡Hala! ¡qué bonito! – exclamó ella - ¿lo pusiste tú así? Debo decir que es muy práctico.

La joven chica estaba tan determinada a dejar de estar deprimida que ahora ya ni parecía ella misma ¿desde cuando era tan entusiasta con las ideas locas de decoración que tenía Luna? Pero seguía pensando que era práctico. Nada más recoger las gomas de la ramita y ponerlas en su caja entró en el baño del pasillo sin dejar que la rubia dijese nada más. Lo cierto es que tampoco quería decir algo, ver a Hermione tan entusiasta y tan diferente hasta para lo que era normal en ella, era algo que no se veía todos los días, no tenía porque decir nada.

Ginny cuando se encontró a su amiga tan alegre y diferente a como estaba ayer se quedó con los ojos redondos como platos mirándola de hito en hito. Estaba segura de que cuando salió de la habitación la había dejado dormida y con el ceño fruncido por alguna pesadilla. Ahora parecía la alegría en persona.

- ¿Y tú qué comiste anoche? – preguntó divertida la pelirroja.

La castaña no le contestó, simplemente se disculpó por cualquier inconveniente que hubiese supuesto en esos tres días y dijo que ayudaría a hacer la cena y preparar la cama donde Theo dormiría. Molly estaba que bailaba de lo contenta que estaba por Hermione, para ella todos los amigos o hasta Malfoy eran como sus hijos y verlos tristes era un motivo de desdicha también para ella.

- ¡Querida! ¿quieres comer algo? Como te vi dormida supuse que no querrías comer, y te dejé en paz, pero ¿y ahora? ¿quieres algo? – Molly como siempre se preocupaba de la alimentación y el cuidado como una verdadera madre que era, aunque a veces como decía Ginny, se pasase tres pueblos.

- La verdad es que algo ligero no me vendría mal…

No había comido mucho esos días y ahora que había dejado de sentirse triste y deprimida con el asunto de la magia quería comer bien.

- ¡Perfecto! Te haré una ensalada con mucho tomate, con el calor que hace hoy no creo que te apetezca una sopa ¿verdad?

- ¡Mamá! ¡sopa! Por dios ¿quién se tragaría semejante caldo en estas fechas? – exclamó la pequeña Weasley.

- Anda Ginny, que estaba bromeando, déjate de ironizarme y tráeme un par de tomates del jardín.

Mientras madre e hija discutían sobre cuántos tomates exactamente tenía que traer, la joven Granger se sentó en una silla de la mesa y cogió el "Daily Prophet" para ver qué había ocurrido últimamente. Desde que el Ministerio había aceptado el hecho de que Voldemort había vuelto sólo problemas aparecían, porque a pesar de todo, seguían intentando esconder los pequeños ataques que efectuaban los mortífagos, y muchas veces se enteraban de los detalles gracias a Tonks o al señor Weasley, ambos trabajaban en el ministerio y sabían más de lo que contaba el periódico mágico.

Unas pequeñas noticias llamaron su atención, hablaban sobre varios ataques muggle en el cual nombraban a los licántropos como principales sospechosos, pero Hermione supo leer entre líneas y sabía que podía ser todo menos eso, seguramente se trataría de otro ataque que solían hacer los mortífagos contra los muggle y, espera… acababa de ver que esa mañana se había encontrado el cadáver de una maga, pero, era como ella, una hija de muggles. El estómago se le revolvió al leer la noticia y decidió que leería después de comer.

- Molly ¿sabes algo acerca de los mortífagos? – preguntó la castaña – tal como pensé no comentan nada en el Profeta.

- Ya sabes que al ministerio no le gusta decir nada sobre ello y lo esconde siempre como pueda, pero Arthur me ha contado algo ayer, al parecer están haciendo pequeños ataques en varios puntos de Inglaterra, incluso en algunos lugares de Francia, el norte por supuesto, pero de momento no han hecho algo más visible, van de forma anónima y matan muggles o magos con padres muggle, es un horror… - comentó mientras suspiraba y cortaba un pepino – han intentado atraparlos, pero cada vez atacan en otro sitio, y no podemos poner aurores en cada casa, lo peor es que el ministerio se niega a ayudar, intenta evitar lo inevitable, es un avance que hayan creído en el regreso de "Quién tú sabes", pero no van a dejar que el mundo sepa del peligro que corremos cada día que pasa.

- Supongo que si nosotros no hacemos algo la situación seguirá igual, o será peor.

- ¡Vosotros! Ni bromees con eso, ya sé que vais de aventura en aventura, pero muchas han sido muy temerarias para vuestra edad, y ya está bien, de esto tienen que ocuparse los adultos, vosotros sois niños no guerreros.

- Pero Molly, si ellos no hacen nada ¿qué tenemos que hacer? ¿quedarnos de brazos cruzados? ¿es eso lo que propones? – preguntó exasperada Hermione.

- No, simplemente quiero que dejéis de llevar una carga que no es vuestra, sois niños, estudiáis, jugáis, habláis, dormís, amáis, lloráis, todo, menos luchar en una guerra que no es vuestra.

- ¡Pero es nuestra! ¿acaso no somos magos? ¿acaso no vivimos por las reglas y leyes mágicas? Yo quiero luchar por mis seres queridos, no quiero despertarme un día y ver que estoy sola, porque no luché por aquellos que quiero y por lo que deseo en mi futuro. Quiero ser feliz sin tener que temer que cada vez venga alguien y me arrebate esa felicidad.

La señora Weasley se quedó callada pensando en lo que decía, claro que tenía razón, pero estaba asustada por todos, porque sabía que en algún momento él atacaría, y seguramente su familia sería de las primeras en llevarle la contraria, en luchar, al fin y al cabo eran Weasleys ¿no? Pero quería que los que eran jóvenes disfrutasen de sus vidas como tales, no tomar responsabilidades como los adultos.

- Sé que tienes razón y que lo que dices es lógico Hermione, pero intenta entender a tus padres, a los padres de todos esos niños que asisten a Hogwarts, temen por vosotros, y yo temo aún más, por Harry, por Ron, por ti y todos los demás.

Ella a su vez se levantó y le dio un abrazo cariñoso por la espalda, ella la entendía, claro que lo hacía, sus padres a pesar de ser muggles también se enteraban de lo que pasaba en el mundo mágico y sabían que ahora ellos estaban por entrar en una guerra, no quisieron dejarla partir a Hogwarts para el sexto año, pero ella no se dejó, quería aprender, y sobre todo quería proteger lo que amaba.

Comió tranquilamente la ensalada que la señora Wealsey le había preparado y luego subió a coger un libro, leería un rato al lado del bosque grande que tenían como vecino y ya después vería si se iba a hablar con Ginny y Luna, la verdad es que ganas sí que tenía, después de estar unos días en cama y sin hablar las ganas de hablar habían explotado dentro de ella justamente desde que había tomado la decisión de dejar de martirizarse como un alma en pena, cosa que consideraba algo bueno, el haber salido de la cama claro está.


Draco había salido de su habitación por la ventana montado en su escoba, quería escaparse un rato antes de que viniese Theodore, pero sin ser visto, de haber pasado por delante de toda esa familia ¡no habría salido de la casa en siglos!

Al bajar y estar seguro de no encontrarse con nadie en el jardín, dejó la escoba medio escondida entre unos arbustos y se fue caminando por un pequeño sendero que había descubierto el día en el que habló con Lovegood.

El aire soplaba suavemente y el sol empezaba a esconderse entre los valles verdes que rodeaban la casa, el ambiente era muy relajante, y Draco por unos segundos pudo olvidarse de aguantar las apariencias, como la otra vez, pero, por alguna maldita razón, la suerte no le sonreía.

- ¿Malfoy?¿qué haces?

Era ella. Tenía que ser justamente ella. Granger.

- ¿Qué pasa sabelotodo? ¿nunca has visto a alguien caminando? - contestó él mordazmente.

- No Malfoy, resulta que nací ayer. – ironizó ella a su vez, pero lo hizo sonriendo y eso descolocó al rubio ¿no había dicho ayer la-que-se-cree-su-madre (nuevo sobrenombre que le había puesto él a la señora Weasley) que estaba deprimida y en cama? ¿esto es lo que ella considera triste?

La miró de pies a cabeza con un nuevo brillo en sus ojos, podía resultar divertido molestar a la rata de biblioteca un rato.

- Granger ¿qué lees? ¿"El Final de los Libros y el Aprendizaje"?

Ella ni le escuchó en un principio, pero luego le respondió con calma.

- Sé que te ha venido la "estupenda" idea de encontrar el final de tu aburrimiento conmigo, pero ahora estoy ocupada leyendo, en otro momento a lo mejor te haría caso.

A Draco eso le sentó como una patada a su orgullo, pero no se dejó, quería jugar un rato más, había algo de las discusiones con ella que lo incitaba a querer seguir, como la caza de un ratón, endiabladamente difícil, pero muy divertido al atraparlo.

- Yo no tomo órdenes de nadie Granger, y tú lo sabes mejor que nadie, no te canses, si no quiero moverme no lo haré. – y para hacer claras sus intenciones se sentó en la hierba con determinación.

- ¡Por dios Malfoy! ¡crece! – exclamó ella divertida - ¿tan aburrido estás? No conocía tu faceta de niño pequeño tonto.

- No consigues nada alimentando mi ego comelibros.

Ella simplemente puso los ojos en blanco y cerró el libro con lentitud, iba a responder al desafío impronunciado por Malfoy, si quería jugar lo harían. Aunque ella sabía dentro suyo que de haber querido no le respondía, pero estaba desesperada por hablar, por compartir sus conocimientos, ideas y otros temas con alguien, y el primero que había aparecido por allí, había sido justamente él.

- Bien, quédate aquí. – le dijo con tranquilidad - Y dime ¿cómo piensas molestarme?

El rubio le sonrió de lado. No soportaba a Granger, pero las discusiones que tenían eran de lo más… excitantes.

- Fácil. ¿Cómo te va la campaña de tus elfos libres? ¿sigues con esa ridícula idea de liberarlos de su supuesta esclavitud?

- No pretendo que lo entiendas Malfoy, si además tú tienes muchos elfos a tu disposición, pero son criaturas, y merecen unos derechos, deberían dejarlos elegir sus trabajos, intereses y pagarlos. – ella a pesar de haber estado molesta con él hace unos segundo por haberle preguntado justamente eso, se había sentido mejor unos momentos después, al menos alguien la escucharía. – Y otra cosa es la manera en que se les trata, sin ningún respeto, no son animales, y ni siquiera los animales merecerían tal trato, y la ropa, unos harapos sucios que no los cambian nunca…

- Granger, sin pasarnos. No quiero pasarme la tarde entera escuchando tus discursos para la "pro-libertad" de cualquier animal que se te pasee por delante. – comentó con cansancio. – Además, no todos mis elfos andan vestidos en harapos, mi madre no los soporta vestidos así, a mi no me importa, aunque debo decir que le quita clase a nuestra casa.

- Estoy de acuerdo con tu madre en lo de la ropa – y antes de que la interrumpiese Draco ella se le adelantó con el dedo índice en alto delante suyo - ¡pero! eso de vestirlos por la imagen social no es mi idea de "libertad".

- Ya lo sé. Tu idea es que se vistan con ropa limpia, que se les pague, que tengan casa, que se les trate como a los humanos, que hagan magia para su propio beneficio, que tengan hobbies, que asistan a Hogwarts y jueguen al Quidditch… - Draco iba contando las cosas que decía con fingido desinterés - ¿qué será lo siguiente? ¿ministro?

- Malfoy, no te pases, todo eso te lo estás inventando, voy a empezar poco a poco, y que sepas que estoy consiguiendo resultados.

- ¿A si? ¿dónde dices que están esos resultados? No he oído de elfos libres y felices, créeme Granger, a los elfos les gusta trabajar para un amo y no ser pagados por ello.

Mientras decía eso se recostó en un árbol poniendo las manos detrás del cuello, iba a relajarse mientras hablase con ella, además, verla exaltada por sus constantes comentarios en contra de su plan lo divertía.

- ¡No es cierto que les gusta! ¿acaso a ti te gustaría?

- ¿Tengo pinta de ser un elfo? – contestó sin darle mucha importancia.

- Un poco alrededor de las orejas… - ante lo mencionado, el rubio abrió los ojos como platos desde su posición antes "relajada". - ¡pero eso no tiene que ver!

- ¿Cómo es eso de las orejas sabelotodo? – le preguntó visiblemente enojado.

- Malfoy, sabes que es una broma, y no es ese el punto.

- Déjalo, esta discusión no llega a ninguna parte.

- Fuiste tú el que decidió molestarme ¡atente a las consecuencias! – exclamó con el ceño fruncido.

Él no dijo nada, se quedó respirando acompasadamente con los ojos cerrados sin hacerle ni caso a la castaña nerviosa que tenía a unos pasos, la dejaría desesperarse un rato y luego si tenía ganas volvería ha hablar con ella.

Hermione a su vez abrió de nuevo el libro que estaba leyendo e intentó proseguir su lectura, pero fue en vano, no conseguía concentrarse, todo el rato estaba mirando de reojo al estúpido de Malfoy. Recordaba cuando Ginny le comentó que de no ser tan capullo, se habría pensado el "atraparlo" en sus redes, a lo que ella se quedó escandalizada, la pelirroja a veces le resultaba demasiado traviesa y habladora. Pero ahora lo malo es que le concedía un voto a favor en el asunto. El muy capullo era tremendamente sexy. Sobretodo en esa posición y con los ojos cerrados, parecía un ángel caído del cielo.

Cerró el libro por segunda vez y se disponía a levantarse cuando Malfoy volvió a hablar.

- ¿Qué tiene de interesante leer tantos libros Granger?

Ella dejó el libro a un lado y pensó en su respuesta varias veces antes de formularla en voz alta.

- Supongo que desde pequeña me gustaba, y me gusta aprender cosas nuevas y diferentes, también en la realidad, pero el mundo de los libros es igual de extenso o más, y para mi cada libro es un descubrimiento, algo excitante y nuevo, no me canso nunca de leer y aprender. – se ruborizó al haber sido tan honesta con él, pero no sintió la necesidad de mentirle cuando notó el tono tranquilo y pausado que Malfoy había usado al preguntarle eso.

- Toda una comelibros. – comentó con sarcasmo.

Ante el simple comentario por parte del rubio ella se rió olvidando con quién estaba hablando, y esa risa despertó la curiosidad en el slytherin. Ella se había dado cuenta, que de querer y tener la resolución de hacerlo, podía llevar una conversación civilizada con él, hasta cierto punto claro está, pero no podía pedir más por el momento, cinco años de insultos y torturas diarias en el colegio no se olvidan de un día para otro, y las viejas costumbres menos, pero quería darle la oportunidad a que de su relación agresiva y arisca naciese una cordial amistad entre ellos, no tan estrecha como la que tenía con Harry y Ron, pero algo, por mínimo que sea. ¡Oye! Que estamos hablando de Malfoy ¿no? Es difícil con ellos.


Nota de la Autora: ¡Siento mucho haber tardado tanto en colgar otro capítulo! Quiero además avisar de que no escribiré en una temporada (y esto que es mi primer fic y el cuarto capítulo…) pero mi problema fue que me decidí en escribir en una época que para mi personalmente no es muy fácil, estoy muy ocupada, sobre todo ahora estos dos o tres meses, y por eso quiero avisar de que tardaré en colgar e ir avanzando mi fic.

Mis más sinceras disculpas por la tardanza.

*Not = Del inglés , "Do not": no hacer (algo). A pesar de estar escrito en español he conservado la idea de que hablan inglés en ciertos puntos, espero que no sea demasiado lioso.