° Wings °
Capitulo II: Vacio

—Nunca, ricachón —escupí las palabras con furia, notando como en sus labios se formo una media sonrisa. Sabía perfectamente el efecto que causaba en mí al retarme.

—Entonces, te espero para hacerte comer polvo —Se alejó muy lentamente, saliendo de los vestidores con esa expresión de ser el amo del mundo que siempre lo acompañaba.

Esa que a mí me encantaba borrar de su cara.

Responder sus retos era parte de mi naturaleza, podía sentir la sangre arder en las venas, y no precisamente de ira.

Con rapidez terminé de cambiar el uniforme, cuidando que nadie viera. Lo que menos quería era personas preguntándome sobre las marcas en la piel que, a pesar de estar seguro que estaban allí, no me había molestado en mirar.

¿Para qué? Después de todo, con el tiempo había aprendido que sanarían sin necesidad de mucho cuidado.

Al entrar en la cancha, me encontré con que el profesor estaba formando parejas.

—Oh, no —Casi lloré. Estaba a punto de desgraciarle la nota de la materia a alguien, gracias a la increíble falta de juicio que tuve al asistir a esa clase.

—Bien, Wheeler, si nos hace el honor de unírsenos estaría muy agradecido —El sarcasmo en su voz no paso desapercibido para ninguno de los presentes, ya que se escuchaban unas nada disimuladas risas—. Haremos carreras a tres piernas.

Nada mas pronunciar el ejercicio de hoy, sentí que era una clara sentencia de muerte.

¡¿Por qué a mí?

—¿Cuál será la ruta? ¿Y quién será mi pareja? —La voz de Kaiba resonó en el patio. No podía negar que su presencia era intimidante, pero este educador en particular no parecía verse afectado por ello.

—¡Oh! —exclamó el profesor repentinamente, con una extraña sonrisa en su rostro— Kaiba, Wheeler, no creerán que no recibí el memo de parte dirección respecto a su situación, ¿no? —Parecía burlarse de nosotros, y no dudaba que así fuera.

Mis ojos se cruzaron por unas milésimas de segundos con los azules que se encontraban analizándome de una manera nada sana, quizás fulminante debo decir, no entendí su expresión más dura de lo normal.

Pero entonces recordé…

"—Bien, estoy cansada de esta situación. Simplemente encuentro insólito que se traten como perros y gatos cada vez que se ven, incluso sin siquiera dirigirse la palabra. Parecen tener la necesidad de molerse a golpes mutuamente —La voz de la directora, ya bastante familiar puesto que no era la primera y, probablemente tampoco la última vez que la escucharía en ese enojado tono, soltaba un sermón sobre la conducta —supuestamente reprochable— entre Kaiba y yo.

Fue un accidente —Traté de decir, pero la furiosa mirada de la impecable mujer me dejo helado. Ella podía echar por la borda todo el trabajo que había puesto en entrar a ese instituto. Un escalofrío junto a un desagradable sudor me atravesó espalda al pensar en ello.

A veces pienso que lo más correcto sería expulsarlo, Wheeler —Sus palabras me dejaron sin aliento. La conocida sensación de miedo me recorrió todo cuerpo, por un segundo temblé de pies a cabeza pensando en el futuro de Keith si yo ni siquiera terminaba la secundaria.

Yo... hare lo que sea, por favor no me expulse —pedí de todo corazón. Era verdad, estaba dispuesto a hacer hasta lo imposible para terminar de graduarme.

¿La expulsión sería solo para Wheeler? —La fría voz del CEO se escuchó por primera vez en aquella oficina. Y solo sirvió para aterrorizarme aun más.

¿Acaso no tenía ni un poco de corazón para ayudarme, siempre y cuando él saliera victorioso?

Así es, Kaiba —respondió la directora, analizando nuestras reacciones.

Claro —pensé casi de manera dolorosa—, no iba a expulsar de este Instituto a la persona más rica de todo Japón.

Me parece que esa sanción no es muy equitativa —El alivio al escuchar esas palabras fue casi inmediato, sentí como si flotara. ¿Acaso me estaba defendiendo?

La directora pareció sorprendida por la respuesta, pero no tardo en mostrar una sonrisa que no logre comprender. ¿Que era tan gracioso? Porque yo estaba seguro que era más probable que me desmayara, a que me echara a reír.

Entonces, les propongo algo —La sonrisa se ensancho aun más. Miré a Kaiba comprobando que a pesar de la situación, él también estaba extrañado con la reacción—. Lo que yo quiero no es perjudicarlos, que según puedo ver es lo que usted supone, joven Kaiba.

¿Entonces? —preguntó aparentemente inquieto, casi admitiendo el comentario de la sonriente castaña—¿Que propone? Porque si es meternos en el aula de castigo más horas, dudo mucho que funcione —Una sonrisa de medio lado se asomó en su rostro, lo cual no hizo más que sorprenderme.

De repente, sentí que estaba en una dimensión paralela, donde todo el mundo era capaz de estar tranquilo en situaciones tensas, y felices cuando yo me sentía desvanecer.

Wheeler —me sobresalté un poco al escucharla llamarme—, tus notas no son malas, pero debes tratar de aumentarlas —asentí—. Por lo otro, lo que quiero es que mis alumnos puedan llevar la vida en paz, y en vista de que todo lo hecho antes parece ser ineficaz, de ahora en adelante deberán cooperar si quieren graduarse —ambos la miramos extrañados, esperando una explicación—. Lo que quiero decir, es que justo ahora redactare un memo a todos sus profesores, indicándoles que cualquier actividad que se realice en clases, donde se requiera la colaboración entre alumnos, ustedes estarán juntos —Aguardó, sondeando nuestras expresiones, pero ninguno atinaba a decir nada—. Esto significa, que si quieren mantener sus notas altas, entonces deberán interactuar y colaborar el uno con el otro —sonrió ampliamente.

De acuerdo —aceptó Kaiba tan fácilmente que me pareció mentira. ¿No se sentía incomodo al tener que depender de mí en cuanto a sus calificaciones?

Justo en ese momento me di cuenta de que me estaba menospreciando a mí mismo.

Idiota —reproché mentalmente para finalmente aceptar la propuesta, que parecía ser lo que salvaría la precaria estadía que aun poseía en el instituto, para luego salir de la amplia oficina totalmente confundido por lo que había sucedido. Detrás salió Kaiba y, sin dedicarnos ni una mirada, nos dirigimos al aula de clases en total silencio."

—Si ya saben a qué me refiero, tomen las sogas y unan sus pies, estoy ansioso por comenzar nuestra práctica de hoy.

La clase en si parecía eufórica al respecto, lo más probable era que se les hiciera divertida la situación. Al ver a Kaiba tomar una de las pequeñas cuerdas y caminar en mi dirección, sentí morir.

No solo iba a dañar la nota de un alumno, Estaba a punto de perjudicar nada más y nada menos que las perfectas calificaciones del megalómano más grande del universo.

—¿Prefieres dejar libre el izquierdo o el derecho? —preguntó mientras se sentaba en una banca e indicaba que me sentara junto a él.

—El derecho —respondí, ofreciéndole el pie izquierdo para que uniera nuestros tobillos. Sin decir nada, comenzó a atarlos, provocando que una extraña sensación de hormigueo se instalara en mi cuerpo.

Nunca había negado que las peleas con Kaiba estaban motivadas por algo mucho más allá del odio o la simple enemistad. Siempre supe que muy dentro existía otro sentimiento predominante al respecto y, a decir verdad, no me costó mucho descubrir que era.

—"Atracción" —Citó mi corrompida mente.

No era como si estuviera enamorado de él, no. Era simple y llana atracción. Como las abejas a la miel, quizás. Algo que sabía estaba allí, que lo sentía, pero que sin embargo no lograba explicar.

Debía admitir que su físico podría tener gran papel en eso y su actitud llevándome la contraria —haciéndome debatirle— eran unos de los grandes placeres en la vida que era incapaz de negarme a mí mismo.

—Listo —exclamó trayéndome de vuelta a la realidad—. Vamos al punto de partida —dijo poniéndose en pie.

Me sentía raro y fuera de lugar en esta situación. Kaiba colaborando conmigo de manera casi natural, todo el mundo pasando de ello como si fuera algo que se veía todos los días, y el profesor con la misma sonrisa que le vi a la directora, totalmente incomprensible a mis sentidos.

Lo mejor era no darme mala vida por eso, tenía cosas más importantes por las cuales preocuparme.

Al levantarme y estar tan ensimismado, casi me voy de boca contra el piso al olvidar que ahora el pie estaba atado al de otra persona, pero la fuerte mano de Kaiba sosteniéndome por el brazo, y dándome el equilibrio que me faltaba, lo impidió.

—Gracias —respondí sin saber si era prudente o no reconocerle, no quería detonar en una batalla sin sentido.

—No hemos comenzado y ya te caes, no tengo mucha fe en que ganemos—apuntó para sí mismo, haciéndome sentir enfadado por unos segundos.

Pero mi enojo desapareció al darme cuenta, muy a mi pesar, que él tenía toda la razón.

—Lo siento —Las palabras de disculpa salieron casi de forma automática, totalmente impulsiva. Me sentía miserable por meterlo en una situación tan problemática como esta. Era cierto que me salvo al colaborar, pero si eso significaba que él se hundiría conmigo, entonces quizás no estaba tan de acuerdo con su favor.

—Vaya, el perro disculpándose, eso sí que no me lo esperaba.

—Cállate —me quejé.

—Eso sí es más propio de ti, perro —Me pareció ver una fugaz sonrisa, pero lo ignore. Simplemente nos pusimos de acuerdo para caminar sin caer hasta la línea de partida, donde el profesor explicaba los aspectos de la carrera.

—Bien, ya que están todos listos daré inicio a la explicación —Miró fijamente al grupo asegurándose de que no faltara nadie—. La carrera comienza justo donde están parados. En vista de que la cancha esta en reparación y el gimnasio ocupado, esta vez se hará fuera del instituto —explicaba ante la sorpresa de todos, y excitación de algunos—. Deben seguir la ruta trazada por estas banderas azules —Nos mostró una en su mano—. Están ubicadas en cada esquina donde deban cruzar, siempre y cuando las sigan correctamente, llegaran de vuelta a la meta.

—¿Entonces iremos todos por el mismo sendero? —preguntó un tanto confundido Tristán, lo cual me hizo gracia.

—No, hay cuatro rutas diferentes, todas traen de vuelta aquí, pero lo hace más emocionante, ¿no creen? —Su expresión era un mal presagio para todos. Cuando decía "emocionante" no era más que sufrimiento y agotamiento para nosotros—. Sus calificaciones serán en base al número de llegada a la meta para los primeros diez, y al rendimiento y esfuerzo para el resto.

Todos parecían evaluar el significado de eso. Al final llegué a la conclusión de que no importaba qué, mi nota no sería la mayor y, como consecuencia, tampoco la de Kaiba.

—Si no tienen nada que preguntar, entonces a sus lugares.

Entre risas y una que otra caída, las parejas se fueron posicionando para partir, incluidos mi disparejo compañero y yo. Al estar listos, guardamos silencio, esperando escuchar el silbato del profesor indicándonos salir.

Justo cuando tomé un respiro profundo, sentí un fuerte dolor en el pecho, recordándome que estaba herido y, al mismo tiempo, que debía dar lo mejor de mí. No terminé de analizar la situación cuando un agudo pitido me trajo a tierra reaccionando de forma involuntaria, moviendo los pies para comenzar a correr.

Y como si fuera lo que estaba destinado a pasar, se escucho el golpe de varias personas estampándose contra el suelo, incluido yo. El impacto no hizo más que agudizar el dolor que ya de por si sentía, dejándome sin aliento por unos segundos.

—No me estas escuchando, perro —La voz de Kaiba sonaba enojada, no me di cuenta de en qué momento había comenzado a hablarme—. Levántate —indicó mientras me tomaba del brazo con fuerza y prácticamente me alzaba solo, porque mi cuerpo parecía aun recio a obedecerme.

—¿Qué me decías? —pregunté tratando de evitar algún comentario sobre el maltrecho estado en que me encontraba, no quería saber si se había dado cuenta o no del mismo.

—Que vayamos a ritmo de trote —explicó con fastidio—¡Ya! —soltó sin darme tiempo a replica y, esta vez sin pensarlo mucho, obedecí.

Comenzamos un poco lento, pero al menos habíamos logrado avanzar una cuadra entera sin caernos. Me di cuenta de que mi compañero era quien llevaba el ritmo, internamente se lo agradecí, puesto que no tenía cabeza para hacerlo.

Estaba concentrado en el camino tratando en lo posible de no tropezar ni entorpecer el paso, pero a medida que avanzábamos y Kaiba aumentaba el ritmo, me sentía más cansado.

Mi estado físico en condiciones óptimas era de lo mejor, hubiera podido realizar la carrera sin el menor percance o inconveniente. Pero en este momento, esa no era la situación. Cuando ya íbamos por la tercera cuadra, el pecho comenzó a apretarme de manera dolorosa, impidiendo el paso de oxigeno a mis pulmones.

Comencé a respirar tan lentamente como me era posible, pero con el esfuerzo físico se me estaba dificultando la acción. Una fuerte sensación de vértigo me invadió, y sentí como el piso bajo los pies dejaba de ser estable por completo.

—¡Ka...Kaiba! —llamé su atención entre jadeos lo mejor que pude, la vista se estaba volviendo más borrosa a cada segundo que pasaba. Sentí como deteníamos el paso y las piernas me fallaban dejando de sostenerme. Sin embargo, no supe el porqué no toque el suelo como esperaba.

Llevé las manos a mi pecho buscando atenuar el fuerte dolor que sentía, era más que nada una opresión que me impedía respirar. Trate inútilmente de aspirar todo el oxigeno que fuera posible, pero la garganta parecía estar totalmente cerrada.

—¿Perro? —Escuché su voz como un susurro lejano, aun sabiendo que estaba a solo centímetros. Un suave pitido comenzó a hacer eco en mi cabeza y, debido a ciertas experiencias personales, había aprendido que ese era un signo inequívoco de que estaba cerca de perder el sentido— ¡Wheeler! ¡¿Qué te sucede? —Sabía que me estaba llamando. Traté de virarme en dirección a su rostro para responderle.

Pero entonces una bruma negra se posó en mis parpados, dándome la sensación de estar en un vacío, haciéndolos terriblemente pesados, y en ese preciso momento, dejé de sentir.