Se dejó caer un poco más relajado sobre su cama, entrelazó sus brazos bajo su cuello y cerró los ojos, la pequeña discusión q mantuvo con Bulma momentos atrás no había terminado tan mal. Pero tampoco fue como esperaba. Sabía que no iba a ser fácil conseguir el perdón de su novia, pero tampoco se imaginó que le sería tan difícil, nunca le había costado tanto aminorar sus enojos pero era consciente que el haberla dejado no fue lo mejor que hizo; ya sobre eso no había nada que hacer, pero si mucho que solventar. Sin embargo aún no lograba descifrar la turbiedad de las acciones de Bulma, recordó haberla visto furiosa gritándole; amable brindándole apoyo; sensible mientras lloraba y también confusa al perderse en sus propios pensamientos. Era lógico que estuviera enojada, sabía a lo que se enfrentaba cuando ella estaba molesta, no obstante su aglomeración de emociones en ese momento no fue algo común en ella.

"Seguramente le ha dolido demasiado mi actitud".

Abrió pausadamente los ojos y suspiró ante la confusión en su interior, ahora sentía que en verdad había traicionado a su novia, había actuado a la inversa de cómo lo hacía su novia, ella siempre le solicitaba su compañía para cualquier actividad, ya sea para monótonas reuniones en las oficinas centrales de la Corporación Capsula o para algunos de los viajes de negocios de los cuales el Sr. Brief la hacía participar. Era claro q él no la habría podido llevar a su viaje, y ella en un principio lo entendió, ahora todo se le volvía demasiado complicado, su actitud desinteresada sus confusas emociones al discutir con ella, a pesar de eso, su relación no podía terminarse, no en estos momentos q al fin volvía a verla, daría la vida por esa mujer, no podía dejar de amarlo solo por una equivocación.

Se sentó de golpe en la cama tratando de sacarse esa horrible sensación de inseguridad de la cabeza, se acomodó en la orilla lateral de su cama sosteniendo sus codos en sus piernas y dejando caer su rostro entre sus manos, era clara su frustración.

Hacía unos pocos instantes que Puar había entrado a la habitación, se mostró sorprendido ante la última acción de Yamcha, había esperado que su amigo hubiese arreglado ya su problema con Bulma pero por lo visto aún no lo había hecho, le pareció extraño ya que últimamente su amigo se había vuelto un poco más elocuente que antes, más que todo con Bulma, y esa capacidad hacia mermar los enfados de la chica.

Con cautela se acercó a su viejo compañero mientras lo veía con su rostro entre sus manos, pensó por un momento dejarlo solo, sin embargo su amigo ya se encontraba un poco más calmado y para esos momentos había notado la presencia de puar.

- No te preocupes Puar, me siento bien – levantó su rostro, entrelazo sus manos y lo apoyo en el dorso de estas, para luego sonreírle con total naturalidad.

- ¿Estás seguro? – se acercó un poco más a él, lo vio asentir y supuso que aunque algo no anduviera bien, ese no era el momento preciso para hablar.

- ¿En dónde has estado? – cuestionó al recordar que su amigo se había desaparecido por casi todo el día.

- No te preocupes, solo salí con Oolong, mejor dime ¿en dónde has estado tú, Pudiste hablar con Bulma?

Una corta mueca adornó el rostro del chico mientras se levantaba sin mucho ánimo de la cama, se encamino hasta el balcón de su cuarto siendo seguido por su pequeño amigo.

- No te fue muy bien ¿verdad? – Se colocó a la altura del rostro de Yamcha mientras este observaba las estrellas - ¿Qué te ha dicho? – preguntó cauteloso.

- Que habláramos mañana – contestó secamente fijando la mirada en el vacío.

- Entonces ¿Por qué te preocupas tanto?

Lo pensó por un momento, en verdad ¿podría estarle dando más importancia de la que debía? No, algo le decía que no todo estaba bien, ella se encontraba diferente, sus reacciones al estar molesta fueron diferentes a las ya acostumbradas, tenía que haber algo más, pero no sabía que podría ser, tampoco estaba muy seguro de sus suposiciones.

- No lo sé Puar – dijo al fin de pensarlo un poco, bajo un poco su mirada al horizonte, las palabras salieron y se las llevó el viento – no lo sé.

Su pequeño amigo lo observó por unos instantes, no entendía porque tanto drama, Bulma al final siempre lo perdonaba y aunque esta vez fuera una pelea más fuerte que las anteriores, no creía que la chica no lo perdonaría, conocía el carácter que tenía pero sin embargo sabía de igual manera el gran corazón que siempre había tenido.

- ¿Acaso estas dudando de Bulma?, Vamos Yamcha qué es lo que te preocupa, ella…

- Puar, tú crees que... ¿Tú crees que ella haya conocido a alguien más? Lo dijo por fin, como liberándose así mismo de sus tormentosos pensamiento, aunque no lo quisiera aceptar, esa posibilidad le rondaba demasiado en la cabeza.

- ¿Qué? Pero…

Se separó un poco del balcón para mirar a su pequeño amigo fijamente, ni siquiera él sabía la respuesta a sus dudas.

- No hagas caso de lo que digo – bajó un poco la cabeza mientras dejaba salir un corto suspiro, se dio la vuelta de nuevo para volver a perder su vista en el horizonte y sumergirse en sus pensamientos. No dijo nada más y puar acompañó a su amigo bajo las estrellas en el más intrigante silencio.


El ambiente dentro de un restaurante cercano al hotel era diferente, cuatro amigos conversaban animosamente sobre cosas triviales, incluso Krilin pudo por fin dejar de pensar en los problemas de sus amigos, problemas que tal vez solo fueran insignificancias.

- No puede ser posible. ¿Por qué demonios tenía que empezar a llover?

- No te gustan los días lluviosos – dijo Lunch mirando hacia una ventana - ¿No te parece romántico? – esta vez sus ojos se posaron en Ten-Shin-Han mientras le brindaba una tierna sonrisa.

- ¿Eh? Si claro – dijo un poco sonrojado y desviando la mirada hacia la comida

A ojos ajenos la escena fue muy divertida, Krilin pudo notar como su amigo de tres ojos se sonrojaba ante el comentario compartió una mirada cómplice con Chaoz, mientras este solo asintió con la cabeza. Esa si fue una sorpresa muy agradable.

La cena continuó con tranquilidad a pesar de la fuerte lluvia que se cernía sobre ellos, definitivamente era una lluvia muy potente, no muchos se atreverían a andar por la calle salvo aquellos que buscaban un resguardo seguro en ese momento.


El reloj de la plaza central ubicado en una alta torre que parecía especialmente diseñada para atraer infantes, marcaba las 8:00 de la noche, por la lluvia muchos llevaban prisa al transitar, sin embargo los niños son muy impulsivos por lo que uno atraído por la música infantil que se reproducía con el movimiento de los muñecos que decoraban el reloj, corrió a la torre, soltándose del brazo de su madre, para poder observar las figuras más cerca.

No tuvo mucho tiempo de apreciar los muñecos de la torre, antes de ver como un potente rayo producto de la lluvia impactaba con fuerza sobre el bonito reloj y destrozaba parte de la estructura, haciendo que numerosos escombros cayeran peligrosamente al suelo y sobre su cabeza. Con horror su madre veía el resultado de ese rayo que cayó sobre la torre y echó a correr para poder proteger a su hijo. Se lanzó sobre él sabiendo que nada podía hacer, solo esperar el impacto de las rocas sobre ella, sin embargo se quedó a la espera cuando no sintió nada, levanto un poco la vista para observar al sujeto que los había salvado.

Desde su posición podía observar a los patéticos humanos que transitaban presurosos por la tormenta que se cernía sobre ellos, sentía su blanca capa ondear libremente por el viento y las refrescantes gotas caer sobre su cuerpo, supuso que era parte de la debilidad humana huir de unas cuantas gotas de agua. La molesta tonada que emitía el reloj empezaba a hostigarle demasiado, agradeció al rayo que la fuerte tormenta producía, haberlo destrozado, tenía la fuerte intención de alejarse cuando escuchó los estridentes gritos de las personas, su sonido fue demasiado fuerte para sus sensibles oídos.

Observo sin quererlo un par de débiles figuras que se protegían de una de las rocas que la torre desprendía, no lo pensó, pero tampoco encontró una explicación lógica para lo que hizo, lanzó un rayo de energía para destruir la roca que estaba a punto de aplastar a los dos humanos y se coloco al lado de ellos para seguir su camino sin darle importancia a lo anterior.

- Muchas gracias por su ayuda, señor.

Qué patético, él no había ayudado a nadie, sin hacerle mayor caso al comentario pasó de largo por las dos figuras, que luego de observarlo bien lo miraron con un poco de pánico, él no estaba ayudando a nadie y menos a dos insignificantes terrícolas. No tenía intenciones de llamar la atención hasta no encontrar al culpable de la muerte de su padre, sabía quién era y conocía su Ki, pero su poca experiencia en batallas y más en un planeta tan insignificante le dificultaban la tarea de localizarlo.


La distancia entre ambos peleadores no era mucha, Goku se había alertado un poco al sentir un desprendimiento de energía un tanto desconocido para él, sin embargo podía suponer de quien provenía, lo anterior logró detener su ingesta de alimentos. Ese repentino cambio de expresión en el rostro de Goku alertó un poco a Bulma, algo había sucedido para que abandonara la ardua labor de engullir todo a su paso y fijara su mirada en un punto de la nada.

- Goku – susurró un poco alerta a la situación.

El chico dejó a un lado su semblante serio y observó a su compañera, a lo mejor no era señal de peligro ya que no volvió a sentir energía por parte de Picoro, el chico sonrió y continuó su labor de comer. Bulma se relajó un poco y siguió observando a Goku comer, ella hace mucho había terminado. No fue Goku el único en sentir la energía, Chaoz, Ten, Krilin y el Maestro Roshi se percataron también de la presencia de Picoro, sin embargo al dejar de percibirla se relajaron un poco, era demasiado imprudente salir a encontrarse con él.


Se sentó frente al espejo de su habitación luego de darse una ducha, el enojo por ver a su futuro esposo escapar al lado de otra mujer la incomodó demasiado, había ido a ese torneo por una única razón y no iba a dejar que se le escapase. Desde pequeña esperó por ese momento, si Goku era demasiado tímido, ella iba a cambiar la situación.

- Ese es el problema

Susurro a su imagen en el espejo, dándose ánimos ante la situación, siempre soñó con un hombre que llegara y pidiera su mano, no con uno al que ella tuviera que acercársele y pedirle matrimonio.

Dejó el cepillo en frente del espejo y se dirigió al borde de su cama, mientras sus facciones se endurecían cada vez más

- ¿Cuánto más Goku? - Resopló a sí misma, expresando sus pensamientos, no imaginó que se iba a ausentar por tanto tiempo, su mente no dejaba de imaginar un sinfín de situaciones que involucraban a su Goku y a esa mujer.

La peliazul…

La conocía, la había visto la primera vez que vio a Goku cuando era pequeña, ella siempre lo andaba acompañando a todos lados y por lo visto no había perdido la costumbre, pero no importaba al final Goku sería solo de ella, estaba ya escrito en el destino, y así sería, se casaría con él.

- Oye Goku, ¿cuando seamos grandes, vendrás a ver a mi padre y a pedir mi mano para que sea tu esposa?

- ¡Ah! Y ¿qué me vas a dar?

- No me preguntes eso, tú lo sabes

- No sé de qué me estás hablando, pero si me vas a dar algo vendré.

- Tonto – susurró al viento mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia la ventana, al parecer Goku no había entendido nada en ese momento, pero para eso estaba ella allí, para recordarle su promesa. Eso era lo que siempre había querido, formar un hogar y tener una familia y ese sueño lo cumpliría con Goku.

No era un capricho, era simplemente su deseo, ella lo amaba y desde pequeña lo supo, su forma de ser, su carisma, todo le decía que él era el indicado. Sabía que no se iba a arrepentir, Goku parecía el tipo de hombre que siempre estaría con ella ayudándole con las tareas del hogar, soñaba con un marido trabajador siempre al pendiente de su familia y para Milk Goku era ese hombre.

Siguió dirigiendo su vista hacia afuera de la ventana, como lo hacía desde que se levanto de la cama, no se despegaría de allí hasta que viera a Goku aparecer, solo esperaba que regresara tal como se fue, volando…


En la habitación del hotel lo volvió a recordar, no fue para nada ajeno a ese poder, cerró sus ojos y trato de sentirlo de nuevo. Nada.

Mientras cenaba estaba seguro de haberse percatado de esa energía que apareció y desapareció en un segundo, lo dudó, pues parecía que nadie se había percatado del hecho, sin embargo la energía fue intensa, lo peor, es que no parecía una energía buena y eso lo perturbaba.

La lluvia continuaba con menor intensidad, abrió los ojos y observó a Chaoz, lo veía con sus grandes ojos mientras flotaba al igual que él, en pose meditadora. Preocuparse no servía de mucho en estos momentos, debía concentrarse en entrenar, al parecer Goku no sería su único rival a vencer en el torneo.


La lluvia se había disipado y unas cuantas gotas caían sobre ellos, volaban despacio, solo sintiendo la suave brisa y la calidez del otro, no recordaba el momento en que habían decidido irse del restaurante y menos empezar a volar, pero no importaba mucho, ambos estaban cómodos en esa situación, no querían llegar pronto al hotel, pero la situación no podía durar demasiado.

Descendieron en la entrada del hotel y caminaron hacia el área de la habitación de Bulma lo más despacio que pudieron, Ambos se sentían bien, estaban cómodos y nerviosos, hasta que Bulma dio el primer paso al alejarse un poco de él y entrar a la habitación.

- Gracias – dijo en vos suave

– Gracias a ti – dijo sinceramente y bajando un poco el rostro, vio cómo su amiga se alejaba un poco y se acomodaba en un sillón.

- ¿Bulma?

- dime – dijo haciendo espacio para su amigo.

Lo dudó un poco, estaba nervioso, pero sus dudas eran mayores, hizo caso a su llamado y se sentó con ella. – Yamcha… - aclaró su garganta y prosiguió al no ver ninguna reacción de su amiga. – ¿Aún estás molesta con él?

- ¿Por qué me preguntas eso?

- Disculpa – dijo bajando la mirada – es solo curiosidad

- ¿Eso influenciaría en algo? – dijo mirándolo.

- No... Bueno me refiero, es solo que ahora te vi muy molesta con él –

- ¿Me viste? – dijo mirándolo extrañada

Goku inclinó su rostro, siempre metía la pata en todo, no era su intención que ella se enterara que llegó justo en el momento en el que estaba con Yamcha discutiendo, solo vio un poco, justo cuando él se iba, justo cuando ella estaba por caer al suelo

- Explícate – exigió la peliazul a su amigo.

- No es nada…

- ¿Me viste con Yamcha? Pregunto mirando aún más fijamente a Goku

Su amigo no pudo evitar su mirada y terminó aceptando con un simple asentimiento de su cabeza, vio a Bulma sonreír y se tranquilizó.

Bulma sabía que su amigo estaba nervioso, igual ella lo estaba, ese día con él había sido una grata experiencia, nada que ver con las aventuras y peligros que corrían juntos cuando estaban pequeños y buscaban las esferas del dragón, ahora él era tan guapo a su parecer, se sentía aún molesta con Yamcha y Goku estaba allí para poyarla, no sabía si lo que pensaba o hacia estaba mal, pero no mucho le importaba, quería estar con Goku y él... la verdad no sabía que esperar de él.

Se acercó y le sonrió, viendo como él también le sonreía un poco, se animó y nuevamente probó sus labios, no tenía nada que perder, ella siempre hacía lo que quería, y estar con Goku, es lo que quería.

No se movió, solo se quedó allí a la espera, sintió sus labios sobre los suyos y cerró los ojos, Por segunda ocasión ambos labios se juntaban, pero por primera vez, sus manos se acariciaban, no es que fueran unos expertos, solo seguían sus instintos. Bulma se separó un instante de él y este sonrió acariciando su rostro, lo hizo de manera natural, como si su instinto le mandara saber cómo actuar, se encontraba nervioso, pero sentía que un impulso desconocido se apoderaba de él. Bulma agradeció ese gesto de la mejor manera, se olvido que era Goku, su amigo, el pequeño que conoció en las montañas, su deseo podía más que todo lo que pudiera pensar.

Se olvidó de todo lo que podría suceder, se concentró en el momento y en disfrutar lo que tanto deseaba a voz silenciosa, el sillón pareció de repente demasiado pequeño para los dos cuerpos que allí se encontraban, el tiempo pareció detenerse mientras sus razones se difuminaban con el deseo. Los besos se intensificaron y el roce de los cuerpos acrecentó, la noche sería larga para los dos.


...


Después de casi un año de no actualizar, vuelvo, para los que se han tomado la molestia de leer esta historia, perdonen, en serio no tengo cara para haber abandonado el fic tanto tiempo. solo espero que si lo leían, continúen la lectura.

Las actualizaciones seran más prontas, ya casi salgo de todo el estres. se les quiere