Hello, nice people~

Les traigo el tercer cap, ahora sí con más de lo que yo llamo el "estilo Gintama", espero que lo disfruten.


3. Nunca debes tomarte los consejos de un estúpido samurai al pie de la letra

Sougo caminaba impacientemente de un lado a otro en su cuarto, como un león enjaulado.

Cada tanto miraba frustrado la sombra de Hijikata que se dibujaba a través del lado exterior del shoji, impidiendo el paso pleno de la iluminación que el sol proporcionaba aquella calurosa mañana.

Maldijo una y mil veces su suerte, con aquél despreciable bastardo haciendo guardia ahí afuera no había forma alguna de escaparse…

De un momento a otro, una nueva sombra se incorporó a la imagen, entablando una corta conversación con el pelinegro. Sougo oyó en silencio las palabras de Kondo antes de que Hijikata se moviera y le permitiera el ingreso a la habitación.

Tan pronto como el comandante entró, el vice-comandante cerró las puertas para remontar guardia otra vez.

—Bien, es hora de que tú y yo tengamos una pequeña charla, Sougo.

El aludido simplemente obedeció en silencio el ademán que hizo su jefe para que tomara asiento frente a él. Una vez ambos se hubieran acomodado en el piso, Kondo se vio obligado a comenzar pronto, al ver que su subordinado no tenía interés en aportar nada antes de la charla.

—La chica ya está bien— Comenzó diciendo con cierta cautela. —No hemos logrado que nos dijera absolutamente nada en todo este tiempo, ella solo ha hablado contigo… ¿Serías tan amable de decirnos lo que pudiste averiguar?

Okita suspiró.

—Pues la verdad, estaba a punto de llegar a algo realmente interesante hasta que ustedes interrumpieron— Contestó con su habitual calma, observando como una ligera molestia se hizo presente en el rostro de su comandante, pero en lugar de protestar, simplemente le indicó que continuara. —La tortura no funciona con ella para hacerla hablar. Comenzó a dirigirme la palabra cuando le dije su nombre, así que esa parece ser la única manera de hacerla abrir la boca.

—¿Cómo supiste su nombre?— Se apresuró a preguntar Kondo con una notoria sorpresa, enarcando una ceja.

—Porque cuando la vi por primera vez la perseguían unos Amanto que querían llevársela, y cuando ella despertó y fue a matarlos a todos, comenzaron a rogar por sus vidas, llamándola "Kagura, Kagura"— Relató brevemente. —Así que no sé la razón concreta, pero para hacer que hable deben llamarla por su nombre.

Después de unos segundos de procedar la información, Isao indicó que prosiguiera.

—Bien… como seguía diciendo, estaba a punto de llegar a algo bastante interesante… verás, cuando la vi a los ojos por primera vez en aquél bosque, ella se veía completamente diferente. Sus ojos eran fríos y completamente carentes de emoción. Era como una máquina programada para matar. En cambio, cuando la fui a ver al cuarto de interrogatorios y vi sus ojos otra vez, se parecía más a la mirada de cualquier otra niña inocente de Edo… No tenía sentido, por eso comencé a interrogarla.

Después de un corto plazo de silencio, Kondo volvió a preguntar con sumo interés.

—¿Hay algo más aparte de eso?

Como respuesta, el chico asintió.

—Al parecer, no recuerda nada de lo que hizo en ese estado. Es probable que haya perdido la memoria.

Notó cierto asombro en la cara de su comandante, y antes de permitirle tomar la palabra, agregó un detalle muy importante.

—Pero recuerda que también puede que sea mentira. Por eso quiero asegurarme yo mismo, necesito ir a interrogarla una vez más.

Kondo pareció meditarlo mucho, hasta que bajo la insistente mirada del capitán, suspiró derrotado al ver que no le quedaba otra opción.

—De acuerdo, pero eso sí, entrarás con nosotros para asegurarnos de que no volverás a hacerle daño esta vez.


Sagaru sopló con cuidado el contenido de la cuchara hasta dispersar el humo y asegurarse de estar a la temperatura indicada para que no quemara. Acercó el utensilio a Kagura para que ella ingiriera los alimentos y posteriormente volver a repetir la acción. Ya eran los últimos restos de curry que quedaban en el tazón, y ella seguía devorando gustosa cada cucharada.

El oficial no podía dejar de verla fascinado. El día anterior había recibido una paliza del capitán Okita y hoy ya se encontraba como nueva, sin ningún rasguño, y en ningún momento pareció comportarse hostil con ellos a pesar de las acciones del ya mencionado.

—Y dime… ¿Cuántos años tienes?— Reiteró la saga de preguntas que había comenzado cuando entró para alimentarla.

Aunque como las veces anteriores, ella no respondió. Simplemente se limitó a mirarlo a los ojos y abrir la boca, como exigiéndole que le preparada otra cucharada de curry.

El muchacho suspiró derrotado y accedió obedientemente a darle la última cucharada.

—¿Por qué no quieres hablar con nosotros? A pesar de cómo te trató el capitán Okita, parece ser que solo le diriges la palabra a él…

Como única respuesta, ella frunció su ceño molesta ante la mención de aquél nombre.

—¿Sabes? Me siento muy extraño hablando yo solo… ¿No podrías decirme al menos tu nombre?— Preguntó un tanto derrotado.

Ella sólo negó con la cabeza, haciendo que el muchacho suspirara.

—¿Quieres repetir?— Ofreció enseñándole el tazón.

La pelirroja asintió animadamente. Al parecer, a pesar de su tamaño, tenía un gran estómago.

Fue sólo cuando se giró para servirle más que notó un pequeño detalle. Rápidamente volteó a verla, apuntándole acusadoramente con la cuchara.

—¡Tú solo respondes a las preguntas con "sí" o "no"!— Exclamó con tal dramatismo como si hubiera descubierto América.

Maravillado con su descubrimiento, se acercó rápidamente hacia ella, poniéndose de rodillas para quedar a su altura.

—Veamos…— murmuró, pensando en alguna pregunta. —¿No quieres hablarnos porque estás molesta con nosotros por lo que hizo el capitán Okita?

La muchacha encadenada negó con la cabeza como respuesta, y Sagaru sonrió contento al ver que finalmente había encontrado una forma para establecer contacto con ella.

—Qué alivio… bueno… mmm… ¿Sabes dónde estás?

Ella lo pensó por un momento, para luego negar con la cabeza.

—De acuerdo… te diré donde te encuentras ahora. Éste es el cuartel general del Shinsengumi, nos encontramos en Edo, en la parte Oriental del mundo— Explicó haciendo algunos graciosos ademanes con las manos, en un intento por simpatizar. Tal vez si lograba hacerse amigo de ella podría sacarle algunas palabras.

Kagura lo miraba atentamente, como un niño interesado en la primera lección que le imparte su primer maestro.

—¿Cuál es tu nombre?

Pero ella no contestó a eso.

—Oh, cierto, cierto… solo con "sí" o "no"…— Se recordó a sí mismo. —En ese caso… ¿Por qué no nos hablas? ¿Alguien te dijo que no hablaras con nosotros?

Ella tardó en contestar. Lo pensó durante un buen rato, hasta que asintió levemente, como dubitativa acerca de si debía contestar.

El chico de cabellos oscuros sonrió triunfante. Con esto ya era el segundo en lograr extraerle algo de información, y esta vez sin utilizar la tortura. De seguro el comandante lo felicitaría.

—¿Te amenazaron? ¿Te harán algo malo si nos hablas?

Ella se apresuró a negar con la cabeza, dejando a un confundido Sagaru.

—Mmm— Se cruzó de brazos para meditar un poco las respuestas. —Veamos… no nos hablas porque alguien te dijo que no lo hicieras, pero dado que me estás contestando con la cabeza, quiere decir que nos puedes contestar por otros medios que no sea la voz, ¿No es así?

A pesar de haberse confundido un poco con algunas palabras un tanto complicadas para ella, asintió.

—Bien, en ese caso… ¿Qué te parece si contestas por escrito? No habrá problema por eso, porque técnicamente no nos estás hablando— Sugirió, intentando persuadirla.

Asintió con una pequeña sonrisa, y rápidamente el oficial sacó de su bolsillo una pequeña libreta con un bolígrafo.

—Bien… ahora aflojaré un poco las cadenas para que puedas escribir y…-

Se interrumpió abruptamente al ver como de un momento a otro, ella sola se había librado de las cadenas con un simple movimiento de los brazos. Las había roto como si fueran de papel, y el muchacho pudo jurar que vio en cámara lenta como la gruesa y pesada atadura de metal caía al suelo junto con otros pedazos de eslabones.

De haber estado de pie, las piernas ya habrían comenzado a temblarle.

Tragó con fuerza, y con sus manos temblorosas, le entregó la pequeña libreta y el bolígrafo.

—A-ahora… ¿P-podrías decirme tu nombre?— Logró articular a pesar del infinito terror que se dibujaba en su cara.

Kagura asintió contenta, como si librarse de aquellas pesadas cadenas fuera lo más normal del mundo.

Una vez terminó, le enseñó la libreta al pelinegro, haciendo que dejara de temblar como una gelatina por un momento y se centrara en el papel.

—Este… amm…— Murmuró con frustración al ver que todo lo había escrito en chino. —¿Por casualidad no sabes escribirlo en japonés?

Pero ella negó con la cabeza.

Ni modo… tendría que arreglárselas con eso…

Repasó atentamente cada uno de los caracteres, intentando recordar ese curso de escritura china que había tomado durante el verano… pero vagamente lograba traducir algo medianamente decente.

—Mmm… ¿Katsugi?— Preguntó, pero ella lo miró enfadada y negó rápidamente. —Mmm… ¿Kagami?— Y ella continuó negando. —¿Katsuragi? ¿Kagamine? ¿Kami? ¿Kannagi?— Siguió intentando, pero sin nada de éxito. Al parecer, ya comenzaba a impacientarse, dado que comenzó a mover la cabeza de un lado a otro en señal de un rotundo "NO", por más que ya había dejado de hablar —¿Kagura?

Se detuvo de inmediato.

—¡Sííí!— Exclamó poniéndose de pie tan velozmente que terminó asustando al muchacho.

El pelinegro tuvo que parpadear un par de veces para asimilarlo. ¡La había hecho hablar!

—A-a-a— Ahora era él quien no podía. —¡M-mucho gusto, Kagura-chan!— Exclamó de inmediato, poniéndose también de pie para hacer una ligera reverencia. —Yo soy Yamazaki Sagaru— Se presentó notoriamente nervioso, ya enderezándose.

Su nerviosismo aumentó al ver que ella simplemente se limitó a mirarlo, haciendo que el ambiente se sumiera en un incómodo mar silencioso. Mientras que el pobre oficial se comía la cabeza preguntándose si había hecho algo indebido, ella de un momento a otro lo apuntó con uno de sus dedos, haciéndolo brincar del susto.

—Zaki-chan— Fue todo lo que dijo.

—¿E-eh?— Murmuró confundido. Finalmente relajó un poco su postura e intentó calmarse. —B-bueno, supongo que es un buen diminutivo…— Contestó rascándose tímidamente la cabeza. —De cualquier modo… ¿Quién fue el que te dijo que no hablaras?... O mejor, ¡¿Si podías librarte así de fácil de las cadenas por qué no escapaste?— Señaló los restos del grueso metal.

Kagura volteó para mirar lo que había quedado de sus ataduras.

—Porque no tengo ningún problema con quedarme aquí— Contestó tranquilamente, con un ligero acento chino. Ante la confusión del muchacho, decidió explicarse mejor. —Aquí estoy bajo un techo y me dan comida, además, no tengo ningún otro lugar al cual ir, así que no me molesta quedarme aquí.

Yamazaki se había quedado sin palabras ante aquello, por un momento se sintió un poco mal por ella, pero antes de poder abrir la boca para decir algo, fue interrumpido por una tercera voz.

—En otras palabras sólo has estado usándonos como hospedaje gratuito con todo incluido— Intervino Sougo, entrando a la habitación.

Ya no necesitaba la katana para caminar, y sus vendajes eran tapados por el kimono que solía llevar en sus días libres. De inmediato obtuvo una mirada furiosa por parte de Kagura.

—O-Okita-san, lo lamento, pero Kondo-san nos ordenó mantener a cualquiera no autorizado lejos de esta habitación, en especial a usted— Habló rápidamente Sagaru antes de que las cosas se pusieran feas entre esos dos.

—Descuida, tiene permiso— Se sumó el comandante al pequeño grupo dentro de la estancia. —Pero recuerda, nada de maltratos— Le insistió a Sougo. Ahora paseó la vista por el cuarto, centrándolo en la niña. —Yamazaki… ¿Por qué le quitaste las cadenas?

El aludido sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda.

—E-este… Y-yo no la liberé, ella rompió las cadenas— Respondió temeroso, agitando rápidamente sus manos.

Ambos pares de ojos de los recién llegados se centraron en el objeto mencionado, para verificar que en efecto, estaba rota.

Sin prestarle mayor atención, Sougo avanzó unos pasos hacia ella, haciendo que Kagura adoptara una posición defensiva.

—Hace un momento mencionaste algo de que no nos hablabas porque alguien te había ordenado que no lo hicieras— Se detuvo al ver la inminente advertencia en sus ojos de que si daba un paso más se arrojaría sobre él. —¿Quién o quienes te dijeron eso?

—No tengo por qué responderle a un gusano cobarde como tú— Contestó enfadada.

Le habría respondido a su manera, pero no podía, dado que tenía la vigilante mirada de su jefe clavada en la espalda.

—Yamazaki— Llamó con un tono que le puso al aludido los pelos de punta.

Él de inmediato asintió, para caminar con timidez unos pocos pasos al frente.

—Este… Kagura-chan… ¿Te importaría respondernos?

Pero ella lo ignoró olímpicamente, en esos momentos el centro de su atención era el sádico del grupo. Lo fulminaba con la mirada.

—Si contestas te traeré cualquier cosa que quieras comer— Ofreció Sagaru en un intento desesperado.

—¿Cualquier cosa?— Preguntó emocionada, olvidando por completo el duelo de miradas que había establecido contra el capitán.


Pasados unos cinco minutos, Kagura se encontraba rodeada de todo tipo de dulces. Devoraba contenta una enorme paleta de colores.

—Kagura-chan, ¿Por qué estabas tan empeñada en no hablarle a quien no supiera tu nombre?— Quiso saber Sagaru.

—Porque Gin-chan me dijo que no le hablara a ningún extraño— Contestó aún con la paleta en la boca. —Cuando le pregunté por un extraño me dijo: "Ya sabes, esos que nunca en la vida has visto y que ni siquiera saben tu nombre, no les hables"— Aún con la paleta en la boca, tomó un puñado de chocolates y se los devoró en un segundo.

Ciertamente, había dejado a los tres policías con la boca abierta.

—Este… Kagura-chan… No tenías que tomarte ese consejo tan… literalmente…— Murmuró el pelinegro, antes de ser empujado por Sougo.

—Mas importante… ¿Quién es ese "Gin-chan"?— Se apresuró a preguntar.

Al parecer, el hecho de estar rodeada de dulces la hizo olvidar su disgusto con él.

—Un samurai con permanente natural y cara de idiota— Respondió sin más.

—¿Un samurai?... Interesante, ¿Puedes contarnos más sobre eso?— Kondo dio un paso al frente, pero ella lo ignoró, estaba muy ocupada comiendo golosinas.

—Kondo-san, tiene que decir su nombre— Le recordó Sougo.

—Oh, cierto…— Volteó a verla. —Kagura-chan~ — La llamó como si le estuviera hablando a un niño de cinco años.

—¿Qué quieres, gorila?— Respondió un tanto seca, con la boca llena de dulces.

El comandante corrió en cámara lenta hacia ella, imaginando como el ambiente repentinamente cambiaba hasta ser todo rosa con lucecitas brillantes tintineando por todas partes.

—¡Su primera palabra! ¡Mi niña dijo sus primeras palabras!— Festejó de una forma tan afeminada como si fuera una madre felicitando a su primer bebé por la primer balbuceada.

—¡No te acerques a mis dulces, gorila!— Gritó la aludida antes de mandarlo a volar de una patada.

Yamazaki observó con una gotita resbalando por su cabeza a través del hueco en el techo, el brillo lejano que quedó de su comandante al ser despedido por esa monstruosa patada. Por otro lado, Sougo no le prestó ni la más mínima atención a ese detalle.

—¿De dónde conoces a ese "Gin-chan"? ¿Es tu colega?— Se agachó para quedar a su altura, siempre manteniendo cierta distancia.

—No sé que es un colega— Contestó sin mirarlo, con su vista clavada únicamente en sus dulces, mientras se metía un enorme puñado de ellos a la boca. —Pero él fue quien me sacó de aquella celda. Él y algunos otros tipos que estaban liberando a otra gente y destruyendo el lugar— Hizo una pausa para engullir una enorme barra de chocolate. —Gin-chan es muy fuerte, derrotó a los guardias él solo y me acompañó hasta la salida. No lo he vuelto a ver desde entonces— Terminó su breve relato, lamiendo el chocolate derretido que había quedado en sus dedos.

A medida que más sabía, más misteriosa se volvía. El castaño meditaba cuidadosamente la respuesta, preparándose para formular la siguiente pregunta.

—¿Por qué estabas encerrada en una celda? ¿Quiénes te encerraron?

—No lo sé— Contestó sin el más mínimo interés. Ahora había abierto un paquete gigante de gomitas de ositos.

No le pareció que estuviese mintiendo, pero había algo que comenzaba a inquietarlo…

—¿Qué hacías antes de que él llegara a rescatarte?

Kagura por primera vez dejó de devorar como un animal salvaje a los pobres ositos y se puso a pensar.

—Mmm… ¿Dormir…?— Aunque su respuesta sonó más a pregunta. —No lo recuerdo, solo sé que desperté dentro de esa celda y me quité las banditas blancas que tenía en el brazo. Vi que tenía algunos pinchazos ahí, pero con el tiempo desaparecieron… luego me quedé ahí sentada unas horas mientras veía a los guardias pasar junto con unos tipos con batas blancas y a veces escuchaba gritos por los pasillos… Y luego hubo un estruendo y entraron Gin-chan y los demás…

Sougo sostuvo su barbilla con una mano meditativamente. Si era lo que él creía, estarían en serios problemas…

—¿Y antes de eso?

Kagura lo pensó durante más tiempo. Se cruzó de brazos e hizo algunas muecas intentando recordar.

—No lo recuerdo…

Entonces después de todo, era como un cuaderno en blanco… casi en blanco, ya que lo único que parecía recordar era el momento en el que el tal "Gin-chan" la sacó de aquél lugar.

Sagaru observó preocupado al capitán.

—¿Qué haremos con ella? No recuerda nada…

Okita se cruzó de brazos.

—Pues… no nos sirve en ese estado, pero tampoco podemos dejarla libre. Está más que claro que no es una simple niñita, aún es peligrosa, y nos convendría mantenerla cerca, ella no deja de ser una pista importante.

La puerta se abrió de forma brusca, y Kondo entró presuroso, con una gran sonrisa.

—¡En ese caso, que se quede con nosotros!— Exclamó contento, tal cual como un niño encaprichado con un perrito recogido de la calle.

El ambiente en torno a los dos oficiales se volvió oscuro y pesado, siendo acompañado de una incrédula y atemorizada sombra azulada que aparecía por ambos rostros, cubriéndoles los ojos.

—Kondo-san…— El primero en romper el hielo fue el valiente capitán Okita. —Estamos de acuerdo en que hay que retenerla en algún lugar para que no cause problemas en el pueblo… pero… No estarás sugiriendo que se quede con nosotros… aquí en la base… y viva con todos tranquilamente… ¿O sí?

El aludido comenzó a reír estrepitosamente con un muy buen humor.

—¡Pero claro! Tú ya la oíste, no tiene a donde ir y no podemos permitir que una pequeña criatura como ella, que incluso ha perdido la memoria, quede sola en las calles— Explicó caminando hacia la aludida. —En ese caso, se quedará a vivir aquí con nosotros.

Yamazaki estaba a punto de entrar en pánico, pero no era precisamente por el hecho de hacerse la idea de tenerla en la base, sino más bien el tono de voz que empleaba su comandante, sugiriendo claramente que no se refería a mantenerla allí, en el cuarto de interrogatorios, como en estos últimos días… Él pretendía dejarla libre dentro de la base, tal vez hasta darle su propia habitación y que conviviera con los demás oficiales.

—Kondo-san, esa decisión es sumamente arriesgada— Se apresuró a intervenir Sougo, captando de inmediato las intenciones de su jefe. —Ella es muy peligrosa como para dejarla vivir con nosotros.

—Oh, vamos, sólo mírala— Contestó con ternura, mirando a aquel barril sin fondo que tragaba como un animal salvaje los dulces hasta con envoltura. —Es solo una niña, no podemos dejarla sola y desamparada… además, ¡Siempre quise tener una linda hija!— Exclamó entusiasmado saltando hacia ella para abrazarla, mientras que por su mente pasaban imágenes donde se veía a sí mismo con Kagura viviendo una vida feliz de padre e hija.

La película rosa en la mente de Kondo fue interrumpida por un poderoso puñetazo que Kagura le incrustó en la cara, haciéndolo caer redondo al piso.

—Kondo-san, ¿No debería más bien ser esa suficiente evidencia como para que vea lo peligrosa que es?— Sougo era persistente, y la expresión de Sagaru claramente lo apoyaba.

Fue entonces cuando el comandante tuvo que ponerse serio. Se puso de pie, limpiando la sangre de la nariz que le salía a borbotones por culpa del golpe, y los encaró a ambos, poniéndose frente a la pelirroja.

—Escuchen, sé perfectamente que puede llegar a ser un gran peligro para todos nosotros e incluso todo Edo, pero si se fijan bien, la que tenemos aquí ahora es una pequeña niña inocente e inofensiva— Centró su vista en Sougo. —Ella podría perfectamente haberte atacado para vengarse por lo que le hiciste, pero no lo hizo— Le recordó, con un buen argumento. —Los pocos días que la hemos tenido aquí me han sido suficientes para saber que es realmente una niña como todas las demás, inocente y sin ninguna intención de dañar a nadie. Estoy seguro de que si la criamos adecuadamente no causará ningún problema.

Yamazaki ahora se veía complacido y convencido ante el punto de vista de su comandante, pero el castaño aún se mostraba reacio ante la idea. Sin embargo, si esa era la decisión de su jefe, la respetaría. Después de todo, si ella se salía de control otra vez, tendría todas las cartas a su favor para eliminarla.

Kondo dio media vuelta y se agachó a la altura de Kagura para acariciarle la cabeza, mientras ella devoraba sin cesar los dulces que quedaban, sin prestarle la más mínima atención a su alrededor.

—Ya lo he dicho antes, y lo vuelvo a decir: yo asumo la responsabilidad. Me aseguraré de criarla y de mantenerla lejos de cualquier problema que pueda causar.

Y con esas últimas palabras, la decisión quedó tomada definitivamente.

Estaba más que claro que con esta nueva integrante, el Shinsengumi jamás volvería a ser el mismo.

CONTINUARÁ…


Well, es todo por un tiempo. ¿Qué les ha parecido? ¿Va pareciéndose más al humor de Gintama? ¿O mejor sigo escribiendo de Soul Eater y me largo de este fandom?

Aprovecho para decirles que ya en mi perfil puse el link de mi facebook para quien quiera agregarme. Ese es un facebook sólo para este mundo del fandom, por lo que allí pondré las noticias de las actualizaciones y los avances en los fics.

Creo que es todo... ¡Nos leemos!

¿Review? :)