Hola, FanFiction~

Les tengo un aviso importante antes de empezar el cap, probablemente a partir de aquí tarde en actualizar porque ya estoy de nuevo en clases y la inspiración me ha dado la espalda con este fic...

En fin, esperemos que logre reconciliarme con la doña inspiración.


4. No sigas los consejos de un gorila sobre cómo comportarte en la mesa.

—¿Y por qué demonios tengo que hacerlo yo?— Exclamó levemente exasperado el capitán del primer escuadrón, siendo aquella una de las pocas veces en las que se permitía perder su habitual calma/arrogancia que lo caracterizaba.

—Ese será tu castigo— Sentenció Kondo, quien se encontraba sentado frente a él. Depositó la taza vacía del té sobre la mesa antes de continuar. —Además, es una buena oportunidad para que hagan las paces.

—Pero ella…— Sougo tuvo que morderse la legua para no continuar, podía sentir la burlona mirada de Hijikata clavada en su espalda, riéndose silenciosamente ante su nueva tarea y actitud. Suspiró de manera que casi nadie lo notara, en un intento por calmarse. Sus facciones volvieron a ser serias y poco expresivas, recuperando ya su imagen habitual. —Kondo-san, considero que es peligroso, tanto para mí como para ella. No es que vaya a atacarla ni nada… en ese aspecto ya me encargué de la deuda pendiente…— Agregó aquello último con un tono de voz muy bajo, casi susurrándolo. —Pero tampoco termina de agradarme como para ser su niñera. Además de que ella sigue siendo peligrosa y ya sabes cómo se comporta cuando me ve. Claramente no le agrado en lo más mínimo. Es una mala idea.

—Y es precisamente por eso que te estoy encargando esta tarea a ti. Kagura-chan no es una mala chica. Estoy seguro de que si hablan como personas civilizadas arreglarán sus problemas y comenzarán a llevarse bien— Insistió con alegría y cierta ingenuidad.

Okita maldijo hacia sus adentros, no había forma de hacer cambiar de opinión a su jefe.

—Entonces, te lo encargo— Finalizó el comandante, sabiendo que ya había ganado la batalla.

—Sí señor— Contestó el sentenciado al acatar su orden, para luego ponerse de pie y retirarse de la estancia, cerrando las puertas de shoji al salir.

Hijikata miró a su jefe desde la esquina. Su pose no había cambiado, seguía recostado contra la pared, de brazos cruzados.

—Kondo-san… detesto decirlo, pero estoy de acuerdo con Sougo— Confesó una vez se aseguró de que el castaño se había alejado lo suficiente. —De verdad, es mala idea juntar a esos dos. Nada bueno puede salir si juntamos a una niñita con fuerza monstruosa y un astuto y malicioso sádico, sin mencionar que se llevan peor que gatos y perros…

—Toushi, Toushi… solo es cuestión de tiempo y paciencia. A esa edad los niños crean una brecha entre hombres y mujeres que los hacen distanciarse hasta que llegan a la adolescencia y…-

—Kondo-san— Se apresuró a interrumpir su discurso sin sentido. —Sougo ya es legalmente un adulto, y la niña parece tener por lo menos unos quince años, el hecho de que se lleven mal claramente no es por eso— Explicó de forma lenta en un intento por hacerlo captar antes de que terminara por hacerle perder la paciencia. —No creo que la chica lo ataque a menos de que él le haga algo… pero conociendo a Sougo…

Ni había terminado de hablar y ya los alertaron los gritos de Yamazaki. Ambos se miraron alarmados, para luego salir a velocidad luz de allí.

El pelinegro corrió rápidamente hacia el lugar de donde provenían los gritos, mientras que su comandante intentaba seguirlo, tropezándose en su apuro. Llegaron hasta el amplio patio trasero, donde observaron a un aterrorizado Sagaru que claramente no sabía qué hacer, y a los pocos metros a Kagura con lo que parecía ser una gruesa rama de árbol en las manos, peleando contra Sougo y su katana.

En un heroico acto de valentía, el comandante del Shinsengumi colocó sus dos manos en ambos lados de su rostro, para luego gritar como una damisela en peligro.

—¡Sougo! ¡¿Qué le estás haciendo a Kagura-chan?— Exigió saber Isao una vez recuperó la compostura.

—Pues… tú dijiste que fuéramos civilizados, y de eso me estoy encargando. La gente civilizada pelea con armas. Ya es un avance— Explicó con su habitual calma.

—¡¿Qué clase de excusa es esa? ¡Se suponía que tú debías de cuidarla, no ser el primero en atacarla!— Le reclamó Hijikata totalmente enfadado, deshaciéndose de la seriedad que había estado intentando mantener.

Rápidamente, el vice-comandante separó a Sougo, mientras que Kondo se encargaba de sujetar a Kagura para que se detuviera.

—¡Sougo! No me importa quién ¡Auch!— Se quejó el comandante cuando recibió en la cara el golpe que la pelirroja le había dado con la rama. —Empezó, pero no hay nada que…— Exclamó ahora un grito ahogado ante el codazo en las costillas que le propinó Kagura, quien parecía una fiera salida de control. —Nada que… justifique el…— Y el golpe decisivo, una fuerte patada en sus partes nobles que lo dejó noqueado en el suelo.


—Por el amor de… oh, vamos… dame un respiro— Sougo no paraba de quejarse en voz baja. Su sentencia había aumentado a ser su niñera por el resto de la eternidad.

Caminaba por los corredores externos de madera, con una expresión de cansancio y aburrimiento y sus manos guardadas en los bolsillos del pantalón de su uniforme.

Unos cinco pasos detrás, iba caminando Kagura, mirándolo completamente disgustada. Si fuera por ella, estaría perfectamente bien teniendo como acompañante a Sagaru, pero por desgracia había tenido que ser ese maldito sádico.

Gracias a esa estúpida pelea, el niñito tonto le había ensuciado las rodillas de la ropa nueva que le regaló el comandante. Un conjunto de color rojo un poco más encendido que el de su otro vestido. La blusa tenía mangas cortas y el pantalón le llegaba hasta los tobillos. Era bastante cómodo, y bonito… hasta que el muy especial lo arruinó.

Decir que estaba enojada era poco. Estaba a punto de vengarse con una "pequeña" patada en el trasero, cuando pasó por una de las estancias que casualmente tenía las puertas abiertas. No tardaron mucho pasando por ahí, habrá sido en menos de cinco segundos. Pero en ese corto tiempo pudo notar claramente la expresión de los rostros de los pocos oficiales allí –al parecer descansando, ya que había algunas botellas de sake y mangas regados por el piso-. Algunos hasta se tomaron la molestia de voltearse solo para verla, con aquella cara de desagrado y desprecio, otros solo con puro miedo, pero en todos los rostros predominaba el rechazo.

Continuaron avanzando, y la imagen de aquellos sujetos se fue quedando cada vez más atrás.

Kagura no había podido despegar la vista de allí, y sin darse cuenta, su ritmo disminuyó un poco. De repente se sintió mal, sin saber comprender muy bien la razón. Había sido horrenda la forma en la que la miraron, y hasta cierto punto dolorosa.

—Aún hay gente que no está de acuerdo con el hecho de tenerte aquí— Comentó Sougo, de un momento a otro.

Ella inconscientemente lo miró. Él no detuvo su paso, continuaba caminando tan tranquilamente como hasta hacía unos momentos, con sus manos guardadas en los bolsillos, dándole la espalda.

—Muchos aún temen tu fuerza monstruosa. No creo que vayan a olvidar tan fácilmente el desastre que hiciste cuando llegaron a rescatarme. Es lógico que te tengan miedo.

Normalmente no le habría importado en lo más mínimo lo que dijera aquél estúpido crío, pero esta vez las palabras se le clavaron como alfileres en el pecho.

Se detuvo y miró fijamente hacia el suelo. No era justo, para nada justo. Todos ya la tenían marcada por algo que ni recordaba haber hecho. Tuvo una sensación extraña por dentro, algo que la dejaba muy incómoda, como si ella no perteneciera allí… era una sensación extrañamente familiar, solo que no sabía con exactitud cuando la había sentido antes.

Un golpecito en su frente la regresó a la realidad.

El castaño la había golpeado con sus dedos en un llamado de atención, y ella al encontrarse con su rostro rápidamente adoptó una posición defensiva.

—No te detengas, ya casi llegamos— Anunció el muchacho antes de dar media vuelta y continuar caminando.

Kagura lo miró extrañada por breves instantes al notar que esta vez el chico no buscaba pelea.

A los pocos minutos, el muchacho se detuvo frente a una puerta, que fue abierta casi al instante. Se adentró allí, mientras que Kagura se mantenía cautelosa, bordeando con cuidado los alrededores.

Después de unos pocos segundos concluyó que no había amenaza, por lo que decidió imitar a su guía y pasar.

Fue sorprendida con un agradable panorama. Una mesa bastante larga, repleta de deliciosa comida. Un banquete. Los asientos se encontraban ocupados por bastantes oficiales, algunos conocidos y otros desconocidos, entre ellos Kondo, Hijikata, Sagaru y su fastidiosa niñera. Era tal vez la mitad del Shinsengumi.

Kondo, quien se encontraba sentado en la cabecera de la mesa rápidamente la invitó a unirse con una gran sonrisa. Le había guardado lugar junto a él, al costado derecho. A su lado se sentaba Hijikata, y frente a ella, Sougo.

Kagura buscó confundida la mirada del comandante, y éste rió al captar la silenciosa pregunta.

—Kagura-chan, puedes considerar esto como una fiesta de bienvenida— Le aclaró, sorprendiéndola notoriamente. —Lamento la forma en la que te hemos tratado hasta ahora, pero ya he resuelto el problema y hablado con todos para avisarles que serás parte de la familia— Finalizó alegre, empleando un tono fraternal.

—Kondo-san, ya te lo he dicho muchas veces. Deja de expresarte como un mafioso, luego la gente se nos pone en contra por andar diciendo esas cosas— Lo regañó Hijikata mientras apagaba el cigarro que se encontraba fumando.

Pasando por alto el último comentario, Kagura parecía estar aún algo confundida. Las cosas habían transcurrido demasiado pronto para ella, y sinceramente se le hacía sumamente difícil de comprender que la gente que la había catalogado como su "enemiga" ahora estuviera dispuesta a aceptarla como una más del grupo.

O bueno, por lo menos algunas personas, porque pensándolo mejor, Isao y algunos otros miembros desde el principio la habían tratado bien…

—Los que nos encontramos aquí somos quienes estamos de acuerdo en tenerte con nosotros— Explicó nuevamente el comandante.

Asique por eso era que los otros sujetos se encontraban en la otra sala…

Al parecer, el Shinsengumi se había dividido en dos bandos, pero la alivió en cierta manera el hecho de ver que había bastante gente allí reunida. Rápidamente su vista se fijó en Sougo. Él era el que más en contra estaba de permitirle permanecer en la base.

—No me mal interpretes. Sólo vine porque el gran festín está aquí— Se apresuró a aclarar el castaño cuando se percató de la mirada celeste.

Antes de poder contestarle, Kondo le hizo un ademán con la mano para que tomara asiento junto a él, y claramente contenta obedeció en silencio.

—Entonces, ya que nuestra invitada de honor ha llegado, podemos comenzar. ¡Disfrutemos este gran banquete!— Y a la señal del comandante, casi todos los oficiales exclamaron entusiasmados, antes de comenzar a servirse.

La estancia pronto se llenó de murmullos y comentarios alegres, ruido de botellas de sake y un ambiente casi festivo.

Kagura de inmediato localizó un muy apetitoso objetivo: Un gran pollo horneado con salsa barbacoa sobre él y algunos vegetales alrededor. El humo que desprendía le llevaba directamente el aroma del platillo, y su estómago le exigía comida. No había probado nada más luego del desayuno.

Antes de que Sougo lograra alcanzar a su presa con el tenedor, ella ya lo había raptado y resguardado en su plato. Comenzó a devorarlo como si se tratara de un animal salvaje que ha pasado días sin comer, y el hambre que sentía probablemente era aún más grande que eso.

Hijikata observó de reojo la escena con cierta perplejidad. Esa chica era una bestia para comer.

—¿No es un poco… mucho para ella?— Cuestionó en voz baja.

—La verdad, no me sorprende…— Comentó Sagaru. —Cuando la alimentaba en el cuarto de interrogatorios siempre se comía las raciones de por lo menos medio escuadrón.

—¡¿Medio escuadrón? A este paso se nos acabará la comida— Reclamó el pelinegro. —Kondo-san, haz algo, como siga así nos saldrá más caro alimentarla a ella que a un dinosaurio.

El aludido bebió un sorbo de sake, para luego bajar el pequeño recipiente y tomar la palabra.

—Toushi tiene razón, Kagura-chan… Las damas deberían de ser más refinadas a la hora de comer.

—¡¿Y quién ha dicho algo sobre los modales? ¡Se trata sobre la cantidad de la comida! ¡La cantidad!— Le reclamó el vice-comandante exasperado ante los comentarios de su jefe.

—En primer lugar, debes comer con los cubiertos. Ve sirviéndote porciones pequeñas y…

Pero ya era muy tarde para detener al comandante, ya había comenzado con su discurso sin sentido sobre el comportamiento en la mesa.

Hijikata suspiró. Qué remedio, ya vería él como lo solucionaba más tarde. De momento decidió centrarse en su propio plato, tomó el envase de mayonesa más cercano y comenzó a vaciarlo sobre el arroz que se había servido. No se detuvo hasta que se terminó el contenido y en el plato quedó una montaña de mayonesa.

Sougo, en la otra punta, se dio cuenta de que el natto estaba echado a perder. Si encontraba algunas otras cosas en mal estado tal vez podría intentar fabricar un veneno improvisado para Hijikata, o si no, también quedaría satisfecho con por lo menos intoxicarlo.

Comenzó a mezclar en su plato una serie de ingredientes un tanto desagradables y echados a perder, mientras que le añadía mayonesa para volverlo irresistible ante los ojos de su jefe.

—…en resumen, no importa tanto cómo te comportes, porque somos una gran familia y todos te aceptaremos como eres— Finalizó el comandante sumamente emotivo, limpiándose las exageradas lágrimas y los mocos. —Toushi, Sougo, muéstrenle cómo se hace, apoyémonos mutuamente para que ella aprenda cómo se hacen las cosas aquí.

—Ojalá te atragantes con tu asquerosa mayonesa y mueras pronto, Hijikata— Dijo el castaño con su usual tono inexpresivo.

—Ojalá tu bazooka te estalle en la cara y te vuele la cabeza, Sougo— Contestó el mencionado, con un tono tan calmado como lo había empleado el otro.

—¡Oigan! ¿Qué se supone que fue eso? Tenían que apoyarse, vamos, chicos tienen que decir algo como…-

—¡Ya veo!— Exclamó contenta la pelirroja, interrumpiendo así las palabras del comandante. —Ya entendí cómo se hace— Centró su vista en el pelinegro que tenía al lado. —Tu cabello apesta a tabaco, adicto a la mayonesa. Es terriblemente desagradable tener al lado a alguien hediondo y asqueroso como tú. ¿Te bañas en tabaco o qué? Huele peor que la mierda de vaca…

Kondo rápidamente intentó detenerla, mientras que ella ahora pasaba a insultar a otros oficiales. Toushiro había quedado estático en su lugar, con una temible sombra cubriendo sus ojos, anunciando que pronto estallaría. Sagaru intentó detenerla junto con el comandante, pero ella terminó enviándolo al demonio. Sougo comía tranquilamente a pesar de todo aquél desastre, pero a medida que el escándalo aumentaba, parecía estarse irritando poco a poco, por más que por fuera a penas se notara.

—¿Podrías cerrar tu maldita boca por un minuto? Estoy seguro de que hasta un estúpido gorila con problemas mentales se comportaría mejor que tú— Intervino finalmente el castaño, llamando la atención de la chica.

—No quiero oír eso de un estúpido sádico con cara de niña.

Muchos oficiales se congelaron ante el comentario de Kagura. Si bien era cierto que las facciones del capitán no eran muy masculinas, nadie hacía mención sobre el tema, sabiendo el infierno que sin duda se desataría.

El capitán Okita se puso de pié lentamente y desenvainó su katana.

—¿Me estás desafiando, niñata? Si buscas pelea créeme que yo te la daré con gusto— La expresión de su rostro espantaría hasta al mismísimo demonio.

Todos los oficiales retrocedieron aterrados al ver que un aura negra e intimidante salía del cuerpo de Okita, y Kagura adoptó una posición defensiva con una sonrisa ligeramente confiada.

Ignorando las órdenes desesperadas de Kondo, ambos comenzaron su incansable "juego", destrozando todo a su paso. Puertas, mesas, platos, paredes, pedazos del techo, todo… Ese día, terminaron destruyendo por lo menos media base entre los dos.

Sin dejar de pelear en ningún momento, Sougo se dio cuenta de un pequeño detalle… Tal vez, solo tal vez, muy en el fondo había dejado de desagradarle tanto el hecho de tener que ser su niñera.

Después de todo, con ella y su fuerza monstruosa tendría para entretenerse cuando se aburra de atentar contra la vida de Hijikata.

CONTINUARÁ…


Loco, sin sentido y... extraño, lo más parecido posible a un capítulo de Gintama(?)

Bien, espero que les haya gustado toda esta sarta de incoherencias escritas con el único fin de entretener, la trama todavía se encuentra lejos, pero habrá.

Mientras tanto, sigan disfrutando de la vida de Kagura en el Shinsengumi, y si pueden alimentar a esta hambrienta escritora con sus reviews, creanme que ayudaría mucho.

Nos leemos, y si tienen facebook, ahí nos vemos~