Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

Amigos.

Lágrimas tras lágrimas caían sin piedad por sus pálidas mejillas, haciéndola sentir aún más miserable.

No sabía cómo de un momento a otro las cosas habían tomado un giro tan brusco en su vida que ya no sabía cómo volver atrás y cambiar todo para no cometer los mismo errores.

Error de confiar en ella, su supuesta mejor amiga.

Error de pensar que le podría gustar a alguien como la mujer en que se había convertido.

Todo comenzó a inicios de ese sexto curso, cuando la mirada de Jonh Smith se posaba en ella más que de costumbre, haciendo que se emocionara, pues Rose pensaba que nadie la registraba.

Su mejor amiga Emma, una chica de cabello negro y ojos azules impresionantes, se ofreció a investigar un poco sobre dicho sujeto, acabando todo en que Jonh se enamorara de la pelinegra y olvidara a una enamorada Rose.

Pero eso no fue todo, pues ahora Emma y Jonh se la pasaban juntos donde quiera, abrazándose y dándose besos en la mejilla frente a Rose, que ya estaba harta; porque aparte de todo, Emma tenía novio en el mundo muggle.

Y ahora estaba aquí, sentada a la orilla del lago, mirando el último atardecer del invierno, tratando de que más lágrimas no brotaran de sus ojos, y de pensar en otra cosa que no fueran las escenitas que su amiga y su anterior prospecto montaban en las puertas del Gran comedor (tanto así que ya todos pensaban que eran novios). Eso le destrozaba el corazón a Rose, que trataba de convencerse de que ya no le interesaba el sujeto, más resignación que nada.

Posó una de sus manos en el suelo, topándose con una piedra, no muy grande o muy chica, el tamaño perfecto para…

-¡Ahhh!- gritó a los cuatro vientos y la arrojó al lago, y a esta le siguieron muchas más, que se perdían en la profundidad de las aguas, formando largas ondas.

Los recuerdos llegaban a su mente tan frescos como si los estuviera viendo frente a ella, hasta que fueron tan fuertes que la obligaron a quedar de rodillas en el césped, llorando a lágrima viva con las manos en su rostro, tratando de hacerse la fuerte, como siempre hacía.

Una vez que todas las lágrimas salieron de ella, se recargó en el tronco de un árbol, tratando de serenarse. No valía la pena molestarse con su amiga después de todo lo que habían vivido, aunque en este momento ella estuviera en el castillo seguramente abrazada a él, burlándose de ella y su ingenuidad. No valía la pena tampoco molestarse por un chico, con el que a fin de cuentas ninguna de las dos va a durar más de un mes si tenían suerte. Pero, ¿en realidad era por él? No, no lo era. Se sentía traicionada por su mejor amiga, alguien en quien confió hasta su más recóndito secreto.

Sintió cómo alguien se sentaba al lado de ella. Volvió la mirada y se encontró con un par de ojos grises, tan penetrantes que siempre la intimidaban, pero hoy no, hoy simplemente reflejaban tristeza y desesperación por no saber qué le sucedía a su amiga; si bien no eran muy cercanos, siempre se apoyaban en momentos difíciles.

Scorpius la abrazaba fuertemente, sin importarle que la pelirroja lo llenara de lágrimas, o de que su cabellera platinada ahora estuviera despeinada por el fuerte viento.

Y así Rose se sintió protegida por primera vez en mucho tiempo, aferrándose a ese brazo que le proporcionaban, sólo para estar más tranquila.

Estuvieron bastante tiempo sin decirse nada, sólo abrazados como nunca habían hecho. Y es que Rose y Scorpius sólo eran compañeros en la biblioteca, nunca más allá de esos límites. Su amistad era un secreto a voces, pero cuando el rubio vio a la chica desde la torre de Gryffindor arrojando con furia guijarros al lago, supo que lo necesitaba.

Rose sentía el latir acompasado del corazón de Scorpius a través de esa pulcra camisa blanca, tranquilizándola por completo; y las manos de su amigo en su cintura y en su espalda en señal de apoyo. Escondió su rostro en el níveo cuello y susurró un tímido "gracias", recibiendo un beso en la frente por toda respuesta.

Cuando volvieron al castillo, ya estaba oscuro, y los pasillos solitarios, pues el toque de queda sería pronto. Rose no tenía ganas de ir a su dormitorio, donde seguramente estaría Emma preparada para preguntarle dónde se había metido toda la tarde, y no tenía ninguna gana de responderle "lejos de ti" con el tono más venenoso que poseía.

Antes de entrar a la sala común, Scorpius se detuvo y la tomó del brazo. Sacó su varita y la apuntó a la cara, haciendo que Rose abriera grandes los ojos. Vio un destello y al instante siguiente a su amigo sonriendo.

-Sólo limpié tu rostro- dijo divertido acariciándole una mejilla, haciendo que ella se sonrojara-. Supuse que no querrías que los demás te vieran llena de lágrimas.

-Gracias- dijo tímida.

Él sólo la tomó de la mano para infundirle apoyo y la guió a la entrada del retrato.

Una vez adentro, se soltaron, pero se sentaron juntos en un sillón alejado de los demás, para poder hablar sin ser escuchados.

-¿Quieres contarme qué sucedió?- dijo Scorpius lentamente.

Se sorprendió al percatarse de lo hermosa que se veía Rose a la luz de la luna, pues estaban sentados al lado de una ventana donde esa hermosa luz se colaba por completo y podían verse sin la necesidad de las velas. Tragó sonoramente y se enfocó en lo que la pelirroja le decía.

-Seguro ya habrás escuchado lo que se dice…

-Sí, pero no me gustan los chismes, prefiero que me lo cuentes tú.

Rose no había hablado de eso mas que con Albus, y se había sentido tonta al hacerlo. Pero sentía que con Scorpius era diferente, pues una vez que terminó su relato, el rubio sonrió tranquilizador.

-Es decir que ahora no quieres ver a Emma ni en pintura, ¿me equivoco?

Rose se movió incómoda en su lugar.

-No te equivocas.

Scorpius suspiró. Lo cierto es que ambos sabían que esos dramas adolescentes estaban sobre estimados.

-Lo único que te puedo decir es que no dejes que algo así arruine su amistad, estoy casi seguro de que ella no sabe cómo te sientes. Y por lo que cuentas, ella también tiene problemas, deberías ayudarla, seguro lo agradecerá.

Rose lo reflexionó un poco y se dio cuenta de que el chico tenía razón.

-Además…- siguió Scorpius- mereces alguien mejor, pelirroja.

Como única respuesta, ella le dio un fuerte abrazo.

Cuando iba camino a su dormitorio, se preguntó qué era lo que le molestaba en verdad, y cayó en la cuenta de que su mejor amiga lo seguiría siendo siempre, y que los chicos iban y venían. Si Emma quería estar con John, ella no se negaría, después de todo, ella ya tenía a Scorpius de su lado.

Cuando entró a su habitación, Emma ya la esperaba sentada en su cama. Rose fue hacia ella y le dio un abrazo, pensando en que esa sería una noche muy larga.

Al día siguiente, Scorpius observó a pelirroja y castaña con unas profundas ojeras, pero con sonrisas en su cara de haber solucionado todo mal entendido.

En el fondo se sintió bien porque Rose no hubiera quedado con John, pero… ¿por qué sería?

Hola!!

Siento mucho no haber dado señales de vida antes! He estado todo este tiempo pensando en muchas cosas, y no sabía qué podría subir ahora para compensarles. Mi vida ha cambiado mucho, pero tengan por seguro que seguiré aquí para ustedes, que son quienes me ayudan a salir adelante. Muchos besos!!!