Espadas de Madera
Capitulo 2
Las palmeras se menearon por el viento al estar Riku nuevamente solo en aquel rincón de su hogar.
La visita de Tidus y su madre lo habían tensado un tanto más ahora que un alguien ya sabía que él había estado allí. Una vez más meneó la cabeza para volver a su trabajo. Pudo darle a dos clavos exactamente en el filo de la espada hasta que un uno mal hecho voló por los aires, respuesta del martilleo de Riku para acabar por los matorrales. ¿Sería su padre tan agudo como para darse cuenta de que había un clavo en un lugar que no debería? Era una exageración, pero en Adrian no siempre se podía confiar como parte de mentes vagas, era un hombre ordenado, independiente, cuidadoso marido y responsable creador.
El niño se dejó en la idea de que era una tontería y procuró acabar los últimos martilleos lo más pronto posible, hasta que escucho nuevamente ruidos detrás de él. Se volvió a observar, pero no vio a nadie, hasta que su visión volvió a la madera y a unos pequeños pies que antes no habían estado delante. El corazón se le detuvo unos momentos por los nervios y se calmó un tanto al ver la picara expresión de Sora frente a él. Riku al ver que lo habían descubierto ni siquiera se molestó en levantarse de su sitio y se quedó allí, algo enfadado y con las piernas cruzadas.
-Riku sabes que no debes estar aquí-indico Sora agachándose en el suelo y poniéndose al nivel de Riku-A tu padre no le gustará.
-Sora, mi idea no es que me encuentre-respondió Riku con los brazos cruzados-Ya me encontró Tidus hace un rato y más encima con su madre, solo quiero terminar con lo que estoy haciendo, si eres tan amable me esperarás en la playa donde acordamos.
Sora cogió la espada mitad-martillada con clavos de su amigo y la examinó. Su mente segundos después le dijo lo que sucedía.
-¡Tu espada está rota!-exclamó el niño anonadado.
-Por eso estoy llenándola de clavos, Sora-dijo Riku como si hablara con alguien a quien hay que pronunciarle todo dos veces o exageradamente lento-Si me dejas terminar podré ir a ganarte dentro de poco.
-Tú no me ganas tanto-respondió Sora con el ceño fruncido-Además quiero tu ayuda ya que estás aquí, verás…
Y sacó de entre su espalda la propia espada, con filo magullado y varias partes destrozadas por el tiempo. Miró a su amigo de reojo mientras exponía su arma.
-¿Me enseñas a arreglarla mientras le pones clavos a la tuya?-pidió el niño esperanzado-Mi padre me castigaría si supiera que ando en esto pero si tú estás aquí no puede ser tan malo, ¿verdad?
Para Sora, Riku no era solo su amigo, sino que en ideas era muchas veces su héroe y eso el chico lo sabía. No tenía más que acabar el trabajo juntos, pronto para poder ir a la playa y hacer como si nunca hubiesen estado allí.
Luego de un suspiro Riku cogió ambas armas y comenzó a clavarle a la suya a ojos de Sora para que este lo imitara con el otro martillo se sobraba botado a unos metros en la arena, ya camino a la playa. Ambos niños incluso comenzaron a divertirse mientras trabajaban, recordando cuando recién tuvieron aquellas espadas y para vergüenza de Sora, llegando posteriormente al tema de cuentas veces Riku lo había dejado desarmado dentro de su propio territorio de batalla, es decir cada casa respectivamente.
El tiempo pasó y sin ellos saberlo dieron las cuatro de la tarde sin más. Aunque ellos con lo divertidos que estaban no lo sabían.
-No creo que podamos dejarlas mucho mejor-dijo Riku lamentándose mientras miraba su espada repleta de clavos a más no poder, incluso en lugares donde no se hacía ninguna unión de una madera con la otra. Según su propio criterio, su trabajo daba lástima, pero al ver el de Sora solo pudo liberar una carcajada diminuta al mirar con detenimiento. La espada de Sora tenía tantos clavos que casi parecía decoración navideña y había un par de tachuelas en las esquinas que le daban a su trabajo una impresión mucho más ridícula.
Riku estaba por dar al ambiente un par de bromas sarcásticas a su amigo, pero al darse cuenta de que este tenía los ojos humedecidos prefirió no decir nada.
-Al menos lo intentamos, Sora-explicó tocándole el hombro a su amigo-Vámonos, le diremos a nuestros padres que las perdimos y así nos construirán otras.
-Si es que alcanzamos a ocultar estas-dijo al cabo de unos segundos Sora, mirando por sobre el hombro de Riku, muy asustado de repente. Riku miró también rápidamente y un escalofrió paso rápido en su espalda al darse cuenta de que había que actuar rápido. Adrian se acercaba entre las ramas del sendero con paso seguro como lo habitual y mirada seria. Era un hombre de cabellos castaños y ojos oscuros pero muy blanco de piel y con características muy típicas de su hijo, como el largo del cabello, las facciones y incluso la mirada profunda e inteligente, casi concentrada que le daban una imagen respetable entre las personas de su edad, al igual que su hijo que daba esa impresión pero en los niños con los que se juntaba.
Riku cogió a Sora del brazo y lo empujó a él y su persona entre las ramas, en una bajada en peñasco que daba camino a la playa, donde la madre de Tidus había llevado a su hijo hacía ya una hora y media. Ambos niños quedaron mirando al adulto como hacía acceso al lugar donde ellos habían desobedecido.
Lo observaron en silencio dar vueltas en el lugar y vieron como sacaba de entre unas cajas que antes no habían visto un paquete de fósforos, seguramente para hacer funcionar la cocina, pensó Riku para sus adentros. Adrian miró a su alrededor al darse cuenta de que estaba siendo observado de alguna forma, por lo menos su hijo ya lo sabía. Se guardó los fósforos en el bolsillo y caminó en dirección a los niños escondidos en los pastizales junto a unas jóvenes palmeras. Sora se agachó lo más que pudo pero Riku se mantuvo en su posición lo más quieto posible. Vió como su padre se detenía a pocos metros de ellos y bajaba en altura para coger algo del suelo.
-Oh no-murmuró Riku para sí mismo. Ambas espadas estaban ahora en manos de Adrian quien las observaba con atención. Riku sabía que ya casi no tenía sentido seguir ocultos, pero algo le impedía moverse, quizás el hecho de que Sora estaba presente, era muy probable.
Adrian dio un largo suspiro volviendo a la entrada del caminito para irse a casa, pero aún mirando de forma general el rincón de carpintería.
-¡Riku, te quiero en la entrada de la casa inmediatamente!-dijo una vez el hombre, fuerte y claro para los oídos de ambos niños. Sora se limitó a mirar a su amigo quien estaba perplejo en sus pensamientos.
Cuando Adrian ya no estuvo visible y ambos niños volvieron a estar solos, Riku, reservado en sus ideas volvió a empujar a Sora fuera de allí seguido por él, una segunda vez. No estaba dispuesto a que Sora lo viera en una situación tan vergonzosa, por lo que se arriesgaría a desobedecer una vez más, esta vez escapando.
Ambos niños llegaron a la playa casi enseguida. No había casi nadie a excepción de Wakka quien habiéndolos visto se limitó a darles un saludo lejano a la distancia. Seguramente ya se iba a casa.
