Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.

Capítulo 2.

Apareció en medio de un lujoso salón, techo alto, candelabros, una gran chimenea con fuego furioso ardiendo en su interior, grandes ventanales. Las alarmas se encendieron a penas se materializó en el lugar. En menos de un segundo estaba rodeada de magos que la apuntaban con sus varitas.

Con la frente apoyada en el piso, sus manos estaban cerradas en puño tan fuertemente al lado de su cabeza que los nudillos estaban completamente blancos, el cabello le cubría la cara. A su alrededor se comenzaba a formar un charco de sangre. Tenía heridas por todo el cuerpo. Temblaba ligeramente y las lágrimas habían hecho acto de presencia.

Porque, porque a mí, porque a mí, porque a nosotros. Primero sus padres, ahora Jane y Paul, quien seguiría luego. Empezó a aporrear el piso con las manos. Los magos se sobresaltaron ante esa reacción. Más de uno estuvo a punto de lanzarle un hechizo; nadie le habia visto la cara.

-¡Por qué a mí, por qué a mí!-. Fue un gemido lastimero, que todos los presentes escucharon. Estiró las manos y las apoyó en el suelo, lentamente comenzó a levantarse, estaba débil, le dolía todo el cuerpo y prácticamente estilaba sangre. Se tambaleó antes de erguirse completamente. Levantó la cabeza, una cortada le atravesaba la mejilla izquierda. En la sala se hizo el silencio, todos los magos que la habían apuntado amenazadoramente con sus varitas ahora se inclinaban en una reverencia.

El que parecía ser el jefe dio un paso adelante.

-Alteza; nosotros lo se… sentimos mucho, no sabíamos que se trataba…-. Las puertas se abrieron estruendosamente, una anciana entraba rápido con un sequito de gente siguiéndola presurosa.

-¡Hermione!-. Ambas mujeres se miraron a los ojos, la de más edad corrió a sostener a la más joven. – ¡Mi niña!-.

- Porque a mí, porque a nosotros, porque a mí, abuela-. La chica se desmayó sobre los brazos de la anciana, mientras esta pedía ayuda desesperada.

Todo el palacio despertó, y se puso en movimiento.

…..

Despertó al atardecer del día siguiente. Abrió los ojos lentamente, se sentía cansada, exhausta era la palabra más adecuada. Tenía la garganta seca, tenía sed, necesitaba agua.

-A… agua; agua-. En un instante su cama estaba rodeada de gente.

-Hermione, mi niña, como te sientes-

-Agua, por fa…favor-. Sintió la frialdad del vaso posándose sobre sus labios.

-Con cuidado, corazón-. Luego de tragar, cerró los ojos. Que se supone que hacia ahí. Las imágenes de lo acontecido el día anterior golpearon avasalladoramente en su mente.

Como si hubiese tenido un resorte en la espalda, se irguió violentamente en la cama, quedando sentada mirando a todos los presentes, o sea a su abuela, dos elfos domésticos y muchos, muchos medimagos.

-No, no, no, no-. Negaba incesantemente con un movimiento de cabeza. Agarró todas las colchas que la cubrían y las retiró con movimiento rápido. Salió de la cama presurosa, sintió varias manos que intentaban detenerla, pero ella se las quito con violencia. Se detuvo delante de un gran espejo que la mostraba de cuerpo completo. Vestía su pijama.

Al parecer los medimagos habían hecho su trabajo, la herida de su mejilla ya no estaba, de los golpes y los hechizos solo quedaban una que otra magulladura, lo único que delataba que estaba herida, era una venda de blanco inmaculado que le cubría el antebrazo y parte de la mano derecha. Todo esto cortesía de su tan dramática salida.

Dos lágrimas rodaron por sus mejillas antes de que de un manotazo las limpiara. Se giró para encarar a los presentes.

-Abuela-. La mujer entendió claramente el mensaje.

-Todos, pueden retirarse-. Unos de los medimagos se adelantó.

-Si me disculpa majestad, creo que puede que la princesa no se encuentre del todo bien todavía-

-Yo estoy perfectamente bien, no se preocupe-.

-Si es así entonces, con su permiso-. Hizo una leve inclinación de cabeza y salió de allí.

-Supongo que ya sabes lo que sucedió-. Dijo cruzándose de brazos.

-Solo lo presumimos-.

-Bellatrix se metió en la casa, me buscaba-.

-¿A ti?, no es posible que se hayan enterado aun-.

-No, tranquila; Voldemort me quería debido a la idiotez que publicó Skeeter; se supone que soy la nueva novia de Harry. El punto es que llegué a la casa y la bruja ya estaba allí; mató a Jean y Paul; intentó atraparme pero logre escapar.

-Mi pequeña- Elisabeth abrazo a su nieta.- Tuve tanto miedo cuando te vi ahí cubierta de sangre-

-Tranquila Abue; estoy bien-. Hermione se alejó un poco de su abuela.

-Que va a suceder ahora-.

-Nada ha cambiado, seguiremos de acuerdo a lo estipulado-. La joven suspiró con resignación, su vida ahora sí que se iba a complicar.

-¿Cuándo?-

-Un mes-

-Supongo que tengo que conformarme, no-

-Querida no es tan terrible, ya verás-

La chica forzó una sonrisa. La verdad es que esperaba que esto nunca pasara.

Al parecer el destino se empeña en hacerme la vida imposible. Tomó a su abuela de la mano y salieron de la habitación; la cena iba a ser servida.