Well, esta historia está sacada de mi personaje en un PRG (role playing game) en la comunidad de Style Role (www. fotolog .com/style_role) El personaje es Kaden, un cazador en busca de venganza, actor utilizado: Thomas Dekker de TSCC. Sin embargo las cosas se complican cuando descubre que aquel que tanto odia ha muerto y toma la desición de cobrar la deuda en sus hijos.
Situado en la temporada 3 de Supernatural
Chapter I: Mom is a bitch
Motel 71, Vernor, MO, 09 de septiembre, año 2008
Jugo un momento con la llave en su mano mientras el suelo de madera antigua crujía bajo sus pies. Cerró los ojos un momento y respiró el aroma a madera húmeda que inundaba el pasillo de aquel hotel de mala muerte. La lluvia se había colado a través del techo creando unas goteras que empapaban el suelo.
De alguna extraña manera aquel aroma lo llevaba de regreso al único tiempo en que había sido feliz de alguna manera, el único momento en que se había sentido en casa, a salvo. Le recordaba aquellos bosques en Washington en la reserva de Red Lake. No era en absoluto nativo americano como para vivir en la tribu, pero aún así ellos lo habían aceptado entre los suyos y le habían dado un hogar por varios años.
Se dejó arrastrar por unos momentos por aquellos recuerdos, sintiéndose de nuevo caminar por aquel sitio, escuchando las voces que le resultaban tan familiares, los nombres con los que lo solían llamar. Ellos sabían quien era en verdad, podían verlo y aún así lo trataban como uno de los suyos. Conocían la oscuridad en su interior, y sin embargo sólo miraban la luz en él.
Sin que supiera como, de un momento a otro las voces en su mente cambiaron, dejaron de ser esas risueñas y agradables para convertirse en una fría voz demasiado familiar, una que quemaba como fuego del infierno.
¿Tu linda amiguita? Se quien la asesino. Toma tu venganza… está en tu naturaleza, no eres un buen chico.
Las voces comenzaron a crecer, eran miles de voces, todas mezcladas entre si, la de su abuelo se destacaba entre todas. Aquel maldito que tan miserable había hecho su vida. Reclamando sangre, reclamando venganza, despertando su lado más oscuro.
Era demasiado, ya no podía soportarlo, sintió que todo comenzaba a oscurecerse y sus ojos se daban vuelta, su cabeza pareció estallar y todo se volvió negro.
No supo cuanto tiempo pasó antes de que despertara adolorido en el suelo, preguntándose desde cuando se desmayaba. No era típico de él, era algo para débiles, y eso no le agradaba. Levantó la vista y vio a un niño frente a él, se paralizó y tardó en reaccionar. Sin embargo al volver a pestañear no había nada.
Fue entonces cuando notó el repentino silencio. No se escuchaba la radio que hacía un momento había estado sonando en la recepción, tampoco los ruidos de la ruta, ni el crujir de las tablas de madera bajo su peso. Miró alrededor con su sentido de alerta al máximo, en su vida nunca se estaba a salvo, y a la menor señal de algo fuera de lo común debía ponerse alerta o pagar caras las consecuencias.
Se puso de pie mirando en todas direcciones. Cualquiera lo habría tomado como simplemente causa de su imaginación, o desvaríos causados por el desmayo, pero el sabía bien que algo sucedía, era parte de su mundo.
Casi como si lo hubiera estado esperando, una risa de niño resonó en todo el pasillo, proviniendo de ningún sitio, simplemente como si el aire la arrastrara. Comenzó a caminar hacia su habitación, sus cosas estaban allí, podría necesitarlas. O quizá en verdad estaba loco.
Ya fuera por causa de su paranoia o en verdad sucediera, no dejó de sentir la presencia del niño en todo su camino. Lo sentía en sus espaldas y al voltear a ver no había nada, lo sentía a la vuelta del corredor y al mirar no había nada de nuevo, y en todo el momento no dejaba de escucharlo reír. No era una risa burlona, más bien era una traviesa e inocente, como si jugara a las escondidas. Comenzó a repasar en su mente todas las posibilidades, los casos no solían aparecerse de improviso, en general era él quien los buscaba ¿Sería acaso un fantasma? Era una posibilidad muy grande. Pensó también el arma que tomaría primero mientras abría la puerta de su habitación, y si sería necesario utilizar una. No parecía peligroso, pero tampoco se dejaba engañar. Aquella inocente broma podría esconder algo muy oscuro.
Lo sintió nuevamente a su lado, el aire tibio de su respiración en su brazo. No se molestó en darse vuelta, y en un impulso simplemente movió el brazo para agarrarlo, eso sería una prueba de a lo que se estaba enfrentando, aunque también algo bastante peligroso. Había estado esperando que su puño se cerrara alrededor del aire, por lo que se sorprendió cuando su mano tomó un suave y pequeño brazo. Volteó a ver y lo tomó por los hombros, quizá simplemente era un pequeño niño jugando y él era el desequilibrado que lo asustaba. Sin embargo al mirar su rostro supo que no podría estar más equivocado.
Su sangre se heló al encontrarse mirando cara a cara a él mismo de niño. El rostro pequeño e inocente estaba cubierto de heridas, cortes, raspones, muchas sangrantes otras cicatrizando. El pequeño cerró los ojos claros un momento y al volver a abrirlos habían perdido su color verde azulado, convirtiéndose en un amarillo escalofriante, causando que lo soltara como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
Furioso se puso de pie mirando alrededor. No era ningún fantasma, sabía exactamente quien era responsable de aquello, la única con la mente lo suficientemente retorcida para pensar en esa forma de tortura.
-Está bien, la broma acabó, ya puedes mostrarte –su propia voz se alzó en el pasillo ahora vacío.
Una risa volvió a resonar en el pasillo, pero esta vez era una risa burlona y fría de mujer. Desde un rincón apareció una joven, luciendo exactamente como la recordaba desde que tenía memoria. Los años no afectaban a la hermosa mujer, y por lo que acababa de presenciar tampoco había cambiado su veneno.
-¿Qué sucede cariño? ¿No te gusta recordar los viejos tiempos? –Gadreel se acercó a él con sus labios curvándose en una diabólica sonrisa y su andar elegante que hechizaría a cualquier hombre.
-Prefiero el presente "ma" –dijo recalcando la última palabra mientras miraba con odio a su propia madre –en donde me dedico a cazar a los hijos de perra como tú.
Gadreel rió nuevamente haciendo que se le helaran los huesos.
-Así que sigues dedicándote a cazar a tus iguales ¿eh Kaden?–comentó en tono casual entrando a la habitación como si fuera suya.
Él la contemplo pasar y supo que no se libaría de ella tan fácilmente, por lo que entró detrás.
-No son mis iguales –dijo en tono cortante –jamás lo serán.
-En un tiempo lo fueron.
-¿Te refieres a ese tiempo en que me entrenabas para matar? ¿Torturándome si te fallaba? –dijo en tono frío y despreciativo.
-Tanto rencor, tanto rencor – sonrió de lado –me agrada, el rencor lleva al odio y el odio lleva a despertar tus instintos.
Su madre lo rodeó un momento y se acercó a él por la espalda, colocando gentilmente una mano sobre su cabello castaño y otra en su hombro.
-Eres uno de ellos hijo mío –le susurró al oído–eres uno de nosotros – acarició suavemente su cabeza –algún día lo verás, y sabrás que no importa lo que hagas, jamás podrás escapar de eso.
Sin decir más, con una leve ráfaga de viento, como si alguien hubiese dejado una ventana abierta, Gadreel desapareció, dejándolo solo en la habitación.
Kaden se dejó caer de espaldas sobre la cama. Era otro fastidioso día en su vida de cazador.
