Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.
N/A: Gracias a Perse B.J, sailor mercuri o neptune, vampylolita y AliceC.-Whitlock por sus comentario. Y a todos los que leen la historia de forma anónima.
¡Ahora a leer!
…..
Capítulo 5.
Se paró, dio unas breves disculpas y salió con paso rápido. Si se ha de decir la verdad, no tenía ni la más mínima idea de por qué lo hacía; la verdad es que su compañero también habia tenido la intención de seguirla, pero él lo habia detenido y le habia dado a entender que él se ocupaba del asunto, así que podía continuar cenando como lo venía haciendo hasta ahora.
Se sentía realmente extraño caminando por medio de esos pasillos rodeado de tanto lujo. Como es que en todos esos años no se habia dado cuenta de quién era ella realmente, esa era una de sus principales incógnitas, incógnita que pretendía revelar, en lo posible esa misma noche.
Ciertamente no tenía la más mínima idea de donde se podía encontrar la chica, el lugar era gigante, con un millar de habitaciones distintas, pasadizos secretos, y quien sabe cuánta cosa más. Así que optó por la localización rápida y facilitada.
-Wendy-. Llamó en voz alta.
-Me llamó joven Snape-. Dijo con voz chillona la elfa, no habia demorado ni un segundo en aparecer luego de que habia sido llamada. Severus no entendía por qué todos allí se empeñaban en llamarlo joven Snape. Está bien, él no era un vejete, pero si era un treintón, y el hecho de que le llamaran joven Snape, lo molestaba, incomodaba y avergonzaba todo por partes iguale.
-Si Wendy, sabes dónde está la Princesa-.
-Está en su habitación, acabamos de llevarle la cena allí-.
-Gracias Wendy, pero si no es mucha molestia, ¿podrías indicarme cuál es su habitación?-.
-Por supuesto joven, sígame-. La elfa se puso en marcha con el profesor de DCAO siguiéndole los talones. Se detuvieron pronto frente a una gran puerta de madera delicada y finamente tallada. Miró hacia abajo para decirle algo a la elfina, y se encontró con la sorpresa de que a su lado ya no se encontraba nadie, estaba solo enfrente a la imponente puerta, y estaba creyendo que la idea de seguirla e ir a verla no era tan buena como creyó al principio.
Vamos, por Merlín, eres Severus Snape, el más temido y odiado profesor de todo Hogwarts, porque tan nervioso. Es solo una joven a la que se te encargó proteger. "Si pero resulta, que no es una simple joven, es una Princesa y la futura Reina, y la que por años fue tu más brillante alumna, y a la que además le hiciste la vida imposible". En eso tienes…Movió la cabeza de un lado a otro, no podía estar teniendo una conversación consigo mismo. Levantó el puño con parsimonia, toco la puerta y esperó. Nada sucedió, volvió a tocar, de nuevo no hubo respuesta. Entró entonces sin haber recibido permiso alguno.
La habitación estaba en penumbra, pese a ello podía observar todo lo que habia en su interior. Un par de sillones estaban dispuestos enfrente de una gran chimenea, con el fuego crepitando en su interior. Habia también una pequeña mesa redonda en medio de los sillones, una bandeja con la cena descansaba en ella totalmente intacta. En sima de la chimenea habían varios retratos tanto mágicos como Muggles. También había una gran estantería pegada a una de las paredes completamente repleta de libros. En la habitación, aparte de la puerta principal por la que habia entrado, habían tres puerta más pequeñas y un gran ventanal cubierto solo por una cortina casi transparente pensada estratégicamente para dejar entrar la luz de la luna. De las puertas él podía presumir que una daba a la habitación, la otra seguramente sería un estudio y la última, bueno de la última no tenía ni la más mínima idea de lo que podía ser.
No se escuchaba ni un solo ruido, estaba empezando a preocuparse. Por la cara que traía cuando llegó, presumía que las cosas no habían ido bien. Esperaba solo que con lo inteligente que era no se le ocurriera hacer ninguna estupidez.
De repente percibió un movimiento, movimiento proveniente de detrás del gran ventanal con las cortinas casi transparentes. Camino a paso silencioso hacia allí. Ahí estaba, recargada en la baranda de un bonito balcón, desde ahí tenía una vista preciosa. Por un lado un hermoso lago se extendía poderoso por los terrenos de la familia, por otro, un profundo y frondoso bosque incitaba a perderse en él.
Lástima que ella no prestaba atención a nada más que el recuerdo de su tan amena charla con sus "amigos".
Estaba abatida, dolida, apenada, desolada, triste y un poco temerosa por su futuro incierto. Sus cuatro padres muertos, sus amigos le daban la espalda, la presión a la que estaba sometida la estaba matando. Ella no podría con todo, iba a decepcionar a su abuela. Su vida, ella no quería esa vida. Sus ojos comenzaron a arder y un segundo después sentía las lágrimas bajar a raudales por sus mejilla, imparables, implacables. Ya no podía detenerlas. Habia luchado contra ellas, manteniéndose fuerte, estoica durante aproximadamente un mes. Pero ya todo esto la habia superado.
-¿Por qué?-. Fue un gemido lastimero, que el maestro alcanzo a escuchar. La chica se veía tan frágil a los ojos de él, tan indefensa, tan abatida y tan desolada, que hizo que algo se agitara dentro de él. Tuvo la imperiosa necesidad de reconfortarla y hacerle saber que todo estaría bien, que lo que hubiese sucedido con los descerebrados de sus amigos se podía solucionar. Tuvo la necesidad irrefrenable de envolverla en sus brazos y susurrarle palabras de aliento hasta que ella volviese a sonreír.
Pero en que estás pensando Severus. Ni se te ocurra hacer nada estúpido. Eres solo su indeseable maestro y odioso guardia. No eres su amigo. Así que céntrate y compórtate como es debido.
-Alteza-. Hermione se giró bruscamente, no lo habia oído entrar.
-Alteza- repitió e hizo una inclinación de cabeza. La chica encontraba de lo más irrisorio que el grandilocuente Severus Snape, el hombre que la molesto toda su estadía en Hogwarts, el que la llamaba insufrible sabelotodo, come libros, biblioteca andante, ahora hiciera una reverencia cada vez que la veía.-Yo… eh… toque, pero nadie respondió entonces decidí entrar-. Detuvo su retahíla de escusas cuando vio las lágrimas que corrían libres por las mejillas de la muchacha.
-Las cosas no salieron bien con Weasley y Potter cierto-. La chica por respuesta negó con la cabeza; si hablaba seguro se quebraría. El raciocinio de Severus voló quien sabe a dónde. Se adelantó un paso, alargo la mano, agarro a la chica del brazo y de un tiró la atrajo hacia si rodeándola con los brazos. Hermione se agarró a la túnica del hombre y sollozó amargamente, mientras él le acariciaba el cabello lentamente. Estuvieron así segundos, minutos, horas, eso solo lo saben la luna y las estrellas que actuaron de testigos. El hecho es que la lucidez terminó por regresar a la mente del profesor.
Snape ¡que es lo que estás haciendo!, te dije que te comportaras. Se supone que eres un adusto, irritante e insoportable. Por Merlín que te está pasando. No puedes ir abrazando gente por la vida .Tienes una reputación que cuidar. Además ella debe querer que la sueltes, piensa, quien en su sano juicio querría estar entre tus brazos. ¡Ya reacciona, suéltala y sal de ahí! Haciendo caso a su conciencia, la soltó y se alejó de ella.
-Yo eh…-. Severus Snape balbuceando, muchos querrían ver eso.- Alteza, yo lo siento, me extralimite completamente, ruego me disculpe; juro esto no volverá a repetirse-. Cuidado hombre, es malo jurar en vano. Hizo nuevamente una reverencia y se alejó presuroso.
Hermione se quedó estática, parada donde el profesor la habia dejado, completamente asombrada. Ese hombre estaba bajo el influjo de un imperius o tenia graves problemas de personalidad múltiple. Pero habia que reconocerle algo, logró alegrarla un poco.
Entró a la sala, vio su bandeja con la cena. Definitivamente no tenía hambre, por lo que la ignoró providencialmente. Ingresó por una de las puertas hacia su habitación. Ya mañana pensaría que es lo que iba a hacer. Se desvistió, se puso pijama, se lanzó a la cama y se quedó dormida en un sueño intranquilo.
