Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.
N/A: Gracias por todos los comentarios. Me alegra mucho que se tomen el tiempo para dejar reviews.
Espero que les guste el capítulo, aunque Severus no sea muy participe de él. Es un poco más largo que los capítulos anteriores.
Bueno, sin nada mas que añadir,
¡A leer!.
….
Capítulo 6
Madrugó como era su costumbre. Se vistió, unos Jeans ajustados, una polera blanca sin mangas también ajustada y sus zapatillas converse negras era lo que usaba. Decidió que si sus amigos iban a comportarse como troles idiotas, ella no haría nada para intentar hacerlos entrar en razón. Tenía otras cosas de las que preocuparse. Bajó a desayunar, definitivamente no iría al comedor; molestar a los elfos para que arreglaran una mesa que era ridículamente kilométrica solamente para ella (ya que a las seis de la mañana nadie estaba despierto, o por lo menos eso creía) no estaba dentro de sus planes próximos. Por muy Princesa y futura Reina que fuera, sus convicciones sobre los derechos de los elfos domésticos seguían intactas, por ende no pretendía abusar de ellos.
Se dirigió a la cocina entonces. Afortunadamente no habia ningún elfo ahí.
Deben estar ocupados del resto del palacio. Mejor para mí, por fin podré prepararme algo como una persona normal. Contenta por el hecho de que por fin en lo que llevaba allí podría practicar la autosuficiencia se puso manos a la obra. Se le antojaban unos huevos revueltos con tostadas y una taza de café bien cargado, estaba hambrienta, mala decisión no haber cenado anoche.
Lo primero que hizo fue poner a calentar el agua y sacar las cosas para preparar el café. Luego saco tres huevos, que preparó en una sartén a la par que ponía a tostar el pan. La estancia se llenó pronto del delicioso olor a comida, abriéndole aún más el apetito.
El pan y los huevos ya estaban listos. Lo primero lo puso en una panera, mientras que con un paño agarró el mango del sartén. Con cada cosa en una mano se giró para así poder sentarse a la mesa y disfrutar de su merecido alimento, Ahí fue cuando descubrió que no estaba sola. Draco Malfoy completamente despeinado, descalzo y vestido solo con unos pantalones de pijama y una polera gris sin mangas venia entrando a la cocina ahogando un bostezo que amenazaba con salir.
Al parecer no se había dado cuenta de la presencia de la chica, porque cuando esta le habló llegó a saltar del susto.
-Al parecer hay más gente madrugadora en esta "casa"-. Lo último lo dijo en completo tono de burla. El lugar donde vivía se podía llamar de cualquier forma menos una casa, sobre todo por las dimensiones que tenía.
El chico la miró desconcertado y asombrado de encontrársela allí, además de haberlo tomado por sorpresa. Luego sin embargo recordó quien era su interlocutora, por lo que intento guardar la compostura y el protocolo que fuera posible, bueno todo lo que se podía tomando en cuenta en las fachas en las que se encontraba.
-Alteza, no imaginé encontrarla aquí-. Hizo una inclinación. Hermione hizo rodar lo ojos. Primero por el apelativo que habia usado, segundo, porque era obvio que se la encontraría, más que mal estaba en su casa y tercero porque el altanero joven Malfoy se habia inclinado ante ella. Definitivamente el mundo se habia vuelto loco.
-Supongo que si bajaste hasta aquí, fue para desayunar no. Ven siéntate ahí-.
-Alteza, yo… la verdad es que no tengo hambre-. Mentira, era el hambre lo que lo habia desesperado después de todo. Al decir aquello, su estómago rugió contradiciéndolo.
La chica rió.
-Tu estómago opina lo contrario-.
-Yo no…-.
-Malfoy ¿vas a sentarte aquí por las buenas o voy a tener que ordenártelo?-. El chico terminó por hacerle caso a la joven real.
Ella sacó otra tasa y otro plato, y puso el agua caliente, el café, el pan y los huevos, entre los dos, ya que estaban sentados uno frente a otro.
La chica pensó que si iba a tenerlo siguiéndola todo el día, por lo menos podría intentar llevarse bien con él, así que empezaría desde ese momento.
-Así que por lo que veo no soy la única que madruga-. Draco casi se atraganta con el pan, al escuchar que la chica le estaba conversando.
-La verdad es que no Alteza, de hecho Severus también esta levantado, solo que Dumbledor lo mando llamar por eso no está aquí también-.
-¿Severus?-. La chica se extrañó que tratara de tú al malhumorado profesor.
-Emm si-. Se rascó la cabeza, nervioso e incómodo.
-¿Por qué Draco?-. El chico se asombró al escuchar su nombre salir de sus labios en vez de su apellido y además no entendió la pregunta.
-Por qué, que Alteza-.
-Por qué aceptaste, porque aceptaron actuar de niñeras-.
-Y por qué no habríamos de haber aceptado-.
-No me respondas con otra pregunta-.
-Lo siento Alteza-.
- Porque dos Slytherin aceptarían cuidar a una Gryffindor, sobre todo si esa Gryffindor es la persona a la que le han hecho la vida imposibles y además detestan y odian-.
- Alteza, primero porque esa Gryffindor es la futura Reina, segundo no la odiamos, simplemente era una fachada, debíamos guardar las apariencias, como bien ha dicho somos Slytherin se supone que debemos actuar y comportarnos de una determinada manera, y tercero lamentamos haberla tratado de esa manera durante todos esos años. Además pertenecemos a la Orden, y ahora que ya no trabajamos como doble espías, nos pareció de lo más adecuado realizar este trabajo-.
Ya habían terminado de desayunar, sin embargo ninguno se habia movido de su puesto.
-Está bien, voy a hacer como que creo lo que dices-. Dijo sonriéndole, la verdad Draco nunca le habia caído del todo mal, se imaginaba que su actuar era porque estaba bajo la presión de su padre. Nunca habia llegado al extremo de odiarle como Harry y Ron. En cuanto a Snape siempre habia sentido un gran respeto y admiración por el hombre, además de jamás creer que era malvado.
-Alteza si me disculpa debo retirarme-.
-Adelante-. El chico se levantó y se encamino a la puerta, antes de salir fue interrumpido.
-Draco, mi nombre es Hermione-.
-Lo se Alteza-. Dicho esto, el rubio desapareció.
….
-Abuela por favor, no podemos dejar esto para otro día-.
-No cariño, en cinco días todos sabrán quien eres, y necesitas atuendo adecuado a tu posición, por lo menos para cuando estés en palacio o para ocasiones importantes-.
-Pero abuela-.
-Nada de peros señorita-.
Así continuaron toda la tarde de ese día, encerradas en su habitación una emocionada Reina, la hastiada Princesa y una nerviosa modista.
…
Los miembros de la Orden, exceptuando claro a sus "niñeras" como les gustaba llamarlos, se habían retirado del palacio esa mañana, eso sí, volverían en cuatro días para su presentación ante la sociedad mágica.
Yupi que divertido, todos sabrán quien soy, todas las personas que conozco, estaré bajo la mirada de absolutamente todo el mundo, que alentador.
Necesitaba despejarse, saldría no importa donde fuera, pero necesitaba salir de allí. Estaba a punto de desaparecerse cuando la detuvieron.
-A donde pretende que va Alteza-. Era Malfoy el que osaba detenerla.
- Eso no es de tu incumbencia-.
- No puedo permitir que salga sola, ordenes de la Reina-.
-Como quieras-. Agarró el brazo del chico y desapareció con él.
Apareció al lado de una gran pileta en el centro de un hermoso parque al que acostumbraba ir para despejarse y aclarar las ideas. Se sentó al borde de la pileta y con una mano se puso a juguetear con el agua.
-Alteza, que es lo que hacemos aquí-.
-Tú dijiste que no podía salir sola, pues bien, no salí sola-.
-Deberíamos volver al palacio-.
-Hazlo tu si quieres, lo que es yo me quedo aquí-. Draco se resignó. Estudió el lugar en busca de algún peligro. No encontró nada, así que se quedó parado al lado de la princesa.
-¿Qué te llevó a unirte a la Orden y alejarte de los ideales de tu padre y compañeros?-.
-Disculpe-.
-Me oíste bien-.
- Debo admitir que hasta tercer año creía en todas las estupideces que pregonaba mi padre, pero ya en cuarto año me fui acercando más a mi padrino, Severus; y me di cuenta que el Señor tenebroso era solo un loco con aires de grandeza que no le iba hacer bien a nadie. En quinto año fue que me enteré del puesto de doble espía que tenía mi padrino, decidí unirme a la Orden y también trabajar como doble espía, así podría hacer algo bueno por el mundo y mantener contento a mi padre. Sin embargo en sexto, el señor tenebroso tenía una tarea para mí, debía meter a los mortifagos al castillo y asesinar a Dumbledor. Como sabrá, lo primero sí que lo cumplí satisfactoriamente, pero lo segundo, lo segundo no podía hacerlo. El señor tenebroso habia estipulado que si yo no cumplía lo ordenado, entonces debería hacerlo Severus, él tampoco pudo, por más que previamente Dumbledor le rogó que lo hiciera si era necesario. Luego de eso quedamos al descubierto como traidores. Mayormente no nos preocupa ya que si bien sabemos que el innombrable querrá vengarse, ahora está más interesado en Potter y prontamente en usted Alteza, por eso es que debemos protegerla, en el palacio, en la calle y en el castillo. No se le olvide que Hogwarts está lleno de hijos de mortifagos que pueden querer hacerle daño-.
Hermione se quedó pensativa, eso explicaba muchas cosas, Draco le caía cada vez mejor. El chico estaba siempre dispuesto a conversar y a responder sus preguntas, no importaba si lo hiciese porque ella era una princesa y se sentía presionado a responderle. Por ultimo le hacía compañía, más que los que se suponía eran sus amigos.
-Está bien ya podemos irnos-. Dijo levantándose. –Ah y Draco, mi nombre es Hermione-.
-Ya lo sé Alteza-.
-Entonces úsalo, y obvia ese estúpido apelativo por el que me llamas-.
-Creo que no Alteza-. Dicho esto volvieron a desaparecer.
…
-Vamos Hermione, baja ya, no hagas esperar a los periodistas-.
- Pero abuela, solo quieren tomarme fotos para los periódicos de mañana, la que va a hablar y ser entrevistada eres tú, entonces no veo la razón para que baje; pásale una de mis fotos que ya tienes y asunto arreglado-.
-Hermione por favor.-
-Abuela sabes perfectamente bien que yo no quiero esto, sin embargo voy a bajar por consideración a ti-.
-Gracias, querida, así podrás lucir ese hermoso vestido-. Ambas mujeres salieron de la habitación, una alegre y la otra completamente resignada.
Afuera los esperaban Draco y Severus para escoltarlas. Los dos hicieron una reverencia al verlas. El rubio le regalo una sonrisa a la chica, mientras que el adusto profesor, con la boca ligeramente abierta miraba a la joven con cara de tonto embobado, como si no hubiese visto nunca en su vida algo más maravilloso.
El joven Malfoy notó el estado de su compañero por lo que le propino un codazo antes de que alguien más notara su cara de bobo. Severus al recibir el golpe, recuperó su habitual expresión insondable. Sin embargo, si las miradas matasen el joven de cabello rubio estaría muerto y en el quinto infierno.
Los cuatro se dirigieron a la biblioteca, los guardias abrieron las puertas para ellas, y en el momento en que la Reina y la Princesa pusieron un pie en la habitación, una lluvia de flashes cayó sobre ellas.
