Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.

N/A: Lamento la tardanza, generalmente no me demoro tanto en publicar, pero he estado llena de exámenes en la escuela, como es mi último año antes de la universidad… pero bueno no les doy más la lata.

A leer y disfrútenlo.

Estaba apoyada en el balcón de su habitación, esperaba a que la fuesen a buscar para su regreso a Hogwarts.

Soltó un suspiro de…, de que, ciertamente no lo sabía. Ese último mes habia sido el más hilarante, estresante, agobiante y extraño de toda su vida.

Flash Back

La noticia de que la Realeza Magica volvia al poder se habia propagado mas rápido de lo ue se demoraban en decir su nombre completo. Su cara habia salido en absolutamente todos los periódicos, ya no habia persona ni criatura, ni mago ni bruja que no conociera quien era ella.

Luego de eso todo se complicó aún más. Primero porque no habían dejado de llegar a palacio ramos de flores, regalos costosos y peticiones de matrimonio hacia ella. Por dios, era una persona, no una cosa que se pudiese disputar por ser el mejor partido que nunca existió.

En segundo lugar, los malditos reporteros, no sabía cómo lo hacían, pero siempre lograban encontrarla. Sus tácticas eran diversas; se convertían en animagos, saboteaban la red flu, intentaban sobornar a la gente de palacio, utilizaban hechizos de invisibilidad, escobas, incluso habían llegado a utilizar Hipogrifos. Estaban definitivamente desesperados por una foto de ella.

Más encima, era escoltada a cada maldito lugar al que se le ocurría ir. Su paciencia estaba llegando a su fin. Ah, para que mentía, ya se habia acabado hace mucho tiempo, y ese mismo día habia explotado.

Se habia levantado temprano por la mañana, no era novedad, según Draco, era la persona mas madrugadora del mundo, bueno, solo superada por Severus Snape.

Bajó a las cocinas y como habia pasado muchas veces no habia ningún elfo por ahí, eso sinceramente le subía el ánimo; podría preparar algo ella misma.

Puso sobre la mesa leche, café, jugo, pan y cosas para el pan. Se giró y comenzó a preparar tres huevos revueltos. Visto desde fuera, era demasiada comida para una sola persona; pero ella no desayunaría sola.

-Buenos días Draco-. El chico habia puesto un solo pie en la cocina y ella ya habia advertido su presencia, la verdad es que no entendía como lo hacía.

-Buenos días no lograba quitarse ese apelativo con él.- Madrugando como siempre-. Desde su primer encuentro en la cocina, desayunaban frecuentemente juntos, fuese la comida preparada por los elfos o por Hermione.

-Espero que estés hambriento, porque esto está casi listo-.

-Creo alteza que soy adicto a los huevos revueltos-. Respondió asomándose sobre el hombro de la chica. Era un gesto bastante cercano que no le molestaba a ninguno de los dos, en el tiempo que llevaba ella viviendo en palacio y el haciendo de "guardaespaldas" , se habían vuelto amigos, simpatizaban bastante, además de que con sus comentarios y ocurrencias le hacia la vida mas llevadera y alegre.

-Draco-. Alguien más habia echo acto de presencia en la cocina. Ambos se giraron ante el reconocimiento de aquella voz. Al hombre que habia entrado de improviso a la cocina buscando a su compañero, no le pasó desapercibida la cercanía que tenían los dos chicos al momento de entrar, y eso aunque le doliera admitirlo le repateaba por dentro. Endureció el rostro tanto que casi dolía, miro con furia contenida a su sobrino y si alguien se hubiese detenido a ver todas las emociones que pasaban por su mirada se habría dado cuenta de que la que predominaba entre todas ellas era la de los más absolutos y casi incontenibles celos.

-Padrino, que es lo que deseas-.

-Yo he… olvídalo, después giró para irse; pero fue interrumpido.

-No quieres desayunar con nosotros-.

-No-. Fue brusco, cortante y frio, no pudo evitarlo, salió con paso raudo de ahí.

-Se puede saber que rayos le pasa-. Le preguntó al rubio, mientras se sentaban y dejaba los huevos sobre la mesa.

El chico negó con la cabeza, mientras intentaba con todas sus fuerzas disimular la sonrisa que se quería formar en sus labios. Que si lo sabía, claro que lo sabía, y ni siquiera habia necesitado que se lo confirmaran, el adusto profesor a veces podía ser demasiado evidente sobre todo para él, que habia convivido y compartido mucho con aquel hombre, tanto, que podía interpretar todas sus expresiones por imperceptibles que fueran. Severus Snape estaba simplemente que se moría de los celos.

No habían ni empezado a comer cuando un elfo de grandes orejas, ojos saltones y voz extremadamente chillona entró a la estancia.

-Princesa, princesa, hay algo para usted en la sala-.

-Hay no, que no sea lo que creo-. Draco soltó una sonora carcajada.

Ambos se levantaron y se dirigieron a la sala.

-Esto es completamente ridículo-. Murmuró para si. El lugar estaba repleto completamente con arreglos florales, también habían cajas con regalos y tarjetas muchas, no miles de tarjetas. Ya se imaginaba lo que decían todas y cada una de ellas.

"Lady Hermione, aceptaría contraer nupcias con este humilde hombre", o "He estado perdidamente enamorado de usted por años", "Es usted la musa de mis inspiraciones", o frases baratas como: "debo estar en el cielo, porque es usted un ángel".

Por dios ya estaba harta, y para empeorar aún más las cosas, no estaba sola presenciando ese espectáculo, el idiota de Draco y el malhumorado de Snape también estaban ahí. No podía creer que esto le estuviese pasando. Paseo nuevamente la mirada por todo el lugar y algo llamó su atención, ahí en medio de todo se encontraba una hermosa flor, la cual era tan rara, que se decía que crecía una cada cinco años en todo el mundo. Sinceramente no creía que ninguno de esos pelmazos pudiese haberla mandado.

La curiosidad fue más fuerte, por lo que se acercó a esa flor. Draco la miraba intrigado, mientras que Severus, bueno él estaba que echaba chispas. La chica jamás habia demostrado interés por ninguna de las cosas que le enviaban sus "admiradores" , y sin embargo ahora la veía retirar con cuidado la tarjeta que traía, acariciando los pétalos de la flor con delicadeza, y para rematar todo la chica esbozaba una sonrisa, de esas sinceras que no se le habían visto en mucho tiempo.

La tarjeta decía:

Querida Hermione.

¡La noticia nos tomó completamente por sorpresa! Es impresionante, jamás lo sospechamos, porque no nos lo dijiste; olvida lo anterior, es obvio que no nos lo podías contar, pero apenas nos volvamos a ver queremos escuchar la historia completa, no te nos vas a escapar, escuchaste señorita.

Ahora que eres de la realeza; bueno siempre lo fuiste solo que nosotros no lo sabíamos; ¿tenemos que dirigirnos a ti como Súper Alteza Real Princesa del mundo Mágico?, broma, broma, no arrugues el ceño, es evidente que lo estás haciendo; despreocúpate, siempre serás nuestra Hermione, por muy rimbombante que sea tu nombre completo.

Un beso y un abrazo grande, y todo nuestro apoyo moral, hechiza a Rita Sketter de nuestra parte. Nos vemos en Hogwarts.

Tus incondicionales amigos Neville, Luna y Giny.

-Parece que hay un prospecto que si es de su gusto-. Dijo mordaz el hombre, a lo que Draco ahogó una risa. La chica se giró para observarlos.

-¿Disculpa?-.

-Que eso de aborrecer las flores y hacerlas desaparecer porque según usted las detestaba era solo una fachada, creo que ya encontró uno de su agrado, quizás que alcornoque y cabeza hueca debe ser; y usted debe haberse golpeado la cabeza o sinceramente tanto libro ya la volvió loca, para aceptar una cosa así-.

Bueno esto ya era la gota que rebalsó el vaso. Que le pasaba a ese hombre, y por qué carajo le molestaban tanto sus dichos. Eso era lo de menos en todo caso, ella no pretendía quedarse callada.

-Quien te crees que eres, se te olvida acaso con quien estás hablando, que te importa lo que piense yo de todos estos regalos, que te importa si me agrada alguno, mantente alejado de mis asuntos y que no se te olvide cual es tu lugar-. Dijo todo esto tan fríamente que los dos hombres se quedaron paralizados.

-¡Wendy, Wendy!-.

-¿Si princesa?-.

-No quiero volver a ver nunca más regalos dirigidos para mí en el palacio, ni estos ni ningunos otros, me escuchaste-.

-Como ordene, jamás volverán a entrar a esta casa -.

Hermione se encamino a la salida, pero al pasar por el lado del joven rubio, sintió como una mano la detenía.

-Alteza…-. Esa era otra cosa que la tenia de los nervios.

-Alteza tu abuela Malfoy, detesto ese apelativo, no quiero volver a escucharlo salir de tu boca, ni ese ni ningún otro-. Se deshizo de la mano del chico con brusquedad, y siguió su camino.

-Alte…-.

-Es una orden Malfoy-.

Ahora sí que definitivamente estaba alterada, necesitaba relajarse con suma urgencia y solo habia una forma de hacerlo. Subió a su habitación, mientras movía violentamente su varita, con cada movimiento alguna parte de su ropa cambiaba. Terminó descalza, con unos shorts diminutos y un peto que con mucha suerte le llegaba al ombligo.

Al entrar a sus aposentos, obvió la puerta que daba a su habitación y la que daba al estudio; se dirigió entonces a la que tiempo atrás habia causado curiosidad a Severus.

La habitación era simplemente una sala de entrenamientos, una sala de duelos. En el momento en que puso un pie en el lugar, cuatro armaduras dieron un paso al frente. Estas estaban hechizadas, dos pelearían cuerpo a cuerpo con ella, las otras dos lo harían con hechizos; no es que las armaduras supiesen hacer hechizos, La chica las habia adaptado y hechizado para que pudiesen hacer imitaciones de hechizos, que por supuesto no la dañarían, pero le servirían para agilizar sus movimientos y preparar los encantamientos de bloqueo.

Ella si utilizaría encantamientos de verdad, al fin y al cabo debía practicar, no quería ser presa fácil para nadie, además de que estaba deseosa de descargar su furia en algo.

Un hechizo pasó rozando su brazo, habia comenzado el entrenamiento.

….

Mientras tanto, en la sala, los dos hombres siguieron pasmados unos minutos más.

-Se puede saber qué te pasa-.

-yo…no lo sé-.

-Yo si lo sé, estas celoso, estás malditamente celoso-.

-No digas estupideces Draco-.

-Estupidez se llama ahora a decir la verdad-.

-Ya cállate-.

-Estás tan celoso que no eres capaz de mantener la boca cerrada y controlar tu lengua. Por favor, cuando ella llegó de hablar con Potter y Weasley corriste a verla, el día de la conferencia con los periodistas te quedaste mirándola como idiota, en la cocina recién, si las miradas matasen yo ya estaría muerto y ahora, por dios, era una maldita flor que le gustó, y sabes que, probablemente era de alguien que conocía, de algún amigo tal vez. Te aseguro que si no fuese así, no se habría molestado en abrir la tarjeta siquiera-.

-Yo…-.

-Y más encima, le hablas de esa manera como si tuvieses algún derecho. Maldita sea, tienes claro quién es, jamás la habia visto tan enojada, ni cuando le decíamos esa sarta de idioteces en Hogwarts-.

-Joven Draco, Joven Severus-. Era Wendy que los habia interrumpido.

-Que sucede Wendy-. Preguntó Severus.

-Alguien quiere ver a la Princesa-. En ese momento un chico moreno entro a la habitación.

-Potter-. Dijeron a la vez.

-Snape, Malfoy-. Hizo un movimiento a modo de saludo.-Necesito hablar con Hermione-.

Los que hacían de guardias se miraron, y luego de unos segundos de meditar la situación, asintieron con la cabeza.

-Sígueme Potter-. Dijo el profesor.

-Severus, no hemos terminado aún, esta conversación queda pendiente-. Habló el rubio.

El adusto maestro y el niño que vivió, se encaminaron a la habitación de Hermione.

El joven de la cicatriz miraba boquiabierto todo a su alrededor; como es que su amiga, si es que aún lo era, pudo haber ocultado todo esto por tanto tiempo. Todo era tan grande, fastuoso y lujoso, que era inconcebible.

Severus se detuvo frente a la gran puerta y tocó. No hubo respuesta, por que nunca nadie le contestaba cuando tocaba. Tocó por segunda vez, nada de nuevo. En fin, la chica ya no se podía enfadar más con él, así que abrió y entro sin permiso seguido por el chico.

Bueno, no estaba en el balcón ni en la salita, se asomó entonces al estudio, tampoco habia nadie allí. Esto era sobrepasar los límites de la intimidad pero asomó la cabeza a su habitación, nada.

Quedaba la misteriosa puerta, era una buena opción para saciar la curiosidad.

-Potter-. Le hizo una seña para que se pusiera detrás de él, el chico obedeció. El maestro alargo la mano y abrió la puerta.

…..

Hermione estaba bañada en sudor, sudorosa sí, pero más relajada, ya estaba considerando parar con el entrenamiento por ese día. Un último hechizo no estaría mal. Estaba de espalda a la puerta, tenía una armadura justo enfrente. Alzo el brazo y murmuró:

-Bombarda-. El hechizo estaba casi por alcanzar su destino cuando escucho la puerta abrirse. La armadura logro protegerse por lo que el hechizo rebotó y se desvió, directo hacia su intruso, Severus Snape. El pobre hombre la miraba asombrado, no atinaba a hacer nada, y tampoco tenía la varita a mano. La chica reaccionó rápido y puso un hechizo protector sobre el troglodita de su guardia. El hechizo volvió a rebotar, esta vez iba directo hacia su cabeza, ella simplemente se movió rápido y lo esquivo sin ninguna dificultad. El encantamiento se desvaneció después de eso.

-Lo siento por eso. Que deseas-. Su tono era gélido e indiferente.

-Hay alguien que desea verla-. El moreno salió de detrás del profesor, mostrándose ante la chica.

-Potter-. Dijo la joven, lo suficientemente alto como para ser escuchada.

-Bueno, los dejo, con su permiso-. Severus escapó de ahí a toda carrera, la imagen de la joven cubierta de sudor, y vestida tan escasamente lo habia perturbado en lo más hondo de su ser.

-Hermione yo…-

-Ahórrate lo que tengas que decir Potter-. Pasó por su lado como si el no existiera; enfiló a la salita.

-Hermione por favor-. El chico la siguió.

-Por favor que-.

-Por favor, eres mi mejor amiga, escúchame, entiéndeme, perdóname-.

-A si como tú me escuchaste, como tú me entendiste-.

-Yo… lo siento tanto. Pero estaba shockeado, no podía ordenar bien mis pensamientos, eso era absolutamente descabellado, y tú te fuiste, yo quise seguirte, para entender todo como debía ser entendido, pero Ron me detuvo, él es un imbécil, me pelee con él, dos días después de que tú te fuiste tan precipitadamente yo también lo hice. Luego la noticia salió en todos los periódicos, y yo pensé, por lo menos nos lo dijo antes que todo el mundo se enterara. Dios Hermione quise venir mucho antes, pero no le permitían la entrada a nadie, para entrar tuve que burlar la seguridad, entre volando con mi saeta. Hermione perdóname, eres mi mejor amiga, eres lo único que me queda. Que tengo que hacer, dime y lo hago, pero por favor no te alejes de mí-. El chico calló de rodillas al piso y una lágrima traicionera rodó por su mejilla; lagrima que vio Hermione, eso basto para que olvidara todo lo que habia pasado.

La chica se lanzó a los brazos de su mejor amigo.

-No hay nada que perdonar, pues ya todo fue perdonado-. Susurró en su oído.

Desde ese momento Harry vivía prácticamente en el Palacio. Su abuela lo encontraba un chico realmente adorable, Draco usaba ese tiempo para hacer las paces y llevarse bien con el elegido, estaban en el mismo bando, a si que era la mejor decisión. Severus por su parte evitaba a toda costa terminar la conversación que habia iniciado con Draco; en cuanto a Harry, procuraba no topárselo, ya que le ponía enfermo el hecho de que anduviese para arriba y para abajo con Hermione.

Fin Flash Back

Una respiración detrás de ella interrumpió sus pensamientos, se giró sobresaltada.

-Siento si la asuste alteza-.

-No es necesario disculparse-. El profesor asintió con la cabeza.

-Ya es hora, debemos irnos-.

La chica suspiró, finalmente iba a echar de menos ese lugar. Dio un último vistazo a todo, y salió seguida de cerca por Severus Snape.