Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo dos
Severus Snape caminaba presuroso de vuelta hacia el aula donde había dejado a Hermione cuidando a Neville. Detrás de él venía Albus dando largos pasos para intentar alcanzar al presuroso profesor.
-Cálma, Severus- le dijo éste- Si tan sólo sucedió lo que me has dicho no queda mucho por hacer mas que limpiar el aula y esperar a que el señor Longbottom despierte…
Pero a Severus nada de eso le importaba. Más bien estaba preocupado por cierta alumna a quien, por culpa de su orgullo herido, había olvidado preguntarle si se encontraba bien al menos. Creía que no pero si algo le había pasado él no podría encontrar el modo de perdonarse. Abrió la puerta de un golpe para entrar al aula y lo que vio lo dejó hecho de piedra. Allí, delante de sus propios ojos, estaba Hermione Granger abrazando a un jovencito como si fuera la cosa más importante de su vida. Apretó los labios, molesto, y sus manos se volvieron puños. No podía ver quién era ese ahí porque estaba de espaldas pero de lo que sí estaba seguro era de que no iba a salir de allí sin recibir un fuerte castigo.
Se aclaró la garganta ruidosamente para hacerles notar su presencia. La joven se apartó rápidamente, toda ruborizada mientras el muchacho giraba hacia ellos.
Al principio, Severus pensó que sus ojos lo engañaban, luego, que tal vez era una especie de broma pesada y, por último que aquello se trataba de una terrible pesadilla. No podía ser verdad que… No era posible…
-¿Qué…?- comenzó a decir pero se tuvo que detener dado que no encontraba las palabras necesarias.
-¿Severus?- preguntó Albus mirando fijamente al muchacho.
-Sí, señor Director- inquirió éste con un tono calmo pero se notaba en su mirada el nerviosismo.
-¿Eres Severus Snape?-volvió a preguntar el anciano.
El muchacho frunció el ceño. Empezaba a perder la poca paciencia que tenía.
-Sí- respondió secamente.
-Es imposible- indicó el profesor Snape.
El muchacho volteó sus ojos hacia Snape y, por unos instantes, se reconoció en él pero rápidamente apartó la mirada, algo asustado, y miró Albus.
-¿Sabes cómo llegaste aquí, Severus?- le preguntó al muchacho el anciano.
-Señor…- intervino Snape al notar que Hermione aún estaba allí algo avergonzada aún.
-Ah, sí… Señorita Granger- indicó Dumbledore-¿Podría ir a mi despacho y esperarme allí?
Hermione asintió y caminó lentamente fuera del aula cerrando la puerta de ésta detrás de sí. Ambos Severus la contemplaron marcharse y luego volvieron sus rostros hacia el director.
-Ya no estoy en mi tiempo, ¿Verdad?- preguntó el muchacho directamente.
-Muy perceptivo, Severus- indicó Albus mientras se recostaba por uno de los bancos pacientemente- Ahora, ¿me harías el favor de contarme qué es lo último que recuerdas antes de aparecer aquí?
El Severus adulto, que todavía no salía de su estado de asombro, miró atento al joven esperado oír ansioso su respuesta y más aún el porqué de haber abrazado a Granger.
-Estaba estudiando cerca del lago y de repente me sentí algo descompuesto. Cerré los ojos y cuando los volví a abrir me encontraba aquí.- respondió escuetamente. Pero lanzó una nueva mirada a Snape y le preguntó a éste- ¿Quién eres?
Snape alzó una de sus cejas no pudiendo creer que su "yo" adolescente fuera tan estúpido como para no dar con esa respuesta por él mismo.
-Tú, pero mucho más inteligente.- respondió con algo de burla.
El muchacho hizo el mismo gesto que él momentos atrás alzando una de sus cejas de modo interrogativo. ¿Sería así cuando fuera grande? ¿Tan… amargado? No es que fuera el más popular ni el más apreciado pero el hombre que tenía delante, cuyos rasgos se parecían muchos a los suyos, era tan… ni siquiera encontraba la palabra correspondiente para describirlo. De lo que estaba seguro era de que no deseaba verse ni ser así en el futuro…
-Como te habrás dado cuenta, o mejor dicho, como se habrán dado cuenta- se corrigió Albus- Ustedes son la misma persona pero de diferentes tiempos… y ahora nos vemos con el dilema de cómo lo devolveremos, Severus, al tiempo correspondiente.
-¿Por qué no le da un giratiempo? Cuando regrese a dónde corresponde podrá devolvérselo.- propuso el profesor Snape con seriedad.
Mientras más rápido se marchase su "yo" adolescente de allí más rápido él dejaría de recodar los terribles momentos de esa etapa de su vida.
-Me temo, profesor Snape…- comenzó a decir pero se vio interrumpido por el muchacho.
-¿Profesor?- preguntó haciendo una terrible mueca de disgusto- ¿Seré profesor?
Severus adulto rodó los ojos colocándolos en blanco. Recordaba muy bien que él jamás había pensado en esa idea pero este no era el momento ni el tiempo adecuado para ponerse a charlar sobre el tema.
-Albus…- insistió.
-Creo que mientras menos te enteres de este presente, o sea tu futuro,- dijo el anciano mirando al joven- será mejor. Pero, respondiéndote, sí, lo serás y uno my bueno, debo añadir. Lamentablemente, debo decir que tendrás que pasar un tiempo aquí…
-¿Por qué?- preguntaron los dos Severus a la vez.
-Porque…- respondió Albus ocultando una sonrisa-tengo el leve presentimiento que la única manera de que regreses a tu tiempo es que se recree el mismo escenario, pero como dudo que ciertamente lo logremos ya que no queremos arriesgarnos que algo salga mal, tendremos que encontrar la manera.
-Pero aún así podría intentar probar el giratiempo- insistió el profesor Snape.
-¿Por qué está tan enfrascado en que me vaya?- preguntó fríamente el muchacho a su "yo" adulto-¿Qué es lo que no quiere que me entere?
Snape le lanzó una fría mirada pero él no se inmutó porque, después de todo, él también lo hacía cuando intentaba de intimidar a alguien.
-No te tienes que enterar de nada- le respondió entre diente Snape y luego se volvió al director- Debo insistir, señor, que probemos con el giratiempo. Tal vez sí funciones.
Albus lanzó un suspiro.
-Si insistes- respondió el anciano- Pero primero sería conveniente llevar al señor Longbottom a la enfermería. Profesor Snape, ¿Podría hacerlo?
A regañadientes y ayudándose con un hechizo, hizo levitar el cuerpo del joven desmayado y se marchó hacia la enfermería. Albus y el Severus adolescente lo contemplaron en silencio hasta que lo perdieron de vista.
-¿En verdad me convertiré en eso?- preguntó Severus.
Albus lo miró con cariño.
-Primero vive y luego juzga, muchacho- le respondió.
Caminaron en silencio el despacho del director en silencio. A Severus todo le parecía igual que en su tiempo, salvo porque el director estaba más viejo pero, al parecer, seguía igual de chiflado. El anciano dijo la contraseña que al parecer no había cambiado ("Caramelo de limón") y subieron las escaleras hasta toparse con la puerta semiabierta. Ingresaron al interior y Severus pudo ver que allí se encontraba la loca muchacha que lo había abrazado, sentada en silencio y con la mirada perdida en un punto fijo de la pared.
-Señorita Granger- la llamó el director haciéndola volver a la realidad- Lamento haberla hecho esperar.
Ella miró a Severus y se volvió a sonrojar mientras apartaba rápidamente la mirada de él para ver al director.
-No hay problema, señor director.- respondió ella.
El director caminó hacia el otro lado de su escritorio inmenso y lleno de papeles y se sentó en su silla. Hizo una seña a Severus para que tomara el asiento vacío al lado de la muchacha pero él prefirió permanecer parado. Mientras más rápido supiera qué iba a ser de él mejor sería porque dejaría de estar desorientado y confundido.
-Dígame, señorita Grager- comenzó a decir al director al ver que el otro joven no aceptaba su invitación de sentarse- ¿Ha deducido lo que ha ocurrido en el aula de Pociones?
La chica no tardó en responder.
-Creo que el hechizo mal dicho de Neville que terminó impactando en el profesor Snape ocasionó una bifurcación en la línea del espacio/tiempo trayendo a una versión del pasado del profesor.
Severus se quedó asombrado ante aquella precisa deducción que él mismo tardó en resolver pero intentó no demostrarlo en su rostro. Pero al parecer no lo consiguió muy bien porque después de éste discursito el director le lanzó una mirada de soslayo y sonrió levemente. ¡Aquel viejo nunca iba a cambiar!
-Está en lo correcto, señorita Granger- indicó el anciano- Creo que no es necesario decirle que este asunto debe permanecer en absoluto secreto.
-Claro, señor… eh… ¿No puedo decirle a mis…?
-No- la interrumpió con calma el director-Ni siquiera puede confiarle este asunto a sus amigos. Sería mejor mantener el secreto.- hizo una pausa- Ahora bien, Severus, haz el favor de tomar este giratiempo.
El anciano le entregó el aparatito que él nunca antes había visto.
-Tienes que colocártelo- le dijo la joven.
Él le lanzó una mirada indicándole que se callara. No le gustaba parecer un inútil delante de nadie pero esa chica parecía empeñada en hacerlo. Se lo colocó y luego… no supo que hacer.
-Tienes que girar…-comenzó a decir ella de nuevo pero en ese momento las puertas del despacho se abrieron dejando entrar a un Severus Snape molesto.
Sin decir una palabra se acercó a su "yo" adolescente, tomó el giratiempo, lo hizo girar las vueltas necesarias y luego se apartó rápidamente. Pero nada sucedió. Su "yo" adolescente seguía allí mirando a todos con una expresión neutra en su rostro.
-Eso nos deja con una opción- dijo Albus luego de un minuto de tenso silencio-El joven Severus tendrá que hacerse pasar por otro de los alumnos hasta que encontremos la manera de devolverlo a su tiempo. Señorita Granger, ¿Sería tan amable de ayudarlo a adaptarse al ambiente?
Hemione no podía creer lo que le estaban pidiendo. Miró al director y luego posó su mirada en el hombre que amaba, en el adulto, que permaneció impasible. Sus ojos volaron hacia el otro Severus, el joven, y vieron la misma expresión pero ésta más recubierta de una sombra de temer en sus ojos.
-Lo haré, señor- respondió.
Albus sonrió.
-¡Muy bien! Severus Snape, usted comenzará las clases mañana junto con los alumnos de Slytherin. La señorita Granger lo acompañará a buscar a alguno de los prefectos de su casa para pedirles sus horarios. Si necesita algo, solicíteselo a ella antes que a cualquier otro, aunque si prefiere puede dirigirse a mí o al profesor- indicó el anciano señalando a Snape- Para no levantar sospechas deberá elegir un nuevo nombre con el que permanecerá aquí y lo aconsejable, por las notables semejanzas, es que permanezca con el apellido y diga que es el sobrino del profesor Snape.
El Severus joven asintió en silencio.
-Muy bien, pueden retirarse- les indicó a los dos adolescentes- Profesor Snape, ¿Podría quedarse? Hay cuestiones que aún necesito aclarar con usted.
Mientras Hermione salía seguida por el Severus joven, el profesor Snape los siguió con la mirada. Luego podría excusarse diciendo que se contemplaba a sí mismo, a su otro "yo", cuando en realidad sus ojos solamente se fijaban en la razón de su existir, Hermione Granger.
