Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.
N/A: Lo siento, lo siento, lo siento, de verdad los siento, lamento mucho la tardanza. Estoy en mi última semana de clases, eso es igual a muchos exámenes y pruebas finales. Y prontamente se me viene la PSU (Prueba de Selección Universitaria), quiero entrar a estudiar medicina, a si que estoy concentrada en eso. Ya tengo pensado el siguiente capítulo. Veré si puedo publicar pronto.
Ahora a leer!
…
Merlín sabía lo que odiaba ser princesa. En Hogwarts las cosas no habían mejorado mucho, ya se lo imaginaba antes de llegar a la escuela; sin embargo ella no perdió la esperanza, como bien dicen por ahí, la esperanza es lo último que se pierde; y en estos momentos ella ya la habia perdido por completo.
En primer lugar, por órdenes de su, nótese el sarcasmo, adorada abuela alegando a su seguridad ya no podía seguir viviendo en la sala común junto al resto de sus compañeros Gryffindors, como si los Gryffindors le fuesen a hacer algo, ahora tenía una habitación propia en un lado del castillo bastante alejada de bullicio de los estudiantes. Pero eso ni siquiera debería llamarse habitación; eso era literalmente un departamento, era enorme, por dios si hasta tenia cocina. Todo ya estaba rayando en lo ridículo y lo exagerado. Para aumentar su dicha, además tenía viviendo al lado a sus guardianes. A cada lado de su "habitación", estaban las habitaciones de Severus y Draco. Las tres habitaciones estaban conectadas por dos puertas, las cuales convergían en la habitación de la chica. Ella mantenía esas puertas completamente cerradas, no le gustaba tanta intromisión a su privacidad.
Todo en lo referente a Hogwarts habia comenzado mal. No habia podido tomar el tren junto con el resto de los estudiantes. Se habia ido directamente desde palacio. Ya en el castillo habia tenido una reunión con Dumbledor, Mcgonagall, Snape y para no variar Draco también estaba allí. Acordaron todo lo concerniente a su seguridad; ja, como si ella no fuese a hacer más de la mitad de las cosas que le decían que no podía hacer, ilusos. Luego los tres profesores habían hecho una reverencia y habían salido por una puerta lateral en dirección al Gran comedor, para dar comienzo al gran banquete. Se giró hacia Draco y lo miró con cara de circunstancias.
-Hermione- (Luego de su pequeño momento de furia con él, además de haber utilizado el poder que concedía su cargo sobre el chico, este por fin la habia dejado de tratar con los apelativos que le daba su posición).-Se bien lo que estás pensando y créeme, no dejaré que lo hagas-.
-Creo Malfoy, que no te tengo miedo. Y mejor vámonos de aquí-.
-Como ordene-. Hizo una exagerada reverencia, mas a modo de burla que otra cosa. La chica lo miro con furia.
Estaban frente a las grandes puertas de Gran comedor. Podían escuchar desde fuera el discurso del director. Maldición, todo el colegio estaría allí adentro.
-Creo que yo me largo de aquí-. Hermione se habia dado la vuelta y se disponía a marcharse, cuando el chico de platinada cabellera la detuvo.
- Disculpa-. Lo miro alzando una ceja.
-Por favor Hermione, tu eres todo menos una cobarde, así que vamos a entrar, nos vamos a sentar juntos (a estas alturas, por los ataques de Voldemort y la deserción de algunos estudiantes, todos se sentaban con todos en cualquier mesa que estuviese libre), vamos a comer mucho, y la vamos a pasar bien, entendido-.
-Como quieras, pero esto no va a ser nada bueno-.
El chico se encogió de hombros. Puso una mano en cada puerta y las empujó con fuerza, abriéndolas de par en par.
Lo que habia pasado luego era de esperarse. El silencio se hizo completamente en la habitación. Era como si alguien hubiese apretado el MUTE del control remoto. Alumnos, profesores e incluso los fantasmas se quedaron mudos. Todos se habían girado para mirar a la puerta.
Hermione maldecía a todo y a todos en esos momentos. Maldecía su estúpida suerte, maldecía su vida, maldecía a su abuela, maldecía al estúpido de Draco por haberla hecho entrar, y maldecía por sobre todo, a todos esos tarados que la miraban como si nunca la hubiesen visto antes; bueno claro habia que hacer una que otra excepción, las cuales eran Harry, Luna, Neville y Giny.
-Oh, Señorita De Leicester-. Estúpido Dumbledor, porque tenía que nombrarla. No podía seguir simplemente con su discurso y ya. Y por que el resto de profesores se tenía que poner de pie. Esto ya no podía ponerse peor o si?
Suspiró resignada, cortesía y buena educación ante todo.
una pequeña inclinación de cabeza. Mala decisión aquella. Las cosas si se podían poner peor. Ante ese pequeño gesto, todos los profesores hicieron una reverencia.
"Por qué a mí". Se pasó una mano por la cara, en señal de frustración. Con la otra mano hizo un ademan para que dejaran de hacer eso.
Agarro intempestivamente a Draco por el brazo, sin miramientos de lo que todo los allí presentes pudiesen pensar, y prácticamente lo arrastró hacia la mesa donde vio que estaban sentados sus amigos.
Se dejó caer al lado de Harry. Quedo sentada entre el niño que vivió y el platinado de Malfoy.
-Bueno, que comience el banquete-. Continuó el director. En un segundo las mesas estaban repletas de todos los manjares imaginables.
Todos los alumnos atacaron la comida, pero sin quitarle un ojo de encima a la chica. Bueno todos exceptuando a sus amigos y cierto profesor de mirada oscura que la miraban preocupados. La joven Princesa tenia enterrada la cara entra sus manos.
-Hermione-. Dijo Neville preocupado.
-Hermione, estás bien-. Preguntó Harry, posando su mano en el hombro de la chica. Ella levantó la cabeza, al hacerlo divisó a Ron, quien estaba sentado con Dean y Lavander, y le lanzaba miradas bastante desagradables.
-Me voy de aquí-. Ignoró las preguntas de sus amigos, se levantó y salió del comedor con paso rápido y elegante, Bastante parecido al andar que tiene el Profesor de pociones, cabe destacar. Harry, Neville, Giny, Luna y por supuesto Draco, no dudaron ni un segundo en seguir a su amiga.
Hermione solo se dio cuenta que la habían seguido cando ya estaba entrando a su "habitación" y alguien habia detenido la puerta luego de que ella la dejara libre para que se cerrara.
-¿Qué hacen aquí?-.
-Interesándonos por lo que le pasa a nuestra amiga-. Contestó Luna.
Hermione no contestó nada, pero los dejó pasar. Hizo un movimiento de varita, y en solo un segundo todo el lugar estaba iluminado. La chimenea estaba encendida, todo estaba pulcramente ordenado y todo era excesivamente lujos. Claramente este último pequeño detalle lo notaron Neville, Luna y Giny; Harry y Draco ya se habían acostumbrado; ya que miraban a su alrededor con la boca abierta.
-Abran deducido ya que no voy a quedarme más la sala común de Gryffindor -. Dijo mientras se dejaba caer pesadamente en uno de los sillones individuales que habia en la sala.
Sus amigos hicieron un asentimiento general de cabeza, mientras imitaban a su anfitriona y se sentaban en los sillones restantes. Draco por su parte se quedó parado al lado de su protegida.
-Draco siéntate si-.
-Como guste-. Hizo una reverencia
-Draco-. Dijo a modo de advertencia
-Solo bromeaba Hermione-. Miro alrededor, no quedaba ningún puesto libre en los sillones, por lo que ya que le habían dicho que se sentara así lo hizo. Se sentó en el reposabrazos del sillón en el que estaba sentada Hermione.
-Supongo que querrán saber toda la historia no-.
-No es necesario que digas nada Hermione-. Dijo Neville
-A nosotros no nos importa, solo con que te sientas bien nos conformamos-. Añadió Giny
-Aprecio lo que hacen chicos, pero de verdad creo que es justo que conozcan toda la historia-. Ella comenzó el relato, desde que sus padres tuvieron que esconderse, pasando por sus muertes, y su posterior adopción por parte de los Granger, hasta llegar a los sucesos relativamente recientes, el ataque de Bellatrix, la discusión con Harry y Ron y el hecho de que ahora tenía guardaespaldas.
Para cuando terminó el relato se encontraba de pie, con la vista clavada en el lento vaivén del fuego mirando a la nada. Estaba tan sumida en sus recuerdos que se asombró enormemente cuando sintió dos pares de brazos rodeándola amorosamente. Volvió entonces a la realidad, Giny y Luna la rodeaban en un gran y fuerte abrazo, abrazo que habia necesitado hace mucho tiempo. Neville miraba con el ceño fruncido a Harry; no podía creer que pudiese haber sido tan estúpido, mientras que el oji verde solo miraba el suelo, avergonzado. Draco, bueno Draco se asombrara del gran cariño que le profesaban sus amigos a Hermione, el mismo que ella les profesaba a ellos. Él jamás habia conocido eso, los que se hacían llamar sus amigos era solo por conveniencia y apariencias; y se sorprendió al encontrarse anhelando todo aquello que se desarrollaba frente a sus ojos.
Hermione noto el anhelo reflejado en los ojos del que comenzaba a ser su platinado amigo, algo en su interior se removió.
-Bueno basta de todo esto; apuesto a que se mueren de hambre no-.
-¿Vas a cocinar?-. El rostro del joven Malfoy se ilumino ante esa perspectiva. Una gran sonrisa aparición en su cara.
Giny miro a la castaña con las cejas alzadas a modo de interrogación.
-Larga historia Giny-.
-No Draco, creo que hoy solo nos conformaremos con la comida de los elfos-. Hizo una mueca ante la mención de utilizar a los elfos. Todos los ahí presentes rieron divertidos. Por muy de la realeza que fuese su amiga, seguía siendo la misma Hermione.
Estaban ya sentados a la mesa comiendo apaciblemente la cena que se habían saltado por salir prácticamente corriendo tras la princesa. Mantenían entre ellos una charla bastante amena. Hermione interrogaba a cada uno sobre sus respectivas vacaciones, mientras disfrutaban del postre, completamente absorta en los relatos. Entre la abuela de Neville y las locuras de Luna prácticamente se estaba ahogando de la risa.
-Ustedes están locos-. Dijeron Hermione y Draco a la vez. Ambos se miraron y volvieron a reír.
En ese momento se escuchó un golpeteo en una de las puertas laterales, una de las que convergían en el departamento de la joven princesa.
La chica hizo u movimiento de varita, con el cual abrió la puerta. Al ver de quien se trataba todos se quedaron en silencio. Hermione rompió en mutismo.
-¿Si?-
-Solo venía a asegurarme de que se encontraba bien y todo en orden-.
-Estoy bien, gracias-.
-Bueno entonces, si me disculpan, con su permiso majestad-. Hizo una leve inclinación y se fue por donde habia entrado.
-El mundo se trastornó-. Dijo Neville, en estado de semi shock.
-Fue lo mismo que pensé yo, cuando ellos se presentaron como mis "niñeras"-.
-He, guardaespaldas, más respeto. Además que hubieses hecho tu si te lo hubiese pedido la mismísima reina-.
-No sé, considerando que es mi abuela, sinceramente la habría mandado a freír monos a África.-
Todos la miraron con la sorpresa reflejada en el rostro.
-Bueno, creo que ya es tarde y mañana comienzan las clases; Merlín, son la una de la madrugada; vamos todos a dormir ya-
-Está bien Hermione-. Respondieron todos a coro.
Ella los acompañó a la puerta, retrato o lo que sea. Antes de que se perdieran por los pasillos les dijo:
-Ah, y si alguien los detiene, solo díganle que venga a hablar con migo-. Les guiñó un ojo. Ellos solo rieron desapareciendo por la esquina del pasillo.
Bueno mañana por fin vería como resultaba todo.
…
Severus estaba tirado en su cama con los ojos clavados en el techo. En el gran comedor habia visto las miradas que le dirigían todos los allí presentes a Hermione. Noto la expresión horrorizada que habia puesto cuando Dumbledor detuvo su discurso para nombrarla y luego todo el cuerpo docente habia hecho una reverencia ante ella. Y se dio cuenta también de que ella habia tomado por el brazo a Draco para irse a sentar junto a los amigos de la chica. En ese momento se habia dicho a sí mismo. "Calma Severus es solo tu ahijado, relájate, respira, no sería bueno que el pobre terminara en la enfermería hechizado así que serénate".
Pero tan solo unos minutos después la joven princesa habia salido con paso presuroso de la estancia, segunda unos segundos después por todos sus amigos incluyendo a Draco.
Eso lo preocupó notablemente, él también estaba dispuesto a dejar el lugar sin embargo Dumbledor lo retuvo con su incesante parloteo, del cual solo se pudo librar bien entrada la noche. Fue a ver entonces como se encontraba su protegida, tocó suavemente la puerta, cuando notó que ya estaba abierta entró. Todos se veían felices, contentos, todos reían. Cuando se cercioró de que todo estaba en orden abandono el lugar con una leve inclinación.
"Como me gustaría ser yo él que la haga reír, el que le alegra la vida, el que logre que sus ojos brillen de felicidad; se ve tan hermosa de esa manera". Con esos pensamientos cayó en los brazos de Morfeo. Mañana comenzaban las clases, y el tendría que volver a tolerar a niñitos bobos y descerebrados.
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