Disclaimer: No me adjudico ninguno de los personajes presentados en el fic a continuación. Todos estos le pertenecen a J.K. Rowling; yo solo los tomo, los pongo en situaciones embarazosas, juego un rato con ello; y bla bla bla bla bla.

A leer, que disfruten…

..

La joven princesa se habia dormido en sus brazos. ¿Ahora que hacia?, pues no tenia ni la mas mínima idea. De lo único que estaba seguro, era que jamás se habia sentido mas a gusto en toda su miserable vida.

Suspiro. La llevaría a su cuarto. Era lo políticamente correcto. La cargó entonces a lo recién casados. Volvió a suspirar.

"Merlín, ya deja de suspirar, pareces un adolecente enamorado". Se reprendió mentalmente, Mientras intentaba poner a la princesa en su cama, pero la tarea no le estaba resultando nada fácil. La chica se aferraba a su torso como si fuese un chaleco salvavidas… como si su vida dependiese de no soltarlo y dejarlo ir.

Severus lo mas delicadamente que le era posible procuraba soltarse del agarre del que era prisionero. Pero en definitiva no habia caso… era literalmente una misión imposible.

-PFF-. Estaba a punto zamarrearla, cuando Hermione comenzó a removerse inquieta y a balbucear cosas inconexas entre sueños mientras se aferraba mas a él.

-Mamá, papá… no…no me dejen… Bellatrix… aléjate de ellos… no por favor no…NO…NO…NO…NO…-. La chica habia comenzado a llorar nuevamente, pero sin estar consiente de ello, ya que seguía sumida en sus sueños. A Severus se le partía el corazón al verla así, de hecho jamás habia tolerado demasiado bien ver a una mujer llorar y menos si esta era Hermione. Lo descolocaba y lo desgarraba por dentro, sentía que algo se rompía en su interior.

-Abuela… yo no puedo…voy…voy a defraudarte… yo no estoy a la altura…Yo no… Harry perdóname…yo… no me dejes sola…lo siento tanto…No puedo hacerlo…no puedo…yo-.

-Shh, tranquila, todo va a estar bien… yo voy a estar aquí para ti… yo no voy a dejarte, Tranquila todo va a pasar-. Severus susurraba contra su oído mientras la abrazaba fuerte y acariciaba su desordenada cabellera.

-Por favor no… por favor no me sueltes… no me dejes las intenciones que tenia el profesor de irse se desvanecieron en un segundo. Se acomodó en la cama con la chica sobre su pecho. Poco a poco él también fue entrando en el estado de la inconciencia.

-Severus-. Suspiro la chica… pero Severus ya no la escuchaba.

Un rayo de luz lo golpeó directamente en la cara haciendo que despertara y abriera los ojos lentamente. Maldijo no haber cerrado las cortinas la noche anterior. Pero quien lo mandaba a….Un momento, esa no era su habitación. Estaba desorientado. El lugar en el que estaba era notoriamente más espacioso, más iluminado y definitivamente mil veces más lujoso. Fue entonces cuando recordó todos los sucesos de hace algunas horas. Su mirada se dirigió veloz hacia abajo, y ahí estaba, la joven heredera al trono lo utilizaba como almohada, mientras que con uno de sus brazos rodeaba delicadamente su cintura. Ya no lo aprisionaba, solo se apoyaba en el. El corazón comenzó a bombearle a una velocidad vertiginosa, si no lo estuviese sintiendo definitivamente jamás lo creería. Se sentía tan bien, tan feliz… Pero no era correcto, nada era correcto.

Con sumo cuidado se salió de la cama, dejando a una dormida Hermione en ella. Se salió de la habitación también, y se dirigió a la cocina.

-Esto es un desastre-. Todo se habia quedado como la noche anterior.

-Reparo-. Con un movimiento de varita en un segundo todo habia vuelto a su lugar y a la normalidad.

Estaba en una encrucijada.

"Que hago… me voy o me quedo…Mierda". Habia tomado su decisión, probablemente luego se arrepentiría de ella, pero en esos momentos era lo que la razón y el corazón le dictaban.

¿Alguien alguna vez se imaginaria a Severus Snape en medio de la cocina vestido solo con un pantalón de pijama haciendo el desayuno? Pues eso era precisamente lo que estaba haciendo. Snape le llevaba el desayuno a la cama a la joven princesa.

Hermione se removía perezosamente en su cama mientras despertaba. Con los ojos aun cerrados dejaba atrás los últimos resquicios de sueño que quedaban. Pronto imágenes de lo acontecido el día anterior la golpearon como si de una bofetada se tratase. Se sentó de golpe en la cama, como si un resorte invisible la hubiese empujado. Sus ojos se abrieron de golpe y lo primero que vio fue a su adusto profesor de pociones, el cual intentaba cerrar la puerta con el pie mientras llevaba la bandeja del desayuno en las manos.

-¿Profesor?-.

-Alteza, ya despertó-. Pues claro que despertó idiota, que no la estas viendo.

-Yo… le traje el desayuno-. Dio un paso hacia la chica.

La chica estaba sorprendida, muy sorprendida. No todos los días puedes ver aquello.

Se removió en la cama, y sin querer se apoyó en una de sus manos.

-AUH-. Severus prácticamente corrió hacia donde estaba la princesa. Dejó la bandeja a un lado encima de la cama.

-No debe presionarla, ni hacer fuerza, y en lo preferible nada con ella-. El hombre tomo entre sus manos la vendada mano de la chica. Con delicadeza quito la venda e inspeccionó las heridas de la mano, al cerciorarse de que todo estaba normal dentro de lo que cabía por supuesto, volvió a vendarla con cuidado.

Hermione lo observaba atenta, como si nunca antes lo hubiese visto en realidad. Su rostro sereno, que por primera vez no mostraba ni una sola mueca de desagrado, enojo, rabia, o cualquier sentimiento que se le pueda parecer; lo hacia verse considerablemente mas joven. Su cabello largo y lacio de cerca no parecía para nada grasiento, como todo mundo creía. Juraría que al tacto era la cosa más suave del planeta. Sus ojos negros, profundos, hipnotizantes, que te invitaban a perderte, a sumergirte y jamás salir de ahí, miraban atentamente lo que su dueño hacia. Su nariz, que muchos encontraban ridículamente grande, a ella le parecía que le daba porte, elegancia, lo hacia el hombre imponente que era. Sus labios finos que siempre se encontraban en una mueca fruncida, ahora estaban relajados. Sus manos grandes, sus brazos fuertes, su torso…

Por Merlín… no lleva polera- "y de verdad vas a quejarte… Míralo, si está para co…"- Ya cállate- "Pero si soy tu conciencia…además no puedes negarlo, mira ese cuerpazo… quien diría lo que se escondía tras todas esas capaz de ropa negra que usa"- VASTA- "Bueno, bueno".

Hermione no podía estar más sonrojada, el color de su cara ciertamente podría competir perfectamente con el cabello de los Weasley. Severus por supuesto lo noto, y le causo gran curiosidad por lo que siguió la mirada de la castaña. Ahora era él el que estaba completamente avergonzado. Se puso de pie bruscamente.

-Yo creo que he…- Se pasó nervioso la mano por el cabello – Ya debo irme… Con su permiso alteza, ah y alteza, es martes, ha perdido por lo menos dos clases, no se si considerará ir de inmediato, yo le recomendaría que las retomara luego del almuerzo… y por favor, no fuerce su mano-. Dicho esto, el hombre desapareció por la puerta.

Hermione estaba pasmada, sorprendida, gratamente sorprendida. Su mirada iba desde la bandeja con comida a la puerta por donde acababa de salir su profesor.

Resignada a que ya no podría alcanzar las clases de la mañana se comió tranquilamente su desayuno, que por cierto estaba bastante bueno y luego fue a darse una ducha. Bajo el chorro de agua caliente su mente comenzó a trabajar. ¿Cómo es que el profesor estaba allí?, ¿y como es que habia llegado a su cama? Por su mente paso el último recuerdo que tenia, ella abrasada a un hombre de profundos ojos negros. Eso le vasto para atar todo el resto de cabos sueltos. Se habia vuelto a sonrojar, no comprendía como es que lo volvería a mirar a la cara. Y para rematar, debía arreglar las cosas con Harry, y no debía pasar de ese día.

….

En la clase de Herbologia antes del almuerzo

-Harry, sabes donde esta Hermione-. Le preguntó Draco al niño que vivió, quien segundos antes conversaba con Neville.

Harry miró a Neville primero, y luego su mirada se dirigió al piso, sin verlo a los ojos contestó amargamente.

-No soy yo la niñera Malfoy, no se supone ¿es tu obligación saber donde esta su alteza real?-.

-Pero que… Potter, es serio, de verdad estoy preocupado, cuando llegué ella no estaba, luego en la noche escuche ruidos, cosas reventándose, intente entrar pero no pude, no quitó la protección de la puerta, en la mañana no salió, nadie abrió, nadie respondió. Antes del desayuno la Reina arribó al colegio, créeme estaba histérica-.

-Harry…-. Neville miraba al oji verde preocupado.

-No es mi asunto, ni mi problema, ahora si me disculpas, la clase ya comenzó-.

La clase transcurrió sin sobresaltos, sin embargo tres chicos prestaron literalmente cero atención a lo que se dijo en ella. Los tres estuvieron sumidos profundamente en sus pensamientos, todos ellos dirigidos a una sola persona, la chica de los ojos color caramelo de mirar gentil y amable y cabello rizado y salvaje.

Harry y Neville fueron los primeros en salir. Draco por su parte intento seguirlos, sin embargo el tumulto de jóvenes no lo dejo lograr su propósito, quedando completamente rezagado.

-Weasley ayer de verdad se pasó. Asumámoslo, a nosotros nos gusta o más bien nos gustaba meternos con ella; pero él… y vieron la cara de Snape… Merlín, juraría que estuvo a punto de matarlo-. Draco escuchó como Pansy y un grupo de Slytherins cuchicheaban.

-¿Qué es lo que sucedió ayer?-.

Los Slytherin le contaron con pelos y señales todo lo ocurrido el día anterior en la clase de pociones. Desde la brillante entrada de los tres Gryffindors, hasta la furiosa retirada de la princesa.

Se fue hecho una furia en dirección al Gran Comedor, golpeó, empujó y quitó de en medio a todo aquel que osara atravesarse en su camino. Se supone que era su mejor amigo y no le interesaba lo que sucediese con ella. Y ese cabeza de zanahoria, se las iba a pagar, terminaría lo que Severus no.

Aunque furioso y con un brillo de absoluta rabia refulgiendo en sus ojos, caminaba con elegancia y orgullo por entre las mesas del comedor.

-TU IMBECIL DESCEREBRADO-. Con un movimiento de varita el rubio habia elevado por los aires al penúltimo Weasley.

-Que sucede contigo, bájame hurón asqueroso-. Draco habia perdido la paciencia.

En dos zancadas estaba en frente del pelirrojo. Con una mano lo agarraba de la ropa, mientras que la otra sostenía su varita, la cual se enterraba en el cuello del chico.

-El único asqueroso aquí eres tú-. Habia algo peligroso en su mirar, Ronald por supuesto lo habia notado ya, y ahora temblaba cual hoja zarandeada por el viento.- Asqueroso, irrespetuoso, malnacido, idiota, nadie te enseño a tratar a una mujer, pedazo de mier…-.

-Malfoy, vast…-. Draco empujó con fuerza al pelirrojo quien termino tirado en el piso, y centro toda su atención en Potter, a quien también agarró de la ropa, solo que esta vez con las dos manos.

-Y tú, por muy elegido que seas eres un soberano tarado-.

-¿Qué?-.

-Te dices su amigo, pero te importa una mierda lo que haya sucedido con ella-.

-A ella no le importa…-.

-Que, a ella no le importa lo que tú pienses lo que tu sientas-. Harry solo asintió.

-Eres tan obtuso que no te das cuenta que tal vez ella no quiere preocuparte con sus problemas, no quiere agobiarte mas de lo que ya estas, que solo está siendo considerada… Pero no… el niñito, yo solo importo y el mundo gira en torno a mí, no se ha dado cuenta que ella no solo carga con su vida, si no que siempre esta ahí para ayudar a quien lo necesite, A TI, ella también carga con tus problemas… Y tú no eres capaz de dejarla en paz-.

Draco lo miraba desafiante, mientras que Harry solo sentía culpa y vergüenza. En ese momento sintieron o más bien escucharon como las puertas del gran comedor se abrían. También se percataron del silencio que habia, seguro abrían montado un show de aquellos. Los dos chicos giraron la cabeza, allí parada estaba la susodicha en cuestión.

Draco se deshizo de Harry, lo olvidó en un segundo, y prácticamente corrió al encuentro de su protegida.

-Hermione… me tenías completamente preocupado-.

Dio un paso más y abrazo con fuerza a la chica.

-Auh-. Draco habia presionado su mano.

-¿Qué…?-. El chico la habia escuchado y ahora dirigía su mirada a la mano que Hermione intentaba esconder por todos los medios posibles debajo de su túnica.

-Hermione que te….-. Ella poso su mano libre en la boca de el para hacerlo callar.

-Ahora no… después ¿si?-. El rubio solo asintió. Los dos chicos se sentaron en el extremo de una de las mesas, completamente alejados del resto del mundo, y comenzaron a comer.

Todo el resto del comedor los imito.

En la mesa del profesorado, todos se miraban con cara de no entender absolutamente nada. Severus habia presenciado todo desde el principio. No cabía mas de orgullo por su ahijado, podría haberle levantado un altar y dado 100 puntos a Slytherin hasta que a este se le ocurrió abrazar a la princesa, ahí solo quería golpearlo, pero no tanto como a Weasley y a Potter.

Hermione retomo sus clases de la tarde. Draco no se le despegó ni un solo momento. Ella agradecía profundamente ese gesto.

Al terminar las clases la princesa se fue a su habitación. Esa tarde, ni la Gryffindor ni el Slytherin bajaron a cenar.

-Y joven Malfoy, que quiere para cenar-. Preguntó Hermione, mientras intentaba agarrar las cosas de la cocina con la mano izquierda, fallando estrepitosamente.

-Maldición… que soy diestra, esto no está funcionando… tendré que preguntarle a Snape cuanto tiempo tengo que estar con esto -.

-Ya deja Hermione, ninguno tiene hambre y lo sabes… ahora dime que carajo te pasó en la mano-.

-Fue un accidente… revente un vaso creo…sin querer-.

-¿Qué?-.

-No fue nada en serio-.

-Nada, ya, y yo soy un príncipe azul, un caballero de brillante armadura… por favor, no soy idiota, escuche anoche como las cosas se rompían, y no pude entrar, me sentí completamente impotente-.

-No lo se Draco, no lo recuerdo… supongo que mi magia se salió de control, pero no estoy segura-.

-Merlín Hermione, y que paso con la reina, en la mañana llego histérica-.

-A eso-. La chica debió la mirada.

-Si, eso-.

-Discutimos y abdique-.

-¿Qué hiciste que?-.

-Abdique, okey… No hay más alteza, ni majestad, ni nada por el estilo-.

-Pero…-. Unos golpeteos en la puerta interrumpieron a Draco. Hermione movió la varita y abrió.

-Yo… Hermione, ¿puedo hablar contigo?-. Harry habia hecho acto de presencia.

-Princesa, debo ir a hablar con Severus; buenas noches, no vemos mañana-. El rubio pasó por el lado del niño que vivió, y dijo por lo bajo, solo para que él lo escuchara.

-Hazle algo, o di algo estúpido, y esa cicatriz no va a ser la única que tengas-. Un segundo después se perdió tras la puerta.

-Hermione…-

-Harry…-

-Las damas primero-.

-Yo Harry, escucha… lo siento, de verdad que lo siento, yo no debi…-

-Hermione suficiente-. La chica lo miro con cara de no entender nada.

-Yo soy un idiota, un imbécil, un tarado, y principalmente un egoísta. Tu solo no querías preocuparnos, no querías añadir mas problemas a los que ya tengo, y yo solo grito y…y… Hermione, no es justo, tu cargas con las preocupaciones del mundo, con los tuyos, los míos… y buscas soluciones para todo…y yo solo grito… soy un asco de amigo-. Termino diciendo con una sonrisa triste.

-Ay Harry, tu solo estabas preocupado, no te condenes de esa forma-. Le dijo la chica mientras lo envolvía en sus brazos.

-Es la verdad-.

-No, no lo es, ya déjate de tanta tontería-.

-Pero…-

-¡Ya!..., eres mi mejor amigo y nada va a cambiar eso, ahora quiero ver una sonrisa en esa linda cara-. Harry solo pudo hacer lo que su amiga le pedía, sonrió, y lo hizo de verdad.

Se sentaron en los sillones de la sala enfrente del cálido fuego.

-¿Mione?-.

-Mhm-.

-¿Qué sucedió con tu abuela?, Draco mencionó algo pero…-

-Discutí con ella ayer, y abdique; así que ya no hay más alteza real-.

-Hermione-. El oji verde apretó la mano de la chica en señal de apoyo, para su desgracia fue la mano lastimada, por lo que ella la retiro rápido y bruscamente.

El chico la miró dolido. Dispuesto a levantarse e irse de allí.

-No Harry, espera-. La chica sacó su mano de debajo de la túnica.

El elegido se alarmó al ver la mano vendada.

-Pero que…-.

-Fue un accidente, nada grave… solo no puedo hacer nada con ella no se por cuanto tiempo; tengo que consultárselo al profesor Snape-.

-Hermione Jane D' Leicester, que no es nada… por favor, mírala-.

-De verdad Harry, no pasa nada, fue solo un accidente-.

-Accidente-.

-Si, sin querer revente un vaso con la mano… creo, no estoy muy segura-. El chico estaba incrédulo.

-No, no lo estoy, no lo recuerdo bien, okey… y… válgame Merlín, es tardísimo, deberías estar en la torre. Vamos Harry, levántate y vete es tarde. Shu shu…- Le decía mientras lo empujaba hacia la puerta.

El chico antes de salir le dio un beso en la mejilla a la chica.

Ya sola, se dejo caer pesadamente en uno de los sillones.

"Al menos logré resolver uno de mis problemas, algo es algo ¿no?". Dos golpes en la puerta la sacaron de sus cavilaciones.

Mientras la abría dijo:

-Harry, que se te qued… Oh profesor Snape-.

-Lamento no ser quien esperaba alteza… Yo solo venia a ver como se encontraba-.

-Yo, ehm…-

-Veo que está perfectamente, a si que con su permiso, me retiro-. Se dio la vuelta para irse.

-Profesor, espere-. Lo detuvo agarrándolo de la manga de la túnica.

Severus por toda respuesta alzó las cejas.

-Muchas gracias…Por todo-. Se alzó de puntillas y deposito un beso en la mejilla del hombre. Luego de eso, el profesor salió y la puerta se cerró tras él.

Hermione se fue a dormir, mientras que en sueños suspiraba y sonreía feliz.

Severus Snape, parado como estatua fuera de la habitación de la princesa posaba su mano sobre su mejilla, a la vez que una sonrisa sincera se volvía a instalar en su rostro después de muchos años.

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