Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo cinco.

El profesor Snape quedó observándola fijamente con la boca levemente abierta y una expresión de puro asombro en sus rostro. Sí, ella ya había supuesto que la respuesta que tenía no sería la que hubiera estado esperando pero él había insistido en conocerla. Si en verdad lo conocía como creía, no había duda que aparentaría indiferencia, intentando no mostrarse débil ante esto. Y, precisamente, así sucedió. Lo vio apretar los labios y apartar los ojos rápidamente. Sintió la urgente necesidad de acercársele y abrazarlo a él también, pero no lo haría porque sabía que él no lo permitiría, sería capaz incluso de lanzarle una maldición si ella hacía tal cosa, por lo que colocó sus manos detrás de su espalda y entrelazó sus manos conteniéndose.

-No le diré a nadie- repitió con cierta timidez- Se lo prometí.

Severus le dio la espalda y se encaminó hacia su escritorio asintiendo levemente con la cabeza.

-Será mejor que comience, Granger.- lo escuchó decir ella- No quiero esperar toda la noche.

-Pero, señor…

-¡¿Qué?- preguntó volteándose con una mirada llena de desprecio.

Hermione retrocedió algo asustada. Habían sido muchas las veces que él la había insultado pero jamás había visto aquel brillo terrorífico. Una parte de ella le decía que no era más que el miedo el que lo hacía actuar de esa manera pero no iba a presionarlo de ningún modo porque, después de todo, él seguía siendo su profesor.

-Usted no me dijo lo que tengo que hacer- le contestó tímidamente.

Severus cerró los ojos lentamente y suspiró. Las fracciones de su rostro parecieron relajarse un poco. Volvió a abrirlos y se encontró con la mirada tímida de su alumna.

-Debe…- titubeó porque en realidad no había pensado en nada.

Hermione posó sus ojos alrededor del despacho y vio que en una de las esquinas había unos cuantos calderos sucios.

-¿Tengo que limpiar eso?- preguntó.

Severus siguió la mirada y rápidamente habló.

-Sí, exactamente. Límpielos sin magia yo estaré corrigiendo unos trabajos.

Sin más se fue hacia su escritorio y comenzó a hacer lo que había dicho. Hermione lo miró algo preocupada. Ni siquiera le había pedido que le entregase su varita.

-Señor…- lo llamó de nuevo.

-¿Ahora qué quiere, Granger? ¿Acaso no puede hacer algo tan simple como limpiar unos cuantos calderos? Es una vergüenza…

-Yo sólo quería preguntarle con qué limpio porque no tengo nada- explicó.

Severus se sintió el imbécil más grande del planeta. ¿Qué rayos le sucedía? ¿Por qué actuaba de esa manera tan idiota sin darse cuenta de esas mínimas cosas? Sin decir nada, se levantó y fue hasta una de las puertas que tenía más allá y buscó lo que necesitaba. Se lo entregó a Hermione y volvió a su sitio sin siquiera mirarla.

Estuvo alrededor de dos horas limpiando en silencio sintiendo nada más que la pluma de Snape sobre el pergamino. Cada tanto lanzaba una mirada hacia él y lo veía inclinado, leyendo y cada vez que lo molestaba algo escrito resoplaba suavemente como si no pudiera creer que los alumnos fueran tan ignorantes como para escribir aquello. Esto robó unas cuantas sonrisas a Hermione que por supuesto él no vio. Cuando terminó se levantó y se acercó a él.

-¿Profesor?

-¿Qué quiere, Granger?- preguntó sin alzar la vista.

-He terminado.

-Puede irse.

Hermione se mordió suavemente el labio inferior. Al notar que ella todavía que estaba Severus levantó la vista y la contempló.

-¿Se puede saber porqué aún no se ha marchado?- le preguntó.

-Es que… Eh… ¿Tengo que venir mañana?

-No- respondió rápidamente- Su castigo ha terminado.

Hermione lo miró confusa.

-Pero…

-¡¿A caso no entendió?- preguntó casi gritando él- ¡Váyase!

La vio salir casi corriendo de allí. Él lanzó un profundo suspiro y se tapó el rostro con las palmas de las manos mientras contenía sus ganas de gritar de frustración. ¡Por las barbas de Merlín! Tenía que recordar que jamás volvería a castigarla. Porque tenerla tan cerca de él y a la vez tan lejos era una de las peores torturas que había tenido que soportar. En las clases por lo menos sabía que había otra docena de alumnos pero allí, su despacho pareció mucho más pequeño de lo que en realidad era y el aire parecía ser caliente… O tal vez él sólo tenía esa sensación porque cada vez que sabía que ella no lo notaría la miraba desvergonzadamente y se deleitaba con la vista… ¡Ya no se reconocía, no sabía que había pasado con el hombre frío y serio porque en su lugar se encontraba un viejo decrépito con las hormonas alteradas por una jovencita! ¡Tenía que recordar que ella era su alumna y él su profesor, que si llegaba a tocarla indebidamente se vería en un montón de problemas!

.

A la mañana siguiente, ambos intentaron no pensar en el otro pero cuando llegó la hora del desayuno sus miradas se buscaron hasta toparse por unos pocos segundos. La primera en apartar los ojos fue Hermione porque Harry le estaba hablando y no deseaba levantar ninguna clase de sospechas. Pero ninguno de los dos se dio cuenta de que unos ojos negros y otros grises platinados los observaban.

Para Hermione ese día fue mucho más difícil de concentrarse que los anteriores. En primer lugar porque no podía dejar de preocuparse por el Severus joven, a quien había visto apartado del resto de los alumnos, incluso los de su propia casa; y en segundo lugar por el extraño comportamiento de la noche anterior del Severus al que ella amaba. El castigo inicial era mucho mayor que el de una sola noche, ¿Por qué lo había acortado? ¿Acaso tenía que volver a comportarse indebidamente para que la castigara? Si era así… se arriesgaría nuevamente. ¿Qué podría hacer esta vez? Tendría que ser algo mucho más grande que hablar cuando el pedía silencio e insultar a los de Slytherin.

-¡Hermione…! ¡Ey, Hermione…! ¡HERMIONE!

-¿Qué pasa, Harry? No tienes que gritarme así, estoy a tu lado- le dijo ella.

Pero entonces vio que el caldero que tenia delante de si comenzaba a lanzar un intenso humo rojo, algo que no tendría que estar sucediendo. Intentó utilizar su varita y hacer desaparecer todo aquello pero, contrariamente, el humo pareció aumentar su intensidad y empezó a desprender un aroma a huevos podridos. Se escucharon quejidos, gritos, varios alumnos tosieron y salieron corriendo para no ahogarse hasta que finalmente el grito de Snape invadió el aula.

-¡¿QUÉ HA HECHO, GRANGER?

Harry intentó tomarla de la mano para sacarla de allí ya que prácticamente no quedaba nadie pero ella se soltó aprovechando la oportunidad para ir hacia donde estaba su amado profesor. Sí, sabía que aquello era una acción idiotamente peligrosa pero no le importó.

-Fue un accidente- le dijo viendo su silueta entre medio del humo rojo- Lo sien…

Pero no pudo terminar de hablar porque le estaba costando cada vez más respirar y tuvo que toser a medida de que sus pulmones no accedían al preciado oxígeno. La silueta de su profesor se perdió entre aquella nube roja. Se movió ciegamente entre ella, tanteando las mesas y los calderos, buscando la salida mientras intentaba respirar lo menos posible. Pero el aire le hacia falta así que varias veces aspiró y sólo consiguió ahogarse más y terminar en un terrible ataque de toz.

Se tropezó con algo del suelo que hizo que cayera golpeado su cabeza. No quedó inconsciente pero su sentido de orientación fue peor ya que todo a su alrededor daba vueltas. Intentó gatear buscando la salida pero le costaba muchísimo ya que no podía respirar. A lo lejos se escuchó un grito de alguien que no reconoció y luego todo fue silencio.

De pronto, una mano se aferró con fuerza a su brazo empujándola hacia arriba. Hermione no dudó ni un segundo en aferrarse a ella con desesperación y luego, cuando su rescatista la alzó en brazos, rodear su cuello apretándose contra él. No entendió cómo hicieron para salir de allí, no pudo hacer más que aferrarse a él mientras un sentimiento de seguridad la invadía. Era irracional aquello: sintiéndose segura con aquella persona a pesar de estar en peligro. Pero en ese momento no pensaba con coherencia.

Finalmente, salieron del aula al pasillo. Hermione pudo escuchar el murmullo de los estudiantes, sus pasos, algunos gritos pidiendo que llamasen al director y a la enfermera, pero no quiso abrir los ojos ni soltarse de aquella persona que la había salvado. Y no lo hizo hasta que sintió que la apoyaban en el suelo con delicadeza y una mano acariciaba su rostro con cuidado.

Fue allí cuando abrió lentamente los ojos, pestañeando varias veces ya que veía todo medio borroso. Y lo primero que vio fueron aquellos fríos y profundos ojos negros que tanto amaba. Pensó que se trataba de su profesor, qué había su héroe como sucede con aquellas damiselas que corren peligro en las novelas románticas; pero luego pudo enfocar la vista mejor, viendo más allá de los ojos y comprendió que no se trataba de su profesor Snape, sino de Severus Snape, el adolescente, que la contemplaba con… ¿Preocupación?

-¿Estás bien?- escuchó que le preguntaba.

Hermione asintió sin decir nada ni apartar la vista de él. Severus comenzaba a sentirse incómodo ante tan persistente y penetrante mirada así que bajó los ojos hacia el suelo mientras intentaba que ella se soltase de aquel agarre que los tenía unidos. Pero la joven no parecía querer hacerlo.

-¿Puedes soltarme?- preguntó exasperado él.

Ella no le dio respuesta. Solamente acercó sus rostros y depositó un pequeño beso en los labios de él, que quedó estático, frente a la atónita mirada de todos los presentes. Incluido dicho profesor que no podía dar crédito a lo que sus ojos habían visto.

….

Smithback: ¡Hola! Son 22 capítulos más el epílogo.

Alexza Snape: Bienvenida, espero que la historia te guste.