Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo seis.

-Hermione, ¿Me puedes decir por qué rayos besaste a Snape?- preguntó Harry con tono molesto.

Al lado de éste se encontraba Ron, quien tampoco salía del asombro por lo que había hecho su amiga.

Estaban en la enfermería. La habían llevado allí después del incidente en la clase de Pociones a pesar de que ella había insistido en que se encontraba perfectamente.

Sin responderle nada a Harry miró a su costado, a la camilla vacía, y lanzó un suspiro mientras recordaba la textura de los labios de Severus. No podía responderle eso a su amigo porque ni ella sabía la respuesta. Lo había hecho… porque quería, había sido un impulso, un acto de agradecimiento por haberle salvado la vida hecho sin pensar. O, tal vez, porque había visto esos ojos negros que tanto amaba y había deseado con desesperación que se tratara de su profesor. Pero cuando sus labios se habían tocado apenas y había sentido esa corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo había sido completamente consciente de que se trataba del joven Severus Snape.

-Hermy…- dijo en un suspiro Harry.

-Estoy cansada, chicos. ¿Pueden dejarme sola?- les preguntó cerrando los ojos.

Ellos intercambiaron una mirada antes de salir de allí en silencio dejándola sola perdida en sus pensamientos.

En otra parte del castillo, más bien en el despacho del profesor Snape, éste corría de un lado al otro como si fuera un león enjaulado completamente furioso, deseando poder acabar con su otro "yo" por haber sido el condenado afortunado de haber recibido aquel beso. El beso que él se creía dueño. ¿Pero con qué derecho? Después de todo solo era un profesor forzado a vivir sintiendo aquel amor imposible hacia aquella chiquilla que sin hacer nada lo volvía loco de deseo y amor. ¿A caso se podía agonizar de los celos hacia sí mismo? Nunca antes lo había creído posible hasta el momento en que vio que ella lo besaba… y no a él, el del presente, sino a su "yo" del pasado.

Inconscientemente se llevó una de sus manos a sus labios y los tocó con las puntas de los dedos. Lo que daría por ser él quien recibía aquel beso, él mismo y no su otro "yo" del pasado cuya memoria seria borrada dentro de poco. Pero sabía que eso no podía ser jamás.

Se acercó hacia su escritorio donde tenía una pila de pergaminos, trabajos de sus alumnos, y entonces vio el de ella, con esa prolija letra que parecía una burla a la cruel realidad que le tocaba vivir. Molesto, enojado con sí mismo por sentir aquello, con ella por haberlo besado, con su otro "yo" por haberlo permitido, tiró todos aquellos pergaminos al suelo con un fiero rugido que habría asustado a cualquiera, pero que en realidad no era nada más que un agónico gemido de dolor.

-Maldita sea- musitó mientras cerraba los ojos con fuerza e intentaba contener el ardor de estos.

Escuchó que alguien suspiraba detrás de él. Giró repentinamente sintiéndose asustado por haber sido descubierto y se encontró con la profunda mirada azul de Albus Dumbledore que lo observaba por sobre sus anteojos de media luna.

-Señor, yo… No lo escuché entrar- dijo intentando contener sus sentimientos mientras pensaba una excusa para su comportamiento.

-Severus, muchacho- dijo el anciano con calma mientras se le acercaba y apoyaba su mano sobre el hombro- Dime qué es lo que te sucede.

Él negó con la cabeza con los ojos cerrados conteniendo un suspiro y se separó del agarre para, con un movimiento de su varita, juntar todo lo que había tirado al suelo. No podía decir nada ni tampoco quería hacerlo pero nunca nadie había podido engañar Albus Dumbledore y tampoco se creía tan extraordinario como para poder hacerlo. Así que, ¿Qué sentido tenía todo aquel secretismo? Si de todos modos detestaba su trabajo qué le podría importar a él perderlo en ese momento cuando el director lo despidiese.

Sentándose en la silla que estaba detrás de su escritorio se decidió a confesar el pecado que era amar con locura a una joven casi veinte años menor que él.

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-Sebastian.

Severus gruñó molesto cuando escuchó que el molesto Malfoy entraba al cuarto que compartían con otros alumnos pero en el que, en ese momento, no había nadie más que ellos. ¿A caso no se daban cuenta de que quería estar solo que tenía que andar lanzando maldiciones a todo el que se le cruzase enfrente para hacerles entender?

-¿Qué quieres Malfoy?- le preguntó aunque sonó más bien como un gruñido.

-¿Qué tal besa Granger?

Severus se levantó de repente de la cama y lo miró con los ojos abiertos, cosa extraña ya que él no era de los que expresaban demasiado con el rostro.

-Eso jamás debió de haber sucedido- dijo entre dientes mientras se daba la vuelta dándole la espalda.

Escuchó que el rubio bufaba.

-¿Qué importa eso?-dijo Malfoy- No vas a negar que está buenísima y el único en tenerla fue Víktor Krum. Así que te puedes considerar afortunado al haber recibido un beso de ella.

No supo porqué pero de repente sintió terribles deseos de saber quién era ese tal Krum y por qué razón él había sido el único en tenerla. Pero no preguntó nada. Se reservó todas sus preguntas y mantuvo su rostro falto de toda expresión.

-Me importa muy poco- dijo antes de salir de allí.

No sabía muy bien a donde iba. Solamente quería alejarse de todo y de todos, quería olvidarse que alguna vez había sido besado por Granger ya que eso no le hacía más que atraerle dificultades. Primero se ganó una odiosa mirada de parte de su "yo" adulto que amenazaba con matarlo, luego otra del tal Potter (indudablemente hijo del fastidioso James Potter y su amada Lily); después, cada alumno que se cruzaba con él comenzaba a murmurar por lo sucedido y cada vez que se trataba alguno de género masculino quería saber, como el idiota de Malfoy, cómo había sido.

¿A caso todos se habían vuelto locos y no se daban cuenta que él no era más que otra víctima de la situación? Él no la había besado, solamente había hecho el estúpido acto de salvarla. ¿Y por qué rayos lo había hecho? No tenía idea alguna. Solamente, sintió una terrible desesperación invadiéndolo cuando se dio cuenta que ella no había salido como el resto de los alumnos del aula y, sin siquiera pensarlo, había entrado a buscarla.

Estúpido, estúpido, estúpido.

Él ya decía que aquella joven estaba loca repartiendo abrazos por doquier como si a alguien le interesara recibirlos. ¡Y ahora lo que menos había imaginado había ocurrido! ¡Lo había besado! ¿Por qué razón? No encontraba otra respuesta más que la simple y llana idea de que ella estaba más desequilibrada de lo que aparentaba.

Sin darse cuenta se encontró en las puertas de la enfermería. Durante unos segundos no hizo más que quedarse viéndolas sin moverse de allí hasta que, de pronto, éstas se abrieron dejando paso a dos jóvenes. Apenas ver ese cabello revuelo oscuro no le costó advertir de quien se trataba. Potter venía hablado con un pelirrojo que le resultaba familiar pero no lograba deducir de dónde.

-Ron, te digo que con ese hay algo raro- venía diciendo Potter- Es que…

Se calló en el momento en que se dio cuenta que Severus estaba delante de ellos. Éste los miró altaneramente sin dar muestra de algún sentimiento.

-Snape- saludó Potter con un movimiento de su cabeza a modo de saludo que él no respondió- Si vienes a ver a Hermione acaba de echarnos porque está cansada.

¿De dónde habían sacado la idea de que él venía a verla? ¿A caso no podía haberse detenido casualmente delante de las puertas de la enfermería, como en realidad había sucedido?

-Será porque son demasiados insufribles- les respondió mordazmente sin moverse de su sitio.

El pellirrojo enrojeció de la ira haciendo que el tono de su piel compitiera con el de su cabello. Dio un paso hacia adelante con gesto amenazador pero Potter le colocó una de sus manos en el hombro para detenerlo.

-No vale la pena, Ron.- le dijo- Vámonos.

El pelirrojo le lanzó una odiosa mirada a Severus antes de marcharse de allí junto a su amigo.

-Después de todo es un Snape, ¿Qué otra cosa se puede esperar de él?- escuchó Severus que decía.

No les hizo caso. Ya se había resignado a que en el futuro iba a ser un viejo amargado. Decidido a marcharse de allí antes de que alguien más lo viera comenzó a alejarse pero se tuvo que detener cuando alguien lo llamó.

-Señor, Snape. ¿Viene usted a ver a la señorita Granger?-inquirió la profesora McGonagall.

-No- gruñó entre dientes.

La mujer frunció los labios desaprobatoriamente.

-Creo que tiene que dedicarle más tiempo a su novia, señor Snape. Es desagradable cuando los jovencitos sólo la buscan para andar besuqueándose en los rincones y las olvidan luego.

Severus abrió inmensamente los ojos y dio un paso hacia atrás cuando escuchó esas palabras como si delante de él se encontrara un colacuerno húngaro.

-¡Ella no es mi novia!- casi gritó.

-De todos modos, creo que sería caballeroso de su parte ir a visitarla- insistió la condenada mujer mientras le abría la puerta de la enfermería y se apartaba para darle espacio a entrar.

Severus pensó, por una milésima de segundo, salir corriendo de allí pero luego desistió de esa idea ya que se suponía que él era un alumno más y aquello que había dicho la profesora sonó, claramente, como una orden.

Conteniendo un montón de maldiciones ingresó sin mirar nada más que el suelo. ¡Que Merlín lo ayudase porque no sabía qué le esperaba ahí dentro!.