Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo siete.
-Severus, esto es algo realmente serio- dijo Dumbledore que estaba sentado delante de él en el despacho del profesor de Pociones.
-¡¿A caso cree que no lo sé?- inquirió exasperado Snape- ¡Es una completa locura! Soy un maldito idiota por permitirme sentir algo así por ella… Pero no se preocupe que no pasará nada. Sé que puedo mantener controlados mis sentimientos y, primero, se encuentra mi fidelidad a usted y a este colegio por lo que jamás…
-Severus- lo llamó el anciano mirándolo fijamente- Sé que no te atreverías a causarme ningún tipo de inconvenientes; Pero, dime ¿No crees que estás siendo un poco cruel contigo mismo?
Severus frunció el ceño y lo contempló confundido.
-No lo creo- respondió finalmente.
-Por fortuna, yo no pienso lo mismo- le dijo con calma el director- Eres un hombre inteligente, joven, que se enamoró sin poder evitarlo. ¿Tienes la culpa de ello? Ninguna. Por una vez en tu vida, te aconsejo, que te permitas sentir libremente, sin temor a represarías.
Severus no salía de su asombro y dudaba seriamente que el profesor Dumbledore se encontrase en sus cabales.
-¿Qué me está queriendo decir?- preguntó.
-Solamente, digo que no es bueno tanto sufrimiento en la vida-respondió mientras se levantaba.
-¿Acaso permitirá una relación entre alumna/profesor siendo que están estrictamente prohibidas?
-Yo jamás dije eso- respondió el anciano con una enigmática sonrisa.
-¿Entonces?- quiso saber.
-Esa respuesta la dejo a tu deducción- indicó Albus mientras abría la puerta del despacho para salir de allí- Y no sería una mala idea que fueras a visitar a la señorita Granger a la enfermería ya que seguramente estarás preocupado por su salud… como buen profesor que eres, quiero decir- añadió giñándole un ojo.
Severus se quedó con la boca abierta sin poder creer ni estar seguro de haber comprendido todo lo que había sucedido. Vio como el director se marchaba mientras sacaba un caramelo de limón del bolsillo interno de su túnica y lo desenvolvía dejándolo completamente confundido. Agitó su cabeza suavemente y cerró la puerta de su despacho. Se dirigió a su escritorio y se sentó en el mismo lugar que momentos antes. Estuvo allí unos segundos, pensativo, hasta que se paró, abrió la puerta de su despacho, salió de él y la volvió a cerrar detrás de sí mientras se dirigía a la enfermería. Después de todo, él se tenía que preocupar por los alumnos que se accidentan en su aula.
Severus, el joven, entró a la enfermería sintiendo una presión en su pecho que nunca antes había sentido y no le gustaba sentirse así pero no sabía cómo hacerla desaparecer. La profesora McGonagall se marchó a penas él ingresó dejándolo solo. Dio unos pasos reconociendo el lugar ya que muy poco había cambiado desde su época. Ingresó a la zona donde se encontraban las camillas predispuestas en hileras y la vio acostada en una de ellas, la más lejana, con el rostro girado a uno de sus costados y la mirada perdida pero la mente a kilómetros de allí.
Durante unos segundos no hizo más que contemplarla, sin siquiera ser consciente que lo hacía, viendo como la luz de sol que traspasaba la ventaba cercana iluminaba su rostro y su cabello haciéndolos parecer suaves. Los mechones de su pelo, normalmente castaños, a trasluz se veían más claros, casi de un color oro. Era hermosa, lo iba a admitir ya que después de todo él era un hombre al que le gustaban las mujeres. No con esa belleza convencional sino con un no-sé-qué propio que la hacía cautivante, una mezcla de pureza y atrevimiento. Ahora podía comprender porqué todos lo creían un afortunado al haber recibido un beso de ella y, por unos segundos, antes de darse cuenta de lo que estaba pensando, se lo creyó él también.
En ese momento ella giró el rostro hacia donde estaba él que, al dar un paso atrás, accidentalmente había chocado con una mesa de metal con varios frascos sobre ella haciendo ruido. Hermione se lo quedó viendo fijamente durante unos segundos que a él le parecieron eternos.
-Hola- dijo finalmente.
¿Hola? ¿Eso es lo que le decía después de haberlo humillado delante de toda una clase besándolo? Ya había quedado enterrada la idea de considerarse afortunado.
-Quiero una explicación- dijo sin levantar la voz pero con tono firme.
La escuchó suspirar y por unos segundos sus ojos viajaron hacia los labios entreabiertos de ella por donde salía el aire.
-No hay nada que explicar- respondió Hermione sentándose en la cama sin dejar de mirarlo-¿Acaso no entiendes el concepto de un beso?
Lo que no entendía era porqué ella hacía esa estúpida pregunta. ¿Había algún concepto para un beso? Sinceramente, no lo sabía y a él no le gustaba no saber las cosas. Éste había sido tan sólo su segundo beso. El primero había sido mucho más efímero que éste y había sido, también robado, a causa de que la alumna que se lo había dado había perdido una apuesta.
-¿Por qué me besaste?- preguntó sin dejar de mirarla.
Hermione bajó la vista hacia sus manos con gesto nervioso.
-Una forma de agradecimiento por haberme rescatado- musitó ella.
-¿A caso andas besando a todos los que agradeces?- él no lo creía- Anda, Granger, dime la razón.
-No ando besando a todos- indicó molesta- Ya te dije que lo hice porque me sentía agradecía porque me salvaras la vida. ¿Por qué no lo entiendes?
-Porque eso suena realmente absurdo- respondió mientras avanzaba hacia ella hasta quedar al lado de su cama.
-Pues, digamos que no estaba plenamente consciente de lo que hacía ya que estaba afectada por el humo.
-¿Puede ser que me hayas confundido con alguien más?
-Sí… ¡No! ¿Con quién podría confundirte?
Severus alzó una de sus cejas y le dedicó una sonrisa burlona. Aquella joven era realmente tonta y se había descubierto a sí misma. ¿Con quién podría confundirlo? La respuesta era simple: con nadie más que su "yo" adulto.
-Vaya, vaya, Granger… ¿Quién diría que la sabelotodo pudiera enamorarse de un profesor?
La vio apartar la vista y enrojecer.
-Deja de decir tonterías, Snape. Al parecer el humo también te afectó el cerebro.- le dijo.
-No es por orgulloso, pero me gusta creer que mi cerebro cuenta con todas las capacidades necesarias para razonar, Granger, por eso puedo entrelazar acontecimientos y formular hipótesis. Y a la que llegué es muy sencilla: Estás enamorado de mi "yo" adulto.
-Esa es la mayor tontería que he escuchado- dijo ella sin mirarlo.
Severus sonrió. Definitivamente, ella no sabía mentir.
-Ay, Granger, qué patético lo tuyo. ¿A caso no te das cuenta que el profesor Snape jamás se fijaría en ti?- le preguntó decidiendo que era hora de vengarse por lo que le había hecho pasar- Puedes confiar mí en ese aspecto porque, después de todo, somos la misma persona y yo jamás me fijaría en ti de esa manera. Eres una insufrible sabelotodo que quiere llamar la atención en las clases con tal de sobresalir del resto, eres una persona débil e insegura que se oculta detrás de los libros y que no es capaz de actuar fuera de los términos esperados, eres predecible, patética y realmente idiota.
Hermione lo miraba con verdadero odio, algo nacido de su pecho que contradecía completamente con el amor que sentía hacia el Severus Snape adulto. Sentía arder sus ojos a causa de las lágrimas contenidas pero no le iba a dar el placer de verla llorar. Ella también tenía su orgullo.
-¿En verdad crees eso?- le preguntó con frialdad.
-Absolutamente- respondió mirándola con superioridad- Eres un caso perdido.
-Claro, y supongo que tienes una total experiencia con las mujeres- dijo ella mientras se levantaba de la cama y se paraba a su lado invadiendo su espacio personal.
Severus no retrocedió porque eso seria como demostrar debilidad así que se mantuvo allí sin apartar los ojos de ella.
-Eso no es de tu incumbencia, Granger- le respondió.
Hermione sonrió de manera fría y calculadora.
-¿Crees que no sé ya la respuesta a eso? Por si no lo recuerdas, una vez te dije que yo era una de las pocas persona que sabía casi todo de tu vida, Severus.
Cuando ella dijo su nombre los ojos de él volvieron a bajar a sus labios por unos segundos, pero los suficientes como para que ella se diera cuenta haciéndola sonreír aún más. Dio un paso hacia él y, sin poder evitarlo, Severus retrocedió. Otro más por parte de ella hacia adelante y otro más por parte de él hacia atrás.
-Sólo uno más- musitó Hermine dando un último paso hacia adelante.
Severus volvió a retroceder pero la cama estaba detrás suyo así que cayó sentado. Hermione se apresuró a subirse a sus piernas, sentándose a horcajadas sobre él con una sonrisa peligrosa en sus labios.
-¡¿Qué rayos…?- comenzó a preguntar asombrado por el comportamiento de ella.
Pero la frase quedó a medio terminar porque Hermione comenzó a mirar descaradamente sus labios. La respiración de Severus comenzó a acelerarse dándose cuenta de la posición en la que se encontraban y ya que ella acercaba más y más su rostro. Hermione llevó sus manos a su pecho y empezó a empujarlo hasta dejarlo tendido sobre la cama sintiendo su aliento en el rostro.
Estaba, literalmente, tendida sobre él. Severus no sabía lo que hacía, jamás en su vida había tenido tan cerca a una mujer en su vida y menos de aquella manera. Estaba perdido en esas nuevas sensaciones que le aceleraban el corazón. Sus manos mecánicamente volaron hacia su cintura y la acariciaron suavemente. Hermione sonrió de una manera que a él le pareció deliciosa y se acercó aun más a su rostro.
Él empezó a temblar de expectativa y del simple placer que le producía tenerla de esa manera. El martirio que sufría su cuerpo no tardó en recibir un nombre: Deseo. Del más profundo y salvaje, de naturaleza indomable y en estado puro, del que jamás sintió siquiera por Lily.
Cerró los ojos cuando los labios de Hermione tocaron su frente depositando un suave y cálido beso. Luego su boca se trasladó a su oído donde tomó su lóbulo entre sus dientes sin dañarlos acariciándolo con suavidad para después pasar a su cuello. No pudo evitarlo, lanzó un jadeo, eran demasiado sensaciones nuevas sentidas por primera vez. La escuchó reír por lo bajo. ¿Cómo podía reír en un momento así? él estaba excitado y ella reía divertida.
-Ves, Severus- dijo pasando sus manos sobre su pecho acariciándolo- Tu cuerpo no esta de acuerdo con esa idea.
¿De qué rayos estaba hablando?, se preguntó Severus perdiéndose en el placer de ser tocado.
Pero de repente toco acabó cuando ella se apartó velozmente, bajando de él y quedándose parada a su lado con una risita burlesca.
-Ay, Sevastian, qué patético lo tuyo- utilizó las mismas palabras pero con un tono que reflejaba el verdadero dolor que sentía y sus ojos estaban llenos de lágrimas- Tu si que ni siquiera puedes controlar tu cuerpo con esta predecible, patética y realmente idiota sangre sucia. Ahora cuando alguien te pregunte qué es lo que sentiste, ya sabrás que decirles- indicó lanzándole una mirada a la protuberancia de la entrepierna del joven.
Sevuerus se apresuró a llevarse la mano hacia allí para cubrirse mientras lo miraba con verdadero odio sintiéndose totalmente humillado. Estaba por decirle algo pero justo en ese momento se escuchó un aplauso, seguido por otro y otro. Ambos giraron el rostro asustados y se encontraron con Severus Snape, el adulto, que los miraba con frialdad mientras seguía aplaudiendo con desgana.
-Qué maravillosa escena acabo de presenciar- dijo con sarcasmo- Realmente… interesante… y patética por parte de ambos.
El Severus joven y Hermione intercambiaron una mirada avergonzada.
-Al parecer, señorita Granger, está mucho mejor de lo que esperaba- siguió diciendo con frialdad y mirándola con algo parecido a dolor.
