Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo ocho.
Hermione nunca se sintió más humillada en su vida. No se atrevía a mirarlo a los ojos ni siquiera a hablarle. No es que él la obligara a mantener una conversación; por lo contrario, simplemente le había restado puntos y asombrosamente también a Sebastian. No se imaginaba lo que dirían los de Slytherin cuando se enterasen de que el jefe de su propia casa, Severs Snape, quien no hacía más que favorecerlos, le había quitado cincuenta puntos y nada más y nada menos que por haber encontrado en una posición indecorosa a su supuesto sobrino.
Pero afortunadamente, Snape sólo había permanecido durante unos momentos junto a ellos para nada más que indicarles cuál sería su castigo. Y allí estaban los dos, limpiando el baño de los Prefectos sin usar magia. O al menos ella lo hacía porque Severus no hacía más que mirar con asco los retretes.
-Comienza de una vez- le dijo Hermione.
Él se volteó y le dedicó una mirada llena de odio. Llevaba unos inmensos guantes de goma amarillos que le llegaban hasta el codo y en una de sus manos llevaba una larga escobilla de baño. No se lo dijo, pero se sintió muy afortunada cuando Snape repartió las tareas y a Severus le tocó lo más desagradable.
-¿Por qué no vienes tu aquí, Granger?- le preguntó él con sarcasmo.
-Porque esa es tu tarea, no la mía. Yo sólo tengo que barrer y limpiar las canillas. A vos te tocaba limpiar los retretes, la ducha, la tina, los azulejos y luego ambos baldearemos el suelo.
-¡No puedo creer que te hayas enamorado de ese imbécil!-exclamó Severus.
-No estoy enamorada de nadie- gruñó ella- Y ¿Te das cuenta que te dices imbécil a ti mismo?
-No, en realidad no, porque yo no soy así aún- le contestó volviendo a mirar con asco los inodoros- ¡Por Merlín, esto es un trabajo negligente!
-Pero los Elfos lo hacen constantemente, ¿Te das cuenta de eso? Claro que tienen magia, pero de todos modos no hace que la labor sea menor. ¿Te interesaría formar parte de la PEDDO?
Severus volvió a voltear hacia ella con expresión de horror.
-¡¿Qué?
Ella rodó los ojos.
-La Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros- explicó- Pe, e, de, de, o. Son dos 2 sickles y te obsequio una insignia con las iníciales de la asociación.
-Sí que estás loca- indicó Severus volviendo nuevamente hacia los retretes.
Hermione solamente apretó los labios con fuerza y se guardó cualquier insulto que quisiera gritarle. No deseaba terminar castigada más… Aunque, claro, que si el profesor Snape estaba presente no le importaría ya que podría intentar explicarle la situación anterior y conseguir un tiempo a solas con él. Sonrió mientras miraba con interés las canillas de la inmensa bañera. Giró el rostro hacia donde estaba Severus y notó que él no la observaba. Intentando hacer el mínimo ruido posible se cercó a ella y abrió varias canillas a la vez. El sonido del agua hizo que Severus volteara y la viera justo en el momento en que ella comenzaba a desprenderse los botones de su camisa. Éste abrió inmensamente los ojos y cuando Hermione alzó la vista y se encontró con los de él le sonrió.
-Fuera- le ordenó ella.
-¿Qué estás haciendo ahora, Granger?
-¡Fuera! ¿A caso no te das cuenta de lo que te estoy diciendo? Quiero darme un baño.
-¡¿Qué? Nos castigarán más aún.
-No me importa. Vete.
Severus no pensaba permitir que aquella loca jovencita hiciera más tonterías y terminaran castigándolo nuevamente. Decidido, se acercó a ella y la tomó de la mano que continuaba desprendiéndose los botones de su camisa para impedirlo. Durante unos segundos se distrajo mirando la parte visible de su sostén negro pero luego apartó los ojos rápidamente.
-¡Suéltame!- exclamó ella intentado zafarse del agarre pero no podía porque él la sostenía con fuerza- ¡Suéltame idiota!
-¡No permitiré que hagas que nos castiguen de nuevo!
-Por eso te dije que te vayas… Vete, acúsame con Snape…
Él la soltó de inmediato.
-¡Ah, con que es eso!- dijo comprendiendo.
Ella empalideció al darse cuenta que había abierto la boca de más. Por unos momentos se había olvidado que tenía delante al mismo Severus Snape salvo que unos años más joven.
-Quieres conquistarlo.
-¡No digas necedades!
-¿Entonces por qué haces eso?
-Te dije que… ¡No te importa! Yo haré lo que quiera- indicó desafiante mientras comenzaba a desprenderse nuevamente la camisa sin importarle que él estuviera presente.
-¡No!
Él volvió a tomarla pero ella forzó aún más provocando que ambos cayeran directamente a la bañera que poco a poco se había ido llenado de agua.
-¡Mira lo que has hecho, idiota!- exclamó enojada Hermione mientras se paraba totalmente empapada con el agua llegándole a la mitad de los muslos.
Severus, que todavía permanecía medio sentado en el agua e igual de empapado que ella, alzó la vista y se quedó embobado viéndola. Pero no fue el único porque justo en ese momento entró el profesor Snape y contempló aquel cuerpo joven y femenino que tanto deseaba. Durante unos momentos no pudo hacer más que contemplarla, con la ropa mojada pegándose a su cuerpo, con la camisa desprendida mostrando como ese sostén negro se adhería a las curvas de sus senos mientras una delicada gota rodaba por entre ellos… Y aquella piel desnuda que a pesar de ser clara mostraba un delicado tono dorado. Una verdadera imagen que le aceleraba el corazón y mandaba sangre y otra clase de fluidos a cierta parte de su cuerpo.
Pero luego se detuvo a pensar: ¿Camisa desprendida? ¿Sostén negro? ¿Senos?
-¡¿ME PUEDEN DECIR QUÉ MIERDA ES ESTO?- gritó furioso y dolido al mismo tiempo.
Hermione no podía creer su mala suerte. Sí, estaba castigada nuevamente con Snape vigilando esta vez pero el maldito Severus joven metido entre medio. ¿Acaso el destino no tenía más que sufrimiento para ella? No comprendía.
Estaba esperando a fuera del despacho de Snape a que el otro Severus saliera de allí como le había ordenado el profesor. Se moría de curiosidad por saber qué era de lo que esos dos estaban hablando pero le habían colocado un hechizo silenciador a la puerta. De repente, sintió el sonido del pestillo corriéndose y luego ésta se abrió dejado ver la figura delgada del Severus joven. La puerta se volvió a cerrar inmediatamente detrás de él.
-Lo siento- dijo rápidamente Hermione antes de que él pudiera decir algo más- Siento haberte metido en este nuevo lío y que nuestras casas perdieran cien puntos en un solo día pero… ¡Te lo advertí! Te dije que te marcharas y no me hiciste caso.
-Está bien, Granger- dijo y comenzó a caminar con tranquilidad.
-¿Qué has dicho?- preguntó Hermione apresurándose para alcanzarlo.
-Que acepto tus disculpas- indicó con calma- Además, estuve pensando y he decidido ayudarte.
-¿Ayudarme a qué?
-Se supone que eres la más lista de tus clases, ¿Cómo puedes hacer semejante pregunta? ¿Ayudarte a qué? Pues a conquistar a tu profesor.
Hermione se detuvo completamente anonadada.
Severus volteó el rostro para contemplarla y también se detuvo unos pasos más allá.
-Vamos, Granger, es más que obvio que lo amas ¿Y qué mejor persona para ayudarte a conquistarlo que yo? Después de todos, no creo que nuestros gustos e ideas hayan cambiado demasiado durante estos años.
Hermione no salía aún de su estado de estupefacción.
-¿Y qué dices, Granger? ¿Aceptas mi ayuda o no?
Ella asintió levemente casi sin darse cuenta de lo que hacía. Dio unos pasos hacia donde estaba él y siguió contemplándolo fijamente.
-¿Por qué… me ayudarás?- preguntó finalmente.
Severus le dedicó una sonrisa que la sorprendió.
-Tengo mis razones, Granger- fue todo lo que dijo antes de seguir su camino por el pasillo solitario.
