Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo nueve.
—Profesor Dumbledore, esto no puede seguir así—dijo Snape mientras daba vueltas por el despacho del director.
Albus, solamente contempló a Snape y ocultó una sonrisa.
—¿Qué cosa, Severus?
—No me venga con eso, Dumbledore. Usted sabe muy bien de lo que le hablo. Tenemos que mandarlo de regreso. ¿Acaso no ha estado investigando el modo de hacerlo? Yo he buscado en todos los libros de mi colección y cada hechizo de viajes en el tiempo me parece sumamente riesgoso e infructuoso. Pero de todos modos estoy decidido a probarlos con tal de que mi… sobrino… se marche.
—No entiendo cuál es la prisa, Severus. Si de todos modos volverá al mismo momento del que salió sin recordar nada.
—Es lo mismo. ¿Le he dicho que lo he castigado de nuevo?
—Una docena de veces pero cuando yo quiero preguntarte el motivo me cambias de tema.
—El motivo no tiene importancia—indicó rápidamente—Es que él es muy… tan… ¿Yo, de verdad, era así?
—Me tendrás que disculpar, Severus, pero no me quedó claro, ¿Así cómo?
Snape lanzó un suspiro exasperado.
—Así tan… que nunca se sabía cómo… que jamás lograba encontrarse cómo correspondía que debía estar ni con las personas correspondientes… de ese modo tan altanero y que no… ¡Así!
Albus tuvo que hacer un nuevo esfuerzo para contener su sonrisa.
—Creo que lo que me intentas decir es algo referente a la señorita Granger, ¿No?
—¡No!.. Bueno… tal vez… Está bien, sí. ¡Primero, esos dos estaban en la enfermería y los encontré en una situación muy incómoda!
—¿Qué clase de situación?
—Pues él estaba…—se calló porque de repente recordó lo sucedido en el baño y que al verla a él, en ese momento, le había sucedido algo muy similar—Nada, ya no importa. Si me disculpa, profesor, tengo que ir a corregir unos trabajos.
—Profesor Snape—lo llamó antes de que él pudiera marcharse el anciano—¿Esta noche es el castigo de la señorita Granger y su sobrino?
Snape asintió.
—Muy bien, dígales que vengan a verme puesto que yo me haré cargo.
Él quiso protestar pero no se atrevió a hacerlo. Si la idea era intentar olvidarla, a pesar de las locuras sin sentido que decía el viejo loco, tendría que intentar mantenerla lo más lejos posible. Así que volvió a asentir y salió a buscar a esos dos.
En el camino se encontró con Potter y Weasley. Los detuvo inmediatamente y por sus expresiones supuso que ellos pensaban que él los iba a reprender.
—¿Saben dónde se encuentra la señorita Granger?—les preguntó seriamente.
Ambos intercambiaron una mirada. Weasley miró hacia otro lado y fue Potter quién respondió.
—Con… Sebastian… Pero no sé dónde—dijo entre dientes—Soy muy parecidos ustedes dos…
Snape lo miró con desprecio antes de seguir su camino sin responder ante éste comentario porque, a pesar de todo lo que había sucedido y de que una muy mínima parte de él le tuviera cariño, al joven le recordaba demasiado a su detestable padre.
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Hermione ya no tenía duda alguna: Severus Snape había enloquecido.
—¿Por qué me miras así?—preguntó sin comprender Severus joven.
Ambos estaban sentados al lado del lago negro. Ella había tenido que disculparse con sus amigos diciéndole que tenía que ayudar en una materia a Sebastian. Claro que por las expresiones de Ron y Harry no tardó en deducir que no le creían una palabra y que, además, no les gustaba nada que ella se juntara con el "sobrino" de Snape.
—Solamente me pregunto si tengo que llevarte con Madame Pomfrey o no—le respondió—¿Acaso te has vuelto loco? ¿Cómo puedes decirme que una cosa así le gustaría?
—No te estoy diciendo que le gustaría—indicó él rodando los ojos—Pero solo digo que no tienes que estar todo el tiempo a sus pies. Insúltalo un poco.
Hermione negó con la cabeza.
—Es una locura. Puedo insultar a los de su casa que son sus favoritos pero… ¿A él? Eso es otra cosa muy diferente. Seguramente me expulsará.
—Eres una exagerada.
—¡No lo soy! Si yo te insulto y tú tuvieras el poder de expulsarme, ¿Lo harías?
Severus lo pensó durante unos instantes.
—Sí, tienes razón—le dijo finalmente.—Pero él no lo hará.
—¿Y se puede saber porqué estás tan seguro?
Severus abrió la boca para responder pero vio que venía hacia ellos su otro "yo". Cerró la boca inmediatamente y le hizo una seña a Hermione para que mirase hacia allí. Ella le hizo caso pero inmediatamente apartó la vista. Estaba por levantarse y marcharse de allí pero Severus la tomó del brazo y la empujó hacia abajo nuevamente para que se quedara sentada a su lado.
—¿Acaso ustedes dos no tienen clases?—preguntó Snape a medida que se les acercaba con una clara mueca de disgusto.
—Tenemos horas libres—le respondió Severus mirándolo a los ojos.
El profesor sólo hizo una mueca de disgusto.
—Vengo a avisarles que esta noche tendrán que cumplir el castigo con el profesor Dumbledore. Así que después de la cena vayan a su despacho, ¿Entendieron?
Ambos asintieron.
—Y, señorita Granger, hágame el favor de ir a ver a sus amigos porque están algo… disgustados por la clase de compañía con la que se encuentra ahora.
Hermione lo miró sin poder creer lo que Snape acaba de decir. ¿Se había insultado a sí mismo?
Severus, el joven, que todavía no había soltado el brazo de Hermione, la pellizcó suavemente para darle entender que era el momento de poner en práctica su plan. Ella lo miró y negó con la cabeza levemente pero Severus la miró de una manera que ella no pudo más que ceder.
—No puedo creer que te conviertas en alguien tan idiotamente repulsivo en el futuro—dijo en voz alta para que Snape, que ya se marchaba dándoles la espalda, pudiera oírla.
Le dolió profundamente decir eso, como si una daga fuera directo a u corazón, pero mantuvo la boca cerrada esperando ver la reacción del profesor. Snape, se detuvo, giró su cabeza levemente y dijo:
—Diez puntos menos para Griffyndor.
Y siguió su camino.
Hermione gimió de la frustración y se aferró con fuerza al brazo del Severus joven mientras apoyaba su frente en el hombro de él conteniendo las lágrimas. Severus se sorprendió por la reacción de la joven y no supo que hacer. Así que simplemente se quedó quieto hasta que la esculló sollozar. Entonces colocó suavemente una de sus manos en su espalda e intentó consolarla dándole pequeños golpecitos.
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—¡Jóvenes!—Exclamó Dumbledore con alegría cuando ellos ingresaron a su despacho—¡Qué alegría verlos! ¿Cómo se encuentran?
—Bien, profesor—contestó Hermione con cierta tristeza.
—¿Y usted, señor Snape?
Severus hizo una mueca de disgusto a modo de respuesta.
—Muy bien, su castigo es sencillo. Iremos a la cocina y les enseñaré a preparar unos riquísimos Sorbetes de limón.
Ambos miraron al anciano cómo si estuviera loco, y tal vez fuera así, pero no dijeron nada puesto que unos momentos en la cocina era preferible a tener que limpiar los baños.
Sin más, se encaminaron hacia la cocina en silencio ambos pensando lo mismo: este sería uno de los castigos más raros que tendrían en su vida.
