Fanfic: Destinos Unidos
Pareja: Inuyasha- Kagome
Rated: T
Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Rumiko Takahashi, solo la trama es mía. Obra sin fines de lucro.
Summary: Kagome y Kikyou son mejores amigas desde niñas. Separadas a los catorce años. Años después, Kikyou muere en un accidente y ahora, Kagome, tiene que viajar a su aldea para ponerla en orden y de paso, buscar venganza para su casi hermana pero sus planes se ven truncados cuando ve al que fue "novio" de su difunta amiga y experimente la envidia hacia ella por un par de ojos dorados.
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-Destinos Unidos-
-Capítulo II-
-Regreso-
Inuyasha
Lo primero que sintió cuando recobro el conocimiento fue el dolor punzante que sentía en medio del abdomen, arriba de su estomago y debajo del pecho. Poco después de que se comenzara a acostumbrar a ese dolor, pudo percibir claramente el olor de hierbas medicinales, agua y… ¿sangre?
Más concretamente, ¿su sangre? Después de unos segundos más, comenzó recobrar el sentido lentamente, sus músculos se volvieron físicos, ahora podía sentirlos y además de eso comenzó a ser consciente de su alrededor.
Y fue cuando los recuerdos regresaron a él. Su odio, la carrera por la Perla, la carrera por la vida de Kikyou, el dolor de verla herida, los ojos de Kikyou impregnados con odio, su grito, la flecha, el dolor y la oscuridad.
Todas las imágenes corrieron en su mente como si de un desfile se tratase y el dolor de su cuerpo quedo opacado por el de su corazón. Maldita Kikyou, maldita humana que lo había engañado. Maldita su vida.
Por último, sus ojos comenzaron a abrirse, lentamente debido a la gran cantidad de luz que estaba en su exterior.
— ¡Inuyasha!—esa voz sonaba aliviada, casi como si su hubiera quitado un gran peso de encima. Y la reconoció de inmediato, era la voz de esa anciana… a la que Ki… ella ayudaba. ¿Cuál era su nombre? ¡Ah, sí! ¡Kaede!
Cuando sus ojos se abrieron por completo, se encontró acostado sobre un futón en la cabaña de Kaede, estaba desnudo de la cintura para arriba y, su haori reposaba sobre una cuerda tensada de extremo a extremo de la cabaña, un vendaje cubrí su pecho así como parte de su estomago.
Inuyasha no dijo nada, lo único que pretendió fue sentarse sobre el futón y virarse hacia la anciana la cual le extendió un poco de agua, y él dándose cuanta de lo sediento que estaba, lo aceptó sin dudar.
Su mente intentó buscar una respuesta el porque estaba allí, ¿qué había pasado? Kikyou lo odiaba y estaba seguro de que moriría en ese momento. Pero, Kaede lo había curado…
La anciana descubrió la duda en sus ojos y, con su voz extremadamente sabia, habló:
—Kikyou te lanzó una flecha, la cual casi te perfora el estomago—Inuyasha la miró como siempre lo hacia, despectivamente y escondiendo toda la duda que sentía su mente en ese momento—, la herida era bastante profunda, tarde horas en cerrarla y tú, tardaste tres días en despertar.
Eso sí que lo sorprendió, ¿tres días? ¿Tan mal había estado? Su cuerpo no era tan débil como el de los humanos. ¿Era tan grande el deseo de verlo muerto para herirlo de esa manera? ¡Que estúpido había sido! ¡Confiar en humanos!
—Keh— dijo desinteresadamente mientras se ponía de pie con un poco de esfuerzo-. Eso no importa-Kaede sonrió aliviada, si que se había recuperado si tenía energía para regresar a su personalidad usual—, tan pronto como me apodere de la Perla de Shikon… ¡Me largare de este lugar para siempre!
—No creo que puedas tomar la perla, Inuyasha—espetó la vieja mujer mientras Inuyasha terminaba de ponerse el haori—, por muy fuerte que seas, no conseguirás dominar la energía oscura que rodea a la perla…
—Keh—se burló mientras tomaba a Tessaiga, aunque hubiera preferido dejarla botada por allí, solamente una vez había logrado hacer que se transformara, más sin embargo, Myoga le obligaba a llevarla como si fuera un poderoso tesoro—. No me digas que la Srta. Perfecta Kikyou estaba herida todavía y no puede….
—Kikyou está muerta, Inuyasha—le interrumpió la anciana y por una fracción de segundo pudo ver el dolor de peli plateado ante tales palabras, pero de inmediato se desaparecieron regresando a esa mascara de arrogancia—, su herida fue mortal, había perdido tanta sangre que no se pudo hacer nada…
— ¡Ja! ¡Que débiles son ustedes, los humanos!—se burló, intentando reconocer lo mucho que le dolía escuchar aquello.
—Su tumba esta frente a la pagoda de la perla—la anciana Kaede ignoró ese comentario, sabiendo que al hanyo le dolía esa situación aunque no lo demostrará-, muchos aldeanos le han dejado flores, quizás podrías…
— ¡Ni lo pienses! ¡Yo no soy para esas cursilerías!—respondió a la defensiva y salió de la cabaña dejando atrás a la anciana con una mueca triste.
¿Qué habría pasado entre esos dos?
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Sí que la tumba era… armoniosa con ella.
Casi a su cintura, estaba un puñado de rocas, apiladas y sobre de ellas había lo que parecía un pequeño templo, estaba lustroso por lo que se notaba lo reciente que era, y dentro de este podía percibir aun un poco del olor de ella.
Alrededor de ese lugar había decenas de flores, flores de campanillas y unas que otras sakuras, y un par de rosas blancas.
Después de todo… esto no es lo que yo quería. Pensó para sí, quizás si la odiaba, si la odiaba por traicionarlo, por dejarlo de lado y engañarlo. Jugar con sus sentimientos y después romperlos pero… no quería que ella muriera, solamente quería la perla e irse. Lejos.
Convertirse en un verdadero Youkai y olvidar a esa humana que le había robado el corazón.
Sin decir nada, se dio media vuelta y camino sin rumbo por toda la aldea. No fue una sorpresa para él saber que los aldeanos le veían con enojo y reproche, otros con miedo. Solamente lo respetaban porque camina de lado a Kikyou, y ahora que ella no estaba…
Sin poder evitarlo, llegó donde había visto a Kikyou por última vez. Y le sorprendió ver lo que había allí, se hubiera quedado más tiempo detallándolo pero repentinamente el cielo se oscureció y una presencia maligna se hizo presente así como el olor a Youkai.
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Kagome
Tensó la cuerda del arco y segundos después la flecha salió disparada hacia el Youkai mono ciclope que cayó inerte y ella de rodillas ante el cansancio.
Siete días.
Lleva a siete días de camino a la aldea de la anciana Kaede, y todavía le quedaba uno más para llegar, y ya sentía que el mundo se le venía abajo. Durante todo el camino se encontró con más Youkai de lo que había esperado, las flechas se le estaban terminando y ya había pasado sobre 15 de ellos ese día. Algunos más fuertes que otros, pero el ciclope si que le había dado pelea.
Se puso de pie como pudo y continúo su camino. No podía demorar más.
Mientras avanzaba lo más rápido que sus pies se lo permitían, su mente viaja al pasado. Al último día que vio a Kikyou, un mes antes de que la Hitomiko muriera. Habían pasado cerca, y Kagome casi le rogó poder visitar el lugar.
— ¡Kagome, espera!—grito la sacerdotisa Hitomiko, ya que apenas había puesto un pie sobre la aldea que la niña había echado a correr hacia la cabaña de la anciana Kaede, ignorando en el camino a todos los aldeanos que la veían pasar, confundiéndola con Kikyou.
Llegó a la cabaña y la encontró vacía pero no se afligió, corrió escaleras arriba hacia el templo y cuando llegó allí, la puerta dela pagoda estaba cerrada, no espero ni un segundo y la abrió deprisa, asustando a la joven pelinegra que estaba adentro.
— ¡Kikyou!—el gritó que dio Kagome le desgarró los tímpanos a su mejor amiga y se echo sobre de ella aprisionándole entre sus brazos y cayendo, ambas, al suelo por el impulso de Kagome.
— ¡Kagome!—murmuró con sorpresa la mayor de ambas mientras observaba incrédula como esa joven seguía pegada a su pecho.
De las dos. Kagome siempre había sido la entusiasta, la traviesa, la loca y la alegre, ella representaba a la juventud en persona. Mientras que, por otro lado, Kikyou era la seria y madura, era la responsable y personificaba la seriedad que representa ser una sacerdotisa. Kaede decía que ambas eran completamente diferentes, y no entendía como se sostenía su amistad.
Kagome, de pequeña, siempre planeaba travesuras, siempre rompía las reglas y terminaba arrastrando a Kikyou a las situaciones más hilarantes que se pudieran encontrar.
Mientras que, Kikyou arrastraba a Kagome al lado pacifico de la vida.
Sonrió al recordar el resto de ese día. La anciana Kaede le reprendió por interrumpir la purificación de la perla, y fue cuando conoció esa joya, la joya que había caído bajo el cuidado de Kaede y Kikyou.
— ¿La perla de Shikon?—preguntó con duda Kagome, quien junto con Hitomiko, Kaede y Kikyou tomaban el té, amenamente en la cabaña de la vieja mujer.
—Es la ambición de todo Youkai—dijo la anciana Kaede mientras se servía un poco más de té-, con ella pueden aumentar sus poderes malignos peligrosamente.
—Por eso hay que mantenerla lejos de manos ambiciosas, por eso la purificó—comentó Kikyou.
Su sonrisa se ensanchó a la par que una lágrima rodaba por su mejilla. Su querida amiga, su ahora difunta amiga. La última vez que recibió una carta de ella fue hacia un par de meses, comunicándole de la gran invasión en la que un hanyo le ayudo a detener, además de informarle que pronto Kaede se retiraría y le dejaría la aldea a su cargo. Y tomaría el cargo de Guardiana de la Perla de Shikon oficialmente.
Era Kikyou quien la purificaba, por que ella siempre se había especializado en ello. Purificar.
— ¿Qué te pasó, Kikyou?—preguntó al aire mientras atravesaba el bosque y a lo lejos reconoció el Goshinboku, y sonrió para sus adentros-. Estoy en casa.
Pero su sonrisa se borró cuando notó la cantidad de energía oscura que se estaba acercando hacia la aldea, y sin pensárselo dos veces, echo a correr con lo que le quedaba de energía.
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Inuyasha
La primera vez fue una sorpresa, la segunda una contradicción y la tercera un fastidio, pero esa era la séptima vez que un ejercito de espíritus malignos atacaban la aldea para tomar la contaminada perla de Shikon.
Inuyasha se había esforzado protegiendo la aldea, con la excusa de que solo él podría poseer la Perla de Shikon pero todos sabían que lo que en realidad protegía era la tumba de Kikyou, lo que ella amaba y lo que quedaba de ella.
— ¡Garras de Acero!—gritó mientras defendía la parte norte de la aldea, cerca de donde la anciana lidiaba con sus flechas con un par más.
Ambos sabían que ninguno podría acercarse a la perla, ya que la energía que la rodeaba era tal que terminaba absorbiendo a los Youkai que se le acercaban demasiado, no había nadie que pudiera soportar tal nivel de maldad.
Ambos estaban peleando con fuerza para poder proteger de ella, para cuidar de al aldea. Y la anciana le había dicho que pronto llegaría quien pudiera purificar todo ese rencor y odio, que rodeaba a la perla.
— ¡Inuyasha, el este!—le pidió la anciana viendo como los Youkai se reunían en torno al sitio donde estaba la perla, cerca del camino al Goshinboku.
Se dirigió hacia ese sitio, pensando en cuidar de los estúpidos humanos que se acercaran a la perla y derrotar a un par más de Youkai. Estaba por llegar cuando un resplandor rosado lo alerto, esa no había sido la anciana Kaede. Ese olor era de… No, imposible.
Corrió con más energía, necesitaba saber. Necesitaba estar seguro. Pero… no era posible, aunque ese poder lo reconocería donde fuera, esa explosión de energía que se siente cuando ella disparaba una flecha, además de que ese era el lugar donde ella supuestamente había muerto.
Y cuando llego, allí estaba. Su cabello azabache, más corto y alborotado de lo que recordaba, reposaba sobre sus hombros en una coleta baja con los mechones a los lados, sus ropas se veían sucias pero ella no dejaba de verde hermosa. Tensó la cuerda y disparo, derribando a un ciempiés que se había acercado peligrosamente a una cabaña, y destruyéndolo de un golpe.
Pero, algo no cuadraba, ese olor. Sí, era como el de Kikyou… pero no, eran diferentes. Estaba seguro. El de Kikyou era fresco, parecido a las orquídeas, a las lilas, era más libre, más… serio, mientras que el de esa chiquilla era dulce y salado a la vez. Las sakuras reinaban en su cuerpo pero… lo salado definitivamente venía de su sudor.
Y cuando uno de sus enemigos le quiso atacar por la espalda, se dio cuenta de que la batalla aun no terminaba.
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Cuando el último de ellos quedo inerte en el suelo, la joven extraña se dejo caer de rodillas y su respiración se volvió cansada, errática.
Todos los aldeanos que estaban presentes se acercaron a ella, sorprendidos al igual que Inuyasha de su presencia, pero este, al captar el hedor que provenía de ella, debajo de las sakuras y el sudor capto algo más.
— ¡Tú…!—gritó cuando descubrió que esa chiquilla olía a Youkai, ¿quién se creía uno de esos malnacidos para tomar la forma de Kikyou?
La chiquilla se alarmó al escuchar el gritó y se puso de pie como pudo, y sus ojos se encontraron con los dorados y furiosos de Inuyasha, quien nada más de ver esos ojo color chocolate sorprendidos se enfureció más.
— ¡Como te atreves…!—estaba vez un gruñido broto de su garganta y fue la señal de todos para marcharse, Kagome solamente tomó su arco y se preparo para lanzar otra flecha cuando…
…el carcaj estaba vacio. Maldijo en silencio mientras apretaba con más fuerza el arco y se ponía en posición defensiva.
— ¡Espera, Inuyasha!—el gritó de Kaede retumbó por todo el lugar, pero este la ignoró-, ¡Ella es…!
— ¡Una maldita…!—espetó interrumpiendo a la anciana.
Se lanzo sobre ella sin esperar una respuesta, dispuesto a cortarla con sus garras pero la joven fue ágil y esquivo el ataque arrojándose al suelo. Unos grandes surcos se abrieron paso detrás de ella, agradeció al cielo haber pasado tanto tiempo con Kouga que sus reflejos se hicieron bastante buenos.
—Maldición…—masculló el peli plateado mientras preparaba sus garras para volver a atacar.
Kagome
Kaede fue más rápida y de entre sus ropas sacó el Kotodama no Nenju, junto sus manos sobre su pecho para preparar el conjuro mientras que Kagome se ponía de pie rápidamente y apretaba el arco de nuevo entre sus manos.
— ¡Anciana Kaede!— gritó a la par que retrocedía lentamente hacia el Goshinboku, ya que el medio demonio la seguía viendo con ira y se preparaba para atacarla— ¡Quién es este loco!
Pero la ancana no contesto ya que en ese momento un collar de piedras circulares a color morado y unos cuantos magatama, aquellas piedras místicas que aparecían cerca de la cascada de la aldea, aparecieron en forma de luz en el cuello de Inuyasha en forma de collar.
— ¡Rápido!—le gritó Kaede— ¡Di un conjuro para calmar a Inuyasha!
¿Conjuro? Se preguntó la joven pelinegra mientras retrocedía aun más y ponía su arco frente a ella como protección, la joven muchacha se encontraba más asustada que su antigua maestra, no conocía a ese joven que ya le estaba atacando como si quisiera verla muerta.
Su espalda tocó el tronco del Goshinboku, y allí fue cuando sintió pánico. Su cuerpo le estaba pasando factura de tantos días en combate; su vista se estaba nublando, sus cuerpo se sentía cada vez más pesado y no le quedaba energía para hacer un campo de protección, donde estaba era casi imposible esquivar otro de esos zarpazos destructores.
Solamente le quedaba confiar en Kaede o morir.
— ¡Muere!—gritó el chico de la haori roja. Inuyasha, como Kaede le había llamado, se acercaba rápidamente a ella.
Kagome sintió terror de morir y cerró los ojos, gritando lo primero que se le vino a la mente.
— ¡Abajo!— un sonido chirriante se escuchó y segundos después un fuerte estruendo como si algo se hubiera estrellado en el piso con fuerza.
Por un momento dudo en abrir los ojos, pero cuando noto que ya habían pasado varios segundos y seguía viva, lo hizo. La escena que tenía enfrente era de lo más graciosa.
El chico del haori rojo estaba en el suelo, sobre un surco, y se revolvía violentamente tratando de quitarse el collar de su cuello. Kaede se acercó a él con calma, lentamente y se arrodillo a su lado.
Se dejó resbalar por el tronco y se sentó en él, suspirando de alivio, y el cansancio llego a su cuerpo como no lo había hecho en días. Sus ojos se cerraron irremediablemente y su cuerpo quedó recargado sobre el tronco del Goshinboku.
Kaede
—Inuyasha—el peli plateado solamente la miró con odio mientras se seguía intentando quitar el collar con fuerza, tirando de él—, ¿Por qué atacaste a…?
— ¡Ese maldito Youkai no es Kikyou!— exclamó furioso poniéndose de pie, imponentemente frente a la sacerdotisa y viéndola con incredulidad— ¡Como osas protegerla!
—Ella no es Kikyou—murmuró con paciencia y sabiduría mientras se ponía de pie junto con Inuyasha—, eso ya lo sé, tonto.
— ¡Entonces por qué defiendes a un Youkai!—exigió mientras se viraba a la muchacha que sentada entre las raíces del tronco, inconsciente.
— ¿Youkai?—pregunto la anciana mientras alzaba su ceja con curiosidad, sus facciones se hicieron todavía más arrugadas de lo que ya estaban—Inuyasha, ella no es una Youkai, es la mejor amiga, casi hermana de Kikyou, su nombre es…—.
— ¡Señorita Kagome!—gritó un aldeano mientras se acercaba a Kagome, llamando la atención de Kaede e Inuyasha, el segundo más calmado y sereno al escuchar a la anciana Kaede.
La joven estaba inconsciente con su respiración algo agitada, el mismo aldeano que e había acercado ahora le tocaba la frente y con miedo descubrió que la joven tenía fiebre. Kaede se acercó a ella con preocupación.
—Kagome…—murmuró mientras se agachaba a su lado y tocaba con calma su rostro, notando que, como el aldeano había dicho, Kagome ardía en fiebre—, pobrecita. ¡Inuyasha!— llamó al hombre mitad bestia, quien solamente giro su rostro hacia ella— ¿podrías hacerme el favor de llevarla a mi cabaña?
Inuyasha
Inuyasha se sorprendió ante tal petición y se dio media vuelta dándole la espalda a las dos mujeres y los pocos ancianos que quedaban a su alrededor.
Su mente se negaba a acercarse a esa mujer tan parecida a Kikyou, pero tampoco podía dejarle de lado… ¡Si, si puede! ¡Él no es anda de esa aldea y su único propósito es obtener la Shikon No Tama!
—Entiendo…—murmuró la anciana con aparente decepción y se puso de pie, mientras con un ademan le indicaba a un joven castaño que se acercará—. Shun, ¿podrías llevar a Kagome?—preguntó con calma, el chico asintió y se acercó a la joven que respirada erráticamente.
Ver a aquella mujer pelinegra en ropas de sacerdotisa en brazos de aquel joven, quien por cierto le insultaba sobre los demás, le hizo ver a otra persona con una piel todavía más pálida que la de esa chiquilla. Y sus instintos protectores se agudizaron y arrebataron a la joven de ese chico, quién se quedo estático.
— ¡Yo la llevare!— gruño mientras abrazaba a la pelinegra posesivamente, más cerca de él y veía a ese chiquillo con expresión asesina.
Comenzó a caminar hacia la cabaña de Kaede, con esta siguiéndolos y para nadie paso desapercibida la mirada de astucia que tenía la anciana sobre aquellos dos.
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¡Hey, hola! Me alegra tanto que les vaya encantando este fic, hecho con todo mi corazón para ustedes.
Aquí se puede observar, que Inuyasha esta triste, aunque no lo demuestre y que ver a Kagome le recuerda a Kikyou.
¿Qué sucederá con ese par?
Averígüenlo en el próximo capitulo de…. ¡Destino Unidos!
(Chan… Chan… Chan… Chan…)
Se despide la loca
XiaKaSa
