Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo once.
Severus se encontraba acostado en su cama sin poder dormir. Hacia una hora que se encontraba así y, por más que estaba tentado a tomar alguna poción que lo ayudase no quería hacerlo.
Lanzó un suspiro y dio media vuelta en la cama quedando acostado mirando el techo. ¿Por qué rayos tenían que pasarle esas cosas a él? ¿Por qué tenía que amar siempre a la persona equivocada? ¿Por qué ella, su alumna, esa muchachita de cabello rizado y ojos castaños; por qué podía cautivarlo como nadie más y tenía el poder de herirlo con palabras crueles como nadie? Lanzó un nuevo suspiro recordando lo que había sucedido esa misma tarde.
Flashback
Lo había arrastrado, tomándolo del borde del cuello de su camisa, al interior de su despacho sin importarle que Hermione estuviera observándolo horrorizada y asustada al mismo tiempo, ni que su "otro yo" quisiera escapar. Pero él no iba a dejarlo ir sin antes aclarar ciertas cosas.
Lo soltó de repente, casi haciéndolo caer, y dio la vuelta a su escritorio.
-Quiero que te alejes de Granger- le dijo firmemente.
Su "otro yo" bufó y él le lanzó una mirada llena de odio.
-¿Crees que esto es un juego?- le preguntó con furia apretando sus manos en puños y conteniendo sus ganas de lanzarle una maldición- ¿Que esto no es más que un maldito juego del cual saldrás bien parado? ¿Me pregunto si siquiera eres consciente de lo que verdaderamente implica estar aquí?
El otro lo miró con seriedad sin abrir la boca.
-Pues este viajecito en el tiempo nunca debería haber ocurrido. Al parecer, también te hizo mal a la cabeza. Te recuerdo que nunca tuviste… tuvimos, mucha suerte. En nada.
-Hasta ahora- habló finalmente él.
Snape lo miró confundido sin lograr entender lo que él quería decir. ¿Hasta ahora? ¿A qué se refería?
-Digamos que yo, en mi posición de alumno, pude enterarme de algunas cosas-se explicó su otro "yo".
-¿Qué clase de cosas?- preguntó seriamente.
El otro se encogió de hombros suavemente y bajó la cabeza, como si de repente, el suelo del despacho le resultara mucho más interesante que la conversación que estaban llevando. Durante unos momentos ninguno de los dos dijo nada y permanecieron perdidos en sus pensamientos.
-¿Por qué?- preguntó de repente su otro "yo" con voz estrangulada.
Él no alzó la vista. No se atrevió a hacerlo. Tuvo miedo de hacerlo y verlo, verse así, tan débil, asustado y confundido, a punto de cometer el error más grande de su vida y sentir esa sensación de impotencia, de ni siquiera poder levantar una mano o decir una simple palabra para impedirlo.
-¿Por qué que cosa?
-¿Por qué la dejaste morir?
Snape tragó saliva. No necesitó preguntarle de quién hablaba.
-Intenté impedirlo- musitó sin contemplarlo sintiendo culpa y dolor.
-¡La dejaste morir!- lo acusó- No hiciste nada por impedirlo… ¡Tú la mataste! Y ahora vienes y la quieres cambiar por esa muchachita sabelotodo que jamás logrará ser tan…
-¡Cállate! ¡Cállate!-le gritó mirándolo, finalmente, con rabia-No tienes idea de lo que estás hablando y solamente dices necedades. ¡Intenté impedirlo!-dijo con desesperación- Quise avisarles lo que venía… pero no hicieron caso… y luego intenté enmendar el gran error que cometí…
-¿Cuál de todos?
-Cada uno de ellos- musitó apartando la vista mientras apartaba el cabello de su rostro nerviosamente-Intenté ayudarlos… Pero ella y Potter no quisieron escuchar el consejo de Dumbledore y confiaron en el maldito Colagusano… ¡No me digas que la dejé morir sin más porque toda mi vida, cada maldito segundo de ella, pasé intentando enmendar mis culpas!... ¿Crees que fue fácil soportar tener a ese traidor a mi lado, viviendo en mi casa sin poder levantar la varita y matarlo de una vez por todas?... y Lily… lo fue todo… pero ya no está.
Hubo un profundo silencio entre ellos dos después de eso. Un silencio en el que no se oyó nada más que sus respiraciones.
-¿Es esa tu confesión del amor que sientes por Granger?- le preguntó su otro "yo"
Severus le lanzó una mirada cargada de odio.
-Puedo castigarte aún más por tal impertinencia. Granger es mi alumna, una muy molesta, debo agregar, pero no la veo de ningún otro modo. Esto te tiene que quedar en claro. Y te aconsejaría que tu también hicieras lo mismo. Si quieres descargar tus… frustraciones… ella no es la mejor opción.
Su otro yo tuvo el descaro de sonreírle.
-No te preocupes. Ella ya está reservada para alguien más… -dijo con aire de suficiencia- Está muy enamorada.
Severus alzó la vista asombrado al enterarse de esto pero rápidamente compuso su expresión.
-Espero que haya entendido- musitó-Ahora váyase.
Fin del flashback.
¿Enamorada? ¿Quién sería el afortunado? ¿Potter? No. Él estaba con la joven Weasley. ¿El pelirrojo? Él mismo la reprendería si había hecho esa elección. Sinceramente, no importaba demasiado. Él odiaba a esa persona por haber robado el corazón de la mujer que amaba.
Escuchó unos golpes en la puerta. Suspiró y maldijo a Dumbledore. El anciano le había dicho que iría a avisarle cómo habían terminado aquel castigo pese a que él se había negado. Se levantó perezosamente de la cama sin importarle salir simplemente con su pijama y descalzo.
Pero cuando abrió la puerta de su despacho se quedó de piedra al verla allí. Ella tenía un leve sonrojo en sus mejillas que la había ver adorable. Se la veía nerviosa y asustada.
Claro, estaba frente al temido Severus Snape, pensó él con ironía.
-¿Acaso se va a quedar ahí parada toda la noche o piensa decirme qué es lo que quiere?- preguntó intentando adoptar un tono molesto.
Ella se mordió el labio inferior y durante una milésima de segundo él se preguntó qué se sentiría poder posar su boca justo allí.
-Buenas noches, profesor Snape. El profesor Dumbledore me mandó a traerle un sorbete de limón.
-¿Un qué?- preguntó pero luego notó que ella llevaba una copa en sus manos.-¿Qué rayos le hizo hacer de castigo?
-Preparar Sorbetes de limón.- indicó ella dando un paso al frente y tendiéndole el sorbete con una tímida sonrisa- ¿Quiere probarlo?
Severus lo tomó y tocó, accidentalmente, la mano de ella. Él mismo se estremeció con ese simple contacto. Alzó los ojos, sin quitar la mano, y la miró. Ella tampoco se movía y tampoco apartaba la vista.
Hermione volvió a dar un paso hacia adelante y quedó muy cerca de él. Severus no podía creerlo. Seguramente esto no era más que un sueño. Sí, seguramente era eso porque no era posible que aquella jovencita lo estuviera mirando fijamente mientras acercaba su rostro hacia el de él como si deseara darle un beso.
Era imposible… Pero entonces, ¿Por qué se sentía tan real?
