Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo doce.

Hermione volvió a dar un paso hacia adelante y quedó muy cerca de él. Severus no podía creerlo. Seguramente esto no era más que un sueño. Sí, seguramente era eso porque no era posible que aquella jovencita lo estuviera mirando fijamente mientras acercaba su rostro hacia el de él como si deseara darle un beso.

Era imposible… Pero entonces, ¿Por qué se sentía tan real? Porque tal vez lo era. Y si era real… estaba mal. Tenía que apartarse, apartarla, insultarla, sacarla de allí antes de cometer alguna equivocación.

Pero cuando los labios de Hermione tocaron los suyos con suma delicadeza cualquier pensamiento de lo correcto e incorrecto abandonó su mente. Fue un beso breve, ligero, pero que se repitió una y otra vez. No estaban pegados entre sí, no se tocaban mucho más que aquella mano que sostenía la copa olvidada y sus labios que no dejaban de acariciarse. Besos pequeños que le hacían desearla cada vez más, hasta que al fin, incapaz de resistirse por mayor tiempo, la abrazó por la cintura atrayéndola hacia su pecho y la besó con profundidad.

La copa cayó al suelo derramando su contenido y rompiéndose en mil pedazos.

Pero ninguno de los dos se separó cuando el estrepitoso sonido rompió aquel silencio en el que estaban sumergidos. Hermione se arqueó contra él y llevó una de sus manos hacia su cuello para acariciárselo y presionarlo levemente por si él deseaba cortar el beso. Pero Severus estaba disfrutando de lo que por tanto tiempo había deseado secretamente que no pensaba alejarse, no aún. Tal vez cuando la necesidad de respirar fuera verdaderamente necesaria. Y esta necesidad no tardó demasiado en llegar y, con ella, la realidad.

Hermione estaba que no cabía dentro de sí por la felicidad que sentía. Quería sonreír, saltar de felicidad, ponerse a bailar allí mismo, pero cuando vio la seriedad en el rostro de Severus, todo eso fue remplazado por clara desdicha. Ya sabía lo que él le diría, lo presentía.

Severus nunca había sido una persona impulsiva, eran pocas las cosas que había hecho sin pensar, dejándose llevar por sus propios sentimientos. Y desde esos momentos había aprendido que aquellas acciones eran, por lo general, estúpidas.

Se apartó de ella, soltándola con brusquedad, yéndose del otro lado de su escritorio como si éste fuera el mejor modo de ocultarse. Y tal vez lo fuera. Siempre detrás de esa oscura máscara de frialdad, en su rol de profesor malvado… y estaba tan acostumbrado a ese papel que hasta él mismo se lo estaba creyendo.

Hermione quiso decirle algo, retenerlo en sus brazos, pero no pudo hacerlo.

—Agradézcale al profesor Dumbledore— dijo con seriedad haciendo un movimiento con su varita para que la copa se colocara sobre su escritorio completamente armada y el líquido desapareciera del suelo dejándolo limpio-Ahora márchese que estas no son horas para que ande fuera.

No la miró en ningún momento que habló, pero cuando alzó la vista para comprobar si había hecho lo que le había ordenad vio que ella se encontraba aún allí.

—¿A caso no me escuchó, Granger?— le preguntó haciendo uso de toda su maldad— ¿Ya quedó idiota a causa de tantos libros que leyó o qué?

Hermione volvió a acercársele y él reprimió el impulso de salir corriendo. ¡Por Merlín, era una persona adulta y ella la niña! No deberían estar jugando al gato y al ratón. Y si lo hicieran, él no debería ser el ratón.

—Cincuenta puntos menos— gruñó.

—¿Por qué?— preguntó ella.

—Por ser tan fastidiosa y desobedecer a un profesor.

Ella negó con la cabeza sin apartar la vista de sus ojos.

—¿Por qué no quiere que yo…?

—Váyase, señorita Granger— le dijo serio e intentado mirarla con odio.

Pero nuevamente ella no le hizo caso y lo miró implorante, de modo tal que él temió caer rendido ante ella, confesándole lo que tan celosamente guardaba. ¿Pero acaso ya no lo había hecho besándola de aquella forma?

—¡Váyase, señorita Granger!—repitió con mayor efusividad.

—¡Lo amo!

Severus abrió los ojos como platos al escuchar aquella confesión y quedó con la boca ligeramente abierta. Pero de pronto lo comprendió todo. Lanzó un suspiro y, a pesar de sentir un tremendo dolor en su pecho, procuró hablar con claridad.

—No sabe lo que dice, Granger. Tal vez usted se haya enamorado de Severus, el que vino del pasado, pero él y yo no somos iguales. No se deje engañar por las apariencias.

—No, yo no…

—Y, si me permite darle un consejo, Severus, el otro, tampoco es de confianza. En serio, hasta Malfoy sería mejor opción. Ahora, máchese.

—No, yo no lo amo… al Severus, el joven— aclaró ella—Lo amo a usted.

Severus negó con la cabeza mientras se acercaba y la tomaba por el brazo con delicadeza para dirigirla a la salida. Ella intentó zafarse pero él no lo permitió. La dejó fuera de su despacho y luego cerró la puerta dejándola allí, sola.

Hermione sintió la terrible tentación de ponerse a pegar con los puños por la puerta, exigiéndole que la escuchase hasta lograr convencerlo de que lo amaba. Pero esa noche parecía ser imposible. ¡Por Merlín, era un hombre verdaderamente exasperante! ¿Por qué no le creía? ¿Acaso pensaba que ella iba besando a todo el mundo? Rio tristemente ante la ironía de la situación, Sebastian podría asegurar que sí. ¿Por qué se desmerecía tanto a sí mismo, por qué no creía que alguien podría amarlo de verdad?

Fue su turno de lanzar un suspiro antes de marcharse nuevamente hacia la cocina donde seguramente la esperaban Dumbledore y el otro Severus.

Cuando llegó allí los encontró mirándose en silencio. El anciano la vio aparecer y le sonrió.

—Ha tardado, señorita Granger. Estaba pensando que el profesor Snape la había raptado.

Los dos hombres notaron el tenue rubor que tomó las mejillas de Hermione pero no hicieron ningún comentario de esto.

—Lo siento—se disculpó ella.

—No importa ya.—dijo Dumbledore—Señor Snape, hágame el favor de acompañar a la señorita Granger a la entrada de la sala de su casa. Después regrese a la suya propia.

Para asombro de Hermione, Severus asintió cortésmente y sin pensarlo demasiado.

Cuarenta y cinco minutos antes:

—Dime, muchacho, —le dijo Dumbledore a Severus—¿Qué te parece la señorita Granger?

Severus abrió grande los ojos sin poder creer que el anciano había usado ese tono insinuante.

—Es… peculiar—respondió titubeante.

—¿Peculiar? ¿En qué sentido?

Él no respondió porque no sabía que decirle. Simplemente sabía que había algo en ella, un no sé qué que le resultaba intrigante pero a la vez le inspiraba ternura. Cosa que él jamás admitiría en voz alta.

—Como imagino—siguió diciendo el anciano—usted se habrá dado cuenta de que el profesor Snape siente algo por ella. Y he estado pensando mucho en el asunto.

—¿Ah, sí?— preguntó él con sarcasmo.

—Sí—respondió con tranquilidad—y he llegado a una conclusión. Verás, Severus, pienso que la señorita Granger es una buena opción para tu futuro.

Severus giró la cabeza rápidamente hacia el anciano contemplándolo como si verdaderamente ya hubiera caído en la locura.

—Y para el plan que tengo en mente… necesitaré tu ayuda.

—Jamás—musitó él molesto.

El profesor Dumbledore sonrió y lo contempló con cierta diversión.

—Estoy seguro que después de escucharme cambiarás de opinión—le dijo éste.

Severus no pudo reprimir el brillo de interés por escuchar lo que quería decirle el anciano. Esto parecía ser muy interesante.