Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo catorce.
Dumbledore y Severus, el joven, estaban esperando a que Draco se dignara en aparecer. Estaban en el despacho del anciano, sentados uno en frente del otro con el escritorio entre medio. El silencio no era incómodo, por el contrario, ambos estaban acostumbrados a permanecer de ese modo, perdidos en sus pensamientos.
De repente, cuando la puerta del despacho se abrió dejando ver la silueta de Draco Malfoy entrando, giraron el rostro hacia allí y vieron la expresión poco animada del joven.
—¡Ah, señor Malfoy!–exclamó Dumbledore con una sonrisa—Lo estábamos esperando.
Draco hizo una mueca de disgusto que borró inmediatamente cuando sus ojos se posaron en los oscuros de Severus. Tragó saliva nerviosamente y apartó la vista de la réplica del profesor Snape. Todavía no podía creer lo que le contó Dumbledore. Todo estaba allí, todas las pistas era visibles pero aún así a su mente le costaba creer que aquel Severus era el mismo que el otro. ¡¿Y por qué mierda lo habían metido a él en todo eso? Ah, sí, ahora lo recordaba, pensó con ironía: Porque es el mejor modo de obtener el perdón por todo el daño que le causó a Hermione. No es que él sintiera algo por ella, como había insinuado el idiota de Sebastian (que resultó no ser otro que Snape) si no que, simplemente, quería dejar atrás aquellos momentos vergonzosos de su pasado. Y cuando, dejando su orgullo atrás, había sido sincero con Dumbledore, en el anciano se había podido notar una brillo de comprensión en sus ojos.
Y por eso allí estaba, metido en asunto amorosos como si fuera un maldito Cupido… ¡Odiaba a aquel viejo por querer actuar de Celestina entre Snape y Granger! ¡Por Merlín! ¡Snape y Granger! ¿A caso el mundo se había vuelto loco?
—Ella no confía en mi—dijo sinceramente sin dar vueltas al asunto—Pero me dijo que no siente nada por… Sebastian.
Severus volteó hacia el anciano.
—Se lo dije—indicó con seriedad—Ella simplemente ama al profesor Snape.
Dumbledore lanzó un suspiro.
—Y yo te dije que es imposible que solamente sienta algo por él ya que ustedes son la misma persona… Severus, muchacho, ¿Por qué no quieres ver la realidad? ¿Por qué te obligas a permanecer fiel a Lily después de lo que acabas de enterarte, por qué no te permites sentir amor por alguien más?
Severus apretó los labios con fuerza hasta dejarlos en blanco, mirando con cierto odio al anciano y negándose a responder aquello.
Draco miró a Severus, luego a Dumbledore y, de nuevo, a la versión joven de su profesor. Estaba algo confundido. ¿Granger amaba a Snape o al Severus joven? ¿El Severus joven amaba a una tal Lily? ¿Y quién rayos era esa?
Dumbledore volvió a mirar a Draco.
—Sigue con lo acortado—le dijo—Puedes retirarte.
Él asintió una vez y no dudó en salir de allí, huyendo de esos dos locos. ¡¿Por qué se había tenido que ir a meter en eso?¿Hacerse amigo de Granger para conocerla y lograr que confiara lo suficiente en él y le confesara sus sentimientos? Si, claro, tarea sencilla.
Hermione se encaminó hacia el lago negro después del almuerzo intentando no toparse con ninguno de sus amigos; pero a pesar de que lo intentó no tuvo suerte porque antes de poder, si quiera, salir del castillo, se topó con Ginny. Ésta la tomó del brazo y la jaló hacia una de las aulas colocándole hechizos para que nadie oyera lo que ellas hablaban.
—De acá no saldrás hasta que te dignes a hablarme—la amenazó ella apuntándola con la punta de su varita—Desde que apareció ese sobrino de Snape prácticamente te has olvidado de nosotros. ¿Qué te sucede?
Hermione lanzó un suspiro resignado. Tal vez no podría confesarles a sus dos amigos la verdad pero todavía le quedaba Ginny. Y quería hacerlo porque no deseaba seguir guardado ese tremendo secreto ella sola.
—Ginny, te lo explicaré pero si prometes no decirle a nada.
Su amiga pelirroja bajó la varita y la miró con cariño.
—Hermione, sabes que puedes confiar en mi.
—Bueno… todo empezó cuando… me enamoré de Snape.
Ginny asintió con la cabeza distraídamente pero cuando las palabras de Hermione entraron a su mente y lo analizaron giró el rostro hacia ella y la miró con los ojos inmensamente abiertos.
—¡¿QUÉ? ¿TE ENAMORASTE DE SNAPE?
—No es necesario que grites, tampoco es para tanto…
—¡¿Qué no es para tanto? Hermione Jean Granger, ¿Crees que esperaba oír eso?
—Y eso no es todo—le advirtió Hermione.
—¡Ay, no! ¿No me digas que te acostaste con él?
—¡No! Es… algo mucho más… intrigante.
Ginny la miró con curiosidad queriendo conocer todo lo que Hermione ocultaba. Entonces, ella, rápidamente, se dedicó a contarle a su amiga lo que había sucedido desde la clase de Pociones donde Neville había lanzado hechizos hacia Snape ocasionando la aparición de Severus joven. Ginny no salía de su asombro.
—Y ahora me voy a ir a reunir con él—finalizó Hermione con un suspiro.
Ginny siguió mirándola con la boca ligeramente abierta.
—Besaste a Snape– musitó Ginny—¡Besaste a Snape! ¡BESASTE A SNAPE!
—Sí, sí… pensé que esa parte te había quedado clara. Pero él no me creyó cuando le dije que lo amaba… Y ahora tengo que planear la mejor manera de convencerlo.
—¡Yo te ayudare!—gritó Ginny alegremente.
—Está bien… pero después hablamos porque estoy llegando tarde.
—Que te vaya bien en tu cita—se despidió ella giñándole un ojo.
—¡No es una cita!—exclamó Hermione viendo como Ginny se alejaba.
Sin decir más, se encaminó nuevamente hacia el lago. Esperaba que Severus no estuviera tan malhumorado por su tardanza.
