Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo quince.

Severus Snape estaba buscando al idiota de su otro "yo". Ese día ni él, ni Hermione ni Malfoy habían aparecido en su clase y eso le resultaba raro. Además, era intrigante ya que Hermione jamás faltaba a ninguna clase sin tener una razón necesaria. Consideró la idea de que esos tres podrían haber desaparecido juntos por quién sabe dónde y la idea le resultó aterradora. ¿Malfoy con su otro "yo" y Hermione? ¡Que Merlín no lo permitiese!

Caminó hacia la biblioteca pensando que tal vez ella se encontraba allí; no iba a decirle nada, simplemente deseaba verla. Todavía no se acostumbra a esa necesidad. Antes la había vivido con Lily pero ya había pasado mucho tiempo, cuando sufrió ese profundo enamoramiento; pero ahora, por muy absurdo e increíble que pareciese, esos sentimientos eran mucho más fuertes. Y no sólo era la necesidad de verla, sino que también quería tocarla, hablar con ella, verla reír y conocer sus pensamientos… Y todo aquello había aumentado aún más desde que la había besado. Su gran error pero del cual, secretamente, no se arrepentía.

Claro que no le había dicho lo sucedido esa noche a Dumbledore, sería ir demasiado lejos, darle demasiada información a aquel viejo loco. Si ni siquiera se había enojado cuando él le confesó que se había enamorado de una de sus alumnas… ¡Podría incluso armar un loco plan para unirlos si le decía lo del beso!

No, en la biblioteca tampoco estaba. No la había visto en el almuerzo y esa situación lo preocupaba cada vez más. Decidido a averiguar dónde se encontraba caminó hacia la entrada del castillo y fue ahí cuando la vio ingresar a un aula con la menor de los Weasley. Se escondió detrás de una armadura para que no lo vieran y cuando desaparecieron en el interior del aula él se apresuró a ir hacia allí para ver si podía oír de lo que estaban hablando. Sí, sabía que estaba actuando como un maldito metiéndose donde no lo llamaban, espiándola, acechándola… ¡Pero no le importaba! Querías saber a dónde se había metido ese día. Pero cuando llegó al lado de la puerta se encontró con que habían colocado un hechizo. Maldijo entre dientes.

Pero no se rindió y esperó, bastante tiempo, a que ellas dos salieran, escondido detrás de la misma armadura. Pero lo que más le asombró fue escuchar a la Weasley desearle suerte en su cita. ¿Cita? ¿Tenía una cita? ¿Con quién?

La vio salir de allí y caminar hacia fuera del castillo. La siguió a una prudente distancia sin que ella se percatara de su presencia. Sabía que actuaba como un jodido acosador pero tenía que saber con quién tenía esa cita. Ella fue hasta uno de los bordes del lago y miró a su alrededor como si estuviera buscando a alguien.

Fue entonces cuando Severus lo vio antes que ella. ¿Él era la cita de Hermione? No podía creerlo. De algún modo, aunque no tenía derecho alguno, se sintió traicionado. Apretó los labios con fuerza dejándolos prácticamente blancos, dio media vuelta y se machó de allí.

:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

"No es una cita, no es una cita, no es una cita" ¿Entonces por qué desde que Ginny lo había insinuado ella no podía sacarse esa idea de la cabeza? Pero eso, sencillamente, no podría ser cierto. Simplemente era una reunión entre dos conocidos… ¿Qué podría querer él?

Atravesó parte del jardín del castillo hasta llegar al borde del lago donde había unos cuantos árboles. Miró alrededor buscándolo. Tal vez ya se había marchado después de todo.

—¡Ey, Granger, llegas tarde!

Hermione se giró rápidamente, reconociendo la voz, y contempló asombrada a Draco Malfoy recostado pesadamente en un troco de uno de los árboles con los brazos cruzados en el pecho.

—¡Malfoy! ¿Qué haces tu aquí?—le preguntó colocando sus manos en sus caderas.

Él giró los ojos colocándolos en blanco y resopló.

—Pensé que eras inteligente, Granger, pero al final descubro que no tienes más cerebro que Weasley.

—¡No te metas con Ron y dime qué rayos haces aquí!—hizo una pausa meditando lo que él acaba de decirle y lo que había sucedido antes—¿Fuiste tu quién escribió esa nota?

—¡Finalmente!—exclamó él dramáticamente elevando los brazos al cielo.

—Pero… ¿Por qué no me dijiste simplemente que querías hablar conmigo?

—¿A caso hubieras venido sabiendo que yo era quién te citaba?

¿Cita? ¡No! Jamás podría ser lo que ella pensaba. ¡Era Draco Malfoy, por Merlín!

Lanzó un suspiro y se cruzó de brazos.

—¿Y qué era lo que querías decirme?—le preguntó.

Pero antes de que él pudiera hablar alguien se acercó a ellos. Hermione lo miró a los ojos, perdiéndose en esa mirada oscura que tanto amaba. Pero pronto se recordó que, a pesar de ser la misma persona, ella amaba a su profesor no a la versión joven de éste.

—Malfoy, el profesor Dumbledore te llama—dijo Severus joven sin mirar a Hermione.

Draco alzó una ceja a modo interrogativo sin moverse de su lugar.

—¿Acaso no te enseñaron modales, Sebastian?—preguntó haciendo énfasis en el nombre.

Éste hecho no se le pasó desapercibido a Hermione que los miró a ambos sospechosamete.

—Tienes que saludar a las damas primero—le dijo Draco con media sonrisa en su rostro.

Hermione se sonrojó levemente, sorprendida cada vez más por la actitud de Draco.

—El profesor Dumbledore te busca—repitió Severus con el mismo tono si apartar su oscura mirada de la de Draco.

Éste rodó los ojos y se paró derecho.

—Qué molestos que son—gruñó y luego se dirigió a ella—Hermione, nos veremos.

Le dedicó una sonrisa y le giñó un ojo asombrándola más aún antes de marcharse lentamente. Hermione se quedó confundida observándolo hasta que se dio cuenta que Severus todavía permanecía allí.

—¿Qué fue eso?—le preguntó.

Él se encogió de hombros levemente mientras se iba a sentar al borde del lago. Hermione dudó pero luego se acomodó a su lado. Severus ni siquiera la miró pero era completamente consciente de su presencia.

—¿Por qué no fuiste hoy a la clase de Pociones?—le preguntó de pronto él.

Hermione, que miraba fijamente las suaves ondas que se formaban en la superficie del agua, se sonrojó al recordar aquella cobardía de su parte: no había ido porque temía que su profesor hiciera o dijera algo para avergonzarla después de aquel beso que habían compartido.

—Estuve ocupada—musitó sin mirarlo.

Severus giró el rostro hacia ella y la contempló con incredulidad.

—Sí, claro—dijo con sarcasmo.—Yo tampoco fui, pero en mi caso estaba con Dumbledore planeando el modo de volver a mi tiempo.

Hermione no supo porqué sintió una punzada en el pecho al escuchar aquello.

—¿Y cómo va eso?—preguntó intentando permanecer neutral.

—No cambies de tema. ¿Por qué no fuiste?

—No es de tu incumbencia—le espetó mirándolo con enojo.

—¿Por qué no fuiste?

—Eres un metido.

—¿Por qué no fuiste?

—¡Ya deja de molestar!

—¿Por qué no fuiste?

—¡AY! ¡Por qué nos besamos!—gritó exasperada—¿Contento?

—No.

Ella resopló y apartó la vista. Pero cuando sintió la mano de Severus en su barbilla girándole el rostro suavemente para que lo mirase no tuvo otra opción más que observarlo y, nuevamente, perderse en sus ojos oscuros.

Severus acarició con su dedo pulgar el labio inferior de ella, fascinándose con la textura de éste y luego bajó con la caricia hacia el cuello. Se suponía que esto era sólo actuación, otra loca idea más del viejo Dumbledore, pero una parte de él no pudo evitar desear con cierta desesperación lo que estaba a punto de ocurrir. Tragó saliva nerviosamente cuando la vio humedecer sus labios con la punta de su lengua. Él jamás había besado a nadie. ¿Y si lo hacía mal? ¿Y si ella se apartaba cuando empezaba a besarla disgustada por el modo torpe en que lo hacía? Sintió un nudo en la boca del estómago y se quedó estático sin poder acercarse más ni retroceder. Pero para su fortuna fue ella la que terminó por acortar la distancia que había entre ellos, tocando sus labios con los suyos con delicada suavidad.

Su primer beso. El primero porque no era robado y duraba más que medio segundo. Él ni siquiera pensaba. Sus labios se movían con voluntad propia sobre los de ella. ¡Merlín, aquello era delicioso! Ahora se volvería adicto a los besos. ¿O sería simplemente a los besos de ella? No le importaba mucho la respuesta en ese momento. Deseaba avanzar. ¿Se atrevería a dar el siguiente paso? Su mente, totalmente perdida en el éxtasis del momento, le gritó que sí y le recordó que él no era ningún cobarde. Entonces fue él quien adentró su lengua dentro de la boca de ella, con trémula timidez al principio pero al notar que ella no se apartaba y que, al parecer, le gustaba aquello, lo hizo con más confianza pero sin excederse a hacer algo drástico. Todos sus sentidos se encontraban alterados.

Sintió que las manos de Hermione subían suavemente por su pecho hasta enredarse tras de su cuello y de allí adentrar sus dedos entre sus cabellos. Aquellas caricias con la magnitud sensorial que le provocaba besarla fueron la cosa más perfecta que le habría podido ocurrir. Dejándose llevar o, más bien, dejando que sus instintos tomaran el control, la tomó por la cintura para atraerla más a su cuerpo pero el movimiento había sido un poco brusco lo que ocasionó que ambos perdieran el equilibrio y casi cayeran hacia atrás. Y eso fu, precisamente, lo que los hizo volver a la realidad.

Hermione se separó de repente con los ojos abiertos como platos. Se llevó una de sus manos hacia sus labios, tocándolas inconscientemente y sintiéndolos levemente inflamados a causa del beso que había compartido.

No podía creer lo que había sucedido. Ninguno de los dos cabía en sí ni en la idea de que lo habían disfrutado. Ella se levantó de repente, sin mirarlo, y se fue corriendo de allí dejándolo completamente sólo y confundido.