Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo dieciséis.
La estaba besando nuevamente, la estaba llevando a su cama dispuesto a hacerle el amor como tantas veces había soñado. Sí, ella lo hacía sentir como un maldito adolescente con hormonas alborotadas pero no le importaba en absoluto. Ella se pegó a su cuerpo y él no pudo hacer otra cosa más que besarla con mayor pasión. Hermione colocó sus brazos alrededor de su cintura y lo apretó contra ella mientras caían al colchón. Una de sus piernas la dobló dejándola enredada en las caderas de él. Severus acarició sus muslos tortuosamente haciéndola jadear…
Él ya casi se había olvidado de cómo habían terminado allí… ¿Cómo había sido?
Flashback
Severus intentó concentrarse en los trabajos que tenía que corregir para entregar en su próxima clase pero no podía hacerlo porque una y otra vez él recordaba lo que había visto: a Draco Malfoy con Hermione. ¿Qué hacían esos dos juntos? ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo odiándose pudieran tener una cita? ¿Por qué ella, siendo una de las brujas más inteligentes de su edad podía estar interesada en alguien cómo ese rubio que no le llegaba ni a los talones?
Esa era la razón por la que tenía que distraerse y dejar de pensar en ello, porque sino la vida de Draco Malfoy correría serio peligro. ¡Pero era tan difícil hacerlo cuando su mente estaba tan acostumbrada a pensarla!
Sintió unos suaves golpes en la puerta. Dudó por unos segundos antes de levantarse e ir a abrir. Pero su sorpresa fue enorme al encontrarse con ella, la dueña de sus pensamientos, con los ojos bañados en lágrimas que no derramaba. Como simple acto casi involuntario se apartó un poco y la dejo ingresar. Ninguno de los dos dijo nada. Él sólo se quedó observándola fijamente mientras pasaba a su lado y luego cerró la puerta dejándolos solos en aquel despacho.
No se atrevió a mirarla, pero aún así se obligó a adoptar esa máscara de seriedad al hablar.
—¿Se puede saber qué quiere, Granger?—le preguntó mientras caminaba hacia uno de los estantes repletos de libros y hacía como si estuviera buscando algo en ellos—¿Tan rápido terminó su cita con Malfoy?
Hermione lo contempló con asombro pero él no se dio cuenta de ello ya que estaba de espaldas.
—¿Cómo supo que estuve con Malfoy?—le preguntó.
Severus se quiso pegar a sí mismo por su idiotez. ¿Cómo iba a preguntarle semejante cosa?
—Los vi—dijo con neutralidad—Digamos que reunirse al lado del lago no es el mejor sitio si no desea ser vista… Y diez puntos menos.
Ella abrió inmensamente los ojos.
—¿Por qué?
—Por no asistir a las clases.
Ella resopló mientras se cruzaba de brazos molesta. Estaba cansada de que él la tratara de aquel modo. Tenía el presentimiento de que su profesor sentía algo por ella y no se iba a marchar hasta convencerlo de que ella lo amaba.
Severus aún permanecía dándole la espalda, pero cuando sintió una de sus delicadas manos acariciándole la espalda se volteó rápidamente mirándola asombrado. Su expresión seguía teniendo ese dejo de tristeza pero sus ojos ya no estaban lagrimosos. No le había preguntado qué era lo que le sucedía. ¿Y si el idiota de Malfoy le había hecho algo?
—¿Por qué vino?—le preguntó.
—Porque tenía que convencerlo de que lo amo—musitó ella sin dejar de mirarlo a los ojos.
Severus se negaba a creer aquello. Era demasiado increíble para ser real. Comenzó a negar con la cabeza pero se detuvo de repente cuando ella alzó una de sus manos y acarició su rostro. Él contuvo la respiración mientras sentía la suavidad de sus dedos pasando sobre su frente y sus mejillas; pero cuando tocó sus labios soltó el aire de repente en forma de suspiro.
—¿Por qué dice eso?
—Porque es la verdad.
—No creo que…
—Acabo de besar a Severus.
La confesión que ella le dio no se lo esperaba. Se quedó completamente rígido al oírla sin saber qué pensar o decir. ¿Por qué se lo contaba a él? ¿Acaso quería ponerlo celoso con su otro "yo"? Bueno, había que felicitarla porque estaba funcionando.
—Pero yo quiero que sea usted quién me bese de ese modo. ¿Por qué es tan cabeza dura y no quiere entender que es a usted a quién amo?
Él no respondió porque pensaba que la respuesta a dar era demasiado obvia. Se separó de ella y se encaminó hacia su escritorio. Por seguridad de ella era mejor que él se apartara de su lado, y mucho más si seguía viéndolo con aquella expresión y moviendo los labios de aquel modo tan atrayente. Pero ella no le dio tregua y lo siguió.
Hermione había pensado que el día en que ella reuniera el valor suficiente se animaría a decirle a Snape lo que en realidad había sucedido esa noche cuando la serpiente lo atacó. Mientras tanto, guardaría el secreto. Pero el momento había llegado. Quería una muestra de que lo amaba, la tendría. Tomó su varita y colocándola la punta en uno de los costados de su cabeza sacó aquel hilo platinado que contenía su recuerdo. Tomó, sin permiso, uno de los frascos vacios que contenían lo estantes del despacho y lo colocó allí. Severus la contempló sin llegar a comprender del todo la situación.
—Véalo y después dígame lo que piensa—le dijo ella dejándole el frasquito en el escritorio.
Severus lo tomó, lleno de curiosidad. ¿Qué iba a perder con ver un recuerdo de ella? Buscó el pensadero que guardaba en uno de los armarios y rápidamente colocó el recuerdo allí. Jamás se esperó aquello. La vio a ella sollozando completamente destrozada mientras se veía a sí mismo tirado en el suelo completamente inconsciente y más cerca de la muerte que nunca. La escena le impresionó. Pero mayor fue su sorpresa cuando la vio comenzar a hacer lo que, supuestamente, Dumbledore había hecho. Anima vita.
Había sido ella. ¿Por qué? La única explicación racional que tenía para que ella quisiera arriesgar de tal modo su vida con aquel hechizo tan complejo y oscuro era que lo amaba. Él podía ver como las manos de ella temblaban a medida que realizaba todos sus movimientos, como las lágrimas empañaban sus ojos y una profunda y oscura magia dejaba una marca permanente en el lugar. Y también en ella.
El recuerdo seguía pero él no necesitó ver más. Salió del pensadero y se la encontró sentada con la vista en el suelo. Su corazón latía velozmente y sus propias manos eran las que ahora temblaban. Se le acercó lentamente. Ella alzó los ojos hacia los suyos y esa fue la última muestra que necesitó para comprender que ella no había estado engañándolo todo ese tiempo. Realmente lo amaba. ¿Por qué había sido tan tonto como para no creerle?
La tomó con delicadeza y la besó.
Fin del flashback.
Y había sido ese beso el que los había condenado a ese final inevitable. Se amaban con desesperación y el deseo no era ajeno a ellos. Hermione lo empujó suavemente colocándose sobre él, con cada una de sus piernas a los costados de su cadera apoyadas sobre el colchón.
Severus la tomó por el cuello haciéndola bajar su rostro y comenzó a besarla allí hasta llegar a su clavícula donde raspó la piel con sus dientes sin llegar a lastimarla para luego acariciarla con su lengua. Le encantaba su aroma, su sabor, la pasión que demostraba. Comenzó a sacarle la camisa que llevaba y fue en ese momento que vio lo que lo detuvo. Aquella marca era inconfundible. La pasión quedó relegada por ese momento. Ella se dio cuenta de lo que observaba fijamente y se mordió nerviosamente el labio inferior. Severus alzó la mano y acarició con infinita suavidad aquella marca. Alzó sus ojos hacia los de Hermione que lo contemplaba con cierta vergüenza.
No podían seguir con eso. Por más que deseaba hacerle el amor iba a obligarse a controlarse porque, ante todo, sería un caballero con ella. Lanzó un suspiro y la tomó con suavidad abrazándola, sintiéndose maravillado al tenerla sobre él.
—Te amo, Hermione—musitó por lo bajo.
