Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo diecisiete.

Hermione entró esa noche al despacho de su profesor favorito sin que nadie la viese, como lo hacía desde hacía dos semanas atrás. Cerró la puerta detrás de ella y se encaminó hacia él que estaba sentando en su silla detrás del escritorio con la cabeza tirada hacia atrás y los ojos cerrados.

—¿Cansado?—le preguntó ella mientras iba detrás de él y comenzaba a frotar sus hombros con suavidad.

Severus lanzó un suspiro pero permaneció con los ojos cerrados.

—Los alumnos son todos insufribles.—dijo él con tono molesto.

Ella contuvo una sonrisa mientras comenzaba a masajear con suavidad su cabello.

—¿Todos?—quiso saber.

—Incluso tú.

Ella bajó sus manos hacia el cuello de él y donde encontró un nudo lo apretó con fuerza ocasionando que él pegara un salto en la silla y un leve gemido de dolor. Se volteó a verla con molestia.

—¿Todos?—volvió a preguntar ella con una sonrisa pícara.

—Todos—repitió él con provocación mientras se levantaba e iba hacia una de las repisas de libros.

Tocó uno de ellos con la punta de su varita y una puerta secreta se abrió. Hermione ya no se asombraba por esto ya que todas las noches que iba a verlo pasaban a su habitación donde se acostaban un rato en la cama a conversar y robarse algunos cuantos besos apasionados que la dejaban sin aliento. Y a esto había que añadir el hecho de que a los besos se le sumaban algunas cuantas caricias provocativas. ¡Pero él siempre se detenía antes de pasar a mayores! Y eso la estaba frustrando cada vez más y haciendo que por las noches tuviera sueños no tan inocentes.

Había hablado de esto con Ginny, sin darle muchos detalles, obviamente, y su buena amiga le había aconsejado algo sencillo: que lo provocara hasta que cayera por completo. Al principio la idea le había resultado un tanto atrevida, pero luego de meditarlo mucho había decidido que era la mejor opción ya que dudaba seriamente que su amado profesor siguiera avanzando más allá de unos cuantos besos y caricias.

Pero el problema radicaba en que ella no tenía ninguna idea de cómo provocar a un hombre. Y la vergüenza que había sentido había sido tal que no se atrevió a preguntarle a Ginny por eso. Así que, sencillamente, decidió encargarse ella sola de aquello.

Lanzando un profundo suspiro, fue a sentarse al borde de la cama de él mientras Severus buscaba algo en los estantes. Él la miró de soslayo y alzó una de sus cejas.

—¿No cree que se está tomando demasiadas libertades, Granger?—le preguntó mientras se volvía a buscar dentro de un cajón donde parecía que guardaba ropa.

—No—le respondió sin darle demasiada importancia mientras observaba con curiosidad lo que él hacía—¿Y usted no cree que no se toma suficientes libertades conmigo?

Severus dejó lo que estaba haciendo y giró rápidamente hacia donde estaba ella mirándola con asombro.

—¿Qué has dicho?—le preguntó.

—Que no te estás tomando suficientes libertades… conmigo—contestó ella intentando sonar seductora pero por la mirada que él le lanzó supuso que no lo había conseguido.

—¿En verdad crees eso, Hermione?—preguntó con seriedad.

Hermione lo miró con nerviosismo mientras asentía suavemente con la cabeza. Eran pocas las veces que la llamaba por su nombre pero cuando lo hacía ponía en él todo el amor que sentía hacia ella, hablando sin ese sarcasmo habitual y logrando estremecerla.

Severus lanzo un suspiro mientras bajaba el rostro hacia el suelo con gesto cansado; pero rápidamente volvió a alzar la vista hacia donde se encontraba ella y una sonrisa, un tanto cruel y satírica, apareció en su rostro. Hermione tuvo el presentimiento de que haber abierto la boca había sido un terrible error. ¿Qué sucedería ahora?

Él comenzó a acercársele peligrosamente hasta arrodillarse frente a ella quedando sus rostros a la misma altura. Durante unos instantes no hicieron más que mirarse fijamente a los ojos. Hermione humedeció sus labios con la punta de su lengua ya que, repentinamente, habían quedados secos. Severus inclinó su cabeza y comenzó a besarla con suavidad, con precaución pero también se podía sentir la pasión desenfrenada contenida y su sed por ella. Las manos de él permanecieron apoyadas en el colchón de la cama, a ambos lados de sus muslos. Hermione sólo se había dejado llevar por el beso. Subió sus manos por su pecho hasta rodear su cuello y adentrar sus manos al cabello oscuro intentando acercarlo más para profundizar el beso pero él se resistió apartándose levemente y yendo hasta el oído de ella.

—¿Esta clase de libertades?—preguntó mientras metía su mano debajo de la falda de ella y acariciaba sus muslos.

Los ojos de Hermione, que habían permanecido cerrados desde que había comenzado a besarlo, se apretaron con más fuerza mientras que su boca se abrió dejando escapar unos cuantos jadeos. Pero él apartó sus manos, se paró y dio un paso hacia atrás. Ella abrió los ojos rápidamente para comprobar la razón por la cual se había detenido.

—¿Qué…?—comenzó a preguntar pero él le hizo una seña de que guardara silencio.

—¿Severus?—preguntó la conocida voz de Dumbledore desde el otro lado de la puerta secreta.

Hermione abrió inmensamente los ojos, asustada.

—Espera acá y no hagas ruido—le dijo Severus pero antes de marcharse se le acercó y le robó un beso.

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Dos semanas.

Hacía dos semanas que ella lo evadía a toda costa y que él, en su intento de no pasar mayor vergüenza, hacía lo mismo con ella. Y Dumbledore insistía, una y otra vez, en querer conocer la razón por la cual había desistido de intentar acercársele. Pero él no era tonto y estaba seguro de que aquel viejo metido conocía la respuesta. ¿Entonces para qué lo martirizaba con querer hacerle admitir en voz alta aquello que tanto quería olvidar?

Draco era el único que había hablado con ella. De vez en cuando se los veía charlando juntos con inusual tranquilidad. Severus había querido preguntarle por eso pero Draco sólo sonreía y le decía que no se metiera en su vida. ¡¿No podía preguntar eso cuando todos parecían querer meterse en la vida de él? Eso era injusto.

Pero ya le daba lo mismo. Snape le había dicho que ya habían encontrado el modo demandarlo de regreso a su tiempo. Sólo tenía que perfeccionar algunas cosas y todo estaría listo para que él se marchase dentro de una semana.

Lanzó un suspiro. ¿Cuándo borraran su memoria también desaparecerían todos esos sentimientos molestos que habían nacido a partir de aquel beso? ¿O a caso estaba condenado a sentir amor hacia una joven que no recordaría ni siquiera el nombre?