Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo dieciocho.
Severus lanzó un suspiro e intento borrar de su mente los besos de ella y las caricias que le estaba prodigando antes de ingresar a su despacho donde lo estaba esperando Dumbledore. Colocó su usual máscara de frialdad y miró al anciano que estaba sentado en una de las sillas que allí había con una leve sonrisa en sus labios. Tuvo un mal presentimiento. ¿Por qué siempre parecía que aquel hombre siempre sabía todo lo que ocurría? Incluso que Hermione en ese momento estaba sentada en su cama. Tragó saliva e intentó permanecer impasible.
—Buenas noches, Severus—dijo Albus agrandando su sonrisa.
—¿A qué se debe esta… interesante visita?—preguntó con cierto sarcasmo.
Lo que más deseaba era que el viejo se marchase y así él pudiera seguir besando a su… ¿Su qué? ¿Novia? No, detestaba esa palabra porque resultaba tan infantil para un hombre como él. ¿Pero qué otra cosa se podía esperar de un hombre como él que salía con alguien casi veinte años menor? ¡Maldita sea, este no era el momento para ponerse a pensar en eso!
—He venido a decirte que tengo todo listo para que tu versión del pasado pueda regresar. El hechizo es algo complejo, pero podremos realizarlo mañana por la mañana.
Severus asintió con seriedad.
—Pensé que tardaríamos más—comentó con neutralidad—Pero es mejor así. Mientras más rápido se vaya mejor será para todos.
—¿Y la señorita Granger?—preguntó de pronto el anciano.
Severus se sintió empalidecer pero aún así no cambió la expresión de su rostro.
—¿Qué sucede con ella?
—Ella lo ama—dijo el anciano mientras lo miraba fijamente—Y, por más que no quieras verlo, va a sufrir cuando él se vaya.
Severus tragó saliva con nerviosismo pero no apartó la vista del hombre puesto que sabía que hacerlo sería igual a delatar su nerviosismo. Había temido que esto llegase a suceder, no por el hecho de que amara a su otro "yo" sino porque amara a alguien más que no fuera él, en su presente. Y eso quería decir que el corazón de la muchacha que tanto adoraba no era completamente suyo, estaba compartido con una versión del pasado de lo que fue, de lo que quedó atrás y jamás volvería a resurgir.
—Pues será su problema—indicó con frialdad— ¿Acaso yo tengo la culpa de que sea una tonta enamoradiza? Se suponía que este momento llegase.
Dumbledore lanzó un suspiro de decepción.
—Severus. Son la misma persona, ¿Por qué no te das cuenta de eso?
—No lo somos—negó él—Yo fui aquel muchacho joven, atolondrado y estúpido. Pero he madurado, he cambiado. Me he convertido en un hombre respetado…
—Temido no es lo mismo que respetado—indicó el anciano.
—Lo sé. Pero prefiero que me tema antes de que volver a ser tan débil como en aquel entonces, soportando las burlas de todos. Manteniendo la cabeza gacha sin poder alzar la varita y defenderme.
—Guardas demasiado rencor. Imaginé que ella lo ayudaría a olvidar aquellos momentos. Pero veo que me equivoqué.
Severus frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?—se detuvo a pensar y luego todo tuvo sentido para él—¡¿Usted planeó todo esto?—preguntó casi gritado.
—No me avergüenza admitir que lo hice. Pero sí que me he equivocado—el anciano se levantó y lo miró con seriedad—Lamento decirlo, Severus, pero seré sincero contigo: No te la mereces. No has madurado tanto como crees, no eres un hombre respetado, sino temido e infundir temor sólo es cosas de cobardes.—hizo una pausa—Dile a la señorita Granger que cuando ustedes terminen de hablar vaya a mi despacho.
Severus no dijo nada y se lo quedó observando como se marchaba. Pero tan pronto cuando esta puerta se cerraba, la que llevaba a su habitación se abría y dejaba salir a Hermione. Él la miró durante unos segundos pero luego apartó la vista con cierta vergüenza.
—¿Se va?—escuchó que ella preguntaba con cierto tono de tristeza—¿Por qué no me lo dijiste?
—Se supone que algún día se marcharía—dijo él entre dientes.
—Pero no pensaste que yo querría despedirme de él, ¿Verdad?—le preguntó ella.
Él se volteó, celoso, y la miró con frialdad.
—No lo pensé puesto que se supone que no sientes nada por él—mustió.
—Yo…—ella titubeó—No siento… nada… por él.
Él no le creyó.
—Sabes, Hermione, jamás me dijiste la razón por la cual lo besaste.
Ella empalideció y la vio apretar sus manos en puños.
—No tengo porqué decírtelo—le respondió desafiante—Fue algo que simplemente ocurrió.
Snape bufó con molestia.
—Admítelo, lo amas.
Hermione se negó a responder aquello y simplemente lo miró con tristeza; y él consideró que aquel silencio era lo que necesitaba para confirmar sus temores.
—¡Entonces vete con él!—gritó herido—¡Vete! ¡Despídete de él, pídele que se tome las libertades contigo!
—¡¿Te has vuelto loco?—gritó ella a su vez sintiéndose herida por las cosas que él le decía.
—¡¿Loco? ¿Es de locos querer que la mujer que amas te corresponda?
—¡Yo te amo!
—Pero no sólo a mi—musitó—Por favor, retírate.
Hermione lo miró con los ojos empañados en lágrimas.
—Severus, yo…
—¡Vete!—gruñó él dándole la espalda.
Ella lo miró con cierta rabian.
—¡Bien! Me marcharé. Como dijiste, me despediré de él…
Él giró rápidamente para verla como se marchaba de su despacho azotando la puerta.
¡Merlín! ¿Qué había hecho?
Hermione caminaba con prisa por los pasillos de las mazmorras directamente hacia donde se encontraba la casa de Slytherin. Se sentía morir después de la discusión que acababa de tener con Severus, pero él se había comportado como un completo imbécil al reclamarle por aquello. Estaba con él, ¿No? Si no lo amara lo suficiente como él insinuaba no estaría a su lado añorando con desesperación cada una de sus caricias y besos.
¡¿Y por qué rayos no le había dicho que ya había encontrado la manera de regresar a Severus al pasado, donde correspondía?
No entendía. No se entendía a ella misma. No quería creer que estaba enamorada de Sebastian… pero, entonces, ¿Por qué dolía tanto saber que se iría?
