Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo diecinueve.
Severus no podía creer lo que decía aquella carta que le había mandado Dumbledore. ¿Se iría? ¿Se marcharía de allí sin poder despedirse de nadie? Aunque a la única persona a la que, verdaderamente, deseaba decirle "Hasta pronto" porque sabía que volvería a verla, era a aquella muchachita que le había robado, sin querer, el corazón que antes pertenecía a Lily. Lanzó un suspiro mientras giraba en su cama para quedar de costado. Sintió que la puerta de la habitación se habría pero no hizo nada para ver de quién se trataba. No tenía porqué hacerse el dormido tampoco puesto que las cortinas verdes de su cama estaba cerradas como todas las noches.
—Ey, Sebastian—escuchó que decía la voz de Draco—Te buscan en la entrada.
Hermione se detuvo frente a la entrada de la casa de Slytherin sin saber muy bien qué hacer a continuación. Cuando le había dicho a Severus que iría a despedirse de Sebastian jamás se detuvo a pensar en cómo haría para encontrarlo. Ella no sabía la contraseña para entrar allí y, si lo supiera, tenía serias dudas de poder salir con vida puesto que las serpientes sabían defender su territorio.
—¿Granger?
Hermione se volteó rápidamente, asustada por haber sido descubierta a esas horas de la noche, pero lanzó un suspiro de alivio al comprobar que se trataba de Draco Malfoy.
—¿Qué haces aquí?—le preguntó él frunciendo el ceño.
—Eh… yo quería… ¿Podrías llamar a Seve… Sebastian, por favor?—le preguntó.
Pensó que él la mandaría a volar, le diría cualquier insulto, pero para su asombro asintió con la cabeza con seriedad.
—No es necesario que lo llames así—dijo Draco–Ya sé que se trata de Severus Snape en una versión joven, pero debo decir igual de molesta.
El asombro de Hermione aumentó aún más.
—¿Cómo es que…?
—Dumbledore me lo dijo—la interrumpió él con tono indiferente pero luego hizo una mueca de disgusto—Y se podría decir que ahora le estoy haciendo un favor.
—¿Qué clase de favor?—preguntó con curiosidad.
—No voy a contártelo, Granger. Es un secreto. Pero, si quieres un consejo, te digo que él,–y señaló con el dedo la sala Slytherin—se irá. Pero el que está allá, —Ahora señaló el camino que llevaba hacia el despacho de Snape—no.
Hermione se mordió el labio inferior nerviosamente y sintió como sus ojos ardían a causa estar conteniendo las lágrimas que querían escapar. No pudo decir nada porque no sabía qué decir. La usual sonrisa de Draco, con cierta burla, volvió a aparecer.
—¿Quién lo diría? Hice callar a la insoportable sabelotodo—dijo él robándole una risita nerviosa a ella—Espera acá. Ya lo llamo.
Él comenzó a ir hacia su sal pero la voz de Hermione lo detuvo.
—Malfoy, ¿Por qué lo haces? ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
Él se volvió a verla con seriedad.
—Sólo… digamos que… quiero realizar mi buena acción del día. Tal vez así logre redimirme.
Ella lo contempló fijamente.
—Una vez te dije que te habíamos perdonado. Todos. Incluso Harry y… bueno, Ron, no tanto, pero entiende… Lo que quiero decirte es que no tienes que hacer nada para redimirte.
Malfoy metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y miró el suelo como si éste fuera la cosa más interesante. Estuvo así unos momentos hasta que volvió a alzar la vista y le dedicó una nueva sonrisa orgullosa, salvo que ésta se notaba que era obligada a permanecer en su rostro puesto que no salía con naturalidad.
—No todo gira a tu alrededor, Granger. Mucho menos es sobre Potter… Pero si quieres saber, Snape fue para mi más un padre de lo que fue Lucius.—lanzó una risa llena de nerviosismo— Lucius puede pudrirse en Azkabán si quiere, pero Snape…—No terminó la frase.
—¿Qué sucede con él?–lo incentivó a hablar ella.
Pero él no respondió la pregunta. Simplemente siguió hablando haciendo caso omiso a lo que ella había dicho.
—No soy un tonto. Sé que lo amas. Sólo espero que sepas hacerlo feliz.
Y sin decir nada más se volteó para marcharse.
Hermione se quedó anonadada ante estas palabras. Siempre había presentido que Draco Malfoy no era una mala persona, si muy influenciada por su padre pero que en su interior siempre conoció la diferencia de lo correcto e incorrecto. Pero el hecho de saber que deseaba la felicidad de alguien más que no fuera la suya propia era algo demasiado impactante, pero, de por sí, una clara muestra de que tenía buen corazón.
—¿Ahora quieres hablarme?—dijo una voz que enseguida reconoció.
Ella alzó la vista y se encontró con la mirada oscura y penetrante que tanto amaba. No respondió a esa pregunta. No deseaba discutir con él. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas al recordar que esa sería la última noche que pasaría en ese tiempo.
—Te vas—musitó.
Él le lanzó una mirada cargada de sarcasmo.
—Es obvio, ¿no? En algún momento tendría que hacerlo.
Lo vio cruzarse de brazos y recostarse por el muro apoyándose con su hombro.
—Te voy a extrañar—confesó ella sin avergonzarse.
—¿En serio?—inquirió él alzando una de sus oscuras cejas—Pensé que estarías feliz. Por fin tienes lo que deseabas. Estás con el profesor Snape, ¿No?
—Sí, pero…
Él negó con la cabeza y ella se calló antes de decir lo que deseaba.
—No tienen que existir peros—indicó Severus.
—¡Sin embargo, los hay!—exclamó ella decidida a ser sincera con él—Severus yo… lo amo, pero hay veces como las de hoy que no logro comprenderlo. Es tan… idiota, pero a la vez siempre percibe lo que sucede antes que la mayoría.
Severus frunció el ceño.
—Ahora soy yo el que no te entiende. Dime de una vez por todas lo que viniste a decirme y deja de dar vueltas al asunto.
—¡Es que no sé a lo que vine! Creo… Creo que te amo—confesó mirándola fijamente—Lo que, racionalmente, sería lógico puesto que son la misma persona pero, si me pongo a pensar, y tendría que elegir entre ustedes dos… jamás podría elegirte. Siempre sería él.
Hermione lo vio bajar los ojos al suelo apretando los labios. Quiso acercársele pero temía que él rechazara su contacto.
—¿Sabes por qué será siempre él?—preguntó.
Él resopló sin levantar la vista.
—Ilústrame—contestó con sarcasmo.
—Porque si quiero estar contigo en el futuro tengo que dejarte ir ahora. Deber marcharte para que todo suceda como corresponda y así te conviertas en lo que vas a ser: Mi profesor y el hombre al cuál amo.
Él alzó la vista y ella pudo ver que sus expresiones frías habían desaparecido. Le pareció ver que sus ojos también se empañaban pero que se esforzaba en mostrarse fuerte delante de ella.
—Creo que ya sé a lo que vine—indicó Hermione acercándosele.
Él asintió, habiendo comprendido también. Dejó que ella acariciara su rostro y quitara uno de los mechones oscuros de su cabello que había caído sobre sus ojos.
—Viniste a despedirte—dijo.
Ella asintió con lentitud. Severus cerró los ojos por un instante y tomó aire profundamente. Cuando los abrió estaba más calmo y una tímida sonrisa apareció en sus labios.
—Hermione… ¿Pasarías la noche conmigo?
—Sí—contestó ella asintiendo con la cabeza.
Él le tendió la mano y ella no dudó en tomarla. Entraron a la sala común de Slytherin en silencio. Draco, que en ese momento estaba con Pansy y Nott sentado en los lujosos sillones verdes de la sala, no dijo nada cuando los vio cruzar de la mano hacia el cuarto de los chicos. Sus dos amigos también miraron asombrados esa escena. Estaban por protestar y lanzar insultos hacia esos dos pero cuando observaron a Draco se callaron ante la mirada de advertencia de éste.
Una hora después, él y Nott subieron al cuarto que compartían con Severus pero vieron que las cortinas de la cama de éste estaban bien cerradas. No se escuchaba nada de allí y Draco supuso que habían puesto algún hechizo silenciador. Lanzó un suspiro mientras se acostaba en su cama y también cerraba las cortinas. Esperaba que todo el esfuerzo que estaba haciendo por hacer feliz a Severus Snape no se viera empañado por una idiotez de Granger.
