-Entonces recoge tus pertenencias que te vienes a palacio-, le dijo la princesa.

Aycha desapareció tras el mostrador y recogió un par de vestidos y otro conjunto de falda y top (que tampoco es que ella tuviese un gran vestuario), para volver al lado de Kashmir y disponerse a seguir a la princesa hasta el palacio


Eso fue lo último que dijo Cristina cuando se percató de que estaban llegando a su destino, suspiró y dejó de momento el cuento para que Raquel le diese su opinión hasta ese punto.

"Mmmm..."-, gruñeron Golfo y Raquel.

-Que mi amiga reniegue de la historia vale... bueno... ni eso... pero que también lo haga mi perro...-, dijo Cristina intentando hacerse la ofendida, elevando una ceja, poniendo cara de "esto no me puede estar pasando a mi" y dejando escapar un suspiro de resignación.

-Jajaja-, se reía Raquel, -vamos Cris, sabes que me gustaría que la acabases, pero tú misma no has continuado porque, como puedes ver, hemos llegado al chalet de Laura, además a mí me gustaría matizar en algo de lo que has contado y por eso creo que lo más conveniente sería que la finalizases a la noche-, dijo esto último imitando el tono literario, -así cojo palomitas-, acabó de decir Raquel poniendo cara de hambre hinchando los mofletes mientras aparcaba el coche a un lado del camino de entrada a la casa.

-Jajajaja... lo sé... lo sé...-, contestaba divertida Cristina antes de suspirar.

-Uhh... que ha sido eso... ¿suspira la princesa?...-, preguntaba en plan bromista y cotilla Raquel.

Cristina le dedicó una medio sonrisa mientras se giraba a contemplar el paisaje desde la ventanilla del copiloto.

-Eh... que pasa...-, le dijo Raquel mirándola con cierta preocupación.

Cristina volvió a suspirar, puso cara de circunstancias y dijo -... no... si tampoco es para tanto.

-Cris...-, pronunciaba suavemente Raquel mientras, con una caricia sutil, dejaba su mano izquierda en la de su amiga.

Cristina agradeció el gesto con otra ladeada y poco convincente sonrisa, sabía que Raquel le estaba ofreciendo su apoyo para que le contase lo que quisiera, pero ella en esos instantes se quedaba algo muda y no sabía muy bien por dónde empezar, así que hizo lo primero que se le ocurrió: en la radio del coche puso la pista seis del primer CD que había y la dejó en pause, se desabrochó el cinturón de seguridad, miró a Raquel intentando que la entendiese sin tener que decir realmente nada en esos momentos, abrió la puerta del copiloto, se bajó del coche y abrió la puerta trasera para que saliese su pastor alemán.

Raquel pulsó el botón del play, para que fuese sonando los primeros acordes de la canción, mientras veía como Cristina se marchaba a dar una vuelta por los alrededores del chalet de Laura.

Say it's true, there's nothing like me and you. I'm not alone, tell me you feel it too. And I would run away. I would run away, yeah... yeah. I would run away. I would run away with you. Cause I am falling in love with you. No never I'm never gonna stop. Falling in love with you. Close the door, lay down upon the floor. And by candlelight, make love to me through the night. (Through the night, through the night...). Cause I have run away. I have run away, yeah... yeah. I have run away, run away. I have run away with you. Cause I am falling in love (falling in love) with you. No never I'm never gonna stop. Falling in love with you...With you...And I would runaway. I would runaway, yeah... yeah. I would runaway (runaway). I would runaway with you. Cause I am falling in love (falling in love) with you. No never I'm never gonna stop. Falling in love with you...Falling in love (falling in love) with you. No never I'm never gonna stop falling in love with you. With you, my love, with you...na ni na ni na na... (With you, with you, with you, with you).

-... yo...-, suspiró,-... eres lo más bonito que he visto en mi vida...-, suspiró, -... te quiero...-, dijo Cristina intentando no emocionarse, recibiendo como respuesta un pequeño maullido.

-¿Qué te contesta la gata?-, preguntó Raquel, -... aunque bueno, realmente parece una pantera negra en miniatura...-, dijo al encontrar finalmente a Cristina en la parte trasera del jardín.

-Bastet ronronea del gusto...-, respondió Cris, -... siento lo de antes...-, se disculpó.

-Tranquila, no pasa nada...-, dijo Raquel.

-... la liga está ganada-, acabó Cristina de sentenciar la frase de su amiga, a lo que ésta sonrío - ... intentaba bromear...-, le dijo.

-Lo sé...-, y esta vez fue Raquel la que suspiró mientras se sentaba al lado de Cristina en la acolchada hierba.

-¿Cómo sabias que estaba aquí...?-, peguntó ahora Cris,-porque el "chalet" en ese sentido es bastante grandecito...-, dijo poniendo énfasis a chalet y haciendo girar los ojos.

-... ¿Chalet?... ¿Grandecito? Pero si esto parece una mansión-, contestó Raquel haciendo gestos de limpiarse kilos de sudor por el esfuerzo de haber llegado hasta allí.

Cristina se río.

-Me trajo Bast-, dijo una Raquel sonriente contemplando, por unos instantes, la preciosa vista que aportaba el estar situada en plena montaña.

-Que lista... panterita-, dijo Cris mientras le acariciaba la panchita al animalito.

-Gracias-, contestó Raquel haciendo movimientos con su pelo, estilo propaganda de champú.

-Le decía a la gata...-, decía Cristina haciendo girar los ojos de nuevo.

-Yo también te quiero-, respondió irónica Raquel.

Sonrieron las dos.

-¿Dónde está la chica que le gustaba mirar a los ojos de las personas cuando les hablaba?-, preguntó finalmente a Cristina, intentando que la miraran esos fabulosos ojos verdes que siempre le habían aportado tanta tranquilidad.

-¿Dónde está la chica que no le gustan nada los animales y está ahora mismo acariciando a uno?-, contra preguntó Cris mirando fijamente el color café de los ojos de su amiga.

-Touché-, contestó Raquel, esperando pacientemente a que Cristina empezase a decir todo lo que sentía, porque sabía que se moría por contarlo y así podría, al fin, conversar con ella.

"Mmmm", suspiró, -... me gustaría hacer como la canción y correr... hasta estar con ella... por otra parte me gustaría poder irme sin decirle nada... aunque eso sería de cobardes... y yo no me comporto así... yo... realmente lo que estoy es... asustada... por lo que siento... supongo que... han cambiado las cosas... tú-, ladeó la cabeza,-... yo...-, dijo Cristina pausadamente, volviendo a repetir el gesto intentando explicar la situación actual de Raquel por un lado y la suya por otro sólo con eso.

-Bueno...-, dijo ladeando la cabeza imitando a su amiga.

Cristina le miró con carita de pedirle disculpas por haberse explicado tan bien.

-Tranquila, te he entendido... pero digamos que las cosas solo han variado... un "poquiño"-, respondió Raquel imitando acento gallego.

-Pero han variado...-, dijo Cris, -... esto es como aquel capítulo de Xena en el que están en un lago, tira una piedra y se van formando hondas, entonces le dice a Gabrielle que dentro de un rato el agua se calmará, pero la piedra se quedará en el lago y habrá cambiado el paisaje para siempre.

-Sé que has cambiado, más que tú, tu actitud ante las circunstancias que sucedieron... una chica "antes de"... luego otra durante... y alguien completamente distinta "después de"... aunque en el fondo sigues siendo la misma risueña y divertida...-, contestó Raquel.

-Sí... algo así... como si después de la oscuridad hubiese encontrado la luz... me gusta haberla... haberte encontrado, porque recuperé la sonrisa y eso fue importante... eres importante para mi... y...-, dijo Cristina entre pausa y pausa, mirándola con todo el afecto del mundo prosiguió lo que quería decir a Raquel, -... te lo agradezco mucho...-, Cristina no supo que decir más, ya que se quedaba muda de la emoción, y se lanzó a darle un abrazo "estilo oso" intentando decir más con eso que con la poca coherencia que le quedaba en palabras.

-... te quiero...-, pronunció finalmente agarrada como un clavo ardiendo a Raquel.

Su amiga se dejó llevar por el largo abrazo, ya que sus cuerdas vocales tampoco atinaban a pronunciar ningún sonido, sólo cuando se separaron ambas, con una sonrisa en los labios al cabo de unos minutos que parecieron eternos, Raquel pudo darle un tierno beso en la mejilla, el cual dijo más que cualquier palabra que hubiese pronunciado en ese momento.

Después de unas intensas miradas, recordando lo que tuvieron en un momento dado, Cristina soltó lo primero que sentía, cosa habitual en ella, -me alegro de tenerte-, a lo que Raquel sencillamente sonrío.

-Así que te gusta esto... vaya... vaya... no tiene mal gusto la chica...-, se atrevió a decir mirando los lujos del chalet cuando ya vio que Cristina estaba mucho más tranquila después de que haberle agradecido el que ella fuese parte de su vida.

-Raquel... vamos, sabes que me gusta ella, no su dinero-, soltó Cristina en plan ofendida.

-Jajajajaja...-, se rieron las dos.

-¡Lo ha admitido señores!, no me lo puedo creer...-, clamaba Raquel a los cuatro vientos, -"jajajajaja"-, se volvía a reír la morena.

-... ya Raquel, por favor... que se va a enterar antes de hora...-, le decía Cristina con su ya típica sonrisa "profident".

-¿Y quién te dice a ti que ella no lo sabe...?, le preguntó Raquel en plan misterioso. Sólo de ver la cara que puso Cristina ya se estaba riendo a mandíbula batiente.

Cuando, por fin, pudieron calmar sus risas propusieron ir hacia la casa mientras acababan de charlar por el camino.

-Por cierto-, dijo Raquel, -antes de venir a buscarte he entrado, la he saludado y le he dicho que estabas paseando al perro... así te daba más tiempo para pensar-.

-Gracias...-, dijo Cristina.

Raquel sonrío, -... te vas a morir cuando la veas-, le dijo poco antes de llegar a las escalinatas de la entrada del chalet.

-Ya me estoy muriendo-, contestó la aludida.

-¿Por quién?-, preguntó su amiga.

Cristina la miró con cara de "claro... como si no lo supieras".

Raquel adivina no era, pero sabía perfectamente el grado de mutismo al que podía llegar su amiga tan solo por decir el nombre de la persona que le gustaba.

-Vamos... quiero que pronuncies su nombre...-, dijo sabiendo el esfuerzo que tendría que hacer Cris.

-Tu nombre envenena mis sueños-, dijo ella.

-Eso no vale... te lo sacaste de una novela...-, dijo Raquel poniendo carita lastimera.

-Está bien...-, dijo Cristina con cierto toque de resignación mientras Raquel le mostraba la mejor de sus sonrisas. -"... señorita Peñalver... Laura Peñalver-, dijo por fin después de suspirar por quinta vez.

-¿Hablarás con ella...?-, preguntó Raquel.

-No lo sé... a la noche quizás...-, dijo Cristina, -... antes tengo una historia que acabarte de contar...-.


-¡Raquel!-, dijo Lucía mientras se abalanzaba sobre ella y empezaba a llenarla de besos en cuanto la morena abrió la puerta.

-Jajaja... hola preciosa... menos mal que solo he tardado cinco minutos-, contestó Raquel con su novia entre sus brazos.

-Me ha parecido una eternidad-, le susurró Lucía mientras le daba un último piquito y se giró hacia Cristina un tanto avergonzada por no haberla saludado antes.

-Holitas Lu-, le dijo Cris muy sonriente mientras abrazaba a la chica de cabellos rojizos y le daba dos sonoros besos. -Felicidades...-, y le dio un tierno beso en la frente, -si me disculpáis... voy a saludar...-, acabó de decir Cristina mientras agachaba solemne la cabeza como en el saludo japonés.

-Gracias-, le contestó Raquel mientras Cristina se iba dirigiendo hacia el interior de la casa.

-¿Y eso?-, preguntó Lucía mirando a Raquel sin haber entendido muy bien a qué venía ese "felicidades".

-Se alegra por nosotras-, contestó Raquel.

-Aún os queréis mucho-, afirmó Lucía.

Raquel asintió con la cabeza, -toma-, le dijo mientras le daba una serie de hojas, -ella parece que se explica mejor con canciones...-

Lucía se aupó, -eres un encanto-, le dijo mientras le daba un tierno beso en la mejilla.

Raquel la sorprendió con un fugaz beso en los labios, -... ves leyendo, creo que se entenderá lo que quiere decir. Te esperamos en el comedor-, dijo mientras se marchaba pasillo adentro.

Lucía empezó a leer.

Recuerdo un día de junio, gris, frío y lluvioso,

estando en uno de los sitios del planeta más hermoso

ocurrió el principio de una desgracia tremenda,

a la que fui sometida por un cruel destino,

al que tenía que pagarle la mejor prenda

si quería seguir mi camino.

Recuerdo una noche silenciosa,

en la que creí convertirme en lobo, ya que con dulzura,

pero con un dolor horroroso, aullaba con locura

a cierta luna preciosa,

que, para los siguientes cuatro años,

cambiaba de parecer una diosa

a volverse completamente oscura y tenebrosa.

Eso era impotencia, sufrimiento y desespero,

por poder hallar un poco de consuelo

en un alma tristemente atormentada

que, para poder encontrar la calma,

volcaba su problema inmediato en angustia,

que, por un rato, podía soportar su pecho.

Tal hecho que se producía era para no pensar en su agonía,

pero sí en una difícil elección,

que provocaban sus emociones, e intentaba apartar de su pensamiento,

ya que le ponía en situación

de elegir entre la tesitura de vivir en la amargura,

o mostrar sus sentimientos con soltura.

Rota y muerta de dolor por dentro,

tanto que ni gritar ni llorar podía,

pensó en ahorrarse ese tormento,

pero ningún arma descubría,

ni realmente matarse decía,

pero si morirse quería

ya que no podía aguantar más ese sufrimiento.

Así que cansada ya estaba

de luchar consigo misma,

e incluso de la batalla que lidiaba

ya que eterna parecía,

aunque ponerse bien quería,

y, como salir del encuentro no sabía,

se aferraba a lo primero que se le presentaba.

Con una imaginación muy poderosa

presenciaba a la chica más hermosa,

de cabellos azabaches y ojos claros y profundos,

sosteniendo así dos mundos,

unidos por el único deseo de afán de recuperación,

intentando no caer en la desesperación,

con la esperanza de poder encontrar un día,

aunque difícil lo tenía,

a esa preciosa chica misteriosa.

Cuando por fin un día logró dejar atrás ese pasado doloroso,

apareció sin más algo mucho más hermoso

de lo que en un principio podía imaginar,

que le pudo enseñar, después de cuatro largos años,

que algunos sueños se hacían realidad.

Pero abarcar y asimilar tanto no podía,

sobre todo después de tanto sufrimiento,

y no lograba comprender como la podía tener

y solo palabras de agradecimiento le salían.

Hay cosas que no logra entender,

porque es como si hubiese vuelto a nacer,

y, aunque le toque otra vez pasar un pequeño calvario,

nada tendrá que ver con la ocasión anteriormente mencionada,

porque si la carta viene marcada

jugar puede con lo mejor que ha conocido,

y prácticamente su partida está ganada

aunque siga asustada por revivir lo sentido.

Escribo tu nombre sin el mío, voy en tu adiós y desvarío, inevitable debe ser, preguntaré por eso si al perderte aprenderé a renunciar a ti. Más si te miro siento que te asusta tanto como a mí, pudo haber sido y no lo fue, pudo mas no lo fue, y mi cuerdo al navegar a través del alma va, de repente vuelvo a estar allá, ahora. Tú eras el cielo y yo la tierra y cada uno una mitad, en cada duda, en cada realidad, tú eras la sangre y yo las venas, la misma luz en el cuerpo en el alma. Sin respirar te buscaré, sin respirar ahogándome, no hay un culpable ya lo ves, ni un inocente solo y ahora un instante más y dos latidos se unirán con la impresión de que de nuevo sea igual como antes. Tú eras el cielo y yo la tierra y cada uno una mitad, en cada duda, en cada realidad, en la mirada, tú eras la sangre y yo las venas, la misma luz en el cuerpo en el alma. Así mientras yo te veo, todavía que te vas mi vida no consigo no sentirte mía y estar sin ti yo no sé yo, no podré olvidarte. Cada palabra que me decías cada proyecto de libertad, porque ya no puede ahora ser como ayer y estar sin ti no lo sé, sin ti no sé.

I'm standing on a bridge. I'm waiting in the dark. I thought that you'd be here by now. There's nothing but the rain. No footsteps on the ground. I'm listening but there's no sound. Isn't anyone trying to find me? Won't somebody come take me home. It's a damn cold night. Trying to figure out this life. Wont you take me by the hand take me somewhere new. I don't know who you are but I... I'm with you. I'm looking for a place, searching for a face is anybody here I know, cause nothings going right and everything's a mess, and no one likes to be alone. Isn't anyone trying to find me? Won't somebody come take me home. It's a damn cold night. Trying to figure out this life. Wont you take me by the hand, take me somewhere new. I don't know who you are but I... I' m with you.

"... te costó despedirte de Raquel, Cris...", pensó Lucía después de ver esto, "pero por lo último, veo que seguís estando la una para la otra". Sonrió, suspiró, cogió la última hoja y se dijo "bien... y ahora lo que sientes por Laura... sorpréndeme", y Lucía acabó de leer.

Tú no sabes lo que diera si me vieras y dijeras tú, que no sabes que yo quiero que mi vida la quisieras tú. Si supieras que me gustan son las cosas que prefieres tú, y quisiera que los hijos que tengamos fueran como tú (como tú, como tú). Como tú la primavera, como tú la vez primera, no hay ya nadie que quiera, como tú mi vida entera, tú, tú, tú, mi vida entera, tú, tú, tú mi vida entera... Me perdonas si yo insisto que mi vida la quisieras tú, que de todas la estrella que yo he visto la más linda tú. Si supieras que me gustan son las cosas que prefieres tú y quisiera que los hijos que tengamos fueran como tú (como tú, como tú) Como tú la primavera, como tú la vez primera, no hay ya nadie que quiera, como tú mi vida entera, tú, tú, tú mi vida entera, tú, tú, tú mi vida entera, tú, tú, tú. Si las noticias fueran como tú y las ciudades fueran como tú, y si las calles fueran como tú, y si mi jefe fuera como tú, y si mi vida fuera como tú, y mis canciones fueran como tú, y si la guerra fuera como tú, no habría problema todo es como tú. Como tú la primavera, como tú la vez primera, no hay ya nadie que quiera, como tú mi vida entera, tú, tú, tú, mi vida entera, tú, tú, tú mi vida entera, tú, tú, tú. Tú, tú, tú, mi vida entera, tú, tú, tú, mi vida entera tú, tú, tú. Y las ciudades fueran como tú, y si las calles fueran como tú, y si mi jefe fuera como tú y si mi vida fuera como tú.

Lucía sonrío, dobló las hojas cuidadosamente, las guardó en su bolso para dárselas luego a Cris y se dirigió hacia el comedor donde ya hacía unos minutos Raquel, Cristina y Laura la estaban esperando.

Después de que las chicas saludasen a la anfitriona de la casa y haber comido opíparamente bien, Raquel insistía en que Cristina finalizase la historia de Bagdad.

Después de hacerse mucho de rogar, bastó un "me encantaría escuchar el final" por parte de Laura para que, un poco más, y tuviesen que fregar el suelo con el mocho.

Cristina antes de acabar con el cuento quería dejar unas cuantas cosas claras sobre el mismo.

-Vale, atentas, notas de la autora: primero... en la segunda parte cuando Aycha recuerda como vio a la princesa se supone que han pasado semanas, incluso un mes.

-Segundo... por Rahim lo que sintió realmente fue aprecio, porque siempre lo ha querido como amigo, lo que pasa es que... ya sabéis... nunca había salido con nadie y claro... estaba confundida sobre sus nuevas emociones y sentimientos, ya que le empezaban a atraer mucho más las mujeres... bueno la verdad desde sus tiernos 16 que se lo planteó le gustaban las féminas más que a un tonto un lápiz-.

-Jajajaja-, se rieron las chicas, sobre todo Lucía, cosa misteriosa para Cris que aún no sabúa cómo es que no le entraban unas agujetas tremendas a su amiga, aunque tampoco creía haber contado algo tan gracioso.

-Bien-, continuó, -tercero... aunque digo que Aycha se ilusionó por tener a alguien al lado y Dya luego va y la convierte en hetero en la historieta... he mentido vilmente... Dya fue...-

-Su primer amor-, contestó Raquel por si acaso Cris se empezaba a quedar muda.

Cristina sonrió, asintió con la cabeza, y se volvió paranoica al creer ver a Laura agachar sutilmente la cabeza, "ya estás viendo visiones de celos Cris, ¿qué te has tomado?", se decía a sí misma.

-Ehh... ¡ah sí!... cuarto: la princesa se pasó varias semanas indagando al gremio de artesanos por la compra-venta de enseres de valor, ya que éstos eran los objetos que en su mayoría había robado Aycha. Cuando encontró a Rahim éste intentó por todos los medios proteger a su amiga, incluso auto inculparse, pero se le notaba demasiado que mentía. La princesa, para que no se preocupase, le insistió mucho en que sólo le haría a Aycha una visita de cortesía. Realmente podría haberle dicho que, si lo que en realidad hubiese querido apresarla, la hubiera buscado y probablemente encontrado a ella más rápidamente que a él y eso Rahim sabía que era cierto-.

-Y por último-, continuó Cristina, -y como nota literaria, hay una alusión a la obra de teatro: Las amargas lágrimas de Petra Von Kant. Dicho esto, ahora sí, acabemos la historia-.


El paso del tiempo es algo muy relativo, sobre todo si estás al lado de la persona amada, los segundos corren, los minutos galopan y las horas vuelan, y eso era lo que le pasaba a Aycha.

Ya llevaba un par de meses revisando habitaciones, pasadizos y torres cupuladas y no acababa de entender muy bien que hacía ella allí si la seguridad del palacio de la princesa era perfecta. Aycha pensó que ellas dos, aun proviniendo de mundos tan diferentes, habían congeniado hasta el punto de saber prácticamente la una la vida de la otra, sin casi la necesidad de entrar en detalles, así que ya era hora de que la princesa le contase realmente lo que le preocupaba.

Como todas las noches cenaban en el salón, después salían a la terraza y se producían una serie de suspiros y miradas por definir, aunque a esas alturas estaba claro que se gustaban, incluso para el servicio prácticamente eran pareja dada la forma en que se trataban.

Al salir a la terraza, y después de estar un rato ensimismadas mirando el panorama celeste, Aycha decidió declararse y preguntarle, o preguntar que temía y declararse, aún no había pensado muy bien por dónde empezar.

-¿En qué piensas?-, se decidió a preguntar Aycha.

La princesa suspiró, hizo una leve sonrisa y dirigió su mirada de las estrellas a la panorámica que le ofrecía la ciudad de Bagdad. En vista de esto, Aycha, que era terca como una mula, se acercó más a Kashmir y la miró en espera o de una respuesta o de preguntarle algo similar.

La princesa se giró, fijó su azul mar en el verde esmeralda. No se movía, no hablaba, parecía tal cual una estatua de sal.

Aycha, sin saber muy bien de dónde, sacó la valentía de acercarse a la princesa, cogerle las manos y llevarlas a su cintura mientras ella le apartaba un mechón azabache y le decía algo tan obvio, simple como temerario, -... te quiero-.

Y después silencios, miradas, sonrojos, sonrisas, suspiros. Todo al mismo tiempo. La princesa ahí sí que por fin reaccionó, era para matarla si no lo hacía, y abrazó más a Aycha mientras le daba un intenso beso en la frente como muestra de una profunda admiración, mezclado con un tembleque intenso y un amor infinito, mientras suspiraba unas nueve veces más.

-Lo siento-, dijo Kashmir mientras volvía a suspirar y se dignaba por fin a mirarla-

Aycha sonrió y preguntó -¿por qué?-.

-Porque parezco una colegiala quinceañera-, contestó la princesa.

-Jajaja-, se rió Aycha, y se acercó a besar la nariz de la ya por fin "su" princesa mientras ésta la arrugaba, -eres un encanto-, le dijo, a lo que Kashmir se sonrojó y a Aycha le volvía a dar la risa, mezcla de nervios y felicidad al ver lo apurada que estaba Kashmir.

Después de dedicarse mil y una carantoñas, como las noches de aquel cuento, ya sí que se pusieron un poco más serias para acabar de aclarar varios aspectos.

-Soy la princesa-, comenzó Kashmir, -has visto en estos dos meses lo que eso conlleva. Ya no es como antes, que estaba bajo la tutela de mi padre, ahora soy yo la responsable de cualquier suceso... vas a estar conmigo y a partir de ahora quizá... me duele hasta pensar que pueden decir que eres una "mala influencia"... no sé lo que nos puede venir encima y, por último...-, continuó la princesa, -...tengo que decirte que la razón de que estés aquí, aparte de que me gustaste nada más verte-, dijo dándole otro beso en la frente y volviendo a suspirar, -es que la muerte va a venir a por mí-.

Aycha se sorprendió, suspiró pausadamente y dijo -vale... déjame asimilar...-, suspiró de nuevo y comenzó a decir -cariño... el pueblo te quiere y respeta tus decisiones, ya que hasta ahora has sabido llevar muy bien los asuntos políticos, sociales y económicos... si hubiésemos pasado hambre yo habría sido la primera en presentarme a aporrear la puerta hasta tirarla abajo... sólo eso es motivo suficiente como para estar orgullosa...-.

Kashmir se sonrojó, sonrió y emocionó con eso -... gracias... por cierto, me gusta cómo ha sonado ese "cariño"...-.

Aycha esbozó una magnífica sonrisa mientras decía -simplemente fue lo primero que se le ocurrió-.

-Pues espero que se te ocurran cosas de esas más a menudo...-, contestó Kashmir en un tono algo sexy.

Intentando que se le pasase el rojo tomate de sus mofletes, Aycha continuó -segunda, creo que estoy tan asustada como tú, quizás no sepa que pensar en estos momentos con respecto a otras cosas, pero sé lo que siento por ti. Te quiero, estoy contigo. No, mejor dicho, estamos juntas... creo que eso es lo que importa, lo demás lo podemos pensar, hablar y superar sobre la marcha... no sé si esto es muy "fantasioso" de mi parte, pero lo pienso así-, y Aycha suspiró al unísono de Kashmir mientras ésta volvía a besarla en la frente.

-Cariño...-, dijo Aycha maliciosamente, -me encanta que me beses ahí pero... ¿no puedes besarme un pelín más abajo?... creo que ya toca...-.

Después de probar el sabor de sus labios, Aycha finalizó diciendo -ejem... y con respecto a que estoy aquí porque la muerte va a venir a por ti... mmm... me parece que alguien utilizó muy bien la excusa de la seguridad de palacio...-, dijo Aycha para quitarle hierro al asunto.

-Lo siento-, se volvió a disculpar la princesa, -no se me ocurrió otro modo de pedirte el favor mientras intentaba ligar contigo-, le siguió el juego Kashmir.

-Jajaja-, se rió Aycha, y mientras le hacía una carantoña en el rostro le dijo -tranquila, podemos arreglar eso... voy a pedir que me dejen un caballo para retar en duelo a la muerte, que tengo que salvar a mi princesa. Le diré a la señora de la guadaña si prefiere un combate con sable o una partida de ajedrez-, acabó bromeando. -Por cierto, ¿cuándo te dijo que vendría?-, preguntó Aycha.

-Pues... ejem...-, dijo Kashmir haciendo como si nada, -hoy al amanecer-.

-Genial-, ironizó Aycha, -me encantan los planes de última hora, así que voy a pedirte matrimonio antes que nada-.

A la hora convenida, y tan puntual como siempre, apareció bella y serena la muerte a por la princesa prometida. Ceo que aún se pregunta dónde estuvo el error si puso tanto esmero en la tarea decidida, mientras Aycha y Kashmir aun ríen por la equivocación cometida, ya que, aunque la muerte es inteligente, sus ojos la engañaron porque las chicas presentaron un regalo insolente. Acordaos del espejo que tenía la muchacha llamada Aycha, ese fue el fallo de la muerte, desear fervientemente.


-Fin-, pronunció Cristina, -bueno no, esperar: y así es como se recuerda esta historia insolente de lesbianas atrevidas por mi imaginación incandescente-, concluyó.

-Jajaja-, rieron todas.

-Eh-, dijo Raquel, -pues para ser una versión adulterada... digo..."edulcorada"-.

-Jajajaja-, volvió a reírse el grupo.

-No está nada mal Cris-, dijo Lucía.

-Yo también te quiero Lu-, contestó irónica Cristina.

-Eso significa que le ha gustado-, matizó Raquel mientras se desternillaban de nuevo de la risa.

-Ya, por favor, me van a entrar agujetas-, dijo Cristina.

-Si venga-, miró Raquel el reloj, -además ya se va haciendo hora de irse a dormir-.

-¿Dormir?-, dijo insinuante Lucía.

-Bueno-, carraspeó Raquel, -tu sais preciosa-, dijo mientras le guiñaba el ojo, -¿os quedáis?-, preguntó.

-Tomaré algo más y me iré-, dijo Cris.

-Sí, ahora vamos-, contestó Laura.

-Siempre estás comiendo, ¿eh?-, le dijo Lucía a Cristina.

-¿Me estás llamando gorda, enana?-, le atacó Cris.

-Jajaja-, se rieron las dos.


Ahí fue cuando le di dos besos a Lucía y un abrazo a Raquel, nos dieron las buenas noches y Raquel, a parte, me dijo: pórtate bien "bicho", yo, como siempre, le puse carita de buenaza total. Por último vi como las chicas se iban hacia la habitación, mientras Lucía hacía un fugaz gesto deseándome suerte, y así, por fin, me quedaba a solas con Laura.

¿Lo primero que hice? Sonreír, creo que me sale sin pensar. ¿Después? Suspirar. Mis amigas dicen que un día de estos me van a dar un premio por eso. ¿Y por último? Mirarla, como llevo haciendo estos dos meses viviendo aquí.

Recuerdo el día que le pedí dormir con ella, ojo, sólo dormir, sólo con eso ya me moría del sonrojo. Le dije que necesitaba un peluche a tamaño natural, al final lo acabé siendo yo y desde ese día no hizo falta pedirlo más. Me acurruco horas enteras, soy peor que la gata y suspiro, lloro, pienso, le cuento lo que ha pasado en el día... y me hace reír, siempre.

Ella, no sé si por un la causa-efecto, me acaricia el pelo, y aunque le digo que me lo va a ondular más de lo que está no me hace mucho caso. Sé que sus caricias llegan a mi espalda, lo noto, pero a mi me vence el sueño. Luego, no sé si es que yo no me suelo mover mucho en la cama o es que ella se pasa toda la noche en la misma postura, pero por comodidad no me muevo... quizás sea más lo segundo que lo primero, no sé. Vuelvo a suspirar.


Sonríe, se le ilumina la cara cuando lo hace. No sé en qué estará pensando pero se le va el santo al cielo. Me mira, la miro. Llevamos dos meses así. No sé si aguantaré mucho. Siempre digo lo mismo y al final yo, o ninguna de las dos, suponiendo que le gusto, se decide a dar el primer paso. Me da por suspirar a mi también, me contagia. Venga, a que esperas. ¿Cuánto tiempo más hay que perder?, eso se parece a una canción. Vamos, déjate de rollos, dile de ir al "escenario romanticón" del balcón y dejar las cosas claras de una vez, que ya es hora.


Vamos para allá, al balcón ha dicho que salgamos, pues salimos. Hace una noche preciosa, con una luna llena fabulosa. Creo que se me olvidó decir que llevábamos las dos vaqueros y blusa, es lo más cómodo para estar en el campo. Hoy se me olvida mencionar la ropa, mañana la interior y pasado apareceré desnuda y acabaremos antes... ¿Y si lo hiciera? Ya me veo plantada como un pasmarote en la habitación como mi madre me trajo al mundo. Muy fácil imaginarlo, poco probable el hacerlo, sobre todo pensando que me tiene que ver ella, y no sé si es porque me vea o porque aparecer así y declararse no es lo más usual, pero es un poco vergonzoso.


Se sonroja sola, cosa que suele hacer a menudo. Al final creo que acabaré aprendiendo el significado de cada uno de sus sonrojos, aunque con ella nunca se sabe, quizá hasta invente uno nuevo, me gusta cuando lo hace. Bueno, a estas alturas es obvio que me gusta para todo el mundo, pero parece que no para ella. A veces no sé si bromea o me sigue el juego.

Ayer estábamos posando, haciendo una "sesión de fotos", como si fuésemos pareja. Sonaba el "Hacer por hacer" de Bosé, cuando la canción iba por: y me muerde la manzana regalándome el veneno, ella se acercó y me dio a morder un trozo de la fruta. Luego en: esta noche que me pierde se resiste a ser mujer y conquista mis camisas con el talco de su piel, silueteó las curvas de mi cintura y con: y me pone entre su espada y mi pared, lo hizo literalmente.

Faltaron milímetros para besarnos, después se dio la vuelta y se puso a bailar de espaldas a mí. Creo que es lo más sensual que he visto en mi vida. Se giró de nuevo, me guiñó el ojo y se fue, creo que al baño. Yo era "pasta de boniato" más que persona.


Bueno Cris, basta de imaginar, la tienes delante, ¡espabila!, ¡ahora o nunca!, ¡va! Me giro, intento mirarla a los ojos, cosa que se me hace eternamente complicado. Debo tener complejo de hoja de otoño porque tiemblo igual que ellas.

Ella está sonriendo, tiene una sonrisa permanente y pone la típica carita de "venga, cuéntamelo, estoy deseando oírlo".

Yo le suelto todo a bocajarro, para no variar cuando me pongo nerviosa.

Se acaba de tomar el resopón, eso sí que no se lo esperaba

-¿Por qué?, ¿no estás a gusto?-, es lo primero que se le ocurre preguntar.

-No... si a gusto estoy-, suspiro, -yo... estoy muy gusto contigo... estos meses viviendo aquí han sido simplemente... "¿dónde están los sinónimos cuando los necesitas?"... fantásticos..., suspiro.

-Yo...-, está visto que me ha dado por el pronombre personal, -... me lo paso muy bien contigo-, sonrío nerviosa. Genial, un día de estos sonreiré hasta en un funeral. Vamos, ¡díselo de una puñetera vez!, ¡arranca por dios!, no eres Carlos Sainz. -Cada día que pasa me gustas más-, y ahora me fijo en el suelo del balcón por lo bonito que es. Vuelve a mirarla so cobarde, me digo a mi misma.

Haciendo poco uso de mis manos temblorosas me acerqué a cojerla de la cintura, por si se escapaba o algo así. La estás mirando directamente, no pienses y suelta lo que tengas que decirle.

-Me he enamorado de ti-. Y ahora aguanta el tipo, traga, intenta no emocionarte, venga, tú puedes Cristina.

-... te quiero-. Lo de no emocionarme aún estoy en proceso porque le estoy dedicando una medio "sonrisa besugo" de primera.

Reacciona, uno dos, ¡Laura narices!

-...-. Brillante, cuando quieres eres brillante. Suspira, vale, te puedes haber quedado muda Laura, pero veo que a manca no has llegado ya que "instintivamente", como quien no quiere la cosa, también la has cojido a ella de la cintura. Ahora sonríe, eso es y di algo coherente chica, que aquí la de los sonrojos era ella, no tú.

-Vaya... y la que se iba a declarar iba a ser yo...-.

Creo que debería hacer el anuncio de "tomate Solís" de lo roja que estoy y encima se ríe, me voy a quejar.

-Ey...-.

-Jajaja, ¿qué?...-.

-No te rías...

-Jaja, perdona, es que son los nervios, además de que estás encantadora cuando te sonrojas-.

-¿Para qué has dicho nada?... ah y... ya que te ibas a declarar, hazlo-.

-¿Dónde está la chica que cuando se emociona se queda muda?-.

-Son los nervios...-.

-Ya lo he notado. Está bien, tenía una cosa preparada-.

-¿Te he dicho ya que tienes una sonrisa preciosa?-.

-No menos que la tuya... "princesa"...-.

Ahora es el turno del anuncio de "tomate Orlando".

Sacó de su bolsillo derecho un papel, lo desplegó y leyó lo más hermoso que he escuchado en mi vida.

Mar adentro, mar adentro,

y en la ingravidez del fondo,

donde se cumplen los sueños,

se juntan dos voluntades

para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida,

con un relámpago y un trueno,

y en una metamorfosis

mi cuerpo no es ya mi cuerpo;

es como penetrar al centro del universo.

El abrazo más pueril,

y el más puro de los besos,

hasta vernos reducidos

en un único deseo.

Tu mirada y mi mirada,

como un eco repitiendo, sin palabras:

más adentro, más adentro,

hasta el más allá del todo,

por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre

y siempre quiero estar muerto,

para seguir con mi boca

enredada en tus cabellos.

Muda, emocionada, sin saber qué hacer o qué decir. Cualquier cosa parecía poco después de eso. Me limité a dedicar la más boba de mis sonrisas mientras hacía un vano esfuerzo por pronunciar palabra. Suspiré y me acerqué, no sólo agradecerle el gesto, si no el estar conmigo, el quererme, el tenerla, el sentirme la mujer más afortunada de la faz de la tierra... Me acerqué a besarla, con la timidez, la ternura, sencillez y calidez de un primer beso. Un simple, puro e intenso roce, seguido de una sonrojada sonrisa con la manía de agachar la cabeza y llevarla hasta su pecho donde, como tantas noches, acurrucada en su regazo, escuchaba que su corazón no latía, galopaba.

-Vaya, creía que era la única a la que le iba a dar un infarto esta noche-.

-Jajaja-.

-Si estoy aquí, cuando te ríes parece que acerque mi oído a un manantial. Eres... desbordante-.

-No sé si asustarme de la cantidad de definiciones que puedes decir de una persona en un minuto-.

-Me sale así-. Me sonrojé.

-Es una de las cosas que me gustan de ti, tu espontaneidad-.

-... gracias-, pronuncié finalmente, -por todo-.

Me besó en la nariz y yo la arrugué mientras sonreía.

-A ti por entrar en mi vida-, contestó.

-Eso quizás se lo debamos las dos a Raquel por presentarnos, ¿te puedo preguntar algo?-, y me volví a sonrojar.

-¿A parte de que he notado sutilmente que de físico soy parecidísima a Kashmir y que tú, en vez de rubia con el pelo liso, tienes una melena morena y ondulada?-.

-Jajaja-.

-Claro, adelante-.

-Cuando estaba con las aclaraciones del cuento... cuando Raquel ha dicho que fue mi primer amor...-.

-¿Si me he puesto celosa?, sí-.

Sonreí y le hice una carantoña en la mejilla.

-Estuvo en el momento apropiado para sacarme de ahí, además somos mejores amigas que pareja-.

-Qué alivio-, sonrió, esperó a que continuase. - ¿Y...?-, preguntó en vista de que no soltaba prenda.

-¿Y... qué?-, dije con cara de no entender nada.

-Que te conozco Cris... sé que hay algo más que quieres decir pero no te atreves.

Pillada. Ya debo ser transparente para ella, tanto que sabe lo que me cuesta comenzar coherentemente una frase.

-¿Sobre qué es?-, preguntó.

-Nosotras... mi... tú...-

-"Hau", gran jefe-, bromeó.

Sonreí.

-Lo sé... ya sabes cómo me emociono con estas cosas-.

-¿Qué "cosas"...?-, me intentaba sonsacar.

-Cosas personales-.

Me besó en la frente. -Tómate tu tiempo-, dijo.

-... te lo digo de sopetón...-, suspiré.

-De acuerdo-, contestó.

Y antes de que me entrasen unas tremendas ganas de llorar logré decir -no puedo hacer la "burra" de ponerme sobre ti a horcajadas por mucho que quiera... puedo cinco minutos a lo sumo... no más... y eso me duele, no sólo lo físico, si no también lo sentimental o personal... no sé si tanto por mí de no poder ponerme así o por ti, que verás que no puedo, ... me siento ya como si te estuviese... decepcionando... algo así-.

Me abrazó mientras yo imitaba a María Magdalena.

-Shhh, venga cariño, no llores por favor... no vuelvas a pensar eso en tu vida, ¿me oyes?..., bueno, al menos no en los próximos cinco minutos-.

Yo mezclaba el llanto con la risa y se puso seria mientras yo acababa de hipar y sollozar.

-Cristina, estoy orgullosa de ti. No sabes cuánto admiro tu esfuerzo mi vida. Por eso puedo llegar a entender lo que significa tener a Raquel en tu vida...-.

-Nuestras-, maticé.

-Sí-, sonrió.

-Además, hemos dormido juntas casi desde un principio, me lo comentaste en su día y he visto cómo te puedes mover... sabes que no tengo ningún problema con respecto a eso-, acabó pinchando Laura.

-¿Es que antes, o al principio, te suponía algún problema? Porque ese problema va conmigo a todas partes y para el resto de mi vida, ya tengo bastante algunas mañanas sintiéndome a veces como un estorbo, aparte de impotente en vista de mi poca o dolorosa movilidad matinal. con que me vengas con esto-, dije realmente molesta.

Sonrió.

-¿Por qué sonríes?, no me hace gracia-.

-Quería ver tu reacción-, contestó.

-Eres imbécil-, solté e hice ademán de marcharme pero nada más darme media vuelta Laura me abrazó por detrás.

-Hemos estado conviviendo estos dos meses, hemos estado compartiendo todo, incluido esto, y que hayas dicho eso me duele-, dije como pude, en medio de ese mar de lágrimas.

-Lo siento en el alma... siempre he procurado tener cuidado y paciencia en ese aspecto, pero quería también probarme a mí misma, porque sé que lo que te preocupa al respecto es que, una cosa es tener que aguantarlo tú toda la vida, y otra que pueda yo-.

-Perdona... es que hay días que no lo soporto ni yo, y no me gusta estar así, ni pagarlo contigo-.

-Lo sé. A veces ya hemos tenido días así y lo hemos superado ¿no?-.

Emití un gutural "sí".

-Pues entonces ahora más, y no se te ocurra plantearte cómo es que te quiero tanto después de esto porque yo tampoco soy perfecta-.

Esbocé una sonrisa

-Me gustas así, con todos tus defectos y todas tus virtudes-.

Me besó en la mejilla. Me sonrojé, sonreí y suspiré

-... gracias... siempre me haces sonreír... lo siento-.

-Yo también-.

-Te quiero-.

-Yo más-.

Recosté mi espalda y ladeé mi cabeza, contemplando la noche, sonreí.

-¿En qué piensas?, dijo.

-Que es nuestra primera noche, iba a decir juntas aunque desde la primera la hemos pasado así... quería decir en pareja... la próxima vez que me enrolle tanto me avisas...-, sonreí y me sonrojé.

-Jajaja, me gustan tus "rollos"... cariño-.

Le dediqué la mejor de mis sonrisas y nos quedamos un buen rato en silencio hasta que Laura empezó a besarme por el cuello.

-Me haces cosquillas-, dije, me giré y coloqué las manos en su cintura, como quien sostiene algodón. La miré, puse cara de querer algo y emití una especie de ronroneo.

-Jajaja, eso ha sonado sexy... nunca dejes de sonreír ni de sonrojarte-.

Yo lo hice más aún. Después, desde donde había dejado mis manos, empecé a acariciarle con mis pulgares, suspiré y decidí dejarme llevar a juguetear con los botones de su camisa. Me mordí el labio, no sé si inconscientemente. Ella sonrió. Me acerqué más, suspiró.

-Qué tal si...-. Dejé la frase colgando. La besé despacio. Tentativa, la miré. Deslicé el dorso de mis dedos por su mejilla. Me acerqué de nuevo. Fui besando la preciosidad de su rostro, pausadamente, hasta susurrarle al oído y proponerle...

Tú sin más porqué. Tú que bésame. Tú me tienes de furriel, de un roto de tu piel. Tú como la cal, que húmeda es mortal, tú blanqueas mi razón, calando hasta el colchón. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú montada en mí, yo montura hostil, tú me abrazas con los pies y yo lamo el arnés. Tú y sin ti yo no. Tú y sin ti ya no. Tú me has hecho dimitir y hoy yo se dice así: Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú, tú. Tú, tú, tú.


Fin ^.^