Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Capítulo veintiuno
"Go over there, turn on the light
Hey, all the lights
Come over here, stand on that chair
Yeah, that's right
Raise your arms up in the air
Now shake 'em
You give me reason to live
You give me reason to live
You give me reason to live
You give me reason to live"
(You can leave your hat on. Joe Cocker)
Severus tardó en abrir los ojos ya que sentía una extraña pesadez en sus párpados, pero cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que se encontraba en su propio cuarto. Parpadeó varias veces intentando sacarse las neblinas del sueño que rodeaban su cabeza e intentaba recordar qué era lo que había sucedido. Pero no tuvo que intentarlo durante mucho tiempo puesto que no tardó en recordarlo todo a la perfección. Sin duda se había comportado como un verdadero imbécil: había tratado de la peor manera a Hermione por sus estúpidos celos. Pero la última charla que había mantenido con su otro "yo" le había ayudado a comprender ciertas cosas. ¿Tendría aún la oportunidad de reconquistarla y conseguir que lo perdonase?
Intentó moverse pero se dio cuenta de que tenía una mano cruzándole sobre su estómago. Giró el rostro hacia su costado y pudo ver a la dueña de ese brazo dormida a su lado. No pudo evitar que una sonrisa leve apareciera en su rostro, ya que si ella se preocupaba por él y había pasado todo el santo día a su lado, quería decir que aún tenía posibilidades de tenerla. Y no desaprovecharía la oportunidad que se le presentaba.
Había una tenue luz proveniente de la chimenea encendida que le permitió ver hacia el reloj de pié que tenía en su habitación y comprobó que ya era hora de la cena. ¿Tanto tiempo había estado inconsciente? Aunque podría decir que se lo esperaba porque, a pesar de ser mínimo, algo había cambiado en él.
Volvió su rostro nuevamente hacia Hermione y alzó una de sus manos para acariciar con suavidad su mejilla. Ella lanzó un suspiro entreabriendo sus labios e, inconscientemente, se arrimo más a él a la vez que cruzaba una de sus piernas a la altura de los muslos de él. Por unos momentos Severus se quedó observando fijamente aquella pierna que mostraba mucho más de lo que debería puesto que la falda se había subido unos cuantos centímetros. Su mano viajó por sí sola hacia allí y acarició con suma lentitud con las puntas de sus dedos la suave piel, maravillándose por ello. Apartó la vista, pero no su mano, y contempló el rostro de ella preocupado por haberla despertado; pero no fue así.
Una parte de él pensaba en el maldito pervertido que era al estar haciendo aquello, dejando que su mente vagara, deseando abalanzarse sobre ella y "devorarla" por completo. Pero la otra parte, la menos racional, mandaba a la primera al demonio y le incitaba a seguir tocando e ir mucho más allá, besándola y acariciándola hasta despertarla. Pero no haría aquello. Él, ante todo, era un caballero, por lo menos con ella porque los demás podrían irse a la mierda, así que se levantó con cuidado de no despertarla y fue directamente al baño para darse una ducha y pensar con tranquilidad en todo lo que estaba sucediendo.
Cuando Hermione despertó, media hora después, se encontró sola. De un salto se levantó de la cama, invadida por la desesperación, y recorrió con la vista el lugar mientras que lo llamaba a gritos.
—¡SEVERUS! ¡SEVERUS!
Él apareció casi corriendo de una de las puertas del costado que sabía que llevaba a su despacho. Parecía estar bien. Todo era igual, salvo la expresión de preocupación en su rostro.
—¿Está bien? ¿Qué rayos sucede?¿Por qué grita?
Hermione suspiró aliviada. Se suponía que ella tendría que haberlo cuidado pero en un momento, no sabía cuál, se había quedado profundamente dormida a su lado.
—Me preocupé cuando no te encontré—le confesó.
La expresión de él de preocupación cambió rápidamente a enfado.
—¿Y por eso tenía que gritar de ese modo? Cualquiera diría que el mismo Señor Oscuro vino a raptarla.
Ella rodó los ojos colocándolos en blanco mientras caía sentada al borde de la cama. Severus no tardó en tomar un lugar a su lado y el peso de su cuerpo sobre su colchón hizo que el de ella se inclinara hacia él. No dijeron nada durante unos momentos y simplemente se miraron en silencio durante unos instantes.
—Lo siento—dijo finalmente él bajando la vista con algo de vergüenza—Sé que fui un tanto…
—¿Insoportable?—propuso ella.
Él gruñó molesto pero ella no hizo más que contemplarlo con diversión. Que el mismísimo Severus Snape haya decidido pedirle disculpas era un acontecimiento que jamás habría imaginad que podría llegar a suceder.
—Yo también lo siento—siguió diciendo Hermione—Fui una…
—¿Insufrible sabelotodo?—propuso él ahora con cierta diversión.
Ella hizo una mueca de disgusto.
—Fui una tonta al dejarme influenciar por sus insoportables comentarios—indicó—Y eso fue lo que me hizo salir de aquí e ir directamente a la cama de Severus.
—¡¿Qué?—inquirió Severus levantándose de un salto y mirándola con profundo enojo.
Ella ya sabía que él iba a reaccionar de ese modo cuando le contara aquello pero había decidido ser lo más sincera posible con él así que tendría que abstenerse a las consecuencias de sus decisiones.
—Anoche, cuando nos peleamos, fui directamente a buscarlo y pasé la noche con él… ¡Pero no hicimos nada más que hablar!—se apresuró a aclarar—Sólo hablamos de… lo que iba a suceder.
Contrariamente a lo que esperaba él se calmó con esas palabras. Ella había imaginado que tendría que decirle miles de cosas hasta, finalmente, hacerle comprender.
—Yo lo amo… Lo que quiere decir que te amo. Tal vez no me comprendas pero me di cuenta que conociéndolo, o sea conociendo a lo que una vez fuiste, comprendí mejor lo que eres ahora… Y eso me hizo amarte aún más… Cosa que jamás creí posible.
Severus sólo la observaba parado frente a ella en silencio, uno que se volvió muy incómodo para Hermione.
—Dime algo, por favor—pidió ella sin mirarlo.
—Te amo demasiado… y creo que eso es malo para mi reputación—contestó con seriedad él.
Hermione alzó los ojos hacia Severus y le sonrió con felicidad. Sin perder tiempo se levantó y acortó la distancia que los separaba para besarlo con pasión. Él no dudó ningún segundo en responderle puesto que en realidad estaba deseando probar nuevamente sus labios desde que se había despertado encontrándola dormida a su lado. Le rodeó la cintura con sus manos y la apretó contra sí mientras ella enredaba los dedos de su mano en su cabello oscuro. Hermione se estremeció mientras el acariciaba sus labios con la punta de su lengua. Muchas veces él la había besado antes con pasión pero esta parecía superar con creces las anteriores. Al parecer, Severus había decidido tomarse las libertades por las que ella le reclamó.
Severus dejó de besarla y, con ayuda de una de sus manos, alzó la barbilla de ella obligándola mirarlo fijamente a los ojos, esos ojos llenos de oscuridad que parecían no tener ningún secreto para ella y que en este momento le decían a gritos cuánto la deseaba. Él volvió a inclinar la cabeza para rozar sus labios con suavidad, solamente eso, un roce; pero que luego fue bajando suavemente por su mentó hasta su cuello y de allí hacia su clavícula. Ella ni siquiera se había dado cuenta de que las manos de él trabajan laboriosamente para desprender los botones de la camisa que conformaba su uniforme, simplemente podía sentir el roce suave de sus labios viajando lentamente por su piel y dejando cálidos y pequeños besos de vez en cuando. Pero sin duda alguna sintió cuando una de las manos de Severus viajó a su espalda para desabrochar su sostén. Abrió inmensamente los ojos al encontrarse sin nada encima y sus mejillas no tardaron en volverse de un nítido color rojo. A Severus esa imagen lo cautivó más que ninguna otra cosa.
Con cuidado, casi temiendo hacer algo que no le agradase, la colocó encima de la cama para observarla durante unos instantes y luego dedicarse a desvestirla. Fue hasta sus pies y comenzó a quitarle los zapatos y las medias. Hermione sólo lo dejaba hacer sin decirle nada. Él subió sus manos acariciando sus piernas con suavidad hasta meterlas debajo de su falda por su costado hasta tomar la tela de su ropa interior entre sus dedos y comenzar a bajarla lentamente, sin dejar de acariciarla. Hermione lo ayudó apoyándose con sus pies y levantando sus caderas levemente. Esperó que le quitara también la falda pero no lo hizo. Lo contempló con curiosidad pero él sólo le dedicó una sonrisa endemoniadamente seductora que le indicaba que tenía algunas ideas cruzando en su mente. El corazón de Hermione se aceleró ante la expectativa. Debía reconocer que estaba algo asustada porque no tenía idea alguna de lo que el podría estar planeado pero a la vez eso la emocionaba.
Él se inclinó sobre ella y la besó nuevamente en los labios con pasión en su estado más puro mientras acariciaba su cuerpo desenfrenadamente.
Hermione llevó sus manos hacia los hombros de él para prenderse de algo ya que en ese momento le estaba haciendo cosas con la boca que la hacían elevar del suelo a causa del placer. Sólo podía gemir y retorcerse mientras pedía piedad, cosa que él no le dio porque siguió torturándola sin tregua. Pero justo antes de que pudiera explotar del placer él se detuvo y le hizo levantarse de la cama. Hermione lo contempló con cierta confusión. Él aún estaba completamente vestido y ella usando nada más que la falda del colegio.
Severus la tomó por las manos y la arrastró hacia la puerta que llevaba a la entrada de su despacho.
—¿Qué…? Severus…
—Incluso en este momento, debe aprender a guardar silencio, señorita Granger—contestó él—Se lo recomiendo porque alguien podría entrar por esa puerta—señaló con su cabeza la puerta de entrada que daba al pasillo de las mazmorras—Y dudo mucho que desee que alguien más que yo la vea tan… atractiva como se encuentra en este momento.
—¡¿Acaso no pudimos seguir en la cama?—preguntó al borde de un ataque de histeria mientras cruzaba sus brazos sobre sus pechos desnudos—Al menos podemos poner un hechizo silenciador y sellar la puerta.
Severus sonrió burlonamente.
—¿Dónde se encontraría la emoción del momento si hacemos eso?—le preguntó.
Ella le estaba por responder, de una no muy buena manera, pero los labios de él reclamaron los suyos nuevamente silenciándola. Al principio intentó resistirse pero la insistencia de él y las malditas caricias que volvieron al ataque no la dejaron con muchas posibilidades de lograrlo. Él la fue arrinconando contra uno de los costados de su escritorio y cuando llegaron allí colocó sus manos en su cintura para alzarla y sentarla allí con las piernas abiertas. Bajó el rostro y besó sus senos. Hermione intentó contener sus gemidos pero era un trabajo casi imposible.
Severus alzó de nuevo el rostro y rió suavemente mientras besaba el lóbulo de su oreja.
—Silencio, Granger—le ordenó sonriendo—¿Acaso quiere que nos descubran?
Hermione intentó lanzarle una mirada llena de odio pero en la posición que se encontraba no surgió mucho efecto. Así que decidió atacarlo del mismo modo. Llevó sus manos hacia su protuberante entrepierna y comenzó a acariciarlo encima de la tela. Severus apretó los labios con fuerza, comenzó a respirar con velocidad y una fina capa de sudor bañó su frente. Pero aquella pequeña victoria por parte de ella no duró demasiado porque él se apresuró a apartar rápidamente las manos de ella e, inclinándose, volvió a atacarla con su boca. Severus dejó que su lengua vagara libremente por la piel suave. Hermione estuvo a punto de gritar pero se llevó un puño a su boca para acallarlo. ¡Merlín, mantener silencio era imposible!
Pero, nuevamente, se detuvo antes de que ella pudiera alcanzar la cima del placer. Gruñó con molestia y él no hizo más que sonreírle. El placer que la inundaba estaba volviéndose cada vez más salvaje y estaba considerando sinceramente abalanzarse sobre él. Afortunadamente, Severus tampoco deseaba aguardar más. Se llevó las manos a la bragueta de su pantalón y lo desabrochó rápidamente. No hizo más que eso, no se desvistió y, apremiándola para que abriera aún más las piernas, la penetró con cuidado. Hermione tiró la cabeza hacia atrás y gimió en voz alta. Su mente no procesó a tiempo la orden que él le había dado momentos antes de mantener silencio y cuando lo hizo ya era demasiado tarde. Él comenzó a moverse con suavidad pero esta vez Hermione intentó no gemir tan alto. Severus también estaba haciendo un terrible esfuerzo para mantenerse enfocando y no soltar gruñidos de placer. Pero cuando ella llegó al orgasmo todo su esfuerzo anterior fue en vano porque se movió más rápidamente y, olvidándose de todo excepto de cuanto la deseaba y amaba, terminó dentro de ella rugiendo del placer, enredando sus dedos con fiereza entre los pliegues de la falda que Hermione aún usaba.
