Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Capítulo veintidós

Hermione se encontraba acostada boca abajo en la cama, con sus manos bajo la almohada en que se apoyaba su cabeza y una sábana cubriéndola de sus caderas hacia abajo. Severus sólo se dedicaba a delinear con sus dedos la línea de su columna. Ahora sí estaba completamente desnuda, al igual que él. Habían hecho el amor nuevamente, pero con más calma y, esta vez, en la cama.

Ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que se habían dicho que se amaban. Y por más cursi y romántico que eso pudiera sonar (añadiendo la advertencia de Severus que él no era ninguna de las dos cosas) todo eso le encantaba. Él se inclinó y depositó un beso en el medio de su espalda haciéndola estremecer.

—Tengo hambre—se quejó Hermione cuando sintió que su estómago comenzó a rugir rompiendo la calma del momento.

Severus detuvo sus caricias y se levantó de la cama para empezar a vestirse. Hermione giró, cubriéndose con la sábana y lo contempló con curiosidad.

—Vamos, vístete—le dijo él mientras se colocaba encima una camisa negra y le tendía otra suya a ella.

—¿Por qué?—inquirió Hermione tomándola.

—¿A caso no tenía apetito? Vamos a la cocina a buscar algo. Es tarde para andar llamando a los elfos. Y considerando que ninguno de los dos se alimentó en todo el día y la actividad que hemos estado haciendo…

Hermione contuvo sus comentarios y la risa. ¿Snape adentrándose clandestinamente a la cocina con ella para robar comida?

—Entendí—indicó ella mientras se colocaba la camisa de Snape que le llegaba a la mitad de sus muslos.

Ella se estaba por colocar la falda y sus zapatos pero Severus la detuvo diciendo que sólo se irán por un momento, que era tarde y que nadie los descubriría. Y Hermione le creyó. Pero en ese momento no supo que, de eso, sucedería lo contrario.

Salieron del cuarto y fueron a la parte principal de su despacho donde, con un movimiento de varita, Severus abrió la puerta.

—¡Estaba cerrada!—exclamó Hermione con asombro.

—Por supuesto que sí. ¿Acaso crees que me arriesgaría a que nos descubrieran?—dijo él con una sonrisa burlona en sus labios.

—¡Me mentiste!

—Fue sólo una mentira piadosa—dijo Severus mientras tiraba de su mano para hacerla avanzar por el pasillo.

Llegaron a la cocina más rápido de lo que ella hubiera imaginado. Aunque tal vez había sido porque Severus apresuró el paso a medida de que ella seguía despotricando contra él por haberla engañado de aquel modo. Finalmente, cuando llegaron, el decidió que el modo más práctico de callarla sería colocándole comida en la boca. Hermione se dedicó a comer en silencio el sándwich que él le había preparado pero no dejaba de mirarlo fijamente.

—¡Está bien, Hermione, lo siento!—exclamó frustrado e incómodo por la forma en que ella lo miraba—No pensé que te enfadaras por tan pequeña cosa.

Pero ella negó suavemente con la cabeza mientras tomaba un trago de jugo de calabaza.

—No estoy enojada por eso—le contestó finalmente—Bueno, tal vez un poco pero no tanto. Es sólo que… jamás imaginé que pudiéramos estar haciendo esto.

—¿Esto? ¿A qué te refieres con esto?

—A romper las reglas. Se supone que las relaciones de profesor-alumna están prohibidas… además de salir tan tarde a dar vueltas por el castillo.

Severus suspiró. Ella era muy inteligente como para no darse cuenta del cambio que había sucedido en él así que decidió confesarle la verdad.

—Te recuerdo—musitó.

Ella frunció el ceño confundida.

—Eso es imposible. Antes de irte te borraste la memoria. No deberías recordar nada.

—Hice trampa—confesó con la cabeza gacha como si fuera un niño al que lo estuvieran reprendiendo severamente—Tomé la poción pero vi tu rostro antes de que volver. Se lo pedí a Dumbledore y él aceptó: me dejaría marchar con ese simple recuerdo—hizo una pausa y alzó la vista hacia donde se encontraba ella y acarició su mejilla—Toda mi vida pasé recordando tu rostro. Antes no comprendía de lo que se trataba pero ahora sí… Siempre creí que era un sueño.

Hermione sonrió dulcemente mientras se inclinaba para depositar un dulce beso en sus labios.

—Veo que al fin se reconciliaron—dijo una voz en la entrada de la cocina.

Hermione se levantó de un salto y rápidamente se ocultó detrás de Severus que se había parado e intentaba que Dumbledore no viera como estaba vestida la joven. Pero el anciano no parecía darse cuenta de la incomodidad de ellos; simplemente sonrió y se les acercó.

—¡Mi plan funcionó!—exclamó con orgullo—Espero que ninguno lo arruine porque no se imaginan lo difícil que es traer a las personas del pasado.

Severus lanzó un bufido lleno de exasperación.

—Sí, si, su plan funcionó. Ahora, ¿Podría marchar…?

—¿Alguno quiere sorbetes de limón?—preguntó interrumpiendo a Severus—Se que es tarde pero no hay ningún mal momento para tomar un delicioso…

—¡No! ¡Nos marchamos!—exclamó Severus mientras arrastraba a Hermione que, a pesar de estar avergonzada, no dejaba de reír divertida.

Harry y Ron rodearon a Ginny acorralándola en un pasillo. Ella había estado evitándolos todo el día anterior para que ninguno de los dos le hicieran preguntas incómodas sobre Hermione. Su amiga había ido a ver a la pelirroja y la había hablado entre susurros, a prisa, sin que ninguno de los dos alcanzara a escuchar nada más que un simple: "Se ha ido". Y Harry enseguida se había dado cuenta de que estaban hablando del supuesto sobrino de Snape a quien no habían vuelto a ver desde el día anterior. Y tampoco a Hermione quien después de hablar con Ginny había salido corriendo.

En el Mapa del Merodeador, que había revisado Harry, el nombre de Hermione aparecía junto al de Severus Snape, en el despacho de éste último. ¿Qué quería decir eso? Harry y Ron estaban preocupados por ella y ya iba siendo hora que se enteraran de qué rayos estaba sucediendo.

Ginny sacó su varita y los apuntó con ella. Ambos la miraron con cierto temor.

—¡Ya déjenme en paz!—exclamó la joven—No les diré nada porque será Hermione quién les contará.

—No lo entiendes, Ginny–le dijo Harry sin dejar de mirar fijamente la varita que no había dejado de apuntarlos—Vi que está en el despacho de Snape… ¿Qué rayos hacía allí? ¿El estúpido la castigó?

En el rostro de Ginny apareció una especie de sonrisa pero que procuró borrar rápidamente.

—Ginny, estamos preocupados—dijo Ron—Sólo queremos saber si está bien y sabemos que ella te contó algo.

—Está bien—les aseguró ella—Se los aseguro. Hermione esta… mejor que nunca antes. Está con Snape porque… él… Eh.. ellos tienen que… hablar y… hacer otras cosas.

—¿Y de qué van a estar hablando esos dos?—preguntó Ron confundido.

Pero Harry no tardó en comprenderlo. Por lo menos una idea vino a su mente pero no era muy agradable de imaginar. ¿Hermione y Snape?

—¡Por Merlín!—exclamó con cierto espanto.

—¿Qué sucede?—preguntó Ron sin comprender.

—¡Nada!—exclamaron Harry y Ginny a la vez.

—Pero…

—Dejemos que Hermione nos explique—indicó Harry no queriendo creer aquello y sin decir más se dio media vuelta y se marchó.

Ron miró a Ginny que tenía una tenue sonrisa en sus labios y había vuelto a guardar su varita.

—Tu me dirás qué es lo que pasa—le ordenó a su hermana.

Ginny lo miró sin poder creer lo lento que era su hermano para aquellas cosas.

—Ron, Hermione está ocupada en el despacho de Snape haciendo el amor con él. ¿Eso fue lo suficientemente claro para ti?

Y antes de que Ron pudiera reaccionar después de lanzarle semejante noticia, se marchó hacia el lugar a donde había ido Harry.

Hermione notó que sus amigos estaban comportándose de manera extraña y no tardó en adivinar la razón de su comportamiento. Miró a Ginny y ella le confirmó sus sospechas haciendo una mueca de disculpas y asintiendo con la cabeza. Lanzando un suspiro, se volvió hacia sus amigos para aclarar la situación.

—Chicos, tenemos que hablar—les dijo.

Ambos miraron a su alrededor con nerviosismo, como buscando una salida de aquella situación, pero no encontraron ninguna. Estaban sentados bajo un árbol en los jardines del castillo y los pocos alumnos que se encontraban allí disfrutaban, como ellos, del hermoso día de sol y la suave brisa que soplaba.

Ron parecía el más perturbado de los dos. Hermione estuvo a punto de reír a carcajadas a causa de la expresión de pánico que éste tenía pero luego sintió cierta compasión por él.

—Lo amo—explicó.

—¿A quién amas? Porque yo no sé de quién estás hablando—contestó Ron hablando rápidamente—Podríamos suponer que se trata del murciélago pero no puede ser él… sólo pasaste el día de ayer con él encerrada en su despacho… pero eso no quiere decir nada porque sería…

—Ron—lo llamó ella con calma.

—¿Qué?

—Lo amo—repitió.

—Ah.—fue todo lo que dijo él.

Harry, por su parte, había estado esperando esa confesión y se había preparado mentalmente para recibirla. Pero en ese momento no le sirvió de mucho. Él no había dicho nada por el simple hecho de no saber qué decir. Veía a Hermione con una reluciente sonrisa en su rostro y comprendía que ella era feliz. ¿Acaso tendría la desconsideración de arruinarle su felicidad expresándole sus temores y criticando su decisión? No, no podría hacerlo.

—Espero que él te ame—dijo intentando sonreír—Y que no sea tan necio como siempre.

Hermione rió.

—Puedo asegurar lo primero… pero lo otro dudo seriamente que suceda—les dijo y luego se lanzó a abrazarlos—Gracias, chicos.