Los derechos : Los personajes y las situaciones de la obra de Go Nagaï y de los animes Mazinger Z, Gran Mazinger, Grendizer, y que se encuentran en esta ficción, son la propiedad de sus autores.


Esta historia es la traducción de mi ficción francesa "D'un monde à l'autre". Soy francesa y me disculpo si cometo faltas en español.


18. Un encuentro inesperado

Cuando penetraron en la atmósfera de Ruby, el hombre encargado de la vigilancia espacial se puso en contacto inmediatamente con los terrícolas ordenándoles que se presentasen, cosa que Koji hizo a continuación.

« Me llamo Koji Kabuto. Mi colega Dahashi y yo, venimos del planeta Tierra. Somos amigos del príncipe de Fleed y estamos buscándolo. »

Tras el largo silencio que siguió a la declaración del muchacho, éste, intrigado, volvió a preguntar.

« ¿ Ustedes nos han recibido ? Somos terrícolas y…

- Sí, por supuesto que les hemos recibido, le interrumpió su interlocutor. ¿ Así que son amigos del príncipe de Fleed ? Muy bien, van a aterrizar, les facilitaré las informaciones necesarias y las principales características de Ruby. »

El hombre enunció entonces una serie de cifras ; los pilotos dedujeron de ello que podían prescindir de su traje anti G en el suelo del planeta y Koji dirigió el Cosmos Espacial hacia la pista de aterrizaje indicada. Cuando el aparato hubo aterrizado, los dos hombres salieron vestidos con su traje de vuelo y equipados con un cinturón que tenía una pistola láser y un cuchillo. Los hombres vestidos con uniforme les esperaban y apuntaron sus armas hacia los terrícolas en cuanto pusieron pie en tierra.

« ¡ Eh ! exclamó Koji sorprendido por esta acogida. ¿ Qué significa esto ?

- Lo siento, le respondió uno de los hombres presentes, no vamos a hacerles daño pero debemos asegurarnos que no son enemigos. Entréguennos sus armas y sígannos tendrán que permanecer el tiempo que podamos comprobar la exactitud de sus declaraciones.

- ¡¿ Qué ?! se ofendió el terrícola. Hemos hecho un largo viaje para ver al príncipe y a la princesa de Fleed, no deseamos esperar. ¡ Condúzcannos inmediatamente hacia ellos !

- Koji, le señaló Dahashi, estos señores deben hacer su trabajo. »

El piloto lanzó un suspiro de contrariedad pero estaba de acuerdo con lo que le había dicho Dahashi y obedeció a las órdenes del encargado de seguridad.

« De todas formas, continuó el rubiniano observándolo y esbozando una mueca asqueada, si sus altezas reales se dignan recibirles, antes será necesario que se laven y se cambien de ropa.

- ¿ Si sus altezas reales se dignan recibirnos ? repitió el muchacho desconcertado. ¿ Qué quiere decir eso ? No veo por qué Daisuke y María…

- Vale, le interrumpió de nuevo Dahashi, no te olvides que aquí nuestros amigos están considerados como soberanos. »

Koji lanzó un suspiro más profundo que el de la primera vez, pero no añadió nada. Comenzaba a impacientarse y se preguntó cuánto tiempo aún debería esperar antes de poder entrevistarse con sus amigos. Siguió a los rubinianos de mala gana hasta su oficina, en donde un hombre ordenó a los terrícolas que se colocaran delante de una cámara con el fin de fotografiarlos. Durante todo el tiempo que duró la toma de imágenes, Koji y Dahashi observaron a los hombres que les rodeaban. Sus ojos eran negros mientras que su cabellera, que les llegada hasta la base del cuello, era de color oscuro, violeta, verde o azul.

En una de las habitaciones reales del palacio, Daisuke observaba como María se contemplaba en el espejo bajo la mirada admirativa de las dos criadas presentes. La muchacha se dio la vuelta hacia su hermano, se subió su larga cabellera rojiza que sujetó con sus manos encima de la cabeza al estilo de un moño, y le interrogó lanzándole una pícara sonrisa.

« ¿ Bueno, Daisuke, qué te parece mi nuevo vestido ? Dudé mucho sobre el color de tejido que serviría para confeccionarlo y aún me sigo preguntando si hice la buena elección.

- Te va de maravilla, le respondió el príncipe acercándose a ella y rodeándole la cintura con sus manos. El azul del tejido se armoniza maravillosamente con el azul de tus ojos. ¿ Sabes hermanita que has crecido desde hace unos meses ? Te has convertido en una mujercita y una verdadera princesa. No ha debido resultar fácil habituarte a las exigencias de la corte y tengo la impresión de que lo consigues bastante bien a pesar de algunos percances de vez en cuando, incluso has conseguido que se flexibilice el protocolo, me siento orgulloso de ti. »

A estas palabras, María dejó de sonreír y se soltó del abrazo de su hermano lanzando un suspiro. Daisuke comprendía muy bien las causas del súbito cambio de actitud de su hermana. Sabía que si ésta había podido obtener algunas satisfacciones relativas a las reglas de conveniencia instituidas en la corte, esto se debía en gran parte al interés que tenía por ella el hijo del rey de Ruby, que había intercedido en su favor ante sus padres. En efecto, el heredero del trono había quedado seducido por el encanto de la joven fleediana desde la primera vez que la vio, y no había tardado en declararle su pasión pidiendo su mano a su hermano. Si Daisuke no hubiera pasado varios años en la Tierra, seguro que habría respondido inmediatamente de modo afirmativo ; el joven y seductor príncipe rubiniano resultaba ser un partido ideal para una princesa cuya tierra natal seguía presentando un futuro muy dudoso. Pero el antiguo palafrenero que se había codeado con otros modos de vida deseaba que su hermana tomara por sí sola la decisión de acuerdo con sus sentimientos.

« No soy yo la que conseguí estas flexibilizaciones, le recordó María haciendo una mueca. Si el príncipe no estuviese enamorado de mí, nada hubiera cambiado.

- ¿ Qué decisión piensas tomar acerca de su petición de mano ? »

María no respondió inmediatamente a la pregunta de su hermano. En efecto, el príncipe le parecía muy seductor, y el interés que mostraba por ella no la dejaba indiferente, pero no se sentía suficientemente segura de sus sentimientos para tomar una decisión que la comprometiese para toda su vida. Además, al haber sido educada en la Tierra, nunca había previsto casarse tan joven. A pesar de que no podía negar que el hecho de ser cortejada por su seductor pretendiente le resultaba muy agradable, por el momento no se sentía capaz de tomar una decisión.

« Todo había pasado tan deprisa, respondió al final. Nuestra partida de la Tierra y la separación de nuestros amigos, nuestra llegada aquí, el combate al que tuvimos que enfrentarnos contra los ocupantes de Ruby, el regreso de los soberanos legítimos al trono y esta petición de mano casi inmediatamente después nuestra victoria, esta nueva vida tan diferente de aquella otra que conocí en el planeta azul… Además…

- Además, te gustaba mucho Koji ¿ no es cierto ? la hizo rabiar Daisuke sonriendo.

- Es verdad, reconoció la muchacha sonriendo al mismo tiempo. Por otra parte, me pregunto lo que será de él. Sabes, lo echo en falta, y Hikaru también, así como tu padre, Goro, Makiba y todos los demás. »

María se calló de repente sintiendo como le invadía una cierta nostalgia. Cierto es que echaba de menos a sus antiguos amigos, extrañaba mucho la vida en la Tierra, y aunque su actual existencia presentaba el atractivo de la novedad en un primer tiempo, comenzaba a experimentar que ésta se asemejaba más que nada a una prisión. Una prisión dorada desde luego, en la que se le admiraba y adulaba, pero recordaba la libertad de la que había gozado en otra época. No obstante, era princesa de Fleed y ante todo quería cumplir con su deber ; se había esforzado para adaptarse a su nuevo modo de vida y, aunque en el fondo no había cambiado, había madurado y se sentía orgullosa de los resultados obtenidos. Todo esto era cierto pero había algo más, la vida en la corte le había revelado una parte de ella misma de la que no se había dado cuenta antes de confrontarse a ello. A pesar de que había crecido en la Tierra sin ningún recuerdo de su vida en Fleed, aunque no estaba al tanto de su condición principesca en la época en la que vivía junto a su abuelo, del que ignoraba que era su recaudador, en su alma siempre había sido princesa. Sin duda alguna, ésta era la razón por la que antaño le gustaba rodearse de amigos que la admiraban, que ya tenía gustos pronunciados por los bonitos vestidos y las joyas, que apenas se ocupaba del precio que todo esto podía costar y que había tratado a Koji de modo arrogante en varias ocasiones : era su Gracia la princesa María de Fleed y, en adelante, ya sabía que esta parte de sí misma no podría renegarla nunca. No obstante, se sentía dividida entre su vida de antes y las exigencias de su puesto actual. Cuando Daisuke decidió abandonar la Tierra para intentar volver a dar vida a su planeta nativo, ella lo había seguido como algo evidente, pero esta decisión no era verdaderamente la suya y experimentaba la necesidad de tomar el tiempo de efectuar una elección que fuese verdaderamente suya, siendo consciente de lo que ello implicaba. Es decir, aún no sabía muy bien donde se encontraba con todos esos cambios que habían jalonado su vida.

« Daisuke, declaró repentinamente a su hermano, cuando estemos en Fleed, deseo que cambiemos nuestra manera de vivir, no quiero una monarquía basada en conveniencias y reglas demasiado estrictas, deseo recobrar una cierta libertad, la que nos cuesta mantener aquí. »

El príncipe asintió con una señal de cabeza preguntándose al mismo tiempo si un día podrían establecerse verdaderamente en su planeta nativo. Es cierto que mantenía la esperanza, pero sólo lo haría si el equipo de expertos enviado a Fleed podría garantizarle que no haría correr ningún riesgo a su pueblo. En caso contrario, debería encontrar otra solución pero no veía lo que podría prever como satisfactorio y esta incertidumbre le pesaba.

Los golpes que sonaron en la puerta interrumpieron sus reflexiones, una de las criadas abrió la puerta y una muchacha que llevaba un pequeño maletín en la mano entró en la habitación, hizo una reverencia y se acercó a la joven fleediana.

« Creo comprender que nuestro médico se ha ausentado, declaró ésta a la recién llegada.

- Sí, princesa María, le respondió ésta última, pero estará de regreso en la corte mañana. Yo soy quien le reemplaza, como cada vez que se ausenta. Me pidió que pasara para verle.

- Voy mejor, precisó la muchacha. Nuestro médico se preocupa demasiado de mí, sólo era un simple dolor de garganta sin gravedad.

- Bueno, te dejo con Orana, intervino el príncipe. Hasta luego hermanita.

- Hasta luego Daisuke », le respondió María con una gran sonrisa.

Las dos criadas abrieron la puerta, el muchacho salió seguido por las dos muchachas, quienes se quedaron en el pasillo para esperar el final de la consulta. El príncipe se alejó, debía entrevistarse con el soberano de Ruby y varios de sus homólogos con respecto a las próximas acciones que debían emprenderse para la reconstrucción de los mundos recientemente liberados del yugo de Vega. Cuando penetró en el despacho del rey, éste le brindó una cálida acogida.

« Mi querido amigo, le declaró sonriéndole, tengo algo que contarle que no le dejará indiferente. Han llegado dos hombres a bordo de una nave espacial, declaran venir del planeta Tierra en el que usted residió durante varios años. Su objetivo consiste en entrevistarse con usted.

- ¿ Qué ? exclamó el príncipe horrorizado. ¡ Pero no es posible !

- A mí también me parece algo curioso, le respondió su interlocutor mientras le entregaba unas fotografías. Por esta razón desearía que los identificase. »

Perturbado, Daisuke se serenó y los observó abriendo los ojos de par en par de estupefacción.

« Koji, Dahashi, murmuró desconcertado. ¡ Es increíble ! ¿ Cómo pueden estar aquí ? »

Así fue como horas más tarde los dos terrícolas fueron escoltados hasta el palacio a bordo de un vehículo rubiniano. Cuando penetraron en la residencia real, los dos quedaron deslumbrados por la belleza del lugar. El suelo estaba constituido por un material que recordaba el mármol rosa, arabescos plateados adornaban las paredes de las que estaban colgados bonitos cuadros, las ventanas de los pasillos que habían atravesado tenían vista a espléndidos jardines. Cuando entraron en la sala del trono, Koji percibió inmediatamente a Daisuke sentado en un asiento lujoso recubierto de terciopelo azul y, sin prestar atención a la pareja real, se lanzó hacia su amigo bajo la mirada asombrada de Dahashi.

« ¡ Daisuke ! exclamó. ¡ Por fin te he encontrado ! »

Pero apenas había dado tres pasos que los dos guardias se interpusieron en su camino, con las armas de rayo láser en la mano.

« ¡ Alto ! le íntima uno de ellos. ¡ No se acerque a los soberanos, debe permanecer a distancia ! »

Koji iba a responder cuando Daisuke se levantó y se dirigió hacia el trío.

« Vale, gracias, intervino dirigiéndose a los rubinianos, déjenle, es un amigo, no tenemos nada que temer de él. »

Los dos hombres retrocedieron con aire desaprobador pero se abstuvieron de pronunciar la más mínima palabra. Daisuke y Koji se encontraron cara a cara y se miraron tan emocionados uno como otro. Sentados en el trono, el rey y la reina no habían hecho el menor movimiento ; observaban la escena con interés.

« No llego a creer que estés aquí, articuló el fleediano colocando sus manos sobre los hombros de su amigo, cuya sonrisa traducía la alegría que experimentaba. Ven, voy a presentarte. »

Los dos hombres se dieron la vuelta hacia los soberanos y se acercaron al trono seguido de Dahashi. Los dos terrícolas se inclinaron, luego Daisuke los presentó. El rey les manifestó su gratitud por haber prestado ayuda al príncipe de Fleed en su lucha contra los invasores, luego les sugirió retirarse con el fin de encontrarse entre amigos.

Los dos terrícolas siguieron al príncipe por los pasillos del palacio y los tres se instalaron en uno de los salones que se encontraba estar vacío en aquel momento del día. Daisuke les informó que cuando llegaron a Fleed, habían encontrado supervivientes, pero que una gran parte de ellos sufrían distintas enfermedades probablemente debidas a las radiaciones, o al menos a la situación precaria en la que se habían encontrado después del ataque vegiano. Daisuke y su hermana se habían vuelto a ir a bordo de Grendizer con el fin de buscar ayuda en los pueblos cuyos planetas no habían sido víctimas de una destrucción tan importante como la suya, y así es como llegaron a Ruby donde tuvieron que luchar junto a los rubinianos para liberarlos de las tropas veganas. No obstante, la victoria había sido relativamente rápida debido a que el ánimo de sus enemigos había sufrido un duro golpe cuando se habían enterado de la muerte del rey Vega y de su hija ; no habían opuesto mucha resistencia. Luego, los distintos pueblos de los mundos que fueron víctimas de la locura de Vega decidieron ayudarse mutuamente. En particular, los supervivientes de Fleed y Morru, así como una buena parte de los presos del planeta Red Ghost habían sido acogidos en Ruby, con el fin de recibir asistencia médica. Pero frente al número de personas que debían ser atendidas y las infraestructuras por reconstruir, todo el mundo estaba sumergido de trabajo. Los veganos que querían impedir todo riesgo de comunicación entre los pueblos de los distintos planetas anexados, habían destruido los aparatos que permitían comunicar a larga distancia y sólo utilizaban aquellos que se encontraban a bordo de sus platillos, lo que explicaba que Daisuke aún no había podido dar noticias suyas. Los terrícolas informaron entonces lo que había motivado su viaje, luego Daisuke mando llamar a María.

« No le advertí de vuestra llegada, les informó. ¡ Se va a sorprender ! »

Cuando la princesa penetró en el salón y descubrió los recién llegados, permaneció unos momentos muda de estupor pero no fue la única. Los dos terrícolas quedaron subyugados por la encantadora mujer que tenían en frente y en un primer tiempo, no pudieron pronunciar ni una palabra. En efecto, siempre habían pensado que María era guapa pero, durante esos meses, había cambiado y se había convertido en toda una mujercita. Además, el vestido y las joyas que llevaba realzaban su belleza. Koji, en particular, no llegaba a creérselo y, constatando su consternación, Daisuke no pudo impedirse de sonreír divertido. Después, repentinamente, la muchacha se recuperó y se dirigió hacia el piloto.

« ¡ Koji ! ¡ Tú ! ¡ Aquí ! exclamó dirigiéndose a él. No me lo puedo creer.

- María, murmuró el muchacho emocionado. Me siento tan feliz al verte…»

La muchacha colocó sus manos sobre los antebrazos de su interlocutor ; necesitaba tocarlo, asegurarse de que era verdaderamente real, estar segura de que no soñaba, pero éste retrocedió inmediatamente y no pudo impedirse hacer una mueca de dolor.

« ¿ Pero qué te pasa ? le preguntó la princesa a la vez sorprendida e impaciente.

- No pasa nada, se apresuró a responderle. Solamente me duele un poco el brazo.

- ¿ Te duele un poco el brazo…? repitió la fleediana incrédula. ¡ Pero apenas te he tocado y me ha parecido que te dolía mucho !

- ¿ Desde cuándo te duele el brazo ? preguntó Daisuke perplejo.

- Debí luchar contra un monstruoso animal que amenazaba a una muchacha en Fleed y me caí encima del brazo durante el combate. Pero no es nada, no te preocupes.

- ¿ Una muchacha ? repitió Daisuke, asombrado. ¿ Estás seguro ?

- Sí, confirmó el piloto. ¿ Por qué ? Parece sorprenderte.

- Había insistido para que en el equipo de expertos no hubiera ninguna mujer, renegó el príncipe. Discúlpaos, debo comprender, os volveré a ver más tarde. María, ocúpate de él. »

Daisuke salió de la habitación rápidamente mientras la princesa pulsaba un botón bajo la mirada sorprendida del terrícola. Unos segundos más tarde, una criada entró e hizo una reverencia.

« ¿ Sabe si Orana todavía sigue aquí ? preguntó la muchacha.

- Pienso que sí, Princesa, le respondió la criada. Creo que su marido aún no ha venido a buscarla.

- Entonces hágala venir, este hombre necesita asistencia médica.

- ¿ Eh ? exclamó Koji mientras se retiraba la rubiniana. Voy bien, no necesito nada, es inútil…

- ¿ Ah sí ? respondió María cogiéndole del brazo. ¿ De verdad lo crees ?

- ¡ Eh ! ¿ Pero qué te pasa ? gritó el piloto haciendo muecas. ¡ Me haces daño !

- Esta es la razón por la que vas a ver a un médico, continuó la fleediana con un tono determinado. ¡ Es inútil discutir, es una orden !

- ¿ Qué ? respondió el terrícola sofocado. Escúchame bien María, quizá puedes dar órdenes a quienes quieres aquí pero a mí no…

- Definitivamente, le interrumpió ella mirando al cielo, ¡ sigues siendo el mismo : ¡ un campesino ! ¡ Te ofrezco el raro privilegio de que te asista un médico de la familia real y tú, te haces el difícil !

- El raro privilegio de…, repitió el muchacho que no creía lo que estaba oyendo. Pero ¡ qué cosas hay que escuchar ! ¿ Tu estatuto de princesa se te sube a la cabeza o qué ? »

Bajo la mirada hastiada de Dahashi, los muchachos continuaron peleándose hasta que llegó el médico que puso un punto final a su debate. Cuando entró la rubiniana, hizo una reverencia y luego levantó los ojos y cruzó la mirada del terrícola que la observaba con un aire sospechoso ; no pudo impedirse pensar que parecía muy joven para haber tenido tiempo de hacer estudios de medicina, incluso admitiendo que estos estudios durasen menos tiempo que en la Tierra. María puso al tanto a Orana de la situación y le pidió que llevara a Koji a la enfermería con el fin de examinar su brazo. Mientras la princesa hablaba, la doctora siguió sosteniendo la mirada del muchacho que, perturbado por la intensidad de esos ojos negros que lo fijaban con tanta fuerza, no llegaba a romper el contacto visual. Cuando María se calló, el médico invitó al piloto a seguirla.

« ¡ Eh !…, balbuceó este último aún perturbado, le garantizo que es inútil y…

- ¿ Dudaría usted de mis capacidades ? », le interrumpió Orana esbozando una sonrisa.

Koji enrojeció bajo la insinuación, lanzó una ojeada a María que parecía divertirse mucho y luego suspiró dirigiéndose hacia la puerta del salón seguido de la doctora. Inútil resistirse a esa cría que era la hermana de Daisuke, de todos modos tendrá la última palabra, así que será mejor terminar lo más rápidamente posible. Durante el trayecto hacia la enfermería, el piloto observó a la muchacha a hurtadillas. Se asemejaba a los otros representantes del pueblo rubiniano con los que se había cruzado desde su llegada. Su piel era muy blanca y sus ojos de un negro intenso, su cabello púrpura oscuro le llegaba hasta la base del cuello, algunos mechones más largos que el resto de su cabellera le recordaron el peinado del comandante Mineo, una rubiniana que había conocido en la Tierra y a pesar del hecho de que no se acostumbrara a este tipo de físico, la encontraba encantadora. Llevaba un vestido blanco que le llegaba hasta debajo de la rodilla con mangas anchas de tres cuartos. Una vez llegado a destino, le pidió al muchacho que se quitara la parte alta de su traje y se acostase en la cama. La doctora se sentó cerca de él y le palpó el brazo, seguidamente le tranquilizó sobre su estado.

« Se trata de un problema muscular, le indicó, pero nada grave a pesar del dolor que sentía. Voy a darle un masaje con un aceite de mi composición. Cierre los ojos y relájese, me parece muy nervioso. »

Ofendido de que la muchacha se hubiera dado cuenta de su estado tan fácilmente, Koji obedeció sin pronunciar la más mínima palabra. Poco después, sintió como ella aplicaba el aceite sobre su piel y comenzaba a darle un masaje. Sus músculos se relajaron rápidamente bajo los dedos expertos de la rubiniana ; los gestos eran precisos y eficaces que ponían de manifiesto un control evidente del tacto terapéutico, de modo que el muchacho terminó concluyendo que sus primeras sospechas no estaban justificadas probablemente. Por otra parte, cuando terminó, incluso se sorprendió de echarlo en falta. Abrió los ojos y cruzó la mirada de Orana que le perturbó tanto como la primera vez, pero no tuvo tiempo de alargarse en el tema ya que comenzó a hablar.

« Dígame Koji, le interrogó ella sonriendo. Me permite que le llame Koji ¿ verdad ?

- Claro… sí…», farfulló este último bastante sorprendido.

El muchacho no pudo añadir nada más, no podía quitar sus ojos de la cara que estaba inclinada sobre él y la perturbación que experimentaba intensificaba a medida de los segundos que iban pasando.

« ¿ De dónde viene Koji ? preguntó la rubiniana. Manifiestamente no es nativo de este planeta, eso se ve en su físico. A pesar del hecho de que usted pudiera eventualmente pasar por un nativo de Fleed o Morru, el examen muscular lo contradice. Bueno ¿ de dónde viene usted ?

- Del planeta Tierra, respondió maquinalmente el muchacho aclarando la voz con el fin de disimular su perturbación. Está… está muy lejos de aquí. En realidad, sólo estoy de paso, no voy a tardar en irme.

- ¡ Oh !, ya lo entiendo mejor, continuó Orana. Bueno, voy a tener que dejarle, me están esperando. »

A Koji se le encogió el corazón tras estas últimas palabras ; a Orana le estaban esperando, y él sabía quién : la sirvienta había hecho alusión a su marido. La doctora añadió que el médico oficial de la corte, regresaría al día siguiente, y a él debería dirigirse el muchacho en caso de que su brazo necesitase cuidados suplementarios. Cuando le dijo adiós, la boca del terrícola se negó a pronunciar la más mínima palabra y sólo pudo articular unas ligeras gracias. La muchacha salió entonces de la habitación y Koji sintió como le invadía una impresión de vacío. Su pecho se comprimió, sintió como sus ojos se humedecían, hubiera deseado tanto que permaneciese un poco más de tiempo junto a él ; apenas se había separado de él que ya la echaba en falta dolorosamente. Se sentó en la cama y se sujetó la cabeza entre sus manos ; ¿ qué le pasaba ? No comprendía, nunca había experimentado ese tipo de atracción hacia una mujer, ni siquiera hacia Misato, y el hecho de que hubiera sucedido tan repentinamente le perturbara profundamente. Lanzó un gran suspiro, levantó la cabeza y dirigió su mirada hacia la puerta ; era necesario que se levantase, que abandonase esa habitación, que se reuniese con sus amigos para los cuales había efectuado un largo viaje, pero todo eso le parecía ahora tan ridículo frente a la carencia que experimentaba. Permaneció allí sin moverse durante unos minutos, la mirada vacía y el corazón triste, luego decidió repentinamente animarse. ¡ Era necesario que olvidase a esa muchacha ! ¡ Qué olvidase la turbación que le provocaba y que saliese de la enfermería lo más deprisa posible ! Se levantó de un salto, salió al pasillo y preguntó su camino a la primera sirvienta que se le cruzó sin dudar que esta brusca decisión se asemejara más a una fuga que a otra cosa.

Cuando penetró en el salón del que había salido treinta minutos antes, el muchacho constató que María y Dahashi ya no estaban allí, pero Daisuke le esperaba. El príncipe le dijo que su hermana había vuelto a sus apartamentos con el fin de prepararse para la cena y propuso al terrícola que le acompañara a la habitación que le habían reservado y en la que podría cambiarse. Terminó anunciándole que partiría para Fleed dos días después a bordo de Grendizer.

« ¿ Te vas para Fleed ? repitió Koji incrédulo. ¿ Pero qué vas a hacer allí ?

- Me he informado, le anunció Daisuke con aire preocupado. No se ha enviado a ninguna mujer a mi planeta y todos los supervivientes fueron evacuados. Quiero saber quién es la que viste allí y cómo llegó.

- ¡ Bueno, entonces, voy contigo ! respondió espontáneamente el terrícola intrigado por lo que acababa de decirle su amigo. Esto me parece curioso efectivamente, no quiero que vayas solo.

- No, me desenvolveré, va a ser necesario que regreses a la Tierra, mi padre no podrá prescindir de ustedes dos demasiado tiempo.

- Es verdad, reconoció Koji lamentándolo, pero pienso en ello, si me marchase pasado mañana podría acompañarte hasta Fleed y nos separaríamos allí. En lo que se refiere a tu padre, sería necesario que le envíe un mensaje con ayuda del Cosmos Espacial.

- Ningún problema, mandaré que te acompañen después de la comida.

- ¡ Dime ! Con respecto a tu planeta, ¿ piensas verdaderamente vivir allí un día ? »

Daisuke no respondió inmediatamente a la pregunta que le acababan de hacer. Suspiró, se sentó en uno de los asientos y bajó la cabeza. Este problema le perturbaba sin cesar y desgraciadamente, no tenía respuesta.

« No lo sé, terminó por reconocer la voz llena de tristeza. No sé nada de nada pero si no es posible, ¿ qué voy hacer para mi pueblo ? »

Koji lo observó unos instantes, percibió el dolor de su amigo y consideró que esto era muy injusto. ¿ El príncipe ya había sufrido lo suficiente, por qué no podía vivir por fin en paz ? ¿ Por qué no podía ser feliz en su planeta que tanto le gustaba ? Mientras reflexionaba, Daisuke estaba en silencio, el muchacho tuvo repentinamente una idea.

« ¿ Y si volvieras de nuevo a la Tierra ? le propuso. Eso te cambiaría las ideas y complacerá a todo el mundo. Por otra parte, tu padre está construyendo una nave espacial con el fin de ir en busca de nuevos recursos energéticos. A mi regreso, embarcaremos a bordo de Nave Estrellada para explorar un planeta que debería ser habitable. ¿ Por qué no vendrías con nosotros ? Quizá este planeta podría acogerles, en el supuesto de que la vida en Fleed se revelase demasiado aventurada. »

A estas palabras, Daisuke levantó la cabeza. En efecto, su planeta nativo era aquel en el que preferiría establecerse, de eso no cabía la menor duda, pero en caso de que no fuera posible… El príncipe sintió como le ganaba la esperanza, colonizar un planeta inhabitado podía efectivamente ser una solución. ¿ Cómo no había pensado antes en ello ?

« Voy a reflexionar seriamente en tu propuesta, aseguró a su amigo. Y ahora un criado va a acompañarte hasta tu habitación, comienzo a tener hambre, ¿ y tú ? »

Aquella noche, Koji no consiguió reconciliar el sueño. Se sentía feliz y aliviado de haber encontrado a sus amigos sanos y salvos, pero no podía impedirse pensar en Orana. Se iría al día siguiente y no la vería más ; este pensamiento le era doloroso pero sabía que era mejor así, que no era para él puesto que pertenecía a otro. Para tranquilizarse, se dijo que terminaría olvidándola pero tenía al mismo tiempo la sensación de que su vida ya no sería la misma en adelante, que siempre le faltaría algo o más bien alguien. Suspiró, no se había ocupado bien de su vida sentimental hasta entonces y el encuentro con la joven rubiniana le había hecho darse cuenta brutalmente que él también necesitaba amar y ser amado. Sintió como las lagrimas corrían por sus mejillas y no intentó retenerlas. Por primera vez, se sentía verdaderamente solo...

Al día siguiente, Koji no vio mucho a sus amigos fleedianos, que estaban muy atareados con sus obligaciones. Afortunadamente, podía verlos durante las comidas pero apenas tenía la ocasión de charlar con ellos debido a que Dahashi y él no estaban colocados en la mesa reservada a los miembros de las familias reales de Ruby y Fleed. Pasó todo el día errando por los pasillos y los jardines del palacio y comenzaba a aburrirse seriamente ; el tiempo le parecía largo y tenía prisa por volver al planeta azul. Al final de la tarde, poco después de haber regresado a su habitación, un criado le informó que el príncipe de Fleed deseaba verlo y lo condujo a través de los pasillos de la suntuosa residencia hasta los apartamentos principescos. Daisuke le confirmó su partida para su planeta al día siguiente temprano por la mañana y le sugirió que se fuera más tarde por la mañana después de haberse despedido de María. También le comunicó que el soberano de Ruby daba un baile por la noche y que los terrícolas estaban invitados.

« No conozco las danzas de aquí, le señaló Koji, y sobre todo, corro el riesgo de ser ridículo, pero quizá tu hermana me acepte como pareja a pesar de mi incompetencia.

- No, le desengañó el fleediano, no será posible que bailes con ella.

- ¿ Por qué ? se asombró su interlocutor. ¿ Pero por qué ?

- En tiempo normal, quizá hubiera podido ser tu pareja pero el príncipe de Ruby pidió su mano y estaría mal que otro hombre bailase con ella mientras ella no le haya respondido.

- ¿ Mientras no le haya respondido ? repitió Koji confundido. ¿ Pero por qué no le responde negativamente ? ¿ No tiene intención de casarse con él ? Y si lo prevé, ¡ espero que tu lo impidas ! »

Ahora quien se sorprendió fue Daisuke, no comprendía que su amigo pudiera hablarle así, el heredero del trono sería un esposo perfecto para su hermana si ella lo deseaba.

« ¿ Por qué me opondría ? le preguntó.

- ¿ Por qué ? respondió Koji, molesto. ¡ Pero porque es demasiado joven para casarse ! ¿ Pero qué les pasa a las mujeres en este planeta que quieren casarse tan jóvenes ? ¿ Cómo quieres que las parejas duren mucho tiempo en estas circunstancias ? »

Cada vez más sorprendido por los propósitos del terrícola, Daisuke no supo que responder en el momento preciso. Se preguntó por qué el muchacho se ponía en ese estado y pensó lo que podía decirle para calmarle.

« ¿ Qué quieres ? termina por contestar de un tono ligero. El destino de una princesa es casarse con un príncipe y los matrimonios principescos se concluyen a menudo muy pronto en la vida. »

El fleediano había lanzado esta réplica más bien para relajar la atmósfera que para otra cosa pero esto tuvo un efecto completamente opuesto sobre los nervios ya excitados de su amigo. Koji apretó los puños y se avanzó hacia él ; la cólera se reflejaba en su rostro.

« ¡ Ah sí ! lanzó alzando el tono de su voz. ¿ Así es como ves las cosas ? ¿ Y supongo que también consideras que el destino de un príncipe es casarse con una princesa ?

- Vamos, Koji, tranquilízate. ¿ Qué te pasa ?

- ¡ No deseo tranquilizarme ! respondió este último. ¡ Quiero saber, Daisuke ! ¿ Te casarías tú con una muchacha que no fuese noble ? ¿ Una chica que hubiera sido educada en una granja, por ejemplo, y que estuviese perdidamente enamorada de ti desde hace tiempo ?

- Pero bueno, insistió el príncipe desconcertado, ¿ adónde quieres llegar ? No comprendo nada de lo que dices.

- ¿ Adónde quiero llegar ? casi se ahogó el terrícola. ¿ Te atreves a preguntarme eso ? ¡ No me digas que nunca te has dado cuenta que Hikaru te amaba !

- ¿ Hikaru ?… Pero…

- ¿ Eso es todo lo que tienes que decir ? Hikaru te ama y sufre enormemente desde que te marchaste. ¡ Sufre tanto que no se atreve a prever una relación con otro hombre y que corre el riesgo de perder su vida a causa de ello !

- Hikaru…, repitió Daisuke aturdido. Yo… no quiero que sufra, Koji, te aseguro que no quiero, yo la quiero demasiado para eso…, quiero que sea feliz. »

El súbito abatimiento del príncipe tranquilizó al terrícola mejor que cualquier discurso y con una voz más tranquila le dijo que era absolutamente necesario que hablase con la hija de Makiba lo más pronto posible ; Daisuke aceptó con una señal de cabeza.

Koji suspiró, este debate le había agotado, se dirigió hacia la puerta.

« ¡ Oh, Koji ! le lanzó Daisuke.

- ¿ Sí ? respondió éste deteniéndose.

- Lo siento por lo de antes, se disculpó el fleediano, por lo que te he dicho a propósito de la boda de los príncipes, evidentemente bromeaba. No pensaba que eso te afectaría tanto. »

Koji se dio la vuelta y le miró de frente, le fijó unos instantes y luego se dio la vuelta.

« ¡ Déjalo ! » le dijo saliendo de la habitación.

Daisuke se volvió entonces hacia la ventana y se acercó a ella, abrió una contraventana, contempló la puesta del sol en los jardines reales, el aire era suave, las flores cerraban sus corolas, ¡ la naturaleza rubiniana era bella ! Esto le recordó el amor que había experimentado hacia el planeta azul, por su verdor, sus árboles y sus flores.

« Hikaru…, pensó tristemente. ¿ Por qué no has comprendido mi amor ? »

En cuanto se encontró en el pasillo, Koji se adosó contra la pared y cerró los ojos unos instantes. La tensión que había experimentado en los minutos anteriores disminuía poco a poco y ya no comprendía su actitud. ¿ Qué le había pasado para reaccionar tan violentamente a estas observaciones de Daisuke ? No obstante, una cosa era segura : si Orana no se hubiera casado tan joven, si aún hubiera estado soltera, quizá hubiera tenido una oportunidad junto a ella y este pensamiento le era insoportable.

Al día siguiente, los terrícolas se despidieron de la princesa pero María y Koji se prometieron volverse a ver cuanto antes. Ya habían transcurrido varias horas desde que Daisuke se había ido rumbo a Fleed y el piloto del Cosmos Espacial también iba a tomar la misma dirección en cuanto llegará a su aparato. Un vehículo rubiniano esperaba a la salida del palacio, Dahashi subió en él y Koji se dio la vuelta hacia la suntuosa residencia. Con un nudo en la garganta, tuvo un último pensamiento para Orana antes de reunirse con su compañero de equipo, y el chofer arrancó.