Los derechos : Los personajes y las situaciones de la obra de Go Nagaï y de los animes Mazinger Z, Gran Mazinger, Grendizer, y que se encuentran en esta ficción, son la propiedad de sus autores.


Esta historia es la traducción de mi ficción francesa "D'un monde à l'autre". Soy francesa y me disculpo si cometo faltas en español.


19. El regreso

Koji no dijo ni una palabra durante todo el trayecto que le transportaba desde el palacio hasta el aeropuerto donde se encontraba el Cosmos Espacial. Observaba como el paisaje iba desfilando ante sus ojos y reflexionaba sobre lo que le había dicho Daisuke acerca de Stella. Así pues, el príncipe había exigido que ninguna mujer formara parte de la expedición. Esto no le asombraba verdaderamente al terrícola su amigo siempre había querido proteger al género femenino. Recordaba que le había costado mucho tiempo aceptar que Hikaru participase en la lucha contra Vega y que no había querido que el comandante Mineo llevase prendas de vestir militares seguramente, también había deseado evitar que una mujer se expusiera a los eventuales peligros que pudieran sobrevenir en Fleed. Pero, a pesar de todo, la joven científica fue allí. ¿ Por qué y cómo ? Nadie lo sabía.

El vehículo llegó a destino y el piloto interrumpió sus reflexiones. Dahashi y él bajaron y el coche se alejó. Los dos terrícolas se dirigieron hacia la entrada del edificio con el fin de regular los trámites de partida. Cerca de la puerta había dos personas inmóviles, parecían esperar algo o a alguien. Estaban de espaldas a ellos pero debido al color de su cabello, Koji supuso que se trataba de rubinianos. De repente, la mujer se dio la vuelta y el corazón del muchacho se bamboleó ; era Orana. Estupefacto, el piloto se detuvo de repente. ¿ Qué hacía ella allí ? ¿ Por qué tenía que encontrarse de nuevo en su presencia ? ¡ Ahora aún le resultaría más difícil irse !

« Bueno, ¿ vienes ? » le lanzó Dahashi que ya le había adelantado de unos pasos.

Koji no respondió pero continuó avanzando hacia la entrada del edificio, con el corazón en un puño ; no conseguía apartar la mirada de la muchacha.

« ¿ Has visto ? le dijo el investigador. ¿ No es el médico que te curó anteayer ? »

Los dos rubinianos ya se habían acercado a ellos. Koji lanzó una ojeada al hombre de cabello verde que se encontraba frente a él, y después volvió a mirar a aquella que tanto le perturbaba pero no consiguió articular ni la más mínima palabra.

« Koji, le preguntó ella sin ningún preámbulo, ¿ podría hablarte un momento ?

- Claro… sí…, farfulló el muchacho constatando que le había tuteado.

- Me gustaría hablarte a solas », le precisó su interlocutora señalando a Dahashi con la mirada.

A pesar de que esta petición le sorprendió un poco, este último informó a su compañero que le esperase dentro del edificio y desapareció. Koji se encontró solo con los dos rubinianos y la muchacha tomó la palabra.

« A Kerto y a mí nos gustaría ir a tu planeta. ¿ Te importaría llevarnos ? »

El piloto abrió los ojos de par en par sorprendido y durante unos instantes no pudo reaccionar. No esperaba esto. ¡ Llevar a Orana con él, nunca se había atrevido a esperarlo ni siquiera había pensado en ello ! Su corazón se hinchó de alegría pero no duró mucho tiempo ; estaba Kerto. La presencia de su marido le hizo volver a la realidad y brutalmente realizó que no podía llevar dos extraterrestres a la Tierra. ¿ Qué harían allí ? Sin hablar de los problemas que surgirían cuando se supiera. Además, ¿ por qué querían ir a su planeta ?

« Lo siento, le respondió con pesar a la muchacha que parecía esperar ansiosamente su respuesta. No puede ser. ¿ Qué harían ustedes allí ? ¿ Y por qué quieren ir ?

- Mi hermano está en la Tierra, explicó la doctora al piloto cada vez más consternado. La guerra nos separó y me gustaría mucho encontrarlo. »

Koji frunció el ceño : sea Orana le estaba contando mentiras y no comprendía por qué motivo, sea se equivocaba. Intentó recordar y llegó a la conclusión que ese hermano no podía estar en el planeta azul : cuando el comandante Mineo desembarcó allí, ella estaba sola, no le acompañaba ningún hombre.

« No, te equivocas, insistió él, empleando a su turno el tuteo sin verdaderamente darse cuenta. Tu hermano no puede estar en la Tierra, por otra parte, allí no hay ningún rubiniano, lo siento.

- Yo no nací en Ruby, rectificó la muchacha. Kerto y yo venimos de Suprenia.

- ¿ Qué ? exclamó el piloto cada vez más aturdido. ¿ Suprenia ? ¿ Venís de Suprenia ?

- Sí, confirmó Kerto tomando la palabra por primera vez. Parece sorprenderte mucho. »

Koji se quedo desconcertado. ¡ No había pensado nunca que podría encontrarse un día con suprenianos de carne y hueso ! Los miró de arriba abajo.

« Es sorprendente que os parezcáis tanto a los rubinianos », pronunció perplejo.

Orana interrogó a su marido con la mirada, éste le hizo una señal de cabeza afirmativa. Entonces la muchacha se volvió de nuevo hacia el terrícola. Con una mano, se subió una de las mangas de su vestido hasta su hombro y el piloto constató que la piel de su brazo era de un color similar a la de una americana de la Tierra. A continuación, se cogió el cabello y tiró de él, quitándose la peluca que llevaba. Su cabellera cayó sobre sus hombros y se deslizó en cascada a lo largo de su espalda ; era tan negra como la de Koji pero, lo que la distinguía de la suya, era el hecho de que brillaba bajo el efecto de la luz.

« ¡ Oh ! » exclamó el muchacho tendiendo maquinalmente la mano en dirección del cabello de Orana.

No obstante, cuando pensaba tocarlo, se dio cuenta de lo que iba a hacer y retiró su mano ruborizado.

« Yo… lo siento, farfulló, confuso. Yo… yo no quería… »

La muchacha estalló de risa, mientras que Koji lanzaba una mirada a Kerto ; éste parecía observarlo con una atención especial y el piloto se sintió cada vez más incómodo.

« No te preocupes, le tranquilizó la doctora. Quienes tienen la ocasión de descubrir nuestra cabellera siempre se sorprenden.

- ¿ Todos vosotros tenéis ese cabello ? le preguntó el muchacho, más para ocultar su gesto que por verdadero interés.

- Sí, confirmó ella, colocándose de nuevo su cabellera violeta, el cabello de todos los suprenianos es negro y brillante. Aquí, nos proporcionamos pelucas para que los veganos no nos descubran. ¿ Entonces ? ¿ Aceptas llevarnos a la Tierra ? Sé que eres muy amigo de Kalan, me di cuenta cuando te vi en el palacio.

- Bueno… sí… pero…, comenzó el terrícola antes de interrumpirse.

- ¿ Y qué ? insistió su interlocutora. ¿ No puedes llevarnos ? ¿ Tu nave es demasiado pequeña ?

- No, no, rectificó el piloto, es verdad que es pequeña, pero hay dos camas, podríamos arreglarnos para dormir por turnos, no es eso.

- Entonces, ¿ qué pasa ? preguntó Kerto. Tengo la impresión que algo te molesta.

- Es decir…, vaciló el muchacho. Sus camaradas fueron maltratados durante su cautiverio y… »

Koji se interrumpió. Se preguntó cómo anunciarles lo que había pasado.

« ¿ Y qué ? » insistió Orana visiblemente impaciente.

El piloto se decidió, era inútil ocultarles la verdad, se enterarían inevitablemente un día, respiró profundamente y anunció :

« Ya no tienen cuerpo.

- ¡ Oh ! » exclamó la muchacha.

Por las mejillas de la hermana de Kalan cayeron lágrimas. Kerto la cogió entre sus brazos y la dejó llorar sobre su hombro.

« ¿ Querían meterlos en sus monstruos mecánicos ? preguntó el supreniano.

- Sí, confirmó el terrícola, por lo menos a algunos de ellos. Pero, ya se lo explicarán mejor que yo.

- ¿ Nos lo explicarán ? repitió Kerto. Entonces, ¿ aceptas llevarnos ? »

El piloto asintió con una señal de cabeza, la muchacha secó sus lágrimas y los tres se dirigieron a las oficinas del aeropuerto donde pusieron al tanto de la situación a Dahashi. Una vez realizados los trámites iniciales, embarcaron los cuatro a bordo del Cosmos Espacial. Koji se instaló al mando, Dahashi se sentó detrás de él en el asiento para pasajeros, Orana y Kerto se tumbaron en las camas y el aparato despegó en dirección de Fleed.

Cuando llegaron, no les costó mucho encontrar el lugar donde estaba colocado el platillo rubiniano y constataron que Grendizer había aterrizado a proximidad. El Cosmos Espacial hizo lo mismo y los terrícolas, después de ponerse su traje anti G, salieron del aparato y se reunieron con Daisuke a bordo del platillo rosa. Éste les informó que Stella estaba enferma y que tenía mucha fiebre. El príncipe les pidió que la dejasen subir a bordo de su nave con el fin de llevarla a la Tierra.

« ¿ A la Tierra ? se asombró Koji. ¿ Pero por qué ? Sería preferible que regresara a Ruby, el viaje es más corto y la asistencia que podrían prestarle sería la misma.

- No Koji, le respondió Daisuke con una voz cansada. En Ruby los hospitales están llenos, el personal está desbordado y no hay bastantes medicamentos para todo el mundo. Por otra parte, decidí seguir tu consejo, regresar durante algún tiempo a la Tierra e ir a ver el planeta del que me hablaste. Ahora bien, me gustaría interrogar a Stella sobre las razones de su presencia aquí cuando vaya mejor, será más práctico que esté en el centro de investigaciones espaciales. Además…

- ¿ Además…? », repitió Koji.

El príncipe suspiro a fondo antes de proseguir.

« ¿ Te acuerdas de Naida, Rubina, Mineo, Kirka…? Ya ha habido bastantes muertes debido a esta guerra, no quiero que haya más y sobre todo mujeres. Estaría más tranquilo si a Stella la asistiesen en el centro de mi padre, ya que si le pasase algo en Ruby me sentiría responsable. »

Koji no hizo ninguna objeción. Como en el Cosmos Espacial ya había cuatro personas, se decidió que Dahashi regresaría con Daisuke a bordo de Grendizer. Stella fue transportada dentro del aparato terrícola donde Orana pudo prestarle los primeros cuidados. Puesto que el príncipe deseaba aprovechar su presencia en Fleed para que los expertos que allí se encontraban pudiesen hacerle un primer balance de la situación, aconsejó a Koji de partir el primero y le garantizó que no tardaría en regresar a la Tierra.

La vuelta a bordo del Cosmos Espacial fue más pesada que la ida a causa de la exigüidad del aparato que no estaba previsto para cuatro personas. Al estar enferma, Stella monopolizaba una cama a tiempo completo y los otros viajeros habían establecido turnos para ocupar la segunda. Dado que Kerto era piloto, pudo remplazar a Koji mientras éste descansaba.

A pesar de las dificultades del viaje, el terrícola apreció mucho los momentos durante los cuales Kerto dormía, ya que entonces Orana se instalaba en el asiento de pasajeros momentáneamente y Koji podía charlar con ella. Durante los debates que había tenido con Kalan y sus camaradas, el terrícola nunca les había cuestionado sobre las circunstancias de su captura por los veganos por temor a abordar un tema doloroso para ellos y como sus amigos tampoco habían hablado de ello, ignoraba lo que había pasado. Fue durante este viaje, al charlar con los dos suprenianos, que le informaron del modo como había sucedido.

Con relación a la Tierra, Suprenia estaba situada al otro lado del universo conocido. Los veganos nunca había ido hasta aquella parte alejada del cosmos, el planeta no había sido agredido por sus ejércitos. Los suprenianos eran sobre todo científicos y su tecnología muy avanzada permitía a sus aparatos recorrer en poco tiempo distancias fabulosas. Muy motivados por el estudio de otras formas de vida y el descubrimiento de otros pueblos, habían enviado varias de sus naves a explorar distintas zonas del universo.

Así fue como el que Dalak pilotaba no llegó muy lejos de Ruby. Sus ocupantes no tenían por objetivo entrar en contacto con otros humanoides, ya que su misión era una misión de observación, con el fin de colectar información sobre los mundos habitados que existían en el universo. Puesto que la nave estaba equipada de un sistema anti radar, existían pocos riesgos de que fuera detectada por los aparatos rubinianos. Tras haberla puesto en órbita en torno a un planeta del sistema solar de Ruby, la tripulación había utilizado platillos con el fin de incorporarse a ella. En cuanto la habían penetrado en su atmósfera, los suprenianos habían sentido que pasaba algo grave pero sin poder definir de qué se trataba exactamente. Entonces ocultaron sus platillos en un lugar arbolado, e instalaron un campamento cerca de una zona urbana. Cuatro de ellos habían disimulado su cabellera y habían ido a aquella ciudad con el fin de evaluar la situación, Orana y Kerto formaban parte de ellos. Una vez llegados, los miembros del pequeño grupo fueron contactados por telepatía. Sus camaradas que se habían quedado en el campamento les informaron que habían sido capturados por los veganos y que éstos se preparaban a abandonar la atmósfera del planeta llevándolos con ellos. Al saberse seguramente condenados, aconsejaron al grupo que había permanecido en la tierra intentar incorporarse a la nave y volver a salir para Suprenia. Poco tiempo después, se cortó definitivamente el contacto.

No obstante, los suprenianos que no habían embarcado no se decidieron a abandonar a los suyos pero, aunque la nave no era fácil de detectar, debía alejarse del sistema solar de Ruby. Afortunadamente, los veganos no habían descubierto los platillos y Kerto pudo ponerse en contacto con el ordenador de a bordo con el fin de programarlo para un viaje en dirección de un planeta de un sistema solar más lejano y para una autodestrucción en caso de que personas no autorizadas intentasen penetrar allí. Seguidamente, programó los platillos para que se autodestruyesen y los cuatro suprenianos se instalaron en Ruby esperando poder encontrar a los suyos un día u otro. No obstante, dos de ellos fueron capturados a continuación y solamente Orana y Kerto llegaron a conservar su libertad.

Koji se enteró igualmente de que la situación de Kalan y sus camaradas no era desesperada. Los suprenianos controlaban relativamente bien la clonación y todos aquellos que ejercían una profesión peligrosa poseían un clon, desprovisto de cerebro, que estaba congelado en un laboratorio especializado. Los viajeros del espacio formaban obviamente parte de ello y si su cerebro estaba intacto, era posible volverle a dar un cuerpo. Si su nave no había sido forzada, lo que era probable, Orana y Kerto podrían regresar llevando a sus camaradas con ellos y éstos volverían a ser los hombres y las mujeres que habían sido anteriormente. Esta noticia alegró al terrícola a pesar de que sentía que esto implicaba la partida de sus amigos.

Durante el trayecto, Koji previno a Umon de los últimos acontecimientos y de la llegada de los suprenianos a la Tierra. Algunas horas más tarde, el investigador le respondió que los dos extraterrestres se alojarían en casa de Kaori y Dahashi y que se irían a bordo del Nave Estrellada llevando a sus camaradas, a quienes el profesor naturalmente había puesto al corriente ; durante el viaje en dirección del planeta indicado por Daxia, la nave de los terrícolas daría un rodeo para incorporarse al aparato supreniano.

Algunos días más tarde, adosada contra un árbol en un prado cercano al rancho de los Abedules blancos, Hikaru esperaba con el corazón en un puño. Daisuke le había llamado por teléfono poco tiempo después de su llegada a la Tierra y le había dado cita en aquel lugar. Le había dicho que deseaba hablarle en privado y la muchacha no sabía exactamente que pensar ; esperaba tanto esa entrevista como la temía. Cuando oyó el ruido de un aparato motorizado, supo que era él y volvió la cabeza ; el príncipe llegaba a bordo de su moto. Se levantó lentamente mientras que el muchacho frenaba y descendía. Se acercó a ella sin que la hija de Makiba pudiera hacer el más mínimo movimiento e intercambiaron una profunda mirada. Durante unos instantes, no pudieron pronunciar ni una palabra tan emocionados como estaban, Hikaru sintió que sus ojos se humedecían y el fleediano constató que comenzaban a brillar.

« Hikaru, murmuró. Te ruego que no llores. »

Las palabras del príncipe tuvieron un efecto completamente opuesto en la muchacha. Las lágrimas desbordaron de sus ojos, giró la cabeza y se alejó corriendo. Corrió sin ni siquiera ver dónde iba, se sentía tan angustiada que ya no sabía lo que hacía, sólo corría recto delante de ella.

« ¡ Hikaru, no, vuelve ! le gritó Daisuke. ¡ Hikaru ! »

Al constatar que no lo escuchaba, el príncipe se echó a correr tras ella. Su condición de fleediano le permitía correr más rápidamente que ella y pronto pudo atraparla. La cogió por el brazo y la obligó a mirarle.

« Me he preocupado tanto por ti, jadeó ella entre dos sollozos manteniendo la cabeza baja. No dabas noticias, tuve tanto miedo que te hubiera pasado algo grave.

- Lo siento, verdaderamente, lamentó el príncipe cogiéndole las manos. No tenía los medios materiales de localizaros, pero ahora estoy aquí, puedes ver que estoy bien y que María también está bien. »

Hikaru levantó la cabeza y asintió.

« ¿ Qué vas a hacer, ahora ? le preguntó con aprehensión. ¿ Piensas volver a irte a Fleed ?

- Aún no sé si mi planeta es habitable, un equipo de científicos se encuentra allí y lo determinará. A la espera, me voy mañana a bordo del Nave Estrellada para explorar un planeta que quizá podría convenirnos si no pudiésemos hacer nada en Fleed.

- Bueno, así que ¿ no te volveré a ver ? preguntó la muchacha de un tono implorante.

- Claro que sí, nos volveremos a ver, le aseguró el fleediano. No es más que una cuestión de tiempo. Ya he reflexionado en ello. Si Fleed se considera apto, el palacio, los jardines y quizá incluso los alrededores se construirán sobre fundaciones que incluyen un sistema anti-G ; los terrícolas podrán vivir allí sin peligro y sin ningún equipamiento particular. Y si por casualidad nos estableciésemos en el planeta que vamos a explorar, entonces no habrá ningún problema. En ambos casos, podrán venir todos a pasar una estancia en el palacio tan a menudo como lo deseen. »

Hikaru no respondió nada por ahora. « Pasar unos días allí » había dicho Daisuke, no había dicho « habitar » o « vivir ». ¿ No la deseaba verdaderamente ? No, no podía creerlo, no podía ser, no hubiera podido darle cita en ese prado, lejos de todos, si no hubiera tenido la intención de declarársele, seguramente había un malentendido.

« Tengo que decirte algo importante, dijo el príncipe tras un momento de silencio. Koji me dijo que… »

Se paró, suspiró, apretó un poco más las manos de su interlocutora, bajó la cabeza y continuó.

« Hikaru, quiero que seas feliz, dijo emocionado. Si tú no lo eres, tampoco puedo serlo yo, eres muy valiosa para mí y tu afección siempre me colmó, me sostuvo en los momentos difíciles. Hikaru, te mereces la felicidad y si encuentras un hombre con quien puedas casarte, no quiero que renuncies por mi culpa. »

Estas palabras tuvieron en la muchacha el mismo efecto que una ducha fría, retiró brutalmente sus manos de las del príncipe y retrocedió.

« ¿ Cómo puedes decirme eso ? le gritó ella mientras de nuevo sus lágrimas corrían sobre sus mejillas. Me das cita aquí, me dices que soy muy valiosa para ti, que no puedes ser feliz si yo no lo soy, que mi afección te colma y a pesar de todo ¡ estás dispuesto a dejarme ir con otro hombre ! ¿ Cómo puedes darme ese tipo de discurso ? ¿ Cómo puedes hacerme eso ?

- Hikaru…, suspiró el muchacho a la vez decepcionado y sorprendido. Te ruego, espera, déjame explicarte…

- ¡ No ! gritó de nuevo la muchacha. ¡ No hay que explicar nada ! ¡ No quiero verte más, me oyes ! ¡ Nunca más ! ¡ Te odio ! »

Tras estas palabras, la hija de Makiba se puso a correr hasta perder el aliento en dirección del rancho.

« ¡ Hikaru, regresa ! le gritó Daisuke. ¡ Hikaru ! »

El fleediano pasó una de sus manos por su frente suspirando, se sentía abatido. Hikaru… ¿ Por qué ella no comprendía ? ¿ Qué debía hacer o decir él ? Pensó en volver a atraparla pero sabía que no serviría para nada. Tenía que reflexionar, debía encontrar las palabras precisas para explicarle. Desafortunadamente, debía partir al día siguiente, pero decidió que la volvería a ver cuando regresara de su viaje ; para entonces ya se habrá tranquilizado ella y ya sabría él que decirle entonces, las cosas iban a solucionarse, ¡ debían solucionarse ! Recuperó su moto y regresó al centro de investigaciones espaciales.

Cuando llegó a la sala grande del observatorio, Umon y sus ayudantes estaban en pleno trabajo. Desde el regreso del Cosmos Espacial, todos se atareaban en preparar el viaje de Nave Estrellada. Al ser piloto, Kerto también participaba, mientras que Orana no había abandonado el domicilio de Dahashi, al gran pesar de Koji, a quien le hubiera gustado verla. Dalak y Kurz, que habían participado en el diseño de la nave, sugirieron inculcar el funcionamiento y las características a los dos pilotos por impregnación psíquica, con el fin de garantizar una memorización eficaz y rápida puesto que una sesión sería suficiente. Los dos muchachos salieron del centro y cogieron el transbordador. El terrícola se instaló al volante y el supreniano se sentó junto a él, seguidamente el vehículo arrancó en dirección del claro en el que se encontraba Lhydra. Cuando llegaron a su destino, Koji frenó el transbordador y los dos pilotos descendieron. Kerto descubrió entonces la imponente alga mutante controlada por sus colegas y permaneció unos momentos inmovilizado ante su tamaño. Dos cavidades alargadas se formaron en la masa de Lhydra y el muchacho se acostó en una de ellas después de haberse quitado su peluca verde, luego cerró los ojos. Koji observaba la escena con interés y curiosidad. El supreniano poseía una estructuración psíquica que le permitía ponerse en estado de recepción, por consiguiente, no necesitaba la ayuda de sus camaradas para esta primera fase del proceso y hubiera bastado con que Lhydra se cubriese su cabeza para que Dalak y Kurz pudieran transmitirle el contenido que debía memorizarse. No obstante, la masa verde envolvió su cuerpo con el fin de protegerlo del frío exterior. Koji se acostó a su turno, cerró los ojos y se relajó. Hacía mucho tiempo que no había utilizado las propiedades del alga mutante para comunicar con sus amigos, en realidad, desde que Umon había instalado el sistema informatizado, pero no tenía ninguna aprehensión ; confiaba en Kalan y la sesión se desarrolló sin problemas. Cuando terminó, los dos jóvenes se pusieron en marcha pero poco antes de llegar al centro de investigaciones espaciales, el supreniano pidió al terrícola de frenar el vehículo. Sorprendido, Koji aparcó el transbordador al borde del camino e interrogó a su pasajero sobre las causas de esta parada.

« Me gustaría hablarte, le anunció este último. Bajemos del coche. »

Tras estas palabras, el muchacho salió del vehículo y se alejó de unos pasos. Intrigado, el terrícola se le acercó y le preguntó lo que significaba todo esto.

« Me gustaría hablarte, repitió su interlocutor. Es con respecto a Orana. »

Sorprendido e incómodo a la vez, Koji se apartó de él, no quería cruzar su mirada y le dio la espalda.

« No tengo ningún deseo de hablar de ella, respondió el terrícola, regresemos.

- Sé que estás enamorado ella, prosiguió Kerto sin tener en cuenta lo que acababa de decirle su interlocutor. Lo siento, debes saber que nosotros adivinamos algunas cosas, seguramente mis colegas ya te lo han dicho. »

Koji suspiró profundamente. Sí, estaba informado de la capacidad que tenían los suprenianos de sentir las emociones de otros pero ¿ no podía ocultarles nada ?

« No te preocupes, respondió el terrícola, no te la voy a quitar.

- Ya lo sé, dijo Kerto. Por otra parte, no me la puedes quitar por la sencilla razón de que no me pertenece, pero no entiendo porqué no pruebas suerte con ella. Nos vamos a ir y si no le dices nada, no la volverás a ver. »

Koji se volvió lentamente hacia el supreniano preguntándose si no estaba soñando. Lo miró en los ojos.

« ¿ Qué dices ? lo preguntó incrédulo. Orana es tu mujer, una de las sirvientas del palacio lo dijo delante de mí.

- ¡ Oh !, ahora lo entiendo mejor, pero no es cierto, le explicó Kerto. Cuando nos encontramos solos en Ruby, aislados en un mundo que no conocíamos, perseguidos por los veganos, decidimos alojarnos en el mismo sitio, en el mismo apartamento, no queríamos estar separados. Nos hicimos pasar por marido y mujer para evitar llamar la atención pero nunca hubo nada entre Orana y yo. »

Koji sintió como su corazón dio un brinco en su pecho, ¡ no podía creérselo ! ¡ Orana era libre ! Estupefacto, seguía mirando al supreniano, tontamente, sin poder pronunciar la más mínima palabra.

« ¿ Bueno ? prosiguió Kerto. ¿ Qué esperas para hablar con ella ? Coge el coche, no estamos lejos del centro de investigaciones espaciales, yo regresaré andando, me hará mucho bien caminar un poco.

- Sí… sí…, farfulló Koji. ¡ Ya voy ! »

El muchacho corrió hasta el vehículo, se instaló al volante y lo puso en marcha. Tomó la dirección de la casa de Dahashi sin parar de repetirse que Orana era libre. Cuando llegó, salió del transbordador, se precipitó hacia la puerta de entrada y llamó varias veces. La supreniana le abrió, le invitó a entrar y le explicó que Kaori había salido a hacer unas compras. Llevaba su peluca violeta y el terrícola se preguntó por qué insistía en ponérsela ; preferiría mucho más su cabellera negra. Sus miradas se cruzaron, lo que perturbó a Koji hasta lo más profundo de sí mismo. La muchacha lo preguntó por qué había venido.

« Bueno…, yo… », comenzó el terrícola sintiéndose enrojecer.

¿ Cómo iba a decírselo ? ¡ Ni siquiera había reflexionado ! Se había limitado a venir sin pensar un momento de qué modo iba a declararle sus sentimientos. De repente se sintió angustiado. ¿ Y si ella no quisiera saber nada de él ? Finalmente, era supreniana, formaba parte de una raza con impresionantes capacidades psíquicas y con conocimientos científicos muy avanzados ; ¿ qué interés podía tener un simple terrícola para ella ? El muchacho se sintió palidecer ante la evidencia de sus reflexiones. ¿ Era estúpido ? ¿ Cómo había podido pensar un segundo que ella podía interesarse por él ? ¿ Y cómo Kerto había podido pensarlo igualmente ?

« ¿ Bueno ? insistió la muchacha.

- Es decir…, yo…, es que…, farfulló Koji cada vez más perturbado.

- Pienso que sería mejor que no dijeras nada, dijo Orana. No decir nada y besarme, ¿ no te parece ?

- ¿ Qué ? exclamó el muchacho, estupefacto. ¡ Sí ! »

Cada vez más intimidado y perturbado, Koji cogió a Orana entre sus brazos y la besó. Sintió como los brazos de la muchacha le rodeaban el cuello y le invadió una sensación de intensa felicidad. Su beso fue largo y apasionado y cuando sus labios se separaron por falta de aire, Koji colocó una de sus manos sobre la peluca violeta, la cual retiró y la brillante cabellera negra se extendió hasta la parte baja de la espalda de su propietaria.

« Prefiero así, le susurró al oído. Eres tan bella… »

Deslizó su mano por la flexible cabellera de la mujer que amaba y la besó de nuevo.

Cuando se separaron otra vez, Koji suspiró profundamente.

« Apenas te conozco, le dijo a la supreniana, y ya me vas a dejar.

- No puedo abandonar a Kalan actualmente, le dijo ella, debo quedarme a su lado pero regresaré cuando todo haya terminado. Varias de nuestras naves surcan el universo, seguro que el comandante de a bordo de una de ellas aceptará venir hasta aquí. De todas formas, encontraré una solución, regresaré, te lo prometo.

- Te esperaré », le murmuró Koji antes de abrazarla de nuevo.

Por la mañana del día siguiente, todo estaba listo para la salida. Todos los miembros de la tripulación se encontraban reunidos : Koji, Tetsuya, Sayaka, Misato, y el personal que Umon había contratado recientemente. Por supuesto, Daisuke se unió a todos ellos. Los suprenianos embarcaron igualmente llevando el alga mutante para que sus científicos pudieran estudiarla. La pusieron en una de las bodegas de la nave que albergaba también Delta Estelar, Nave Marina y Talado Espacial. Bajo la mirada emocionada del personal del centro de investigaciones espaciales el gigantesco aparato despegó para su primer viaje.