Presionó suavemente esos apetitosos labios, con sumo cuidado y delicadeza. Como si en cualquier momento fueran a romperse, y no estaba del todo equivocado, pues, en ese instante, el hombre que se encontraba por debajo de él, estaba sumamente débil. Le contempló con detenimiento, grabando en su memoria cada uno de sus apuestos rasgos. Sonrió con calidez al comprobar como cada vez su expresión era más relajada, y el color rojizo que adornaba, un rato antes, sus mejillas, comenzaba a desaparecer para pasar a ser uno más saludable.

Alzó su mano derecha y le delineó su rostro. Comenzó posando su dedo índice en la frente del mayor, y descendió sutilmente, haciendo graciosas formas a su paso. En su rostro volvió a posarse una nueva sonrisa ante la suavidad que le proporcionaba al tacto la piel del español, y también al darse cuenta que poco a poco la fiebre comenzaba a bajar.

Suspiró durante un segundo, y siguió el recorrido por su nariz, despacio descendió, posando suavemente su dedo en los labios de Antonio. Los delineó, aun con la sonrisa plasmada en los suyos propios. Siempre había deseado probarlos, y no fue hasta instantes antes, cuando pudo hacerlo. Pensó que diría el español, si hubiera llegado a estar despierto, sin embargo intentó no hacerlo, sería demasiado vergonzoso para él y quizás demasiado peligroso para el estómago de España.

Probablemente lo mejor sería que nunca se enterase de lo que pasó. Lo contempló nuevamente, a pesar de su mejoría, aún no despertaba y eso era algo que lo tenía realmente preocupado. Cuando habló con Andalucía le comunicó que ella había recuperado la conciencia hacía ya varias horas, por lo tanto no comprendía porque el español aún no.

Sin embargo no iba a perder la esperanza, sabía que Antonio lo acabaría haciendo, y sería entonces cuando le explicaría, sin necesidad de revelar lo que el mismo ya había aceptado, que estaba equivocado al pensar que lo que le dijo la semana anterior era cierto. Sabía que el español creería en sus palabras, pues estas iban a ser sinceras, por primera vez en mucho tiempo, aunque no del todo.

Justo en ese momento, un sonido, proveniente de su estómago invadió el lugar, y recordó, con las mejillas sonrojadas, que no había comido nada desde al menos las dos de la tarde. Sacó el móvil de su bolsillo y miró la hora, iban a dar ya la una de la madrugada. Suspiró y, dando la espalda a Antonio, comenzó a levantarse de la cama con el fin de ir a prepararse algo para cenar. No obstante, cuando casi estaba incorporado, una mano lo detuvo.

Abrió desmesuradamente los ojos, y, con lentitud, volteó hacia el español. Sus castaños ojos chocaron de frente con unos intensos esmeralda que le observaron desde la cama. Sintió, en ese instante como el mundo se detenía a su alrededor, incluido su propio corazón que, en algunos momentos de su vida, había latido fuertemente por el moreno. El rostro de Antonio, en un principio desorientado, pasó a estar invadido casi al instante siguiente por una, aún débil, sonrisa.

Por su parte, él quiso sonreírle también, pero solamente quedó en intento, pues tan pronto como su corazón comenzó a latir nueva y rápidamente, unas fervientes lágrimas se le escaparon de sus ojos. Sintió como el español apretaba suavemente su mano, a la par que con una débil y reseca voz le decía.

- Lovi, no llores.- se detuvo un instante, sin embargo continuo a los pocos segundos.- estás más lindo cuando sonríes.- no obstante, contrario a lo que pretendía, las lágrimas no dejaban de bañar las mejillas del menor, quien solo atinaba, con voz entrecortada, a decir.

- Idiota, cállate.- sintió, tras hablar, una suave risa, y, limpiándose con premura las lágrimas, lo contempló. A pesar de su rostro débil, la sonrisa que poseía lo hacía más vivaracho, fue algo que le alivió en lo más profundo de su corazón.

- Pareces un tomate, Lovi.- y le golpeó, con suavidad. A lo que el español volvió a responder con una suave risa. Sin embargo, tras quedarse callado unos segundos, la sonrisa desapareció y pasó a dejar en su rostro un aspecto sombrío.- ¿Qué sucedió?.- preguntó, al principio el italiano lo observó sin llegar a entender, al percatarse, el moreno añadió.- la razón de mi estado...

- Dos terremotos, en Andalucía.- respondió Lovino, desviando la mirada. Antonio lo observó, abriendo desmesuradamente los ojos, tragó durante unos segundos y, posteriormente, con voz atropellada, comenzó a preguntar mientras intentaba incorporarse.

- ¿Y mi hija? ¿Cómo está ella? ¿Y los ciudadanos? ¿Ha muerto alguien? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Está todo bien? ¿Y…?.- Sin embargo el italiano detuvo su monólogo de preguntas.

- Ya basta, Antonio.- gritó mientras ponía una mano en su pecho para impedir que se levantara, el español lo miró sorprendido, no podía recordar la última vez en la que Lovino había dicho su nombre humano. Éste último, al comprobar que había dejado, por unos instantes, paralizado al moreno continuó.- Andalucía está bien, no ha muerto nadie, ha sido prácticamente un milagro después de ver como quedó la ciudad. Y han pasado más de veinticuatro horas desde el terremoto. Y por último te doy un consejo si no quieres pasar más dolor del que ahora sientes.- el español hizo un pequeño puchero, tras analizar sus palabras y comprender que de momento todo estaba bien, cuando escuchó la última frase de Lovino. Por su parte el italiano sonrió interiormente al ver la ternura que desprendía el mayor, y con voz más suave de la normal dijo.- que no te levantes ni te muevas, sigues débil aún.- en la cara de Antonio pudo dejarse ver una leve sonrisa de conformidad.

Tomó, con suavidad, la mano con la que Lovino le había impedido incorporarse, y la acarició con delicadeza. El italiano le observó, con un sonrojo en el rostro y desvió la mirada. Estuvieron unos segundos callados, sin embargo el silencio se rompió con un fuerte grito del español.

- ¿Qué te ha pasado en el dedo, Lovi?.- preguntó con mucha preocupación. El menor se miró su dedo y descubrió un corte en él, recordó entonces el jarrón que rompió.- Debes curártelo.- siguió hablando el español.- si no lo haces puede infectarse y…

- Idiota, no hagas un montaña de un grano de arena, solamente ha sido un corte, no voy a morir por ello.- dijo con enojo fingido el menor, pero feliz, sin embargo, interiormente. No obstante se puso serio de repente, al recordar que la razón por la que rompió el dichoso jarrón fue la pelea de la semana anterior, observó al español, quien le miraba aún preocupado.- España.- le llamó, el mayor le observó expectante.- antes, hablé con tu vecina.- Antonio le miraba sin comprender, sin embargo esperó pacientemente a que el italiano se explicara.- Fue gracias a ella que pude deducir que estabas aquí, en la casa.- dijo.- sin embargo, me comentó algo a lo que le he estado dando vueltas.- el español le miró con confusión.

- ¿El qué?.- preguntó dudoso.

- Dijo que no venías, desde la semana pasada, mucho por la casa.- susurró, el español se puso serio de repente, y le dirigió una mirada que no supo identificar. Se mordió el labio y apartó lentamente sus ojos esmeraldas durante unos segundos. Suspiró y volvió a centrar la vista en él.

- Estuve con Madrid.- comentó. El italiano lo miró fijamente.- No podía estar en casa, me recordaba demasiado a ti.- confesó, ambos se observaron, durante unos segundos, uno con una seria mirada y el otro con una sorprendida, no obstante, casi a la vez, las desviaron.- por esa razón mi hijo me dijo que pasara unos días con él, y que de esa manera también me distraería.

Estuvieron unos minutos callados, unos en los cuales podía leerse la tensión que se había generado. Entonces Antonio suspiró suavemente y dirigió la vista hacia el italiano.

- Has venido.- dijo. Lovino le observó en silencio, llegaba el momento de aclararlo todo.- En el fondo tenía la esperanza de que lo hicieras, y sabía que lo harías, pero…- calló durante unos segundos en los que el menor esperaba impaciente.- tenía miedo de que no lo hicieras.

- Todo fue mentira.- se limitó a decir Romano, desviando la mirada. Los papeles se invirtieron en ese instante, siendo ahora el español el que le miraba expectante, por lo que al italiano no le quedó más remedio que agregar.- No pienso que seas molesto, ni quiero que alejes de mí. Me asusté mucho al descubrir lo que pasó, España. Pensé que te perdería.- en ese instante Antonio lanzó una suave risa, el italiano le miró con el cejo fruncido, y a punto estaba de insultarle, tanto como su variado vocabulario le permitiera, cuando el español habló.

- ¿Sabes? He tenido un sueño mientras estaba inconsciente… y decías algo así.- Lovino le miró, abriendo completamente los ojos, mientras un suave sonrojo subía hacia sus mejillas. No podía creer que el español pudiera estar escuchando, aunque era un alivio saber que lo asociaba a un sueño, no sería capaz de mirarle a la cara si descubría la verdad.- Y también…- Antonio le miró, dudando sobre si debía decir lo que estaba pensando o no. El italiano, con el corazón en un puño articuló como pudo.

- ¿Y también?.- espero la respuesta impaciente, rogando a todos los dioses existentes que ésta no fuera la que él esperaba.

- No importa.- dijo el mayor.- La cuestión es que fui muy feliz.- desvió la mirada unos instantes y luego volvió a centrarla en él mientras sonreía. Lovino miró la sonrisa y comprendió en ese instante.

Al principio pensaba que realmente no le importaba al español, y que cuando decía que le quería y que era la persona más importante para él, solamente bromeaba, no obstante ese mismo día le demostró que había sido un idiota al pensar eso. A pesar de su estado, fue a dejarle una nota para que no se preocupara, aún a sabiendas de que ya no se encontraba bien. Si Antonio se arriesgaba así por él, ¿sería capaz de hacer lo mismo? Le observó, el mayor estaba con los ojos cerrado y una sonrisa tranquila plasmada en su rostro. Lovino suspiró, y haciendo uso de la valentía que había descubierto esa misma noche susurró.

- Todo fue verdad.- el español le miró sorprendido, y con una clara confusión en el rostro, parecía estar pensando que había escuchado mal, Lovino le miró de nuevo y volvió a decir.- Todo lo que crees haber soñado ha sido verdad, España.- calló un segundo y tragó saliva, sin llegar a comprender aún lo que iba a terminar diciendo.- Tanto lo de que te quiero como…- volvió a tragar.- como lo que pasó después.- Antonio abrió la boca levemente e intentó decir algo, no obstante volvió a cerrarla.

Romano por su parte tenía la vista desviada, mirando hacia la puerta. La opción de salir corriendo y huir tan lejos como sus piernas le permitiesen se le hacía muy atractiva en ese instante, sin embargo cuando a punto estaba de hacerlo, notó como una fuerte mano, tomándolo del cuello, tiraba de él hacia abajo. Lo siguiente que vio fueron los ojos cerrados de Antonio, mientras sus labios depositaban un suave beso en los propios. Un rubor creció en sus mejillas, a la par que el beso se intensificaba.

La lengua de España lamía con suavidad sus labios, pidiendo permiso para invadir propiedad ajena y él, con el corazón latiéndole más que nunca, se lo permitió. Ambas lenguas, hispana e italiana, comenzaron una suave danza que dejaba claro el predominio de la del mayor, éstas ajenas a todo el mundo demostraban, en ese instante, el amor que esas dos personas se profesaban.

Fue en ese instante cuando el italiano comprendió por qué al mayor lo llamaban país de la pasión. Nunca nadie le había besado como el moreno, a lo largo de todos sus siglos, y esperaba que nadie más lo hiciera. Al cabo de unos maravillosos minutos, el beso se rompió, dejando por un lado una suave sonrisa, y por el otro un rostro totalmente sonrojado.

- No puedo creer que me haya perdido esto durante tanto tiempo.- comentó Antonio, revelación que solo terminó por sonrojar más al italiano.

- Cállate idiota.- susurró éste, con el ceño graciosamente fruncido. El español, por su parte, simplemente se rió.


Bueno y aquí acaba. Sinceramente no me ha convencido mucho este final, quizás algún día de estos lo arregle, no lo sé.

Si a vosotros tampoco os convence siempre podéis dejar el otro como final, jajajajaj.

Muchas gracias por haber leído mi fic, y espero, de verdad, que os haya gustado. A mí personalmente me ha divertido escribir algunas partes, al imaginar la situación y las escenas. Si fuera Lovino, por cierto, me habría tirado a por Antonio en más de una ocasión. No sé si vosotras lo compartís también o es que directamente soy una enferma mental jajajajajaja.

También quería agradecer, en especial, a "xx-WhiteQueen-xx", "seasonsleep" y "kikyoyami8" por haberme dejado los reviews. Realmente me anima mucho leerlos y ver que la historia gusta, es por vuestros comentarios por lo que me he decidido a hacer este epílogo. Espero que os haya gustado leerlo, casi tanto como a mi me ha gustado escribirlo.

Por último vuelvo a agradeceros a todos que hayáis leído el fic, y espero que nos leamos pronto de nuevo. Un enorme saludo, ¡cuidaos!.