Tarde, como el autobús que pasa por la puerta de mi casa. Dicen que lo bueno se hace esperar. Siento mucho deciros que este capítulo será la excepción que confirme la regla... ^_^U
Esta absurda desidia...
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"Mi corazón,
como una lata de cerveza
que te la bebes y al final
le das patadas sin pensar
que me desquicias la cabeza."
tu corazón -extremoduro-
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-Uzumaki, despierta.
-¿Cómo? -enfocó la vista, que antes parecía perdida, en el hombre frente a él.
-¿Es que piensas jugar así?
Naruto miró a su alrededor y por fin pareció reaccionar. Estaban en el exterior del instituto, justo en la puerta de malla metálica que daba paso al campo de fútbol. Tardó un poco más en darse cuenta del porqué de la pregunta del entrenador y las miradas extrañadas y burlonas de sus compañeros de equipo. Llevaba puesto el uniforme del instituto, en vez de la camiseta y el pantalón corto que usaban para entrenar, y sus zapatos tampoco eran los más apropiados para correr por el césped.
-Anda, ve a cambiarte y bebe un poco de agua. Te necesito aquí, no en las nubes -Naruto asintió sin rechistar. La expresión firme y un tanto molesta del hombre le hizo saber que era mejor hacer simplemente lo que le había dicho-. ¡Los demás, diez vueltas al campo! -se llevó el silbato a la boca y sopló con fuerza, consiguiendo que unos quince muchachos dieran un respingo en el sitio y empezaran a correr como almas que lleva el diablo.
Fue entonces, mientras se dirigía rodeando el edificio del instituto hacia la parte trasera donde se encontraban las duchas y los vestuarios, que lo vio, y su cabeza volvió a llenarse de esas mismas imágenes que lo habían estado avasallando esos días. Acababa de doblar la esquina del almacén de material deportivo anexo al edificio principal del centro mientras alguien que no alcanzó a ver le tiraba del brazo. Estaban lo suficientemente lejos como para que ninguno de ellos se percatara de la presencia del rubio, pero aún así no pudo evitar esconderse mientras trataba de conseguir el ángulo adecuado que le permitiera ver lo que estaba pasando allí, enredado de nuevo por una curiosidad que al tiempo que lo instaba a mirar, le aseguraba que no le iba a gustar nada lo que quiera que fuese a ver allí.
Identificó al momento al otro tipo. A pesar de no tenerlo como profesor, ese pelo gris peinado de forma tan peculiar, como si acabara de salir de un túnel de viento, y la particularidad añadida de llevar casi toda la cara tapada por una especie de pañuelo o bufanda no dejaban lugar a dudas: Kakashi-sensei. Sabía que enseñaba Literatura en la clase de Sasuke, pero el lenguaje gestual del tipo le dio a entender de manera tajante que aquella conversación no estaba relacionada lo más mínimo con los estudios. El más mayor lo zarandeaba aún cogido del brazo y Naruto pudo apreciar la furia que intentaba contener apretando con fuerza el puño de la mano que no sujetaba al Uchiha. Por su parte, el moreno mantenía la cabeza girada, sin reclamarle nada a aquel tipo, escondiendo bajo un ceño fruncido el dolor físico que le producía aquel agarre. Naruto sitió una punzada en el pecho. Aquella expresión la conocía demasiado bien y, como otras muchas veces antes, le volvió a asaltar una angustia opresiva y cortante que le hacía difícil incluso las reacciones más mecánicas e inconscientes de su propio cuerpo; como el respirar.
Sin que sus pies pudieran siquiera dar un paso, siguió con los ojos fijos en aquellos dos: las manos del profesor dirigiéndose con rabia hasta la camisa del uniforme del moreno, directas a los botones... Las de Sasuke sujetando fuerte las muñecas del mayor, impidiendo así que continuara con lo que pretendía... El momento en que el hombre dejó caer los brazos con resignación... El acercamiento del chico, que levantaba la barbilla entreabriendo la boca hasta rozar su aliento con el del otro...
Vio que los labios de Kakashi se movían y que negaba quedamente con la cabeza mientras cerraba los ojos derrotado, pero no pudo interpretar qué era lo que le había dicho a Sasuke justo antes de que éste uniera ambas bocas en un beso tan agresivo que pronto lo hizo reaccionar temblando y saliendo de allí a todo lo que daban sus pies, sin importarle si en su huída era o no descubierto.
Jamás, en todo el tiempo que llevaba en el equipo, se había saltado un solo entrenamiento, pero ahora se sentía incapaz incluso de mantenerse en pie. Se dejó caer por detrás del enrejado de unas canchas antiguas que esperaban abandonadas para convertirse en una pista de tenis. Necesitaba estar encogido, encerrado por un momento en sus propios sentimientos olvidados. No entendía nada. Desde que volviera a ver a Sasuke al inicio del curso, después de tantos años, había pretendido no conocerlo, dado que el moreno había ignorado completamente su existencia, volviendo la cara más de una vez y sin intención alguna de dirigirle una simple palabra. Pero Sasuke estaba bien. Serio y distante, como siempre, pero bien... ¿verdad? Había sabido de la muerte de su padre hace algunos años por las noticias. Asesinado a manos de un ladrón de poca monta que poco después fue encontrado muerto por sobredosis y llevando aún el arma con la que había acabado con la vida de ese importante hombre de negocios. Fugaku Uchiha, un gran hombre de cara a la galería; un cabrón desalmado y sin escrúpulos para con sus propios hijos. Y ahí, Sasuke se había llevado la peor parte. Por eso pensó que su muerte, más que una tragedia, había sido una liberación. Por fin iba a tener la libertad que tanto ansiaba, por fin se iban a cumplir los deseos de su hermano mayor... ¿Qué había pasado realmente después de todo?
Golpeó el suelo con fuerza preso de un profundo desprecio por sí mismo. La misma angustia, la misma estrechez de sus pulmones a la hora de respirar, el mismo golpeteo fuerte de su corazón. Todo provocado por un segundo en la expresión de ese mismo chico que de nuevo aparecía para remover la parte más honda y espesa de su alma. "Joder, Sasuke... otra vez no..."
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Dejó caer la mochila en el suelo, al lado de la puerta de la habitación, y después de cerrarla colocó con cuidado la vela que llevaba encendida sobre una vieja mesilla de noche al lado del colchón, en el centro de un pequeño plato con agua preparado así para prevenir cualquier tipo de accidente en caso de quedarse dormido antes de apagar su única fuente de luz. Se sentó en el colchón y resopló totalmente agotado. No era el mejor sitio para dormir, pero era gratis y, desde luego, era lo único que se podía permitir por el momento. Se quitó los zapatos sin siquiera desabrochar los cordones, restregándolos entre sí, y terminó por tumbarse y taparse con algunas mantas, sintiendo que hacía demasiado frío como para cambiarse de ropa. Suspiró. Justificar su ausencia en el entrenamiento no le iba a resultar muy complicado teniendo en cuenta que el aturdimiento de esos días y las leves ojeras por falta de sueño podía achacarlos perfectamente a un resfriado. Ni siquiera su entrenador era tan estricto como para no entender y aceptar eso. Todo aquello había pasado tan de repente que no le había dado tiempo a pensar las cosas con calma. Ya, a quién quería engañar; tomarse un tiempo para reflexionar nunca había sido lo suyo. Prefería actuar y después, si acaso, enfrentar las consecuencias de sus actos. El dolor de cabeza que hasta ese momento había aparecido de forma intermitente, parecía haberse instalado definitivamente justo detrás de los ojos y eso era una muestra más de su teoría. Acción. Tenía que hacer algo, pero ya era un poco tarde como para acercarse a preguntar que qué tal estaba y cómo le había ido. Cerró los ojos un momento y a pesar de haber pasado unos cinco años, lo vio todo tan claro que no pudo evitar sonreír con una impotencia tan grande como aquel recuerdo.
...
-Hola -había visto a ese niño llegar corriendo y sentarse bajo un árbol mientras él se balanceaba sin ganas. Los columpios eran divertidos, pero llevaba toda la tarde allí sin nadie más con quien jugar y su carácter hiperactivo le había hecho cosquillas en la piel como si se hubiese metido en un hormiguero. Sin pensárselo dos veces había bajado de un salto y se había acercado corriendo, con la mirada brillante, sólo de imaginar las miles de travesuras que podrían hacer juntos, y su sonrisa más grande.
Sin embargo, esa sonrisa no fue correspondida en absoluto y en cambio, se encontró de frente con unos ojos negrísimos que lo miraban con rencor, pero ni una sola palabra.
-Yo soy Naruto, ¿y tú? -decían que su carácter testarudo lo había heredado de su madre. ¿Cómo iba a rendirse si era el primer niño de su edad que veía en varios días? Se agachó en frente de él y lo miró sin dejar de sonreír. El otro seguía sin hablar, y las pequeñas arrugas que tenía entre las cejas le llevaron a colocar las manos en esa cara tan pálida, una en cada mejilla, y tratar de alisar con los pulgares aquella zona fruncida. La consecuencia del atrevimiento llegó en forma de empujón, consiguiendo que el rubio cayese de culo contra el suelo-. Vale, por lo menos ahora sé que puedes moverte. ¿Sabes hablar?
-¿Eres estúpido o qué? -harto de ese comportamiento que consideraba inadmisible, el otro chico se había puesto de pie, observando con incredulidad la insistente mueca sonriente en la cara de ese niño fastidioso-. ¿De qué te ríes?
-También puedes hablar... Ahora no te queda más remedio que jugar conmigo.
-¿Qué? -¿qué tipo de lógica era esa? Si ese idiota pensaba que iba a hacerle el más mínimo caso, era que no lo conocía. Tenía las rodillas raspadas y la ropa y las manos sucias. De ningún modo iba a acercarse a un tonto así.
-Venga, estás solo igual que yo.
...
Aquella fue la primera vez. La frase, que en ese momento le había salido sin más intención que mostrar lo evidente, que no había nadie más alrededor y que podían pasar lo que quedaba de tarde jugando a cualquier cosa, había desencadenado una extraña reacción que en ese entonces no supo comprender. El niño de ojos negros había dicho su nombre como en un susurro "Sasuke", pero, además, había estirado el brazo con la mano abierta a la espera de que el otro, que aún permanecía en el suelo, la agarrara para incorporarse.
Así había comenzado esa insólita amistad. Naruto pensaba que Sasuke era un niño raro, que casi no hablaba y mucho menos sonreía, pero al menos, era un niño raro que todas las tardes iba un rato al parque sólo para estar con él y eso le hacía sentir un pequeño hormigueo de pertenencia en el pecho. Además, escuchaba todas las cosas que le decía y, a pesar de que a veces le contestaba con un insulto o alguna palabra que él no entendía, no era nada tan grave que no pudiese solucionar otro insulto por su parte.
...
-¡Vaya mierda! -Naruto metió la cabeza debajo de la fuente y después la movió hacia los lados como un perro para quitar el exceso de agua-. No aguanto más este calor.
-Deja de hacer eso, dobe. Tampoco es para tanto.
-Cállate. Yo no tengo la culpa de que tú seas un lagarto de sangre fría -señaló-. No entiendo cómo puedes llevar esa camiseta de manga larga -se acercó hasta quedar justo enfrente y lo miró con los ojos entrecerrados-. Estás sudando... -le pasó la palma de la mano por la frente para constatar su descubrimiento-. Deberías quitarte la camiseta, teme, te va a dar un síncope.
Sasuke parpadeó ante la acción del otro y dio un paso hacia atrás. La expresión del rubio en ese momento no le gustó nada. Se estaba acostumbrando a ver esa sonrisa cada vez que se le ocurría alguna de las suyas.
-¡Para! ¡Naruto, no! -a pesar de haberlo visto venir, no le había dado tiempo a reaccionar cuando ya tenía al rubio tratando de quitarle la dichosa prenda.
-¡Deja de ser tan estirado! Por aquí no hay nadie. No pasa nada si... -dejó de forcejear cuando ya casi se la había sacado-. Sasuke... ¿qué... qué te ha pasado?
Su primera opción fue la más obvia para su edad: tal vez su amigo se había caído o se había peleado con alguien... Pero Sasuke no era de esos que iban haciendo gamberradas como para darse un golpe así. Tampoco era de los que se peleaban. Su carácter era demasiado reservado como para buscar ese tipo de bronca. Lo miró a los ojos y vio en ellos una tristeza infinita; también ira, vergüenza... El mismo desconsuelo pasó a los suyos, que se aguaron sin saber muy bien por qué.
Le terminó de quitar la camiseta mientras el moreno simplemente se dejaba hacer, apretando los puños como si fuesen la llave para no dejar escapar ni una lágrima. El corazón se le encogió. Sasuke tenía los costados y la espalda llenos de moretones y algunos rasguños, y los brazos tenían marcados el agarre fuerte de unas manos grandes.
-¿Quién te ha hecho esto?
...
Recordaba perfectamente la expresión de Sasuke, sus ojos, sus labios convertidos en una línea blanca y apretada, todas aquellas marcas que resaltaban aún más en esa piel tan clara. Pero lo que mejor recordaba era su conformidad, la aceptación de que eso era lo que merecía porque todo había sido culpa suya. La primera vez. La primera que quiso protegerlo por encima de todo y la primera también en la que se había sentido tan pequeño; tan insignificante que ni siquiera era capaz de ayudar a su mejor amigo. Sasuke simplemente había cogido su camiseta después de un rato y se la había vuelto a poner, girándose al momento para alejarse después del otro que lo miraba aún con los ojos encharcados y los dientes clavados en el labio.
Naruto gruñó incapaz de dormir. "¿Cómo voy a ser capaz de acercarme a ti ahora?"
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Escuchó el sonido del portero automático y su vista se dirigió por inercia al reloj que cada noche acompañaba con su tic tac la lectura de algún libro. No le extrañó ver que ya eran más de las doce, así que con paso rendido se acercó a la puerta y descolgó el auricular a sabiendas de que la voz que iba a escuchar lo llevaría una vez más un poco más cerca de la perdición.
-Kakashi...
-... Sube.
Apretó el botón del telefonillo y oyó de fondo la puerta y el golpe que dio al cerrarse de nuevo. Al momento, lo vio salir del ascensor cargando una mochila y una bolsa de mano, con ese andar flexible y esa actitud de constante indiferencia. Y era eso, su actitud, lo que verdaderamente le carcomía el ánimo, lo que le instigaba a darle un buen bofetón que lo hiciera entrar en razón de una vez por todas. Pero entonces, siempre cometía el mismo error: lo miraba a los ojos. Negros. Tanto que parecían absorber su energía y transformarlo en un esclavo atento a cualquiera de sus deseos. Se hizo a un lado para dejarlo pasar y apenas el muchacho hubo traspasado la puerta, la cerró haciendo chocar el cuerpo del moreno contra ella y lo besó con violencia, enredando las manos en sus cabellos y devorando con su boca la otra que se le ofrecía sin la más mínima resistencia.
-Sasuke... -cerró los ojos un momento, aturdido por ese olor que le llegaba directamente a la entrepierna mientras trataba de recuperar algo de cordura- tienes que dejar de hacer esto...
-No sé a qué te refieres. Eres tú el que lo está haciendo todo, Kakashi-sensei... -arrastró las últimas palabras con esa cadencia hipnotizadora que usaba de forma deliberada cada vez que pretendía hacerse el inocente. Se zafó con un movimiento decidido y una sonrisa burlona para pasar a quitarse después el abrigo, que tiró sobre el sofá como el que siente que está en su propia casa. Del mismo modo se sentó en él, hojeando el libro que encontró a su lado, abierto y apoyado en el asiento por la página que hasta hace un momento había estado leyendo el mayor-. ¿Aún sigues con esto? Siempre pensé que las novelas guarras eran cosa de adolescentes y amas de casa aburridas.
-¿Has cenado algo? -se colocó delante de él y le quitó el libro de las manos.
-Hm, estoy bien -echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo de sofá y cerró los ojos, sintiendo al momento un peso a su lado venciendo el asiento. Después, la mano templada de Kakashi rozándole por el borde de la camiseta, justo por encima del cinturón que sujetaba sus pantalones-. ¿Qué haces? -comprobó que el otro ignoraba su pregunta y no tuvo más remedio que volverlo a sujetar por la muñeca como hacía siempre que el mayor se empeñaba en demostrarle que se preocupaba por él.
-Tienes que dejar de hacerlo, Sasuke, lo digo en serio.
-Si vas a seguir con eso, me largo -hizo amago de levantarse, pero el profesor lo cogió del brazo, volviéndolo a sentar en su sitio.
-Está bien... -se llevó las manos a los ojos, deslizándolas después por ellos para tratar de despejarse-. No es necesario que te vayas.
-Bien, voy a ducharme.
Kakashi asintió mientras el otro sacaba algunas cosas de su bolsa y se dirigía al baño. Sabía que estaba jugando con él. Lo supo desde el primer momento; esa mirada inescrutable le habló alto y claro, y él leyó como en un libro abierto la conducta viciada que se escondía detrás de esa desidia. Cometió el error de probar sus labios, beber de esa piel, saborear la estrechura de su esencia... y pagó por ello, en todos los sentidos. Se recreó en todas las drogas que le ofrecía ese cuerpo y ahora, enganchado hasta el infinito a él, no le quedaba otra opción que admitir que, muy a su pesar, le daba todo igual con tal de tenerlo aunque sólo fuese por un rato, aunque todo fuese una mentira.
Nos leemos en los comentarios. Besos y maullidos...
