Vuelve a estallar

"miente.

si dice no, me miente.

si dice sí, me miente.

y si calla también miente.

dice que yo ya no te espero.

un cabrón embustero es

mi corazón que miente"

tercer movimiento. lo de dentro –extremoduro–

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Las tres primeras horas de clase se habían convertido en una auténtica tortura, una lucha para no cerrar los ojos y caer rendido ante el sueño. Inconvenientes de no pegar ojo en toda la noche. Eso, y unas ojeras monísimas casi casi tan oscuras como su actual humor. Fue oír la campana que anunciaba el descanso y desplomarse literalmente sobre su mesa mientras todos salían del aula, escondiendo la cabeza entre los brazos y deseando que sus amigos tuviesen un poquito de consideración con su persona y dejasen de insistir con la salida de ese viernes. No le apetecía lo más mínimo. Básicamente porque la idea era "provocar un encuentro casual con Uchiha en la puerta del Kyuubi e insinuar disimuladamente que estaría bien terminar la noche allí", palabras textuales de Kiba. Y, últimamente, la simple mención de Sasuke hacía que su cabeza se convirtiera en una olla a presión sin control.

–Naruto, ¿vamos?

Levantó la cabeza lo suficiente como para encontrarse de frente con unos preciosos ojos verdes que lo miraban con algo de preocupación. Sonrió. Sakura pasaba su mano por los alborotados mechones rubios que le caían por la frente, jugando con ellos entre los dedos, y él sólo entornaba los ojos y se dejaba mimar.

–Mmm… –ronroneó como un gato–. No tengo hambre. Prefiero quedarme aquí contigo…

–¿No tienes hambre? –dirigió la mano a la frente del chico.

–No estoy enfermo. ¿Tan raro es que prefiera quedarme aquí con mi chica? –de un movimiento rápido, la alcanzó de la cintura y la atrajo hacía sí, sentándola de lado sobre sus piernas y apoyando la cabeza en su hombro.

–Sí –sonrió complacida mientras Naruto le apartaba el pelo del cuello y comenzaba a darle besitos cortos en la suave piel. La dulzura con la que la trataba el chico la hacía sentir bien. Tan tranquilo, tan suave, tan diferente a lo que cabría esperar de alguien tan impulsivo y alborotador–. Hoy es viernes.

–¿Y?

–Hay ramen.

–Tú estás más rica –deslizó la lengua por el cuello un par de centímetros y volvió a besarlo.

–Vale –la chica enarcó una ceja mirándolo de reojo–, quién eres tú y qué has hecho con Naruto –se levantó y volvió a colocarle la mano en la frente–. No parece que tengas fiebre, pero tienes un aspecto horrible. Te ves agotado.

–Gracias –cruzó los brazos en un gesto de enfado que desapareció en el momento en que Sakura lo besó.

–Vamos, los chicos te están guardando un tazón. Además –lo agarró de la mano y tiró de él hasta levantarlo–, después podrás probarme todo lo que quieras.

–¿Así que después…? –hablaba despacio, acariciando con sus labios los de la chica mientras la sujetaba de las caderas.

–Ajá… Mis padres van a cenar con unos amigos y tenemos toda la tarde para portarnos mal.

–Interesante…

–Sí que lo es…

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xxxXxxx

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–Vamos, sensei, quiero follarte ahora…

–Sasuke, ¿de qué…? –se vio interrumpido por los ansiosos labios del moreno que dirigió sus manos hasta la entrepierna del mayor, frotando y apretando toda la zona–. Sa… Ngh… Oye, Sasuke… –las manos que antes estaban fuera, trataban de meterse por debajo de la tela del pantalón, deseosas de abarcar más–. Sasuke, espera... –sentía la desesperación del muchacho en cada movimiento, en cada acercamiento de su boca violenta–. Para un momento… –desabrochaba, arañaba, succionaba cada pedazo de piel que dejaba libre sin orden alguno–. ¡Sasuke, joder!

¡¿Qué?! –se separó de golpe con las manos del otro aferradas a sus hombros. El ceño fruncido, la mandíbula rígida, el cuerpo tenso.

–¿Se puede saber qué coño te pasa? –susurró con la expresión cargada de desconcierto. Aquel comportamiento no era normal, ni siquiera para el carácter cambiante de Sasuke.

–Nada.

–Nada –suspiró–; y por nada pretendías hace un momento montártelo en el mismo instituto y descargar tu frustración en mi culo. Bien –subió una de las manos hasta acariciar la enrojecida mejilla y deslizó el pulgar por la herida que el chico tenía en el labio inferior–, no vas a contármelo, ¿verdad?

–No es asunto tuyo –volvió la cara y dio un paso atrás, alejándose de cualquier contacto.

–No es asunto mío… Ya, como tampoco es asunto mío salir a buscarte de madrugada cuando estás tan colocado que ni siquiera puedes mantenerte en pie –se acercó mientras hablaba de forma tranquila–, ni ver cómo dejas de comer y duermes sólo atiborrándote de pastillas porque no soportas las pesadillas ni la oscuridad. Y tampoco es asunto mío que te acuestes con quién sabe qué tipo de gente, y que permitas que te hagan cosas como estas –sujetó al menor del brazo con fuerza y le levantó la camisa del uniforme, dejando al descubierto las numerosas marcas que sólo conocían aquellos con los que compartía cama y momentos de placer dañino.

–No, no lo es –volvió a apartarse, esta vez despacio, enviando una mirada desgastada al hombre que tan sólo asintió al darse cuenta de la situación: que el niño lo dejara vagar entre sus piernas no significaba en absoluto que lo dejase formar parte de su vida.

–Entiendo.

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Terminó de abrocharse los pantalones mientras ella lo miraba desde la cama, sonrojada y con una sonrisa en los labios.

–No te vayas… –Sakura se incorporó un poco tapándose con la sábana y con una mano agarró la del rubio que acababa de vestirse frente a ella.

–Claro, estoy seguro de que lo mejor en estos casos es que lleguen tus padres y me vean aquí. Eso los haría realmente felices –sonrió sin ganas y se sentó a su lado, acercándose más para besarla de forma suave en los labios.

–No seas idiota. A mis padres no les caes mal…

–Ya, lo único es que no quieren que su princesa ande con un muerto de hambre como yo –se encogió de hombros.

–Naruto, sabes que a mí el dinero no me importa lo más mínimo…

–Lo sé –"pero eso es porque a ti no te falta…" No quiso molestarla, así que se guardó su opinión para sí mismo. Al fin y al cabo, ella no tenía la culpa.

–¿Vas a salir?

–No, estoy cansado. Además, mañana quiero levantarme temprano y estudiar un poco, ya sabes.

–Es duro, ¿verdad? –se colocó por detrás y masajeó esos hombros morenos mientras besaba su nuca–. Sacar buenas notas y el fútbol… Tu sonrisa no ha sido la de siempre esta última semana –el rubio giró la cabeza para encarar a Sakura con extrañeza. ¿Tan obvio era? Él, que a estas alturas ya se consideraba un maestro en el arte de fingir confianza y seguridad en sí mismo…–. No me mires así, sé que algo te tiene distraído. Te conozco bien, Naruto. Sólo quiero que sepas que me tienes aquí… para lo que necesites… Te quiero mucho…

Naruto asintió y la volvió a besar, girándose para quedar frente a la chica, y la tumbó con el peso de su propio cuerpo sobre la cama.

–Tengo que irme –susurró sobre sus labios. Esta vez fue ella la que asintió con resignación. Ciertamente, si sus padres los pillaran así, su futuro inmediato estaría irremediablemente ligado a una larga estancia en cualquier buen instituto en el extranjero.

–Descansa.

–Lo haré. Hablamos mañana –cuando ya iba por la puerta, volvió sobre sus pasos para darle un último beso en los labios a su novia y después salió del piso, asegurándose de no encontrarse con nadie en el ascensor o en los pasillos.

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¿Por qué lo estaba siguiendo? Llevaba los últimos veinte minutos haciéndose esa misma pregunta y aún no sabía la respuesta. El caso es que lo había visto saliendo de un lujoso edificio de apartamentos cercano a la casa de Sakura y, sin saber por qué, había bajado el ritmo de su paso para caminar tranquilamente a varios metros de distancia del moreno que se llevaba de vez en cuando la mano a un costado, como si se hubiese dado un golpe en la zona.

Lo vio entrar en la estación de metro y coger la línea Hibiya. Igualmente no se detuvo, imaginándose adónde se dirigía; por supuesto, Roppongi.

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Sabía adónde lo estaban llevando sus pasos casi de forma inconsciente. Kyuubi, el sitio de moda. Lo conocía tan bien como si fuese su propia casa. Al local y a la gente que día tras día se dejaba mecer por ese sueño adulterado, por esa sensación de pertenecer a algo realmente importante… Una nueva punzada en el lado le hizo detenerse a pocos metros de la puerta donde, un día más, la gente esperaba su turno para entrar en la guarida de la bestia. Respiró tratando de que el dolor se convirtiera tan sólo en una vía de escape de su envenenada mente. Verdaderamente, ese cabrón era un puto sádico. Compuso su mejor gesto, uno de total desinterés hacia todo y todos los que le rodeaban, y con la firme intención de aliviar algo de su angustia, dio los pasos que le faltaban para convertirse él también en uno de esos corderitos que se dejaban comer por Kyuubi.

Nada más atravesar la puerta, el sonido de su propio nombre lo hizo volverse a mirar atrás.

–Dice que viene contigo –el portero sujetaba por los hombros a un chico que lo miraba expectante, buscando con sus ojos azules y transparentes la mirada negra y vacía que engullía cualquier luz.

El moreno parpadeó un par de veces y frunció el ceño, volviendo a recuperar el aire que había soltado nada más distinguir, entre la oscuridad de la entrada, esos mechones rubios y desordenados. "¿Naruto…?" El otro no decía nada, tan sólo lo miraba como buscando algo de vital importancia que una vez existió en esos ojos oscuros.

El dolor que sentía se hacía insoportable por momentos, salía a la luz y comenzaba a reflejarse en su cara… De nuevo, la única salida que encontró fue la indiferencia.

–No sé de qué hablas. No lo conozco –prosiguió su camino esperando oír su nombre en aquella voz, pero no pasó nada y cansado, volvió a inventar su imperturbable gesto para adentrarse de una vez en el agujero, al amparo de las garras del zorro.

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No sabía muy bien cómo había pasado, pero estaba dentro. Lo había visto todo como a cámara lenta; primero la pelea, después al portero acercándose para imponer, con su aire de dios todopoderoso, un poco de orden en la entrada. Había visto el hueco, justo delante de donde se había quedado esperando sin saber adónde ir hace ya casi una hora tras oír aquellas palabras… "No lo conozco" y sus pies habían reaccionado rápido, más que su mente, que aún se preguntaba por qué, en un primer momento, había seguido al moreno hasta allí. Nada más entrar, la humedad y el calor propios de ese tipo de ambientes se le pegó a la ropa, al igual que los cuerpos ansiosos de la gente que bailaba dejándose llevar, exponiendo la piel deseosa de ser acariciada. Tratando de abarcar el máximo posible con su mirada, se estiró todo lo que pudo, dándose cuenta de inmediato de que era imposible localizar a alguien de esa manera. Resignado a aguantar el manoseo lo mejor posible, consiguió llegar hasta el centro de la sala, sintiéndose de pronto ansioso y bastante fuera de lugar.

–Sasuke… –el nombre sonó extraño incluso para la persona que lo había pronunciado, después de tanto tiempo. El aludido despegó los labios de otros que hasta ese momento devoraba con impaciencia y volvió la cabeza, con la mirada totalmente perdida en un punto más allá del rubio y de toda aquella falsa realidad. Del mismo modo volvió a lo que estaba haciendo, rechazándolo de una manera tan fácil que al rubio incluso le pareció un comportamiento demasiado infantil.

Se quedó quieto sin saber qué hacer, viendo cómo Sasuke dejaba de besar a la pelirroja con la que estaba y se dirigía con ella y con otro chico más hacia unas escaleras que daban directamente a la zona vip ubicada en una especie de entreplanta en forma de ele con vistas a la pista principal. Decidido a seguirlo sin dejarse intimidar, se abrió hueco entre la gente que le cerraba el paso y consiguió llegar a las escaleras cuando el moreno ya estaba prácticamente arriba, pero un fuerte brazo justo delante le impidió continuar.

–Lo siento. Esta zona está reservada –un hombre corpulento y con cara de pocos amigos lo agarró por uno de los hombros clavándole los dedos. Bonita forma de persuadirlo para que no diera un solo paso más.

–¡Sasuke! –la impotencia que sentía lo hizo gritar más de lo educadamente aceptable y el moreno no tuvo más remedio que detenerse. Observó cómo le decía algo a la chica de antes al oído y tanto ella como el otro chico se alejaron hacia la zona de reservados. Con andar tranquilo, volvió sobre sus pasos hasta pararse justo enfrente y le hizo una señal al de seguridad para que lo dejara.

–¿Qué quieres?

Sintió un gran peso desaparecer cuando escuchó aquellas palabras, a pesar del tono desdeñoso de las mismas. Le hablaba. Se dirigía a él por primera vez en tanto tiempo que una sonrisa estúpida que no pudo controlar asomó a sus labios. En ese momento, cuando los ojos negros se centraban sólo en él, se dio cuenta del verdadero cambio de Sasuke. Allí no había brillo ni esperanza alguna. Decepción, desánimo; podía verlos tan claramente que se sorprendió de no haberse dado cuenta antes. Y el alivio de hace tan sólo unos segundos se esfumó tan rápido como había llegado.

–A ti. Quiero que volvamos a ser amigos –una simple frase dicha con toda la determinación de que era capaz en ese momento. La misma frase que había conseguido que el moreno levantara las cejas en un gesto extraño–. Sigo estando solo, Sasuke…

Iba a decir algo, pero la frase se quedó en su garganta al ver la mano estirada del rubio hacia él. Algo dentro de sí le suplicaba que cogiera esa mano, que la cogiera y no la volviera a soltar nunca, algo tan fuerte como el sentimiento opuesto que le decía a voz de grito que no podía hacerle eso a su amigo. Amigo. Un sabor amargo le subió por el estómago hasta hacerle casi vomitar. "Naruto".

–Lo siento, pero no tengo la menor intención de volver a ser tu amigo –clavó la vista en el suelo, fijándola en la esquina de la barandilla. Necesitaba un punto concreto para evitar que todo empezara a darle vueltas. "Mierda."

–¿Qué?

–Hidan –el hombre lo miró entendiendo la situación y con un simple 'vamos' cogió al rubio de los hombros y lo dirigió amablemente a la salida.

Sus protestas no se hicieron esperar, siendo acalladas a cada paso forzado que daba por el sonido de la música y las voces de aquellos que ni siquiera se daban cuenta de lo que estaba pasando.

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Subió las escaleras sin mirar atrás sabiendo que si lo hacía, probablemente no habría marcha atrás y se dejaría llevar otra vez por la avasallante energía de su mejor amigo. No, así era mucho más sencillo. Al fin y al cabo, Naruto no merecía estar a su lado.

–¡Que te follen! –alguien lo arrolló por atrás logrando que su cuerpo, que no esperaba el impacto, chocara de frente contra una mesa, cayendo sobre ella y tirando varios vasos al suelo. Al momento el peso sobre su cuerpo desapareció y al incorporarse pudo comprobar por qué. Hidan agarraba con fuerza a Naruto, que quedó inclinado hacia adelante y con ambos brazos sujetos en la espalda en una posición que se veía claramente dolorosa ante la más mínima resistencia–. ¡Joder, suéltame!

–¡Hidan! –el primer asombrado fue él mismo. ¿Había gritado? Era extraño, porque hacía años que no perdía los papeles–. Vamos, déjalo –recobrando la calma y su usual indiferencia, miró a Naruto, que se sobaba el hombro izquierdo, a los ojos y le hizo una señal para que lo siguiera escaleras abajo. Bastante espectáculo habían dado ya.

Bajaron ante la atenta mirada de todos los que estaban allí preguntándose quién era ese chico y qué relación tenía con el moreno como para que éste se comportara de esa manera, porque estaban seguros de que si eso lo hubiese hecho cualquier otro, en este momento estaría de patitas en la calle y con algún miembro dislocado, como poco.

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Anduvo por inercia, siguiendo el mismo camino que hacía de vez en cuando solo o acompañado hasta aquella pequeña habitación, pero esta vez era completamente diferente a cualquier otra. Naruto lo seguía, demasiado callado para su gusto, consiguiendo que se pusiera nervioso y alerta sin poder evitarlo. Encendió la luz y cerró la puerta cuando ambos estuvieron dentro, alejados del bullicio de abajo.

–¿Qué es…? ¿Tú… tra… trabajas aquí o…? –había escuchado los gemidos tras las otras puertas antes de entrar allí, pensando de repente en una posibilidad que hasta ese momento ni se le había pasado por la cabeza.

–La dueña es una buena amiga –se sentó en la cama e invitó a Naruto a hacerlo en una silla que había frente al escritorio–. Esto no es un burdel. Las habitaciones se alquilan a clientes importantes, pero Guren no trabaja con putas. Es la dueña de Kyuubi –respondió a la pregunta que le había hecho el rubio con un gesto de las cejas al decir ese nombre–. Naruto, ¿qué estás haciendo aquí?

–Ya te lo he dicho –trató de responder de la misma forma tranquila que lo hacía el moreno–. No me gusta fingir que no te conozco… ni que tú me ignores.

–Ya, Naruto, déjalo –se levantó y le dio la espalda para mirar distraídamente por la ventana. Las manos le sudaban y sentía la boca seca. Definitivamente, mezclar no había sido buena idea. Inspiró tratando contener la maldita sensación de asfixia, pero el aire parecía no querer llegar a los pulmones. No tenía puesta la calefacción, joder, ¿desde cuándo hacía tanto calor en ese sitio? Suspiró–. Nunca has sabido mentir. Llevamos siete meses de curso haciéndolo, ¿por qué vienes precisamente ahora?

–Yo… te, bueno, te vi con Kakashi–sensei en el instituto… –agachó la cabeza para evitar la mirada de Sasuke a través del cristal. No era timidez, pero, demonios, ni siquiera sabía por dónde empezar.

–Ya veo, así que es eso… ¿Y qué me vas a decir? ¿Que es más mayor, que es un profesor, que es un hombre…? –se giró y se apoyó contra el escritorio, dispuesto a mantener el control y encarar así cualquier impertinencia.

–Dímelo tú –sin pensar, se levantó y lo agarró del brazo, tal y como había visto hacer a Kakashi, consiguiendo la misma expresión de dolor, esta vez mezclada con sorpresa–. ¿Qué te voy a decir, Sasuke?

El moreno sonrió con rabia y se soltó de un tirón.

–No tienes ni idea…

–Pues sácame de mi error –lo vio llevarse una mano a la frente y bajarla después hasta la boca al tiempo que lo empujaba y corría hacia una puerta entreabierta que, supuso, debía dar a un cuarto de baño–. Oye… –tal y como había imaginado, lo encontró arrodillado frente al inodoro vomitando. Se acercó hasta quedar apoyado en el marco de la puerta. Cuando él se emborrachaba, odiaba profundamente que no le dejasen vomitar tranquilo. Joder, sólo vomitaba un rato y después se encontraba mejor. Y, desde luego, no necesitaba a nadie a su lado para hacerlo. Por eso se quedó a un par de metros, viendo cómo el otro se incorporaba al momento, tiraba de la cisterna y se acercaba después al lavabo para enjuagarse la boca y mojarse un poco la cara–. ¿Te encuentras mejor?

–Hm.

–¿Sabes? Cuando te vi con Kakashi–sensei volví a recordar todo lo que éramos –lo miró a través del espejo. Sasuke seguía dándole la espalda, con las manos apoyadas en el lavabo y la vista en el desagüe–. Tú y yo éramos los mejores amigos. Al menos para mí, fuiste la persona más importante. Más incluso que mis abuelos, porque tú no tenías la obligación de estar conmigo –pasó su mirada a sus propias zapatillas. En cuanto tuviese algo de dinero, tenía que comprarse unas nuevas, porque éstas se caían a pedazos–. No entiendo muy bien qué fue lo que nos pasó, pero cuando has hablado conmigo esta noche, me he dado cuenta de lo solo que me he sentido todo este tiempo y, bueno, si tengo que partirte la cara a hostias para que vuelvas a hacerme caso, no dudes que lo haré.

–Ya, ¿tú y cuántos más? –Sasuke sonrió ligeramente y se volvió para verlo mejor. Naruto no había cambiado en absoluto. La misma mirada fiera, esa tozudez y las maneras de niño acostumbrado a sacarse los problemas de encima a base de sonrisas. Concretamente esta última lo había desarmado. Y aunque cualquiera diría al verlos de pequeños que él llevaba la voz cantante, la verdad era que siempre había sido Naruto el líder de ese equipo de dos–. Eres un incordio.

–Lo sé, teme –sonrió más ampliamente. Con Sasuke los insultos eran un buen síntoma.

–Sólo una cosa.

–Dime.

–No me juzgues.

Naruto vio cierto temor en la frase que no le gustó nada. Decidió dejar las cosas claras desde el principio. Tal vez se ganara un puñetazo con ello, pero necesitaba ser completamente sincero con su amigo. Cogió aire y lo soltó de golpe.

–Te vi mientras un tipo te hacía una mamada y después te pagaba; también liándote en el instituto con Kakashi–sensei –tenía la determinación pintada en la cara. No iba a volver a pecar de inocente–; estás colocado, pero no hueles a alcohol; hace un rato te dabas el lote con una tía y tengo la impresión de que el chico que estaba con vosotros también se iba a unir a la juerga. Si eso lo haces en frente de cualquiera que pueda verlo, no quiero ni imaginar qué haces entre estas cuatro paredes, por mucho que digas que la tal Guren es una buena amiga tuya... No soy un niño al que tengas que proteger de la mierda de este mundo.

–Si eso es lo que piensas, acompáñame.


Bueno, esto es todo. No termina de cuadrarme (nunca lo hace), pero aquí está. Felices fiestas, vacaciones y lo que sea. Gracias por vuestros comentarios. Los acepto como regalo navideño, no seáis tacañas. XD Nos leemos.