Bajando

"y dicen que mi vida es un exceso,
y yo me vendo solo por un beso.
¿qué voy a hacer, si vivo a cada hora
esclavo de la intensidad?
vivo de la necesidad.

estaba el cielo lleno de estrellas,
y he pasado la noche con ellas.
¿qué voy a hacer, si vivo a cada hora
esclavo de la intensidad?
vivo de la necesidad"

tercer movimiento. lo de dentro –extremoduro–

.

"Acompáñame". Una sola palabra y lo había seguido sin preguntar adónde. Por eso ahora se encontraba allí, sentado cómodamente en uno de los sofás de la zona vip, con la pelirroja esa enfrente, Karin, y el otro tipo, un tal Suigetsu, que lo miraban como si fuese un postre de chocolate y ellos llevasen meses a dieta. Se decía a sí mismo que la mejor manera de acercarse a su amigo era no presionarlo. Él era testarudo, pero sabía que Sasuke podía llegar a serlo incluso más. Había conseguido abrir una grieta, una pequeña rendija por la que colarse en el mundo del moreno; diminuta, sí, pero abertura al fin y al cabo. Le dio un trago al ron con coca-cola y comprobó que era casi todo hielo. Lo agitó un poco. Sasuke había vuelto a hablarle, a hacerle caso; incluso le había presentado a aquellos dos. Hizo una mueca grotesca parecida a su sonrisa. Nunca el autoengaño le había parecido tan obvio. Pese a esta nueva situación, sabía que la confianza en él era algo que su amigo había perdido.

Sasuke se acercó por su izquierda con un par de vasos llenos y dejó uno de ellos en su mano, quitándole el que estaba vacío con una media sonrisa y la mirada vidriosa. Se sentó a su lado en el sofá y abrió un papelito que se acababa de sacar del bolsillo. No hacía falta ser adivino para saber lo que venía ahora. Cinco perfectas y paralelas rayas de coca cortadas sobre el reverso de uno de los posavasos metálicos repartidos por la mesa.

–¿Cinco? –Suigetsu se había inclinado hacia adelante para prestar atención a los movimientos que el moreno hacía de forma distraída.

–Hola –otro chico se acercó por donde antes lo había hecho Sasuke, directamente desde la barra, con una bandeja llena de chupitos. Sus ojos claros, entre verdes y azules, se clavaron en los de Naruto nada más dejar la bandeja sobre la mesa, ignorando a los otros dos que parecían mostrar cierto recelo hacia él–. Soy Gaara, ¿y tú?

–Naruto.

–Bien –Gaara pasó por el lado de Sasuke y se sentó junto al rubio después de apartarse de los ojos un mechón pelirrojo que hizo que mostrara el extraño tatuaje que tenía en la frente. "¿Amor?"–, una ronda por cuenta de la casa –al decir esa última palabra, miró a Sasuke con una sonrisa rara, como si la invitación fuese cosa del moreno–. ¿Y eso? ¿Nos invitas a todos a un tiro?

–Invita la casa, ¿no? –le tendió el posavasos y un billete enrollado y Gaara los aceptó con gusto.

Naruto se percató del juego que se traían esos dos, de las miradas cargadas de un significado que él era incapaz de comprender… Le dio un trago a la bebida que ya había olvidado entre sus dedos y fijó su mirada en las acciones del que tenía al lado, en cómo esnifaba la primera línea mientras cerraba los ojos, disfrutando de lo que quiera que estuviera sintiendo en ese momento. Después se la pasó a Suigetsu, que estaba a su derecha, y tanto él como Karin hicieron exactamente lo mismo.

Ella le entregó el soporte con las dos rayas que quedaban a Sasuke, que en vez de hacer lo que le tocaba, se las ofreció al rubio.

–Una es para ti.

–Yo… yo nunca… –volvía a atragantarse con las palabras. Muy bien, claro que sí. Aún así, tomó el posavasos y el billete. Su parte racional le recordaba que aquello no era una buena idea, que no lo estaban obligando y que negarse era la mejor opción… pero la parte racional de un chico de dieciséis años recién cumplidos casi siempre pierde ante el afán de conocer, de experimentar cualquier cosa nueva que se le presente. Y el golpe en el cerebro y en la garganta, el cosquilleo 'anestesiante' de su boca y el latir en aumento de su corazón le estaban demostrando con hechos lo estúpidamente divertido de su elección.

–Disfruta de la reina de la noche –escuchó la voz de Sasuke aún con los ojos cerrados y supuso que había sido él el que le había quitado de las manos las última raya.

Cuando abrió los ojos, vio en los de los demás el mismo brillo ansioso, el mismo deseo irrefrenable de moverse y perder el control; y se sintió de pronto parte de ese algo engañoso y a la vez real que lo acogía.

.

.

Sudaba. Igual que el resto. Todos se movían de forma frenética, dando saltos y levantando los brazos con cada nueva canción. Chocaba contra otros cuerpos y le daba exactamente igual, sintiéndose ligero y pesado a la vez. Aturdido y alerta mientras el alcohol lo sumergía en un momento de placer alienante. Karin acababa de pasarle los brazos por el cuello aprovechando el repentino cambio de ritmo y se restregaba contra él sin ningún miramiento. Notaba la pelvis de la chica contra su miembro, sus labios entreabiertos dispuestos para lo que el rubio quisiera hacer. Desvió la mirada. Sasuke volvía con otros dos vasos. Se preguntó cuántos se habrían tomado y cuánto costaría cada uno de ellos, dado que no había pagado una sola copa en toda la noche y que era el moreno quien se las dejaba directamente en la mano.

–No lo atormentes, Karin, que el niño tiene novia –llegó hasta ellos y la chica se separó, haciéndole una mueca de fastidio a Sasuke antes de alejarse hacia los servicios.

–¿A quién llamas niño? Te recuerdo que tenemos la misma edad –le quitó uno de los vasos suponiendo que era para él.

–Si no querías que te quitara a Karin de encima, sólo tenías que decírmelo… –sonrió de medio lado mientras Naruto murmuraba un "estupidogilipollasengreido" con un tonillo rabioso. Había olvidado lo entretenido que era molestarlo. Aún se le hacía raro tenerlo delante, pero esa sensación aminoraba conforme la noche pasaba y los grados de alcohol y gramos de coca aumentaban en su sangre. Al lado del rubio, Suigetsu lo miraba esperando algo que sospechaba esa noche iba a quedar aparcado. Él aguantó la mirada y, sin apartarla, agarró a Naruto del borde de la manga, rechazando así la propuesta que el otro le hacía y consiguiendo que Suigetsu se diera la vuelta y se alejara camino a la barra–. Voy a subir un momento, ¿vienes?

–Claro –sin percatarse de lo que acababa de suceder ahí, lo siguió de nuevo escaleras arriba, pasando esta vez sin problemas por delante del segurata. Desde luego, Sasuke se encontraba como en casa, y eso se notaba en la manera de moverse por allí y de sentarse en el sofá, en el que prácticamente se había tumbado. A su lado, Naruto se dejó caer con todo el peso del licor sobre su ánimo, comprobando que el ambiente empezaba a tambalearse sin compasión.

–¿Fumas? –sacó un paquete de tabaco del bolsillo y le quitó el precinto para coger un cigarro y ofrecerle la cajetilla a Naruto, que negó dándole un trago a su bebida–. Es verdad, juegas al fútbol…

–¿Juegas al fútbol? –Gaara interrumpió la conversación dejando ante ellos otros tres chupitos de un líquido que se veía fluorescente gracias a la luz del sitio. No esperó contestación, y sólo se sentó entre los dos y dejó caer un poco de polvo blanco sobre la mesa, preparando tres rayas con una facilidad pasmosa. Acabó con la primera en un abrir y cerrar de ojos, mientras una sonrisa hambrienta comenzaba a perfilarse en su expresión–. La nieve siempre me pone cachondo–. Echó el cuerpo hacia atrás, apoyando la cabeza sobre el respaldo. Desde esa posición, observó cómo Sasuke se acercaba más a él y se inclinaba sobre la mesa para meterse otra de las rayas, y acarició los mechones negros que le tapaban el rostro, deslizando su mano por esas hebras oscuras–. Naruto –el aludido lo miró con los ojos entrecerrados–, ¿te apetece echar un polvo?

El comentario le hizo soltar una risita suave. Hablaba en serio. ¡Joder que hablaba en serio! Lo confirmó al sentir los blancos dedos del pelirrojo trazar dibujos irregulares sobre su bragueta.

–Lo siento, pero no me van los tíos –acompañó el comentario con una sonrisa mientras se encogía de hombros.

–¿Estás seguro? –seguía sin despegar la mano del pantalón de Naruto, viendo que éste no hacía lo más mínimo por evitar el contacto–. Puedo mamártela hasta hacerte gritar… –lo miró directamente a los ojos, como haría un encantador de serpientes, acercando su aliento al del rubio de forma casi tan obscena como sus palabras– y a mi culo no le va a importar en quién estás pensando mientras me follas. Incluso puedes imaginar que soy una chica…

–Y el tiempo se detendrá, y mañana no tendré que mirar a mi novia a la cara…

–Comprendo: hetero y fiel. Es una lástima… –se despegó de él y volvió a fijar su atención en Sasuke, que permanecía doblado hacia adelante, con el billete enrollado en una de las manos y el móvil, que supuso había sacado mientras él hablaba con Naruto, en la otra; demasiado tenso después de haberse acabado las dos rayas que quedaban–. Oye…

El moreno le devolvió la mirada de soslayo, desde abajo, frunciendo el ceño y con la frente perlada de sudor. Gaara conocía esa expresión. Lo sujetó por la muñeca un momento para ver qué había en la pantalla del móvil y pudo leerlo claramente a pesar de la escasa luz: "La cita se adelanta a mañana a las siete de la tarde". A pesar de saber quién enviaba ese mensaje a esas horas, bajó hasta el final deseando equivocarse por una vez. Inútil deseo.

Le pilló por sorpresa la velocidad con que Sasuke se incorporó y, sin decir nada, se dirigió hacia abajo, dejando allí también a un Naruto que los miraba a ambos completamente perdido. Más aún cuando oyó a Gaara mascullar un "Mierda. Mierda, mierda, mierda…" antes de seguir al otro, que ya esquivaba gente en la pista en dirección a la puerta de atrás.

–¡Oye, espera! –no pensaba quedarse parado. No tenía la menor idea de lo que estaba pasando allí, pero no había que ser un genio para adivinar que era grave teniendo en cuenta la reacción de aquellos dos.

Llegó a la calle dos segundos después del pelirrojo, que estaba de espaldas, a unos cinco metros, viendo a una moto alejarse de forma tan apresurada que las marcas de los neumáticos se quedaron grabadas en el asfalto.

–¡Sasuke! ¡Vuelve, joder! –el grito se escuchó con rabia en todo el callejón, reflejo de toda la impotencia que sentía en ese momento. Con el mismo sentimiento de inutilidad, le dio una patada a un contenedor, causando un ruido metálico al golpear éste de lleno contra la pared.

–¿Qué… ha pasado? –recibió la mirada irritada de Gaara y sintió la necesidad de dar un paso atrás, pero se mantuvo firme en el sitio, encajándola con entereza.

–Vete a casa, Naruto –había empezado a andar de vuelta al interior del local cuando una mano de frente le impidió el avance.

–No pienso dejar a Sasuke otra vez, así que no me obligues a sacártelo a golpes –sus ojos reflejaban un valor que no sentía. La verdad era que estaba cagado, pero era lo suficientemente imprudente en ese momento como para enfrentarse a lo que hiciera falta. El otro muchacho lo observaba examinando su comportamiento. Entonces vio cómo sacaba una libretita y un bolígrafo que llevaba enganchados en el cinturón y anotaba algo en ella.

–Haz lo que quieras –arrancó la hoja en la que acababa de escribir y se la entregó al rubio sin apartar la mirada de la azul–. Tan sólo espero que seas tan firme como aparentas. Por tu bien.

.

.

Era la segunda vez en un día que iba tras los pasos de su amigo. El metro acababa de abrir hace un rato y sentado, con el papel que Gaara le había dado fuertemente sujeto entre los dedos, repasaba mentalmente todas las cosas que habían pasado esa noche tratando de encontrar una pista que le llevara a comprender por qué se dirigía hacia allá. Resopló. Kabukichō nunca le había gustado a esa hora. Demasiado sórdido para su gusto. No era ningún secreto que la yakuza y la mafia china se movía por esos lares. La madrugada dejaba ver las luces que iluminaban con sus colores chillones y electrizantes todos los locales de prostitución y pornografía censurada.

Miró una vez más el nombre de la calle escrito con aquella caligrafía irregular y arrugó el papel antes de guardarlo en el bolsillo de sus vaqueros. Le había costado dar con el sitio, casi una hora, pero finalmente lo tenía ante sí: un edificio, no muy alto para pertenecer a aquella zona, que mostraba en la planta baja un local pequeño con las fotografías de unos veinte chicos y chicas en la pared, ofreciéndolos a la carta, como si fuesen objetos o mera comida de plástico en un escaparate. A la derecha, la puerta que daba a las plantas superiores estaba cerrada, por lo que no le quedó más remedio que llamar al portero automático siguiendo las indicaciones de Gaara en la notita, en la que se especificaba que debía dirigirse al tercer piso.

Habían abierto sin siquiera preguntar y el olor a perfume mientras subía por el ascensor había provocado una lucha en su mente entre lo que sabía que iba a encontrar allí y la pequeña esperanza de estar equivocado. Tocó el timbre con desconfianza cuando se halló frente a la puerta de entrada al piso.

–¿Qué quieres? –preguntó un hombre de mediana edad con pinta de yakuza después de mirarlo de arriba abajo con descaro.

–Yo –tragó saliva antes de responder, sacando fuerzas de donde no las tenía– vengo con Sasuke.

El otro respondió con un "pasa" sin dejar de mirarlo, relamiéndose los labios inconscientemente y mostrando esta vez una sonrisa libertina que le dio escalofríos. ¿Dónde se estaba metiendo? Para su desgracia, lo supo nada más atravesar el pequeño recibidor que daba paso a la sala. Las suaves luces, repartidas por toda la estancia, no hacían sino crear un juego de sombras que parecían querer disimular lo repulsivo del ambiente, en el que el sexo explícito se mostraba ante él sin reparo. El hedor del alcohol y el tabaco penetró por sus fosas nasales directo a sus pulmones, que se agarrotaban por momentos al igual que sus músculos. Chicos y chicas jóvenes en ropa interior, desnudos o con una vulgar imitación de un uniforme de colegiala, besándose, tocándose, follando delante de hombres mayores que se masturbaban añadiendo a la escena un nuevo y repulsivo olor. Sobreponiéndose a la aversión y a las náuseas, dirigió su vista al hombre que le había abierto.

–Al final del pasillo.

Giró su cabeza rápidamente al lugar que el otro le señalaba y se dirigió hacia allí. Un pasillo con dos puertas a cada lado y una al fondo, sin ningún tipo de decoración especial. Tuvo que hacer un esfuerzo para abrir el puño, que en su rigidez, se negaba a asir el pomo de la puerta. ¿Tocaba o entraba sin más? No sabía qué había llevado a Sasuke a acabar en un sitio como ese y tuvo que reconocer que la incertidumbre de lo que estuviera ocurriendo detrás de esa puerta estaba acabando poco a poco con todo el valor que había logrado reunir, así que sin pensarlo dos veces, giró el pomo, enfrentándose a una escena que le revolvió el estómago al tiempo que le destrozaba el alma. Ni siquiera se fijó en el hombre que terminaba de vestirse sin prestarle atención a pesar de la interrupción hasta que lo vio coger un arma de la mesilla de noche y guardársela por debajo de la chaqueta, a la altura de la cintura. Bajó la vista al suelo por acto reflejo cuando ese individuo pasó por su lado, como si su instinto de supervivencia le hubiese advertido que no debía mirarlo a los ojos si quería salir de allí de una pieza.

Frente a él, Sasuke permanecía inmóvil en el suelo de tatamis, desnudo y manchado de semen en el hombro y en la mejilla. A su lado, un par de condones usados y con algo de sangre, la misma que se veía también bajando por entre sus nalgas acompañada de algo transparente y gelatinoso. Aún en shock, reaccionó lo suficiente como para cerrar la puerta a su espalda y acercarse al muchacho que, boca abajo y con los ojos cerrados, tiritaba como un cachorro. Se quitó la cazadora apresuradamente y cubrió la espalda del moreno mientras trataba de girarlo e incorporarlo un poco.

–Sasuke… –sintió un asco horrible cuando limpió las salpicaduras de su cara con la manga de su camiseta, pero no era el momento de ser escrupuloso. Tenía que salir de allí lo antes posible, por su propio bien y el de su cordura–. Sasuke, vamos, mírame.

Los ojos negros le devolvieron una mirada vacía que le paró la respiración. Observó cómo los cerraba de nuevo mientras una sonrisa de extrema satisfacción se acentuaba en su cara. "¿Qué coño te has metido?" Lo recostó con cuidado apoyándolo contra el borde de la cama y se movió rápido para buscar lo antes posible toda su ropa. A contrarreloj, lo vistió como si se tratase de un muñeco de trapo, ignorando las heridas, arañazos y mordiscos que ese cuerpo presentaba prácticamente en todas partes para evitar flaquear antes de sentirse totalmente a salvo. No encontró sus zapatos. No le dio importancia, suponiendo que estarían seguramente en la entrada, así que, con las pocas fuerzas que le quedaban después de todo, logró que se pusiera de pie y anduviera a su lado, más bien completamente recargado sobre él, hacia la salida.

–¿Ya os vais?

Se tensó al momento de escuchar la pregunta y apretó la mandíbula mientras mostraba una sonrisa que pretendía ser natural.

–Sí, es un poco tarde –hubiera caído de rodillas por culpa de la tensión que lo abrumaba de no ser porque el hombre asintió conforme.

–Vuelve cuando quieras –insinuó a la vez que le acariciaba la mejilla desde la sien hasta la barbilla y después todo el torso con la punta del dedo índice hasta la cinturilla del pantalón –Esto es un regalo –le metió algo en el bolsillo aprovechando el movimiento para manosear también el miembro del rubio sobre la tela– para ayudarte a tomar una decisión, ya sabes…

–Claro –hizo una leve reverencia y se giró para salir de una vez por todas de ese maldito lugar.

.

.

Respiraba agitadamente, más de lo que lo había hecho en toda su vida… ¡Y él entrenaba a diario! Ni el más cruel de los entrenamientos podía compararse con el desgaste físico que acaecía en su cuerpo en ese momento. Después de llevar a rastras a un Sasuke casi inconsciente hasta su improvisada casa, había perdido la energía que lo había impulsado a hacer toda esa locura aquella noche y se había dejado caer al suelo, resbalando la espalda contra la fría pared, mientras miraba al moreno que, tumbado en el futón, dormitaba en su mundo ideal de realidad deformada.

Sin embargo, él no podía quitarse de la cabeza el cuerpo mancillado de su amigo. Viendo ahora la situación con la cabeza algo más despejada, aquello no tenía sentido. Ningún sentido. Sabía que le faltaba información para resolver el nuevo enigma en el que se había convertido Sasuke para él, pero, maldita sea, lo que había visto era demasiado. Joder, ¿qué es lo que le pasaba por la cabeza a ese gilipollas? ¿Qué demonios le había llevado a hacer esa clase de cosas? Sintió ganas de gritar, de gritarle a Sasuke cuatro cosas a la cara, de golpearlo hasta sacar de él una explicación convincente para todo aquello. Se llevó las manos a la cara, pasándolas varias veces por sus ojos, que comenzaban a llenarse de lágrimas. Suspiró. Lo que menos necesitaba Sasuke, en cualquiera de los casos, era un solo golpe más. La rabia lo llevó a esconder la cabeza entre las piernas flexionadas y a llorar. A llorar con rabia, soltando por fin toda la adrenalina acumulada, la tensión, la ansiedad, el nerviosismo…

Cuando consiguió tranquilizarse, el sol despuntaba en el horizonte y sus débiles rayos invernales se colaban por las rendijas de las vencidas persianas. Su mente no aguantó más y se quedó dormido.

.

.


Bueno, este Sasuke lo lleva cada vez peor... En fin... U_U A partir de ahora trataré de desarrollar la trama en sí. Y se preguntarán, ¿si ahora empieza la historia, qué has estado haciendo en estos cinco capítulos? Lo que quiero decir es que la cosa no se va a quedar en un Sasuke liándose con todo dios y un Naruto voyeurista. Uf, es que me da la impresión de que sólo escribo situaciones comprometidas y subiditas de tono relacionadas con nuestro antipático preferido...

Si el capítulo ha sido de vuestro agrado, me encantará recibir un comentario. Si no, también. Se aceptan críticas y correcciones. También saludos y recomendaciones para leer vuestros fics. Es que en esta página hay muuuuuchos fics y no sé por dónde empezar. ¡A cuidarse y a escribir!

Miaaau =^_^= (definitivamente se me ha ido la pinza) ^_^U