Mi tardanza a la hora de actualizar se debe a una única razón que puedo resumir en una frase: "Intenté sacar el tiempo de debajo de las piedras, pero sólo encontré bichos".
Lo único que puedo decir a mi favor es que siempre, SIEMPRE, termino lo que empiezo. No voy a dejar colgado el fic con el coraje que me da que me lo hagan a mí como lectora.
Dejo esta aclaración al principio poque no fastidia la lectura:
Tōchō: nombre por el que se conoce al Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokyo.
Yoichi: Whisky de origen japonés considerado el mejor whisky de malta por la revista inglesa The Whisky Magazine en los premios "The World's Best Single malt Whisky" que otorga cada año.
Gracias por la paciencia.
Al filo
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"¿dónde están los besos que te debo?
en una cajita,
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
¿dónde están los besos que me debes?
en cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva".
a fuego —extremoduro—
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Sintió las manos del otro firmes sobre su pecho y al momento, su cuerpo era retirado y su espalda chocaba de nuevo contra la pared. Entonces fue plenamente consciente de lo que acababa de hacer.
—Mierda… Lo siento… Yo… de verdad… lo siento mucho —las palabras salían atropelladas mientras miraba a su amigo en frente de él, con la cabeza agachada y la respiración aún bastante alterada—. Joder, en serio, no sé en qué estaba pensando. No quería… yo… —se tapó la cara con las manos, abochornado por la situación que él mismo había provocado, y echó la cabeza hacia atrás, golpeándola levemente un par de veces con la pared.
—Naruto.
El chico no respondió, negando con la cabeza repetidas veces como si mantuviese una lucha consigo mismo.
—Naruto, está bien. No es para tanto. Ni que fuera la primera vez...
Miró por entre los dedos abiertos de las manos y asintió al fin, despejándose la cara y observando los ojos oscuros que lo veían ya con más calma.
—Me habías asustado…
—Ya te dije que no te entrometieras. Joder, ¿por qué estás aquí? —preguntó más para sí que para el que el otro le respondiera. Comprobó que el sobre seguía en su bolsillo y suspiró algo más aliviado.
—Sasuke…
—Vamos —lo cortó—, no me gusta este sitio.
—¿Adónde vamos?
—No me has entendido. Vamos a alejarnos de aquí, tú vas a tu casa y yo… —se detuvo un instante sin saber muy bien qué decir. ¿Adónde iba él? ¿Al Kyuubi? Demasiado ruido, demasiada gente y descontrol, y ya tenía bastante con el desorden de sus propios pensamientos.
—Tú te vienes conmigo —pronunció sujetando la manga de la cazadora del moreno—. Hay un par de cosas que vas a contarme ya.
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—Las coincidencias no existen —entró como un basilisco en su despacho y miró de reojo la botella de Yoichi al tiempo que se sentaba en la silla tras el imponente escritorio. No hizo falta más para que, al momento, su asistente le preparara un vaso de aquel licor y se lo dejara en frente con una reverencia afectada.
—Pero, Orochimaru—sama, si eso es así, quiere decir que...
—Quiere decir —interrumpió después de paladear el dulce trago— que nuestro pajarillo piensa que puede burlar a su amo. Iluso —se pasó la lengua por los labios imaginando su venganza—. No sabe que vuela con alas prestadas... —hojeó por enésima vez el dossier que le había entregado uno de sus empleados hacía apenas media hora. Datos, estadísticas sobre los últimos "contratiempos" en la entrega y recepción de la mercancía. En los últimos meses, la mayoría coincidiendo con los encuentros que había programado con Sasuke con anterioridad. Sonrió ácidamente afilando la mirada. "Un plan demasiado desesperado... Deberías haberlo pensado mejor, Sasuke-kun..."
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Naruto se sentó sobre la cama y dejó caer su cuerpo hacia atrás. Se veía bastante cómoda con todos aquellos cojines y ese edredón tan blandito. El sonido de la ducha de fondo le resultaba incluso relajante. Finalmente, después de haber llegado a la estación de metro, habían cogido la línea en sentido contrario, hacia Shinjuku. Sasuke había dado el tema de ir a su casa por zanjado con un "quiero ducharme", y contra eso no hubo nada que pudiera objetar. Por un momento, Naruto se había alarmado pensado que se dirigían de nuevo a Kabukichō, pero en la estación, Sasuke había ido directamente hacia la salida oeste. Justo enfrente del edificio del gobierno metropolitano, el hotel en el que se encontraban ahora se levantaba igualando en altura al resto de rascacielos de la zona. Giró la cabeza hacia la derecha para observar a través del ventanal las impresionantes vistas, propias de un piso cuarenta y uno. Nunca antes había estado en un sitio así. ¿Cuánto debía costar esa habitación? Se arrastró hasta quedar en el centro de la cama y cerró los ojos un momento. Sólo un momento. El agua de la ducha seguía sonando. Una ducha… Ahora que lo pensaba, cuando se había acercado antes a Sasuke le había llegado un olor floral y algo especiado… Demasiado exótico. Inspiró tratando de percibir de nuevo ese olor, pero sólo le llegó el de las sábanas limpias y planchadas. Tampoco estaba mal… "Joder, lo he besado…"
…
Miraban cómo esa pareja juntaba los labios, moviéndolos como si se estuvieran devorando mutuamente, como si necesitaran con urgencia retener el sabor de la boca de la otra persona. Las miradas, las manos tratando de abarcar cada vez más… todo les parecía extrañamente desagradable y, sin embargo, no eran capaces de despegar los ojos de la escena.
Se miraron un momento y el rubio sonrió entornando un poco los ojos, cosa que a Sasuke le dio mala espina. Cada vez que su amigo ponía esa expresión, una travesura pasaba por su mente y el moreno sabía que, una vez más, se vería implicado sin quererlo siquiera.
Naruto se acercó un poco hasta el otro, mirándolo fijamente a los ojos, y después a los labios apretados que le hacían saber con ese gesto que Sasuke acababa de averiguar sus intenciones.
—Ni hablar…
—Vamos —sus ojos azules volvieron a encontrarse con los negros—, sólo una vez. Así vamos practicando para cuando tengamos novia. A ellos parece que les gusta…
—No.
—Sólo… quédate… —se acercaba cada vez más— quieto…
Sasuke no se movió. Pensó que Naruto bromeaba, que se echaría atrás en el último momento, colocando las dos manos en la nuca y diciendo con una sonrisa que todo había sido una broma. Por eso abrió los ojos hasta el infinito cuando sintió sus labios cálidos haciendo presión contra los suyos fruncidos. El rubio los dejó ahí unos segundos y después los despegó con cara de fastidio.
—Hm. Esto es aburrido. Creo que es porque no sabes hacerlo —miró una vez más a la pareja. Se habían tumbado en el suelo y ahora el chico, tumbado sobre la chica, metía una mano bajo su blusa—. Mira, le está tocando las tetas.
—Naruto.
—¿Hm? —giró la cabeza hasta quedar otra vez de frente a su amigo, que lo miraba aún con los labios apretados y los ojos entrecerrados, y Naruto se preparó para recibir el puñetazo que llegaría de un momento a otro.
—Ahora tú te vas a quedar quieto —el moreno relajó los labios y se los humedeció sin dejar la expresión de enfado. Se acercó despacio y rozó ligeramente los labios del otro, que frunció el ceño ante el gesto—. Abre la boca.
Naruto obedeció y Sasuke probó con la punta de la lengua un poco de esos labios que antes parecían tan decididos. Se separó ligeramente para poder ver la expresión de su amigo, sus ojos confusos y el color en sus mejillas.
—Saca la lengua.
Aquel susurro lo hizo volver a obedecer sin pensar, hipnotizado por los ojos oscuros que miraban su boca de una forma extraña. Sasuke hizo lo mismo que acababa de ordenar al otro y rompió otra vez la distancia, rozando con su lengua la del otro chico. Un tímido roce… dos… tres… Se notaba raro, húmero, bastante repugnante e inexplicablemente atrayente.
—Ya puedes cerrarla, dobe. Se te está poniendo cara de idiota.
Naruto reaccionó, pasándose el dorso de la mano por la boca para quitar los restos de saliva, impresionado aún por lo que acababa de pasar.
—Qué asco. No soportas que te digan que no sabes hacer algo. Eres un creído. Lo sabes, ¿verdad?
—Hm —sonrió.
...
No se había quedado dormido. Tan sólo flotaba entre el sueño y la vigilia, atrapado por la somnolencia propia del cansancio físico. Los recuerdos volvían a asaltarle y lo hacían sin avisar, como una lluvia de verano. Ese había sido el primer beso para ambos. Jugando y sin complicados sentimientos de por medio, como arrancar con gusto la postilla de una herida aún sabiendo que no va a ser agradable. El primero, pero no el último... Sasuke siempre había sido callado, aunque eso a Naruto le había dado igual porque él bien que podía hablar por los dos. Sin embargo, había días en los que lo veía aparecer más serio y taciturno que nunca, con la mandíbula apretada y los músculos tensos. No le había sorprendido que Gaara le dijera esa noche que Sasuke no soportaba el contacto físico. Él ya lo sabía. Pero a veces, bastantes más de las que quisiera recordar, cuando parecía tan distante que le resultaba casi inalcanzable, esas veces, extrañamente el moreno lo buscaba. Buscaba su cercanía y sin saber por qué, él se dejaba llevar, dejaba que Sasuke lo arrinconara contra un árbol en cualquier sitio más o menos escondido y lo besara. Tampoco había sentimientos románticos en todo aquello, tan sólo una especie de placer raro y relajante, como una terapia antiestrés. Sí, eso era, una terapia que el otro sólo usaba en momentos de agitación.
Abrió los ojos y los volvió a cerrar, parpadeando pesadamente algunas veces más antes de terminar de espabilarse del todo. La situación lo hizo incorporarse rápidamente y mirar al moreno que, sentado en un sofá de piel que junto a una mesita de café se orientaba hacia el ventanal, sostenía una llave entre sus dedos, girándola mientras la observaba con atención.
—¿Qué abre esa llave?
—¿Ya te has despertado? —giró la cabeza hacia el rubio que se acercó hasta sentarse en el otro extremo del sofá—. Una caja de seguridad, creo —se masajeó la nuca enredando los dedos en el pelo aún mojado y se recostó sobre el respaldo. Miró de reojo a Naruto. Éste se mordía el labio, y supo enseguida que lo hacía para poder permanecer callado, a la espera de que le contara algo más—. La he encontrado esta tarde en la habitación de mi hermano. Estaba escondida en un sitio que sólo él y yo conocíamos… La verdad es que no entiendo nada.
—¿Tu hermano? ¿No vives con él? Yo creía que...
—Itachi se largó nada más morir nuestro padre —lo cortó. Se levantó y se dirigió al teléfono, desde donde llamó al servicio de habitaciones para que le subieran una botella de whisky y hielo, ya que había agotado las dos botellitas pequeñas que había en el minibar en un principio.
Naruto cogió una de las que estaban vacías sobre la mesita y suspiró. Ya le extrañaba a él que Sasuke estuviera tan comunicativo. De todas formas, le alegró que estuviese más calmado y que hubiera desistido ya de su intento por librarse de él.
—No vives en tu casa… —tentó su suerte.
Sasuke colgó el teléfono y se sentó en la cama, encogiéndose de hombros ante la frase que acababa de susurrar Naruto y hablando con indiferencia.
—Mi tutor es un hijo de puta. Sabe que me tiene cogido de los huevos porque soy menor de edad y se aprovecha como el cabrón que es. Por algo era el amigo más cercano de mi padre…
—Te pega... —miró a su amigo con angustia, tragando en seco, y después agachó la cabeza ante los ojos negros que volvían a mirarlo con rencor.
—Pfff —sonrió con autosuficiencia, burlándose de la inocencia del otro. Estúpida forma de levantar un muro entre él y cualquier tipo de sentimiento—. Eres un crío.
—Lo hace —afirmó con el rostro compungido—. ¿Por qué no lo denuncias? Estoy seguro de que…
—Cállate —el ambiente se tornaba más hostil a cada paso que daba hacia el rubio que no levantaba la mirada del suelo—. No pienso acabar en un centro de acogida.
—Sasuke, no puedes dejar que…
—¡Que te calles!
Naruto se vio en pie, agarrado bruscamente de la camiseta por su amigo, que al momento lo volvió a dejar sentado de un fuerte empujón.
—Yo…
—¡Tú no sabes nada! ¡No sabes lo que es no tener a nadie! ¡No sabes lo que es que quien se supone que debe quererte y cuidarte, desahogue su frustración en ti a base de palos! ¡No sabes lo que es que te deje a merced de unos cerdos que se excitan tocando a un niño, obligándote a mamársela, haciéndote de todo para saciar su depravación! ¡Cállate porque no tienes ni idea!
El horror atravesó a Naruto, convirtiendo su expresión en el fiel reflejo del pánico, y su cuerpo adquirió de pronto la rigidez de un cadáver. Sasuke se había dirigido hacia el armario de la entrada donde antes había dejado su abrigo y en ese momento buscaba algo en los bolsillos con desesperación.
—Mierda.
—Sasuke... —se había acercado a él en un intento por suavizar la situación y serenarse él mismo. No había hecho más que rozarle el hombro con la punta de los dedos cuando un manotazo que trataba de evitar el contacto le dio de lleno en la cara, volviéndosela hacia un lado. Aún sumido en el estupor, sintió el calor del golpe y un líquido caliente resbalar desde su nariz hasta sus labios. Por inercia, se llevó los dedos a esa zona, viéndolos manchados de sangre segundos después. Miró al moreno, que le devolvió el mismo gesto confundido que debía tener él.
Un par de gotas rojas y espesas cayeron sobre la moqueta antes de que Sasuke, sin pronunciar palabra, lo condujera con la palma de la mano en la espalda hacia el cuarto de baño. Allí, frente al lavabo, sus ojos se cruzaron nuevamente en el reflejo.
—Agacha la cabeza —casi pareció una ráfaga de aire más que una frase.
Pese a saber perfectamente lo que tenía que hacer, obedeció al moreno. El fútbol no era un deporte demasiado violento, pero los encontronazos eran inevitables y cuando no era un codo, era una rodilla lo que chocaba contra cualquier parte de su cuerpo, incluida su nariz. Pero esa calma repentina le gustaba, así que sólo se dejó consentir un momento por la impresión de que el tiempo iba cada vez más lento.
—Presiona aquí —en el mismo tono tenue, Sasuke le indicó un sitio intermedio por encima de sus fosas nasales y Naruto lo pinzó con los dedos índice y pulgar—. Lo siento... —apoyó la frente sobre el hombro derecho del rubio y suspiró.
Aún permanecía en el ambiente el aroma del gel de ducha y el champú mezclados con los restos de vapor de agua después de haber usado el agua tan caliente que casi le quemaba la piel. El cuerpo de Naruto se tensó levemente y pudo apreciar, por el movimiento acompasado de sus hombros, cómo tomaba una bocanada grande de aire y después lo expulsaba de golpe.
Pasó sólo un minuto, tan rápido como un soplo. Tan breve... El sonido de un par de golpes en la puerta los hizo volver a la realidad. Naruto permaneció frente al espejo mientras Sasuke levantaba la cabeza y se encaminaba hacia la puerta. Lo vio a través de él mientras dejaba dentro un carrito pequeño con la bebida suponiendo que se había deshecho cortésmente de la persona que lo había subido hasta la habitación. Escuchó el tintineo de los hielos al chocar contra el vaso de cristal y el ligero forcejeo con el tapón de la botella; después, el sonido del sofá al ser vencido por el peso de alguien.
Quitó sus dedos y levantó un poco la cabeza para verse bien. Ya no sangraba, pero tenía la boca y la barbilla algo manchadas y también la camiseta. Se enjuagó lo primero al tiempo que recordaba que el lunes a más tardar tendría que ir a la lavandería a hacer la colada. A veces era un auténtico coñazo no disponer de agua ni luz en casa.
Al salir del baño, descubrió a Sasuke con las piernas encogidas sobre el asiento, observando por la ventana cómo las luces del Tōchō se extinguían casi de golpe para dejar paso a la escasa iluminación nocturna de sus oficinas. Había apagado las lámparas y la habitación recogía el vago resplandor de los edificios que la rodeaban, de las farolas de la calle ahí abajo en la distancia, de la vida que seguía su curso en una ciudad que nunca dormía. Sobre la mesita, un bote de pastillas abierto justo al lado del vaso de whisky casi vacío llamó su atención. Miró de nuevo al moreno, que acababa de cerrar los ojos y ahora apoyaba la frente en sus rodillas. Alcanzó el bote y leyó en la etiqueta: clorazepato dipotásico.
—¿Qué es esto?
—Nada. Sólo quiero descansar un rato. Necesito dormir —efecto de los tranquilizantes tal vez, la tensión de antes había pasado.
—¿Cuántas te has tomado? —hablando con el mismo volumen, se sentó en la mesita frente al moreno y se inclinó hacia delante para escuchar. Ese murmullo sostenido creado por sus voces en el ambiente lo arrastraba hacia una mayor cercanía.
—Si no hago nada —musitó con la voz sofocada por la propia postura—, esto que siento acabará conmigo antes de poder acabar yo con todo. Necesito sustituir esa rabia por otra cosa... lo que sea... algo que me permita continuar un poco más y no volverme loco... Naruto —levantó la cabeza y se encontró de lleno con el cielo a un palmo de su cara, demasiado cerca como para mantener el control—, si no te vas, no podré evitar que mi mierda te salpique.
—Podré soportarlo.
Ahí estaba esa sonrisa. Una pequeñita, una sonrisa que era como una cuerda al rescate del que está atrapado en un agujero. Sasuke podía leerlas desde siempre y las conocía como conocía el abecedario. Naruto no pensaba alejarse, no iba a dejarlo solo esta vez.
—Tsk. Eres un crío… —resultado de las pastillas, o del alcohol, o del dolor, o del cansancio, o tal vez de la propia presencia del rubio otra vez en su vida; de nada o de todo a la vez; dejó caer su máscara, mostrándose real y deshecho por primera vez en demasiado tiempo.
—Tú también...
Pasó su mirada negra desde el azul vidrioso de los ojos hasta los labios que seguían con la misma mueca audaz, y no fue consciente del momento en que se acercó, sólo un poco, lo justo como para que la verdad de diera de lleno en la cara. Naruto había dado un respingo hacia atrás y ahora desviaba la mirada, nervioso.
Y el gesto le habló tan claro como antes lo había hecho su sonrisa.
Aturdido por el rechazo y todo lo que eso conllevaba, se tumbó boca arriba en el sofá y tapó su mirada dolida con el antebrazo. Sabía que eso pasaría y aún así, se había dejado llevar por la absurda idea de que la amistad de su amigo quizá encerrara algo más. "Idiota…"
—Puedes quedarte en la cama. Yo dormiré aquí —pensó que no podría hacerlo, que no podría conciliar el sueño con ese incómodo silencio que se había creado de repente, pero escuchó los pasos del rubio y el sonido de las sábanas al ser retiradas y, cuando algo suave lo cubrió casi por completo, las pastillas cumplieron su cometido y se sumergió en un sueño tan artificial como necesario.
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Naruto no dormía. Cansado de mirar el techo de la habitación desde la cama, se había sentado en el suelo delante del cristal que lo separaba de la ciudad, mirando por la ventana sin ver realmente nada. Rememoró cada una de las veces en que su amigo se había comportado de esa manera tan rara cuando aún eran niños, encajando poco a poco los recuerdos inconexos. "Mierda…". Lo miró un momento de soslayo y fijó sus ojos en la muñeca algo amoratada que se podía apreciar por el borde de la manga. Y sintió tanta rabia que volvió a ver el paisaje urbano que le ofrecía aquella habitación. Por eso no sonreía, por eso se estremecía cada vez que él, que estaba acostumbrado al contacto físico amistoso, le saltaba encima o le pasaba el brazo por los hombros… Ni siquiera podía hacerse una idea de lo que debía haber pasado Sasuke. Lo había tenido tan cerca… De todas las cosas que imaginó, jamás, jamás, se le habría pasado por la cabeza que su amigo hubiese estado sufriendo ese tipo de abuso. Incluso ahora se le hacía difícil. "Por eso me besabas…". Hizo memoria centrándose en los detalles. Lo más evidente, las marcas. Su padre lo maltrataba, sí. No lo entendía, pero Sasuke le había dicho que si contaba algo, no volverían a verse, y le había hecho prometer que guardaría silencio. Y él, como un estúpido niño de doce años, lo había dejado estar, sólo para poder ver otro día más a su mejor amigo. Joder, recordaba algunos días en los que se veía realmente agotado y, aun así, permanecía de pie, prácticamente inmóvil, aguantando que él le dijera que era un niño pijo con ese comportamiento arrogante y la escoba que parecía tener metida por el culo. Lo había llamado enclenque porque se enfermaba a menudo de la garganta y esos días apenas si podía contestar con algún monosílabo. Apretó los dientes. El daño de su garganta era por haber cogido frío, por supuesto...
Contuvo una arcada, pero no tuvo tanta suerte con la siguiente, y se vio corriendo hacia el baño con el tiempo justo para dejarse caer con las manos sobre el inodoro.
La cabeza estaba a punto de estallarle. Delante del espejo, miró fijamente sus propios ojos, rojos y llorosos por el esfuerzo. Se enjuagó una vez más la boca incluso después de haberse limpiado los dientes con uno de los cepillos que le proporcionaba el mismo hotel. El asco no desaparecía. Cada vez entendía menos las cosas. No le entraba en la cabeza que un padre pudiese hacer eso con su propio hijo. Tampoco podía comprender la marcha de Itachi. Su ida estaba fuera de toda lógica; eso no entraba en sus planes, ¿no? La idea había sido sacar a Sasuke de allí, no dejarlo solo en medio de esa vorágine de degradación. Tal vez se había visto obligado a hacerlo, pero ¿por qué? "¿Por qué no te llevaste a Sasuke contigo, maldita sea?" Mucha rabia. Demasiada energía contenida entre cuatro paredes. Tenía ganas de correr hasta el cansancio. Lo necesitaba. Un gruñido inconsciente de frustración, las manos apretadas en el borde el lavabo, las ganas de romper, de golpear, de eliminar de su mente las escabrosas imágenes que se le venían a la cabeza por obra y gracia de su nociva imaginación. Se agachó aún agarrado del lavabo, cerrando los ojos y acompasando su respiración, tratando de encontrar una salida a todas las emociones que invadían su conciencia.
Y por si eso fuera poco, como guinda del pastel, él iba y lo rechazaba. ¡Joder, lo había pillado por sorpresa! Tan sólo era un beso... y el culpable había sido él mismo por iniciar otra vez ese tonto jueguecito o lo que fuera. Pero había pasado tiempo y ya no eran unos niños que no entendían de esas cosas. Besar a tu mejor amigo a estas alturas no era normal... Tal vez sí para Sasuke, pero no para él. ¡Mierda, él tenía novia! Un gemido lastimoso salió de sus labios. No es que le diera asco besar a Sasuke, pero una cosa había sido ser traicionado por sus propios impulsos y recuerdos y juntar los labios en un momento de tensión, y otra bien distinta era comerle la boca y hacer un cóctel de lenguas y saliva...
Al volver junto a su amigo, todo seguía en la misma falsa quietud. Se apoyó con los brazos sobre el respaldo del sofá y lo observó mientras dormía. Respiraba pausadamente sin hacer el menor ruido. En su rostro relajado, apreció vagamente los rasgos infantiles de la primera vez que lo vio. La piel tan clarita, la nariz recta y pequeña, los labios finos. Demasiado delgado, tal vez. Demasiados golpes en su cuerpo… Lo dicho por Gaara retumbaba en su cabeza. "Así que no conoces la diferencia entre el dolor y el placer...". Su mano se movió sola hacia la misma muñeca que antes había estado mirando. La tocó, subiendo un poco el borde de la ropa y siguiendo las huellas del daño con el dedo pulgar hasta dejarlo en el lugar donde normalmente se toma el pulso. "En tu huída, la línea se hace difusa, pero no puedo creer que quieras este dolor...". Desde ahí, bajó hasta la palma y siguió por los dedos. Iba a retirarla cuando, en sueños, Sasuke se quejó y abrió los ojos un momento con pesadez, cerrando la mano e impidiendo que el otro la separara.
—Quédate.
—Descuida, no pienso ir a ningún lado —"¿Por qué te dejas hacer esto?"—. Duerme.
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Abrió los ojos cuando la luz del día iluminaba ya toda la habitación a pesar del cielo gris. Las pastillas ayudaban, pero ni siquiera ellas eran capaces de hacerlo dormir más que cinco o seis horas. Se sentía tranquilo, extraño si tenía en cuenta todo lo que había pasado en las últimas treinta y seis horas. Escuchó algo de ruido en el baño y recordó que Naruto había pasado la noche allí. Estirando los músculos de los brazos y las piernas, se puso de pie al fin y se acercó a la puerta tras la que debía estar el rubio.
—Naruto.
—Pasa, ya estoy terminando.
La voz animada de su amigo le impulsó a abrir con seguridad. El chico lo miró a través del espejo, sonriendo mientras trataba de peinarse de una forma más o menos decente sin conseguirlo.
—Esta ducha es genial. ¿Sabías que hasta tiene música? Creo que voy a hablar con el entrenador para que pongan una de estas en los vestuarios del instituto. Los chorros son mucho mejores que los masajes cutres con gel antiinflamatorio —cogió la camiseta que había dejado sobre un lado del lavabo y se volvió hacia Sasuke, que no se había movido del marco de la puerta—. Oye, ¿por qué no vamos a desayunar?
—Tienes un tatuaje.
¿Eh? —agachó la cabeza y miró hacia donde su amigo lo hacía, alrededor del ombligo—. Sí —lo acarició suavemente siguiendo las líneas—, me lo hice hace unos meses, poco antes de comenzar el curso. Me mantiene con los pies en el suelo… —levantó la mirada llevándose la misma mano detrás de la cabeza y revolviéndose el pelo descuidadamente—. Bah, no me hagas caso.
Terminó por ponerse la camiseta y, viendo las pequeñas manchas de sangre reseca, las rascó un poco con la uña más por manía que porque fueran a desaparecer así. El moreno sólo lo miraba en silencio, confiando en que el otro le diera un nuevo tirón a esa relación que estaban creando otra vez.
—Vaya pintas que tengo. Parezco un quinqui —echó un vistazo al resto de su ropa, bastante arrugada, lo mismo que la de su amigo. Sin embargo, entornó los ojos inquisitivamente al darse cuenta de que Sasuke seguía pareciendo un niño rico. Con aspecto de delincuente, sí, pero pijo al fin y al cabo. Desechó las ideas que le importunaban una y otra vez con la innegable diferencia entre ellos y volvió a tomar el hilo de la conversación—. Oye, conozco un sitio donde sirven el mejor ramen del mundo. Está cerca de mi casa, así que...
—Disculpa un momento.
No había oído el móvil de su amigo, pero éste lo había sacado del bolsillo respondiendo probablemente a la vibración y se disponía a contestar. "¿Disculpa un momento?", pensó mientras resoplaba. Sasuke tenía los malditos modales incrustados en el subconsciente, lo mismo que cuando lo conoció. Tenía cierto interés en la conversación, pero le pareció de mala educación atender a lo que decía, así que se volvió hacia el espejo otra vez y siguió desenredando los mechones rubios que parecían no ceder ni al peine ni a los dedos.
—¿Ahora llegas? —curvó su sonrisa en una mueca distraída mientras su interlocutor le contaba las cosas que había hecho hasta llegar a la situación en la que ahora se encontraba—. Estás borracho... No, ahora iba a comer algo... Eres un salido, Gaara, acuéstate.
Hizo un ligero movimiento con la cabeza al oír sin querer el nombre del pelirrojo y comenzó a prestar atención a la conversación. Al parecer, Gaara acababa de terminar su turno hace un rato. Una noche larga en Kyuubi, supuso, para no variar. Sasuke parecía entretenido con lo que el otro le iba diciendo, respondiendo con frases y gestos propios del que está acostumbrado a ese tipo de llamadas.
—En Shinjuku... ¿En serio? ¿Y dónde debería estar entonces según tu excelente criterio? —curioseó con sorna ante lo que escuchaba—. Ya, entre tus piernas, cómo no. Tal vez me compre allí una casita...
No pudo evitar ponerse colorado. ¿Ese tipo de conversación era normal entre ellos?
—Vale, te veo en un par de horas… Pues te haces una paja, yo qué sé... Sí, ya me conozco tus fiestecitas privadas, deja algo para mí… Sí, venga, nos vemos —colgó y volvió a guardarse el móvil en el bolsillo—. No voy a desayunar ramen.
—¿Eh? —se sobresaltó al ver que Sasuke se dirigía de nuevo a él y aún no se le había bajado el color de la cara.
—Que no me gusta el ramen —la mueca arrogante se plantó otra vez en su cara adivinando a qué se debía ese sonrojo en las mejillas—. ¿Sabes cuántos restaurantes tiene este hotel? —la pregunta era claramente retórica, así que Naruto se limitó a observar la sonrisa que se iba perfilando en la expresión del moreno—. Ocho. Eso sin contar los bares, las tiendas y el karaoke. Sólo tenemos que elegir uno de ellos.
—Pero...
—Podemos ir al buffet —se sacó la camiseta, dejando a la vista otra de manga corta que llevaba debajo y que se quitó también para ofrecérsela al rubio—. Tienen todo tipo de comida, aunque dudo mucho que aquí preparen ese ramen que tanto te obsesiona.
Naruto siguió con la vista un par de arañazos que bajaban por el abdomen mientras se iba poniendo otra vez la primera prenda que se había quitado. Levantó la vista cuando sintió la mirada de Sasuke sobre sí, directamente a los ojos.
—Vamos, póntela encima de la tuya. Así no se verán las manchas.
Lo hizo. Y mientras pasaba la cabeza por la tela, el olor de Sasuke se adhirió a su memoria y le erizó el vello de los brazos con sentimientos contradictorios. Era el mismo Sasuke, el mismo niño al que le encantaba la fruta fresca, los helados de limón y unos dibujos sin sentido de unos gatos samurai. Ese que ahora tomaba pastillas para descansar, cocaína para mantenerse en pie y echaba mano del alcohol y el sexo para no sucumbir al abandono. "¡Basta ya, joder!".
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Buffet libre. Palabras mágicas para alguien que solía desayunar a base de café instantáneo con leche y galletas. Cuando Sasuke había dicho que allí tenían todo tipo de comida, era porque tenían todo tipo de comida. Su boca comenzó a salivar en abundancia al encontrarse entre esos mostradores repletos de alimentos. Siguió a su amigo, que le acercó una bandeja, y comenzó a llenarla con todo lo que se le iba antojando. Sopa de miso, verduras salteadas, pescado al grill, arroz, zumo, bollos, fruta… El reparo del principio por estar en un lugar más lujoso y exclusivo que los que normalmente frecuentaba, desapareció en el momento en que Sasuke sonrió divertido al ver que casi se le caía la baba con la comida. El moreno no se había dado cuenta, pero Naruto había visto el gesto y todo su apocamiento se había esfumado.
Tomaron asiento en una mesa cercana a la pared de cristales que daba a una calle principal. Había estado lloviendo en la noche, pero el día se presentaba tranquilo; apagado y tranquilo. Sasuke se llevó un poco del tofu de su sopa a la boca despreocupadamente mientras miraba hacia el exterior. En su bandeja sólo estaban esa sopa de miso y un plato pequeño de verduras salteadas. Nada en comparación a todos los platos que ocupaban la del rubio.
—Oye, Sasuke, prueba esto —se había fijado en lo poco que comía su amigo. Había que ser estúpido para no darse cuenta de su extrema delgadez. La ropa lo disimulaba bastante, pero él había visto los huesos de la columna vertebral marcados en su espalda. De niños, ambos habían sido algo flacuchos y con una estatura un poco por encima de la media. Ahora su cuerpo seguía siendo delgado, pero los músculos se habían definido gracias al fútbol y al ejercicio que, programado o como consecuencia de su trabajo, practicaba a diario. Lo de Sasuke era otra cosa. Se veía demasiado frágil, como si pudiese romperse en cualquier momento—. Este pescado está delicioso.
Le acercó un pedazo directamente con sus palillos y el otro le respondió levantando una ceja.
—¿Vas a darme de comer? Vaya, dobe, qué romántico…
—Cállate y abre la boca.
Sasuke obedeció sin abandonar la mueca irónica y probó lo que el otro le ofrecía, degustándolo con tranquilidad.
—¿Qué tal?
—Hm —un par de pitidos lo instaron a sacar de nuevo el móvil del bolsillo y leer el mensaje de texto que acababa de recibir: "Condones y alcohol. Yo pongo el resto"—. ¿Tienes algo que hacer ahora?
—¿Yo? —terminó de tragar el arroz que tenía en la boca y negó con la cabeza.
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—No creo que deba acompañarte —seguía a Sasuke un paso por detrás. Miró la bolsa de plástico que llevaba con un par de botellas de whisky y ginebra y una caja de preservativos recién comprados en el hotel y se sintió estúpido yendo con él.
—¿Por qué no?
—Bueno, yo… joder, Gaara… tú y Gaara…
Sasuke se detuvo en seco y Naruto lo imitó. El moreno se había girado y ahora lo miraba con seriedad.
—Haz lo que quieras. Gaara quiere sexo y a mí me parece bien, pero no pensaba montármelo con él contigo delante, ¿sabes? —entornó los ojos ante el sonrojo que iba invadiendo poco a poco a su amigo y después se giró para seguir caminando—. Es un fanático de los videojuegos y yo los detesto. Sé que va a darme el coñazo para que juegue, así que pensaba usarte a ti para obtener algo de paz.
—De acuerdo…
Hizo un mohín parecido a un puchero y siguió andando a su lado por la estación. En el metro, se vieron rodeados de chicos y chicas ataviados con sus mejores galas frikis rumbo al parque Yoyogi. El mal tiempo les estaba dando un respiro y no perdían la oportunidad de dar a conocer al mundo su personalidad oculta de lunes a viernes por los uniformes escolares. Gaara vivía en Harajuku, en el meollo de esa cultura alternativa que usaba la moda como forma de expresión y rebeldía.
Delante de la puerta del pelirrojo, volvió a sentir el desasosiego del que se cuela en una fiesta sin haber sido invitado y dio un paso inconscientemente hacia atrás, atrayendo así la mirada ladeada de Sasuke, que acababa de llamar y sólo esperaba a que el otro le abriera.
—Traes los condones, ¿no? —la voz se escucho detrás de la puerta y al momento, una cabeza de mechones rojizos apareció con el brazo estirado hacia la bolsa que llevaba el moreno. El movimiento quedó a medio camino cuando se percató de que Sasuke venía con compañía—. Naruto…
—Hola…
Terminó de abrir y, después de arrebatarle las bebidas a su amigo, les hizo una señal con la cabeza y volvió a entrar.
—Adelante, como si estuvieseis en vuestra casa —invitó tras dejar las botellas en la mesa y escabullirse por la puerta de la cocina.
Los zapatos y los abrigos se quedaron en la entrada y ellos se dirigieron hacia el salón, donde se acomodaron en un par de futones extendidos a modo de sofás. El aire de la habitación olía a incienso y a hachís, lo cual era normal viendo la cachimba encendida que había en el suelo junto a la mesa de centro. Sasuke la cogió y aspiró por la boquilla, llenándose los pulmones de ese humo sociable y cordial.
—Creo que tenías razón —soltó el humo pausadamente y continuó hablando al ver la expresión de duda en su amigo—. No deberías haber venido. Este tipo de ambiente no es el tuyo, se te nota la incomodidad a distancia.
—Oye, no le digas eso —Gaara apareció con tres vasos con hielo, un par de tónicas y una bolsa de patatas fritas y se sentó al lado del moreno—. Seguro que con un par de caladas se le quita la timidez.
—No fuma, ya lo sabes.
—Cierto, el fútbol… —se sirvió un poco de whisky y miró a su amigo, que seguía fumando de la pipa de hachís. El mutismo de esos dos no era especialmente incómodo, pero sí bastante raro. Se fijó en la camiseta de Naruto e inmediatamente la relacionó con Sasuke. ¿Habían pasado la noche juntos?—. ¿Dónde lo encontraste?
—En su casa —respondió el rubio ante la pregunta dirigida directamente a él. Sabía a qué se estaba refiriendo—. En la puerta de su casa.
Naruto notó la mirada de soslayo que le echó a Sasuke en ese momento y el pequeño gesto de negación de éste. Un suspiro por parte del pelirrojo. Una conversación sin palabras que él no entendió. Era frustrante.
—Dejadlo ya, ¿queréis? Si estorbo, me largo —se incorporó.
—Sasuke —la exigencia de Gaara logró que el moreno agarrara el pantalón de Naruto, que ya parecía dispuesto a irse, y tirara de él con fuerza hacia abajo, logrando que volviera a sentarse de golpe.
—Joder, estoy cansado. Tú —observó los ojos aguamarina de su amigo, con las pupilas dilatadas e incontables venitas rojas alrededor—, cállate, al menos hasta que te haya subido lo que sea que te hayas tomado —los miró con más detenimiento—. Un poquito de ácido, ¿verdad? Pues espera a estar colocado para hablar, a ver si así empiezas a ser más gracioso y menos entrometido. Y tú —titubeó un momento al ver la sorpresa reflejada en el azul de esa mirada— tú... fuma, tómate una copa o duérmete, lo que sea. Y si queréis joder a alguien, largaos a una habitación y dejadme en paz.
Silencio.
Gaara se recostó con el vaso lleno en una mano, sujetándolo sobre la pierna, y cerró los ojos esperando un buen viaje.
Naruto arrastró el culo hasta quedar pegado al moreno, hombro con hombro, y le quitó de los labios la boquilla, sujetándola por la manguera. Se humedeció los suyos y aspiró, tosió y, una vez recuperado el aliento, volvió a aspirar. Una sensación de pesadez le sobrevino con la tercera o la cuarta calada y se repantingó en el sitio, apoyándose más sobre el brazo ajeno. Extraña manera de pasar un domingo por la mañana, con las persianas a la mitad y el cielo plomizo de fuera ensombreciendo el ambiente cargado. De pronto le entró hambre, pero no lo suficiente como para aventurarse a estirar un brazo y agarrar el paquete de patatas de la mesa. Sin fuerzas y con una sonrisilla involuntaria en el rostro, volteó la cara hasta hallarse con la oreja de Sasuke, su mandíbula, que hizo un movimiento de tensión en ese momento, y el pelo negro en mechones sobre su cuello. No había dormido nada y el cuerpo del otro se notaba caliente a pesar de su aspecto frío.
—Sasuke… —lo llamó esperando un movimiento, un giro hacia sí.
—Duerme —no pudo evitar que la saliva pasara por su garganta ásperamente. Si lo miraba, si volvía la cabeza, lo tendría demasiado cerca. Se agarraría a un clavo ardiendo, al efecto de la droga en su cerebro desacostumbrado, al cansancio, y lo mandaría todo a la mierda para pasar a ser al día siguiente un simple error. Naruto se ajustó más a su cuerpo con los párpados entornados y él no tuvo más que desviar el acercamiento hacia delante, hasta que la cabeza rubia descansó sobre sus piernas y un suspiro de desplome salió de sus labios crueles—. Duerme…
Pues ya está. Ains, qué trabajito me ha costado, jo. Las ideas de lo que va a pasar están claras, pero mi mente se niega a darme las palabras que necesito. A ver si puedo sobornarla con chocolate.
PD. Estudios científicos han demostrado que dejar reviews no sólo no es perjudicial para la salud, sino que proporciona grandes dosis de endorfinas tanto a aquellos que las dejan como a los que las reciben. (A ver si cuela XP).
