Ups, se me había olvidado subir el capítulo a esta página. Lo siento, como si no fuera suficiente con lo que tardo en actualizar… U_U
Gato encerrado
"no necesito alas para volar, prefiero lsd.
no necesito verte pa saber que no te olvidaré.
aguanto porque ya tengo con qué,
fundir la nieve al paso de mis pies.
viviendo bajo el agua como un pez,
no entiendo por qué me muero de sed.
no sólo vivo del aire, necesito tu sudor.
no sólo vivo del aire, necesito tu alegría.
no sólo vivo del aire y de ponerme noche y día.
no se lo cuentes a nadie: los camellos no me fían".
necesito droga y amor –extremoduro–
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Un momento para no pensar en nada, para dejar de existir, sin un pasado que condicione, sin un presente que limite... sin que exista un futuro podrido. Sólo un peso intruso sobre tus piernas y la oscuridad tras los párpados cerrados. Sin mirar atrás.
Oyó una risilla simple y un calor acuoso se estrelló contra su mejilla interfiriendo así en su agujero en el tiempo. Después, unos dedos agarraron su mano, la que no se enredaba en las hebras rubias, la que mantenía en reposo sobre el futón, y la dirigieron hacia la piel cálida y suave, obligándola a bajar hasta una piel más caliente, suave y húmeda que la anterior.
-Tócame...
La calidez que antes había notado en la cara trocó en algo mojado cuando la lengua del dueño de esa voz recorrió su mandíbula, delineándola desde la barbilla hasta el lóbulo de la oreja.
-Mmm... –ronroneó-. Sasuke... –y al pronunciar su nombre, los labios humedecidos rozaron su cuello-. Sasuke, fóllame.
Levantó los párpados y encontró una mirada inmoral, tal vez la suya propia reflejada en unos ojos verdosos. Sonrió. Miró su mano secuestrada bajo el pantalón del pelirrojo y cómo ésta comenzaba a bailar sin su permiso. Dejó de acariciar el pelo fino y revuelto del que permanecía dormido y se movió lo suficiente como para que esa cabeza descansara sobre el futón sin que fuera consciente del comportamiento sucio que se desarrollaba a su lado.
-Ngh –las bocas chocaron dando comienzo a la guerra-. Vamos a mi cuarto –mordió la lengua del moreno incitándolo a reaccionar y consiguió su premio al verse arrollado contra la pared del pasillo-. Corre –desabrochó los vaqueros del otro con la torpeza propia de su realidad excitada y acorraló las caderas con sus piernas. Volvió a reír echando la cabeza hacia atrás mientras su cuello y su hombro eran devorados por unos labios codiciosos.
A trompicones traspasaron la puerta de su habitación y la cerraron con el peso de sus cuerpos. Gaara se soltó para bajar del todo los pantalones y la ropa interior de Sasuke y masajeó su miembro más que erguido.
-Me encanta tu polla. Métemela, venga –la droga avivaba sus sentidos elevando el tacto. Con la piel sensibilizada al máximo, sentía la lengua de Sasuke hundiéndose en ella como si su cuerpo fuese mantequilla.
-Espera, Gaara –inmovilizó los brazos del otro que ya empezaba a desnudarse-. ¿Y los condones?
-¿Qué?
-Los condones.
-Los... –frunció el ceño un segundo esclareciendo sus pensamientos-. Joder, en el salón –se colocó los pantalones sin terminar de abrochárselos y abrió la puerta-. Quédate aquí. Cuando vuelva quiero verte en bolas, ¿entendido?
Con un cabreo más que notable y una excitación aún mayor, recorrió el pasillo de vuelta y los vio. Los malditos condones seguían en la bolsa de plástico encima de la mesa. Al acercarse del todo, advirtió los ojos adormilados de Naruto mirando alrededor, buscando quizá aquello que lo había despertado. Ambas miradas se encontraron. Gaara se humedeció los labios creando en su mente lo que sería besar en ese momento al rubito y tirar de él hacia el dormitorio para que se uniese a la fiesta. No dijo nada, tan sólo cogió la cajita y se llevó el dedo índice a los labios en una clara señal para que el otro guardara silencio. Así, sin más, dejando sus fantasías por imposibles y a Naruto con un considerable bochorno, se giró para hacer otra vez el camino de vuelta.
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Aguardó un momento a que su mente despertara del todo y lo hizo oyendo el coro de jadeos que provenían de la habitación del fondo. No quería oírlos. Su imaginación reaccionaba rápido ideando imágenes que explicaran ese golpe seco en la pared, ese grito contenido o esos susurros indecentes. Pornografía gratuita al alcance de una mente adolescente. Tampoco quería irse. Se sentiría como un crío frente a esos dos, actuando de una forma tan ñoña simplemente por estar escuchando algo que, si lo pensaba bien, tampoco era tan nuevo. A falta de la edad legal para beber, sus compañeros aprovechaban la más mínima ausencia parental para organizar una fiesta en la que, generalmente, alguna parejita terminaba en la habitación de los padres del anfitrión con el alcohol y el morbo como invitados estrella. Él mismo había usado esa técnica varias veces para pillar cacho aún sabiendo que desde fuera de la habitación se les oía perfectamente a poco que prestaras algo de atención. Pero no, definitivamente no quería oírlos, así que decidió salir al pasillo y esperar un poco a que volviera el ansiado silencio.
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Había repasado mentalmente varias veces la lista de tareas domésticas de esa semana, las del instituto, las estrategias de juego que había explicado su entrenador e, incluso, le había cogido cierto cariño a la mosca que, ignorando el frío, se paseaba pasillo arriba pasillo abajo en una especie de zigzag atolondrado.
-Pensé que te habías ido.
Miró hacia arriba, hacia la puerta entornada por la que Sasuke asomaba con un cigarro recién encendido entre los dedos. Se encogió de hombros mientras el moreno se sentaba en el suelo a su lado.
-Sólo he salido a tomar el aire… ¿Y Gaara? –podía suponer dónde estaba o más bien, cómo, pero preguntó de todas formas para iniciar cualquier conversación.
-En la cama, con los ojos cerrados y cara de estúpido. A veces envidio la facilidad que tiene para dejar la mente en blanco y desconectar.
-Yo envidio que esté en una cama… -se frotó los ojos y bostezó-. Joder, estoy reventado.
-¿No dormiste anoche? –ante la negativa de su amigo, Sasuke le dio una última calada al cigarro antes de apagarlo casi entero contra el suelo y levantarse-. ¿Por qué no te vas a tu casa?
-¿Qué vas a hacer tú? –se incorporó también.
-Nada. Fumar y ver la tele. Por ahora no tengo ningún plan.
Naruto desvió la mirada hacia el interior del piso y asintió, imaginando lo que significaría que tuviese algún plan. El moreno abrió la puerta del todo y le dejó pasar, observándolo mientras cogía su abrigo y volvía a salir.
-Bueno –parecía resistirse a irse y dejarlo solo-, nos vemos entonces mañana en el instituto, ¿no?
Sasuke se encogió de hombros y Naruto simplemente se giró con un "nos vemos", pero cuando estaba a punto de bajar por las escaleras, el llamado de su amigo lo detuvo.
-Dobe –esperó a que mirara hacia él-, esta noche voy a estar por el Kyuubi. Si te apetece pasarte, no tendrás ningún problema para entrar.
-Claro, ¿por qué no? Nos vemos luego –y mientras Sasuke desaparecía por la puerta y él bajaba las escaleras, no pudo evitar sonreír ampliamente.
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Una musiquilla conocida le hizo abrir los ojos. ¿De dónde venía? Palmeó el suelo hasta meter la mano por debajo del futón y allí encontró su móvil, que contestó sin mirar siquiera la pantalla.
-¿Diga? –la voz de Sakura lo terminó de despertar. El teléfono había estado todo el fin de semana allí y había olvidado por completo llamar a su novia-. Hola… No, no te preocupes, me había quedado dormido sin querer, pero estaba a punto de levantarme… Sí, lo siento, no había visto el móvil. He estado trabajando y estaba cansado –frunció el ceño, no le gustaba mentirle a Sakura, pero no quería involucrar a Sasuke ni tener que entrar en detalles-. Si quieres, podemos vernos ahora… ¿En casa de tus abuelos? Vaya, qué divertido… -la risa de Sakura le hizo sonreír también-. De acuerdo, nos vemos mañana entonces… Sí, claro, estudiaré. Hasta mañana.
¿Estudiar? Mierda, había olvidado que al día siguiente tenía un examen de matemáticas. No era especialmente complicado porque la asignatura no se le daba mal. Se le hacía mucho más fácil que esas otras en las que tenía que memorizar para poder aprobar. Aún así debería estudiar para sacar una buena nota que subiera la media del resto y mantener la beca de estudios. Suspirando, se tiró de nuevo contra el colchón. La luz apenas si entraba ya por la ventana. ¿Qué hora era? Aprovechó que aún tenía el móvil en la mano para mirarla en la pantalla. Demonios, había dormido tanto que se había saltado el almuerzo y casi la cena. Aún así tenía más sueño que hambre. Se dio la vuelta y, boca abajo, apoyó la cabeza de lado sobre el antebrazo y cerró los ojos una vez más. Sólo sería un rato y después se pondría a estudiar…
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¿Cómo era que estaba allí otra vez? La fachada del Kyuubi, negra, la antesala perfecta de todo lo que escondía esa puerta infranqueable para algunos. Sobre ella, neón rojo con la imagen de un zorro de nueve colas. Tan fiero como la apariencia de los propios clientes del local, igual de hambrientos. A esa hora ya no había ninguna cola en la puerta, tan sólo el portero, que se echó a un lado para dejar salir a un grupito de cuatro con claros síntomas de embriaguez. Ni siquiera sabía por qué había ido allí después de todo. El tipo lo miró un momento, aún a varios metros, y después su vista se fijo más allá. Naruto se giró por inercia hacia aquello que había llamado la atención del vigilante. Arrugó el entrecejo al ver acercarse a su amigo, recordando la primera vez que lo había visto por aquella zona. Sasuke andaba mirando el suelo, con las manos en los bolsillos y un leve tambaleo. Cuando fue consciente de la presencia del rubio, una mueca extraña se formó en su cara, algo parecido a una sonrisa amarga en sus labios descoloridos. Una expresión que confirmaba lo que Naruto ya suponía.
-Al final has venido –sacó un cigarro arrugado y lo prendió.
-Sí.
-¿Entramos?
Naruto asintió y ambos tomaron parte en el escenario que se les presentaba; lleno de actores a pesar de ser prácticamente lunes. Directos a la zona vip, por supuesto. Se sentaron en una esquina, cerca de la barandilla de cristal, observando a los rezagados que se agarraban a las notas de la canción de moda para engañar al día. Sasuke le hizo una señal a Gaara, que ponía copas detrás de la barra, y no habían pasado ni dos minutos cuando el pelirrojo se había acercado a ellos con tres botellines de cerveza.
-¿Te encuentras mejor? –le pegó un trago a la suya y se sentó junto a Sasuke, sin mirarlo, con la vista al frente, hacia la pista que quedaba delante de ellos en un nivel inferior.
-Estoy de puta madre.
-Genial, pues si ya te has descargado en la boca de algún pederasta, cuéntame qué cojones ha pasado antes –su voz sonaba demasiado monótona para lo que decía, y seguía sin mirar al moreno.
-Gaara, ahora no; aquí no –inclinado hacia delante, con la frente apoyada en las manos, Sasuke parecía debatirse consigo mismo dentro de unos pensamientos que ninguno de los otros dos podía siquiera intuir-. ¿Ha vuelto Guren?
-No.
-Bien.
Naruto miró a Sasuke y a Gaara alternativamente. El pelirrojo dejó de observar la pista y se levantó, llevándose consigo su cerveza. Antes de volver a su trabajo tras la barra, le susurró unas palabras al moreno y, en un movimiento que a Naruto le resultó de lo más raro teniendo en cuenta el carácter de Gaara, le despeinó un poco el pelo negro con una caricia algo brusca en su cabeza.
-Mierda, esto es una locura –se incorporó con decisión y arresto en sus ojos-. Tiene que ser ahora.
-¿A qué te refieres?
-No me gusta nada tener que pedirte esto…
-Suéltalo.
-¿Aún tienes esa llave?
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Si hace tan sólo cuatro días le hubieran ofrecido entrar allí, lo hubiese hecho con los ojos cerrados, agradecido por esa oportunidad. Ahora, comenzaba a pensar que el sitio no le gustaba lo más mínimo. Las habitaciones privadas que habían protagonizado tantas horas de fantasiosa conversación entre él y sus amigos, se le antojaban sórdidas y sucias en ese momento. Sabía que Sasuke había tenido mucho que ver en ese cambio, él y su extraña forma de ver el sexo, de vender su cuerpo sin escrúpulos. Se fijó más en las escaleras y el pasillo que daba a las habitaciones. La vez anterior había estado demasiado conmocionado por todo como para prestar atención. El suelo estaba cubierto por una moqueta oscura y las paredes estaban revestidas de papel en tonos burdeos con una textura algo rugosa y molduras de madera de color negro que formaban marcos alrededor de unos pocos apliques de luz muy suave. Parecía el decorado de una película porno de las buenas.
-Aquí es.
Sasuke se había detenido delante de una puerta igual al resto y él asintió y se agachó delante de ella. Era sencillo, un típica cerradura de cilindro que no le supondría ningún problema. Sacó un llavero y entre las cinco llaves que lo componían, escogió una en concreto, que introdujo en la cerradura. Miró a Sasuke, que con la espalda apoyada en la puerta, vigilaba que ningún inquilino saliese al pasillo en ese momento. Naruto golpeó la llave con la base de un cenicero metálico que había cogido de la sala y no tuvo más que girarla para que la puerta quedase libre de todo cierre. Iba a ponerse de pie cuando oyó unas risas y un ruido demasiado cerca de ellos. Sasuke fue rápido; con un movimiento apresurado lo levantó cogiéndolo de los hombros y lo pegó a la pared, colocándose a su espalda. "Disimula", le había dicho justo antes de aferrarse con las dos manos a su cintura. Naruto aguantó la respiración y cerró los ojos, sin saber realmente si aquel estremecimiento había sido a causa del susto o de la respiración del moreno en su cuello. Las voces se escucharon más cerca y después se fueron alejando hasta que finalmente dejaron de oírse.
-Vamos.
Sasuke se había separado y se disponía a entrar en esa habitación: el despacho de Guren, la dueña del Kyuubi y amiga de Sasuke. El moreno no le había explicado nada, simplemente le había dicho que necesitaba asegurarse de algo cuanto antes y que se lo contaría todo más tarde. Tardó un poco en reaccionar con lo que acababa de pasar, pero después sacó la llave, lo siguió adentro y cerró tras de sí.
-¿Qué buscamos?
-Aún no lo sé –echó un vistazo a los papeles que la chica tenía sobre el escritorio, concentrado en encontrar algo, cualquier cosa que justificara esas fotos. Un nombre, datos… Algo. Miró en los cajones sin éxito. Allí sólo había documentación relacionada con el local: facturas, pedidos, la lista de proveedores. Con un gruñido volvió a dejarlo todo como estaba, se apartó el flequillo de la cara y se dirigió hacia un armario empotrado de puertas correderas. Era el mismo tipo de armario que había en todas las habitaciones, donde se guardaban las sábanas y toallas limpias. Pero esa habitación no tenía cama, tan sólo la mesa de despacho y un par de sofás de piel marrón. Lo abrió y, efectivamente, en vez de estantes, tenía una barra con algunos abrigos y un archivador metálico de cajones de un metro de altura aproximadamente. Trató de abrir el primero, pero estaba cerrado con llave, al igual que los otros tres. Miró a Naruto, que no se había alejado de la puerta y éste comprendió.
-No puedo abrirlo sin forzarlo. Necesitaría una llave más pequeña.
-¡Joder! –golpeó el mueble con el puño y tiró con fuerza varias veces del cajón sin resultados. Iba a intentarlo con el resto de cajones cuando se vio de repente completamente a oscuras. Naruto había apagado la luz y se había acercado a él con una expresión de terror en la cara. El sonido de la cerradura hizo que fuera consciente de la situación que se les venía encima. Si Guren los pillaba allí, no habría forma alguna de explicar qué hacían sin quedar al descubierto. Empujó a Naruto todo lo silenciosamente que pudo dentro del armario y se pegó a él con la esperanza de que a la mujer no se le ocurriera abrirlo.
-Lo sé... No, todo sigue como siempre…
Habían encendido de nuevo la luz y ésta se colaba por una pequeña rendija en la puerta del armario. Guren hablaba por teléfono mientras trasteaba unos papeles.
-Sí, entiendo… No se preocupe, será fácil de manejar… Si descubro algo le avisaré cuanto antes… Por supuesto. Adiós.
El silencio sólo duró unos minutos, hasta que Guren encendió el portátil que traía con ella y fue sustituido por el sonido de las teclas y la música de un programa de radio que a esas horas reproducía grandes éxitos de otra década.
Naruto miró a su amigo. El espacio era tan justo que tenía su rostro a una cuarta. Sasuke tenía la cabeza girada hacia el lado por donde la puerta había quedado algo abierta, prestando atención a las palabras de la mujer y a cualquier ruido que pudiera indicar que se acercaba al armario. Lo vio cerrar los ojos y al momento, los tenía fijos sobre los suyos. El moreno movió los labios y él pudo entender perfectamente lo que le había dicho: "lo siento". Negó con la cabeza y sonrió a pesar de la tensión que se respiraba en el ambiente. La mirada de Sasuke, tan de cerca, con esa expresión tan seria, hizo que tragara saliva y que los ojos negros descendieran hasta su garganta siguiendo el movimiento de su nuez. Se sentía acorralado y no sólo por el hecho de que lo único que los salvaba del desastre era una puerta que podía abrirse en cualquier momento. Notó la inquietud en el cuerpo de Sasuke, que parecía de pronto verdaderamente incómodo con esa situación. No entendió el arrebato de nerviosismo, ni el hecho de que cerrara los ojos de nuevo y frunciera el ceño hasta que sintió algo presionar contra su entrepierna. Joder, Sasuke tenía una erección. Se pegó a la pared todo lo que pudo a pesar de que la escasez de espacio imposibilitaba el alejarse de él y desvió también su mirada. Maldita sea, su corazón había empezado a latir con tanta fuerza que estaba seguro de que el latido sería audible. El calor subió a sus mejillas cuando una inspiración profunda hizo que su pecho se juntara más con el otro y las pulsaciones bajaron, pero no de intensidad, sino de lugar, siguiendo el camino desde su estómago hasta su miembro que comenzaba a hacer presión también contra la tela de sus vaqueros. Mierda, se estaba empalmando. Se estaba empalmando por culpa de esas estúpidas hormonas adolescentes que no escogían precisamente el mejor momento ni lugar. Debería estar centrado en lo que ocurría fuera de ese armario, en cualquier cosa que no fuera la calidez que de repente parecía desprender el cuerpo de Sasuke. Lo miró de reojo. Seguía con el ceño fruncido, pero ahora esos ojos oscuros también lo miraban a él. Sin darse cuenta, se humedeció los labios y volvió a verle de frente. Sasuke no se movía. Nada. El estómago se le encogió. Bajó la vista del negro de sus ojos a su boca entreabierta y tragó saliva otra vez. Un impulso lo instó a acercarse y a detenerse en el último momento, cuando su nariz casi rozaba la de su amigo. Esperaba una reacción, una señal para continuar o detener toda aquella locura. No la hubo. Sasuke se quedó completamente inmóvil. Lo entendía. Él había rechazado el contacto la noche anterior, era él el que tenía novia y al que no le iban los tíos. Arrugó el entrecejo al pensar en Sakura. ¿Qué estaba haciendo? Una súbita sensación de ahogo le estrujó los pulmones volviendo su respiración corta y acelerada. Un suspiro silencioso y entonces calor del aliento ajeno en sus labios mojados caló en su mente y desconectó su razón. Se aproximó otro poco, la distancia justa para que sus labios se tocaran. Entornó los ojos y movió su cabeza lentamente al compás de sus labios, sintiendo la caricia de una boca sobre la otra, sin ejercer presión, sólo la fricción suave de ambas bocas entornadas. Tampoco hubo alteración alguna en la actitud pasiva del moreno. Cerró la boca y se separó, algo avergonzado porque su miembro le recordaba con incomodidad que quería seguir manteniendo el contacto. Pegó la cabeza a la pared, "me rindo", y sin esperarlo, la piel se le erizó de pronto al sentir la mano de Sasuke en su nuca y su boca sobre la suya con fuerza. Respondió primero con torpeza a la succión sobre sus labios. Tenía la cabeza embotada y esa lengua que acababa de aparecer no ayudaba a su cordura. Pero lo que definitivamente venció todas sus defensas fue sentir la firme opresión de la erección contraria contra la suya, que palpitaba con molestia presa de la tela y buscaba liberar tensiones correspondiendo al roce tosco y precipitado del otro cuerpo. Un gemido se escapó de su boca y entonces toda acción se detuvo. Regresaron de pronto al armario, al despacho allanado, a la seguridad de que ese sonido había sido escuchado. Prestaron atención a cualquier indicio de descubrimiento por parte de Guren, pero allí no se oía nada. Ni música, ni teclas de ordenador, ni manoseo de papeles… Sasuke tomó todo el aire que le entraba en los pulmones y lo soltó despacio, haciéndole una señal a Naruto para que se quedara quiero. Se asomó por la abertura de la puerta y la agrandó con cuidado. Estaban solos. Lo más probable era que Guren hubiese bajado un momento a la sala para recoger la recaudación de la noche. Le gustaba hacerlo a ella misma. Esa mujer realmente amaba el dinero.
Sasuke agarró a Naruto de la mano y tiró de él hacia la puerta. Cuanto antes salieran de allí, antes podrían volver a respirar tranquilos.
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Que no os pille el terral que derrite las neuronas (joé, qué caló) ^_^U Si no recibo muchos comentarios, entenderé que el bendito (véase la ironía implícita) viento también os ha llegado.
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