A la mierda la cordura
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"y si fuera
mi vida una escalera
me la he pasado entera
buscando el siguiente escalón,
convencido
que estás en el tejado
esperando a ver si llego yo".
la vereda de la puerta de atrás –extremoduro–
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Dos horas después de algo que ni siquiera se podía calificar como "dormir" y varias clases más tarde, Naruto desfallecía sobre su mesa, ignorando el ruido de sus tripas que le pedían con urgencia algo que las llenara. Demasiado cansado como para siquiera intentar mantener los párpados abiertos, dormitaba con la cabeza escondida entre los brazos, aliviando sus ojos del molesto sol que justo ese día había decidido hacer acto de presencia.
—¿Cómo te ha ido el examen?
La voz de Sai le llegó lo suficientemente cercana como para que recuperara la conciencia. "¿El examen?", se encogió de hombros sin levantar la cabeza. La verdad era que no tenía ni idea de lo que había respondido. Un suspenso más que seguro. Sasukesasukesasuke. Su mente no pensaba en otra cosa. Sasuke. Sasuke y su historia. Sasuke y su comportamiento. Sasuke y sus problemas. Sasuke y las reacciones que le provocaba. Sasuke y, a veces, Sakura.
—Si estás enfermo, deberías irte a casa y descansar.
—¿Desde cuándo te preocupas por mí? —alzó la mirada y se encontró con la sonrisa de Sai, esa que le hacía creer que el moreno sabía más de lo que parecía a simple vista. Esa que usaba el muy cabrón para enterarse siempre de todo.
—Desde que tu querida Sakura nos ha hecho un interrogatorio de tercer grado a Kiba y a mí para asegurarse de que te habíamos dejado descansar el fin de semana.
—Estoy bien, sólo necesito un café bien cargado —se desperezó y se revolvió el pelo para terminar de despejarse.
—¿Uno como este? —Sakura entraba en ese instante en el aula con un vaso humeante y un par de bollos que dejó en la mesa frente al rubio—. Pareces un zombi, Naruto, ¿de verdad estás bien?
El chico miró lo que su novia le había traído y sonrió mientras se llenaba de una calma agradable que hasta el momento le había faltado. Se incorporó y se acercó a ella para besarla suavemente en los labios, cerrando los ojos y disfrutando de esa sensación de bienestar. Sus labios eran dulces y tibios, y tenían un ligero sabor a fresas que atribuyó a algún producto cosmético. Notó las manos de Sakura en su pecho, presionándolo ligeramente para deshacer el contacto que probablemente le resultara tan agradable como vergonzoso en medio de la clase. No le prestó atención. Agarró las manos pequeñas y profundizó el beso hasta que oyó una especie de quejido asfixiado y una presión aún mayor que lo obligó finalmente a separarse. La chica respiraba por la boca, con las mejillas al rojo vivo y los ojos ahogados en excitación, confusión y vergüenza a partes iguales.
—Mucho mejor… —aprovechó que Sakura aún no se recuperaba de la impresión y que Sai se había quedado extrañamente en silencio, sin soltar ninguno de sus inoportunos comentarios, para coger el café y beberse la mitad de un solo trago. Por alguna razón, necesitaba de esa cotidianidad después de todo lo que había pasado. Sólo un segundo para volver a recargar el calor perdido agarrándose a cualquier cosa que evitara que se lo llevara la corriente. Después vendrían los reclamos de su novia y las sandeces de su amigo.
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Se había levantado temprano al calor de una cama conocida, al lado de un pelirrojo tan profano como él. Había necesitado una raya de coca para separarse de esas sábanas y darse una ducha rápida; y otra más para dirigirse al edificio frente al que ahora se encontraba, nervioso ante unos pasos que no sabía muy bien a dónde lo llevarían. Si todo aquello tenía algo que ver con su hermano, sabía a ciencia cierta a qué banco pertenecía la llave que había encontrado en su pequeño escondite. Siempre le había gustado la fachada de aquel edificio asentado en los fundamentos de la arquitectura de la Grecia clásica, con su estructura firme y armónica conseguida a base de grandes bloques de piedra y perfecta simetría. Itachi lo sabía porque siempre que pasaban por delante de él en el coche familiar, Sasuke se quedaba embobado mirando por la ventana y le decía que de mayor, él lo compraría para que pudiesen vivir allí los dos. Se mordió el labio inferior y suspiró por la nariz, infundiéndose fuerzas mientras que, con la mano derecha, toqueteaba la llave dentro del bolsillo de sus vaqueros.
Franqueó la puerta de entrada y al hombre que, uniformado, vigilaba el acceso con artificiosa amabilidad. Nadie le detuvo, a nadie pareció extrañarle que un chico que debería estar en clases, se adentrara solo en el amplio recibidor circundado de ventanillas de atención al cliente y mesas de madera maciza celadas convenientemente por empleados de turno, demasiado centrados en su mecánico trabajo como para detectar esa anomalía. Sirviéndose de ese detalle a su favor, se acercó al primer mostrador con la mejor de sus falsas sonrisas en la cara y la educación en la punta de su lengua, esperanzado en que la señorita que se sentaba detrás fuese tan autómata como el resto. No le había dado tiempo a decir ni una palabra cuando una mano se había posado sobre su hombro y le había hecho girar para encontrarse de frente con una mirada sobria que lo examinaba con un deje de cordialidad que no entendió.
—¿Puedo ayudarle en algo? —la voz grave de aquel hombre derrochaba seguridad y Sasuke se vio obligado a igualarla para no sentirse pequeño ante su presencia.
—Sí, yo… —carraspeó y tragó saliva, devolviéndole al momento un gesto firme que solo era externo—. Necesito acceder al contenido de una caja de seguridad.
El hombre lo miró un par de segundos más antes de girarse con un "sígame, por favor" y una sonrisa que Sasuke no llegó a ver. Lo guió a través de toda la estancia hasta un arco detector de metales que ambos pasaron ante el severo escrutinio de otro empleado. Después, un ascensor los condujo hasta una planta inferior, donde un par de vigilantes le dieron la bienvenida al hombre con una inclinación que fue correspondida por otra de menor grado. Llegado el momento, y tras varios sistemas más de seguridad, se vio en una habitación abovedada cuyas paredes, doradas y relucientes, estaban conformadas por pequeñas puertas metálicas con cerradura y un número en el frontal. El hombre se detuvo en el centro de la estancia y extendió la mano hacia el menor, que acertó a sacar la pequeña llave y colocarla su palma.
Mientras el otro se dirigía hacia la puerta correspondiente y la abría, Sasuke pensó en lo extraño que resultaba todo. No le habían pedido ningún tipo de identificación, nada que demostrase la titularidad de la caja de seguridad… Nada. Era un menor de edad con una llave que bien podía haber encontrado por casualidad en cualquier sitio, que, incluso, podía haber robado. Se suponía que aquello era un banco, ¿no? Se suponía que la gente guardaba allí sus objetos de valor precisamente por eso, porque era impensable que alguien ajeno al propietario legítimo se hiciera con el contenido de una de esas cajas.
—Por aquí, por favor —el llamado lo sacó de sus pensamientos. Asintió y volvió a seguir a aquel sujeto hasta otra habitación más pequeña y acogedora, siempre dentro del estricto clasicismo que se respiraba en el ambiente, presidida por una mesa de centro y varias sillas ricamente tapizadas alrededor. El adulto dejó la caja sobre la mesa y se acercó otra vez a la puerta por la que acababan de entrar—. Le esperaré fuera. Tómese el tiempo que necesite —y con una reverencia, salió de allí dejando solo al chico que ni siquiera había conseguido responder con cortesía.
Delante de la caja, desechó la incertidumbre que batallaba por instalarse otra vez en su coraje y no dudó en abrirla y enfrentarse a lo que quiera que fuera aquello que su hermano o cualquier otro había guardado con tanto recelo.
—¿Más llaves? —tres, para ser exactos, enganchadas con una anilla y un llavero de plástico rojo con una etiqueta en la que se podía leer perfectamente una dirección. Junto a ellas, un teléfono móvil y una tarjeta con un número de diez cifras completaban el contenido de la caja. Con más preguntas que respuestas y una incipiente sensación de agobio, se guardó cada una de las cosas en los bolsillos y se dirigió a la puerta tras la que debería estar aquel hombre.
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Se secó el sudor de la frente con el borde de la camiseta y resopló. Su entrenador había hecho caso omiso de sus ojeras y su cansancio y se había resarcido del plantón de la vez anterior con una tanda de ejercicios extra. Las clases insufribles habían dado paso al extenuante entrenamiento y ahora sólo trataba de encontrar fuerzas para levantarse del suelo de los vestuarios y darse una merecida ducha antes de volver a su casa. Su cuerpo no se movía, pero su mente lo hacía a la velocidad de la luz, repitiéndole una y otra vez lo que él ya sabía: que veía tíos desnudos día sí día no y no se excitaba, que el deporte lo obligaba al contacto físico con esos tíos y no se excitaba, que acababa de verlos otra vez, mirando a propósito entre toallas anudadas a la cintura y bóxers ajustados, y no se había excitado… ¿Qué cojones pasaba con él entonces? Se excitaba con Sakura, estaba claro, y alguna vez había usado a Ino, la mejor amiga de su novia, para pajearse a gusto en la soledad de su habitación. Le gustaban las chicas, las tetas y la tibia humedad femenina cuando se deslizaba dentro de ellas… y se había corrido rozándose a conciencia contra los vaqueros de Sasuke mientras lo besaba como si la vida le fuese en ello… y su deseo le traicionaba queriendo profundizar más en eso para volver a ver el vicio en esos ojos sin fondo y hundirse entre sus piernas. Los labios mojados, la boca entreabierta, la mirada vidriosa… Los gemidos graves, la presión contra su pene, el ceño fruncido… Allí, sentado, solo, con la espalda apoyada en las taquillas y el sudor que se empezaba a enfriar en su cuerpo, dirigió su mano a su entrepierna y la coló por debajo del elástico de sus pantalones cortos, acariciándose suavemente con las yemas de los dedos aquella zona que notaba cada vez más firme. Respiró sonoramente un par de veces y el contacto pasó a ser directo cuando su mano se introdujo por un conocido camino bajo sus calzoncillos. Tragó saliva cuando el dedo pulgar hizo presión en la punta, sintiendo el orificio de la uretra humedecido. Lo rozó un poco haciendo círculos que se fueron extendiendo por todo el glande hasta dejarlo suave y resbaladizo. "Puedo mamártela hasta hacerte gritar…", la voz ronca de Sasuke usurpaba las palabras dichas por Gaara, una mala jugada de su mente que le hizo apretar su mano iniciando un movimiento por demás habitual. Y el cuerpo desnudo del moreno, maltratado y sucio, tal y como lo había visto aquella primera noche, le empujó las costillas dejándolo sin respiración. "… a mi culo no le va a importar en quién estás pensando mientras me follas". Apretó los labios para no jadear y, con un estremecimiento, salpicó la mano y la ropa interior hasta que pudo volver a hacer entrar el aire en sus pulmones.
Recuperando el aliento, separó los dedos de su miembro y los sacó de entre la ropa, observando el semen resbalar entre ellos. Arrugó la expresión y se limpió los restos bruscamente con la toalla que había cogido para secarse tras la ducha. "Joder", cerró los ojos y golpeó la puerta metálica de una de las taquillas con el codo. Varias veces, apretando la mandíbula y liberando tensión. ¿Qué clase de cabrón era? No era sexo lo que quería de Sasuke. No debería querer acercarse a él de esa forma. Eso lo llevaría al mismo nivel de todos los demás.
—¡Joder! —otro codazo al metal. La había cagado y bien. Tendría que estar preocupado por todo lo que se le venía encima a su amigo, no haciéndose pajas pensando en él. Una mierda, eso era lo que le importaba que Sasuke fuera un tío. Le atraía, no tenía ningún sentido mentirse a sí mismo. ¡Estaba en la edad, qué demonios! No le asustaba experimentar, pero sabía que Sasuke usaba el sexo para satisfacer otras necesidades, que lo usaba para ganar dinero, para lograr su venganza, que lo usaba a pesar del daño que se causaba. Y esa sensación de indecencia y esa sordidez, contrariamente a lo que habría esperado de sí mismo, lo excitaban. ¿Cuándo se había convertido en un degenerado? Las chicas eran distintas. Las chicas que él había conocido no querían sexo sin algo de amor, aunque fuese falso. Podían echar un polvo sin compromisos, pero era diferente. En ellas siempre había visto una especie de gentileza explícita o encubierta que en Sasuke no veía por ningún lado. Lo suyo era áspero, agresivo. Incendiario. Con las chicas…—. Mierda… —ahora no había chicas. Ahora era Sakura y él ni siquiera había pensado en ella mientras los dientes de Sasuke mordían su lengua. Ella no se merecía eso; no se merecía el engaño ni, mucho menos, la duda. Un desliz, emborracharse en una fiesta y liarse con alguien en un momento de furor alcohólico. Podía aceptar eso, tragárselo con dignidad y seguir adelante, pero por mucho que quisiera evitarlo, el pensamiento de que había abierto una caja de Pandora en su interior y tendría que apechar con las consecuencias no se iba. Y las manos le sudaban cuando se paraba un momento a pensar en Sasuke. Y en eso no había más vuelta de hoja—. Esto es un asco... —se quejó. Cansancio, definitivamente eso era lo que necesitaba. Estar tan reventado físicamente que su mente dejara de torturarlo con esos pensamientos sin sentido. No era momento de especular, sino de desconectar, descansar y empezar de nuevo ofreciendo a Sasuke lo que necesitaba: apoyo, un amigo, alguien en quien confiar. Se levantó apurando sus fuerzas y, con la determinación como motor de sus pasos, volvió a salir a las canchas para dejarse la piel y las ideas en la tensión de sus músculos.
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—Esto es una broma, ¿verdad? —una carcajada amarga escapó de su garganta en la soledad de aquella habitación. La dirección del llavero lo había llevado hasta allí, un ático en una de las zonas más caras de toda la ciudad. Supuso que encontraría algunas respuestas, algo que le hiciese comprender de qué iba todo aquello y quién estaba detrás, pero lo único que había encontrado había sido un piso completamente amueblado, en un edificio tan lujoso como discreto y nada más. Había abierto puertas y cajones, descolgado cuadros, movido todos y cada uno de los muebles del sitio, la cama, el sofá... Nada. Y la búsqueda de algún mensaje o número de teléfono en el móvil había concluido con idéntico resultado—. ¡Jo-der! —acompañó el sentimiento de frustración con un gruñido y un puñetazo a lo que tuvo más cerca: la pared. No cayó en las consecuencias de su estúpida acción hasta que fue a meterse la mano en el bolsillo para sacar el paquete de tabaco y el dolor le hizo volver a sacarla y observar la hinchazón de los nudillos enrojecidos y la piel despellejada. No le importó. Sacó el paquete arrugado con un cigarro en las mismas condiciones. El último. Solo le quedaba eso y empezaba a sentir la necesidad de conseguir cuanto antes algo que paliara la inminente ansiedad que le hacía sudar frío. Rutina. Salir de allí, acercarse a cualquier plaza a la salida de una boca de metro y esperar a que la lujuria de otros le proporcionara la pasta suficiente para adquirir sus drogas favoritas, las que le daban fortaleza mientras le quitaban vida, las que mantenían su obstinado orgullo aferrado a la venganza mientras le robaban el alma.
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—Oye, Naruto, ¿se puede saber qué te pasa? —el aludido giró la cabeza por encima de su hombro, aún con los antebrazos apoyados en el alféizar de la ventana, para mirar al chico que acababa de entrar y devolverle un gesto agotado e indiferente.
—Hm.
—¿Hm? ¿Cómo que hm? —se acercó y se sentó en una mesa también próxima a la ventana, observando hacia el exterior para tratar de averiguar qué era lo que tenía tan absorto a su amigo como para que ni siquiera hubiera reparado en su presencia al entrar al aula—. Vaya, como se entere Sakura sé de alguien que se va a quedar sin huevos.
—¿Cómo?
—¿Por qué será que las tías buenas son tan bordes?
Naruto volvió a mirar por la ventana sin entender aún, pero todo le quedó claro cuando vio a las animadoras del equipo de béisbol reunidas en la entrada, preparándose para subir al autobús que probablemente las llevara a algún encuentro entre centros de enseñanza. Pero él nos las estaba mirando a ellas, de hecho ni siquiera se había dado cuenta de que estaban ahí. Dirigió su vista hacia el cielo nublado, de un color gris tan claro que parecía casi blanco.
—Estás raro… —Kiba podía parecer descuidado, incluso él mismo reconocía que no era muy espabilado, pero conocía a Naruto lo suficiente como para diferenciar sus verdaderas sonrisas de la máscara insulsa que llevaba dos días mostrando a todo el mundo—. Se nota que estás preocupado por algo y también que no quieres que nos demos cuenta. ¿Es que ha ocurrido algo en la residencia?
—No —la residencia. Una de las mentiras que había tenido que soltar en el instituto para que sus amigos dejaran de preguntar e insistir en ir a su casa. Para ellos, vivía en una residencia de estudiantes tan estricta como para prohibir la visita de personas ajenas a la familia. ¿Pero cómo iba a decirles que estaba prácticamente en la calle? Todos sabían que estudiaba allí gracias a una beca, y sus amigos, además, estaban al corriente de sus pocos recursos económicos, pero ninguno de ellos sabía hasta qué punto su situación era mala en ese aspecto. Ni siguiera Sakura. Y para sus abuelos era tres cuartos de lo mismo, solo que la mentira incluía una beca completa que corría con todos los gastos. Demasiado habían hecho ya durante toda su vida como para pagar una educación que había sido decisión suya, cuando bien podía haberse matriculado en cualquier instituto en Kioto cerca de su casa. En cuanto a sus amigos, se decía a sí mismo que no quería preocuparlos, pero ni siquiera él estaba totalmente seguro de dónde terminaba la preocupación y comenzaba la vergüenza—. Solo estoy cansado, de verdad. El entrenador se está cebando con nosotros porque en el Día de los Deportes ganamos por los pelos. El cabrón parece militar más que docente —perfecta. La sonrisa le había salido perfecta. Ni siquiera Kiba podría dudar de ella, y un asentimiento comprensivo por su parte se lo demostró.
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—Disculpe, Kakashi-sensei.
—Sasuke... kun... —nada en su voz demostró lo perturbador que le resultaba ver al muchacho allí, en la sala de profesores, dirigiéndose a él como lo haría el más corriente de sus alumnos—. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
—Lo siento, pero me han surgido un par de dudas acerca del trabajo que —calló en el momento en que el único profesor que estaba en la sala además de ellos, salió para impartir la siguiente clase, cerrando la puerta y dejándolos finalmente solos.
—¿Ocurre algo, Sasuke? —dejó lo que estaba haciendo y se aproximó al chico para observarle más de cerca.
—No, necesito que me firmes la justificación de la falta de ayer —sacó un papel del bolsillo y lo desdobló para mostrárselo a Kakashi, que lo cogió para leerlo. La política del instituto obligaba a todos los alumnos a justificar cada una de las faltas con un documento firmado por cualquiera de los padres o el responsable legal, y ese mismo documento tenía que firmarlo además el tutor de cada clase después de confirmar por teléfono que la justificación era real.
—Supongo que no debo comprobarlo… —se giró un momento con el papel en la mano y, después de firmarlo, lo guardó en el cajón de su mesa para archivarlo más tarde. Apoyado contra el borde del mueble, se cruzó de brazos y volvió a mirar a Sasuke con serenidad—. Y bien, ¿hay algo más en lo que pueda ayudarte? —recibió un gesto vago de negación con la cabeza y segundos después vio como se dirigía a la salida sin decir nada más. Lo llamó—: ¡Sasuke! Deberías colocarte bien la bufanda —¡maldita sea!, no era eso lo que quería decir. Sasuke parecía estar como siempre, pero había algo más. No sabría cómo explicarlo, sin embargo estaba seguro de que algo distinto pasaba por la cabeza del chico. Algo que lo estaba haciendo trizas.
Sasuke se llevo la mano a la prenda y se la ajustó al cuello subiéndola un poco más, todavía de espaldas al profesor. Permaneció un momento en el sitio, dudando entre quedarse o salir, pero en cuanto fue consciente de esa pequeña duda, se apresuró a dejar la sala sin mirar atrás.
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Los alumnos entraron en el aula precipitadamente después del breve descanso, justo antes de que lo hiciera la profesora de física. Había logrado convencer a Kiba de que lo único que tenía era cansancio acumulado y, cuando aparecieron también Sakura y Sai, se había producido entre ellos una especie de conversación sin palabras que había puesto de manifiesto que Kiba había actuado de avanzadilla para determinar el estado del rubio. Desde luego, sus amigos no eran precisamente los reyes del disimulo. Desde su asiento, siguió mirando por la ventana, aprovechándose de la privacidad que le otorgaba la última fila. Había empezado a llover otra vez, tal y como llevaba haciendo toda la noche. Era una lluvia fina, de esas que se van tan rápido como han venido, de las que apenas hacen ruido y cuando menos te lo esperas, te han calado hasta los huesos. Y entonces, en medio de esa tranquilidad, una persona atravesó la puerta principal y corrió hacia los aparcamientos. Su respuesta fue inmediata, se había puesto de pie tan deprisa que su silla había caído hacia atrás, atrayendo irremediablemente la mirada de sus compañeros. La profesora también se había vuelto, sorprendida por el ruido, y miraba a Naruto exigiendo una explicación que él aún no tenía preparada.
—Uzumaki…
—Sí… Lo siento… Yo… —una idea repentina le llevó a taparse la boca con la mano e inclinarse un poco hacia delante, apoyándose con la otra en su pupitre.
—¡No! —la reacción de la profesora no se hizo esperar—. Por favor, vaya al aseo y después a la enfermería. ¿Necesita que alguien le acompañe?
Naruto negó con la cabeza y se dirigió a la salida, ayudándose de su excusa inventada para acelerar el paso y salir de allí cuanto antes. Una vez en el pasillo, corrió a toda velocidad hacia la planta baja, salió por la puerta de entrada al centro y continuó hacia el aparcamiento bordeando el edificio para evitar que lo vieran desde las ventanas tal y como había hecho él con Sasuke. Unos metros más y finalmente pudo ver cómo Sasuke se terminaba de poner el casco y metía la llave en el contacto de su moto. Y de la misma forma que antes se había levantado en medio de la clase, siguiendo un impulso, corrió y se montó detrás de él, desestabilizando el vehículo y asustando al moreno, que giró la cabeza mientras trataba de mantener el equilibrio.
—¿Pero qué…? ¡Naruto!
—Arranca.
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Miró hacia la puerta del aula, todavía preocupada por lo que le había pasado a su novio; pensando que, tal vez, le había dado demasiadas vueltas a su comportamiento imaginando que se trataba de algo anímico, cuando realmente no era más que un resfriado o algún tipo de virus molesto, pero inofensivo. Suspiró sintiéndose bastante tonta. Si a Naruto le pasara cualquier cosa, se lo habría dicho. Para eso era su novia, ¿no? Sonriéndose a sí misma, volvió a prestar atención a lo que explicaba la profesora en la pizarra, tomando nota de los ejercicios que se estaban resolviendo para poder dejarle después su libreta.
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¿Por qué no podía dejar de mirarla? Hacía bastante tiempo que se conocían y nunca le había pasado. Todo a raíz del extraño sueño que había tenido esa misma noche. Un sueño en el que sus atenciones eran solo para él, en el que la ropa desaparecía olvidada en cualquier parte y sus caderas se movían sobre su cuerpo. Y los largos mechones de pelo rosa se deslizaban sobre su torso haciéndole cosquillas cuando ella se inclinaba para besarlo. Joder, la culpa de todo la tenía Sai. Él y su estúpida forma de hablar, porque había sido Sai el que había saltado con la frase "a lo mejor Naruto está cansado porque Sakura lo está matando a polvos". ¡¿Qué clase de persona diría eso de sus amigos?
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Su sonrisa se ensanchó cuando vio salir del instituto el inconfundible revoltijo de pelo rubio que era la cabeza de su amigo montado de paquete en una moto. Él también había visto al Uchiha salir corriendo y, por supuesto, se había fijado en la reacción de Naruto y su artimaña posterior. Una de sus manías, cuando estaba aburrido, era observar a la gente que veía e imaginar qué tipo de vida llevaría esa persona, qué pensamientos pasarían por su cabeza o qué quería decir exactamente la expresión de su rostro. Y sus amigos habían sido sus primeros conejillos de indias en el instituto. Por esa razón su sonrisa se había ensanchado, porque llevaba observando a Naruto casi desde el inicio del curso. ¡Qué le iba a hacer, le había llamado la atención tanta expresividad siendo él como era! Y en su investigación, había descubierto que Naruto buscaba al Uchiha, que lo seguía con la mirada en los pasillos y que su expresión cambiaba si alguien mencionaba al moreno en alguna conversación. Así era como había empezado también a observar al otro, y justo así se había dado cuenta de que su actitud era la misma, aunque mucho más distante y cauta. ¡Pero qué interesante podía llegar a ser la gente normal!
Taiiku no Hi (体育の日): Día de los Deportes, una festividad que conmemora la fecha en que se inauguraron los primeros Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Se celebra el segundo lunes del mes de octubre y en las escuelas se organizan diferentes competiciones deportivas.
Bueno, aquí vengo después de mil años con un nuevo capítulo. No estoy contenta del todo, la verdad, porque ya tengo en mente lo que se avecina y tenía ganas de llegar a eso cuanto antes. Espero que no se note demasiado que me ha costado sangre, sudor y lágrimas escribir esto. ^_^U
Y no tengo una ni dos, sino tres excusas para haber tardado tanto en actualizar: por un lado está el trabajo de ocho encantadoras horas al día, después está la revista de fanfics en la que colaboro (www. solohumo. com, pasaros por allí XP) y por último aunque no menos importante, un máster en edición. Sip, he decidido convertirme en editora, así que cuidado, que ando por ahí buscado nuevos talentos para dentro de un año y pico, cuando tenga todo el conocimiento necesario para montar algo así. Jeje, nos leemos por aquí.
Ah, muuuuuuuchas gracias por vuestros comentarios. Quedan varios por responder, pero siempre los leo y los aprecio (igual que a vosotros/as). Y en cuanto tenga un hueco, los respondo, de verdad. U_U
POR CIERTO, SE HA CONVOCADO UN CONCURSO DE DRABBLES EN EL FORO DE LA REVISTA. ES ABIERTO, ASÍ QUE TODO EL MUNDO ESTÁ INVITADO A PARTICIPAR. ¡ESPERAMOS VUESTRO TRABAJO!
