Hola, bueno vuelvo después de algún tiempo y es que el año pasado me colapso un poco. Pasaron demasiado cosas y no sé, creo que entre todas bloquearon mi inspiración, además de que tuve que comenzar a escribir todo de nuevo y a acordarme de todo lo que iba a suceder, puesto mi PC anterior murió y no pude salvar nada. Pero como en estas vacaciones no hago nada, voy a intentar continuar lo que dejé botado, espero me perdonen y me sigan leyendo con el mismo entusiasmo que antes.
Bueno, esto no es una obligación. Pero son canciones con las cuales me inspiré para la historia, por si quieres pistas de lo que se viene:
9 crimes –Damien Rice
How to save a life –The Fray
No sé que hacer con ella –Pablo Herrera
Mi perspectiva –Laura Pausini
Ángeles Rebeldes
Capítulo 3: "¿Me recuerdas? Sólo… Recuérdame"
"Todo viejo amor es un recuerdo agradable, mientras no intervenga la persona que lo inspiró" (Noel Clarasó. Escritor catalán)
Ryoma se encontraba sentado en el tejado de su casa, era más de medianoche, al día siguiente (o mejor dicho, aquel mismo día) comenzaba el torneo de Hokkaido y se abriría una nueva oportunidad para ver a Sakuno y entender que era lo que había pasado con la niña de la que se había enamorado en su pubertad.
Las últimas dos semanas habían pasado muy lentamente, y cada día, cada minuto los pasaba cuestionándose los porqués, meditando en los hechos sucedidos hacia un año, abriendo nuevamente las heridas del pasado, pero esta vez para buscar una solución al problema mayor que tenía en frente ¿Cómo traer de vuelta a su Sakuno?
Miraba el cielo, perdido en las estrellas, queriendo poder ser una de ellas y ser testigo de la vida que se realizaba en todo Japón aun que quizás, solo lo desearía para poder vigilar a la chica de sus sueños, dicho esto literalmente, puesto que todas las noches ella se posaba en su cabeza, cualquiera fuese la secuencia, no importa que tan extravagante fuese, ella era el elemento indiscutido e incuestionable, y no era que le desagradece tampoco. Era lo único que le daba esperanza de un futuro, por que ni el tenis llenaba ya ese vacío.
Pensando en todas estas cosas fue como se recostó en su espalda con los brazos atrás de su cabeza, abrumado de pensamientos en su mente, sintiendo esta a punto de estallar, aún faltándole agregar la adrenalina por el ya en sí, torneo de tenis de Hokkaido, el cual era el más importante en Japón, pues te daba el pase a los torneos internacionales, y el cual comenzaría aquel mismo día. Cerró sus ojos queriendo contener todas aquellas sensaciones en su interior. El frío rodeaba su cuerpo y lo hacia sentir bien de alguna forma, liberando su esencia como una ducha de agua fría, solo que no tan desagradablemente aturdidor. De pronto sintió un espacio de calor en su rostro, abrió lo ojos y se sorprendió al notar que ya era de día. Por lo visto se había quedado dormido y no se había dado cuenta, había estado tan consiente todo el tiempo de su exterior que le costaba creerlo.
Bostezó mientras estiraba los brazos antes de levantarse, por que ya era tarde y la verdad necesitaba una muy buena y larga ducha aquella mañana para despejar su mente y enfrentar aquel día.
Caminaba por las heladas calles de Tokyo, el otoño había llegado para quedarse y eso se demostraba con las fuertes brisas que azotaban todo a su paso. Faltaba poco para llegar a la escuela, y sin embargo sentía las manos entumidas, el bolso con su ropa pesaba más de lo que recordaba al hacerlo, Ryoma estaba seguro que su madre había hecho una pequeña incursión nocturna en su bolso y se había dedicado a rellenarlo con cosas que nunca usaría. Tenía el hombro adolorido por las raquetas, realmente estaba muy molesto con su padre. ¿Como podía ser tan vago para ni siquiera ser capaz de ir a dejarlo en auto? Suspiró, mejor dejaba de pensar en esas cosas antes de que se pusiera de mal humor. De pronto vio por fin la escuela.
Hola Ryoma ¿Cómo estas? –Saludó Syuichiroh entusiastamente agitando su mano de lado a lado.
Hola –Saludó secamente el chico de cabellos negros sin mucho ánimo y sin entender como era que Syuichiroh siempre tenía tanta energía. Se aproximó hasta quedar de frente a este y recién pudo notar al resto de los chicos que se encontraban allí. Kaidoh practicaba la serpiente boomerang con algunas latas de bebida, Syusuke veía unas fotos en su cámara digital en conjunto a Eiji. Tezuka simplemente se encontraba de pie sin prestar atención a nada perdido en sus propios pensamientos. Sadaharu anotaba en su libreta como siempre hacia y ni Kawamura ni Momoshiro habían llegado aún.
Ryoma tomó asiento en el suelo y se apoyó contra la pared, con un poco de suerte y alcanzaría a tomarse una pequeña siesta antes de que Momo y Kawamura llegaran. Posó sus brazos tras su cabeza y cerró los ojos.
Echizen, nos vamos. –Escuchó desde la lejanía la monótona y grave voz de Tezuka. Gruñó, no había alcanzado a descansar nada, se sentía exhausto, se le había acumulado el sueño y el cansancio de aquellas dos semanas de excitación e incertidumbre. Abrió los ojos, el capitán se encontraba enfrente del joven chico esperando a que se levantará, miró en el entorno del castaño y vio al resto de los del equipo haciendo fila para ingresar en el bus que los esperaba en la entrada de la escuela. Ryoma se levantó con pesadumbre y caminó detrás de Tezuka.
Ryoma, ¿Qué sucede? –preguntó Momo cuando el chico tomó asiento a su lado.
Nada. –
¿Cómo que nada? Haz estado demasiado raro este último tiempo –apuntó, más sin embargo Ryoma no respondió, simplemente no quería hablar al respecto, la verdad es que no tenía ganas de hacer nada más que ver a su Sakuno desde la charla sobre el torneo. Cerró los ojos por tercera vez en el mismo día, y esta vez fue como realmente logró sumirse en un verdadero y relajante sueño con la infaltable presencia de Sakuno. Frente a esto, Momoshiro prefirió no molestar más sin embargo continuó con la su preocupación.
¡Wow! Que gran barco –exclamó Sakuno, al ver el crucero innecesariamente elegante y caro que los llevaría a Hokkaido.
Pues agradécele a Atobe Keigo, su familia fue la que pagó por esto. –comentó Kumiko mirando con el entrecejo fruncido la gran embarcación.
Oh, gracias Kumiko, siempre es un honor y un tremendo agrado poder complacerte –habló el aludido de pronto, sin que las otras notaran en que momento había llegado, haciéndole a Kumiko una exagerada reverencia, a lo cual la chica sonrió.
Hola Keigo, tanto tiempo que no te veo –saludó la chica, puesto que con el capitán de la escuela Hyotei, eran amigos de la infancia por sus padres.
Pues debo decir lo mismo, es bueno verte de nuevo Kumiko. Me encantaría quedarme a charlar, pero en este minuto me tengo que retirar, nos vemos. –
Adiós. Pórtate bien engreído –Atobe simplemente levantó la mano como dándole a entender que la había escuchado, más sin responder a la provocación de la chica, esta sonrió para luego mirar a su equipo.
Ya chicas, nos toca subir. Por favor compórtense y lleven con orgullo el nombre de nuestra escuela –
¡¡¡SI!!! –exclamaron todas las chicas muy entusiastas, mientras poco a poco, y en una fila iban ingresando al barco.
¿¿¿QUÉEE??? –
Oh mi Dios –
Esto, es… INCREIBLE –Las chicas se quedaron embobadas y anonadadas al ingresar al barco. Luego de subir por la escalinata, llegaron a un pasillo oscuro, por el cual caminaron poco tiempo hasta de pronto ver un hall increíblemente grande y elegante, en frente de ellas se encontraba una fila de mayordomos saludándolas con reverencias. Detrás de estos, estaban dos escaleras que llevaban a los diferentes niveles y en los costados estaban ahí grandes portales a dos puertas de madera de pino Oregón y detalles en oro. Al fondo, entre las dos escaleras, yacía colgado un espectacular cuadro de la familia Atobe.
Ese Keigo… –Suspiró Kumiko, con una mano en su cintura y una sonrisa de "nunca va a cambiar".
Señoritas, sean muy bienvenidas al crucero Scorpius perteneciente a la familia Atobe. Sepan que todos nosotros estamos a vuestra disposición en todo momento. Por favor, pasen por aquí. –
Muchas gracias –Caminaron en hilera, aún atónitas, tras el paso del mayordomo que les había dado la bienvenida, el hombre abrió las puertas de la izquierda y se situó a la derecha de esta para dejarles el paso. Al entrar en la habitación ya no tenían más expresiones de sorpresa que mostrar, hasta Kumiko quedó en shock. Era un salón de comedor de lujo, las paredes estaban revestidas de mármol, las mesas eran todas de cristal con base de mármol rojo. El candelabro que colgaba del techo estaba hecho de los más grandes diamantes que hubiesen visto en sus vidas, la forma en que refractaban la luz las dejó impactadas. En el fondo de la habitación había un bar y a su lado una mesa de buffet con los manjares más esquicitos y suculentos del mundo. Esto era simplemente fantástico e imposible de creer. Las chicas simplemente se quedaron boquiabiertas. Varios equipos ya se encontraban allí charlando, comiendo y riendo. El mayordomo siguió caminando, con estas siguiéndole el paso, hasta detenerse en una mesa entre las escuelas Hyotei y Rikkaidai.
Por favor, tomen asiento y sírvanse lo que quieran. –
Gracias –La mesa estaba puesta con los servicios más finos, cualquier restorán elegante se quedaba atrás frente a esto. Estaban puestos como 5 tenedores, cuchillos y chucharas, que más de la mitad de los presentes no sabían como usar y en frente habían dos copas, una más grande que la otra
Como si tomáramos vino. –pensó Sakuno mirando la copa más grande con gesto divertido.
Esto es, increíble –susurró Deydara con los ojos abiertos.
Alguien me puede explicar ¿Cómo diablos se usa esto? –preguntó Yukime con un largo tenedor en sus manos, mirándolo interrogante.
Yukime, que es ese vocabulario –retó Kumiko.
Perdón –se disculpó la chica.
Creo que esto es impresionante y ¡el barco tiene una explanada exterior! –comentó Mirumy con emoción para luego salir corriendo por la puerta, Kumiko la miró sorprendida para luego ver a donde anteriormente observaba la chica, (un mapa de todo el crucero), y sonrió, por lo visto su amiga se veía motivada, eso era bueno.
El cielo estaba nublado, más la brisa era tibia. Las olas se movían con fuerza más no actuaban violentas, de vez en cuando las nubes abrían un ligero espacio para que ingresara la luz, más a cada minuto estas se iban volviendo más oscuras y menos simpáticas con el Sol. Tezuka inspiró el aire, estaba pesado pese a su tibieza. Se encontraba en la explanada exterior de la primera plataforma, algo más privada del resto. No había nadie más allí que él, por eso le agradaba, por que le daba la oportunidad de pensar, de explayarse, de sentir… Si, sentir. Sentir a Mía. Cerró los ojos, y la imaginó allí, a su lado, en silencio, un silencio agradable. Y de pronto juró sentir su aroma y el azote de su largo cabello en su cuerpo, nunca antes le había ocurrido aquello, pero la verdad es que nunca antes se había sentido así por una mujer, y aquella sensación no le desagradaba. Era increíble, sin conocerla, ya la amaba. ¿Cómo era posible tal locura? Era Kunimitsu Tezuka el capitán de la Seigaku, reconocido por su frialdad y su racionalismo, pero todo esto se salía de cualquier parámetro, no era nada normal esto que sentía ni siquiera para una persona común y corriente. Estiró su cuerpo, aun apoyado de la baranda, y movió su cabeza hacia atrás para inhalar y luego moverse hacia adelante con nostalgia al sentir tan fuertemente ese aroma cítrico. Abrió los ojos, esto no estaba bien, no estaba para nada de bien, se debía estar volviendo loco. Si exactamente le debía estar ocurriendo eso, y lo peor de todo es que tampoco era algo muy consolador.
Hey, mejor será que no te arrimes tanto por la baranda si no quieres ser comida de tiburón. –escuchó una voz no familiar, más que conocía a la perfección, pues la oía todas las noches en sus sueños. Ok, ahora además de oler y sentir, escuchaba la voz, si, en definitiva, se había vuelto loco. Tenía que ignorarla, sacarla de su cabeza, esto no estaba bien, no, no lo estaba.
Bueno, si no vas a prestarme atención, está bien. Me quedaré aquí, de todas formas sería lo mismo que estar sola y era lo que buscaba –Tezuka no lo pudo resistir, esa voz era demasiado fuerte, demasiado hipnotizante, tenía que mirarla, mirarla aun que fuera una vez y así quizás despertara, tenía que vencer aquella locura. La miró y al hacerlo se quedó sorprendido, anonadado, sin palabras que expresaran como estaba.
Eres real –dijo, mirándola calculadoramente y al mismo tiempo un poco atontado por la verdadera belleza de la chica que ni en sus sueños lograba retratar con tal exactitud como lo era en la vida real.
Claro que soy real, ¿que esperabas? –comentó con diversión por aquel comentario tan extraño de parte del chico.
Perdón, no se que me pasó. Lo siento. –se disculpó él, saliendo de su ensueño más sin dejar de admirar a la hermosa chica frente a si. Ella vestía unos jeans holgados y rasgados, zapatillas, top negro bajo un sweater blanco y su pelo al viento que azotaba su rostro y le lanzaba aquel aroma que tanto lo enloquecía. Lo miraba fijamente, y bajo esos ojos inquisidores se sintió débil y aturdido.
Está bien –rió la chica apoyándose a la baranda y dirigiendo su mirada al horizonte, lo cual imitó su acompañante.
Realmente eres un caso curioso –
¿Por qué lo dices? –
¿Te acuerdas quién soy yo? Verdad –
Claro Mía –Tezuka se sonrojó sin saber por qué y ella le miró buscando su mirada, la cual halló en poco tiempo, pues era como un imán para el joven aquellos ojos amarillos.
Por eso lo digo. Nos vimos una vez, una sola vez. Y sin embargo, te recuerdo, te recuerdo mucho. –
Y… ¿eso es malo? –La miró penetrantemente, la chica se le quedó observando con una expresión que no supo reconocer y luego ella sonrió nuevamente.
No, no lo es. Creo. La verdad ni yo sé lo que significa –miró sus manos jugueteando en la baranda.
Y que sucede, si yo te digo que me pasa lo mismo contigo –en ese momento Mía dejó de jugar con sus manos y le miró sorprendida, mejor dicho atónita por algunos segundos, segundos eternos, para luego reír enérgicamente, ante este sonido el corazón del joven se regocijó.
Por lo visto se aproxima una tormenta, será mejor que entremos –comentó él, cuando sorpresivamente comenzaron a caer gotas de lluvia, una tras otra sin piedad, en un segundo y ambos chicos quedaron empapados.
¿Esto es broma? Para la próximo di que ganaré la Lotería –bromeó la chica, mientras ambos chicos corrían por la borda para ingresar en el barco nuevamente, tapándose las cabezas con los abrigos.
Ja,ja,ja muy graciosa –ambos chicos ya dentro, se miraron, y sus ojos se perdieron en los del otro, mientras el tiempo y el espacio desaparecían para ambos, y no había nada más que ellos dos allí.
Suspiró. Estaba triste, tenía que admitirlo con todas y cada una de sus letras. En el barco había buscado a su Sakuno, más nada había encontrado. Entre los chicos de todas las escuelas, el alboroto y todo, no había si quiera alcanzado a divisarla. Si, se sentía triste, y que más daba, tenía razón para estarlo.
Todos los chicos del equipo se encontraban en esos momentos ordenando las cosas en sus respectivas habitaciones, más el solo había dejado sus cosas en la suya y listo. Quería caminar, pensar, dejar que el viento limpiara sus pensamientos y los aclarara. Se sentía confundido. Paseaba por las canchas de tenis sumido en sus pensamientos, cuando a lo lejos contempló una máquina de PONTAS. Sonrió y dirigió su caminar hasta allí, aun que una chica se le adelantó. Al llegar ya hasta la máquina se quedó en shock ante la muchacha, su largo cabello negro, y su piel blanca no podían engañarlo, además de ese aroma cítrico, no, estaba delirando, no podía ser ella. Hacia años que no la veía, era imposible. Cuando la chica levantó la mirada pudo ver sus mismos ojos reflejados en aquel pálido rostro.
No, tú no puedes ser ¿Mirumy? –Susurró el pelinegro lanzándose en un abrazo hacia su hermana quién estaba completamente desconcertada.
¿Ry-Ryoma? –exclamó la chica, mientras él reía a carcajadas de felicidad, aún abrazando a su hermana y levantándola para luego girar ambos.
Eres tu, eres tu, sabía que eras tu –
Ryoma, yo también estoy feliz de verte, pero me estas mareando –comentó Mía con una dulce sonrisa en sus labios rojos. El chico le hizo caso y la bajó, para luego quedarse contemplando a su hermana, cuanto había cambiando desde la última vez que la vio, su cabello estaba más largo y con una chasquilla diferente, su piel estaba más blanca que nunca y sus labios más rojos. De altura seguía siendo la misma enana de siempre más sin embargo poseía curvas que la hacían destacar en grandes formas como mujer. Por otro lado Mirumy veía que su hermano seguía siendo igual con la única diferencia de que ahora era bastante más alto que ella y su espalda era más ancha.
¿Dónde estuviste todo este tiempo Miru? –preguntó él.
En muchos lugares –
¿Por qué te fuiste? –
Es complicado –
Me gustaría oírlo, para entender –
Algún día Ryoma, quizás… –la chica sonrió con nostalgia.
Esta bien, pero por lo menos cuéntame que has hecho todos estos años –incitó, realmente tenía curiosidad al respecto. Mirumy le ofreció una ponta y se fueron a sentar a una banca. Aun que aún le molestaba no entender los porqués, no quería presionar a su hermana, no ahora que la había vuelto a ver.
Luego de irme de casa, partí a Europa, recorrí varios países, principalmente me dediqué a jugar tenis y a conocer gente, gente maravillosa por cierto, aparte que aprendí un montón de cosas. Fue un año entero dedicado a viajar y conocer el mundo. Luego el destino me trajo nuevamente a Japón, pero no sabía muy bien que hacer con mi vida. Cuando por casualidad conocí a una mujer en una librería, que era la directora de un internado (el mismo al cual asisto ahora) y me ofreció una beca, pues había oído hablar de mí, por los torneos que gané en Europa. –explicó Mirumy mirando su lata de ponta en sus manos, perdiendo su mirada en el pequeño agujero que apenas y dejaba vislumbrar el contenido.
Y ¿Cuál es ese internado? –preguntó Ryoma.
Kasuhitsu –
Ahh, con razón. Entonces tu equipo es el que a estado arrasando en todos los torneos de tenis juveniles de Japón desde el año pasado. –comentó él, al fin entendiendo como era que ese equipo desconocido de la nada había salido a flote con tanta potencia.
Jajaja, claro –rió la chica, Ryoma la miró y se regocijó al sentir la risa de su hermana, cuando de pronto recordó algo.
Por cierto, Mirumy, por casualidad… en tu equipo no se encontrará una tal Sakuno Ryusaki. –
Ya estaba pensando en que tardabas demasiado en preguntarlo –lo miró pícaramente, Ryoma ante esto se sonrojó sin saber por que.
Y tú, ¿Cómo sabes? –
Ahhh, es que yo lo sé todo –sonrió ella.
Pero se nota que ustedes tenían una relación muy especial –
Si, así era… pero todo cambió de pronto, tras la muerte de la entrenadora Ryusaki. –comentó el chico, recordando aquel trágico día.
Mmm, cuando será el día en que la maldad y la ignorancia no destruyan más vidas –la mirada de la chica se opacó.
¿Que le pasó para que se volviera así? Es como si no recordara nada –dijo con tristeza.
La gente a veces simplemente cambia –
Lo sé, pero en este caso no es lo mismo, por que yo sé que tras esa máscara todavía esta la Sakuno de antes, la Sakuno que yo a... a… apreciaba –concluyó el chico sonrojado, Mirumy lo miró con curiosidad.
Que amabas… Vaya, que raro es oírte decir eso, o casi decirlo mejor dicho. –
Hermana… por favor –
Está bien, no te voy a molestar. Solo te digo que a veces ocurren más cosas de las que podemos inferir, y más malas de lo que imaginamos, también hay veces que dependiendo de la persona, nos afecten más de lo que debería. Sería como una herida, para que sane y quede sin cicatrices, necesitas un antídoto mucho más fuerte que le gane a la herida. Lo mismo es con las personas, para contrarrestar el daño causado en el alma, se requiere un acto igualmente fuerte pero con sentido complemente opuesto al que lo provocó. O eso creo yo. –meditó ella, ahora mirando el cielo, dejando sorprendido a su hermano. Cuanto había madurado Mirumy, lo que ella había dicho sonaba lo más lógico y cuerdo del mundo, y sin embargo la conclusión más difícil de sacar.
Gracias –
De nada, para algo soy tu hermana, y te debo mucho además –Ryoma la volvió a abrazar, pese a que los actos de afecto no fuesen lo suyo.
Sakuno ordenaba sus cosas en la habitación en conjunto de Naomi, que sería su compañera de cuarto por aquel mes en Hokkaido. La habitación consistía en un pequeño cuarto, realmente mínimo, con un camarote y un armario grande de 4 puertas. Naomi dormía arriba y Sakuno abajo. La castaña estaba dejando algunas cosas en el armario, cuando tocaron la puerta.
Saku puedes abrir tu, como que yo estoy un POCO complicada aquí arriba –pidió la pelirroja que se encontraba haciendo su cama.
Está bien –la chica se dirigió a la puerta y al abrirla se sorprendió al encontrar a un chico de almendrados ojos ámbar, piel morena y pelo negro de reflejos verdosos.
¿Ryoma, que haces aquí? –preguntó la chica sorprendida.
Me gustaría hablar contigo. ¿Damos una vuelta por ahí? –pidió Ryoma cortésmente, sin saber exactamente que hacer, más dejándose guiar por sus instintos.
Claro. –
Naomi, vuelvo en un rato. –dijo la chica escuchando un "Está bien" antes de salir cerrar la puerta tras de sí. Caminó con Ryoma por los pasillos del edificio, hasta llegar a la puerta de entrada, en donde se sentaron en los escalones.
Bueno, dime. ¿Qué sucede? –preguntó.
Eso dímelo tú –Ryoma la miró a los ojos, buscando ese algo, indagando en la mente de la chica, lo cual la aterró.
¿De que hablas? –retiró su mirada de la del muchacho.
Algo te paso, algo sucedió contigo. Por más que digas que cambiaste, que ahora eres así y esta es la nueva tú. No lo creo, no puedo creerlo. Se que en algún lado esta la Sakuno de antes. Por que lo siento, lo veo en tus ojos. Existen vestigios de quién fuiste, y tu misma sientes deseo de recobrarlo, pero lo niegas a ti misma por un algo que no que es. –Ryoma simplemente dijo lo que pensaba, sabiendo que era lo mejor.
No entiendo –
Es mentira, claro que me entiendes. Lo que pasa es que no quieres enfrentarlo. –regaño él.
Tu no sabes nada, no te hagas el señor sabelotodo, ¿okey? –dijo ella sin poder mirarlo, sintiendo arder sus mejillas y pronto sus ojos, más decidió controlarse. Debía mantener cerrada esas heridas en su interior, y la única manera de hacerlo, era como lo había hecho hasta ahora.
Por favor Sakuno, ¿Qué fue lo que te sucedió? –suplicó.
Eso es pasado –respondió sencillamente adoptando nuevamente su postura, y Ryoma sintió como si se hubiese construido una barrera invisible entre ambos y se le fuese imposible llegar siquiera a tocar a la chica.
Vamos Sakuno, no se puede vivir del pasado. –
Vuelve a ser tu, a la niña que conocí que era mala para el tenis y el inglés, pero que sabía mucho de la vida y quién me enseñó –pidió tomándola de las manos y obligándola a mirarlo.
No se puede vivir del pasado –Respondió ella, al tiempo que Ryoma la agarró de los hombros algo bruscamente.
Tu mismo lo dijiste. No entiendo por que te enojas. –
Tonta. Es que no te das cuenta de que mientras no recuperes tu esencia no serás feliz –
Quién te dice que yo no soy feliz –le miró con rencor.
Tus ojos y su ausencia de brillo –respondió el y eso fue suficiente para sucumbir la barrera de la castaña, lo cual no podía permitir.
Lo siento Ryoma, esta conversión se acaba ahora. –dijo bruscamente liberándose de los brazos del chico.
Sakuno espera. –exclamó él, más la chica escapó rápidamente de él, y poco a poco se desvaneció de su campo de visión. Ryoma solo suspiró y se quedó allí, en aquel mismo escalón, pensando en la chica una vez más, sabiendo que sus suposiciones eran ciertas, más sin entender los porqués que ella ocultaba. Por otro lado Sakuno corría hacia su habitación, el dolor no logró contenerse en su interior y pronto las lágrimas comenzaron a empapar su rostro. Se sentía terriblemente herida, más no por Ryoma, no es que le hubiese dañado su interior, solo había abierto una cicatriz que creyó cerrada hacia tiempo. Ingresó a su habitación dando un fuerte portazo, para luego caer al suelo, pues su cuerpo no podía sostenerse del dolor y la angustia que apenas le dejaba respirar. Ante esto Naomi se incorporó asustada para luego encontrarse con la chica de ojos acaramelados, la miró con nostalgia, se acercó a ella y la abrazó mientras le hacia cariño en el pelo, mientras la otra apoyaba su hombro en el de la pelirroja y continuaba desahogándose, agradeciendo interiormente que Naomi no le preguntase nada al respecto
Era de mañana, muy temprano, casi de madrugada y Kumiko había decidido salir a trotar por el campus mientras el resto de los jóvenes aún dormían. Sentir el azote fresco del viento contra su cuerpo mientras corría la daba la sensación de volar, una emoción que disfrutaba muchísimo y que la hacia correr hasta no dar más. Luego de dar 10 vueltas al campus se detuvo. No debía abusar de su cuerpo, menos estando en este torneo tan importante, debía evitar todo tipo de lesiones. Se dirigió a tomar un poco de agua, cuando se encontró con otro chico allí. Al darse la vuelta este, Kumiko se quedó pasmada por lo guapo que era. No era mucho más alto que ella, la verdad con suerte y media 1,70, tenía el pelo castaño claro y ojos azul eléctrico, en conjunto de una dulce y amable sonrisa estampada en su rostro.
Hola –saludó él con amabilidad. Ella luego de tomar agua, se secó la boca antes de hablar.
Hola –respondió.
¿Haciendo deporte matutino? –comentó él.
Bueno, la verdad me encanta trotar a estas horas. –dijo Kumiko con timidez, soltando su corto cabello del moño que se había hecho.
Si es verdad, es muy agradable en la mañana. –
Soy Syusuke Fuji de la escuela Seigaku, mucho gusto –se presentó el chico.
Kumiko Shinji, del internado Kasuhitsu, el placer es mío –sonrió tímidamente la pelinegra aun embobada con Syusuke.
¿Kasuhitsu dijiste? Y ¿está todo su equipo aquí? –preguntó con un renovado interés.
Si, claro. –
Okey. Eh, bueno. Ya pronto va a ser la hora del desayuno, mejor será que vaya a despertar a mi compañero por si acaso –dijo él, despidiéndose de la morena, sin saber esta última que las palabras del chico solo eran una escusa puesto el compañero de este era imposible que se fuese a quedar dormido.
"Syusuke Fuji, que interesante" –pensó ella sonrojándose al pensar nuevamente en el y corriendo en dirección a su habitación para alcanzar a darse una ducha antes del desayuno.
La morena ingresó en la habitación nuevamente luego de su ducha, envuelta solo en una toalla, para encontrarse a su compañera de habitación subiéndose unos jeans, el largo cabello de esta le mojaba la camiseta que llevaba, más no parecía importarle mucho, luego pasó a ponerse las zapatillas.
Oh, ya volviste Kumi, que tal estuvo el trote matutino –comentó la chica dedicándole una sonrisa.
Pues nada, lo mismo de siempre –dijo la morena, sacándose la toalla luego de haberse puesto la ropa interior.
Aun que, conocí a un chico, muy guapo la verdad –agregó, sonrojándose nuevamente más ocultando su rubor poniéndose una camiseta negra.
¿A sí? ¿quién? –preguntó con curiosidad Mía, ya completamente lista, sentada en la cama de abajo y mirándola para ver las reacciones de su amiga.
Bueno… –
¿Bueno…? –repitió la pelinegra.
¿Conoces a Syusuke Fuji? -le preguntó Kumiko. En ese momento la otra muchacha comenzó a temblar y la miró con unos ojos llenos de tristeza.
¿Sy-Syusuke Fu-Fuji? –repitió tartamudeando.
Si, él. Mía, ¿Qué sucede? –dijo la morena con preocupación.
Na-nada. Yo… Mira, es hora de ir a tomar desayuno. –exclamó Mía saltando ante el sonido de la campana del desayuno.
Mía, espera, aun no hemos terminado. ¡MÍA! –llamó la chica siguiendo a su amiga que se había perdido en la multitud.
¡MIA! ¿DÓNDE ESTÁS? –la chica la buscó más no logró encontrarla.
Mirumy se había camuflado entre todos los chicos, caminando rápidamente para llegar al casino y así no darle tiempo a su amiga de preguntarle al respecto. No es que fuera mala ni pesada, es solo que, tenía sus razones por las cuales reaccionar así. Como era posible que justo ahora viniese a aparecer este sujeto, y además coqueteándole a su mejor amiga. Se sintió confundida. Estaba concentrada en estos pensamientos que no se percató de que alguien la seguía de cerca. De pronto la agarró del brazo y la arrastró.
Hey, espera que te pasa, suéltame –se quejó la pelinegra intentando liberarse, más sin resultado alguno. De un momento a otro se vio entre medio de unos arbustos ocultos del resto de los chicos y chicas, con un muchacho en frente. Al observarlo detenidamente supo instantáneamente quién era.
¿Me recuerdas? –preguntó el chico con la voz quebrada, en su ojos se veía el arrepentimiento.
¿Cómo no iría a recordarte Syusuke? –respondió la chica con cierto rencor en su mirada.
Mía, por favor. ¿Cuando vas a escucharme y oír mis razones? –dijo él tomándole la mano derecha entre las suyas y dándole besos uno tras otro.
Nunca. No tienes nada que explicar. Todo quedó claro aquella vez, por que no lo olvidas y ya, como lo hice yo. –Mía liberó su mano y se cruzó de brazos.
Es que no puedo sacarte de mi cabeza, te lo he dicho millones de veces y no me cansare de repetirlo, yo te amo Mía. –exclamó el mirándola a los ojos y cogiéndola de la cintura, ante este rápido movimiento, las manos de la chica quedaron en su pecho.
Syusuke, por favor. ¿Cómo quieres que te crea? –ella evito mirarle e intentó separarse.
Se que me equivoqué. Nunca e intentado evadir mi error. Pero por eso te pido que me escuches, que me des otra oportunidad, siempre te di lo mejor de mi hasta ese momento en el que no fui consiente de lo que hacia –Syusuke la zarandeó suavemente para que ella le mirase, su fría y blanca piel temblaba bajo los brazos del chico. Ambas miradas al verse, chocaron para luego fusionarse inconscientemente, sintiéndose la de ojos felinos débil e inevitablemente frágil.
Mírame Mía, mírame. Sabes que no puedes por que al hacerlo, no puedes ocultar que aún sientes lo mismo por mí, ¿no es verdad? Aún me amas como yo a ti –presionó él, haciéndola chocar contra la muralla. Mía le miró asustada, mientras el chico se acercó a un más. Sus labios escaseaban en milímetros para rozarse. Cuando la chica giró su rostro, dejando para los labios del joven solo un cuello y una mejilla a los cuales besar, que fue lo que hizo exactamente, haciendo sonrojar en extremo a la muchacha, queriendo ella que se detuviera, más su cuerpo deseaba más y no reaccionaba a sus pensamientos. En ese momento comenzó a sonar su celular insistentemente.
¿Puedo? –
Adelante –el chico se separó de ella con pesar y esta contestó. Esa misma llamada disidió convertirla en su boleto de escape, comenzado a caminar para salir de aquellos matorrales a los cuales la había metido Syusuke. Cuando al fin logró salir, vio a algunos jóvenes dirigiéndose al casino, luego de terminar de hablar por celular y colgar, puedo notar la presencia del chico a su lado.
Tranquila Mía, que aún no e acabado contigo. Aún me queda mucho por amarte –dijo el posando un beso en la mejilla de la chica, quién se quedó sorprendida y aturdida sin saber que hacer o que pensar. Él se marchó y ella se quedó ahí, comenzado a caminar lentamente hacia el casino, un poco sonrojada y con su mano en la mejilla aludida.
Dios, esto no puede estar pasando –se dijo.
¿Qué cosa? –susurró una grave voz en su oído, haciendo que todo su cuerpo vibrara de susto pero al mismo tiempo de placer sin saber porqué. Al darse la vuelta se encontró con Kunimitsu mirándola con curiosidad.
¿Estás bien? –preguntó con preocupación.
"Okey, esto definitivamente no puede estar pasando" –pensó Mía casi a punto de ponerse a llorar por todas las emociones que se peleaban unas contra otras dentro de su ser. Y todo por culpa de Syusuke Fuji.
Continuará…
Capítulo 4: "Mi pasado, tú presente y nuestro futuro"
Por favor, no insistas. –suplicó.
¿Cómo le conociste? –preguntó con curiosidad, viendo a la chica arrodillada en el suelo, aferrada a sus rodillas.
Yo no quiero contarte lo que sucedió, no quiero, no debo –lloró la muchacha en brazos del joven.
Eres muy linda –dijo, posando su mano en la de ella, haciendo que la piel de la chica temblara y este le mirase sorprendida y sonrojada.
Ya no te amo, hace mucho que eso se acabó –dio media vuelta, dándole la espalda y caminó enojada alejándose de él y deseando con todo su corazón que la dejase de fastidiar.
Contestación de Reviews:
PuccaLv: Si, bueno han pasado por muchas cosas, además de que también han crecido. No pueden seguir siendo los mismos además de estar pasando por la difícil etapa de la adolescencia. Gracias por tu r/r. Espero que sigas leyendo.
Esmeraldy: Huy, perdón por el retraso. No sé si salió muy larga, perdón de nuevo. Es que no se que me pasa jajaja. Bueno, intentaré continuarle más rápido, espero que sigas leyendo. Muchas gracias por tu r/r.
Bibliófila: Ay Kumi, recuerda que hablamos de que el Syukumi tardaría en formase en esta historia. Por que tú nunca sufres con tu Syusuke, así que te vamos a poner las cosas más difíciles.
Áyame: Uy, creo que voy a morir pronto por tardar tanto en actualizar. Perdón. Que bueno que hayas disfrutado del capítulo anterior, y ojalá que haya valido la pena la espera para este. Eso. Espero que continúes leyéndome con el mismo entusiasmo que antes, y ahora voy a tratar de actualizar más rápido. Gracias por tu r/r.
Fikiita: Que bueno que te gustase el capítulo anterior. Ojalá de la misma forma te guste este. Perdón por la tardanza. Ojalá que me continúes leyendo. Muchas gracias por tu r/r.
Imperia Rochely: Jajaja por supuesto que Ryoma va a seguir sufriendo. Si no. no sería tan interesando el fic. Perdón por la tardanza del capítulo, año difícil. Espero que te guste este. Gracias por tu r/r.
Coptesita: Perdón por la tardanza, en serio. Muchas gracias por tu r/r en verdad me subió muchísimo el ánimo, que bueno que te haya gustado el fic y que hayas quedado metida. Ojalá le sigas leyendo. Cuidate mucho.
NaoKa: Puta Naomi, expláyate más para la próxima. Medio r/r que me dejaste. Jajajaj. Pero debo admitir que la idea esta muy buena. Ahí veré para quién la adapto, aun que yo creo que la usaré en tu personaje. Eso. Lo pasamos increíble anteayer en el cine, tiene que repetirse. Ah, y por cierto, le cambie el tema de Mirumy, para que ahora tenga motivos reales para estar tan enojada como para huir de casa.
Mitzukii: Muchas gracias por tu r/r. Siempre tan fiel tú. Me subes mucho el ánimo. Lamento mucho la tardanza. En serio, pero bueno, como dicen, más vale tarde que nunca. Ojalá que sigas leyendo. Cuidate mucho.
Bueno, eso sería hasta ahora. Besos. Cuidense. Pórtense mal, y nos estamos leyendo. No se les olvide dejarle R/R a esta escritora frustrada... Se aceptan críticas constructivas, consejos, ideas, participaciones, felicitaciones. Lo que se les ocurra.
