Hola...
como les prometi, aqui las dejo con otro capi,
Chao ;)
Capítulo 7
Aquellos días, Edward se dedicó casi en exclusiva a Bella y a Nessi, aunque sacaba algunos ratos para ver al capataz del rancho y hablar de negocios.
Una mañana, Edward subió a Nessi sobre sus hombros y, junto con Bella, salieron a dar un paseo por los alrededores. Se detuvieron en los establos para que Nessi pudiera ver a los caballos, de los que ya estaba totalmente enamorada. Al salir de los establos, Bella le preguntó:
—¿Qué es lo que hay allí abajo? —señalando hacia la carretera de arena que rodeaba los borrachones y que desaparecía detrás de un pequeño bosque.
—La casa del capataz del rancho. También hay un manantial entre los árboles y el arroyo.
—Oh, a Nessi le va a encantar. ¿Puede jugar en el agua?
—Sí, claro, pero está fría incluso en verano.
Caminaron un rato en dirección a los árboles y, a pesar de llevar sombreros, las mejillas de Nessi y Bella se pusieron rojas a causa del sol.
—Vaya —Bella se abanicó y después echó un vistazo a su hija—. Estás acalorada, cariño.
—En agosto hace mucho calor en Idaho —informó Edward—, hará menos calor cuando lleguemos junto a los árboles.
Un pequeño manantial surgía del suelo. Edward bajó un poco a Nessi para que pudiera sentir el frescor del agua en los pies. Inmediatamente la niña empezó a dar pataditas en el agua salpicando a los adultos. Cuando se cansó, subió de nuevo a los hombros de Edward y comenzó a jugar con su pelo.
Siguieron el curso del arroyo hasta que cruzaron a la otra orilla.
—¿Quién vive aquí? —preguntó Bella, señalando hacia una casita de dos plantas con un impecable jardín.
—Harry Clearwater y su mujer.
—Es muy bonita —dijo ella observando el cuidado jardín.
—Cuando tenía ocho años viví en esta casa.
Las palabras de Edward sorprendieron a Bella. Normalmente se mostraba reticente a hablar sobre su niñez.
—Debió de ser un lugar excelente para un niño —dijo con prudencia Bella—. Apuesto a que te encantaba el bosque.
Edward asintió y una sonrisa iluminó su rostro.
—En el invierno, el arroyo se congelaba. Los ciervos y conejos dejaban sus huellas sobre la nieve —señaló hacia el segundo piso—. Mi habitación estaba en esa buhardilla. Desde ahí podía observar a los ciervos husmeando en la parte trasera de la casa por las noches.
—Este sitio te encantaba —comentó Bella al observar el afecto con el que hablaba de los viejos tiempos.
—Sí —afirmó y su cara pareció tornarse sombría—. Mi madre me dejó aquí cuando tenía ocho años. El padre de mi madre era el encargado del rancho. Yo no conocía a mi abuelo y, desde luego, no me esperaba mucho de él después de haber vivido con mi madre. Pero resultó ser un buen hombre.
—¿Cuánto tiempo viviste con él?
—Cuatro años. Enfermó de neumonía y falleció cuando yo tenía doce años. Su segunda esposa, que no era la madre de mi madre, no estaba muy bien de salud y como mi madre había fallecido, llamó a Carlisle para que viniera a buscarme.
Bella se quedó sin aliento.
—¿Tu madre murió? —preguntó finalmente.
Edward miró de reojo a Bella.
—Murió de sobredosis un año después de abandonarme aquí —confesó impasible.
—Oh, Edward —dijo. Bella no había tenido ni idea de la tragedia que había marcado los primeros años de vida de Edward.
—Yo no quería irme con Carlisle —una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Edward. Se dio la vuelta y señaló las montañas donde pastaba el ganado—, empaqueté mis cosas y huí al monte, creyendo que Carlisle se cansaría de esperarme y regresaría a la ciudad sin mí. Sin embargo, Carlisle mandó a uno de los vaqueros y a Emmet a buscarme.
—¿Emmet estaba aquí también? —preguntó Bella, quería que Edward continuara hablando.
—Sí. Vino con mi padre. Él fue quien me informó de que Carlisle se había ofrecido a comprar el rancho y dármelo cuando me hiciera mayor, a condición de que viviera con él hasta entonces, fuera al colegio, etcétera. Así que eso fue lo que hice. Me fui a Seattle con ellos y allí me quedé, pero continué pasando los veranos aquí, en el rancho. Y en cuanto terminé la universidad, me volví a vivir aquí —se encogió de hombros—. En resumen, esta es la historia de mi vida.
—Menuda historia —contestó Bella con suavidad. En aquel momento sintió que conocía algo mejor a Edward, aunque nunca le hubiera hablado de sus primeros ocho años de vida junto a su madre.
No obstante, se podía imaginar que no guardaba buenos recuerdos.
Bella tomó la mano de Edward y caminaron de vuelta a casa.
Por la tarde, Bella y Nessi estuvieron acompañando a Sue en la cocina. Nessi se entretuvo con sus juguetes en una esquina, apartada de los quemadores y la pila, mientras Bella ayudaba a Sue a preparar la cena.
—Hemos llevado esta mañana a Nessi al arroyo junto a la casa del encargado —le comentó Bella a Sue mientras colocaba unas hojas de lechuga en una ensaladera—. Edward me ha dicho que vivió en esa casa con su abuelo cuando era pequeño.
—Sí. Eso fue cuando el rancho pertenecía a la familia Miller y el abuelo de Edward era el capataz.
—¿Entonces ya trabajabas aquí?
—Sí. Llevo más de treinta años como ama de llaves del rancho —confesó Sue y se rió con ganas—. No pongas esa cara de sorpresa. He cumplido setenta y dos años hace poco.
—Nunca me lo hubiera imaginado —repuso Bella honestamente—. Pareces mucho más joven.
—Eso es por el aire fresco del campo y la buena vida —la mujer sonrió a Bella—. Sin olvidarnos del chocolate, al menos una vez por semana.
—Ah, sí, el chocolate —Bella soltó una carcajada cómplice. Lavó dos tomates y empezó a cortarlos en rodajas—. A Edward le encanta vivir en este sitio, ¿verdad? Ama este lugar.
—Sí —afirmó Sue. Se quedó parada un instante con una cuchara en la mano—. No es de mi incumbencia, ya lo sé, pero Edward es para mí como el hijo que nunca he tenido, así que te tengo que hacer una pregunta, ¿te vas a casar con él esta vez? —dijo finalmente.
—¿Esta vez? —preguntó Bella extrañada por la manera de formular la pregunta. Alzó la vista y encontró en la expresión de Sue una mezcla de preocupación y de determinación.
—Solamente te lo digo porque no quiero volverle a ver sufrir tanto de nuevo. Casi se mata a trabajar durante los dos años siguientes a vuestra ruptura. A penas si sonreía. Cuando este fin de semana se ha presentado con Nessi y contigo, no me ha costado mucho deducir que debiste de ser tú la mujer que lo dejó hace dos años. Justo antes de que se olvidara de sonreír —Sue movió la cabeza de lado a lado—. Conozco a este chico desde que tenía ocho años y nunca lo he visto tan feliz como ahora.
Bella se quedó anonadada. ¿Edward lo había pasado mal después de dejarla en Seattle?
—Yo no dejé a Edward, Sue. Fue él quien me dejó a mí. Y yo estaba completamente enamorada de él.
—Entonces, ¿qué paso? No es que sea de mi incumbencia… —añadió para quedar bien.
—En aquel momento yo pensé que no me amaba —reconoció Bella—. Edward me dijo que quería salir con otras mujeres, y que podíamos seguir siendo amigos. En fin, las típicas mentiras que un hombre dice a una mujer cuando quiere dejar la relación. Para serte sincera, me quedé tan desconcertada aquel día, que no me acuerdo de mucho más.
—Madre mía —Sue parecía consternada—. Yo estaba segura de que habías sido tú la que había roto la relación. Jamás se me hubiera ocurrido que había sido al revés, después de verlo tan destrozado. El chico parecía un alma en pena.
Bella se quedó absorta mirando el tomate a medio trocear que tenía sobre la tabla de madera.
—¿Pero entonces por qué se marchó de mi lado si en realidad no quería? —preguntó tratando de encontrar una respuesta.
—No tengo ni idea. Pero después de haberos visto juntos estos días, espero que esta vez podáis solucionar las cosas. Jamás lo había visto tan contento —Sue la miró con dulzura—. Y, a no ser que esté equivocada, tú sigues enamorada de él, ¿verdad?
Nessi escogió aquel instante para chillar, llamando la atención de las dos mujeres. Se le había enganchado el pelo en un juguete de plástico y estaba intentando soltarse sin éxito.
Bella se limpió las manos rápidamente y corrió a ayudarla. La tomó entre sus brazos y trató de calmarla de su disgusto. Para cuando la niña estuvo tranquila, y volvió a jugar en el suelo, se había pasado el momento de responder la pregunta de Sue.
Sin embargo, Bella no se pudo quitar de la cabeza aquella conversación por todo lo que le había revelado sobre Edward.
Quizá hubieran existido razones más profundas por las que Edward hubiera decidido romper la relación. Pero si había sido así, ¿por qué Edward no se lo había confesado nunca?
